{"id":39884,"date":"2016-10-05T23:15:53","date_gmt":"2016-10-06T04:15:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-julio-de-1986-ordenaciones-sacerdotales-en-el-aeropuerto-olaya-herrera-de-medellin\/"},"modified":"2016-10-05T23:15:53","modified_gmt":"2016-10-06T04:15:53","slug":"5-de-julio-de-1986-ordenaciones-sacerdotales-en-el-aeropuerto-olaya-herrera-de-medellin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-julio-de-1986-ordenaciones-sacerdotales-en-el-aeropuerto-olaya-herrera-de-medellin\/","title":{"rendered":"5 de julio de 1986, Ordenaciones sacerdotales en el Aeropuerto \u00abOlaya Herrera\u00bb de Medell\u00edn"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A COLOMBIA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>MISA DE ORDENACI&Oacute;N SACERDOTAL<br \/><\/b><br \/> <b><i><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/i><\/b><br \/> <i>Aeropuerto &laquo;Olaya Herrera&raquo; de Medell&iacute;n<br \/>S&aacute;bado 5 de julio de 1986<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1. <i>Queridos hermanos en el sacerdocio de Cristo:<\/i> <\/p>\n<p>\u201cNo os llamo ya siervos&#8230; A vosotros os he llamado amigos, porque lo que he o&iacute;do de mi Padre os lo he dado a conocer\u201d (<i>Jn<\/i> 15,15).&nbsp; <\/p>\n<p>Durante la celebraci&oacute;n de la &uacute;ltima Cena Jesucristo pronunci&oacute; estas palabras, dirigidas a los Ap&oacute;stoles, al instituir el Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre, a la vez que les encargaba: \u201cHaced esto en conmemoraci&oacute;n m&iacute;a\u201d (<i>Lc<\/i> 22, 19).&nbsp; <\/p>\n<p>Estas palabras est&aacute;n relacionadas de modo particular con la <i>vocaci&oacute;n sacerdotal<\/i>. Cristo hace sacerdotes a los Ap&oacute;stoles, <i>confiando en sus manos el Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre<\/i>. Este cuerpo que ser&aacute; ofrecido en la cruz, esta sangre que ser&aacute; derramada (ahora bajo las especies de pan y vino) constituyen la <i>memoria<\/i> del sacrificio de la cruz de Cristo. <\/p>\n<p>En el Cen&aacute;culo, Cristo llama a los Ap&oacute;stoles amigos porque les ha entregado su Cuerpo y su Sangre. Desde aquel momento, realizando sacramentalmente este sacrificio, deb&iacute;an obrar en su nombre, represent&aacute;ndole personalmente, \u201c<i>in persona Christi<\/i>\u201d. <\/p>\n<p>2. En esto consiste la <i>grandeza esencial del sacerdocio ministerial<\/i>, del que hoy se os har&aacute; part&iacute;cipes, por medio del sacramento del Orden, a vosotros, hijos de la Iglesia en Colombia, de la Iglesia en Medell&iacute;n. <\/p>\n<p>Es <i>un d&iacute;a muy importante<\/i> en vuestra vida y en la vida de esta Iglesia, a la que en esta ocasi&oacute;n <i>quiero saludar cordialmente<\/i>. <\/p>\n<p>Saludo con cari&ntilde;o al pueblo cristiano que se ha reunido esta tarde en el aeropuerto \u201cOlaya Herrera\u201d. Sois fieles, en gran mayor&iacute;a, de la provincia eclesi&aacute;stica de Medell&iacute;n: Antioquia, Jeric&oacute;, Santa Rosa de Osos, Sons&oacute;n-Rionegro, y de otras circunscripciones vecinas. La nobleza cristiana de vuestros hogares <font face=\"Times New Roman\">\u2014<\/font>semillero de vocaciones sacerdotales y religiosas<font face=\"Times New Roman\">\u2014 <\/font>y la profunda adhesi&oacute;n a la Iglesia, han sido caracter&iacute;sticas de esta querida regi&oacute;n de Colombia. <\/p>\n<p>3. La liturgia de este d&iacute;a nos muestra, de modo particularmente profundo, <i>la verdad sobre la vocaci&oacute;n sacerdotal<\/i>. La vocaci&oacute;n es ante todo <i>iniciativa del mismo Dios<\/i>. Continuamente Dios llama al sacerdocio a personas concretas como anteriormente llam&oacute; al Profeta. Es impresionante <i>la descripci&oacute;n que de esta llamada hace Jerem&iacute;as<\/i>. <\/p>\n<p>\u201cAntes de haberte formado yo en el seno materno, te conoc&iacute;a\u201d (<i>Jr<\/i> 1,5). El \u201cconocer\u201d de Dios es elecci&oacute;n, llamada a participar en la realizaci&oacute;n de sus planes salv&iacute;ficos. A la luz del misterio de la Encarnaci&oacute;n, esta elecci&oacute;n se relaciona estrechamente con Cristo Sacerdote: \u201cNos ha elegido en &eacute;l antes de la creaci&oacute;n del mundo\u201d (<i>Ef<\/i> 1,4).&nbsp; <\/p>\n<p>\u201cAntes que nacieses, te ten&iacute;a consagrado\u201d (<i>Jr<\/i> 1,5).&nbsp; La consagraci&oacute;n a Dios es dedicaci&oacute;n plena, total de por vida, a un encargo o misi&oacute;n, bajo la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or que unge y env&iacute;a (<i>Is<\/i> 61, 1).&nbsp; Por la ordenaci&oacute;n sagrada el sacerdote participa de la unci&oacute;n y misi&oacute;n de Cristo Sacerdote y Buen Pastor, \u201cungido y enviado por el Esp&iacute;ritu Santo para anunciar a los pobres la Buena Nueva\u201d (<i>Lc<\/i> 4,18).&nbsp; <\/p>\n<p>De ah&iacute; que el compromiso del sacerdocio lleve el sello de lo eterno. Sois consagrados para siempre. No es una decisi&oacute;n sujeta al vaiv&eacute;n del tiempo ni a las vicisitudes de la vida. Ni puede fundarse tampoco en sentimientos o emociones pasajeras. Implica, como el verdadero amor, la permanencia de la fidelidad. Sois llamados a estar siempre con el Se&ntilde;or, a perpetuar d&iacute;a a d&iacute;a su amistad para moldearos en su Coraz&oacute;n. S&oacute;lo a la luz de este amor comprender&eacute;is y vivir&eacute;is las exigencias evang&eacute;licas del sacerdocio ministerial. Vuestra juventud la hab&eacute;is de poner plenamente y sin reserva al servicio de Cristo, para convertiros en instrumentos de salvaci&oacute;n sin fronteras. <\/p>\n<p>\u201cNo les tengas miedo\u201d (<i>Jr<\/i> 1,8)&nbsp; nos dice la primera lectura del profeta Jerem&iacute;as. Ya no hay lugar para las dudas y los desalientos. \u201cEstoy contigo\u201d (<i>Ibid<\/i>.),&nbsp; nos repite el profeta. La debilidad humana no es obst&aacute;culo cuando la sabemos reconocer y la ponemos fiel y confiadamente en las manos de Dios. Jes&uacute;s resucitado subraya esta presencia: \u201cSoy yo\u201d (<i>Lc<\/i> 24,36),&nbsp; \u201cestar&eacute; con vosotros\u201d (<i>Mt<\/i> 28,20).&nbsp; Por esto es posible cumplir la misi&oacute;n del Se&ntilde;or: \u201cadondequiera que yo te env&iacute;e, ir&aacute;s\u201d (<i>Jr<\/i> 1,7). <\/p>\n<p>\u201cMira, he puesto mis palabras en tu boca\u201d (<i>Ibid<\/i>. 1,9).&nbsp; Son \u201cpalabras de vida eterna\u201d (<i>Jn<\/i> 6,68),&nbsp; que sostienen la generosidad del enviado y aseguran el fruto del apostolado, aunque sea a trav&eacute;s del misterio de la cruz. <\/p>\n<p>4. <i>&iquest;Ser&iacute;a l&iacute;cito tener miedo a la palabra, a la llamada de Dios?<\/i> &iexcl;No! Se puede temer la <i>debilidad humana<\/i>, pero la llamada que viene de Dios, nunca. Ella, de hecho, indica siempre un camino maravilloso: llama a una participaci&oacute;n peculiar en \u201clas grandes cosas de Dios\u201d. Conviene, por tanto, escuchar atentamente las palabras del Ap&oacute;stol en la carta a los Efesios: \u201cOs exhorto, pues, yo, preso por el Se&ntilde;or, a que viv&aacute;is de una manera digna de la vocaci&oacute;n con que hab&eacute;is sido llamados, con toda humildad, mansedumbre y paciencia\u201d (<i>Ef<\/i> 4, 1-2) <\/p>\n<p>As&iacute; pues, amad&iacute;simos hijos, pensad que el camino hacia la santidad sacerdotal y el apostolado es camino de pobreza b&iacute;blica. Cuando reconocemos la propia debilidad, entonces somos fuertes (cf. <i>2 Cor<\/i> 12,10).&nbsp; Esta actitud de humildad, que es de autenticidad y verdad, os har&aacute; reconocer con gozo que la vocaci&oacute;n sacerdotal es un don del Coraz&oacute;n de Cristo y una opci&oacute;n que llega al fondo del coraz&oacute;n y de la conciencia. <\/p>\n<p>En la vocaci&oacute;n sacerdotal se experimenta el contraste entre la fuerza y la santidad del Maestro que llama, y la fragilidad y peque&ntilde;ez de quien es elegido. El temor ante la sublimidad y la magnitud de la misi&oacute;n que se os encomienda, lo habr&eacute;is experimentado ya vosotros; pero sent&iacute;s tambi&eacute;n la seguridad y la alegr&iacute;a de saber que es Jes&uacute;s quien os llama, que El estar&aacute; siempre con vosotros y os dar&aacute; las energ&iacute;as y la alegr&iacute;a para ser fieles a su servicio. El no abandona nunca a los suyos. <\/p>\n<p>5. <i>La vocaci&oacute;n sacerdotal es un don para la Iglesia<\/i>. En la Iglesia existen dones diferentes, como nos ense&ntilde;a el Ap&oacute;stol: \u201cA cada uno de nosotros le ha sido concedida la gracia a la medida del don de Cristo\u201d (<i>Ef<\/i> 4, 7).&nbsp; Todos estos dones diferentes constituyen una \u201cparte\u201d esencial e irrepetible de aquel \u201cdon de Cristo\u201d. En efecto, todas las gracias y carismas sirven conjuntamente \u201cpara edificar el Cuerpo de Cristo\u201d (<i>Ibid<\/i>. 4, 12).&nbsp; Entre todos estos dones, el sacerdocio ministerial adquiere peculiar importancia. <\/p>\n<p>Participamos de modo singular en el sacerdocio de Cristo. Aunque \u201ctodos hemos recibido de su plenitud\u201d (<i>Jn<\/i> 1,16),&nbsp; cada uno participa de este \u201cdon de Cristo\u201d (<i>Ef<\/i> 4,7)&nbsp; seg&uacute;n las gracias o carismas particulares, siempre al servicio de la comunidad eclesial que es comuni&oacute;n de hermanos. La diversidad y la peculiaridad de los dones hay que reconocerla, amarla y vivirla, precisamente para construir el \u201c&uacute;nico Cuerpo\u201d de Cristo que es la Iglesia animada por \u201cun solo Esp&iacute;ritu\u201d (<i>Ibid<\/i>. 4,4).&nbsp; En la medida en que am&eacute;is gozosamente vuestro sacerdocio, os sentir&eacute;is llamados a apreciar, respetar, suscitar y cultivar los otros carismas de la comunidad eclesial, para construir el Cuerpo de Cristo hasta la perfecci&oacute;n y la plenitud (cf. <i>Ibid<\/i>. 4,12).&nbsp; La identidad sacerdotal es pues una realidad gozosa que se experimenta cuando amamos el don recibido para servir mejor a los dem&aacute;s, con la actitud de \u201cdar la vida\u201d como el Buen Pastor (<i>Jn<\/i> 10,15).&nbsp; <\/p>\n<p>6. Si la vocaci&oacute;n sacerdotal es un don tan grande para la Iglesia, ello quiere decir que ya no os pertenec&eacute;is a vosotros mismos, sino que sois propiedad de Cristo que vive en la Iglesia y que os espera en los m&uacute;ltiples campos de apostolado. Pertenec&eacute;is a Cristo y pertenec&eacute;is a la Iglesia, que es su \u201cEsposa inmaculada\u201d, \u201ca la que Cristo am&oacute; hasta darse en sacrificio por ella\u201d (<i>Ef<\/i> 5,25).&nbsp; <\/p>\n<p>Esto mismo se os pide a vosotros: que <i>am&eacute;is<\/i>. <\/p>\n<p>El amor a Cristo y el amor al sacerdocio no ser&iacute;an posibles <i>sin amar hondamente a la Iglesia<\/i>, la cual, a pesar de las limitaciones propias de su condici&oacute;n de peregrina, no deja de ser el Cuerpo de Cristo, su Esposa y el Pueblo de Dios. <\/p>\n<p>7. Servid a la grey como presb&iacute;teros, \u201cvigilando, no forzados, sino voluntariamente, seg&uacute;n Dios; no por mezquino af&aacute;n de ganancia, sino de coraz&oacute;n&#8230; siendo modelos de la grey\u201d (<i>1P<\/i> 5, 2-3).&nbsp; <\/p>\n<p>Que las comunidades os puedan distinguir como anunciadores de Evangelio, dedicados a esta misi&oacute;n de la que el mundo tiene tanta urgencia, de tiempo completo, sin invadir otros campos y trabajos seculares, que ni son los vuestros, ni han sido el lugar indicado por el obispo, de quien ser&eacute;is colaboradores, en leal unidad, como Pastores sol&iacute;citos que reflejan en todo su condici&oacute;n sacramental: en lo profundo del alma, en las actitudes pastorales y tambi&eacute;n en vuestro exterior. <\/p>\n<p>El seguimiento de Cristo implica que os sint&aacute;is de veras Iglesia con amor de hijos, dispuestos a la colaboraci&oacute;n responsable, con un acatamiento pronto y generoso de su disciplina y de sus normas, cooperando lealmente con el propio obispo. <\/p>\n<p>S&oacute;lo estando con Cristo, viviendo con El haciendo que El informe nuestra vida, ser&aacute; posible anunciarlo con decisi&oacute;n, con franqueza, con arrojo, comunicando la experiencia de lo que se vive en el misterio y comuni&oacute;n de la Iglesia \u201csacramento universal de salvaci&oacute;n\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/i>, 1).&nbsp; <\/p>\n<p>8. As&iacute;, pues, queridos hermanos y hermanas, <i>experimentamos hoy<\/i>, todos los aqu&iacute; presentes, de un modo muy particular, aquel <i>amor del Padre<\/i> del que habla Cristo a los Ap&oacute;stoles la v&iacute;spera de su muerte \u201cComo el Padre me am&oacute;, yo tambi&eacute;n os he amado a vosotros\u201d (<i>Jn<\/i> 15,9).&nbsp; En Cristo, el amor del Padre se convierte para nosotros, en fuente inagotable de vida y de luz. \u201cEl sacerdocio es el amor del Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s\u201d, acostumbraba a decir el Santo Cura de Ars, cuyo segundo centenario de nacimiento celebramos este a&ntilde;o de vuestra ordenaci&oacute;n. <\/p>\n<p>Efectivamente, \u201cnadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos\u201d (<i>Ibid<\/i>. 15,13).&nbsp; Y es precisamente Cristo quien da la vida por nosotros. Y este acto suyo de \u201cdar la vida\u201d, este sacrificio permanece en la Iglesia, y, a trav&eacute;s de la Iglesia, <i>permanece<\/i> en la humanidad de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n. Permanece a trav&eacute;s de la palabra del Evangelio y por medio de la Eucarist&iacute;a, <i>sacramento de la muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo<\/i>. Permanece, por tanto, <i>por medio del ministerio de los sacerdotes<\/i>. Y por este ministerio se renueva y se hace presente en todos los tiempos. <\/p>\n<p>Desde lo alto de la cruz y desde el coraz&oacute;n de su sacrificio salv&iacute;fico, Cristo contin&uacute;a dici&eacute;ndonos: \u201cPermaneced en mi amor\u201d (<i>Jn<\/i> 15,9).&nbsp; <\/p>\n<p>9. El Se&ntilde;or os dice hoy a todos vosotros, queridos ordenandos, y de un modo muy particular: \u201cSi guard&aacute;is mis mandamientos, permanecer&eacute;is en mi amor\u201d (<i>Ibid<\/i>. 15,10).&nbsp; &iexcl;S&iacute;! \u201cComo yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor\u201d (<i>Ibid.<\/i>).&nbsp; En estas palabras se nos muestra en verdad <i>el v&iacute;nculo o relaci&oacute;n divina trasladada a la dimensi&oacute;n de la existencia del hombre<\/i>. <\/p>\n<p>Sabemos bien cu&aacute;les son los mandamientos que constituyen la firmeza de este v&iacute;nculo de permanencia en el amor de Cristo. Sabemos muy bien <i>cu&aacute;les son los principios de la vida sacerdotal<\/i>, cu&aacute;les son <i>las exigencias de la disciplina sacerdotal<\/i> que constituyen la firmeza de esta relaci&oacute;n. <\/p>\n<p>Se trata, bien es verdad, de un seguimiento sacrificado, que excluye toda forma de instalaci&oacute;n exigiendo la mayor disponibilidad, como es debido a quien no tiene donde reclinar la cabeza (Cf. <i>Lc<\/i> 9, 57-62).&nbsp; Es un compromiso que abarca la existencia toda, sin aplazamientos, sin componendas, tal como lo exige el Mes&iacute;as, el Hijo de Dios, por cuya palabra la tempestad se serena, los enfermos son curados, son evangelizados los pobres, expulsados los demonios, reconciliada la humanidad y regenerada la vida. Exige el pleno sometimiento a la voluntad del Padre, lo cual os puede llevar, como a Pedro, a donde no hubiereis querido ir (cf. <i>Jn<\/i> 21,18).&nbsp; Pero El siempre va delante, llevando amorosamente la misma cruz que pone sobre nuestras espaldas y que El hace m&aacute;s llevadera. En efecto, dice el Se&ntilde;or: \u201cMi yugo es suave y mi carga ligera (<i>Mt<\/i> 11,30)\u201d.&nbsp; <\/p>\n<p>La vida que corresponde a estas exigencias, la vida en el nombre de este amor, abre delante de nosotros, al mismo tiempo, la <i>perspectiva del gozo divino<\/i>. \u201cOs he dicho esto, para que mi gozo est&eacute; en vosotros, y vuestro gozo sea colmado\u201d (<i>Jn<\/i> 15, 11).&nbsp; Es el \u201cverdadero gozo pascual\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html\">Presbyterorum Ordinis<\/a><\/i>, 11),&nbsp; como caracter&iacute;stica de la identidad sacerdotal y como preludio al florecimiento de vocaciones sacerdotales. <\/p>\n<p>He aqu&iacute; <i>la vocaci&oacute;n sacerdotal<\/i> y el servicio o ministerio sacerdotal en el Pueblo de Dios. <\/p>\n<p>\u201cNo me hab&eacute;is elegido vosotros a m&iacute;, sino que yo os he elegido a vosotros\u201d (<i>Jn<\/i> 15, 16),&nbsp; dice el Se&ntilde;or. Estas palabras las tenemos todos grabadas a fuego en nuestros corazones: &iexcl;vosotros y yo! Son las palabras de Jes&uacute;s en el marco familiar e &iacute;ntimo de la &uacute;ltima Cena, cuando el Se&ntilde;or abre de par en par su coraz&oacute;n a sus disc&iacute;pulos. Es la gratuidad de elecci&oacute;n de aquellos a quienes constituye ministros suyos, a quienes conf&iacute;a una misi&oacute;n de particular importancia. Es Dios quien inicia el di&aacute;logo en la historia de la salvaci&oacute;n, tejida en esa maravillosa realidad de su amor. Es El quien toma la iniciativa con la fuerza transformadora de su Palabra, que todo lo recrea. \u201cEl nos am&oacute; primero\u201d (<i>1Jn<\/i> 4,9).&nbsp; <\/p>\n<p>Por esto a&ntilde;ade el Se&ntilde;or: \u201cOs he destinado a que vay&aacute;is y deis fruto, y un fruto que permanezca\u201d.&nbsp; As&iacute; como permanece, de modo admirable, el fruto de la primera siembra del Evangelio en esta tierra y en este continente, as&iacute; <i>tambi&eacute;n permanezca vuestro fruto<\/i>, hoy, en este final del segundo milenio cristiano, cuando se va a cumplir el quinto centenario del comienzo de la evangelizaci&oacute;n de Am&eacute;rica Latina. <\/p>\n<p>10. <i>&iquest;Por qu&eacute; permanece este fruto de vida cristiana?<\/i> Quiz&aacute; especialmente porque aquellos que sembraron supieron, <i>al mismo tiempo, orar<\/i>, pedir en el nombre de Cristo: \u201cde modo que todo lo que pid&aacute;is al Padre en mi nombre os lo conceda\u201d (<i>Ibid<\/i>.).&nbsp; Y nos lo conceder&aacute; tambi&eacute;n a nosotros. El amor fraterno ser&aacute; la garant&iacute;a de nuestra uni&oacute;n con Cristo y un signo eficaz de evangelizaci&oacute;n: \u201cLo que os mando es que os am&eacute;is los unos a los otros\u201d (<i>Ibid<\/i>. 15, 17).&nbsp; <\/p>\n<p>Es la eficacia del Evangelio, con unos frutos que muchas veces no ven nuestros ojos. La gracia del Se&ntilde;or espera secretamente en los corazones. Vivimos hoy de la semilla que generaciones de entregados misioneros plantaron en la tierra fecunda colombiana y que la gracia de Dios hizo germinar y dar fruto. <\/p>\n<p>En este d&iacute;a tan importante para la Iglesia en Colombia, <i>miramos hacia el futuro con confianza<\/i>. La Iglesia os agradece el esfuerzo que vosotros, amados hermanos obispos y superiores religiosos, est&aacute;is llevando a cabo en el campo vocacional, con la cooperaci&oacute;n de sol&iacute;citos e id&oacute;neos formadores, atentos, seg&uacute;n las normas de la Iglesia, a la &iacute;ntegra formaci&oacute;n espiritual acad&eacute;mica y pastoral de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa. Agradezco y bendigo todo el ingente trabajo que se ha realizado en la pastoral de las vocaciones. El incremento de &eacute;sta debe abrir generosamente el coraz&oacute;n, con esp&iacute;ritu solidario y misionero, de tal manera que pueda prestarse la ayuda necesaria a otras Iglesias hermanas que padecen hoy penuria de sacerdotes. <\/p>\n<p>Al mirar a Mar&iacute;a, Madre de la Iglesia y Madre amorosa de los sacerdotes, en este momento tan solemne, cada uno se sentir&aacute; invitado a imitar su amor materno: \u201cLa Virgen fue en su vida ejemplo de aquel amor con que es necesario que est&eacute;n animados todos aquellos que, en la misi&oacute;n apost&oacute;lica de la Iglesia, cooperan a la regeneraci&oacute;n de los hombres\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 65).&nbsp; <\/p>\n<p>\u201cPara la figura de este mundo\u201d (<i>1Co<\/i> 7,31). Pasan las generaciones de todo pueblo y naci&oacute;n. Mas las palabras del Se&ntilde;or no pasan. Las palabras de Jes&uacute;s pronunciadas en la &uacute;ltima Cena se har&aacute;n ahora realidad por medio del sacramento del Orden que vamos a conferir a los candidatos aqu&iacute; presentes. La Iglesia entera de Colombia entorno a sus obispos; la Iglesia universal en torno al Sucesor de Pedro, dirige confiada su oraci&oacute;n al Padre por estos di&aacute;conos que hoy, en la ciudad de Medell&iacute;n, van a recibir el orden del presbiterado. As&iacute; sea. <\/p>\n<hr \/>\n<p>Es este d&iacute;a de gozo y de esperanza para la Iglesia de Dios que peregrina en Colombia, as&iacute; como para la Iglesia universal.<\/p>\n<p>Pero la alegr&iacute;a que suscita esta floreciente primavera sacerdotal de ordenaciones se ve profundamente turbada en mi alma y en la de todos los hijos de la Iglesia -m&aacute;s a&uacute;n, dir&iacute;a que tambi&eacute;n en todas las personas sensibles a la exigencia de la libertad y del debido respeto a los derechos fundamentales del hombre y del ciudadano-, se ve profundamente turbada, digo, por la triste noticia de que monse&ntilde;or Pablo Antonio Vega Mantilla, obispo prelado de Juigalpa y Vice-presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, ha sido alejado por la fuerza de su prelatura y expulsado de su propia patria. <\/p>\n<p>Este casi incre&iacute;ble hecho me ha entristecido hondamente, tanto m&aacute;s por cuanto evoca &eacute;pocas oscuras -a&uacute;n no muy lejanas en el tiempo, pero que bien se pod&iacute;a razonablemente creer superadas-en la acci&oacute;n llevada a cabo contra la Iglesia. Bien querr&iacute;a esperar que los responsables de esta decisi&oacute;n recapaciten sobre la gravedad de tal medida, que adem&aacute;s contradice reiteradas afirmaciones de querer una pac&iacute;fica y respetuosa convivencia con la Iglesia. <\/p>\n<p>En mi solicitud pastoral por la Iglesia nicarag&uuml;ense, elevo, junto con mi m&aacute;s viva deploraci&oacute;n, mi ferviente plegaria al Alt&iacute;simo para que asista con su gracia a monse&ntilde;or Vega, al clero, religiosos, religiosas y fieles de su prelatura de Juigalpa, a mis hermanos en el Episcopado, con el querido cardenal Obando Bravo, y a toda la Iglesia de Nicaragua en estos momentos de prueba, en los que cuentan con la oraci&oacute;n de toda la Iglesia y con mi entra&ntilde;able Bendici&oacute;n Apost&oacute;lica. <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1986 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A COLOMBIA MISA DE ORDENACI&Oacute;N SACERDOTAL HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Aeropuerto &laquo;Olaya Herrera&raquo; de Medell&iacute;nS&aacute;bado 5 de julio de 1986 &nbsp; 1. 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