{"id":39865,"date":"2016-10-05T23:14:17","date_gmt":"2016-10-06T04:14:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-febrero-de-1985-beatificacion-de-ana-de-los-angeles-en-arequipa-peru\/"},"modified":"2016-10-05T23:14:17","modified_gmt":"2016-10-06T04:14:17","slug":"2-de-febrero-de-1985-beatificacion-de-ana-de-los-angeles-en-arequipa-peru","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-febrero-de-1985-beatificacion-de-ana-de-los-angeles-en-arequipa-peru\/","title":{"rendered":"2 de febrero de 1985, Beatificaci\u00f3n de Ana de Los \u00c1ngeles en Arequipa, Per\u00fa"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <span lang=\"es\"> <font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A VENEZUELA, <br \/>ECUADOR, PER&Uacute; Y TRINIDAD Y TOBAGO<\/font><\/span><\/p>\n<p align=\"center\"><span lang=\"es\"><font color=\"#663300\"><b>BEATIFICACI&Oacute;N DE ANA DE LOS &Aacute;NGELES<\/b><\/font><\/span><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><span lang=\"es\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b>HOMIL&Iacute;A<\/b><\/font><b><font color=\"#663300\" size=\"4\"> DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <\/font><\/b><\/span><\/p>\n<p align=\"center\"><span lang=\"es\"><font color=\"#663300\"><i>Arequipa (Per&uacute;) &#8211; S<font face=\"Times New Roman\">&aacute;<\/font>bado<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"> 2 de febrero de 1985<\/font><\/i><\/span><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p> <span lang=\"es\">1. &laquo;<i>Lumen ad revelationem gentium!<\/i>&raquo;. <br \/><i>&iexcl;Luz para iluminar a las gentes!<\/i> (<i>Lc<\/i> 2, 32). <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Hoy la Iglesia en toda la tierra celebra la <i>Presentaci&oacute;n del Se&ntilde;or en el templo de Jerusal&eacute;n<\/i>, cuarenta d&iacute;as despu&eacute;s de su nacimiento en Bel&eacute;n. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">All&iacute;, en el templo de Jerusal&eacute;n, fueron pronunciadas las <i>palabras prof&eacute;ticas<\/i> que la Iglesia repite cada d&iacute;a en su liturgia y hoy proclama con una especial solemnidad. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">He aqu&iacute; que el anciano Sime&oacute;n toma al Ni&ntilde;o de los brazos de la Madre <i>e iluminado por el Esp&iacute;ritu Santo<\/i>, pronuncia las palabras prof&eacute;ticas: <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">&laquo;Ahora, Se&ntilde;or, puedes, seg&uacute;n tu palabra, \/ dejar que tu siervo se vaya en paz, porque han visto mis ojos tu salvaci&oacute;n, \/ la que has preparado a la vista de todos los pueblos, \/ luz para iluminar a las gentes \/ y glor&iacute;a de tu pueblo Israel&raquo; (<i>Ib&iacute;d.<\/i> 2, 29-32). <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">2. Hoy repetimos estas palabras aqu&iacute; en Arequipa, en tierra peruana. Juntos profesamos con ellas <i>la fe en Jesucristo<\/i>; esa fe que ha iluminado el pueblo de esta tierra desde hace ya casi cinco siglos. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">En este nombre y en esta luz nos unimos hoy rec&iacute;procamente nos saludamos. Y tengo el gozo de poder participar con vosotros, como Obispo de Roma, <i>en esta fiesta grande de la Iglesia<\/i> en vuestra patria. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Una fiesta que tiene un doble motivo de alegr&iacute;a: la beatificaci&oacute;n de Sor Ana de los &Aacute;ngeles Monteagudo, y la coronaci&oacute;n pontificia de la imagen de la Virgen de Chapi, Madre y Reina de Arequipa, que preside nuestra celebraci&oacute;n. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">En esta fiesta de la Iglesia en el Per&uacute;, en presencia de todos sus Pastores, quiero saludar <i>a todo el pueblo fiel peruano que he venido a visitar<\/i>, aunque no podr&eacute; llegar, como desear&iacute;a, a cada persona y lugar del pa&iacute;s. Pero a todos los semejantes me dirigir&eacute; intencionalmente, cada vez que en estos d&iacute;as encuentre a alg&uacute;n grupo o sector del pueblo de Dios. As&iacute; pues: <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Que Cristo, luz de las gentes, ilumine a los miembros de esta Iglesia de Dios en Arequipa que h&#x3bf;y me acoge, a su Pastor y auxiliares, as&iacute; como a las Iglesias de Punto, Tacna, Ayaviri, Chuquibamba y Juli con sus Pastores. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Que la luz de Cristo gu&iacute;e a la Iglesia en Lima con su cardenal arzobispo y auxiliares, a los Pastores y fieles del Callao, Huacho, Ica y Yauyos. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Que Cristo, luz del mundo, esclarezca el camino de los Pastores y fieles de Ayacucho, Huancavelica y Caravel&iacute;. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Que Cristo sea siempre la luz de las Iglesias en el Cuzco, Abancay, Chuquibambilla y Sicuani y de sus obispos. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Que la luz de Cristo resplandezca en el pueblo fiel de Huancayo, Hu&aacute;nuco, Tarma y en sus Padres en la fe. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Que Cristo acompa&ntilde;e con su luz al Pueblo santo de Dios en Piura, Chachapoyas, Chiclayo, Chota, Chulucanas y a sus prelados. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Que la luz de Cristo brille en los Pastores y comunidades eclesiales de Trujillo, Cajamarca, Huaraz, Chimbote, Huar&iacute;, Huamachuco y Moyobamba. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Que Cristo marque con su luz el camino de la fe para los Ordinarios e Iglesias de Iquitos, Ja&eacute;n, Pucallpa, Puerto Maldonado, Requena, San Jos&eacute; del Amazonas, San Ram&oacute;n y Yurimaguas, y para el Ordinario y miembros del Vicariato Castrense del Per&uacute;. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Finalmente, que Cristo sea luz para <i>todos los aqu&iacute; presentes<\/i>, los venidos de cerca o de lejos, y de modo particular para la gran <i>Familia dominicana<\/i>, que ve en su hermana, la Beata Ana de los &Aacute;ngeles, una nueva glor&iacute;a para los hijos e hijas de Santo Domingo, y un fiel reflejo de la luz de Jesucristo. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">3. <i>Este Jes&uacute;s de Nazaret<\/i> sobre el cual, cuarenta d&iacute;as despu&eacute;s de su nacimiento, el anciano Sime&oacute;n pronunci&oacute; las palabras prof&eacute;ticas, est&aacute; delante de nosotros como <i>Luz<\/i>. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Escuchemos lo que nos dice en el Evangelio de la liturgia de hoy: <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">&laquo;<i>Todo me ha sido entregado por mi Padre<\/i>; y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, n&iacute; al Padre le conoce bien nadie sino <i>el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar<\/i>&raquo; (<i>Matth<\/i>. 11, 27). <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Cristo es la luz de los hombres, porque <i>les revela a Dios<\/i>. S&oacute;lo El conoce a Dios: conoce al Padre y es conocido por El. Tambi&eacute;n El, &uacute;nicamente El, lleva la luz de la revelaci&oacute;n divina a los corazones humanos. Gracias a El <i>hemos conocido al Padre, y al Hijo y al Esp&iacute;ritu Santo<\/i>, al Dios Unico en la Trinidad que es &laquo;el principio y fin&raquo; de todo lo que existe. En El est&aacute; nuestra salvaci&oacute;n eterna. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">4. En efecto, este Dios \u2014como proclama Juan en la segunda lectura de hoy\u2014 <i> es el que &laquo;nos am&oacute; y nos envi&oacute; a su Hijo<\/i> como propiciaci&oacute;n por nuestros pecados&raquo; (<i>1 Io.<\/i> 4, 10). As&iacute; es. &laquo;En esto se manifest&oacute; el amor que Dios nos tiene; en que Dios envi&oacute; al mundo su Hijo &uacute;nico para que vivamos por medio de &eacute;l&raquo; (<i>Ib&iacute;d.<\/i> 4, 9). <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\"> <i>El Hijo es la luz del mundo porque nos da la vida de Dios<\/i>. Esta vida divina es para nosotros un don, es decir, la gracia. Y la gracia deriva del Amor e injerta en nosotros el Amor. De este modo nosotros los hombres, nacidos de los hombres, de nuestros padres, a la vez <i>hemos nacido de Dios<\/i>: <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">&laquo;Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios&raquo; (<i>Ib&iacute;d.<\/i> 4, 7). <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Cristo es la luz de los hombres, porque gracias a El hemos sido engendrados por Dios, y cuando somos engendrados por Dios en Cristo, <i>entonces tambi&eacute;n nosotros &laquo;conocemos a Dios&raquo;<\/i>: conocemos al Padre, como tambi&eacute;n el Hijo conoce al Padre. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">En cambio, &laquo;Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor&raquo; (<i>1 Io.<\/i> 4, 7). <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">5. He aqu&iacute; el espl&eacute;ndido <i>mensaje de la fiesta de hoy<\/i>. El mensaje de la luz y de la vida, el mensaje de la verdad y del amor. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">En el contenido de este mensaje reconocemos tambi&eacute;n a esta <i>hija elegida de vuestra tierra<\/i> que hoy puedo proclamar Beata de la Iglesia: <i>Sor Ana de los &Aacute;ngeles Monteagudo<\/i>. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">El se&ntilde;or Arzobispo de Arequipa, al pedir oficialmente la beatificaci&oacute;n de Sor Ana, ha trazado en s&iacute;ntesis su biograf&iacute;a y ha indicado los rasgos de su vida santa, y los m&eacute;ritos y gracias celestiales que han conducido a su elevaci&oacute;n a los altares, para ejemplo y veneraci&oacute;n de toda la Iglesia, especialmente de la Iglesia en el Per&uacute;. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">En ella admiramos sobre todo a la cristiana ejemplar, la contemplativa, monja dominica del c&eacute;lebre monasterio de Santa Catalina, monumento de arte y de piedad del que los arequipe&ntilde;os se sienten con raz&oacute;n orgullosos. Ella realiz&oacute; en su vida el programa dominicano de la luz, de la verdad, del amor y de la vida, concentrado en la conocida frase: &laquo;contemplar y transmitir lo contemplado&raquo;. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Sor Ana de los &Aacute;ngeles realiz&oacute; este programa con una intensa, austera, radical entrega a la vida mon&aacute;stica, seg&uacute;n el estilo de la orden de Santo Domingo, en la contemplaci&oacute;n del misterio de Cristo, Verdad y Sabidur&iacute;a de Dios. Pero a la vez su vida tuvo una singular irradiaci&oacute;n apost&oacute;lica. Fue maestra espiritual y fiel ejecutora de las normas de la Iglesia que urg&iacute;an la reforma de los monasterios. Sab&iacute;a acoger a todos los que depend&iacute;an de ella, encamin&aacute;ndolos por los senderos del perd&oacute;n y de la vida de gracia. Se hizo notar su presencia escondida, m&aacute;s all&aacute; de los muros de su convento, con la fama de su santidad. A los obispos y sacerdotes ayud&oacute; con su oraci&oacute;n y su consejo; a los caminantes y peregrinos que ven&iacute;an a ella, los acompa&ntilde;aba con su plegaria. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Su larga vida se consum&oacute; casi por entero dentro de los muros del monasterio de Santa Catalina; desde su tierna edad como educanda, y m&aacute;s tarde como religiosa y superiora. En sus &uacute;ltimos a&ntilde;os se consum&oacute; en una dolorosa identificaci&oacute;n con el misterio de Cristo Crucificado. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Sor Ana de los &Aacute;ngeles confirma con su vida la fecundidad apost&oacute;lica de la vida contemplativa en el Cuerpo M&iacute;stico de Cristo que es la Iglesia. Vida contemplativa que arraig&oacute; muy pronto tambi&eacute;n aqu&iacute;, desde los albores mismos de la evangelizaci&oacute;n, y sigue siendo riqueza misteriosa de la Iglesia en el Per&uacute; y de toda la Iglesia de Cristo. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">6. Ciertamente Sor Ana se ha guiado en su vida con esta m&aacute;xima de San Juan Evangelista: <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">&laquo;Si Dios nos am&oacute; de esta manera, tambi&eacute;n nosotros debemos amarnos unos a otros&raquo; (<i>1 &#x399;&#x3bf;.<\/i> 4, 11). <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">En la escuela del Divino Maestro se fue modelando su coraz&oacute;n hasta aprender la mansedumbre y humildad de Cristo, seg&uacute;n las palabras del Evangelio: &laquo;Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de m&iacute; que soy <i>manso y humilde de coraz&oacute;n<\/i>&#8230; Porque mi yugo es suave y mi carga ligera&raquo; (<i>Matth<\/i>. 11, 29-30). <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Imitando la caridad y el sentido eclesial de su Patrona, Catalina de Siena, tuvo un coraz&oacute;n manso y humilde abierto a las necesidades de todos, especialmente de los m&aacute;s pobres. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Todos encontraron en ella un amor verdadero. Los pobres y humildes hallaron acogida eficaz; los ricos, comprensi&oacute;n que no escatimaba la exigencia de conversi&oacute;n; los Pastores encontraron oraci&oacute;n y consejo; los enfermos, alivio; los tristes, consuelo; los viajeros, hospitalidad; los perseguidos, perd&oacute;n; los moribundos, la oraci&oacute;n ardiente. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">En la caridad orante y efectiva de Sor Ana estuvieron presentes de una manera especial los difuntos, las almas del Purgatorio que ella llamaba &laquo;sus amigas&raquo;. De esta forma, iluminando la piedad ancestral por los difuntos con la doctrina de la Iglesia, siguiendo el ejemplo de San Nicol&aacute;s de Tolentino, de quien era devota, extendi&oacute; su caridad a los difuntos con la plegaria y los sufragios. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Por eso, recordando estos detalles entra&ntilde;ables de la vida de la nueva Beata, su penitencia y su limosna, su oraci&oacute;n continua y ardiente por todos, hemos recordado las palabras del libro de Tob&iacute;as: <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">&laquo;Buena es la oraci&oacute;n con ayuno; y mejor es la limosna con justicia que la riqueza con iniquidad. Mejor es hacer limosna que atesorar oro&#8230; Los que hacen limosna tendr&aacute;n larga vida&raquo; (<i>&#x3a4;&#x3bf;b<\/i>. 12, 8-9). Como ella, que muri&oacute; en edad avanzada, cargada de virtudes y m&eacute;ritos. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">7. Hoy la Iglesia en Arequipa y en todo el Per&uacute; desea <i>adorar a Dios <\/i>de una manera especial por <i>los beneficios que El ha concedido <\/i>al Pueblo de Dios mediante el servicio de una humilde religiosa: Sor Ana de los &Aacute;ngeles. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Obrando as&iacute;, la Iglesia cumple la invitaci&oacute;n del libro de Tob&iacute;as, proclamada en la liturgia de hoy: <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">&laquo;Manifestad a todos los hombres las acciones de Dios, dignas de honra, y no se&aacute;is remisos en confesarle. Bueno es <i>mantener oculto el secreto del Rey<\/i>, y tambi&eacute;n es bueno <i>proclamar y publicar<\/i> las obras gloriosas de Dios&raquo; (<i>Ib&iacute;d.<\/i>. 12, 6-7). <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">De esta manera, aquel misterio de la Gracia de Dios, escondido en el seno de la Iglesia de vuestra tierra, <i>se hace manifiesto y se revela<\/i>: &iexcl;es Sor Ana de los &Aacute;ngeles, la Beata de la Iglesia! <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">La santidad del hombre es obra de Dios. Nunca ser&aacute; suficiente manifestarle gratitud por esta obra. Cuando veneramos sus obras, las obras de Dios, veneramos y adoramos sobre todo a El mismo, el Dios Sant&iacute;simo. Y entre todas las obras de Dios, la m&aacute;s grande es la santidad de una criatura: <i>la santidad del hombre<\/i>. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Pero he aqu&iacute; que en la fiesta de hoy, en presencia de toda la Iglesia, est&aacute; <i> aquella que es la m&aacute;s Santa<\/i>: la Madre de Cristo, Mar&iacute;a. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">La <i>contemplamos<\/i>, cuarenta d&iacute;as despu&eacute;s del nacimiento de su Hijo, llevando a Jes&uacute;s al templo de Jerusal&eacute;n, acompa&ntilde;ada por Jos&eacute;. El anciano Sime&oacute;n adora en el Ni&ntilde;o la luz de Dios: &laquo;Luz para iluminar a las gentes&raquo; (<i>Luc<\/i>. 2, 32). Y a Mar&iacute;a dirige estas palabras: &laquo;Este est&aacute; puesto para ca&iacute;da y elevaci&oacute;n de muchos en Israel, y para ser <i>se&ntilde;al de contradicci&oacute;n<\/i>, a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones. &iexcl;Y a ti misma una espada te atravesar&aacute; el alma!&raquo; (<i>Ib&iacute;d.<\/i> 2, 34-35). <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Teniendo presentes las palabras de Sime&oacute;n, deseamos poner hoy <i>sobre la cabeza de la imagen de la Madre de Dios<\/i> de Chapi, la corona pontificia. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Este gesto que realizamos en la tierra, responde a la exaltaci&oacute;n que la Virgen ha recibido en el cielo: la exaltaci&oacute;n de los pobres y humildes, proclamada por ella en el Magn&iacute;ficat (Cfr. <i>ibid<\/i>. 1, 52). <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Con tal gesto, el Papa quiere sellar la vinculaci&oacute;n que ya existe y que se consolidar&aacute; m&aacute;s, entre la ciudad de Arequipa, entre la Iglesia en el Per&uacute; y la Virgen Sant&iacute;sima. En efecto, esta &laquo;ciudad blanca&raquo;, eminentemente mariana, que naci&oacute; bajo el amparo de Nuestra Se&ntilde;ora, el d&iacute;a de la Asunci&oacute;n de 1540, ha profesado siempre gran devoci&oacute;n a la Madre de Dios. Lo atestiguan los tres hermosos y conocidos santuarios marianos de la ciudad: el de Cayma, el de Characato y especialmente el de Chapi. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">La coronaci&oacute;n es tambi&eacute;n un recuerdo del amor que tuvo ala Virgen Sant&iacute;sima la Beata Ana de los &Aacute;ngeles. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">9. Ante la imagen de Nuestra Se&ntilde;ora pongo las intenciones de toda la Iglesia, especialmente de la Iglesia en el Per&uacute; y en Arequipa: <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">&laquo;Oh Madre de Cristo, Santa Madre de Dios, venerada con amor tan entra&ntilde;able <i> por el Pueblo de Dios en toda la tierra peruana<\/i>. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Madre y Reina de todos los Santos que ha dado esta tierra: Toribio de Mogrovejo, Rosa de Lima, Mart&iacute;n de Porres, Juan Mac&iacute;as, Ana de los &Aacute;ngeles, proclamada Beata en el d&iacute;a de hoy. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\"> <i>No dejes de llevar a Jes&uacute;s en tus manos<\/i>; ll&eacute;valo a los corazones de todos los que, en esta tierra, tan amorosamente conf&iacute;an en ti. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\"> <i>Ll&eacute;valo<\/i> <i>siempre<\/i>, como lo llevaste al templo de Jerusal&eacute;n; que los ojos de nuestra fe se abran en todo momento como se abrieron los ojos de Sime&oacute;n. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\"> <i>Junto con &eacute;l profesamos: <\/i> <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">&iexcl;&laquo;Luz para iluminar a las gentes&raquo;! <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Que en El <i>los ojos de nuestra le vean siempre la salvaci&oacute;n <\/i>que viene de Dios&#8230; &iexcl;Del mismo Dios! <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Am&eacute;n.<\/span><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1985 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A VENEZUELA, ECUADOR, PER&Uacute; Y TRINIDAD Y TOBAGO BEATIFICACI&Oacute;N DE ANA DE LOS &Aacute;NGELES HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Arequipa (Per&uacute;) &#8211; S&aacute;bado 2 de febrero de 1985 &nbsp; 1. &laquo;Lumen ad revelationem gentium!&raquo;. &iexcl;Luz para iluminar a las gentes! (Lc 2, 32). Hoy la Iglesia en toda la tierra celebra &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-febrero-de-1985-beatificacion-de-ana-de-los-angeles-en-arequipa-peru\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab2 de febrero de 1985, Beatificaci\u00f3n de Ana de Los \u00c1ngeles en Arequipa, Per\u00fa\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39865","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39865","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39865"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39865\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39865"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39865"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39865"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}