{"id":39864,"date":"2016-10-05T23:14:15","date_gmt":"2016-10-06T04:14:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-febrero-de-1985-santa-misa-para-las-familias-en-el-hipodromo-monterrico-de-lima\/"},"modified":"2016-10-05T23:14:15","modified_gmt":"2016-10-06T04:14:15","slug":"3-de-febrero-de-1985-santa-misa-para-las-familias-en-el-hipodromo-monterrico-de-lima","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-febrero-de-1985-santa-misa-para-las-familias-en-el-hipodromo-monterrico-de-lima\/","title":{"rendered":"3 de febrero de 1985, Santa misa para las familias en el Hip\u00f3dromo\u00a0Monterrico de Lima"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <span lang=\"es\"> <font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A VENEZUELA, <br \/>ECUADOR, PER&Uacute; Y TRINIDAD Y TOBAGO<\/font><\/span><font color=\"#663300\"> <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><font color=\"#663300\">SANTA MISA PARA<\/font><\/b><font color=\"#663300\"><b> LAS FAMILIAS <br \/>EN EL HIP&Oacute;DROMO DE MONTERRICO DE LIMA<\/b><\/font><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b>HOMIL&Iacute;A<\/b><\/font><b><font color=\"#663300\" size=\"4\"> DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Domingo<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"> 3 de febrero de 1985<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> 1. &laquo;Por ellos me consagro a , ti . . .&raquo; (<i>Io<\/i>. 17, 19).<\/p>\n<p align=\"left\"> En la lectura del Evangelio de San Juan que hemos escuchado, han sido proclamadas estas palabras que Cristo pronunci&oacute; en el Cen&aacute;culo, poco antes de dirigirse al Getseman&iacute;, donde comenzar&iacute;a su pasi&oacute;n y sacrificio. Son palabras con las que Jes&uacute;s se dirige al Padre en su &laquo;oraci&oacute;n sacerdotal&raquo;. <i>Cristo ruega por sus disc&iacute;pulos<\/i>, por la Iglesia, por la humanidad. Ruega para que el amor del Padre est&eacute; en nosotros. <\/p>\n<p align=\"left\"> Con tales palabras que hoy <i>resuenan en medio de esta asamblea<\/i> del Pueblo de Dios, <i>en la naci&oacute;n centro hist&oacute;rico del antiguo Imperio Inca<\/i>, viene a vosotros, queridos hermanos y hermanas, el Obispo de Roma. El agradece ala Providencia poder cumplir tambi&eacute;n aqu&iacute; su ministerio de Sucesor de Pedro: <i>confirmar a sus hermanos en la fe <\/i>(Cf.. <i>Luc<\/i>. 22, 32). <\/p>\n<p align=\"left\"> El Papa viene a vosotros cuando la Iglesia se prepara a conmemorar los 500 a&ntilde;os de la evangelizaci&oacute;n de Am&eacute;rica; y quiere reunirse con el pueblo fiel en este importante lugar, en la capital del Per&uacute;, Lima, que fue uno de los focos centrales desde donde se<i> irradi&oacute; la luz del Evangelio en el Nuevo Mundo. <\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> 2. En efecto, el 18 de enero de 1535 es fundada vuestra ciudad, que acaba de conmemorar su 450 aniversario. Pocos a&ntilde;os despu&eacute;s, el Papa Paulo III la erige en arquidi&oacute;cesis. Y aunque los habitantes de la ciudad eran pocos, la extensi&oacute;n de la arquidi&oacute;cesis fue enorme, pues llegaba hasta Nicaragua, Chile y el R&iacute;o de la Plata. Casi toda Am&eacute;rica del Sur dependi&oacute; pr&aacute;cticamente, por alg&uacute;n tiempo, de esta sede metropolitana. <\/p>\n<p align=\"left\"> Pastor insigne de la misma fue Santo Toribio de Mogrovejo, segundo arzobispo de Lima, que durante casi 25 a&ntilde;os anim&oacute; con ejemplar celo la vida religiosa de esta vasta sede, recorriendo en admirables viajes toda su extensi&oacute;n. En su tiempo se celebr&oacute; el III Concilio L&iacute;mense (1582-1583), cuyas normas de evangelizaci&oacute;n y organizaci&oacute;n eclesial han perdurado por siglos. <\/p>\n<p align=\"left\"> De aqu&iacute; parti&oacute; un admirable esfuerzo misionero que aun hoy causa asombro, al pensar c&oacute;mo aquellos valerosos heraldos de la Buena Nueva pudieron superar tanta\u0161 dificultades. <\/p>\n<p align=\"left\"> Aquel esfuerzo y la abnegaci&oacute;n de ejemplares obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles hizo posible la floraci&oacute;n de vida cristiana, que con el pasar de los a&ntilde;os <i>ech&oacute; ra&iacute;ces<\/i> hasta madurar en <i>frutos escogidos<\/i>, como Santa Rosa de Lima, Mart&iacute;n de Porres, Juan Maclas y la nueva Beata Ana de los &Aacute;ngeles, honor de la Iglesia, de la naci&oacute;n peruana, de <i>esta ciudad de los Santos<\/i> en el Nuevo Mundo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Hoy vuestra arquidi&oacute;cesis abarca casi seis millones de fieles. Una comunidad que experimenta todas las tensiones del mundo moderno, en campo econ&oacute;mico-social, pol&iacute;tico, ideol&oacute;gico. En ese contexto Cristo quiere llevar su mensaje de salvaci&oacute;n y esperanza a todos sus habitantes, a todo el Per&uacute;, a vosotros que hab&eacute;is de recoger en vuestras manos la herencia del pasado, para entregarla vigorizada a las futuras generaciones. <\/p>\n<p align=\"left\"> En esa perspectiva, presento <i>mi saludo fraterno y afectuoso<\/i> al Se&ntilde;or Cardenal y pastor de esta hist&oacute;rica sede de Lima, a los obispos auxiliares, as&iacute; como a todos los hermanos obispos del Per&uacute;. Ellos han querido unirse al Papa en la <i>cordial acogida al grupo de di&aacute;conos que van a ser ordenados sacerdotes<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Saludo igualmente<\/i> a los sacerdotes, religiosos y religiosas, que con generosa dedicaci&oacute;n prestan su servicio a la Iglesia en los diversos campos de la pastoral, as&iacute; como a los laicos de los movimientos apost&oacute;licos, de las organizaciones cat&oacute;licas, y a todos los fieles presentes. <\/p>\n<p align=\"left\"> 3. <i>De modo particular<\/i> dirijo m&iacute; saludo <i>a las familias de Lima y a todas las familias del Per&uacute;<\/i>, a las que est&aacute; dedicada esta Eucarist&iacute;a. Ellas que son las &laquo;<i>iglesias dom&eacute;sticas<\/i>&raquo; (Cfr. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen Gentium<\/a><\/i>, 11), como se lee en los primeros textos cristianos, constituyen un lugar espec&iacute;fico de la presencia de Dios, santificado por la gracia de Cristo en el sacramento. <\/p>\n<p align=\"left\"> <i>El sacramento del matrimonio nace<\/i>, como de una fuente, <i>del sacrificio redentor de Cristo<\/i>, quien con su pasi&oacute;n y muerte comunica la gracia que santifica. Desde la majestad imponente de la cruz, el Se&ntilde;or parece dirigirse a todas las familias, a todos los c&oacute;nyuges para decirles: <i>&laquo;Por ellos me consagro a ti, para que tambi&eacute;n ellos sean consagrados en la verdad&raquo;<\/i> (<i>Io<\/i>. 17, 19). <\/p>\n<p align=\"left\"> Por eso la Iglesia ense&ntilde;a que en el sacramento del matrimonio &laquo;los c&oacute;nyuges son corroborados y como consagrados para cumplir fielmente los propios deberes, delante del mundo&raquo; (PAULI VI <i> <a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html\">Humanae Vitae<\/a><\/i>, 25; cfr. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/i>, 48).<\/p>\n<p align=\"left\"> En este contexto van a tener lugar, en la Eucarist&iacute;a que celebramos, <i>las ordenaciones sacerdotales. <\/i>Quienes van a ser ordenados sacerdotes, son vuestros hijos, queridas familias del Per&uacute;; son el fruto de vuestro amor, fidelidad, honestidad matrimonial. Ellos vieron la luz en esas &laquo;iglesias dom&eacute;sticas&raquo; que son las familias, y ahora, por el sacramento del orden, se entregan en cuerpo y alma al servicio de la Iglesia. Primero en el Per&uacute;, pero tambi&eacute;n en cualquier otra parte de la Iglesia donde Dios los llame. <\/p>\n<p align=\"left\"> 4. El Evangelio de la liturgia de hoy, nos transporta con la mente y con el coraz&oacute;n <i>al Cen&aacute;culo<\/i>. Cristo, Sacerdote y V&iacute;ctima del sacrificio pascual, instituye la Eucarist&iacute;a y, ala vez, <i>el sacramento del Sacerdocio<\/i> de la nueva y eterna Alianza. All&iacute;, por vez primera, Jes&uacute;s tom&oacute; el pan en sus manos y lo dio a sus disc&iacute;pulos para que comieran de 61: &laquo;<i>Esto es mi cuerpo<\/i>&raquo;. E igualmente con el vino: &laquo;<i>Este es el c&aacute;liz de mi sangre<\/i>&raquo;. De este modo instituye el sacramento de la Eucarist&iacute;a; y concluye: &laquo;<i>Haced esto en memoria m&iacute;a<\/i>&raquo;. <\/p>\n<p align=\"left\"> Obedeciendo al mandato del Se&ntilde;or, celebramos el sacrificio de la Misa para alabanza de la Sant&iacute;sima Trinidad y salvaci&oacute;n del mundo. Fieles tambi&eacute;n a ese mandato, nosotros los obispos, sucesores de los Ap&oacute;stoles, conferimos el <i>sacramento del Orden<\/i> a aquellos hermanos que sienten la voz divina y son llamados para atender las necesidades de la Iglesia. <\/p>\n<p align=\"left\"> 5. <i>Y &iexcl;son tantas las necesidades de la Iglesia hoy! <\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> Ante el sacerdote se abre una ingente tarea, cuando Jes&uacute;s dice en su oraci&oacute;n sacerdotal al Padre: &laquo;<i>He manifestado tu nombre<\/i> a los hombres que t&uacute; me has dado tom&aacute;ndolos del mundo. Tuyos eran y <i>t&uacute; me los has dado<\/i>; y han guardado tu palabra (<i>Io<\/i>. 17, 6). Esas palabras no tienen l&iacute;mite: <i>el Padre ha confiado al Hijo todos los hombres<\/i> para que &laquo;se salven y lleguen al conocimiento de la verdad&raquo; (<i>1 Tim<\/i>. 2, 4).<\/p>\n<p align=\"left\"> Y la vigilia de su pasi&oacute;n, el Se&ntilde;or se dirige al Padre pensando en sus disc&iacute;pulos: &laquo;<i>Yo les he dado tu palabra . . .<\/i> tu palabra es verdad. Como t&uacute; me has enviado al mundo, yo tambi&eacute;n los he enviado al mundo&raquo; (<i>Io<\/i>. 17, 14. 17. 18). Misi&oacute;n sin l&iacute;mites la que se abre ante la Iglesia. Una tarea que se extiende a <i>todos los siglos, que abarca todas las generaciones<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> Hoy, mirando a <i>esta generaci&oacute;n presente<\/i> que se acerca al final del segundo milenio, yo, Sucesor de Pedro, junto con mis hermanos obispos, <i>repito a vosotros<\/i>, sacerdotes que vais a recibir el sacramento del Orden, las palabras del Se&ntilde;or: &laquo;Como t&uacute; me has enviado al mundo, yo tambi&eacute;n los he enviado al mundo&raquo; (<i>Ib&iacute;d.<\/i> 17, 18).<\/p>\n<p align=\"left\"> Acoged la sublime misi&oacute;n recibida con la fuerza de la Palabra de Dios y del Sacramento de la Iglesia. &iexcl;Que ella d&eacute; <i>pleno sentido<\/i> a vuestra vida! &laquo;No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno&raquo; (<i>Io<\/i>. 17, 15).<\/p>\n<p align=\"left\"> 6. &iexcl;Queridos j&oacute;venes! Hab&eacute;is sido llamados para servir al Pueblo de Dios, que ya desde antiguo tiene, por instinto de fe, un sentido muy certero de la <i>misi&oacute;n del sacerdote<\/i> y de su necesidad en la Iglesia. As&iacute; lo reconoci&oacute; en una ejemplar figura sacerdotal, el padre Francisco del Castillo, nacido en esta ciudad. <\/p>\n<p align=\"left\"> Por eso, este pueblo pide a sus sacerdotes que sean ante todo aut&eacute;nticos <i>maestros en la fe, en la verdad, en la vida espiritual<\/i>, y no meros dirigentes humanos; aunque tambi&eacute;n ha de preocuparles hondamente la promoci&oacute;n humana, cultural y social de sus hermanos, iluminados por el Evangelio. &laquo;No me hab&eacute;is elegido vosotros a m&iacute;, sino que yo os eleg&iacute; a vosotros&raquo; (<i>Ib&iacute;d.<\/i> 17, 16), os dice el Se&ntilde;or hoy. Vais a ser consagrados para llevar un estilo de vida que os une a Cristo con un v&iacute;nculo inefable e irrevocable por el <i>car&aacute;cter sacramental<\/i>. Acogiendo el mandato de la Iglesia, actuar&eacute;is &laquo;<i>in persona Christi<\/i>&raquo;: consagrando su Cuerpo y su Sangre, perdonando los pecados, predicando su Palabra, administrando los dem&aacute;s sacramentos. <i>El testimonio de vuestra vida<\/i> ha de ser, por ello, de amor y de servicio: <i>hombres de Dios, hombres para los dem&aacute;s<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> En este d&iacute;a de vuestra ordenaci&oacute;n sacerdotal, ruego para que el Esp&iacute;ritu Santo grabe a fuego en vuestros corazones aquellas palabras del Ap&oacute;stol Pablo: &laquo;Somos, pues, <i>embajadores de Cristo<\/i>, como si Dios os exhortase por medio de nosotros&raquo; (<i>2 Cor<\/i>. 2, 20). <\/p>\n<p align=\"left\"> En esa tarea, sostenidos por una <i>oraci&oacute;n perseverante<\/i>, y fieles a vuestra oblaci&oacute;n mediante el <i>celibato<\/i>, sed <i>colaboradores<\/i> <i>fieles y generosos de vuestros obispos<\/i>. Ellos, al igual que Mois&eacute;s, como hemos escuchado en la primera lectura, tienen necesidad de colaboradores que &laquo;lleven la carga del pueblo&raquo; (<i>Nu<\/i>. 11, 17).<\/p>\n<p align=\"left\"> 7. Es necesario, sin embargo, que toda la comunidad diocesana se responsabilice de estas necesidades. De aqu&iacute; m&iacute; deseo de dirigirme hoy a las familias cristianas del Per&uacute;, para que se empe&ntilde;en en esa tarea. Adem&aacute;s, s&iacute; vuestros hogares no se convierten en verdaderas &laquo;iglesias dom&eacute;sticas&raquo;, en las que los ni&ntilde;os reciban desde sus primeros a&ntilde;os la fe de sus Padres y aprendan a trav&eacute;s de su ejemplo el recto comportamiento moral, dif&iacute;cilmente florecer&aacute;n las vocaciones <i>sacerdotales<\/i> que necesita la Iglesia en el Per&uacute;, para realizar su obra evangelizadora. <\/p>\n<p align=\"left\"> &laquo;Como t&uacute; me has enviado al mundo, yo tambi&eacute;n los he enviado al mundo&raquo; (<i>Io<\/i>. 17, 18). La Iglesia en el Concilio Vaticano II ha visto en estas palabras de su Se&ntilde;or y Maestro no s&oacute;lo la ense&ntilde;anza perenne sobre la <i>vocaci&oacute;n y misi&oacute;n sacerdotal<\/i>, sino tambi&eacute;n la doctrina evang&eacute;lica sobre<i> la vocaci&oacute;n y misi&oacute;n de los laicos<\/i>, disc&iacute;pulos de Cristo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Esta misi&oacute;n que nace del sacramento del <i>Bautismo y de la Confirmaci&oacute;n<\/i>, compromete al laico \u2014como tarea propia\u2014 a empe&ntilde;arse en <i>transformar el mundo desde dentro, seg&uacute;n el esp&iacute;ritu del Evangelio<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> De tal modo, el <i>papel de la familia cristiana<\/i> se pone en plena evidencia. &iexcl;Esta es vuestra misi&oacute;n, un verdadero desaf&iacute;o para vosotras, familias cristianas del Per&uacute;! Conozco las esperanzas y angustias de los hogares peruanos, y por eso vengo como peregrino apost&oacute;lico para confirmares en vuestros deseos de superaci&oacute;n cristiana. <\/p>\n<p align=\"left\"> Las palabras de Jes&uacute;s &laquo;lo que Dios ha unido no lo separe el hombre&raquo; (<i>Matth<\/i>. 19, 6) han de ser ley para todo aquel que se llame cristiano. Recordad por ello que el cristiano aut&eacute;ntico ha de rechazar con energ&iacute;a el divorcio, la uni&oacute;n no santificada por el sacramento, la esterilizaci&oacute;n, la contracepci&oacute;n y el aborto que eliminan a un ser inocente. Y, por el contrario, el cristiano ha de defender con toda el alma <i>el amor indisoluble en el matrimonio, la protecci&oacute;n de la vida humana, aun de la todav&iacute;a no nacida<\/i>, y la estabilidad de la familia que favorece la educaci&oacute;n equilibrada de los hijos al amparo del amor paterno y materno, que se complementan mutuamente. <\/p>\n<p align=\"left\"> Para poder ser fieles a ese programa exigente, que no falte en vuestros hogares la <i>oraci&oacute;n familiar<\/i> seg&uacute;n vuestras mejores tradiciones; la piedad hogare&ntilde;a hacia la <i>Virgen Mar&iacute;a<\/i>, tan arraigada entre vosotros, la devoci&oacute;n y consagraci&oacute;n de la familia al <i>Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s<\/i>, tan amadas por el pueblo peruano. A este prop&oacute;sito quiero alentar y bendecir a todas aquellas familias que han entronizado en sus hogares la imagen del Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, como signo de fidelidad a Cristo y como preparaci&oacute;n ala venida del Papa. <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Queridos esposos, esposas e hijos de familia! Renovad en esta Eucarist&iacute;a vuestra <i>fidelidad y amor mutuo<\/i>, bas&aacute;ndolo en el sincero amor a Cristo. <\/p>\n<p align=\"left\"> 8. <i>Doy gracias al Dios Uno y Trino<\/i> por esta gran asamblea orante del Pueblo de Dios de Lima. Vuestra presencia es un signo de la unidad de todas las familias. Son las &laquo;iglesias dom&eacute;sticas&raquo; de donde surgen, como exigencia de su fe, las vocaciones sacerdotales que hoy he tenido el gozo de acoger en el sacramento del Orden. Deseo repetir aqu&iacute; las palabras cargadas de emoci&oacute;n que San Pablo dirig&iacute;a a los &laquo;ancianos&raquo; de la Iglesia en Mileto: &laquo;Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual os ha puesto el Esp&iacute;ritu Santo como responsables para pastorear la Iglesia de Dios, que &eacute;l adquiri&oacute; con la sangre de su propio Hijo&raquo; (<i>Act<\/i>. 20, 28). <\/p>\n<p align=\"left\"> &laquo;Por tanto, vigilad&raquo; (<i>Ib&iacute;d.<\/i> 20, 31). El Ap&oacute;stol menciona tambi&eacute;n en aquella ocasi&oacute;n a los &laquo;lobos rapaces&raquo; que amenazan el reba&ntilde;o; y menciona las &laquo;doctrinas perversas&raquo; que desv&iacute;an del recto camino. Palabras, &eacute;stas, que brotan de su solicitud de pastor y de amante de la cruz de Cristo. Por &uacute;ltimo, dice: &laquo;Ahora os encomiendo a Dios y ala Palabra de su gracia, que tiene poder para construir el edificio y daros la herencia con todos los santificados&raquo; (<i>Ib&iacute;d.<\/i> 20, 32).<\/p>\n<p align=\"left\"> Deseo <i>repetir estas palabras<\/i>, dirigi&eacute;ndolas a vosotros, venerables hermanos en el Episcopado; a vosotros, queridos sacerdotes, en particular a los reci&eacute;n ordenados; a vosotros, religiosos y religiosas de las diversas congregaciones; a vosotros, esposos, padres y madres, j&oacute;venes y ni&ntilde;os; a todo el Pueblo de Dios de Lima y del Per&uacute;. <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;A todos os encomiendo a Dios! <\/p>\n<p align=\"left\"> S&iacute;! La Palabra de su gracia tiene poder para edificar la &laquo;Iglesia del Pueblo de Dios&raquo;; para obteneros &laquo;la herencia con todos los santos&raquo;, en la comuni&oacute;n de los Santos. <\/p>\n<p align=\"left\"> <i>&iexcl;Vuestra es esa herencia! <\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Guardadla bien! <\/p>\n<p align=\"left\"> Vosotros sois la &laquo;Iglesia de Dios, que El ha conquistado con su sangre&raquo;. &iexcl;Permaneced en ella! <\/p>\n<p align=\"left\"> Por vosotros, Cristo se &laquo;ha consagrado a s&iacute; mismo, para que tambi&eacute;n vosotros se&aacute;is consagrados en la verdad&raquo;. <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Permaneced fieles a El! &iexcl;Permaneced fieles a El! <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;A Dios os encomiendo!<\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1985 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A VENEZUELA, ECUADOR, PER&Uacute; Y TRINIDAD Y TOBAGO SANTA MISA PARA LAS FAMILIAS EN EL HIP&Oacute;DROMO DE MONTERRICO DE LIMA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 3 de febrero de 1985 &nbsp; 1. &laquo;Por ellos me consagro a , ti . . .&raquo; (Io. 17, 19). 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