{"id":39904,"date":"2016-10-05T23:18:44","date_gmt":"2016-10-06T04:18:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-abril-de-1987-santa-misa-para-las-familias-en-cordoba-argentina\/"},"modified":"2016-10-05T23:18:44","modified_gmt":"2016-10-06T04:18:44","slug":"8-de-abril-de-1987-santa-misa-para-las-familias-en-cordoba-argentina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-abril-de-1987-santa-misa-para-las-familias-en-cordoba-argentina\/","title":{"rendered":"8 de abril de 1987, Santa Misa para las familias en C\u00f3rdoba, Argentina"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <a><\/a> <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, CHILE Y ARGENTINA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA PARA LAS FAMILIAS<\/b><\/font><\/p>\n<p> <font face=\"Times New Roman\"> <\/p>\n<p align=\"center\"> <i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><font color=\"#663300\"><i>C&oacute;rdoba (Argentina)<br \/>&nbsp;Mi&eacute;rcoles 8 de abril de 1987<\/i><\/font><\/font><\/p>\n<p> <\/font> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> 1. \u201c<i>El amor que procede de Dios<\/i>\u201d (<i>1Jn<\/i> 4, 7). <\/p>\n<p align=\"left\"> El tiempo de Cuaresma nos sigue invitando, de modo insistente, a meditar sobre esta gran verdad: el amor que procede de Dios. Es &eacute;sta una realidad viva y actual que nunca debemos olvidar, mucho menos cuando <i>nos acercamos a la Semana Santa y a la Pascua<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> Ese amor que de Dios procede,<i> el amor del mismo Dios Padre hacia nosotros <\/i>los hombres, se ha manifestado sobre todo en que \u201c<i>envi&oacute; a su Hijo &uacute;nico<\/i> al mundo, <i>para que tengamos<\/i> Vida por medio de El \u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i>, 4, 9); y lo envi&oacute; \u201ccomo <i>v&iacute;ctima propiciatoria<\/i> por nuestros pecados\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i>, 4, 10). <\/p>\n<p align=\"left\"> Nos encontramos ante un inefable misterio divino. La cruz de Cristo sobre el Calvario, su pasi&oacute;n y muerte en oblaci&oacute;n y sacrificio por la humanidad pecadora revelan, al hombre y al mundo, <i>el amor de Dios<\/i>. Lo revelan <i>plenamente<\/i>, porque \u201cnadie tiene amor m&aacute;s grande que el que da la vida por sus amigos\u201d (<i>Jn<\/i> 15, 13). Y es el Unig&eacute;nito de Dios mismo, Jesucristo, quien entrega la vida por los hombres. El misterio pascual viene a ser como la &uacute;ltima y definitiva palabra de la revelaci&oacute;n de Dios, que es Amor.<i> El mismo<\/i> nos am&oacute; primero: no es que nosotros lo hayamos amado, sino que El nos am&oacute; a nosotros. <\/p>\n<p align=\"left\"> Este misterio del amor divino, que nos ha sido revelado en Cristo, <i>permanece irrevocablemente<\/i> en la historia del hombre. Nadie lo puede desarraigar ni quitar. <\/p>\n<p align=\"left\"> 2. \u201cEl amor procede de Dios\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> A la luz de esta verdad salvadora, <i>doy la bienvenida y saludo a todas las familias aqu&iacute; reunidas<\/i>. No s&oacute;lo de esta gran ciudad, C&oacute;rdoba, sino de toda la Argentina. Como Obispo de Roma y Sucesor de Pedro, cumplo en este d&iacute;a mi servicio pastoral, <i>rezando por la familia, junto con vosotros<\/i>, amados hermanos y hermanas: maridos y mujeres, padres e hijos, todos los que realiz&aacute;is en la familia vuestra vocaci&oacute;n humana y cristiana. <\/p>\n<p align=\"left\"> Cumplo este singular servicio, en presencia de los <i>Pastores de la Iglesia<\/i> que est&aacute; en C&oacute;rdoba y en toda Argentina. Vaya a todos ellos personalmente mi saludo, de modo particular a vuestro arzobispo, el cardenal Ra&uacute;l Primatesta. Saludo asimismo con afecto a los sacerdotes, a las religiosas y religiosos, y a todos los fieles, que con tanto entusiasmo se dedican, en nombre de Cristo, a difundir entre las familias esa gran verdad: el amor procede de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Qu&eacute; gran misi&oacute;n la vuestra, padres y madres de familia! No lo olvid&eacute;is nunca: \u201c<i>&iexcl;El futuro de la humanidad se fragua en la familia!<\/i>\u201d (<i>Familiaris Consortio<\/i>, 86). El Papa ha venido para pediros, en nombre de Dios, un empe&ntilde;o particular: que <i>tom&eacute;is con sumo inter&eacute;s<\/i> la realidad del matrimonio y de la familia en este tiempo de prueba y de gracia; porque \u201cel matrimonio no es efecto de la casualidad o producto de la evoluci&oacute;n de fuerzas naturales inconscientes; es una sabia instituci&oacute;n del Creador para realizar en la humanidad su designio de amor\u201d (<i><a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html\">Humanae vitae<\/a><\/i><a><\/a>, 8).<\/p>\n<p align=\"left\"> Al recordaros estas verdades, no hago otra cosa que subrayar lo que ha sido constante tradici&oacute;n de esta querida tierra argentina y que \u2013sin duda alguna\u2013 constituye uno de los fundamentos m&aacute;s s&oacute;lidos que han hecho, de la vuestra, una gran naci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> 3. \u201cEl amor procede de Dios\u201d <\/p>\n<p align=\"left\"> De esta gran verdad de fe, que animar&aacute; la vida familiar, han de ser especialmente conscientes el hombre y la mujer cuando, acerc&aacute;ndose al altar, pronuncian las palabras contenidas en el Ritual del Sacramento del Matrimonio: \u201cYo&#8230; te recibo&#8230; como mi esposa (o mi esposo) y prometo serte fiel en las alegr&iacute;as y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y amarte y respetarte todos los d&iacute;as de mi vida\u201d (<i>Ordo celebrandi Matrimonium<\/i>, 25). <\/p>\n<p align=\"left\"> Todo esto constituye el contenido de la alianza matrimonial, mediante la cual se significa y se realiza el sacramento del matrimonio, <i>sacramento grande referido a Cristo<\/i> <i>y a la Iglesia<\/i>, como leemos en la Carta a los Efesios (cf. <i>Ef<\/i> 5, 32). <\/p>\n<p align=\"left\"> Al mismo tiempo, esa alianza sacramental suscribe el programa y los deberes que los esposos asumen para toda la vida. Cada una de sus palabras describe, muy en concreto,<i> c&oacute;mo es<\/i> y c<i>&oacute;mo debe ser<\/i>, el <i>amor<\/i> que los une <i>en la presencia de Dios<\/i>: en la presencia de ese Dios \u201cque nos am&oacute; primero\u201d, y que es la fuente y el principio de todo amor verdadero. <\/p>\n<p align=\"left\"> En este programa de vida que contiene el pacto conyugal, se pone de relieve con claridad que el verdadero amor no existe si no es <i>fiel<\/i>. Y no puede existir, si no es <i>honesto<\/i>. Tampoco se da \u2013en la concreta vocaci&oacute;n al matrimonio\u2013, si no hay de por medio un compromiso pleno que dure<i> hasta la muerte<\/i>. S&oacute;lo un matrimonio indisoluble ser&aacute; apoyo firme y duradero<i> para la comunidad familiar<\/i>, que se basa precisamente en el matrimonio. <\/p>\n<p align=\"left\"> En la liturgia del sacramento se pregunta adem&aacute;s: \u201c&iquest;Est&aacute;is dispuestos a recibir amorosamente, los hijos que Dios quiera daros, y a educarlos seg&uacute;n la ley de Cristo y de su Iglesia?\u201d (<i>Ordo celebrandi Matrimonium<\/i>, 24). Con ello se completan las principales caracter&iacute;sticas del amor matrimonial, que<i> por su misma &iacute;ndole, por voluntad de Dios <\/i>autor del matrimonio, est&aacute; llamado a ser humana y cristianamente fecundo, abierto a la vida. <\/p>\n<p align=\"left\"> Queridas familias: el amor, que procede de Dios Padre, que se manifiesta plenamente en el misterio pascual de Cristo y que el Esp&iacute;ritu Santo difunde en nosotros, es \u201cescudo poderoso y apoyo seguro\u201d (<i>Si<\/i> 34, 16) para el cumplimiento de ese programa y de esos deberes; porque \u201cel amor conyugal aut&eacute;ntico es asumido por el amor divino y se rige y se enriquece por la virtud redentora de Cristo y la acci&oacute;n salv&iacute;fica de la Iglesia, a fin de conducir eficazmente a los esposos hacia Dios y ayudarlos y fortalecerlos en la sublime misi&oacute;n de la paternidad\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i><a><\/a>, 48). Gracias a ese apoyo seguro encontramos, en nuestro mundo, m&uacute;ltiples <i>aspectos positivos<\/i> en la situaci&oacute;n de las familias, que son <i>signo de la salvaci&oacute;n de Cristo <\/i>operante en nuestras vidas. <\/p>\n<p align=\"left\"> Sin embargo, no faltan <i>signos de preocupante degradaci&oacute;n<\/i>, respecto a algunos valores fundamentales del matrimonio y de la familia. \u201cEn la base de estos fen&oacute;menos negativos est&aacute; muchas veces una corrupci&oacute;n de la idea y de la experiencia de la libertad, concebida no como la capacidad de realizar la verdad del proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia, sino como una fuerza aut&oacute;noma de autoafirmaci&oacute;n, no raramente contra los dem&aacute;s, en orden al propio bienestar ego&iacute;sta\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html\">Familiaris consortio<\/a><\/i><a><\/a>, 6). <\/p>\n<p align=\"left\"> Nosotros sabemos, con la segura certeza del que \u201cama y conoce a Dios\u201d (cf. <i> 1Jn<\/i> 4, 7), que no existe aut&eacute;ntica libertad cuando &eacute;sta se contrapone al amor y a sus exigencias; que no existe verdadero respeto por las personas, si se contradice el designio divino sobre los hombres. <\/p>\n<p align=\"left\"> Oponeos, pues, resueltamente, con vuestra palabra y con vuestro ejemplo, a cualquier intento de menoscabar el genuino amor matrimonial y familiar. Precisamente porque el mundo est&aacute; viviendo momentos de oscuridad y desconcierto en el campo de la familia, debemos pensar, queridos hijos, que es un momento propicio: el Se&ntilde;or <i>ha tenido constancia en vosotros<\/i>, y os ha destinado a que, aun en medio de las dificultades, se&aacute;is testigos de su amor por los hombres, del que deriva todo verdadero amor conyugal. <\/p>\n<p align=\"left\"> \u201cNo os intimid&eacute;is por nada, ni os acobard&eacute;is, porque Dios es nuestra esperanza\u201d (cf.<i> Si<\/i> 34, 14). Luchad, con empe&ntilde;o y valent&iacute;a, <i>las batallas del amor<\/i>. Una lucha que debe empezar en vosotros mismos y en vuestras familias, para desterrar ego&iacute;smos e incomprensiones; una lucha que procura ahogar el mal en abundancia de bien (cf. <i>Rm<\/i> 12, 17). <\/p>\n<p align=\"left\"> 4. El amor matrimonial es ciertamente <i>un gran don <\/i>en el que dos seres humanos, hombre y mujer, se entregan rec&iacute;procamente <i>para vivir el uno para el otro<\/i>: para si mismos y para la familia. Consiguientemente, ese don es de agradecer al Se&ntilde;or, siendo consciente de &eacute;l y conserv&aacute;ndolo en el coraz&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> Al mismo tiempo, <i>el amor<\/i> \u2013precisamente porque supone la total entrega de una persona a otra\u2013 <i>es simult&aacute;neamente un gran deber y un gran compromiso<\/i>. Y el amor conyugal lo es de modo particular. As&iacute;, la uni&oacute;n matrimonial y la estabilidad familiar comportan el empe&ntilde;o, no s&oacute;lo de mantener, sino de <i>acrecentar<\/i> constantemente <i>el amor y la mutua donaci&oacute;n<\/i>. Se equivocan quienes piensan que al matrimonio le es suficiente un amor cansinamente mantenido; es m&aacute;s bien lo contrario: los casados tienen el grave deber \u2013contra&iacute;do en sus esponsales\u2013 de acrecentar continuamente ese amor conyugal y familiar. <\/p>\n<p align=\"left\"> Hay quienes se atreven a negar, e incluso a ridiculizar, la idea de un compromiso fiel para toda la vida. Esas personas \u2013pod&eacute;is estar bien seguros\u2013 desgraciadamente no saben lo que es amar: quien no se decide a querer para siempre, es dif&iacute;cil que pueda amar de veras un solo d&iacute;a. <i>El amor<\/i> verdadero \u2013a semejanza de Cristo\u2013 <i>supone plena donaci&oacute;n<\/i>, no ego&iacute;smo; busca siempre el bien del amado, no la propia satisfacci&oacute;n ego&iacute;sta. <\/p>\n<p align=\"left\"> No admitir que el amor conyugal puede y exige durar hasta la muerte, supone negar la capacidad de autodonaci&oacute;n plena y definitiva; equivale a negar lo m&aacute;s profundamente humano: la libertad y la espiritualidad. Pero desconocer esas realidades humanas significa contribuir a socavar los fundamentos de la sociedad: &iquest;Por que, en esa hip&oacute;tesis, se podr&iacute;a continuar exigiendo al hombre la lealtad a la patria, a los compromisos laborales, al cumplimiento de leyes y contratos? Nada tiene de extra&ntilde;o que la difusi&oacute;n del divorcio en una sociedad vaya acompa&ntilde;ado de una disminuci&oacute;n de la moralidad p&uacute;blica en todos los sectores. <\/p>\n<p align=\"left\"> Queridos argentinos, <i>el amor,<\/i> que es a la vez un gran don y un gran empe&ntilde;o, <i>os dar&aacute; la fuerza para ser fieles <\/i>y leales hasta el fin. <\/p>\n<p align=\"left\"> 5. El Evangelio proclamado recuerda el <i>mandamiento del amor<\/i>: \u201cAmar&aacute;s al Se&ntilde;or, tu Dios&#8230; Este es el m&aacute;s grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amar&aacute;s a tu pr&oacute;jimo\u201d (<i>Mt<\/i> 22, 37-39). El amor al pr&oacute;jimo traduce una necesidad del coraz&oacute;n humano, y refleja adem&aacute;s la conciencia de un don; pero este amor es, tambi&eacute;n, como hemos visto, el contenido de un mandato: conlleva un deber y <i>una responsabilidad<\/i>, que tiene particular relevancia en la familia, pues entre todas las personas a las que se refiere <i>el concepto<\/i> evang&eacute;lico de \u201c<i>pr&oacute;jimo<\/i>\u201d, se encuentran, <i>en primer lugar<\/i>, las que permanecen unidas por el v&iacute;nculo matrimonial y familiar. <\/p>\n<p align=\"left\"> En este sentido, resulta significativo que las lecturas de la liturgia hablen al mismo tiempo, de amor y de \u201ctemor\u201d, <i>del temor de Dios<\/i>. No ciertamente un temor que amedrenta y quita la propia libertad; sino un temor filial que nace del amor y procura no ofender y, m&aacute;s a&uacute;n, procura agradar a nuestro Padre Dios; es, por tanto, un temor salv&iacute;fico que brota de la conciencia del bien y del valor, <i>y que se manifiesta precisamente en una actitud de responsabilidad<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> En las mismas relaciones humanas y, m&aacute;s concretamente en la, familiares, se encuentran unidos ese amor rec&iacute;proco y esa mutua <i>responsabilidad<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> Responsabilidad del marido por la mujer y de la mujer por el marido. Responsabilidad de los padres por los hijos, y tambi&eacute;n de los hijos por los padres Responsabilidad grande, precisamente porque <i>nace con el amor<\/i>, <i>y tiene la misi&oacute;n de ponerlo a prueba y de confirmarlo<\/i>. La vida nos ense&ntilde;a, en efecto, que el amor \u2013 el amor matrimonial \u2013<i> es piedra de toque de toda la vida<\/i>. Es grande y aut&eacute;ntico no s&oacute;lo cuando aparece f&aacute;cil y agradable, sino sobre todo cuando<i> se confirma en medio de las pruebas de nuestro vivir<\/i>, as&iacute; como el oro se aquilata por el fuego. Tendr&iacute;a un pobre concepto del amor humano y conyugal quien pensara que, al llegar las dificultades, el cari&ntilde;o y la alegr&iacute;a se acaban; es ah&iacute; donde los sentimientos que animan a las personas revelan su verdadera consistencia, es ah&iacute; donde se consolidan la donaci&oacute;n y la ternura, porque el verdadero amor no piensa en s&iacute; mismo, sino en c&oacute;mo acrecentar el bien de la persona amada; su mayor alegr&iacute;a consiste en la felicidad de los seres queridos. <\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Cada familia<\/i> cristiana debe ser un remanso de serenidad, en el que, por encima de las peque&ntilde;as desavenencias diarias, se perciba un cari&ntilde;o hondo y sincero, una tranquilidad profunda, fruto del amor y de una fe real y vivida. <\/p>\n<p align=\"left\"> 6. Permitidme, querid&iacute;simos cordobeses y argentinos todos, que os proponga el modelo de la Sagrada Familia. El Hogar de Nazaret muestra precisamente c&oacute;mo las obligaciones familiares, por peque&ntilde;as y corrientes que parezcan, son <i>lugar de encuentro con Dios<\/i>. No descuid&eacute;is, por tanto, esas relaciones y esos quehaceres: si una persona mostrara gran inter&eacute;s por los problemas del trabajo, de la sociedad, de la pol&iacute;tica, y descuidara los de la familia, podr&iacute;a decirse de ella que ha trastocado su escala de valores. <\/p>\n<p align=\"left\"> El tiempo mejor empleado es el que se dedica a la esposa, al esposo, a los hijos. El mejor sacrificio es la renuncia a todo aquello que pueda hacer menos agradable la vida en familia. La tarea m&aacute;s importante que ten&eacute;is entre manos es empe&ntilde;aros para que <i>fructifique<\/i>, con mayor intensidad cada d&iacute;a, <i>el amor dentro del hogar<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> La lectura del Libro del Eclesi&aacute;stico recordaba: \u201c&iexcl;Feliz el alma que teme al Se&ntilde;or!\u201d (<i>Si<\/i> 34, 15). Y el Salmista insiste: \u201c&iexcl;Feliz quien teme a Dios y marcha en sus caminos!\u201d (<i>Sal<\/i> 128 [127], 1). Feliz el cristiano que trabaja y se esfuerza por su salvaci&oacute;n con temor y temblor (cf. <i> Flp<\/i> 3, 12). Feliz el c&oacute;nyuge que acepta con temor de Dios el gran don del amor de su otro c&oacute;nyuge, y lo corresponde. Feliz la pareja cuya uni&oacute;n matrimonial est&aacute; presidida por una profunda <i>responsabilidad por el don de la vida<\/i>, que tiene su inicio en esta uni&oacute;n. Es &eacute;ste verdaderamente un gran misterio y una gran responsabilidad: dar la vida a nuevos seres, hechos \u201ca imagen y semejanza de Dios\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> Resulta necesario, por consiguiente, que el temor salv&iacute;fico de Dios, induzca a que el aut&eacute;ntico amor de los esposos dure \u201c todos los d&iacute;a de su vida \u201d. Es necesario tambi&eacute;n que fructifique mediante una <i>procreaci&oacute;n<\/i> responsable, seg&uacute;n el querer de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\"> El amor responsable, propio del matrimonio, revela tambi&eacute;n que la donaci&oacute;n conyugal, por ser plena, compromete a toda la persona: cuerpo y alma. Por eso, la relaci&oacute;n matrimonial no ser&iacute;a aut&eacute;ntica, sino una convergencia de ego&iacute;smos, cuando se descuida el aspecto espiritual y religioso del hombre. En ella, por tanto, <i>no pod&eacute;is olvidaros de Dios<\/i> ni oponeros a su voluntad, cerrando artificialmente las fuentes de la vida. La actitud antinatalista, que est&aacute; lejos de vuestras genuinas tradiciones, constituye una grave alteraci&oacute;n de la vida conyugal. As&iacute; lo quise poner de relieve en la Exhortaci&oacute;n Apost&oacute;lica <i><u>Familiaris Consortio<\/u><\/i>. &laquo;Es precisamente partiendo \u201cde la visi&oacute;n integral del hombre y de su vocaci&oacute;n, no s&oacute;lo natural y terrena, sino tambi&eacute;n sobrenatural y eterna\u201d, por lo que Pablo VI afirm&oacute;, que la doctrina de la Iglesia \u201cest&aacute; fundada sobre la inseparable conexi&oacute;n que Dios ha querido y que el hombre no puede romper por propia iniciativa, entre los dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado procreador\u201d. Y concluy&oacute; recalcando que hay que excluir, como intr&iacute;nsecamente deshonesta, \u201ctoda acci&oacute;n que, en previsi&oacute;n del acto conyugal, o en su realizaci&oacute;n, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreaci&oacute;n\u201d&raquo; (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html\">Familiaris consortio<\/a><\/i>, 23). <\/p>\n<p align=\"left\"> Como ense&ntilde;a el Concilio Vaticano II, recordad tambi&eacute;n que \u201cpuesto que los padres han dado la vida a los hijos, tienen la <i>grav&iacute;sima obligaci&oacute;n de educar <\/i>a la prole y, por tanto, hay que reconocerlos como los primeros y principales educadores de los hijos. Este deber de la educaci&oacute;n familiar, es de tanta trascendencia que, cuando falta, dif&iacute;cilmente puede suplirse. Es, pues, deber de los padres crear un ambiente de familia animado por el amor, por la piedad hacia Dios y hacia los hombres, que favorezca la educaci&oacute;n &iacute;ntegra, personal y social, de los hijos. La familia es, por lo tanto, la primera escuela\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651028_gravissimum-educationis_sp.html\">Gravissimum Educationis<\/a><\/i><a><\/a>, 3). <\/p>\n<p align=\"left\"> Ese derecho y ese deber de los padres, \u201coriginal y primario respecto al deber educativo de los dem&aacute;s\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html\">Familiaris consortio<\/a><\/i>, 36) no se limita s&oacute;lo a la educaci&oacute;n dom&eacute;stica, que les corresponde necesariamente: tambi&eacute;n se extiende a la libertad de que deben gozar para elegir las escuelas en que se educan sus hijos, sin sufrir trabas administrativas ni econ&oacute;micas por parte del Estado; al contrario, la sociedad debe otorgar facilidades para que realicen con eficacia esa libre elecci&oacute;n (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/pontifical_councils\/family\/documents\/rc_pc_family_doc_19831022_family-rights_sp.html\">Carta de los derechos de la familia<\/a><\/i><a><\/a>). <\/p>\n<p align=\"left\"> 7. Siendo la familia la c&eacute;lula b&aacute;sica, tanto de la sociedad civil como de la eclesial, el vigor de la vida familiar reviste particular importancia para el Estado y para la Iglesia. Las dos dimensiones, aunque distintas, est&aacute;n unidas &iacute;ntimamente y explican por s&iacute; mismas los <i>cuidados que la Iglesia y el Estado<\/i> deben prodigar al<i> bienestar familiar<\/i>. En la Exhortaci&oacute;n Apost&oacute;lica <i>Familiaris Consortio<\/i> ped&iacute;a a las comunidades eclesiales, \u201cllevar a cabo toda clase de esfuerzos para que la pastoral de la familia adquiera consistencia y se desarrolle, dedic&aacute;ndose a este sector verdaderamente prioritario, con la certeza de que la evangelizaci&oacute;n, en el futuro, depende en gran parte de la Iglesia dom&eacute;stica\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html\">Familiaris consortio<\/a><\/i>, 65). S&eacute; que vuestros Pastores, queridos hijos de Argentina, est&aacute;n elaborando un <i>Plan de pastoral familiar<\/i>: agradecedles este esfuerzo y pedid al Se&ntilde;or que su aplicaci&oacute;n rinda los frutos que Dios y la Iglesia esperan de vosotros. <\/p>\n<p align=\"left\"> A los <i>agentes de pastoral familiar<\/i> \u2013sacerdotes, religiosos, catequistas, etc.\u2013 les aliento encarecidamente a que sean conscientes de la importancia de su tarea; que sepan ense&ntilde;ar y ayuden a cumplir el proyecto cristiano de vida familiar; que no se dejen llevar por modas pasajeras contrarias al designio divino sobre el matrimonio; que realicen una profunda labor apost&oacute;lica para lograr una<i> seria y responsable preparaci&oacute;n y celebraci&oacute;n<\/i> de ese \u201csacramento grande\u201d, signo del amor y de la uni&oacute;n de Cristo con su Iglesia. <\/p>\n<p align=\"left\"> 8. Todo esto, queridos hermanos y hermanas, demuestra la importancia de nuestro encuentro y <i>el valor de esta gran oraci&oacute;n con las familias y por las familias <\/i>de toda la Argentina. <\/p>\n<p align=\"left\"> Nos hallamos <i>ante la presencia de Cristo<\/i> en su misterio pascual donde se ha revelado plenamente el amor de Dios por el ser humano: por el hombre y la mujer, por cada uno de los matrimonios, por todas las familias.<\/p>\n<p align=\"left\"> \u201cEl nos am&oacute; primero, y envi&oacute; a su Hijos como v&iacute;ctima propiciatoria por nuestros pecados\u201d (<i>1Jn<\/i> 4, 10) y el Hijo, <i>Cristo, nos ha amado con amor redentor<\/i> y, a la vez, <i>esponsal<\/i>. Este amor permanece, como su don para todo matrimonio y para toda familia, en el \u201c gran sacramento \u201d de la Iglesia. <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Esposos y padres argentinos! &iexcl;Amaos con amor rec&iacute;proco! <i>&iexcl;Acudid a la intercesi&oacute;n de Mar&iacute;a Sant&iacute;sima y a la de su esposo San Jos&eacute; para que la gracia del sacramento del matrimonio<\/i> permanezca en vosotros, y fructifique con el amor que est&aacute; en Dios! &iexcl;Y que a Dios conduce! As&iacute; sea.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1987 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, CHILE Y ARGENTINA SANTA MISA PARA LAS FAMILIAS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II C&oacute;rdoba (Argentina)&nbsp;Mi&eacute;rcoles 8 de abril de 1987 &nbsp; 1. \u201cEl amor que procede de Dios\u201d (1Jn 4, 7). El tiempo de Cuaresma nos sigue invitando, de modo insistente, a meditar sobre esta gran verdad: el amor &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-abril-de-1987-santa-misa-para-las-familias-en-cordoba-argentina\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab8 de abril de 1987, Santa Misa para las familias en C\u00f3rdoba, Argentina\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39904","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39904","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39904"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39904\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39904"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39904"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39904"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}