{"id":39889,"date":"2016-10-05T23:16:06","date_gmt":"2016-10-06T04:16:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-julio-de-1986-concelebracion-eucaristica-en-el-parque-simon-bolivar-de-bogota\/"},"modified":"2016-10-05T23:16:06","modified_gmt":"2016-10-06T04:16:06","slug":"2-de-julio-de-1986-concelebracion-eucaristica-en-el-parque-simon-bolivar-de-bogota","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-julio-de-1986-concelebracion-eucaristica-en-el-parque-simon-bolivar-de-bogota\/","title":{"rendered":"2 de julio de 1986, Concelebraci\u00f3n eucar\u00edstica en el Parque \u00abSim\u00f3n Bol\u00edvar\u00bb de Bogot\u00e1"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A COLOMBIA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA <span lang=\"es\">EN EL PARQUE SIM&Oacute;N BOL&Iacute;VAR DE BOGOT&Aacute;<\/span><br \/><\/b><br \/> <b><i><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/i><\/b> <i><br \/>Mi&eacute;rcoles 2 de julio de 1986<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p> <i>\u201cLos confines de la tierra ver&aacute;n la salvaci&oacute;n de nuestro Dios\u201d <\/i> (<i>Is<\/i> 52, 10) <i>&nbsp;<\/i><\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas: <\/i><\/p>\n<p>1. La lectura del profeta Isa&iacute;as, que hemos escuchado, nos invita a seguir las huellas de Dios que nos salva; de Dios que revela sus designios de salvaci&oacute;n hasta los extremos de la tierra; del Se&ntilde;or que derrama a manos llenas sus bendiciones a todos los hombres y a todas las naciones. <\/p>\n<p>Hoy y aqu&iacute; se est&aacute; cumpliendo en medio de nosotros esta profec&iacute;a, que es anuncio de salvaci&oacute;n y de paz. Por eso, os invito a participar en la acci&oacute;n lit&uacute;rgica m&aacute;s santa y solemne que nos ofrece la misericordia del Se&ntilde;or: la celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a. Jes&uacute;s resucitado, Pan de vida y Pr&iacute;ncipe de la Paz, se hace presente entre nosotros y hace presente su misterio pascual, para decirnos una vez m&aacute;s, pero siempre con el mismo amor: \u201cLa paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo\u201d (<i>Jn<\/i> 14, 27).&nbsp; <\/p>\n<p>Las palabras de Jes&uacute;s, su presencia real en el sacramento eucar&iacute;stico que estamos celebrando en este altar sobre el que late en estos momentos el coraz&oacute;n de Colombia, inundan de luz nuestros propios corazones para que apreciemos cada vez m&aacute;s y convirtamos en inspiraci&oacute;n de nuestras vidas los bienes que Cristo nos dej&oacute;: &iexcl;su herencia de paz! <\/p>\n<p>En este d&iacute;a, en que nos hemos congregado en el parque \u201cSim&oacute;n Bol&iacute;var\u201d para celebrar la Eucarist&iacute;a, doy gracias a Dios, junto con todos vosotros, amados hijos e hijas de Colombia, por el don de la salvaci&oacute;n cristiana, que vuestra tierra recibi&oacute; hace ya casi cinco siglos. <\/p>\n<p>2. Como Peregrino de paz, saludo con especial afecto a mis hermanos en el Episcopado los obispos de Colombia y los obispos representantes de los Episcopados de Am&eacute;rica Latina, que participan en la reuni&oacute;n de coordinaci&oacute;n del CELAM. Saludo igualmente a los amados sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles de las provincias eclesi&aacute;sticas de Bogot&aacute; e Ibagu&eacute;; a las di&oacute;cesis de Espinal, Facatativ&aacute;, Garz&oacute;n, Girardot, Neiva, Villavicencio y Zipaquir&aacute;. <\/p>\n<p>Por los caminos de Colombia que ahora comienzo a recorrer, deseo ser para vosotros el mensajero de los bienes mesi&aacute;nicos de salvaci&oacute;n y, concretamente, del don por excelencia: la paz. <\/p>\n<p>La paz que Cristo nos promete (<i>Jn<\/i> 14, 27)&nbsp; y nos comunica es \u201cla salvaci&oacute;n de nuestro Dios\u201d (<i>Is<\/i> 52, 10).&nbsp; La gracia del bautismo nos configura con Cristo, nos hace semejantes a El, nos reviste de El, hasta participar en su misma filiaci&oacute;n divina, como nos ha ense&ntilde;ado San Pablo: \u201cTodos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jes&uacute;s. En efecto, todos los bautizados en Cristo os hab&eacute;is revestido de Cristo\u201d (<i>Ga<\/i> 3, 26-27.&nbsp; Y si todos somos hijos de Dios, hermanos de Cristo Jes&uacute;s, por haber recibido el mismo bautismo y el mismo Esp&iacute;ritu, y por haber participado en el mismo \u201cPan de vida\u201d (<i>Jn<\/i> 6, 48),&nbsp; &iquest;no es verdad que la paz debe ser una realidad en todos los corazones, en todas vuestras familias y en toda vuestra patria? <\/p>\n<p>3. La salvaci&oacute;n que Dios mismo, Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo, ofrece a la humanidad en Jesucristo Redentor es una <i>vida nueva<\/i>, que es <i>la medida y la caracter&iacute;stica de los hijos adoptivos de Dios<\/i>. Es la participaci&oacute;n, mediante la gracia santificante, en la filiaci&oacute;n divina de Cristo, Hijo de Dios hecho hombre por nosotros. En efecto, el Hijo de Dios, encarn&aacute;ndose en el seno de la Virgen Mar&iacute;a, \u201cse ha unido, en cierto modo, con todo hombre\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/i>, 22).&nbsp; Con la fuerza del Esp&iacute;ritu, que nos ha comunicado Jes&uacute;s, muerto y resucitado, despu&eacute;s de su vuelta al Padre, desea Jes&uacute;s mismo extender a todos y cada uno el don de esta filiaci&oacute;n divina que es la gracia para nuestra naturaleza humana y el fundamento de la paz personal y social. De este modo participamos en la misi&oacute;n de la Iglesia que es \u201csacramento universal de salvaci&oacute;n\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 48)&nbsp; y \u201cel coraz&oacute;n de la humanidad\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0035\/__PM.HTM\">Dominum et Vivificantem<\/a><\/i>, 67).&nbsp; <\/p>\n<p>Tambi&eacute;n nosotros estamos \u201crevestidos de Cristo\u201d,&nbsp; puesto que por el bautismo hemos sido transformados en imagen suya y participamos de la filiaci&oacute;n divina. Cristo une fraternalmente entre s&iacute; a quienes reciben su vida divina. Los dones diferentes, que recibimos de Dios, son para servir mejor a todos los dem&aacute;s hermanos. La econom&iacute;a de la fe implica una liberaci&oacute;n contrapuesta a toda forma de discriminaci&oacute;n. La imagen, presentada por San Pablo, del nuevo ser cristiano \u201crevestido de Cristo\u201d tiende a superar todo tipo de discriminaci&oacute;n humana. En efecto, todo lo que divide y separa artificialmente a los hombres, por ejemplo, la injusta distribuci&oacute;n de los bienes o la lucha de clases, no pertenece al nuevo ser cristiano. <\/p>\n<p>Por el bautismo \u201cpertenecemos a Cristo, y, por ello mismo, nos hacemos \u201cherederos de Dios\u201d. Este bien de la herencia divina es el bien de la salvaci&oacute;n, actualizado, incesantemente en vosotros por el Esp&iacute;ritu Santo, obrador de la gracia y de la vida eterna. Por esto, Jesucristo llam&oacute; al Esp&iacute;ritu Santo \u201cPar&aacute;clito\u201d, es decir, \u201cconsolador\u201d, \u201cintercesor\u201d, \u201cabogado\u201d. La paz que nos da Jes&uacute;s est&aacute; fundamentada en este don que transforma al hombre y a la sociedad desde el coraz&oacute;n del hombre mismo. Es el don que, \u201cmediante el misterio pascual, es dado de un modo nuevo a los Ap&oacute;stoles y a la Iglesia y, por medio de ellos, a la humanidad y al mundo entero\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0035\/__P8.HTM\">Dominum et Vivificantem<\/a><\/i>, 23).&nbsp; <\/p>\n<p>4. Durante la &uacute;ltima Cena, que nosotros conmemoramos ahora, Jes&uacute;s, al prometernos como herencia su paz y su salvaci&oacute;n, nos indic&oacute; el requisito que hemos de poner por parte nuestra: <i>el amor<\/i>. Este amor es un don suyo y es tambi&eacute;n colaboraci&oacute;n nuestra. En realidad, es <i>el fruto del Esp&iacute;ritu Santo enviado por Jes&uacute;s<\/i> de parte del Padre. Oigamos las palabras del Se&ntilde;or, que ahora repite para cada uno de nosotros: \u201cSi alguno me ama, guardar&aacute; mi palabra, y mi Padre le amar&aacute;, y vendremos a &eacute;l y haremos morada en &eacute;l&#8230; El Esp&iacute;ritu Santo, que el Padre enviar&aacute; en mi nombre, os lo ense&ntilde;ar&aacute; todo\u201d (<i>Jn<\/i> 14, 23-26).&nbsp; <\/p>\n<p>S&iacute;, amad&iacute;simos hermanos, el bien de la salvaci&oacute;n \u2014que es paz, gracia y perd&oacute;n\u2014 brota, como de un manantial inagotable, de esa inhabitaci&oacute;n de Dios en nosotros <i>por el amor<\/i>. El \u201cDulce hu&eacute;sped del alma\u201d, inundando los corazones de su gracia y de su amor, anticipa ya en ellos el comienzo de la vida eterna, que consiste en la paz duradera dentro de las personas, de las familias y de los pueblos. <i>La vida eterna<\/i>, en efecto, <i>es la presencia feliz y la permanencia del hombre en Dios mediante el amor<\/i>. A esta vida eterna estamos llamados en Jesucristo, a ella nos conduce interiormente el Esp&iacute;ritu Santo Par&aacute;clito mediante su acci&oacute;n santificante. <\/p>\n<p>5. En mi reciente Enc&iacute;clica sobre el Esp&iacute;ritu Santo, invito a todos a orar por la paz y a construir la paz: \u201cLa paz es fruto del amor: esa paz interior que el hombre cansado busca en la intimidad de su ser; esa paz que piden la humanidad, la familia humana, los pueblos, las naciones, los continentes, con la ansiosa esperanza de obtenerla en la perspectiva del paso del segundo milenio cristiano\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0035\/__PM.HTM\">Dominum et Vivificantem<\/a><\/i>, 67).&nbsp; As&iacute;, pues, \u201cla salvaci&oacute;n de nuestro Dios\u201d en todos los confines de la tierra, entre todos los pueblos y culturas, se despliega <i>mediante el coraz&oacute;n pacificado del hombre<\/i>. Entonces participa de esta paz y salvaci&oacute;n toda la comunidad de los hombres, en primer lugar <i>la familia<\/i>, la cual tiene un cometido primordial e insustituible en la obra de la salvaci&oacute;n ofrecida por Dios en Jesucristo a la humanidad entera. La familia es entonces evangelizada y evangelizadora, recibe la paz y transmite la paz. \u201cPor ello la familia recibe la misi&oacute;n de custodiar, revelar y comunicar el amor, como reflejo vivo y participaci&oacute;n real del amor de Dios por toda la humanidad y del amor de Cristo Se&ntilde;or a la Iglesia su esposa\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html\">Familiaris Consortio<\/a><\/i>, 17).&nbsp; <\/p>\n<p>En mi solicitud pastoral por toda la Iglesia no he cesado de poner de relieve el puesto que ocupa la familia como fundamento de la sociedad humana y cristiana, de cuya unidad, fidelidad y fecundidad depende la estabilidad y la paz de los pueblos. Colombia no puede renunciar a su tradici&oacute;n de respeto y de apoyo decidido a los valores que, cultivados en el n&uacute;cleo familiar, son factor muy significativo en el desarrollo moral de sus relaciones sociales y forman el tejido de una sociedad que pretende ser s&oacute;lidamente humana y cristiana. <\/p>\n<p>S&eacute; que vuestros Pastores os han puesto repetidas veces en guardia contra los peligros a que hoy est&aacute; expuesta la familia. Me uno a ellos en esta urgente y noble tarea pastoral de procurar a la familia una formaci&oacute;n adecuada para que sea agente insustituible de evangelizaci&oacute;n y base de la solidaridad y de la paz en la sociedad. Damos gracias a Dios porque \u201chay familias, verdaderas \u201ciglesias dom&eacute;sticas\u201d, en cuyo seno se vive la fe, se educa a los hijos en la fe y se da buen ejemplo de amor, de mutuo entendimiento y de irradiaci&oacute;n de ese amor al pr&oacute;jimo en la parroquia y en la di&oacute;cesis\u201d (<i>Puebla<\/i>, 94).&nbsp; &iexcl;S&iacute;!, \u201cla familia cristiana es el primer centro de evangelizaci&oacute;n\u201d (<i>Ibid<\/i>., 617),&nbsp; es tambi&eacute;n la \u201cescuela del m&aacute;s rico humanismo (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/i>, 52),&nbsp; y, como tal, es inagotable cantera de vocaciones cristianas y formadora de hombres y mujeres, constructores de la justicia y de la paz universal en el amor de Cristo. <\/p>\n<p>6. Am&eacute;rica Latina es amante de la paz. Sabe que este don supremo es condici&oacute;n indispensable para su progreso. Pero, a la vez, es consciente de los m&uacute;ltiples peligros que atentan contra una paz estable: \u201cBaste pensar en la carrera armament&iacute;stica y en el peligro, que la misma conlleva, de una autodestrucci&oacute;n nuclear. Por otra parte, se hace cada vez m&aacute;s patente a todos la grave situaci&oacute;n de extensas regiones del planeta, marcadas por la indigencia y el hambre que llevan a la muerte\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0035\/__PI.HTM\">Dominum et Vivificantem<\/a><\/i>, 57).&nbsp; <\/p>\n<p>Si cada cristiano y cada comunidad eclesial se convirtieran en ardientes mensajeros de paz, &eacute;sta ser&iacute;a pronto una realidad en la comunidad humana. Colombianos todos: &iquest;por qu&eacute; no hacer de este serio compromiso por la paz un fruto de la visita del Papa a vuestro pa&iacute;s? Quisiera poder aplicar a cada uno de los aqu&iacute; presentes y a todos los que me escuchan, las palabras del profeta Isa&iacute;as: &laquo;Qu&eacute; hermosos sobre los montes <i>los pies del mensajero que anuncia la paz<\/i>, que trae buenas nuevas, que anuncia la salvaci&oacute;n, que dice a Si&oacute;n: \u201cya reina tu Dios\u201d&raquo; (<i>Is<\/i> 52, 7).&nbsp; <\/p>\n<p>La Buena Nueva de este reino de Dios es un mensaje de libertad: Dios ha liberado a su pueblo. Y por eso, habr&aacute; siempre ap&oacute;stoles y misioneros, que anuncien al pueblo de la Nueva Alianza la venida y la presencia del Reino. Estos \u201cmensajeros\u201d proclaman la verdad revelada sobre Dios, sobre el mundo y sobre el hombre, a la luz del mensaje de Jes&uacute;s crucificado y resucitado, por m&aacute;s que su mensaje resulte duro y molesto a los o&iacute;dos de quienes prefieren los \u201c&iacute;dolos\u201d de este mundo. El mensajero de la paz evang&eacute;lica est&aacute; dispuesto a dar testimonio con sus palabras y con la ofrenda \u201cmartirial\u201d de su propia vida. <\/p>\n<p>7. Al comienzo de mi visita pastoral por tierras colombianas doy gracias a Dios desde lo m&aacute;s hondo de mi coraz&oacute;n, por todos <i>los mensajeros de la Buena Nueva<\/i>, que a lo largo de casi cinco siglos han injertado en vuestros corazones el Evangelio, como fuente de paz para los individuos, las familias y la sociedad. <\/p>\n<p>Doy tambi&eacute;n infinitas gracias a Dios por todos los mensajeros que en nuestros d&iacute;as consagran calladamente su vida y sus energ&iacute;as a anunciar el mensaje evang&eacute;lico de la paz. El mensajero que \u201canuncia la paz\u201d es el mismo que \u201ctrae buenas nuevas, que anuncia la salvaci&oacute;n\u201d como dice el profeta Isa&iacute;as (<i>Is<\/i> 52, 7).&nbsp; Pero esta paz es ahora la paz que Cristo nos prometi&oacute; y nos dej&oacute; en herencia. Es su propia paz, en contraposici&oacute;n a la falsa paz que prometen los &iacute;dolos de este mundo (cf. <i>Jn<\/i> 14, 27).&nbsp; &iexcl;Ojal&aacute; cada uno de vosotros y cada una de vuestras comunidades y familias goce de la paz que Cristo nos regala! Y que todos se&aacute;is sembradores de la paz, sin fronteras de tiempo y lugar. <\/p>\n<p>Esta paz, fruto del amor entre Dios y los hombres, y obra de la justicia, es el bien mesi&aacute;nico por excelencia; la primicia de la salvaci&oacute;n y de la liberaci&oacute;n definitiva que todos anhelamos. <\/p>\n<p>La paz de Cristo es diversa de la del mundo, que se desvanece y agota en el bienestar ef&iacute;mero, en alegr&iacute;as y placeres pasajeros.&nbsp; La paz de Cristo no ahorra en verdad pruebas y tribulaciones, pero es siempre fuente de serenidad y de felicidad, porque lleva consigo la plenitud de vida, que mana a raudales de la presencia del Se&ntilde;or en los corazones. Si el nacimiento de Cristo fue el evento de paz para los hombres (cf. <i>Lc<\/i> 2, 14),&nbsp; su \u201cvuelta\u201d o \u201cpaso\u201d hacia el Padre, por la muerte y resurrecci&oacute;n, se convirti&oacute; en la fuente de este don que es exclusivo de Cristo: \u201cLa paz os dejo, mi paz os doy\u201d (<i>Jn<\/i> 14, 27).&nbsp; He ah&iacute; el don que el Se&ntilde;or comunica a todos los hombres de buena voluntad. <\/p>\n<p>8. Hab&eacute;is querido que mi visita pastoral a vosotros est&eacute; marcada por el sello de la paz: \u201cCon la paz de Cristo por los caminos de Colombia\u201d. S&eacute; que este lema coincide con la aspiraci&oacute;n a la paz, anhelo arraigado en el coraz&oacute;n de este pueblo. Los largos y crueles a&ntilde;os de violencia que han afectado a Colombia no han podido destruir el deseo vehemente de alcanzar una paz justa y duradera. S&eacute; que ha habido generosas iniciativas encaminadas a fomentar el di&aacute;logo y la concordia para conseguir una paz estable. En este sentido no puedo menos de alentaros, a todos los colombianos sin excepci&oacute;n, a proseguir sin descanso por derroteros de paz, conscientes de que &eacute;sta, sin dejar de ser tarea humana, es primordialmente un don de Dios. Reducirse pues a promover s&oacute;lo proyectos limitados y humanos de paz, equivaldr&iacute;a a ir en pos de fracasos y desilusiones. Para llevar a cabo esta tarea inmensa de lograr la paz \u2014que exige perd&oacute;n y reconciliaci&oacute;n\u2014, el primer paso, que estoy seguro que dar&eacute;is cada uno de vosotros, es el de desterrar de los corazones cualquier residuo de rencor y de resentimiento. Los a&ntilde;os de violencia han producido heridas personales y sociales que es necesario resta&ntilde;ar. La violencia que siega tantas vidas inocentes tiene su origen en el coraz&oacute;n de los hombres. Por esto un coraz&oacute;n que reza de verdad el \u201cPadre nuestro\u201d y que se convierte a Dios, rechazando el pecado, no es capaz de sembrar la muerte entre los hermanos. <\/p>\n<p>9. &iquest;Qui&eacute;n puede negarse a perdonar cuando sabe que &eacute;l mismo ha sido ya perdonado repetidas veces por la misericordia de Dios? \u201cLa paz comienza en el coraz&oacute;n del hombre que acepta la ley divina, que reconoce a Dios como Padre y a los dem&aacute;s hombres como hermanos\u201d (<i>Discurso a los obispos colombianos en visita &laquo;ad limina Apostolorum&raquo;<\/i>, 22 de febrero de 1985). <\/p>\n<p>\u201cBienaventurados los constructores de la paz porque se llamar&aacute;n hijos de Dios\u201d (<i>Mt<\/i> 5, 9).&nbsp; La paz es una obra ingente, que requiere un perpetuo quehacer por parte de todos los colombianos. Y por que supone un perpetuo quehacer, realmente superior a las solas fuerzas humanas, vuestros templos y santuarios, dedicados muchos de ellos a Cristo y a la Sant&iacute;sima Virgen, deben convertirse en centros de oraci&oacute;n comunitaria y comprometida por la paz. <\/p>\n<p>10. Por desgracia, muchos hombres en el mundo contempor&aacute;neo se han dejado seducir por la tentaci&oacute;n de la violencia armada, hasta llegar en muchas partes a los extremos insensatos del terrorismo que s&oacute;lo deja tras de s&iacute; desolaci&oacute;n y muerte. Desde esta ciudad de Bogot&aacute; hago un llamado vehemente a quienes contin&uacute;an por el camino de la guerrilla, para que orienten sus energ&iacute;as \u2014inspiradas acaso por ideales de justicia\u2014 hacia acciones constructivas y reconciliadoras que contribuyan verdaderamente al progreso del pa&iacute;s. Os exhorto a poner fin a la destrucci&oacute;n y a la muerte de tantos inocentes en campos y ciudades. <\/p>\n<p>Hermanos y hermanas querid&iacute;simos, gracias a vuestro compromiso de haceros constructores de la paz, la salvaci&oacute;n de Cristo ya empieza a ser realidad: \u201cPorque los confines de la tierra ver&aacute;n la salvaci&oacute;n de nuestro Dios\u201d (<i>Is<\/i> 52, 10).&nbsp; <\/p>\n<p>Doy gracias al Se&ntilde;or, junto con vosotros, por la obra de salvaci&oacute;n, que se ha realizado aqu&iacute; a lo largo de los cinco siglos de evangelizaci&oacute;n. En el cuarto centenario de la Virgen del Rosario de Chiquinquir&aacute;, encomiendo el futuro de la Iglesia y de la sociedad a Mar&iacute;a, fiel a los designios salv&iacute;ficos del Padre, Madre virginal de Cristo, instrumento de gozo en el Esp&iacute;ritu Santo y Reina de la Paz. Como Jes&uacute;s os digo: \u201cLa paz os dejo, mi paz os doy&#8230; No se turbe vuestro coraz&oacute;n ni se acobarde\u201d (<i>Jn<\/i> 14, 27).&nbsp; <\/p>\n<p>&iexcl;Pueblo de Dios! \u201cYa reina tu Dios\u201d en esta tierra (cf. <i>Is<\/i> 52, 7).&nbsp; <i>&iexcl;T&uacute; Dios reina! As&iacute; sea<\/i>. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1986 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A COLOMBIA SANTA MISA EN EL PARQUE SIM&Oacute;N BOL&Iacute;VAR DE BOGOT&Aacute; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Mi&eacute;rcoles 2 de julio de 1986 &nbsp; \u201cLos confines de la tierra ver&aacute;n la salvaci&oacute;n de nuestro Dios\u201d (Is 52, 10) &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: 1. La lectura del profeta Isa&iacute;as, que hemos escuchado, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-julio-de-1986-concelebracion-eucaristica-en-el-parque-simon-bolivar-de-bogota\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab2 de julio de 1986, Concelebraci\u00f3n eucar\u00edstica en el Parque \u00abSim\u00f3n Bol\u00edvar\u00bb de Bogot\u00e1\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39889","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39889","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39889"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39889\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39889"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39889"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39889"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}