{"id":39881,"date":"2016-10-05T23:15:49","date_gmt":"2016-10-06T04:15:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-agosto-de-1986-celebracion-eucaristica-en-la-iglesia-parroquial-de-santo-tomas-de-villanueva-en-castelgandolfo-en-la-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen-maria\/"},"modified":"2016-10-05T23:15:49","modified_gmt":"2016-10-06T04:15:49","slug":"15-de-agosto-de-1986-celebracion-eucaristica-en-la-iglesia-parroquial-de-santo-tomas-de-villanueva-en-castelgandolfo-en-la-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen-maria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-agosto-de-1986-celebracion-eucaristica-en-la-iglesia-parroquial-de-santo-tomas-de-villanueva-en-castelgandolfo-en-la-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen-maria\/","title":{"rendered":"15 de agosto de 1986, Celebraci\u00f3n eucar\u00edstica en la iglesia parroquial de Santo Tom\u00e1s de Villanueva, en Castelgandolfo, en la solemnidad de la Asunci\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN LA IGLESIA PARROQUIAL <br \/> DE SANTO TOM&Aacute;S DE VILLANUEVA <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\" size=\"4\"><b><i>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Solemnidad de la Asunci&oacute;n de la Virgen Mar&iacute;a<br \/> Castelgandolfo, viernes 15 de agosto de 1986<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1.<i> &laquo;Se abrieron las puertas del templo celeste de Dios&raquo; (Ap <\/i>11, 19). <\/p>\n<p>Hoy es un d&iacute;a ins&oacute;lito. La Iglesia nos conduce a nosotros que estamos reunidos en este templo terrestre junto al lado de Albano hacia el <i>santuario celeste que es Dios mismo. <\/i>Es un templo que no tiene ni las dimensiones ni las formas arquitect&oacute;nicas conocidas en la historia de la civilizaci&oacute;n humana: Es <i>el &laquo;ambiente&raquo; <\/i>sant&iacute;simo <i>de&nbsp; Dios. <\/i>Y est&aacute; todo &eacute;l empapado por el misterio de su divinidad, una, indivisible e infinita. Esta realidad divina, toda santa, es con el Padre, el Hijo y el Esp&iacute;ritu Santo: la comuni&oacute;n de las Personas en la unidad inescrutable de la Divinidad. <\/p>\n<p>Nosotros, aqu&iacute; en la tierra, estamos todos en peregrinaci&oacute;n hacia ese santuario: hacia esa dimensi&oacute;n del eterno cumplimiento, donde Dios es todo en todos (cfr. <i>1 Cor <\/i>15,28). <\/p>\n<p>2. Y entre todos aquellos, para los cuales Dios es todo, <i>se encuentra en primer lugar Mar&iacute;a. <\/i>La festividad de hoy es, en cierto&nbsp; sentido, la s&iacute;ntesis de sus fiestas, la coronaci&oacute;n de toda su vida transcurrida primero en el <i>pensamiento divino, <\/i>despu&eacute;s en el arco de la vida terrena insertada, por una extraordinaria <i>misi&oacute;n, en la historia de la salvaci&oacute;n. <\/i> <\/p>\n<p>La liturgia nos permite contemplarla como <i>mujer vestida <\/i>de todo <i>el universo <\/i>visible, creado por Dios. Ella fue as&iacute; en el designio eterno de la Trinidad divina, y as&iacute; la ha visto el <i>Evangelista Juan, <\/i>el disc&iacute;pulo y ap&oacute;stol destinado a convertirse en su hijo a la hora de la muerte de Cristo en la cruz. <\/p>\n<p>As&iacute; es Mar&iacute;a a los ojos, llenos de amor, del autor del Apocalipsis. Ella, <i>vinculada a todo lo creado visible, <\/i>est&aacute; al mismo tiempo presente eternamente en el &laquo;templo&raquo; de Dios. <\/p>\n<p>3. Est&aacute; presente en &eacute;l como el <i>&laquo;Arca de la Alianza&raquo;. <\/i>Efectivamente, el Se&ntilde;or, que es el Dios de la Alianza, se ha propuesto llevar en Ella, Mar&iacute;a, <i>su alianza con el hombre <\/i>al v&eacute;rtice m&aacute;s alto, <i>al cenit&#8230;, <\/i>llevarla a una plenitud tal que supera el c&iacute;rculo de los pensamientos y de las expectativas no s&oacute;lo del hombre, sino tambi&eacute;n de los esp&iacute;ritus ang&eacute;licos. <\/p>\n<p><i>Dios ha querido &laquo;hacerse&raquo; hombre en su eterno Hijo. <\/i>Y la &laquo;mujer vestida de sol&raquo; deb&iacute;a convertirse, por este Hijo que tiene la misma substancia del Padre, en la <i>Madre humana. <\/i> <\/p>\n<p>El &laquo;Arca de la Alianza&raquo; es Aquella en la cual &laquo;el Verbo se hizo carne&raquo;. &laquo;Porque tanto am&oacute; Dios al mundo, que le dio su unig&eacute;nito Hijo&raquo; <i>(Jn <\/i>3, 16).<\/p>\n<p>La Mujer, predestinada eternamente <i>a ser Madre <\/i>del Hijo de Dios, es <i>&laquo;vestida&raquo; eternamente por el sol del Amor divino &#8230; <\/i>Amor que mueve los mundos: el mundo visible e invisible. <\/p>\n<p>4. Y por tanto Ella es <i>&laquo;un signo grandioso&raquo;. <\/i>Este &laquo;signo grandioso&raquo; de la Mujer fue revelado por Dios <i>en los comienzos de la historia del hombre. <\/i> <\/p>\n<p>Fue revelado cuando &eacute;stos, por la desobediencia al Creador, se alejaron de la alianza de amor con el Padre, y entraron <i>en los caminos falsos del pecado. <\/i>Y esto sucede <i>&laquo;por la tentaci&oacute;n del Maligno&raquo; <\/i>(cfr. <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"> <i>Lumen gentium<\/i><\/a><i>, <\/i>13), la &laquo;antigua serpiente&raquo; (cfr. <i>Ap <\/i>12, 9) que Cristo llamar&aacute;, en su momento, &laquo;padre de la mentira&raquo; <i>(Jn <\/i> 8, 44). <\/p>\n<p>Dios Creador, despu&eacute;s de haber maldecido al tentador, pronunci&oacute; las palabras que resuenan claramente tambi&eacute;n en la lectura de hoy tomada del Apocalipsis. El Se&ntilde;or Dios dice: <i>&laquo;Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer, <\/i>y entre tu linaje y el suyo; Este te aplastar&aacute; la cabeza, y t&uacute; le acechar&aacute;s el calca&ntilde;al <i>(G&eacute;n <\/i>3, 15). <\/p>\n<p>5. Con estas palabras del libro del G&eacute;nesis, que pertenecen a lo que es llamado <i>el proto-Evangelio, <\/i>la <i>Mujer <\/i>vestida de sol, vestida del eterno amor \u2014la Mujer de los designios salvificos de Dios\u2014 <i>entra en la historia del hombre. <\/i> <\/p>\n<p>Primero entra en la historia <i>de las expectativas mesi&aacute;nicas, <\/i>que pertenecen de modo particular al Pueblo elegido de la Antigua Alianza: a Israel. <\/p>\n<p>Despu&eacute;s entra en la historia <i>de los cumplimientos mesi&aacute;nicos, <\/i>de los cuales rinde testimonio todo el Nuevo Testamento, en particular el Evangelio. <\/p>\n<p>Desde el momento en el que Mar&iacute;a por obra del Esp&iacute;ritu Santo <i>ha concebido y dado <\/i>a <i>luz, <\/i>de manera virginal, el Hijo que el Padre eternamente ha decidido &laquo;dar&raquo;, &laquo;para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna&raquo; <i>(Jn <\/i>3, 16l. <\/p>\n<p><i>Se cumple el tiempo de la salvaci&oacute;n. <\/i><\/p>\n<p>Da testimonio de ello, en el Apocalipsis, la voz del cielo que dice: <\/p>\n<p>&laquo;<i>Ya llega la victoria <\/i>(la salvaci&oacute;n), el poder y el reino de nuestro Dios y el mando de su Mes&iacute;as&raquo; <i>(Ap <\/i>12, 10). <\/p>\n<p>Y as&iacute; es en realidad. <i>La humanidad vive en el tiempo de la salvaci&oacute;n. <\/i>Vive bajo el poder &laquo;de Cristo Dios&raquo;, en el reino de Dios. <\/p>\n<p><i>As&iacute; es en realidad, <\/i>aunque la conciencia de esta verdad no sea en la tierra tan universal y tan fuerte como en el cielo, santuario de Dios mismo. <\/p>\n<p>6. De igual modo <i>no cesan de cumplirse las palabras del proto-Evangelio. <\/i>&laquo;La enemistad&raquo;, provocada por el pecado al comienzo, <i>perdura. <\/i>Perdura a trav&eacute;s del curso de la historia del hombre, y hay periodos en los cuales ella parece crecer con particular intensidad. <\/p>\n<p>As&iacute;, pues, aquel &laquo;enorme drag&oacute;n&raquo; del Apocalipsis <i>se pone continuamente &laquo;delante de la mujer&raquo;, <\/i>multiplicando, en la historia de la humanidad, el pecado, y sobre todo tratando de <i>alejar al hombre de Dios, <\/i>y de ligarle al mundo de manera que Dios Creador y Padre desaparezca del horizonte del pensamiento y del coraz&oacute;n de los hombres. M&aacute;s bien tienta, en cuanto es posible, empujando al hombre <i>al desprecio y al odio contra Dios <\/i>y contra todo lo que es de Dios: &laquo;Amor sui usque ad contemptum Dei&raquo;, como se expres&oacute; S. Agust&iacute;n. <\/p>\n<p>7. La solemnidad de hoy tiene, por tanto, <i>un doble car&aacute;cter. <\/i><\/p>\n<p>Primero: Est&aacute; contenida en ella <i>el testimonio de la victoria conseguida por el Hijo de la Mujer: <\/i>&laquo;Te aplastar&aacute; la cabeza&raquo;. En efecto, &laquo;Cristo ha resucitado, primicia de todos los que han muerto &#8230; Si por Ad&aacute;n murieron todos, <i>por Cristo todos volver&aacute;n <\/i>a <i>la vida&raquo; (1 Cor <\/i>15, 20. 22) y la resurrecci&oacute;n, y entre ellos <i>la primera es Mar&iacute;a, <\/i>porque Ella pertenece m&aacute;s que nadie a Cristo. <\/p>\n<p><i>La<\/i> <i>Iglesia se alegra <\/i>hoy <i>por la gloria de su Asunci&oacute;n. <\/i>Desde esa cima mira todo el curso de la historia de la salvaci&oacute;n desde el &laquo;comienzo&raquo;. He aqu&iacute; c&oacute;mo se ha cumplido en Dios el misterio de la &laquo;mujer vestida de sol&raquo;, vestida del amor eterno. <\/p>\n<p>8. Segundo: La <i>solemnidad <\/i>de la Asunci&oacute;n <i>est&aacute; destinada <\/i>para nosotros: <i>a los hombres que son todav&iacute;a peregrinos <\/i>en este mundo, donde contin&uacute;a desarroll&aacute;ndose la lucha entre el bien y el mal. <\/p>\n<p><i>El hombre, envuelto en esta lucha, <\/i>como recuerda el &uacute;ltimo Concilio, <i>puede <\/i>f&aacute;cilmente <i>perderse <\/i>por los falsos caminos contempor&aacute;neos, <i>si no fijara los ojos en aquel &laquo;signo grandioso&raquo;, <\/i>que le llega constantemente desde el Santuario del Dios Viviente. <\/p>\n<p>&laquo;La mujer vestida de sol&raquo;, vestida del eterno amor divino. Por medio de Ella este <i>amor salv&iacute;fico empapa constantemente la historia del hombre <\/i>y los transforma. <\/p>\n<p>Es necesario, pues, que el hombre <i>alce <\/i>los ojos. Es necesario que escuche la voz que acompa&ntilde;a inseparablemente el Signo grandioso de la Mujer: <\/p>\n<p>&laquo;Ya llega la victoria (salvaci&oacute;n), el poder, el reino de nuestro Dios y el mando de su Mes&iacute;as&raquo; <i>(Ap <\/i>12, 10). <\/p>\n<p><i>S&iacute;, &iexcl;llega la salvaci&oacute;n! <\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1986 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/font> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN LA IGLESIA PARROQUIAL DE SANTO TOM&Aacute;S DE VILLANUEVA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Solemnidad de la Asunci&oacute;n de la Virgen Mar&iacute;a Castelgandolfo, viernes 15 de agosto de 1986 &nbsp; 1. &laquo;Se abrieron las puertas del templo celeste de Dios&raquo; (Ap 11, 19). 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