{"id":39885,"date":"2016-10-05T23:15:55","date_gmt":"2016-10-06T04:15:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-julio-de-1986-concelebracion-para-las-familias-cristianas-en-el-estadio-de-la-unidad-deportiva-panamericana-de-cali\/"},"modified":"2016-10-05T23:15:55","modified_gmt":"2016-10-06T04:15:55","slug":"4-de-julio-de-1986-concelebracion-para-las-familias-cristianas-en-el-estadio-de-la-unidad-deportiva-panamericana-de-cali","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-julio-de-1986-concelebracion-para-las-familias-cristianas-en-el-estadio-de-la-unidad-deportiva-panamericana-de-cali\/","title":{"rendered":"4 de julio de 1986, Concelebraci\u00f3n para las familias cristianas en el \u00abEstadio de la Unidad Deportiva Panamericana\u00bb de Cali"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A COLOMBIA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>MISA PARA LAS FAMILIAS<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b><i><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><br \/><\/i><\/b><br \/><i>Estadio de la Unidad Deportiva Panamericana de Cali<br \/>Viernes 4 de julio de 1986<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Amad&iacute;simos hijos e hijas: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">1. Con inmensa alegr&iacute;a, la propia de un padre de familia que, en este maravilloso Valle del Cauca, se re&uacute;ne con sus hijos, deseo celebrar con vosotros la fe com&uacute;n en Jesucristo resucitado: El est&aacute; presente en vuestros corazones, en medio de vuestras familias, en todas vuestras tareas cotidianas. <\/p>\n<p align=\"left\">Saludo con el abrazo de caridad fraterna al arzobispo de Cali as&iacute; como a los Pastores de las di&oacute;cesis de Palmira, Buga, Cartago, del vicariato apost&oacute;lico de Buenaventura y de otras di&oacute;cesis vecinas, junto con sus sacerdotes, religiosos y religiosas. Ante la venerada imagen de la Virgen de las Mercedes, Madre vigilante y amorosa de esta tierra, saludo con afecto a todas las familias presentes y a las que est&aacute;n espiritualmente unidas con nosotros en esta celebraci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;\u201cGustad y ved qu&eacute; bueno es el Se&ntilde;or\u201d! (<i>Sa<\/i> 34 [33], 9) <\/p>\n<p align=\"left\">S&iacute;, el Se&ntilde;or ha sido de verdad bueno y generoso con esta tierra maravillosa, a la que ha dotado de abundantes bienes naturales; pero su liberalidad se ha prodigado a&uacute;n m&aacute;s con vuestro pueblo renombrado por sus cualidades de gente trabajadora, servicial y bondadosa. <\/p>\n<p align=\"left\">Mi presencia en esta ciudad de Santiago de Cali coincide con una celebraci&oacute;n jubilar: la de sus 450 a&ntilde;os de fundaci&oacute;n. Con gran gozo me sumo a vosotros en esta celebraci&oacute;n, coronando la imagen venerada de Nuestra Se&ntilde;ota de las Mercedes, Patrona de la ciudad. Ella ha sido signo de la misericordia de Dios para con sus habitantes y presencia maternal en la vida de sus gentes. Bien podemos decir con el alma rebosante de felicidad: \u201cLa Madre de Jes&uacute;s estaba all&iacute;\u201d (<i>Jn<\/i> 2, 1).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">Es un hecho consolador para la Iglesia recordar ahora que esta ciudad, fundada bajo el amparo maternal de Mar&iacute;a, se ha ido desarrollando sobre la base de familias cristianas que tuvieron como ideal la unidad, la fidelidad, el servicio a los dem&aacute;s, el trabajo emprendedor. Es tambi&eacute;n una realidad que la familia, con todos sus valores e ideales, humanos y cristianos, contribuy&oacute; a formar la nacionalidad colombiana. Las ra&iacute;ces cristianas de la familia han penetrado profundamente y, ante el vendaval de la violencia, Colombia sigue manteni&eacute;ndose firme gracias a la solidez que le da el n&uacute;cleo familiar, como transmisor fidedigno de los valores humanos y de la fe cristiana. <\/p>\n<p align=\"left\">2. \u201cHagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza\u201d (<i>Gen<\/i> 1,26)<\/p>\n<p align=\"left\">La liturgia de la Palabra nos invita a contemplar, en sus albores, los \u201c<i>comienzos\u201d del hombre sobre la tierra<\/i>; primeramente en el pensamiento y en los designios de Dios, luego en la creaci&oacute;n y finalmente en la bendici&oacute;n. Todos recordamos este relato maravilloso del libro del G&eacute;nesis que nos muestra a Dios dando culmen a la obra de la creaci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Obedeciendo a su palabra, hab&iacute;a desaparecido el caos inicial; la misma palabra divina hab&iacute;a ido poniendo orden en el universo hasta poblarlo de lumbreras y de toda clase de seres vivientes. A continuaci&oacute;n, como descorriendo un velo, he aqu&iacute; que el autor sagrado sorprende, por as&iacute; decirlo, al Creador en ese di&aacute;logo &iacute;ntimo <font face=\"Times New Roman\">\u2014<\/font>vestigio revelador de la Familia divina\u2014, con el cual pone broche final a la narraci&oacute;n: \u201cHagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\">Para seguir m&aacute;s de cerca el desarrollo de la narraci&oacute;n y asimilar mejor su profundo significado, vamos a reflexionar juntos sobre los tres momentos que aparecen en el texto sagrado: <\/p>\n<p align=\"left\">En primer lugar, amad&iacute;simos hermanos, el texto del G&eacute;nesis presenta al hombre, a la humanidad, a todos nosotros, <i>dentro del pensamiento de Dios<\/i>, objeto de sus designios. Hemos sido hechos seg&uacute;n un proyecto original concebido en el seno de su sabidur&iacute;a infinita: <i>Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza <\/i>(<i>Gen<\/i> 1,26).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">He aqu&iacute; la raz&oacute;n m&aacute;s alta de la dignidad humana. Somos expresi&oacute;n del coraz&oacute;n de Dios vivo, revelaci&oacute;n de sus eternos designios que no son sino los de comunicar con el hombre, <i>hacernos imagen suya<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\">Hombre y mujer, hechos a imagen divina, fueron pensados desde el principio para prolongar en el tiempo el di&aacute;logo de amor existente en el coraz&oacute;n de Dios y transmitir su palabra creadora, que es fuente de vida, al igual que \u2014en glosa de Santo Tom&aacute;s\u2014 la llama de una antorcha va propagando el fuego donde fue encendida (cf. S. Tom&aacute;s de Aquino, <i>Summa contra Gentes<\/i>, 2, 46).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">En un segundo momento, el autor del G&eacute;nesis nos relata la <i>actuaci&oacute;n del designio divino sobre el hombre<\/i>: \u201cCre&oacute; Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo cre&oacute;, var&oacute;n y hembra los cre&oacute;\u201d.&nbsp; La instituci&oacute;n de la comunidad conyugal conforme al plan divino, es el primer brote, la expresi&oacute;n primera de la vocaci&oacute;n del hombre sobre la tierra. La primera comunidad humana lleva en s&iacute; la vocaci&oacute;n a la uni&oacute;n con Dios y a la comuni&oacute;n de personas. <\/p>\n<p align=\"left\">El amor de Dios tendr&aacute; de este modo su reflejo no en la soledad del hombre (cf <i>Gen<\/i> 2, 19 ss.),&nbsp; sino en su condici&oacute;n interpersonal, como una invitaci&oacute;n interpersonal, como una invitaci&oacute;n al di&aacute;logo con Dios mismo y con los dem&aacute;s. <\/p>\n<p align=\"left\">A tal fin \u2014y he aqu&iacute; el tercer momento de la narraci&oacute;n b&iacute;blica\u2014 desciende sobre hombre y mujer la bendici&oacute;n divina, <i>expresi&oacute;n y signo del amor que crea el bien y se goza en &eacute;l:<\/i> \u201ccreced y multiplicaos, <i>dominad la tierra<\/i>\u201d.&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">Al dar su bendici&oacute;n, Dios, antes que la posesi&oacute;n de la tierra, promete a la pareja humana la fecundidad y le confiere la misi&oacute;n de procrear y propagar la semilla de la vida, como fruto y signo del amor conyugal. La misma fecundidad del amor, el bien de los esposos y de la prole, han de ser vistos a la luz del favor de Dios, come reflejo de la imagen divina y signo del crecimiento progresivo en la comunidad de vida: \u201cya no son dos, sino una sola carne\u201d (<i>Mt<\/i> 19, 6).&nbsp; Y en el ocaso de aquel d&iacute;a, el m&aacute;s espl&eacute;ndido de la creaci&oacute;n, el autor sagrado anota a modo de conclusi&oacute;n: \u201cY vio Dios todo lo que hab&iacute;a hecho: y era muy bueno\u201d (<i>Gen<\/i> 1, 31). <\/p>\n<p align=\"left\">En r&aacute;pidas secuencias hemos contemplado tres momentos de la creaci&oacute;n, tan ricos de ense&ntilde;anza para nosotros. Antes que nada el hombre es<i> imagen de Dios<\/i>; hombre y mujer, comunidad de di&aacute;logo y de vida, son <i>semejanza<\/i> del mismo Dios; en la bendici&oacute;n divina la posesi&oacute;n y el dominio sobre las dem&aacute;s creaturas no prevalecen, sino que ceden la primac&iacute;a a la comunidad de vida, al amor. <\/p>\n<p align=\"left\">Ser&iacute;a bueno que repas&aacute;ramos con frecuencia este primer pasaje b&iacute;blico hasta que calara hondamente en nuestra mente y quedase grabado en los corazones. Porque, si miramos a nuestro alrededor, observamos que por desgracia esa escala de valores establecida por Dios es invertida con harta frecuencia en nuestro mundo de hoy. <\/p>\n<p align=\"left\">El Se&ntilde;or nos est&aacute; recordando en este d&iacute;a: Todos somos semejantes a El; su amor al hombre nos hace semejantes a El; las dem&aacute;s criaturas han sido destinadas a nuestro servicio, por eso, anteponer las cosas al bien de nuestros semejantes constituye una verdadera ofensa a Dios creador. <\/p>\n<p align=\"left\">3. La lectura del Evangelio de San Juan que hemos escuchado <i>es como un eco lejano de aquellos \u201ccomienzos\u201d<\/i> del libro del G&eacute;nesis. El Evangelista nos narra que se celebraba una boda en Can&aacute; de Galilea: \u201c<i>Estaba all&iacute; la Madre de Jes&uacute;s; fue invitado Jes&uacute;s<\/i>, como tambi&eacute;n sus disc&iacute;pulos\u201d (<i>Jn<\/i> 2, 1-2).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">Con el coraz&oacute;n lleno de fe, hab&eacute;is escuchado, familias de Colombia, este significativo pasaje del Evangelio. Fue precisamente en aquella ocasi&oacute;n cuando Jes&uacute;s \u201cdio comienzo\u201d a sus se&ntilde;ales, es decir, a los grandes prodigios con los que inauguraba los tiempos mesi&aacute;nicos. <\/p>\n<p align=\"left\">\u201cEl maestresala&#8230; prob&oacute; el agua convertida en vino sin saber de d&oacute;nde ven&iacute;a&#8230;; entonces llam&oacute; al novio y le dijo:&#8230; te has guardado el vino bueno hasta ahora\u201d(<i>Ibid<\/i>. 2, 9-10).<\/p>\n<p align=\"left\">No es el joven de Can&aacute; el que ofrece el vino nuevo, sino Jes&uacute;s. San Juan, que nos habla en su Evangelio a trav&eacute;s de s&iacute;mbolos, nos est&aacute; diciendo que la boda de Can&aacute; es ante todo un signo, el primer signo de la nueva alianza, de la nueva comuni&oacute;n de vida entre Dios y los hombres. Jes&uacute;s es el esposo que comienza a manifestar su gloria mediante la se&ntilde;al del vino. La Madre de Jes&uacute;s estaba all&iacute; y representa a la comunidad llamada a la alianza con Cristo Esposo; representa a todo el Pueblo de Dios, sobre cuyos miembros ejercer&aacute;, cuando llegue la hora, las funciones de madre. Jes&uacute;s, pues, presente en Can&aacute; con su Madre, <i>lleva a los nuevos esposos la misma bendici&oacute;n que al principio fue dada por Dios al hombre y a la mujer<\/i>. El matrimonio, la familia, como el buen vino, ha de llevar el sello de la alianza &uacute;nica con Dios, de la <i>comuni&oacute;n fecunda e indisoluble en el amor<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\">Con esta primera se&ntilde;al, el Se&ntilde;or nos invita tambi&eacute;n a nosotros a gustar este vino, esto es, <i>la verdad sobre la vocaci&oacute;n<\/i> del hombre y la divina semilla que en &eacute;ste se oculta; la verdad sobre los esposos, alianza de amor como mutua entrega entre dos personas, \u201cque exige plena fidelidad conyugal y reclama su indisoluble unidad\u201d (cf. <i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html\"> Familiaris Consortio<\/a><\/i>, 20).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;D&oacute;nde hallaremos ese vino bueno, ofrecido por el Se&ntilde;or a quienes han sido injertados en su familia? A esta pregunta podemos responder con San Agust&iacute;n: \u201cCristo guard&oacute; hasta ahora su vino, es decir su Evangelio\u201d (San Agust&iacute;n, <i>In Io.Evang.<\/i>, 9,2: <i>PL<\/i> 35, 1459).&nbsp; Nuestra bendici&oacute;n ser&aacute;, por tanto, la aceptaci&oacute;n de la verdad de Cristo, y nuestra adhesi&oacute;n personal a El, capaz de obrar en nuestros corazones el gran prodigio de \u201cser hijos de Dios, por haber cre&iacute;do en El\u201d(<i>Jn<\/i> 1, 12) . <\/p>\n<p align=\"left\">En conclusi&oacute;n, a esta p&aacute;gina de Can&aacute; podr&iacute;amos considerarla como una gram&aacute;tica indispensable, en la que encontr&aacute;is resumido en pocas l&iacute;neas el Evangelio de los esposos: Cristo os ha bendecido y desea que se&aacute;is felices. Cristo y su Madre esperan de todo matrimonio que sea manifestaci&oacute;n de esa gloria divina que acompa&ntilde;a a los nacidos de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute; es, amad&iacute;simos esposos colombianos. Con la bendici&oacute;n de Cristo, en vuestros hogares, desde su \u201ccomienzo\u201d, est&aacute;is llamados a dilatar la morada del mismo Dios. Este es vuestro Evangelio; &eacute;sta es vuestra ennoblecedora misi&oacute;n, la cual, responsablemente asumida y santificada por el sacramento, os asemeja a la uni&oacute;n de Cristo y su Iglesia As&iacute; lo dice, usando expresiones certeras, San Pablo: \u201cPor eso dejar&aacute; el hombre a su padre y a su madre, se unir&aacute; a su mujer y ser&aacute;n los dos un solo ser (<i>Gen<\/i> 2, 24).&nbsp; Gran misterio es &eacute;ste, lo digo respecto a Cristo y a la Iglesia\u201d(<i>Ef<\/i> 5, 31) .<\/p>\n<p align=\"left\">\u201cHaced lo que &eacute;1 os diga\u201d. Este suave toque de atenci&oacute;n de Mar&iacute;a sea motivo de aliento para los matrimonios colombianos. La nueva Eva, Madre de los creyentes, quiere persuadiros a que abr&aacute;is sin vacilar las puertas de vuestra mente y de vuestro coraz&oacute;n al h&aacute;lito definitivo de Cristo y su Evangelio. La bendici&oacute;n divina inicial, recuperada para siempre por el Esposo, Jes&uacute;s, \u201checho semejante a nosotros\u201d y obediente hasta la muerte (cf. <i>Flp<\/i> 2. 7 ss),&nbsp; ser&aacute; fecunda verdad si vosotros, semejantes a El, refrend&aacute;is la alianza de vuestra uni&oacute;n sacramental <i>con un servicio aut&eacute;ntico, de porvida, a la comuni&oacute;n con Dios<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\">4. A impulsos del aliento salv&iacute;fico de esta bendici&oacute;n, los hombres son llamados a hacer de su vida en la tierra un <i>servicio a la civilizaci&oacute;n del amor<\/i>, como nos ha dicho hoy San Pablo: \u201cCe&ntilde;&iacute;os el amor mutuo, que es el cintur&oacute;n perfecto\u201d(cf. <i>Col<\/i> 3, 14) .&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">La funci&oacute;n de la familia es precisamente &eacute;sta: consagrarse al servicio del amor y de la vida, y consiguientemente actuar en pro de la vida y del amor. <\/p>\n<p align=\"left\">En efecto, el matrimonio, en cuanto comunidad querida por Dios mismo (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html\">Familiaris Consortio<\/a><\/i>, 11),&nbsp; no se agota en un mero intercambio del consentimiento con valor humano y jur&iacute;dico. Tanto el matrimonio, como la familia que de &eacute;l nace, es una realidad que hunde sus ra&iacute;ces en los designios de Dios, expresi&oacute;n de su amor y de su poder creador. De ah&iacute; que el hombre y la mujer, al unir para siempre sus vidas, concreci&oacute;n de su \u201cser a imagen de Dios\u201d, no pueden aprobar ingerencias extra&ntilde;as a su fe, que mermen las exigencias del pacto de amor conyugal, el cual, incluso p&uacute;blicamente, ha de ser &uacute;nico y exclusivo, si de veras se quiere vivir con plena fidelidad al designio del Creador (cf. <i>Ibid<\/i> 11).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute; como Dios se realiza en el amor rec&iacute;proco de las tres Personas de la Sant&iacute;sima Trinidad, as&iacute; tambi&eacute;n el matrimonio y la familia deben ser comunidad de amor entre los c&oacute;nyuges y los hijos. <\/p>\n<p align=\"left\">De un matrimonio, de una familia fuerte y unida, donde est&eacute; presente el amor cristiano en toda su riqueza (cf. <i>Col<\/i> 3, 16),&nbsp; cabe esperar una contribuci&oacute;n efectiva a la civilizaci&oacute;n del amor: de un amor que tiene primariamente su expresi&oacute;n en el hogar, donde se vive como un solo coraz&oacute;n y una sola alma (cf. <i>Hch<\/i> 2, 44);&nbsp; de un amor que es como el vino nuevo para la vocaci&oacute;n de los esposos: Si todos est&aacute;n volcados en el amor, alimentado en la conversaci&oacute;n con Dios y revestido de compasi&oacute;n, de bondad, de dulzura y longanimidad (cf. <i>Col<\/i> 3, 12),&nbsp; existir&aacute; tambi&eacute;n alegr&iacute;a serena, profunda y madura. <\/p>\n<p align=\"left\">Se puede decir por tanto que, \u201cdesde el principio\u201d, y m&aacute;s a&uacute;n en conformidad con el mensaje de Cristo, la familia ha sido querida por Dios para ser radicalmente una comunidad al servicio del amor y de la vida. <\/p>\n<p align=\"left\">Este y no otro, hay que repetirlo, es el plan de Dios, que la Iglesia respeta y obedece, buscando por todos los medios fortalecer el amor y la unidad de la familia en servicio a la vida, a la sociedad, y sobre todo a la dignidad de los esposos y de sus hijos. <\/p>\n<p align=\"left\">Como ya dije en mi <i>Exhortaci&oacute;n Apost&oacute;lica sobre la misi&oacute;n de la familia cristiana en el mundo<\/i>, la familia cristiana est&aacute; insertada de tal forma en el misterio de la Iglesia, que participa, a su manera como comunidad &iacute;ntima de vida y de amor, en la misi&oacute;n de salvaci&oacute;n que es propia de la Iglesia (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html\">Familiaris Consortio<\/a><\/i>, 49-50).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">A su vez, el matrimonio y la familia cristiana cumplen maravillosamente el designio de Dios, cuando se aprestan por s&iacute; mismos a sembrar y cultivar los valores del Evangelio. <\/p>\n<p align=\"left\">El hogar, la familia \u2014iglesia dom&eacute;stica\u2014, han de ser tambi&eacute;n evangelizadores. En efecto, los esposos cristianos, por su bautismo y la confirmaci&oacute;n y por la fuerza sacramental del matrimonio, tienen que transmitir la fe y llevar a la sociedad los valores que la transformen de acuerdo con el plan de Dios. Convencidos de que Cristo est&aacute; presente en el hogar, deben ser los m&aacute;s aptos evangelizadores de sus hijos a quienes transmitir&aacute;n su propia experiencia de fe con la palabra, pero sobre todo con el testimonio diario de su vida de esposos, de miembros de la Iglesia y de la sociedad. <\/p>\n<p align=\"left\">Padres de familia: Vosotros deb&eacute;is ser adem&aacute;s los primeros catequistas y educadores de vuestros hijos en el amor. Si no se aprende a amar y a orar en familia, dif&iacute;cilmente despu&eacute;s se podr&aacute; superar este vac&iacute;o. La vida y la fe de vuestros hijos son tesoros incalculables que el Se&ntilde;or ha puesto en vuestras manos responsables. Mostradles el camino del bien y acompa&ntilde;adlos para que en los momentos de dificultad o de crisis vuestra firmeza en la fe, vuestro testimonio cristiano sea para ellos referencia obligada que avive la llama de su fe y el amor que vosotros sembrasteis en sus corazones. La evangelizaci&oacute;n y la catequesis que los esposos realizan en el seno de su familia tiene que hacerse en comuni&oacute;n eclesial. Los padres de familia tienen derecho y esperan con justa raz&oacute;n rectas orientaciones de sus Pastores en sus parroquias y comunidades mediante la predicaci&oacute;n y una aut&eacute;ntica catequesis cristiana. <\/p>\n<p align=\"left\">5. Cuanto acabamos de decir a prop&oacute;sito del &aacute;mbito familiar, hemos de referirlo asimismo, como repercusi&oacute;n, a todas las <i>dem&aacute;s formas de coexistencia y de convivencia entre los hombres<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\">Cuando dice el Ap&oacute;stol: \u201cLa paz de Cristo reine en vuestros corazones\u201d, estas palabras hemos de aplicarlas con no menor vigor doctrinal al coraz&oacute;n, al n&uacute;cleo de toda asociaci&oacute;n, movimiento o instituci&oacute;n, y en definitiva a la sociedad en cuanto tal. <\/p>\n<p align=\"left\">Pero no olvidemos que todos estos c&iacute;rculos de personas se nutren de la comunidad familiar donde brota, se robustece y consolida la civilizaci&oacute;n del amor. Cuando la instituci&oacute;n familiar cruje o se viene abajo, los v&iacute;nculos de la solidaridad se aflojan, se fomenta la disgregaci&oacute;n all&iacute; donde la armon&iacute;a y la paz son el clima m&aacute;s propicio para el bien com&uacute;n y, en conclusi&oacute;n, las c&eacute;lulas b&aacute;sicas de la sociedad ir&aacute;n expandiendo su condici&oacute;n enfermiza a todo el organismo. <\/p>\n<p align=\"left\">Si la paz de Cristo no reina en el coraz&oacute;n mismo de la familia y la sociedad, los pueblos no s&oacute;lo pierden pujanza y lozan&iacute;a, sino que tambi&eacute;n se va perdiendo el respeto a la vida y a la dignidad humana. Es algo que he querido recordar en mi reciente Enc&iacute;clica \u201c<i>Dominum et Vivificantem<\/i>\u201d. Se hace cada vez m&aacute;s patente \u2013 dec&iacute;a \u2013 la grave situaci&oacute;n de extensas religiones del planeta&#8230; Se trata de problemas que son no s&oacute;lo econ&oacute;micos, sino tambi&eacute;n y ante todo &eacute;ticos. En el horizonte de nuestra &eacute;poca se vislumbran &quot;signos de muerte&quot; a&uacute;n m&aacute;s sombr&iacute;os; se ha difundido el uso&#8230; de quitar la vida a los seres humanos aun antes de su nacimiento o tambi&eacute;n antes de que lleguen a la meta natural de la muerte\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0035\/__PI.HTM\">Dominum et Vivificantem<\/a><\/i>, 57. <\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Madres colombianas! &iexcl;Esposos responsables! Defended siempre la vida. Recordad c&oacute;mo Jes&uacute;s quiso ser reconocido por Juan el Bautista que a&uacute;n estaba en el vientre materno, se alegr&oacute; y salt&oacute; de gozo ante su presencia en las entra&ntilde;as virginales de Mar&iacute;a. <\/p>\n<p align=\"left\">Esposos y padres de familia: Defender la dignidad del amor es defender la sociedad. Atentan contra la familia las ideolog&iacute;as e instituciones que sicol&oacute;gicamente o con cualquier otra forma de coacci&oacute;n presionan a la pareja e inducen a las personas a cegar las fuentes de la vida y a negarse a acoger con amor una nueva existencia. <\/p>\n<p align=\"left\">La paternidad y la maternidad responsables son prueba de amor y de servicio a la paz y a la vida. <\/p>\n<p align=\"left\">6. Amad&iacute;simos colombianos: Si no nos decidimos a extirpar de nuestros corazones estas espinas punzantes, que ahogan en su propio germen el dinamismo de la vida, de la cultura y de la civilizaci&oacute;n, nuestra sociedad, la humanidad entera, se ir&aacute; sumiendo en un progresivo entumecimiento de la conciencia de todos sus miembros e instituciones, deslumbrados sus ojos por enga&ntilde;osos modernismos o falsos progresos que niegan la verdad sobre el hombre y son propensos a ver en Dios un estorbo y no la fuente de liberaci&oacute;n, la plenitud del bien. He ah&iacute; la falsa libertad que en vez de construir la paz y la civilizaci&oacute;n del amor engendra s&oacute;lo amargura y desolaci&oacute;n (cf. <i>Ibid<\/i>.37-38).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">7. La paz en los corazones forma parte del reinado de Cristo, que es tambi&eacute;n supremac&iacute;a d<i>e la verdad y de la justicia<\/i>: paz en los corazones que es tambi&eacute;n amor social cuando logra eficazmente la concordia entre las personas, las familias y las instituciones. <\/p>\n<p align=\"left\">Hombres y mujeres que me escuch&aacute;is: Todos juntos compon&eacute;is la gran familia colombiana, deseosa de conseguir y disfrutar este bien insustituible, condici&oacute;n indispensable para defender y promover la vida en todos sus planos. <\/p>\n<p align=\"left\">Esa querida comunidad ama \u2014lo s&eacute; muy bien\u2014desde sus entra&ntilde;as la paz, imagen y efecto de la paz de Cristo, y se sacrifica por ella. Es &eacute;sta una aspiraci&oacute;n y una tarea, que no debe arredrar vuestro &aacute;nimo, ni siquiera en momentos de desasosiego, de turbaci&oacute;n o de amenaza para el orden social internacional o mundial &iquest;Se puede confiar juiciosamente \u2014me pregunto\u2014 el bien de los hombres y de los pueblos, el progreso de la civilizaci&oacute;n, a iniciativas de personas o de grupos organizados que, por ejemplo, pretenden implantar <i>sistemas o ideolog&iacute;as<\/i> que conllevan la violencia, perturban sistem&aacute;ticamente el equilibrio social con <i>medios subversivos<\/i>, o tambi&eacute;n pretenden resolver las situaciones cr&iacute;ticas por la v&iacute;a breve del terrorismo o de la guerrilla? <\/p>\n<p align=\"left\">Me consta, amad&iacute;simos m&iacute;os, que vuestro coraz&oacute;n no ha estado, no est&aacute; totalmente lejano de estas inquietudes; pero no es menos cierto que, merced a la gu&iacute;a sabia de vuestros Pastores y a la acci&oacute;n paciente y constante de los responsables de la administraci&oacute;n p&uacute;blica \u2014unos y otros en su propio campo\u2014, se han ido consolidando sus apremiantes tareas, orientadas respectivamente a extender el reinado de Cristo y a \u201ccrear un orden pol&iacute;tico, social y econ&oacute;mico que sirva mejor al hombre y que ayude a las personas y a los grupos a afirmar y desarrollar la propia dignidad\u201d(<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 9) .&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">\u201c<i>La palabra de Cristo permanezca entre nosotros en toda su riqueza<\/i>\u201d (<i>Col<\/i> 3, 16).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">S&iacute;. La palabra de Cristo es rica. Sirve a la construcci&oacute;n y no a la destrucci&oacute;n. Sirve a la justicia, al amor, a la paz y no al odio. Establece y corrobora los v&iacute;nculos entre los hombres y no excava abismos entre ellos. Fomenta la uni&oacute;n y no la discordia. <\/p>\n<p align=\"left\">Oremos para que esta <i>palabra de salvaci&oacute;n \u201cpermanezca\u201d<\/i> en vosotros con toda su riqueza: en vuestras familias, en vuestras comunidades, en todas las gentes que pueblan la patria colombiana en toda la humanidad. <\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Ojal&aacute; <i>permanezca<\/i> en vosotros esta palabra de salvaci&oacute;n! &iexcl;Que sea viva y operante! &iexcl;Que construya la \u201ccivilizaci&oacute;n del amor\u201d! <\/p>\n<p align=\"left\">Amados hermanos y hermanas: \u201c<i>Toda actividad vuestra, de palabra o de obra<\/i>, hacedla en honor del Se&ntilde;or Jes&uacute;s, dando gracias a Dios Padre, por medio de El\u201d (<i>Col<\/i> 3, 17).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute; sea. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1986 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A COLOMBIA MISA PARA LAS FAMILIAS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO IIEstadio de la Unidad Deportiva Panamericana de CaliViernes 4 de julio de 1986 &nbsp; Amad&iacute;simos hijos e hijas: 1. Con inmensa alegr&iacute;a, la propia de un padre de familia que, en este maravilloso Valle del Cauca, se re&uacute;ne con sus hijos, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-julio-de-1986-concelebracion-para-las-familias-cristianas-en-el-estadio-de-la-unidad-deportiva-panamericana-de-cali\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab4 de julio de 1986, Concelebraci\u00f3n para las familias cristianas en el \u00abEstadio de la Unidad Deportiva Panamericana\u00bb de Cali\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39885","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39885","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39885"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39885\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39885"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39885"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39885"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}