{"id":39858,"date":"2016-10-05T23:13:46","date_gmt":"2016-10-06T04:13:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-agosto-de-1985-beatificacion-de-maria-clementina-anuarite-en-la-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen-maria-kinshasa-zaire\/"},"modified":"2016-10-05T23:13:46","modified_gmt":"2016-10-06T04:13:46","slug":"15-de-agosto-de-1985-beatificacion-de-maria-clementina-anuarite-en-la-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen-maria-kinshasa-zaire","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-agosto-de-1985-beatificacion-de-maria-clementina-anuarite-en-la-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen-maria-kinshasa-zaire\/","title":{"rendered":"15 de agosto de 1985, Beatificaci\u00f3n de Mar\u00eda Clementina Anuarite en la solemnidad de la Asunci\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda, Kinshasa, Zaire"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1985\/trav_africa.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A &Aacute;FRICA<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SOLEMNE BEATIFICACI&Oacute;N DE MAR&Iacute;A CLEMENTINA ANUARITE<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO<\/i><\/b><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\"> II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font color=\"#663300\">Solemnidad de la Asunci&oacute;n de la Virgen Mar&iacute;a<br \/> Kinshasa, Zaire<br \/> Jueves 15 de agosto de 1985<\/font><\/i><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p>1. Hoy <i>la Iglesia mira los cielos abiertos: <\/i>&laquo;Se abrieron las puertas del templo celeste de Dios y dentro de &eacute;l se vio el arca de la Alianza&raquo; <i>(Ap <\/i>11, 19). <\/p>\n<p>Celebramos <i>la Asunci&oacute;n de Mar&iacute;a, <\/i>la Madre de Dios, la Virgen, la Madre de nuestro Redentor. <\/p>\n<p>Y es precisamente a Ella a quien la Iglesia reconoce en el signo grandioso que aparece en el cielo: &laquo;Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas&raquo; <i>(Ap <\/i>12, 1). S&iacute;, Mar&iacute;a es <i>signo <\/i>del mundo nuevo. Del mundo congregado en Dios, del <i>mundo transfigurado en Dios. <\/i>Transfigurado por la potencia de la resurrecci&oacute;n de Cristo. <\/p>\n<p>En efecto, como &laquo;por Ad&aacute;n murieron todos, por Cristo todos volver&aacute;n a la vida&raquo; (<i>1 Cor <\/i>15, 22): Todos <i>tendr&aacute;n la vida eterna en el mismo <\/i>Dios. La primera que entra en esta vida en plenitud es Mar&iacute;a. <\/p>\n<p>2. Y por ello hoy, d&iacute;a de la Asunci&oacute;n, la Iglesia recuerda el momento en que Mar&iacute;a <i>cant&oacute; <\/i>el &laquo;Magnificat&raquo;: dentro de la casa de Zacar&iacute;as. &laquo;Engrandece mi alma al Se&ntilde;or \/ y se alegra mi esp&iacute;ritu en Dios mi Salvador &#8230; <i>&iexcl;El Poderoso <\/i>ha hecho obras grandes por m&iacute;, su nombre es santo!&raquo; <i>tl.c <\/i>2, 46-47, 49). <\/p>\n<p>Aquel d&iacute;a, con motivo de su visita a su pariente Isabel, Mar&iacute;a manifest&oacute; mediante estas palabras <i>la alegr&iacute;a de <\/i>su <i>alma <\/i>ante <i>el misterio de la Maternidad divina <\/i>que era su destino por la gracia de la Sant&iacute;sima Trinidad. <\/p>\n<p>Hoy, con esas mismas palabras, Ella expresa la alegr&iacute;a de su alma ante <i>el misterio de la Asunci&oacute;n, <\/i>fruto definitivo de su Maternidad divina por la gracia de la Sant&iacute;sima Trinidad. <\/p>\n<p>Mar&iacute;a adora a Dios, <i>Mar&iacute;a proclama las &laquo;maravillas&raquo; <\/i>de Dios que el Poderoso ha realizado en Ella y por Ella. <\/p>\n<p>3. Hoy, con Mar&iacute;a elevada a los cielos, <i>la Iglesia <\/i>adora a Dios, en la Iglesia que est&aacute; en vuestro pa&iacute;s, en el Zaire. En Kinshasa, la capital, y en todas las provincias, en Kasai, en Kivu, en el Bajo Zaire, en Ecuador, en Bandudu, en el Alto Zaire, donde vivi&oacute; Anuarite Nengapeta. <\/p>\n<p>Me siento feliz de orar con todos vosotros, con todos los cristianos de las di&oacute;cesis del Zaire, de las parroquias, de los monasterios de contemplativos, de las comunidades religiosas. Y me siento particularmente unido al arzobispo de Kinshasa, el cardenal Malula, y a todos mis hermanos en el Episcopado. Les doy las gracias tambi&eacute;n por el celo con el que han preparado la beatificaci&oacute;n. <\/p>\n<p>Dios &laquo;ha mirado la humildad de su esclava&raquo; (cfr. <i>Lc <\/i>1, 48) y el amor indiviso de una hija de esta tierra. Y le permite participar hoy en la gloria de la Madre de Dios, en la gloria de todos los santos y de todos los bienaventurados. <\/p>\n<p>Un d&iacute;a, Anuarite hab&iacute;a anotado en su diario personal estas palabras: &laquo;Amar al Se&ntilde;or, porque &eacute;l ha hecho por m&iacute; cosas grandes, cuanto es grande su bondad&raquo;. Expresaba en ellas el sentido de su vida, haciendo suya la misma oraci&oacute;n de la Virgen. <\/p>\n<p>Es una dicha que sea aqu&iacute;, en su pa&iacute;s, vuestro pa&iacute;s, y el d&iacute;a en que se celebra la gloria de la Virgen Mar&iacute;a, donde <i>la Iglesia proclama Beata <\/i>a <i>su hija Merie-Clementine Anuarite. <\/i>Podemos admirarla y tomarla como modelo tanto m&aacute;s gustosamente cuanto que su figura resulta temporalmente muy pr&oacute;xima a nosotros; ella es verdaderamente una figura representativa de vuestra comunidad cristiana, que ilustra con sus m&eacute;ritos y su santa fidelidad al Se&ntilde;or. <\/p>\n<p>Anuarite pas&oacute; toda su existencia en el Alto Zaire, entre Wamba y Bafwabaka. No parec&iacute;a dotada de cualidades fuera de lo ordinario. Una ni&ntilde;a modesta, que aceptaba sus l&iacute;mites, pero que trabajaba con perseverancia por superarlos, tenia un temperamento a veces vivo, jovial; y en otros momentos conoc&iacute;a la inquietud y el sufrimiento. Con toda espontaneidad, se mostraba disponible para los otros, deseando simplemente ayudar y acoger con delicadeza. <\/p>\n<p>Siendo a&uacute;n ni&ntilde;a, hab&iacute;a recibido el bautismo al mismo tiempo que su madre. La fe crece en ella y se convierte en un motivo poderoso en la orientaci&oacute;n de su vida. <i>Siendo a&uacute;n jovenc&iacute;sima, quiso consagrar su vida al Se&ntilde;or <\/i>como religiosa: la comunidad de la Jamaa Takatifu, la congregaci&oacute;n dedicada especialmente a tareas de educaci&oacute;n, le dio su constancia en el trabajo, su sentido del servicio, el amor a sus j&oacute;venes alumnas, su atenci&oacute;n a los pobres y a los enfermos, la alegr&iacute;a que sab&iacute;a compartir, su deseo de progresar espiritualmente. Los miembros de su familia y de su congregaci&oacute;n, que se hallan presentes en este d&iacute;a, sienten la alegr&iacute;a de poder dar testimonio de sus cualidades. <\/p>\n<p>Anuarite se hab&iacute;a empe&ntilde;ado en seguir al Se&ntilde;or sin reservas; le hab&iacute;a <i>entregado su fidelidad y consagrado su virginidad. <\/i>Y, d&iacute;a tras d&iacute;a, con afecto y profundidad, oraba a la Madre de Cristo; se la ve&iacute;a como inmersa en la oraci&oacute;n ante la imagen de Nuestra Se&ntilde;ora o rezando atentamente el rosario con sus hermanas o con los ni&ntilde;os de que se ocupaba. <i>Mar&iacute;a iluminaba su fe, <\/i>la sosten&iacute;a, la instru&iacute;a. Simplemente: Anuarite amaba a la Madre del Se&ntilde;or. Un signo conmovedor era su apego a la imagencita que conserv&oacute; con ella hasta su muerte. <\/p>\n<p>Llega el tiempo de la prueba y esta joven religiosa la afronta: la fe, el sentido del compromiso adquirido, el valor primordial que otorga a la virginidad, una oraci&oacute;n intensa y el apoyo de la comunidad le permiten permanecer inquebrantable. En la terrible ansiedad de ver mancillada su virginidad y con peligro de su propia vida, Anuarite dice: &laquo;Mi alma est&aacute; ahora inquieta&raquo;. Palabras que recuerdan las de Jes&uacute;s (cfr. <i>Jn <\/i>12, 27), y que muestran c&oacute;mo penetra el Evangelio en la vida de esta jovencita consagrada. Supera la intranquilidad de la angustia; su valent&iacute;a no conoce la debilidad, sostenida por la presencia afectuosa de sus superioras y de sus hermanas. <\/p>\n<p>Anuarite <i>mostr&oacute; una audacia digna de los m&aacute;rtires <\/i>que, desde Esteban de Jerusal&eacute;n, jalonan la historia de la Iglesia por su imitaci&oacute;n heroica de Cristo. Para defender a su superiora, amenazada a causa de su propia negativa se atreve a decir: &laquo;Me matar&eacute;is s&oacute;lo a mi&raquo;. Cuando los golpes mortales caen sobre ella, sus hermanas oyen claramente c&oacute;mo dirige estas palabras al que la golpea: &laquo;Os perdono, porque no sab&eacute;is lo que hac&eacute;is&raquo;; y adem&aacute;s: &laquo;As&iacute; lo he deseado&raquo;. De la forma m&aacute;s directa, Anuarite sigue a Cristo, a quien se hab&iacute;a entregado: como El, ella perdona; como El, ella realiza su sacrificio: y yo mismo, en nombre de toda la Iglesia, perdono de todo coraz&oacute;n. <\/p>\n<p>4. En el Evangelio, cuando Mar&iacute;a lleg&oacute; ante la casa de Zacar&iacute;as, Isabel &laquo;dijo a voz en grito: &#8230; &iexcl;Dichosa t&uacute; que has cre&iacute;do!, porque lo que te ha dicho el Se&ntilde;or se cumplir&aacute;&raquo; <i>(Lc <\/i>1, 42, 45). <\/p>\n<p>Tambi&eacute;n ella, la hija de vuestra tierra, <i>Anuarite Nengapeta, crey&oacute; <\/i>en el cumplimiento de la promesa de Dios sobre ella: era una de las que hab&iacute;an escogido no casarse por el reino de Dios, <i>hab&iacute;a meditado el ejemplo de las antiguas v&iacute;rgenes m&aacute;rtires, <\/i>hab&iacute;a quedado impresionada por el ejemplo de Mar&iacute;a Goretti y por el de los M&aacute;rtires de Uganda. Anuarite conoc&iacute;a el precio que pod&iacute;a costarle su fidelidad. Escuch&oacute; las palabras de Cristo: &laquo;No hay amor m&aacute;s grande que dar su vida&raquo; (cfr. <i>Jn <\/i>15,3). <\/p>\n<p>En la hora de la tempestad, no duda en poner por encima de todas las cosas <i>el valor de su consagraci&oacute;n a Cristo en la castidad perfecta. <\/i>La tarde de su muerte, hab&iacute;a dicho en la casa azul de Isiro: &laquo;He renovado mis votos; estoy dispuesta a morir&raquo;. Anuarite es un testimonio firme del valor incomparable de un compromiso asumido. frente a Dios y sostenido por su gracia. <\/p>\n<p>Bienaventurada aquella que, muy cerca de nosotros, mostr&oacute; la belleza del don total de s&iacute; misma por el reino. <i>La grandeza de la virginidad <\/i>consiste en el ofrecimiento de todas las capacidades propias de amar para que, libre de cualquier otro lazo, todo el ser pueda amar al Se&ntilde;or como a un Esposo y a aquellos a quienes el Se&ntilde;or ama. No existe en ello desprecio alguno del amor conyugal; sabemos que Anuarite se preocupaba por ayudar a las parejas cercanas a ella para que mantuvieran la fidelidad de su propio compromiso, cuya belleza ella misma alababa. <\/p>\n<p>Lo que la conduce al martirio es precisamente el valor primordial de la fidelidad. El martirio significa precisamente ser testigo: <i>Anuarite forma parte de esos testigos que animan y sostienen <\/i>la fe y la generosidad de los hermanos y hermanas. Cuando, en la noche del 30 de noviembre de 1964, todas las hermanas se ven amenazadas, golpeadas, heridas, el sacrificio de Anuarite, lejos de intimidarlas, las alienta en su firmeza y las ayuda a atravesar la prueba en la paz. He aqu&iacute; un signo elocuente del testimonio de esperanza que supuso la muerte de una de ellas. Recordemos la lectura de San Pablo: &laquo;Cristo ha resucitado, primicia de todos los que han muerto&#8230; &raquo;. Por Cristo todos volver&aacute;n a la vida (<i>1 Cor <\/i>15, 20. 22). <\/p>\n<p>5. Por esta raz&oacute;n, ella \u2014esta hija de vuestra tierra\u2014 puede cantar hoy el &laquo;Magnif&iacute;cat&raquo; con Mar&iacute;a, como lo cantaron sus hermanas en el momento en que ella entregaba su vida en medio de ellas. En su sacrificio, se manifest&oacute; el poder de Dios <i>&laquo;las maravillas&raquo; de Dios <\/i>se han renovado. <\/p>\n<p>Con toda raz&oacute;n puede cantar ella: &laquo;El Poderoso ha hecho obras grandes en m&iacute; &#8230; El hace proezas con su brazo&#8230; <i>enaltece a los humildes&#8230; <\/i>Su nombre es santo&#8230; Desde ahora me <i>felicitar&aacute;n <\/i>todas las generaciones&raquo; <i>(Lc <\/i>1, 49. 51-52.49.48). <\/p>\n<p>6. Este c&aacute;ntico de acci&oacute;n de gracias y de alabanza, pod&eacute;is cantarlo todos vosotros, queridos hermanos y hermanas, con Anuarite: aqu&iacute; ten&eacute;is, en efecto, el primer fruto del centenario del bautismo de vuestra patria, que celebramos juntos hace poco tiempo; <i>&iexcl;el fruto perfecto de la gracia del santo bautismo, <\/i>la primera hija del Zaire a quien la Iglesia proclama solemnemente Beata, m&aacute;rtir de la fe entre vosotros! <\/p>\n<p>Es un gran acontecimiento en la historia de la Iglesia en vuestra tierra. Me alegro de poder estar presente entre vosotros \u2014como Sucesor de Pedro\u2014 en este d&iacute;a se&ntilde;alado. Y de poder cantar, con vosotros y con vuestra Beata, el Magn&iacute;ficat mariano en la solemnidad de la Asunci&oacute;n. <\/p>\n<p>S&iacute;, el poder de Dios se manifiesta en la &laquo;maravilla&raquo; que es Mar&iacute;a, la Madre de Dios, que ha entrado en la gloria del reino. Como primera de todos los santos, Ella ilumina la ruta de todos los hombres y de todas las mujeres. <\/p>\n<p>Anuarite hab&iacute;a respondido a la vocaci&oacute;n de la virginidad libre- mente ofrecida. Y miradla como se une al enorme cortejo de estas v&iacute;rgenes que, desde &eacute;poca romana a principios del primer milenio, han entregado su vida por Cristo: Blandina, Agueda, Luc&iacute;a, In&eacute;s, Cecilia, Pelagia, Solange&#8230; Con las v&iacute;rgenes m&aacute;rtires que la hab&iacute;an precedido, la Beata Anuarite anima a aquellos que se comprometen a la castidad respondiendo a su vocaci&oacute;n religiosa. <\/p>\n<p>7. Pero <i>en toda condici&oacute;n, <\/i>en todo lugar, en todo tiempo el Se&ntilde;or llama a aquellos por los que ha entregado a su Hijo para que lo sigan por los caminos de la santidad. La vocaci&oacute;n de los <i>esposos <\/i>consiste en vivir un amor exigente y generoso en su uni&oacute;n, pues el camino de su perfecci&oacute;n pasa por el don de toda su persona a su c&oacute;nyuge, por la transmisi&oacute;n de la vida a los hijos y la dedicaci&oacute;n que exige su educaci&oacute;n. Viviendo su matrimonio como una respuesta activa al amor del Se&ntilde;or, los esposos se unen a la acci&oacute;n de gracias: &laquo;El Se&ntilde;or ha hecho obras grandes por m&iacute;&raquo;. <\/p>\n<p>Hermanos y hermanas, repitamos juntos &eacute;sta oraci&oacute;n, pues a todos nos ha sido concedido acoger a Cristo, &laquo;luz verdadera que ilumina a todo hombre&raquo;. &laquo;A cuantos lo recibieron dioles poder de llegar a ser hijos de Dios&raquo; <i>(Jn <\/i>1, 9. 12). &laquo;Con El hemos sido sepultados en el bautismo para participar en su muerte &#8230; para que tambi&eacute;n nosotros vivamos una vida nueva&raquo; <i>(Rom <\/i>6, 4). <\/p>\n<p>J&oacute;venes o ancianos, conocidos o desconocidos, humildes o poderosos, la todos nosotros Cristo nos permite cada d&iacute;a compartir con generosidad los bienes de la tierra y de la vida, superar nuestras debilidades y nuestras divisiones, avanzar con entusiasmo hacia un mundo renovado, pues la fuerza del amor rompe las cadenas del ego&iacute;smo y del odio. D&iacute;a tras d&iacute;a, en la fe y el amor que Dios pone en nuestros corazones, podemos escuchar la llamada de Jes&uacute;s. Con humildad y con alegr&iacute;a, cada uno puede ofrecer las penas y los &eacute;xitos de los hombres, unido al Hijo de Dios que entrega su Cuerpo y su Sangre por muchos para la remisi&oacute;n de los pecados. &iexcl;En esta Eucarist&iacute;a, que el Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or nos congregue en un solo Cuerpo en la santidad de Cristo! &iexcl;Que El nos instruya en su ofrenda! &iexcl;Que nos haga firmes en la esperanza y capaces de anunciar a nuestros hermanos la Buena Nueva que el mundo salvado recibe de la santidad de Dios! <\/p>\n<p>8. As&iacute; pues, la Iglesia ve hoy &laquo;el cielo abierto&raquo; en la tierra hermosa y rica de Zaire: gracias a la solemnidad de la Asunci&oacute;n de la Madre de Dios; gracias as&iacute; mismo a esta primera beatificaci&oacute;n de una hija de vuestra tierra, gracias al empe&ntilde;o generoso de los hijos e hijas de este pueblo en el servicio del Se&ntilde;or y el amor a sus hermanos. <\/p>\n<p>El pueblo de toda vuestra tierra se alegra. <i>El &Aacute;frica negra se alegra. <\/i>Toda la Iglesia cat&oacute;lica se alegra y da gracias por el testimonio de los hermanos de &Aacute;frica. <\/p>\n<p>&iexcl;Que la alegr&iacute;a de esta gran jornada <i>abra un nuevo cap&iacute;tulo <\/i>en la historia del Pueblo de Dios sobre esta tierra santificada y dichosa! Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1985 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A &Aacute;FRICA SOLEMNE BEATIFICACI&Oacute;N DE MAR&Iacute;A CLEMENTINA ANUARITE HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Solemnidad de la Asunci&oacute;n de la Virgen Mar&iacute;a Kinshasa, Zaire Jueves 15 de agosto de 1985 &nbsp; 1. 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