{"id":39887,"date":"2016-10-05T23:15:58","date_gmt":"2016-10-06T04:15:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-julio-de-1986-celebracion-de-la-palabra-en-la-cancha-san-judas-tadeo-de-tumaco\/"},"modified":"2016-10-05T23:15:58","modified_gmt":"2016-10-06T04:15:58","slug":"4-de-julio-de-1986-celebracion-de-la-palabra-en-la-cancha-san-judas-tadeo-de-tumaco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/4-de-julio-de-1986-celebracion-de-la-palabra-en-la-cancha-san-judas-tadeo-de-tumaco\/","title":{"rendered":"4 de julio de 1986, Celebraci\u00f3n de la Palabra en la Cancha \u00abSan Judas Tadeo\u00bb de Tumaco"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A COLOMBIA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>CELEBRACI&Oacute;N DE LA PALABRA EN TUMACO<\/p>\n<p> <i><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A EL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/i><br \/><\/b><i> Viernes 4 de julio de 1986<b> <\/b><\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas: <\/i><\/p>\n<p>1. La alegr&iacute;a que siento al encontrarme hoy en Tumaco la quiero expresar con un saludo afectuoso a todos los aqu&iacute; presentes y a cuantos espiritualmente nos acompa&ntilde;an. <\/p>\n<p>Saludo, en primer lugar, al Pastor de este vicariato apost&oacute;lico de Tumaco y a los otros Pastores misioneros, que desde aqu&iacute; hasta la Guajira, Casanare y la Amazonia edific&aacute;is, con celo apost&oacute;lico y grandes sacrificios, la Iglesia de Cristo. <\/p>\n<p>Saludo a los misioneros y misioneras, sacerdotes, religiosos, religiosas y seglares, testigos abnegados y sembradores del Evangelio. Todos, queridos misioneros, est&aacute;is muy dentro de mi coraz&oacute;n y muy presentes en mis oraciones. <\/p>\n<p>Saludo igualmente a los amados hijos de la comunidad morena, as&iacute; como a todos los habitantes de Tumaco y de Nari&ntilde;o, del litoral, las islas y las orillas de los r&iacute;os. Vosotros, tan probados por la naturaleza con terremotos, marejadas e incendios, tan lejanos en la geograf&iacute;a y, a veces, sumidos en la pobreza, a vosotros os digo que sois muy amados por la Madre Iglesia y, en ella, por m&iacute;, que con profundo afecto he querido venir a veros. <\/p>\n<p>En este mi saludo afectuoso quiero abrazar a toda la Colombia misionera, del pasado, del presente y del futuro. Quiero tambi&eacute;n dejaros un mensaje que sea un programa misionero, como continuaci&oacute;n del \u201cs&iacute;gueme\u201d evang&eacute;lico, pronunciado por Jes&uacute;s para todos y cada uno de vosotros, pero especialmente para los que han querido, quieren y querr&aacute;n dedicar su vida al anuncio del Evangelio. <\/p>\n<p>2. Con cu&aacute;nta actualidad resuenan las palabras del Maestro en esta hermosa costa colombiana. Jes&uacute;s, dirigi&eacute;ndose a los disc&iacute;pulos, como hemos escuchado en el Evangelio de San Juan, les dice: \u201c&iquest;que busc&aacute;is?\u201d(<i>Jn<\/i> 1, 38) .&nbsp; <\/p>\n<p>La humanidad busca, de muchas maneras, a Dios. Tiene sed de salvaci&oacute;n. Desea la verdadera felicidad, la verdadera libertad. Como la tierra necesita la lluvia, el mundo tiene necesidad del Evangelio, de la Buena Nueva de Jes&uacute;s. La historia toda se orienta hacia Cristo, hacia su verdad, que nos hace libres (cf. <i>Ibid<\/i>., 8, 32).&nbsp; El Esp&iacute;ritu Santo conduce a los pueblos hacia el Se&ntilde;or. &laquo;El es la fuente del valor, de la audacia y del hero&iacute;smo: &quot;donde est&aacute; el Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or est&aacute; la libertad&quot; (<i>2Co<\/i> 3, 17)&raquo; (Congr. para la Doctrina de la Fe, <i>Libertatis Conscientia<\/i>, 4). <\/p>\n<p>Los hombres, a veces entre dudas y sombras, buscan al Mes&iacute;as, el &uacute;nico capaz de iluminar la vida y la historia porque El es la luz del mundo (cf. <i>Jn<\/i> 8, 12).&nbsp; <\/p>\n<p>La Iglesia fundada por Jesucristo tiene como misi&oacute;n esencial hacer que esa luz llegue hasta los extremos del orbe. Por eso la Iglesia es evangelizadora y misionera: \u201cId, pues, ense&ntilde;ad a todas las gentes\u201d (<i>Mt<\/i> 28, 19).&nbsp; <\/p>\n<p>3. En este encuentro con la Iglesia misionera de Colombia, &iquest;c&oacute;mo no recordar que, dentro de poco, el Nuevo Mundo cumplir&aacute; <i>quinientos a&ntilde;os de evangelizaci&oacute;n<\/i>? La evangelizaci&oacute;n de este continente constituye el testimonio de una Iglesia universal unida y apost&oacute;lica, que va agregando al reino de Cristo a todos los pueblos, con su pluralidad de culturas y de valores humanos. <\/p>\n<p>Nos podemos preguntar: &iquest;de d&oacute;nde deriva esta preocupaci&oacute;n permanente de la Iglesia por una evangelizaci&oacute;n sin fronteras? <\/p>\n<p>Desde el comienzo de la narraci&oacute;n evang&eacute;lica, constatamos como todos los llamados a seguir a Cristo fueron llamados tambi&eacute;n a la evangelizaci&oacute;n: \u201cLlam&oacute; a los que &eacute;l quiso&#8230; para que estuvieran con &eacute;l, y para enviarlos a predicar\u201d (<i>Mc<\/i> 1, 13-14).&nbsp; El \u201cestar con El\u201d, caracter&iacute;stica del seguimiento vocacional (<i>Jn<\/i> 1, 39; 15, 27),&nbsp; se traduce espont&aacute;neamente en el anuncio: \u201chemos encontrado a Jes&uacute;s de Nazaret\u201d (<i>Ibid<\/i>. 1, 45).&nbsp; <\/p>\n<p>Este encargo misionero corresponde principalmente a Pedro y a los dem&aacute;s Ap&oacute;stoles, como principio de unidad y como est&iacute;mulo de la responsabilidad misionera de todo el Pueblo de Dios: \u201cId por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creaci&oacute;n\u201d (<i>Mc<\/i> 16, 15).&nbsp; <\/p>\n<p>Los Ap&oacute;stoles cumplieron su tarea misionera con toda fidelidad. A Pedro, el Se&ntilde;or le hab&iacute;a confiado la misi&oacute;n de mantener la unidad, confirmando la fe de los dem&aacute;s Ap&oacute;stoles (cf. <i>Lc<\/i> 22, 32; <i>Jn<\/i> 21, 15-17). Los sucesores del Colegio Apost&oacute;lico han extendido incansablemente la fe, y los Papas, como Sucesores de Pedro, la han confirmado y animado, defendido y propagado. Y aqu&iacute; est&aacute; con vosotros, queridos hermanos y hermanas, el Papa, Sucesor de Pedro, para confirmaros en vuestra fe, en vuestra entrega total y en vuestra misi&oacute;n sin fronteras. <\/p>\n<p>4. Recordar la historia de la evangelizaci&oacute;n de Colombia es, en nuestros d&iacute;as \u2014ya al final del segundo milenio cristiano\u2014, est&iacute;mulo a incrementar una labor imprescindible que ser&aacute; &iacute;ndice de vitalidad de la Iglesia en el futuro. Vuestra \u201chora misionera\u201d, la de Colombia y la de toda Am&eacute;rica Latina, es el compromiso de una herencia recibida. <\/p>\n<p>Desde hace casi cinco siglos, mis predecesores se han prodigado ininterrumpidamente para que no faltaran misioneros que promovieran la evangelizaci&oacute;n de estos pueblos. Santa Marta, Cartagena, Popay&aacute;n y Santa Fe de Bogot&aacute; fueron las primeras comunidades diocesanas, pujantes de vitalidad; gracias a sus celosos Pastores y a incansables misioneros, la semilla del Evangelio ech&oacute; ra&iacute;ces muy pronto por las tierras que entonces se llamaban Nueva Granada. Bien podemos decir que la gracia divina obr&oacute; aqu&iacute; maravillas. Todav&iacute;a hoy causan admiraci&oacute;n las iniciativas pastorales emprendidas entonces \u2014\u201cdoctrinas\u201d, reducciones y parroquias\u2014 para dar consistencia y ulterior aliento a la propagaci&oacute;n de la fe. Con raz&oacute;n ha dicho el Concilio Vaticano II que en las Iglesias particulares \u201cse encuentra y opera la verdadera Iglesia de Cristo\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651028_christus-dominus_sp.html\">Christus Dominus<\/a><\/i>, 11).&nbsp; <\/p>\n<p>Demostrando particular atenci&oacute;n hacia los lugares m&aacute;s apartados, la Sede Apost&oacute;lica encarg&oacute; a Propaganda Fide algunos territorios, siendo el primero Casanare, encomendado al celo pastoral del santo obispo Ezequiel Moreno, el cual vendr&iacute;a despu&eacute;s a esta bendita tierra de San Andr&eacute;s de Tumaco, vicariato apost&oacute;lico desde hace veinticinco a&ntilde;os. Vaya nuestra gratitud eclesial a las &oacute;rdenes religiosas que misionaron Nueva Granada, as&iacute; como a las dem&aacute;s congregaciones, institutos y asociaciones que han desarrollado una labor incansable para la implantaci&oacute;n y crecimiento de la Iglesia en los territorios misionales. <\/p>\n<p>5. La historia de las misiones en Colombia ha sido grande y gloriosa. Mediante la labor educativa de los misioneros, la Iglesia ha realizado, al mismo tiempo, una inmensa obra cultural y ha llevado el sentido de patria y de naci&oacute;n hasta los l&iacute;mites del territorio colombiano, no siempre f&aacute;ciles de alcanzar por otros agentes. Y si ha habido circunstancias hist&oacute;ricas que m&aacute;s bien han sido obst&aacute;culos a la evangelizaci&oacute;n, la Iglesia ha sabido sufrir amando, avanzando con libertad en el anuncio del Evangelio, como ejemplo de la libertad y de la actitud de martirio que todo evangelizador debe adoptar \u201cNo podemos dejar de hablar\u201d (<i>Hch<\/i> 4, 20).&nbsp; <\/p>\n<p>Por esta costa de Nari&ntilde;o y del Cauca, desde la sede de Pasto, el Beato Ezequiel Moreno dedic&oacute; lo mejor de sus energ&iacute;as para anunciar el reino de Cristo. Algunos territorios misionales se han convertido, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, en Iglesias diocesanas relativamente maduras, y hay misioneros, hijos e hijas de Colombia, que han salido ya para ayudar a otras Iglesias m&aacute;s necesitadas. Cabe esperar que crezca, cada d&iacute;a m&aacute;s, el &iacute;mpetu misionero, a lo cual contribuir&aacute; sin duda el <i>III Congreso Misionero Latinoamericano<\/i> que se celebrar&aacute; en vuestro pa&iacute;s el a&ntilde;o pr&oacute;ximo. <\/p>\n<p>Al recordar la historia de vuestra evangelizaci&oacute;n y de vuestra responsabilidad misionera, se deja o&iacute;r de nuevo, en esta costa colombiana, el eco del \u201cs&iacute;gueme\u201d de Jes&uacute;s. Y yo vislumbro en vuestros rostros e intuyo en vuestros corazones, la misma respuesta de los primeros Ap&oacute;stoles: \u201cSiguieron a Jes&uacute;s&#8230; se quedaron con &eacute;l&#8230; Hemos encontrado al Mes&iacute;as, Jes&uacute;s de Nazaret\u201d (<i>Jn<\/i> 1, 34-35).&nbsp; <\/p>\n<p>S&oacute;lo a la luz de las palabras de Cristo se puede entender y cumplir el compromiso eclesial y misionero que subrayaron audazmente los obispos reunidos en Puebla el a&ntilde;o 1979: \u201cHa llegado para Am&eacute;rica Latina la hora de intensificar los servicios mutuos entre Iglesias particulares y de proyectarse m&aacute;s all&aacute; de sus propias fronteras, \u2018ad gentes\u2019. Debemos dar de nuestra pobreza\u201d (<i>Puebla<\/i>, 368).&nbsp; Yo mismo, en aquella ocasi&oacute;n, les hab&iacute;a recordado la naturaleza misionera de la Iglesia: \u201cEvangelizar es la misi&oacute;n esencial, la vocaci&oacute;n propia, la identidad m&aacute;s profunda de la Iglesia a su vez evangelizada. Enviada por el Se&ntilde;or, ella env&iacute;a a su vez a los evangelizadores a predicar&#8230; Evangelizar no es para nadie un acto individual y aislado, sino profundamente eclesial\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1979\/january\/documents\/hf_jp-ii_spe_19790128_messico-puebla-episc-latam.html\">Discurso a la III Conferencia general del episcopado latinoamericano<\/a><\/i>, 28 de enero de 1979) . <\/p>\n<p>6. Se&ntilde;al de la madurez de una Iglesia es sentirse cada d&iacute;a m&aacute;s misionera. Nosotros todos hemos escuchado el llamado del Se&ntilde;or que nos invita a seguirle para darle a conocer a los hermanos. A veces sentiremos la tentaci&oacute;n de encerrarnos en nuestros propios problemas y necesidades, olvidando el campo sin fronteras de la redenci&oacute;n y de la misi&oacute;n. \u201cNo obstante estas adversidades, la Iglesia reaviva siempre su inspiraci&oacute;n m&aacute;s profunda, la que le viene directamente del Maestro: &iexcl;A todo el mundo! &iexcl;A toda criatura! &iexcl;Hasta los confines de la tierra!\u201d (<i><a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii Nuntiandi<\/a><\/i>, 50).<\/p>\n<p>&iexcl;Cu&aacute;ntos <i>j&oacute;venes<\/i> sienten hoy el llamado fascinante de Cristo y se deciden a arriesgarlo todo por El! &iexcl;Cu&aacute;ntas <i>familias<\/i> se ofrecen a evangelizar plenamente su c&iacute;rculo familiar de \u201ciglesia dom&eacute;stica\u201d (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"> Lumen gentium<\/a><\/i>, 11)&nbsp; y todo el &aacute;mbito de influencia en la sociedad humana y eclesial! Todos necesitan experimentar vivencialmente que la misi&oacute;n es el dinamismo operante de Cristo presente en la Iglesia. La Iglesia es signo \u201cde una nueva presencia de Jesucristo, de su partida y de su permanencia. Ella lo prolonga y lo contin&uacute;a. Ahora bien, es ante todo su misi&oacute;n y su condici&oacute;n de evangelizar lo que ella est&aacute; llamada a continuar\u201d (<i><a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii Nuntiandi<\/a><\/i>, 15).&nbsp; <\/p>\n<p>En efecto, la Iglesia, que se siente unida a Cristo, no puede dejar de ser misionera; pues la vitalidad misionera brota espont&aacute;neamente del mismo ser de la Iglesia, como Cuerpo vivo de Cristo que tiende a difundirse a todos los lugares, culturas y tiempos. <\/p>\n<p>7. A este cometido nos impulsa la presencia de Cristo resucitado, especialmente en la Eucarist&iacute;a, que es \u201ccomo la fuente y la culminaci&oacute;n de toda la evangelizaci&oacute;n\u201d(<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html\">Presbyterorum Ordinis<\/a><\/i>, 5) .&nbsp; Cuando somos y nos sentimos Iglesia contamos con la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo, que fue prometido y comunicado a la misma Iglesia, para que &eacute;sta se abriera al mundo entero (Cf. <i>Hch<\/i> 1, 8; 13, 3 ss.; <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\"> Ad gentes<\/a><\/i>, 4).&nbsp; <\/p>\n<p>Y, &iquest;c&oacute;mo no alegrarnos al ver aqu&iacute; presentes a tantos grupos de cristianos que buscan una <i>aut&eacute;ntica renovaci&oacute;n<\/i> a la luz de la Palabra de Dios y de la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu enviado por Jes&uacute;s? Hoy todos queremos ver renovada nuestra Iglesia; pero no podemos olvidar que \u201cla gracia de la renovaci&oacute;n de las comunidades no puede crecer si no extiende cada uno los campos de la caridad hasta los &uacute;ltimos confines de la tierra, y no tiene por los que est&aacute;n lejos una preocupaci&oacute;n semejante a la que siente por sus propios miembros\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/i>, 37).&nbsp; <\/p>\n<p>8. La Iglesia ha dedicado siempre sus mejores esfuerzos a la obra evangelizadora entre los \u201c<i>ind&iacute;genas<\/i>\u201d, pero hay que recordar que est&aacute;n \u201chabitualmente marginados de los bienes de la sociedad y, en algunos casos, o no evangelizados o evangelizados en forma insuficiente\u201d (<i>Puebla<\/i>, 365).&nbsp; Personalmente, en mis viajes al continente latinoamericano, he hablado a ellos mismos o sobre su situaci&oacute;n. La Iglesia no puede quedar en silencio ni pasiva ante la marginaci&oacute;n de muchos de ellos; por esto los acompa&ntilde;a valiente y pac&iacute;ficamente, como exige el Evangelio, en especial cuando se trata de defender sus leg&iacute;timos derechos a sus propiedades, al trabajo, a la educaci&oacute;n y participaci&oacute;n en la vida p&uacute;blica del pa&iacute;s. La evangelizaci&oacute;n de los ind&iacute;genas enriquece a la Iglesia universal y a toda la humanidad, desde el punto de vista cultural, social y religioso. La obra misionera no es nunca destructora, sino de purificaci&oacute;n y de construcci&oacute;n (cf. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0038\/__PD.HTM\">Redemptor Hominis<\/a><\/i>, 12; cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\"> Ad gentes<\/a><\/i>, 11)&nbsp; <\/p>\n<p>9. Finalmente, quiero insistir en el deber particular de todo creyente y de toda comunidad eclesial de orar y sacrificarse por la obra misionera. <i>La oraci&oacute;n y el sufrimiento cristiano<\/i> son imprescindibles para la evangelizaci&oacute;n. \u201cRogad al Se&ntilde;or de la mies\u201d(<i>Mt<\/i> 9, 37),&nbsp; nos ense&ntilde;&oacute; Cristo. <\/p>\n<p>Orad, pues, todos, a ejemplo de Santa Teresa de Lisieux, Patrona de las misiones, por la labor abnegada, muchas veces dif&iacute;cil, a menudo incomprendida, de los misioneros y de todos los agentes de la evangelizaci&oacute;n. Orad tambi&eacute;n por el trabajo de animaci&oacute;n misionera en todo el Pueblo de Dios, ya desde la infancia, puesto que de esta animaci&oacute;n depende el futuro de la propagaci&oacute;n de la fe en todo el mundo. Orad asimismo por aquellas Iglesias que un d&iacute;a, mediante el env&iacute;o de misioneros y recursos hicieron nacer y ayudaron al crecimiento de las Iglesias del Nuevo Mundo, y hoy necesitan de vuestra oraci&oacute;n ante Dios, para consolidar una vez m&aacute;s la esperanza y la caridad, sinti&eacute;ndose unidas entre s&iacute; y plenas de vitalidad, para seguir siendo, con vosotros, la luz del mundo y la sal de la tierra. \u201cLa oraci&oacute;n es siempre la voz de todos aquellos que aparentemente no tienen voz\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0035\/__PL.HTM\">Dominum et Vivificantem<\/a><\/i>, 65).&nbsp; <\/p>\n<p>10. Amados misioneros y misioneras: Mis palabras van dirigidas de modo especial a todos vosotros que hab&eacute;is entregado vuestras vidas para anunciar el Evangelio a todos los pueblos. Os exhorto a ser siempre fieles a vuestra misi&oacute;n, que es religiosa y evang&eacute;lica. No ced&aacute;is a la tentaci&oacute;n de una antropolog&iacute;a estrecha que no entendiera plenamente la verdad sobre el hombre y que no respetara la prioridad absoluta del anuncio del Evangelio. Continuad vuestra obra educativa y asistencial que es labor de Iglesia y que hab&eacute;is realizado siempre en esp&iacute;ritu de progreso integral y de civilizaci&oacute;n plenamente humana, de modo especial con los m&aacute;s pobres y necesitados. Sab&eacute;is que cont&aacute;is con el cari&ntilde;o y el aprecio de vuestras comunidades, servidas por vosotros con sacrificio y constancia estad seguros de que el Papa, los obispos y el pueblo colombiano os profesan profundo aprecio y gratitud. <\/p>\n<p>El IV centenario de la Virgen del Rosario de Chiquinquir&aacute; llene a los misioneros de Colombia de prontitud para anunciar el Evangelio de paz, a imitaci&oacute;n de Ella que, al concebir el Verbo de Dios en su seno, sale con premura para llevar a Cristo a los dem&aacute;s (cf. <i>Lc<\/i> 1, 39).&nbsp; Confi&eacute;mosle a la Virgen Madre la labor misionera en Colombia, y de Colombia para el mundo; con Ella nuestra esperanza no desfallecer&aacute; y as&iacute; las generaciones futuras podr&aacute;n gozar, como todos nosotros, del privilegio de haber sido llamados, por la misericordia de Dios, a recibir la fe y, con ella, la exigencia de compartirla con todos los hermanos. <\/p>\n<p>A todos los aqu&iacute; presentes, a vuestras familias, en particular a los enfermos, a los ni&ntilde;os, a los que sufren, imparto de coraz&oacute;n, en prenda de abundantes gracias divinas, mi Bendici&oacute;n Apost&oacute;lica. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1986 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A COLOMBIA CELEBRACI&Oacute;N DE LA PALABRA EN TUMACO HOMIL&Iacute;A EL SANTO PADRE JUAN PABLO II Viernes 4 de julio de 1986 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: 1. 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