{"id":39866,"date":"2016-10-05T23:14:18","date_gmt":"2016-10-06T04:14:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-febrero-de-1985-santa-misa-para-los-jovenes-en-el-hipodromo-monterrico-de-lima-peru\/"},"modified":"2016-10-05T23:14:18","modified_gmt":"2016-10-06T04:14:18","slug":"2-de-febrero-de-1985-santa-misa-para-los-jovenes-en-el-hipodromo-monterrico-de-lima-peru","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-febrero-de-1985-santa-misa-para-los-jovenes-en-el-hipodromo-monterrico-de-lima-peru\/","title":{"rendered":"2 de febrero de 1985, Santa misa para los j\u00f3venes en el Hip\u00f3dromo Monterrico de Lima, Per\u00fa"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <span lang=\"es\"> <font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A VENEZUELA, <br \/>ECUADOR, PER&Uacute; Y TRINIDAD Y TOBAGO<\/font><\/span><font color=\"#663300\"> <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA PARA LOS J&Oacute;VENES EN EL HIP&Oacute;DROMO DE MONTERRICO<\/b><\/font><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b>HOMIL&Iacute;A<\/b><\/font><b><font color=\"#663300\" size=\"4\"> DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>S&aacute;bado 2 de febrero de<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"> 1985<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Amad&iacute;simos j&oacute;venes: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\"> 1. En este encuentro, que tanto he deseado y al que vosotros os hab&eacute;is preparado gozosamente con numerosas iniciativas, <i>nos ha hablado Jes&uacute;s<\/i>. Acabamos de escuchar uno de los pasajes del Evangelio que m&aacute;s ha conmovido al mundo a lo largo de los siglos: <i>las ocho bienaventuranzas del serm&oacute;n de la monta&ntilde;a. <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\"> Con expresivas palabras se refiri&oacute; el Papa Pablo VI a este pasaje, present&aacute;ndolo como &laquo;uno de los textos m&aacute;s sorprendentes y m&aacute;s positivamente revolucionarios: &iquest;Qui&eacute;n se habr&iacute;a atrevido en el curso de la historia a proclamar \u201cfelices\u201d&nbsp;a los pobres de esp&iacute;ritu, a los afligidos, a los mansos, a los hambrientos, a los sedientos de justicia, a los misericordiosos, a los puros de coraz&oacute;n, a los art&iacute;fices de la paz, a los perseguidos, a los insultados<font face=\"Times New Roman\">\u2026<\/font>? Aquellas palabras, sembradas en una sociedad basada en la fuerza, en el poder, en la riqueza, en la violencia, en el atropello, pod&iacute;an interpretarse como un programa de vileza y abulia indignas del hombre; y en cambio, eran proclamas de una nueva \u201ccivilizaci&oacute;n del amor\u201d&raquo; (PAULI VI <i>Homilia<\/i>, die 29 ian. 1978: <i> Insegnamenti di Paolo VI<\/i>, XVI (1978) 82 ss.). <\/p>\n<p align=\"left\"> 2. Queridos amigos: El programa evang&eacute;lico de las bienaventuranzas es trascendental para la vida del cristiano y para la trayectoria de todos los hombres. Para los j&oacute;venes y para las j&oacute;venes es sencillamente un programa fascinante. Bien se puede decir que quien ha comprendido y se propone practicar <i>las ocho bienaventuranzas<\/i> propuestas por Jes&uacute;s, ha comprendido y puede hacer realidad todo el Evangelio. En efecto, para sintonizar plena y certeramente con las bienaventuranzas, hay que captar en profundidad y en todas sus dimensiones las esencias del mensaje de Cristo, hay que aceptar sin reserva alguna el Evangelio entero. <\/p>\n<p align=\"left\"> Ciertamente el ideal que el Se&ntilde;or propone en las bienaventuranzas es elevado y exigente. Pero por eso mismo resulta un programa de vida <i>hecho a la medida de los j&oacute;venes<\/i>, ya que la caracter&iacute;stica fundamental de la juventud es <i>la generosidad<\/i>, la abertura a lo sublime y a lo arduo, el compromiso concreto y decidido en <i>cosas que valgan la pena<\/i>, humana y sobrenaturalmente. La juventud est&aacute; siempre en actitud de b&uacute;squeda, en marcha hac&iacute;a las cumbres, hacia los ideales nobles, tratando de encontrar respuestas a los interrogantes que continuamente plantea la existencia humana y la vida espiritual. Pues bien, &iquest;hay acaso ideal m&aacute;s alto que el que nos propone Jesucristo? <\/p>\n<p align=\"left\"> Por eso yo, Peregrino de la Evangelizaci&oacute;n, siento el deber de proclamar esta tarde ante vosotros, j&oacute;venes del Per&uacute;, que <i>s&oacute;lo en Cristo<\/i> est&aacute; la respuesta a las ansias m&aacute;s profundas de vuestro coraz&oacute;n, a la plenitud de todas vuestras aspiraciones; s&oacute;lo en el <i>Evangelio de las bienaventuranzas<\/i> encontrar&eacute;is el sentido de la vida y la luz plena sobre la dignidad y el misterio del hombre (Cfr. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\"> Gaudium et Spes<\/a><\/i>, 22). <\/p>\n<p align=\"left\"> 3. Jes&uacute;s de Nazaret comenz&oacute; su misi&oacute;n mesi&aacute;nica predicando <i>la conversi&oacute;n en el nombre del reino de Dios<\/i>. Las bienaventuranzas son precisamente el programa concreto de esa conversi&oacute;n. Con la venida de Cristo, Hijo de Dios, <i> el reino se hace presente en medio de nosotros<\/i>: &laquo;Est&aacute; dentro de nosotros&raquo;, y al mismo tiempo ese reino constituye la escatolog&iacute;a, es decir, <i>la meta definitiva de la existencia humana<\/i>. Pues bien, cada una de las ocho bienaventuranzas se&ntilde;ala esa meta ultratemporal. Pero al mismo tiempo cada una de las bienaventuranzas afecta directa y plenamente al hombre en su <i>existencia terrena<\/i> y temporal. Todas las situaciones que forman el conjunto del <i> destino humano y del comportamiento del hombre<\/i> est&aacute;n comprendidas de forma concreta, con su propio nombre, en las bienaventuranzas. Estas se&ntilde;alan y orientan en particular el comportamiento de los disc&iacute;pulos de Cristo, de sus testigos. Por eso las ocho bienaventuranzas constituyen el <i>c&oacute;digo<\/i> m&aacute;s conciso de la <i>moral evang&eacute;lica<\/i>, del estilo de vida del cristiano. <\/p>\n<p align=\"left\"> Las palabras que Jes&uacute;s pronunci&oacute; hace dos mil a&ntilde;os en el serm&oacute;n de la monta&ntilde;a, son siempre de vital actualidad. Iluminando la historia han llegado hasta nosotros. La Iglesia las ha repetido siempre y lo hace tambi&eacute;n ahora, dirigi&eacute;ndolas sobre todo a los j&oacute;venes de <i>coraz&oacute;n generoso y abiertos al bien<\/i>. Escuchad. <\/p>\n<p align=\"left\"> 4. Jes&uacute;s proclama: <i>Bienaventurados los que lloran<\/i>: es decir, los afligidos, los que sienten sufrimiento f&iacute;sico o pesadumbre moral; <i>porque ellos ser&aacute;n consolados<\/i> (<i>Matth<\/i>. 5, 5). <\/p>\n<p align=\"left\"> El sufrimiento es en cierto modo el destino del hombre, que nace sufriendo, pasa su vida en aflicciones y llega a su fin, a la eternidad, a trav&eacute;s de la muerte, que es una gran purificaci&oacute;n por la que todos hemos de pasar. De ah&iacute; la importancia de descubrir el <i>sentido cristiano del sufrimiento humano<\/i>. Es &eacute;ste el tema de mi Carta Apost&oacute;lica &laquo;<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/documents\/hf_jp-ii_apl_11021984_salvifici-doloris.html\">Salvifici Doloris<\/a><\/i>&raquo; que, va a hacer pronto un a&ntilde;o, dirig&iacute; a todo el Pueblo de Dios. En ella trat&eacute; de describir lo que es el mundo del sufrimiento humano con sus mil rostros y sus terribles consecuencias; y en ella, a la luz del Evangelio, trat&eacute; de dar respuesta a la pregunta sobre el sentido del sufrimiento. Con la mirada fija &laquo;en todas las cruces del hombre de hoy&raquo; (IOANNIS PAULI PP. II <i>Salvifici Doloris<\/i>, 31), afirm&eacute; que &laquo;en el sufrimiento se esconde una particular fuerza que acerca interiormente el hombre a Cristo&raquo; (<i>Ib&iacute;d.<\/i> 26). Este es <i>el consuelo de los que lloran. <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\"> Los j&oacute;venes, poniendo en juego su generosidad, no han de tener nunca miedo al sufrimiento visto ala luz de las bienaventuranzas. Han de <i>estar siempre cerca de los que sufren <\/i>y han de saber descubrir en las propias aflicciones y <i> en las de los hermanos el valor salv&iacute;fico del dolor, la fuerza evangelizadora de todo sufrimiento<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> 5. <i>Bienaventurados los limpios de coraz&oacute;n<\/i>. Jes&uacute;s asegura que los que practican esta bienaventuranza <i>ver&aacute;n a Dios<\/i> (Cf.. <i>Matth<\/i>. 5, 81). Los hombres de alma limpia y transparente, ya en esta vida, <i>ven en Dios<\/i>, ven a la luz del Evangelio todos los problemas que exigen una pureza especial: as&iacute;, el amor y el matrimonio. Sobre estos temas la Iglesia ha hablado siempre, y sobre todo en nuestro tiempo, con mucha claridad e insistencia, proyectando la luz de su doctrina particularmente sobre la juventud. <\/p>\n<p align=\"left\"> Qu&eacute; importante es educar a los j&oacute;venes y a las j&oacute;venes para el &laquo;amor hermoso&raquo;, con el fin de alejarles de todas las asechanzas que tratan de destruir el tesoro de su juventud: de la droga, la violencia, el pecado en general; y orientarles por el camino que lleva a Dios: en el matrimonio cristiano, camino real para la realizaci&oacute;n humana y santificaci&oacute;n de la mayor&iacute;a de las mujeres y hombres; y tambi&eacute;n, cuando Cristo llama, en la entrega radical exigida por <i>la vocaci&oacute;n sacerdotal o religiosa<\/i>. La Iglesia necesita hoy muchos ap&oacute;stoles para evangelizar el mundo del nuevo milenio que se acerca, y espera encontrar esos evangelizadores entre vosotros, hombres y mujeres j&oacute;venes del Per&uacute;. <\/p>\n<p align=\"left\"> 6. <i>Bienaventurados los misericordiosos<\/i> (<i>Ib&iacute;d.<\/i>. 5, 7). La misericordia constituye el centro mismo de la Revelaci&oacute;n y de la Alianza. La misericordia, tal como la explic&oacute; y practic&oacute; Jes&uacute;s, &laquo;<i>rico en misericordia<\/i>&raquo; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0034\/_INDEX.HTM\">Dives in misericordia<\/a><\/i>), es la cara m&aacute;s aut&eacute;ntica del amor, es la plenitud de la justicia. Por lo dem&aacute;s, el amor de misericordia no es una mera compasi&oacute;n con el que sufre, sino una <i>efectiva y afectiva solidaridad con todos los afligidos. <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\"> El joven noble, generoso y bueno debe distinguirse por su <i>sensibilidad hacia los sufrimientos de los otros<\/i>, hacia toda desgracia, hacia cualquier mal que afecte al hombre. La misericordia no es pasividad, sino decidida acci&oacute;n en favor del pr&oacute;jimo, desde la fe. <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Cu&aacute;ntas falanges de j&oacute;venes se ven h&#x3bf;y dedicadas con inmensa alegr&iacute;a al servicio de los hermanos en todas las partes y en las circunstancias m&aacute;s dif&iacute;ciles de la vida! La juventud es servicio. Y el testimonio de servicio y fraternidad que da la juventud de hoy es una de las cosas m&aacute;s consoladoras y maravillosas de nuestro mundo. <\/p>\n<p align=\"left\"> El Se&ntilde;or da en premio a los misericordiosos la <i>misericordia misma<\/i>, la alegr&iacute;a, la paz. <\/p>\n<p align=\"left\"> 7. <i>Los pac&iacute;ficos<\/i>, los art&iacute;fices de la paz: he aqu&iacute; una categor&iacute;a excepcional de hombres a los que Jes&uacute;s proclama bienaventurados. Esta felicitaci&oacute;n que nuestro Se&ntilde;or dirige a los que buscan la paz en el &aacute;mbito familiar, social, laboral y pol&iacute;tico, a nivel nacional e internacional, tiene una actualidad sorprendente. <\/p>\n<p align=\"left\"> Vosotros sent&iacute;s justamente \u2014<i>deb&eacute;is sentirlo siempre<\/i>\u2014 el anhelo de una sociedad m&aacute;s justa y solidaria; pero no sig&aacute;is a quienes afirman que las injusticias sociales s&oacute;lo pueden desaparecer mediante el odio entre clases o el <i>recurso a la violencia<\/i> u otros medios anticristianos. S&oacute;lo la conversi&oacute;n del coraz&oacute;n puede asegurar un cambio de estructuras en orden a la construcci&oacute;n de un mundo nuevo, un mundo mejor. &laquo;El tener confianza en los medios violentos, con la esperanza de instaurar m&aacute;s justicia, es ser v&iacute;ctima de una ilusi&oacute;n mortal. <i>La violencia engendra violencia y degrada al hombre.<\/i> Ultraja la dignidad del hombre en la persona de las v&iacute;ctimas y envilece esta misma dignidad en quienes la practican&raquo; (S. CONGR. PRO DOCTRINA FIDEI <i>Instructio de quibusdam aspectibus &laquo;Theologiae Liberationis&raquo;<\/i>, XI, 7). &laquo;Solamente recurriendo a las <i>capacidades &eacute;ticas<\/i> de la persona y a la perpetua necesidad de conversi&oacute;n interior se obtendr&aacute;n los cambios sociales que estar&aacute;n verdaderamente al servicio del hombre&raquo; (<i>Puebla<\/i>, IV, 3, 3. 3). <\/p>\n<p align=\"left\"> Construir la paz de hoy y la paz del ma&ntilde;ana, la paz del a&ntilde;o 2000: &eacute;sta es vuestra tarea, si quer&eacute;is ser llamados &laquo;hijos de Dios&raquo;. No olvid&eacute;is nunca que, como dije en mi Mensaje de primero de a&ntilde;o, &laquo;la paz y los j&oacute;venes caminan juntos&raquo;. <\/p>\n<p align=\"left\"> 8. <i>Bienaventurados los mansos<\/i> (<i>Matth<\/i>. 5, 4). Se expresa as&iacute; el maestro bondadoso, que predicando el reino de Dios dijo tambi&eacute;n a sus disc&iacute;pulos: &laquo;Aprended de m&iacute; que soy manso y humilde de coraz&oacute;n&raquo; (<i>Ib&iacute;d.<\/i> 11, 29). <\/p>\n<p align=\"left\"> Es manso aquel que vive en Dios. No se trata de cobard&iacute;a, sino del aut&eacute;ntico valor espiritual de quien sabe enfrentarse al mundo hostil no con ira, no con violencia, sino con benignidad y amabilidad; venciendo el mal con el bien, buscando lo que une y no lo que divide, lo positivo y no lo negativo, para &laquo;poseer as&iacute; la tierra&raquo; y construir en ella la &laquo;civilizaci&oacute;n del amor&raquo;. He aqu&iacute; una tarea entusiasmante para vosotros. <\/p>\n<p align=\"left\"> 9. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia (<i>Ib&iacute;d.<\/i>. 5, 6). Con estas palabras Jes&uacute;s nos convoca a la santidad, a la justicia o perfecci&oacute;n que surge de la escucha de la Palabra de Dios hecha estilo de vida, conducta social, existencia cotidiana. De esa justicia que la Iglesia quiere <i>promover eficazmente<\/i> entre los hombres mediante su <i>doctrina social<\/i>, que vosotros, j&oacute;venes, deb&eacute;is estudiar con inter&eacute;s y aplicar con tes&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> El cristiano aut&eacute;ntico ha de asumir responsablemente las exigencias sociales que nacen de su fe. La visi&oacute;n del mundo y de la vida que nos da el Evangelio y que nos explica la doctrina social cat&oacute;lica, impulsa ala acci&oacute;n constructiva mucho m&aacute;s que cualquier ideolog&iacute;a, por muy atrayente que parezca. <\/p>\n<p align=\"left\"> As&iacute;, pues, j&oacute;venes, &iexcl;&aacute;nimo! La Iglesia os gu&iacute;a por los derroteros que llevan a los &laquo;nuevos cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia&raquo; (<i>2 Petr.<\/i> 3, 13). No desoig&aacute;is su voz. Aceptad plenamente sus ense&ntilde;anzas. <\/p>\n<p align=\"left\"> 10. <i>Bienaventurados los pobres de esp&iacute;ritu <\/i>(<i>Matth<\/i>. 5, 3). Esta es precisamente la primera de las ocho bienaventuranzas que proclam&oacute; Jes&uacute;s en el serm&oacute;n de la monta&ntilde;a. <\/p>\n<p align=\"left\"> &laquo;Los pobres de esp&iacute;ritu son aquellos que est&aacute;n m&aacute;s <i>abiertos<\/i> <i>a Dios<\/i> y a las \u201cmaravillas de Dios\u201d&nbsp;(<i>Act<\/i>. 2, 11). Pobres, porque est&aacute;n siempre dispuestos a aceptar ese don de lo alto, que proviene del mismo Dios. Pobres de esp&iacute;ritu son los que viven conscientes de haberlo recibido todo de las manos de Dios como un don gratuito y que valoran cada uno de los bienes recibidos. Constantemente agradecidos, repiten sin cesar: \u201cTodo es gracia\u201d, \u201cdemos gracias al Se&ntilde;or nuestro Dios\u201d<font face=\"Times New Roman\">\u2026<\/font> Los corazones abiertos a Dios est&aacute;n, por eso mismo, m&aacute;s abiertos a los hombres. Est&aacute;n dispuestos a ayudar desinteresadamente. Dispuestos a compartir lo que tienen. Dispuestos a acoger en su casa a una viuda o a un hu&eacute;rfano abandonados. Siempre encuentran un lugar disponible dentro de las estrecheces en que viven. Y encuentran tambi&eacute;n siempre un poco de alimento, un pedazo de pan en su pobre mesa. <i>Pobres<\/i> pero <i>generosos<\/i>. <i>Pobres<\/i>, pero <i>magn&aacute;nimos<\/i>&raquo; (IOANNIS PAULI PP. II <i>Allocutio in loco vulg&#x3bf; &laquo;Favela Vidigal&raquo; in urbe e Rio de Janeiro&raquo; habita<\/i>, 2, die 2 iul. 1980: <i>Insegnamenti di Giovanni Paolo II<\/i>, III, 2 (1980) 25). <\/p>\n<p align=\"left\"> As&iacute;, pues, pobres de esp&iacute;ritu son aquellos que, careciendo de bienes terrenales, saben vivir con dignidad humana los valores de una <i>pobreza espiritual rica de Dios<\/i>; y aquellos que, poseyendo los bienes materiales, viven el desprendimiento interior y la <i>comunicaci&oacute;n de bienes<\/i> con los que sufren necesidad. <\/p>\n<p align=\"left\"> De los pobres de esp&iacute;ritu es <i>el reino de los cielos<\/i>. Esta es la recompensa que Jes&uacute;s les promete. No se puede prometer m&aacute;s. Esta bienaventuranza que, en cierto sentido, comprende todas las dem&aacute;s, hemos de proyectarla sobre los <i>pobres reales<\/i>, teniendo en cuenta todas las clases y formas de pobreza que existen en nuestro mundo y mirando tambi&eacute;n a tantos <i>hombres ricos que son terriblemente pobres<\/i> (Cfr. &#x395;IUSDEM <i>Nuntius radiophonicus in Nativitate Domini missus<\/i>, die 25 dec. 1984: <i>Insegnamenti di Giovanni Paolo II<\/i>, VII, 2 (1984) 1664 ss.). <\/p>\n<p align=\"left\"> Mirando as&iacute; a todos los que sufren por <i>carencias materiales o espirituales<\/i>, la Iglesia ha hecho su opci&oacute;n preferencial, no exclusiva ni excluyente, por los pobres. En esta opci&oacute;n que el Episcopado Latinoamericano hizo ya en Medell&iacute;n y Puebla y que yo he proclamado de nuevo en m&iacute; &uacute;ltimo Mensaje de Navidad, vosotros, los j&oacute;venes del Per&uacute;, ten&eacute;is que estar, y yo s&eacute; que lo est&aacute;is, muy unidos a la Iglesia y a sus Pastores. <\/p>\n<p align=\"left\"> 11. Junto a la primera quiero citar ahora la &uacute;ltima bienaventuranza, la referente a los que <i>sufren persecuci&oacute;n por causa de la justicia<\/i>, los que son perseguidos por dar testimonio de la fe: son aut&eacute;nticos <i>pobres de esp&iacute;ritu<\/i> y por eso Jes&uacute;s dice tambi&eacute;n que <i>de ellos es el reino de los cielos<\/i> (Cf.. <i>Matth<\/i>. 5, 10). <\/p>\n<p align=\"left\"> Yo os invito a una solidaridad especial con estos pobres, que son tantos en nuestro mundo de hoy: v&iacute;ctimas de esas pobrezas que afectan a los valores espirituales y sociales de la persona. Los j&oacute;venes, que tanto aprecian el valor de la libertad, pueden comprender muy bien lo que es sufrir <i>por falta de libertad<\/i>, sobre todo <i>por falta de libertad religiosa<\/i>. No olvidemos nunca a estos hermanos nuestros a quienes Cristo felicita en su octava bienaventuranza. Son los preferidos del Se&ntilde;or y por eso han de ser tambi&eacute;n los preferidos de los amigos de Jes&uacute;s, los preferidos de la Iglesia. <\/p>\n<p align=\"left\"> 12. Queridos j&oacute;venes: Si quer&eacute;is ser de verdad felices, buscad la identificaci&oacute;n con Cristo. &laquo;El es el verdadero protagonista de las ocho bienaventuranzas: no es s&oacute;lo el que las ha ense&ntilde;ado o enunciado, sino que es, sobre todo, el que las ha realizado del modo m&aacute;s perfecto durante y con toda su vida&raquo; (IOANNIS PAULO PP. II <i>Homilia in paroecia &laquo;S. Marci Evangelistae&raquo; habita<\/i>, 3, die 29 ian. 1984: <i>Insegnamenti di Giovanni Paolo II<\/i>, VII, 1 (1984) 193). <\/p>\n<p align=\"left\"> Es verdad que las bienaventuranzas no son mandamientos. Pero ciertamente est&aacute;n <i>comprendidas<\/i> todas ellas en el <i>mandamiento del amor<\/i>, que es el &laquo;primero&raquo; y el &laquo;m&aacute;s grande&raquo;. Las bienaventuranzas son como el retrato de Cristo, un resumen de su vida y &laquo;por eso se presentan tambi&eacute;n como un \u201cprograma de vida\u201d para sus disc&iacute;pulos, confesores, seguidores. Toda la vida terrena del cristiano, fiel a Cristo, puede encerrarse en este programa, en la <i>perspectiva del reino de Dios<\/i>&raquo; (Cf.. <i>ibid<\/i>.). <\/p>\n<p align=\"left\"> J&oacute;venes, vosotros est&aacute;is en condiciones de entusiasmares con ese programa. Pero para poder realizarlo necesit&aacute;is recurrir ala oraci&oacute;n, acudir con humildad, confianza y sinceridad al sacramento de la reconciliaci&oacute;n y participar con fervor en la Eucarist&iacute;a. <\/p>\n<p align=\"left\"> Necesit&aacute;is tambi&eacute;n mirar ala Sant&iacute;sima Virgen, a quien la tradici&oacute;n de la Iglesia ha llamado siempre bienaventurada. Que Mar&iacute;a sea vuestra Madre. Procurad descubrir, a trav&eacute;s de la meditaci&oacute;n frecuente, la fidelidad con que Ella vivi&oacute; el esp&iacute;ritu de las <i>bienaventuranzas<\/i>. Que Santa Mar&iacute;a os gu&iacute;e siempre por el camino de la verdad, del bien, del amor y de la generosidad. <\/p>\n<p align=\"left\"> No es &eacute;ste el momento para indecisiones, ausencias o faltas de compromiso. Es la hora de los audaces, de los que tienen esperanza, de los que aspiran a vivir en plenitud el Evangelio y de los que quieren realizarlo en el mundo actual y en la historia que se avecina. <\/p>\n<p align=\"left\"> A ejemplo de la joven Santa Rosa de Lima, empe&ntilde;ad vuestras energ&iacute;as en construir un Per&uacute; donde brille la santidad, donde se plasmen las bienaventuranzas del reino. <\/p>\n<p align=\"left\"> Construid un Per&uacute; m&aacute;s fraterno y reconciliado. <\/p>\n<p align=\"left\"> Construid un Per&uacute; mucho m&aacute;s justo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Construid un Per&uacute; sin violencia, siempre anticristiana. <\/p>\n<p align=\"left\"> Construid un Per&uacute; donde reinen la honestidad, la verdad, la paz. <\/p>\n<p align=\"left\"> Construid un Per&uacute; m&aacute;s humano, donde el misterio de cada hombre se viva ala luz del misterio de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\"> Especialmente este A&ntilde;o de la Juventud, construid un Per&uacute; donde resuenen, hechas &aacute;nimo y esperanza, las palabras del Ap&oacute;stol: &laquo;Os saludo, j&oacute;venes, que sois fuertes, que el mensaje de Dios est&aacute; en vosotros y que hab&eacute;is vencido al maligno&raquo; (<i>1 Io. <\/i>2, 14). Vuestra victoria no ser&aacute; la de las armas, sino la del esp&iacute;ritu de las bienaventuranzas, hechas vida propia y proclamadas al mundo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Para que as&iacute; sea, os ofrezco mi aliento, mi plegar&iacute;a, mi Bendici&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> * * *<\/p>\n<p align=\"center\"> <i>Consagraci&oacute;n de la juventud peruana a la Sant&iacute;sima Virgen <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\"> Mar&iacute;a, Madre de Jes&uacute;s y Madre nuestra, hoy la juventud peruana reunida junto al Vicario de Cristo, para proclamar su fe, su incondicional entrega a Jesucristo y su disponibilidad para construir un mundo m&aacute;s justo, m&aacute;s fraterno y m&aacute;s cristiano, quiere consagrarse a Ti. <\/p>\n<p align=\"left\"> Conscientes de nuestra debilidad, nos acercamos con la confianza del hijo que busca la protecci&oacute;n de su Madre. Ponemos en tus manos nuestros anhelos, nuestras inquietudes, nuestras esperanzas. Queremos construir un mundo mejor, donde reine el amor, la justicia y la paz. Te ofrecemos todas nuestras fuerzas j&oacute;venes con la decisi&oacute;n de seguir la ense&ntilde;anza de Cristo, no buscando ser servidos sino servir, servir a nuestros hermanos, y cuanto m&aacute;s necesitados, m&aacute;s. Servir a la Iglesia, sacramento universal d&eacute; salvaci&oacute;n, servir al Per&uacute;, nuestra patria, para que tu Hijo, Jes&uacute;s, sea amado y acogido por los j&oacute;venes. <\/p>\n<p align=\"left\"> Te ofrecemos nuestros a&ntilde;os de juventud para que, bendecidos con tu amor maternal, seamos capaces de cumplir nuestro deber por encima de todo provecho propio. <\/p>\n<p align=\"left\"> Intercede en nuestro favor, a fin de que en este per&iacute;odo de nuestra existencia penetremos y asimilemos el mensaje que Cristo trajo al mundo, sin paliarlo ni tergiversarlo, sino acept&aacute;ndolo en toda su plenitud y exigencia. Cons&iacute;guenos la nobleza de reconocer nuestras fallas y debilidades, y la fuerza de convertirnos constantemente a Cristo Salvador. <\/p>\n<p align=\"left\"> Alc&aacute;nzanos la gracia de que nuestra vida no sea vac&iacute;a, sino que logre ser, en el estado de vida que Dios quiera para cada uno de nosotros, un testimonio vivo, un aliciente para que los hombres se acerquen y encuentren la acci&oacute;n transformadora de Dios. Mar&iacute;a, Madre de la Iglesia y Madre nuestra, acepta nuestra ofrenda y acomp&aacute;&ntilde;anos en nuestro caminar por el mundo. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1985 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A VENEZUELA, ECUADOR, PER&Uacute; Y TRINIDAD Y TOBAGO SANTA MISA PARA LOS J&Oacute;VENES EN EL HIP&Oacute;DROMO DE MONTERRICO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II S&aacute;bado 2 de febrero de 1985 &nbsp; Amad&iacute;simos j&oacute;venes: 1. En este encuentro, que tanto he deseado y al que vosotros os hab&eacute;is preparado gozosamente con numerosas iniciativas, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-febrero-de-1985-santa-misa-para-los-jovenes-en-el-hipodromo-monterrico-de-lima-peru\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab2 de febrero de 1985, Santa misa para los j\u00f3venes en el Hip\u00f3dromo Monterrico de Lima, Per\u00fa\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39866","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39866","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39866"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39866\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39866"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39866"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39866"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}