{"id":39870,"date":"2016-10-05T23:14:31","date_gmt":"2016-10-06T04:14:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-enero-de-1985-santa-misa-en-el-santuario-de-nuestra-senora-de-la-alborada-en-guayaquil-ecuador\/"},"modified":"2016-10-05T23:14:31","modified_gmt":"2016-10-06T04:14:31","slug":"31-de-enero-de-1985-santa-misa-en-el-santuario-de-nuestra-senora-de-la-alborada-en-guayaquil-ecuador","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-enero-de-1985-santa-misa-en-el-santuario-de-nuestra-senora-de-la-alborada-en-guayaquil-ecuador\/","title":{"rendered":"31 de enero de 1985, Santa misa en el Santuario de Nuestra Se\u00f1ora de la Alborada, en Guayaquil (Ecuador)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <span lang=\"es\"> <font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A VENEZUELA, <br \/>ECUADOR, PER&Uacute; Y TRINIDAD Y TOBAGO&nbsp; <\/font><\/span><\/p>\n<p align=\"center\"><span lang=\"es\"><font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA EN EL SANTUARIO DE NUESTRA SE&Ntilde;ORA DE LA ALBORADA<\/b><\/font><\/span><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><span lang=\"es\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b>HOMIL&Iacute;A<\/b><\/font><b><font color=\"#663300\" size=\"4\"> DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <\/font><\/b><\/span><\/p>\n<p align=\"center\"><span lang=\"es\"><font color=\"#663300\"><i>Guayaquil, jueves<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"> 31 de enero de 1985<\/font><\/i><\/span><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p> <span lang=\"es\"> <i>Se&ntilde;or arzobispo, <br \/>hermanos obispos, <br \/>autoridades, <br \/>queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">1. Con gozo me uno a vosotros para orar junto a la Madre com&uacute;n en este templo mariano. Con su reciente construcci&oacute;n la di&oacute;cesis de Guayaquil y su arzobispo, a quien saludo con fraterno afecto, han querido dejar a la posteridad un recuerdo visible del nacimiento de la Virgen Mar&iacute;a. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Hab&eacute;is elegido para este santuario el sugestivo t&iacute;tulo de Nuestra Se&ntilde;ora de la Alborada, que nos habla con gran belleza simb&oacute;lica de la primera luz que anuncia el d&iacute;a. Mar&iacute;a es, en efecto, la luz que anuncia la proximidad del Sol a punto de nacer, que es Cristo. Donde est&aacute; Mar&iacute;a, aparecer&aacute; pronto Jes&uacute;s. Con su presencia luminosa y resplandeciente, la Virgen Sant&iacute;sima inunda de luz que despierta la fe, dispone la esperanza y enciende la caridad. Por su parte, Ella es s&oacute;lo y nada menos que un reflejo de Jesucristo, &laquo;Oriente, esplendor de la luz eterna y sol de justicia (<i>Liturgia Horarum<\/i>, &laquo;Ant. ad Magn&iacute;ficat&raquo;, die 21 dec.) como la alborada, sin el sol dejar&iacute;a de ser lo que es. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">El Papa Pablo VI nos ense&ntilde;a, queridos hermanos y hermanas, que &laquo;en la Virgen Mar&iacute;a todo es referido a Cristo y todo depende de El&raquo; (PAULI VI <i> <a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19740202_marialis-cultus.html\">Marialis Cultus<\/a><\/i>, 25). Mar&iacute;a es la primera criatura iluminada; iluminada antes incluso de la aparici&oacute;n visible del Sol. Porque Mar&iacute;a procede del sol de santidad: &laquo;Qui&eacute;n es &eacute;sta que avanza cual aurora, bella como la luna, distinguida como el sol?&raquo; (<i>Cant<\/i>. 6, 10). No es otra sino la gran se&ntilde;al que apareci&oacute; en el cielo: &laquo;Una mujer revestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre la cabeza&raquo; (<i>&#x391;p&#x3bf;c<\/i>. 12, 1). <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">2. En los albores de nuestra esperanza se insin&uacute;a ya la figura de Mar&iacute;a Sant&iacute;sima: &laquo;Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer, entre su linaje y el tuyo: &eacute;l te aplastar&aacute; la cabeza&raquo; (<i>Gen<\/i>. 3, 15). Ya desde esas palabras queda de manifiesto la intenci&oacute;n divina de elegir a la mujer como aliada en la lucha contra el pecado y sus consecuencias. En efecto, seg&uacute;n esa profec&iacute;a, una mujer se&ntilde;alada estaba destinada a ser el <i>instrumento especial&iacute;simo de Dios<\/i> para luchar contra el demonio. Ser&iacute;a la madre del que aplastar&iacute;a la cabeza del enemigo. Pero el descendiente de la mujer, que realizar&aacute; la profec&iacute;a, no es un simple hombre: es plenamente hombre, s&iacute;, gracias a la mujer de la que es hijo; pero es tambi&eacute;n, a la vez, verdadero Dios. &laquo;Sin intervenci&oacute;n de var&oacute;n y por obra del Esp&iacute;ritu Santo&raquo; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen Gentium<\/a><\/i>, 63), Mar&iacute;a ha dado la naturaleza humana al Hijo eterno del Padre, que se hace as&iacute; nuestro hermano. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Hacia Ella camina toda la historia de la Antigua Alianza. Ella es la perfecta realizaci&oacute;n del resto santo de Israel: de aquellos &laquo;pobres de Ya&#x3bd;&eacute;&raquo; que son herederos de las promesas mesi&aacute;nicas y portadores de la esperanza del Pueblo de Dios. El &laquo;pobre de Yav&eacute;&raquo; es el que se adhiere con todo el coraz&oacute;n al Se&ntilde;or, obedeciendo su ley. Pero Mar&iacute;a &laquo;sobresale entre los humildes y pobres del Se&ntilde;or que confiadamente esperan y reciben de El la salvaci&oacute;n. Finalmente, con Ella misma, Hija excelsa de Si&oacute;n, tras la prolongada espera de la promesa, se cumple la plenitud de los tiempos&raquo; (<i>Ibid<\/i>. 55). En Mar&iacute;a se sublima la vida de los justos del Antiguo Testamento. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">3. Mar&iacute;a es, hermanos obispos y fieles todos, la criatura que recibe de manera primordial los rayos de la luz redentora: &laquo;Efectivamente, la preservaci&oacute;n de Mar&iacute;a del pecado original, desde el primer instante de su ser, representa el primero y radical efecto de la obra redentora de Cristo y vincula a la Virgen, con un lazo &iacute;ntimo e indisoluble, a la encarnaci&oacute;n del Hijo, que, antes de nacer de Ella, la redime del modo m&aacute;s sublime&raquo; (IOANNIS PAULI PP. II <i>Allocutio ad orationem &laquo;Angelus&raquo;<\/i>, die 8 dec. 1983: <i>Insegnamenti di Giovanni Paolo II<\/i>, VI, 2 (1983) 1269). <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Su Concepci&oacute;n Inmaculada hace de Mar&iacute;a el signo precursor de la humanidad redimida por Cristo, al ser preservada del pecado original que afecta a todos los hombres desde su primer instante, y que deja en el coraz&oacute;n la tendencia a la rebeli&oacute;n contra Dios. La Concepci&oacute;n Inmaculada de Mar&iacute;a significa, pues, que Ella es la primera redimida, alborada de la Redenci&oacute;n, y que para el resto de los hombres redenci&oacute;n ser&aacute; tanto como liberaci&oacute;n del pecado. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">4. Pero Mar&iacute;a, mis amados hermanos y hermanas, no es aurora de nuestra redenci&oacute;n a modo de instrumento inerte, pasivo. En el alba de nuestra salvaci&oacute;n resuena su respuesta libre, su fiat, su s&iacute; incondicional a la cooperaci&oacute;n que Dios esperaba de Ella, como espera tambi&eacute;n la nuestra. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">La iniciativa salvadora es ciertamente de la Trinidad Sant&iacute;sima. La virginidad perpetua de Mar&iacute;a &#8211; fielmente correspondida por San Jos&eacute;, su virginal esposo &#8211; expresa esa prioridad de Dios: Cristo, como hombre, ser&aacute; concebido sin concurso de var&oacute;n. Pero esa misma virginidad que perdurar&aacute; en el parto y despu&eacute;s del parto, es tambi&eacute;n expresi&oacute;n de la absoluta disponibilidad de Mar&iacute;a a los planes de Dios. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Su respuesta marc&oacute; un momento decisivo en la historia de la humanidad. Por eso los cristianos se complacen en repetirla en el rezo diario del <i>Angelus<\/i> y tratan de asimilar la disposici&oacute;n de &aacute;nimo que inspir&oacute; esas palabras: &laquo;He aqu&iacute; la esclava del Se&ntilde;or; h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&raquo; (<i>Luc<\/i>. 1, 38). <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">El gozoso &laquo;fiat&raquo; de Mar&iacute;a testimonia su libertad interior, su confianza y serenidad. No sab&iacute;a c&oacute;mo se realizar&iacute;an en concreto los planes del Se&ntilde;or. Pero lejos de temer y angustiarse, aparece soberanamente libre y disponible. Su &laquo;<i>s&iacute;<\/i>&raquo; a la Anunciaci&oacute;n signific&oacute; tanto la aceptaci&oacute;n de la maternidad que se le propon&iacute;a, como el compromiso de Mar&iacute;a en el misterio de la Redenci&oacute;n. Esta fue obra de su Hijo. Pero la participaci&oacute;n de Mar&iacute;a fue real y efectiva. Al dar su consentimiento al mensaje del &aacute;ngel, Mar&iacute;a acept&oacute; colaborar en toda la obra de la reconciliaci&oacute;n de la humanidad con Dios. Act&uacute;a conscientemente y sin poner condiciones. Se muestra dispuesta al servicio que Dios le pide. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Queridos hermanos y hermanas: en Mar&iacute;a tenemos <i>el modelo y gu&iacute;a para nuestro camino<\/i>. S&eacute; que est&aacute; aqu&iacute; presente un numeroso grupo de j&oacute;venes que quiere vivir generosamente su vida cristiana. A vosotros, j&oacute;venes de Guayaquil, os aliento a mantener, como Mar&iacute;a, una actitud <i>de apertura total a Dios<\/i>. Mantened, como Ella, vuestra mirada fija en el Dios santo que est&aacute; siempre misteriosamente cerca de vosotros. Contemplando a ese Dios pr&oacute;ximo, a Cristo que pasa junto a vosotros tantas veces, aprended a decir: &laquo;H&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&raquo;. Y aprended a decirlo de modo pleno, como Mar&iacute;a: sin reservas, sin temor a los compromisos definitivos e irrevocables. Con esa actitud de disponibilidad cristiana \u2014aunque cueste\u2014 que se&ntilde;alaba ayer en Quito a los j&oacute;venes del Ecuador, y por tanto tambi&eacute;n a vosotros. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">5. Mar&iacute;a nos precede y acompa&ntilde;a. El silencioso itinerario que inicia con su Concepci&oacute;n Inmaculada y pasa por el s&iacute; de Nazaret que la hace Madre de Dios, encuentra en el Calvario un momento particularmente se&ntilde;alado. Tambi&eacute;n all&iacute;, aceptando y asistiendo al sacrificio de su Hijo, es Mar&iacute;a aurora de la Redenci&oacute;n; y all&iacute; nos la entregar&aacute; su Hijo como Madre. &laquo;La Madre miraba con ojos de piedad las llagas del Hijo, de quien sab&iacute;a que hab&iacute;a de venir la redenci&oacute;n del mundo&raquo; (S. &#x391;MBROSII <i>De institutione virginis<\/i>, 49). Crucificada espiritualmente con el Hijo crucificado (Cf.. <i>Gel<\/i>. 2, 20), contemplaba con caridad heroica la muerte de su Dios, &laquo;consintiendo amorosamente en la inmolaci&oacute;n de la V&iacute;ctima que Ella misma hab&iacute;a engendrado&raquo; (<i>Lumen Gentium<\/i>, 58). Cumple la voluntad del Padre en favor nuestro y nos acoge a todos como a hijos, en virtud del testamento de Cristo: &laquo;Mujer, he ah&iacute; a tu hijo&raquo; (<i>Io<\/i>. 19, 26). <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">&laquo;He ah&iacute; a tu Madre&raquo;, dijo Jes&uacute;s a San Juan: &laquo;y desde aquella hora el disc&iacute;pulo la recibi&oacute; en su casa&raquo; (<i>Ib&iacute;d.<\/i>. 19, 27). El disc&iacute;pulo predilecto acogi&oacute; a la Virgen Madre como su luz, su tesoro, su bien, como el don m&aacute;s querido heredado del Se&ntilde;or en el momento de su muerte. El don de la Madre era el &uacute;ltimo don que El conced&iacute;a a la humanidad antes de consumar su Sacrificio. <i>El don hecho a nosotros. <\/i> <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Pero la maternidad de Mar&iacute;a no es s&oacute;lo individual. Tiene un valor colectivo que se manifiesta en el t&iacute;tulo de Madre de la Iglesia. Efectivamente, en el Calvario Ella se uni&oacute; al sacrificio del Hijo que tend&iacute;a a la formaci&oacute;n de la Iglesia; su coraz&oacute;n materno comparti&oacute; hasta el fondo la voluntad de Cristo de &laquo;reunir en uno todos los hijos de Dios que estaban dispersos&raquo; (<i>Ibid<\/i>. 11, 52). Habiendo sufrido por la Iglesia, Mar&iacute;a mereci&oacute; convertirse en la Madre de todos los disc&iacute;pulos de su Hijo, la Madre de su unidad. Por eso, el Concilio afirma que &laquo;la Iglesia cat&oacute;lica, instruida por el Esp&iacute;ritu Santo, la venera, como a Madre amant&iacute;sima, con afecto de piedad filial&raquo; (<i>Lumen Gentium<\/i>, 53). <i>&iexcl;Madre de la Iglesia! &iexcl;Madre de todos nosotros! <\/i> <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">6. Los evangelios no nos hablan de una aparici&oacute;n de Jes&uacute;s resucitado a Mar&iacute;a. De todos modos, como Ella estuvo de manera especialmente cercana a la cruz del Hijo, hubo de tener tambi&eacute;n una experiencia privilegiada de su resurrecci&oacute;n. Efectivamente, el papel corredentor de Mar&iacute;a no ces&oacute; con la glorificaci&oacute;n del Hijo. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Pentecost&eacute;s nos habla de la presencia de Mar&iacute;a en la Iglesia naciente: presencia orante en la Iglesia apost&oacute;lica y en la Iglesia de todo tiempo. Siendo la primera la aurora &#8211; entre los fieles, porque es la Madre, sostiene la oraci&oacute;n com&uacute;n. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Como ya advert&iacute;an los Padres de la Iglesia, esta presencia de la Virgen es significativa: &laquo;No se puede hablar de la Iglesia si no est&aacute; presente Mar&iacute;a, la Madre del Se&ntilde;or, con los hermanos de &eacute;ste&raquo; (S. CROMATII DE AQUILEIA <i>Sermo XXX<\/i>, 7: S. CH. 164, p. 134; PAULI VI <i> <a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19740202_marialis-cultus.html\">Marialis Cultus<\/a><\/i>, 28). <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Por eso, como recordaba hace casi dos a&ntilde;os en este mismo continente, &laquo;desde los albores de la fe y en cada etapa de la predicaci&oacute;n del Evangelio, en el nacimiento de cada Iglesia particular, la Virgen ocupa el puesto que le corresponde como Madre de los imitadores de Jes&uacute;s que constituyen la Iglesia&raquo; (IOANNIS PAULI PP. II <i>Allocutio in Sanctuario Mariano vulgo dictu &laquo;Suyapa&raquo;<\/i>, 2, die 8 mar. 1983: <i>Insegnamenti di Giovanni Paolo II<\/i>, VI, 1 (1983) 649). S&iacute;, <i> Mar&iacute;a est&aacute; presente en nuestro camino<\/i>. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">7. Mar&iacute;a sigue siendo nuestra alborada, nuestra primicia, nuestra esperanza. Durante su vida terrena, fue signo y anticipo de los bienes futuros; ahora, glorificada junto a Cristo Se&ntilde;or, es imagen y cumplimiento del reino de Dios. A &eacute;l nos llama, en &eacute;l nos espera. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Ha sido la primera en seguir a Cristo, &laquo;primog&eacute;nito entre muchos hermanos&raquo; (Cf.. <i>Col<\/i>. 1, 18). Elevada en cuerpo y alma al cielo, es la primera en heredar plenamente la glor&iacute;a. Y esa glorificaci&oacute;n de Mar&iacute;a es la confirmaci&oacute;n de las esperanzas de cada miembro de la Iglesia: &laquo;Con El (con Cristo) nos ha resucitado y nos ha sentado en el cielo con El&raquo; (<i>Eph<\/i>. 2, 6). La Asunci&oacute;n de Mar&iacute;a a los cielos manifiesta el futuro definitivo que Cristo ha preparado a nosotros los redimidos. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">8. Por otra parte, mis queridos hermanos y hermanas, Mar&iacute;a gloriosa en el cielo sigue cumpliendo su funci&oacute;n maternal. Sigue siendo la Madre de Cristo y la Madre nuestra, de toda la Iglesia, que tiene en Mar&iacute;a el prototipo de su maternidad. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Mar&iacute;a y la Iglesia son templos vivientes, santuarios e instrumentos por medio de los cuales se manifiesta el Esp&iacute;ritu Santo. Engendran de manera virginal al mismo Salvador: Mar&iacute;a lleva la vida en su seno y la engendra virginalmente; la Iglesia da la vida en el agua bautismal, en los Sacramentos y en el anuncio de la fe, engendr&aacute;ndola en el coraz&oacute;n de los fieles. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">La Iglesia cree que la Sant&iacute;sima Virgen, asunta al cielo, est&aacute; junto a Cristo, vivo siempre para interceder por nosotros (Cf.. <i>Hebr<\/i>. 7, 25), y que a la mediaci&oacute;n divina del Hijo se une la incesante s&uacute;plica de la Madre en favor de los hombres, sus hijos. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Mar&iacute;a es aurora y la aurora anuncia indefectiblemente la llegada del sol. Por eso os aliento, hermanos y hermanas todos ecuatorianos, a venerar con profundo amor y acudir a la Madre de Cristo y de la Iglesia, la &laquo;Omnipotencia suplicante&raquo; (<i>Omnipotentia supplex<\/i>), para que nos lleve cada vez m&aacute;s a Cristo, su Hijo y nuestro Mediador. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">9. A Ella encomiendo ahora vuestras personas e intenciones y las de cada hijo del Ecuador. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Le encomiendo la protecci&oacute;n sobre vuestras familias. Sobre los ni&ntilde;os que se gestan en el seno materno. Sobre las criaturas que abren sus ojos a este mundo. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Le encomiendo las ilusiones de vuestros j&oacute;venes: ilusiones que, si toman por modelo la generosidad de la Sant&iacute;sima Virgen, ser&aacute;n una gozosa realidad de servicio a Dios y a la humanidad. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Le encomiendo el trabajo de vuestras manos y de vuestras inteligencias. <\/span> <\/p>\n<p> <span lang=\"es\">Le encomiendo el sereno atardecer de vuestros ancianos y enfermos. Que sea para todos Alborada de Dios, la presencia maternal de Santa Mar&iacute;a, Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Esposa del Esp&iacute;ritu Santo. Am&eacute;n.<\/span><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1985 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A VENEZUELA, ECUADOR, PER&Uacute; Y TRINIDAD Y TOBAGO&nbsp; SANTA MISA EN EL SANTUARIO DE NUESTRA SE&Ntilde;ORA DE LA ALBORADA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Guayaquil, jueves 31 de enero de 1985 &nbsp; Se&ntilde;or arzobispo, hermanos obispos, autoridades, queridos hermanos y hermanas: 1. 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