{"id":39892,"date":"2016-10-05T23:16:17","date_gmt":"2016-10-06T04:16:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/23-de-marzo-de-1986-santa-misa-del-domingo-de-ramos-primera-jornada-mundial-de-la-juventud\/"},"modified":"2016-10-05T23:16:17","modified_gmt":"2016-10-06T04:16:17","slug":"23-de-marzo-de-1986-santa-misa-del-domingo-de-ramos-primera-jornada-mundial-de-la-juventud","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/23-de-marzo-de-1986-santa-misa-del-domingo-de-ramos-primera-jornada-mundial-de-la-juventud\/","title":{"rendered":"23 de marzo de 1986, Santa misa del Domingo de Ramos &#8211; Primera Jornada Mundial de la Juventud"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">DOMINGO DE RAMOS<br \/>PRIMERA JORNADA MUNDIAL&nbsp; DE LA JUVENTUD<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b><br \/>Domingo 23 de marzo de 1986<\/font><\/i><\/p>\n<p> <\/p>\n<p align=\"left\">1. \u201c&iexcl;Bendito el <i>que viene en nombre del Se&ntilde;or, el Rey de Israel! &iexcl;Hosanna en el cielo!<\/i>\u201d (Ant&iacute;fona de entrada).<\/p>\n<p align=\"left\">Estas palabras se han proclamado precisamente hoy, el d&iacute;a en que la Iglesia celebra, cada a&ntilde;o, este recuerdo: el Domingo de Ramos.<\/p>\n<p align=\"left\">Estas palabras fueron pronunciadas con entusiasmo por los hombres que <i>hab&iacute;an ido a Jerusal&eacute;n para la fiesta de Pascua<\/i>, como hab&iacute;a ido tambi&eacute;n Jes&uacute;s para celebrar su Pascua.<\/p>\n<p align=\"left\">Seg&uacute;n dice el texto lit&uacute;rgico, est&aacute;s palabras fueron proclamadas de modo particular por los j&oacute;venes: \u201cpueri hebraeorum\u201d. <i>La participaci&oacute;n de los j&oacute;venes<\/i> en el acontecimiento del Domingo de Ramos es ya una tradici&oacute;n. De ello da testimonio tambi&eacute;n la ciudad de Roma y, especialmente, esta plaza de San Pedro. Este testimonio ha sido particularmente significativo en<i> los dos &uacute;ltimos a&ntilde;os<\/i>: el A&ntilde;o del Jubileo, de la Redenci&oacute;n y el <i>A&ntilde;o Internacional de la Juventud<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Queridos j&oacute;venes amigos: <i>Hoy est&aacute;is de nuevo aqu&iacute;<\/i> para comenzar en Roma, en la plaza de San Pedro, <i>la tradici&oacute;n de la jornada de la Juventud<\/i>, a cuya celebraci&oacute;n ha sido invitada toda la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">Doy cordialmente la bienvenida y saludo <i>a todos los que hab&eacute;is venido<\/i> no s&oacute;lo de Roma y de Italia, sino tambi&eacute;n de Espa&ntilde;a, de Francia, de Suiza, de Yugoslavia, de Alemania, de Austria y de otros diversos pa&iacute;ses. Saludo a todos los aqu&iacute; <i>presentes<\/i>. Y al mismo tiempo en vosotros saludo a todos los que no est&aacute;n aqu&iacute;, pero que hoy \u2014o en cualquier otro d&iacute;a del a&ntilde;o, seg&uacute;n las diversas circunstancias\u2014 manifiestan esta unidad que <i>es la Iglesia de Cristo en la comunidad de los j&oacute;venes<\/i>. Por tanto, deseo saludar ahora a todos los que en todas partes \u2014en cualquier pa&iacute;s de los cinco continentes\u2014 celebran <i>la Jornada de la juventud<\/i>. El punto de referencia para esta jornada sigue siendo, como cada a&ntilde;o, el Domingo de Ramos.<\/p>\n<p align=\"left\">Os agradezco el hecho de <i>haberos preparado<\/i> a este domingo, aqu&iacute; en Roma, con esp&iacute;ritu de recogimiento y oraci&oacute;n, meditando el misterio pascual de Cristo, vinculado a la cruz y a la resurrecci&oacute;n. Este misterio revela del modo m&aacute;s profundo a Dios: <i>Dios que es Amor<\/i>: Dios que \u201ctanto am&oacute; al mundo, que le dio su unig&eacute;nito Hijo\u201d (<i>Jn<\/i> 3, 16). Al mismo tiempo este misterio permite al hombre <i>comprenderse totalmente a s&iacute; mismo: hombre<\/i>, en su dignidad y su vocaci&oacute;n, como nos ense&ntilde;a el Concilio Vaticano II.<\/p>\n<p align=\"left\">3. <i>Hoy<\/i>, por consiguiente, <i>todos nosotros miramos a Cristo<\/i> \u2014este Cristo\u2014 que (seg&uacute;n la predicci&oacute;n del Profeta), <i>viene a Jerusal&eacute;n<\/i> montado sobre un pollino, seg&uacute;n la costumbre del lugar. Los Ap&oacute;stoles han puesto sus vestidos encima, para que Jes&uacute;s pudiera estar sentado. Y cuando se encontraba cerca de la bajada del Monte de los Olivos, todo el grupo de los disc&iacute;pulos, exultante, <i>comenz&oacute; a alabar a Dios a voces<\/i>, por los prodigios que hab&iacute;a visto (cf. <i>Lc<\/i> 19, 37). <\/p>\n<p align=\"left\">Efectivamente, en su tierra natal, Jes&uacute;s hab&iacute;a conseguido ya llegar con la Buena Nueva a mucha gente, a muchos hijos a hijas de Israel, a los ancianos y a los j&oacute;venes, a las mujeres y a los ni&ntilde;os. <i>Y ense&ntilde;aba actuando: haciendo el bien<\/i>. Revelaba a Dios como Padre. Lo manifestaba con las obras y la palabra. Haciendo el bien a todos, de modo particular a los pobres y a los que sufren, preparaba en sus corazones <i>el camino para la aceptaci&oacute;n de la Palabra<\/i>, aun cuando esta Palabra resultase, en un primer momento, incomprensible, como lo fue, por ejemplo, el primer anuncio de la Eucarist&iacute;a; e incluso cuando esta <i>Palabra<\/i> era <i>exigente<\/i>, por ejemplo, sobre la indisolubilidad del matrimonio. Tal era y tal permanece.<\/p>\n<p align=\"left\">Entre las palabras pronunciadas por Jes&uacute;s de Nazaret se encuentra tambi&eacute;n una dirigida a un joven, a un joven rico. A este coloquio he hecho referencia en la Carta del pasado a&ntilde;o a los j&oacute;venes y a las j&oacute;venes. Es un di&aacute;logo conciso, contiene pocas palabras, pero qu&eacute; denso, qu&eacute; <i>rico de contenido<\/i> y <i>qu&eacute; fundamental es.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">4. As&iacute;, pues, hoy <i>contemplamos a Jes&uacute;s de Nazaret<\/i>, que viene a Jerusal&eacute;n; su llegada est&aacute; acompa&ntilde;ada con el entusiasmo de los peregrinos. \u201c&iexcl;Hosanna al Hijo de David!\u201d (<i>Mt<\/i> 21, 9).<\/p>\n<p align=\"left\">Sabemos, sin embargo, que <i>el entusiasmo ser&aacute; sofocado<\/i> dentro de poco. Ya entonces \u201calgunos fariseos de entre la gente le dijeron: Maestro, reprende a tus disc&iacute;pulos\u201d (<i>Lc<\/i> 19, 39).<\/p>\n<p align=\"left\">Qu&eacute; expresiva es la respuesta de Jes&uacute;s: \u201cOs digo que, <i>si &eacute;stos callan, gritar&aacute;n las piedras<\/i>\u201d (<i>Lc<\/i> 19, 40).<\/p>\n<p align=\"left\">Contemplamos, por lo tanto, \u201cal que viene en nombre del Se&ntilde;or\u201d (<i>Mt<\/i> 21, 9) <i>en la perspectiva de la Semana Santa<\/i>. \u201cMirad, subimos a Jerusal&eacute;n y&#8230; el Hijo del hombre ser&aacute; entregado a los gentiles, y escarnecido, a insultado, y escupido, y despu&eacute;s de haberle azotado le quitar&aacute;n la vida&#8230;\u201d (<i>Lc<\/i> 18, 31-33).<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute;, pues, se acallar&aacute;n los gritos de la muchedumbre del Domingo de Ramos. El mismo <i>Hijo del hombre<\/i> se ver&aacute; <i>obligado al silencio de la muerte<\/i>. Y la v&iacute;spera del s&aacute;bado, lo bajar&aacute;n de la cruz, lo depositar&aacute;n en un sepulcro, pondr&aacute;n una piedra a la entrada del mismo y sellar&aacute;n la piedra.<\/p>\n<p align=\"left\">Sin embargo, tres d&iacute;as m&aacute;s tarde esta <i>piedra ser&aacute; removida<\/i>. Y las mujeres que ir&aacute;n a la tumba, la encontrar&aacute;n vac&iacute;a. Igualmente los Ap&oacute;stoles. As&iacute;, pues, esa \u201cpiedra removida\u201d <i>gritar&aacute;<\/i>, cuando todos callen. Gritar&aacute;. Proclamar&aacute; el misterio pascual de Jesucristo. Y de ella <i>recoger&aacute;n este misterio las mujeres y los ap&oacute;stoles<\/i>, que lo llevar&aacute;n con sus labios por las calles de Jerusal&eacute;n, y m&aacute;s adelante por los caminos del mundo de entonces. Y as&iacute;, a trav&eacute;s de las generaciones, \u201cgritar&aacute;n las piedras\u201d.<\/p>\n<p align=\"left\">5. <i>&iquest;Qu&eacute; es el misterio pascual de Jesucristo?<\/i> Son los acontecimientos de estos d&iacute;as, particularmente de los &uacute;ltimos d&iacute;as de la Semana Santa. Estos acontecimientos tienen su <i>dimensi&oacute;n humana<\/i>, como dan testimonio de ello las narraciones de la pasi&oacute;n del Se&ntilde;or en los Evangelios. Mediante estos acontecimientos el misterio pascual <i>se sit&uacute;a en la historia del hombre<\/i>, en la historia de la humanidad.<\/p>\n<p align=\"left\">Sin embargo, tales acontecimientos tienen, a la vez, su <i>dimensi&oacute;n divina<\/i>, y precisamente en ella se manifiesta el misterio.<\/p>\n<p align=\"left\">Escribe concisamente San Pablo: \u201cCristo, a pesar de su <i>condici&oacute;n divina<\/i>, no hizo alarde de su categor&iacute;a de Dios; al contrario, <i>se despoj&oacute;<\/i> de su rango, y tom&oacute; la condici&oacute;n de esclavo, pasando por uno de tantos\u201d (<i>Flp<\/i> 2, 6-7).<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Esta dimensi&oacute;n<\/i> del misterio divino <i>se llama Encarnaci&oacute;n<\/i>. El Hijo de la misma sustancia del Padre se hace hombre y, como tal, se hace siervo de Dios: Siervo de Yav&eacute;, como dice el libro de Isa&iacute;as. Mediante este servicio del Hijo del hombre, <i>la econom&iacute;a divina de la salvaci&oacute;n <\/i>llega a su &aacute;pice, a su plenitud.<\/p>\n<p align=\"left\">Contin&uacute;a hablando San Pablo en la liturgia de hoy: \u201cActuando como un hombre cualquiera, se rebaj&oacute; <i>hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz<\/i>\u201d (<i>Flp<\/i> 2, 7-8).<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Esta dimensi&oacute;n<\/i> del misterio divino s<i>e llama Redenci&oacute;n<\/i>. La obediencia del Hijo del hombre, la obediencia hasta la muerte de cruz compensa con creces <i>la desobediencia<\/i> hacia el Creador y Padre <i>contenida en el pecado del hombre<\/i> desde el principio.<\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute;, pues, el misterio pascual es la &uacute;nica <i>realidad divina de la Encarnaci&oacute;n y de la Redenci&oacute;n, introducida en la historia de la humanidad<\/i>. Introducida en el coraz&oacute;n y en la conciencia de cada uno de nosotros. Cada uno de nosotros est&aacute; presente en este misterio mediante l<i>a herencia del pecado<\/i>, que de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n conduce a la muerte. Cada uno de nosotros encuentra en ella <i>la fuerza para la victoria sobre el pecado<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">6. El misterio pascual de Jesucristo <i>no<\/i> <i>se agota en el despojo de Cristo<\/i>. No lo cierra la gran piedra puesta a la entrada del sepulcro tras la muerte en el G&oacute;lgota.<\/p>\n<p align=\"left\">Al tercer d&iacute;a esta <i>piedra ser&aacute; removida por la potencia divina y comenzar&aacute; a \u201cgritar\u201d<\/i>: comenzar&aacute; a hablar acerca de lo que San Pablo expresa con estas palabras de la liturgia de hoy:<\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;Por eso Dios lo levant&oacute; sobre todo, y le concedi&oacute; el \u201cNombre-sobre-todo-nombre\u201d; de modo que al nombre de Jes&uacute;s toda rodilla se doble \u2014en el cielo, en la tierra, en el abismo\u2014, y toda lengua proclame: \u201c&iexcl;Jesucristo e<i>s Se&ntilde;or!\u201d, para gloria de Dios Padre&raquo;<\/i> (<i>Flp<\/i> 2, 10-11). <i>Redenci&oacute;n significa tambi&eacute;n exaltaci&oacute;n<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">La exaltaci&oacute;n, es decir, la resurrecci&oacute;n de Cristo <i>abre una perspectiva absolutamente nueva en la historia del hombre<\/i>, en la existencia humana, sometida a la muerte a causa de la herencia del pecado. Por encima de la muerte est&aacute; la perspectiva de la vida. <i>La muerte forma parte de la dimensi&oacute;n del mundo visible; la vida est&aacute; en Dios<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">El Dios de la vida nos habla con la cruz y con la resurrecci&oacute;n de su Hijo.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta es la &uacute;ltima palabra de su Revelaci&oacute;n. <i>La &uacute;ltima palabra del Evangelio<\/i>. Justamente esta palabra est&aacute; contenida en el misterio pascual de Jesucristo.<\/p>\n<p align=\"left\">7. Mediante la cruz y la resurrecci&oacute;n, mediante el misterio pascual, Cristo dirige a cada uno de nosotros la llamada: \u201cS&iacute;gueme\u201d.<\/p>\n<p align=\"left\">La dirigi&oacute; al joven del Evangelio en el camino de su peregrinaci&oacute;n mesi&aacute;nica, pero entonces la verdad sobre &Eacute;l (sobre Cristo) no hab&iacute;a sido a&uacute;n revelada en su plenitud.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Ha de revelarse en su totalidad<\/i> en estos d&iacute;as. Ha de ser complementada con su pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n. Ha de convertirse en respuesta a los interrogantes m&aacute;s fundamentales del hombre. Ha de <i>convertirse en desaf&iacute;o de la inmortalidad<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Precisamente en estos d&iacute;as, vosotros j&oacute;venes hab&eacute;is venido junto a los sepulcros de los Ap&oacute;stoles. Aqu&iacute;, donde Pedro y Pablo hace casi dos mil a&ntilde;os dieron testimonio de Cristo, quien mediante la cruz ha venido a ser \u201cel Se&ntilde;or, para gloria de Dios Padre\u201d.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Hemos decidido celebrar en la Iglesia la Jornada de la Juventud precisamente en este domingo<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">8. Realmente <i>no quedaron decepcionados<\/i> los que durante la entrada de Jes&uacute;s en Jerusal&eacute;n gritaban: \u201c&iexcl;Hosanna al Hijo de David! &iexcl;Bendito el que viene en nombre del Se&ntilde;or!\u201d.<\/p>\n<p align=\"left\">Tampoco quedaron decepcionados los j&oacute;venes: \u201cpueri hebraeorum\u201d.<\/p>\n<p align=\"left\">El viernes por la noche todo parec&iacute;a testimoniar la victoria del pecado y de la muerte. Sin embargo, <i>a los tres d&iacute;as<\/i>, ha hablado de nuevo la \u201cpiedra removida\u201d (\u201cgritar&aacute;n las piedras\u201d).<\/p>\n<p align=\"left\">Y no quedaron decepcionados. Todas <i>las expectaciones del hombre<\/i>, cargado con la herencia del pecado, han sido <i>completamente superadas<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Dux vitae mortuus<font face=\"Times New Roman\"> \u2014<\/font> regnat vivus.<\/p>\n<p align=\"left\">No quedaron decepcionados.<\/p>\n<p align=\"left\">Y por esto celebramos en este d&iacute;a la Jornada de la Juventud. En efecto, este d&iacute;a est&aacute; <i>vinculado a la esperanza que no decepciona<\/i> (cf. <i>Rm<\/i> 5, 5). Las generaciones que siempre se renuevan necesitan esta esperanza. La necesitan cada vez m&aacute;s.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>No quedaron decepcionados<\/i> los que gritaron: \u201c&iexcl;Bendito el que viene en nombre del Se&ntilde;or!\u201d. S&iacute;. Llega. Entr&oacute; en la historia del hombre. <i>En Jesucristo Dios entr&oacute; definitivamente en la historia del hombre.<\/i> Vosotros j&oacute;venes, deb&eacute;is encontrarlo los primeros. Debes encontrarlo constantemente.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>\u201cLa Jornada de la Juventud\u201d significa precisamente esto: salir al encuentro de Dios, que entr&oacute; en la historia del hombre mediante el misterio pascual de Jesucristo<\/i>. Entr&oacute; en ella de manera irreversible.<\/p>\n<p align=\"left\">Y quiere encontraros antes a vosotros, j&oacute;venes. Y a cada uno quiere decir: \u201cS&iacute;gueme\u201d.<\/p>\n<p align=\"left\">S&iacute;gueme. Yo soy el camino, la verdad y la vida. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1986 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/font> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DOMINGO DE RAMOSPRIMERA JORNADA MUNDIAL&nbsp; DE LA JUVENTUD HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 23 de marzo de 1986 1. \u201c&iexcl;Bendito el que viene en nombre del Se&ntilde;or, el Rey de Israel! &iexcl;Hosanna en el cielo!\u201d (Ant&iacute;fona de entrada). 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