{"id":39905,"date":"2016-10-05T23:18:45","date_gmt":"2016-10-06T04:18:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-abril-de-1987-celebracion-de-la-palabra-en-tucuman-argentina\/"},"modified":"2016-10-05T23:18:45","modified_gmt":"2016-10-06T04:18:45","slug":"8-de-abril-de-1987-celebracion-de-la-palabra-en-tucuman-argentina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-abril-de-1987-celebracion-de-la-palabra-en-tucuman-argentina\/","title":{"rendered":"8 de abril de 1987, Celebraci\u00f3n de la Palabra en Tucum\u00e1n, Argentina"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <a><\/a> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, CHILE Y ARGENTINA<\/font><\/p>\n<p> <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <b>CELEBRACI&Oacute;N DE LA PALABRA EN TUCUM&Aacute;N<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DI GIOVANNI PAOLO II<\/font><\/b><\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>Aeropuerto Benjam&iacute;n Matienzo<br \/>&nbsp;Mi&eacute;rcoles 8 de abril de 1987<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> 1. \u201c<i>Los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros<\/i>\u201d (<i>Rm<\/i> 8, 18). <\/p>\n<p align=\"left\"> Con estas palabras, invitaba San Pablo a los cristianos de Roma a que levantaran su mirada por encima de las dif&iacute;ciles circunstancias que entonces estaban atravesando, y percibieran <i>la insondable grandeza de nuestra filiaci&oacute;n divina<\/i>, que est&aacute; presente en nosotros, aunque no se haya manifestado todav&iacute;a en su plenitud (cf. <i>1Jn<\/i> 3, 2). Es un bien de tal inmensidad, que la creaci&oacute;n entera \u201c gime y sufre \u201d anhelando participar en \u201cla gloriosa libertad de los hijos de Dios\u201d, aquella \u201cque se ha de manifestar en nosotros\u201d (<i>Rm<\/i> 8, 18. 21-22). En pos de esos derroteros inspirados por el Ap&oacute;stol, el Sucesor de Pedro ha venido a la tierra tucumana, para alabar con vosotros la misericordia de Dios Padre que ha querido \u201cllamarnos hijos de Dios, y que lo seamos\u201d (<i>1Jn<\/i> 3, 1). <\/p>\n<p align=\"left\"> Lo hacemos aqu&iacute;, en esta ciudad de San Miguel de Tucum&aacute;n, a la que llam&aacute;is <i>Cuna de la Independencia<\/i>, por haber iniciado aqu&iacute; vuestro camino en la historia como naci&oacute;n independiente. Desde entonces, los habitantes del Norte argentino os sent&iacute;s especialmente vinculados a este lugar; y hab&eacute;is cultivado un marcado amor a vuestra patria, sintiendo adem&aacute;s la responsabilidad de custodiar la libertad y la tradici&oacute;n cultural de la Argentina. En el cristiano esos nobles sentimientos se enra&iacute;zan en el don de la filiaci&oacute;n divina, y all&iacute; encuentran tambi&eacute;n su <i>fundamento<\/i>, su <i>sentido<\/i> y su <i>medida<\/i>. Muy apropiado es, por tanto, que nos reunamos aqu&iacute; para agradecer a Dios Padre que nos llamemos hijos de Dios y lo seamos de verdad; y nuestra acci&oacute;n de gracias va unida a nuestra plegaria para que todo en nuestra vida, se haga conforme a esa verdad esencial: &iexcl;Somos hijos de Dios! <\/p>\n<p align=\"left\"> 2. En este contexto, saludo a las autoridades aqu&iacute; presentes y agradezco su presencia en esta celebraci&oacute;n. La responsabilidad pol&iacute;tica adquiere una nueva vitalidad cuando cada uno considera que es hijo de Dios, lo cual le llevar&aacute; a imitar la providencia y la bondad de Dios Padre, y por tanto a realizar iniciativas cada vez m&aacute;s amplias y generosas en favor de todos. <\/p>\n<p align=\"left\"> Saludo con todo afecto a mis hermanos en el Episcopado; en primer lugar, al arzobispo de Tucum&aacute;n, as&iacute; como a los obispos de las di&oacute;cesis sufrag&aacute;neas: Santiago del Estero, Sant&iacute;sima Concepci&oacute;n y A&ntilde;atuya. Y con ellos saludo tambi&eacute;n a todos los sacerdotes y a las religiosas y religiosos aqu&iacute; presentes. De modo particular mi saludo se dirige a todos los seminaristas. S&eacute; que ha habido &uacute;ltimamente un florecimiento de vocaciones entre vosotros; y eso ha impulsado a vuestro arzobispo a la construcci&oacute;n de un nuevo edificio para el seminario, que ha sido recientemente acabado. A todos os exhorto a consolidar en la mente y en el coraz&oacute;n vuestro af&aacute;n de servir a Cristo, colaborando con El en conducir \u201ca muchos hijos a la gloria\u201d (<i>Hb<\/i> 2, 10). <\/p>\n<p align=\"left\"> Saludo a todos los tucumanos y santiague&ntilde;os que hab&eacute;is querido participar en esta celebraci&oacute;n lit&uacute;rgica. Sois dignos herederos de aquellos hombres y mujeres que os trajeron la semilla de la fe. Demos gracias a Dios porque su predicaci&oacute;n y su testimonio ha arraigado profundamente entre vosotros, inspirando cristianamente vuestra vida individual y social. Sent&iacute;s el sano orgullo de vuestra fe cristiana, de vuestra condici&oacute;n de hijos de la Iglesia cat&oacute;lica y de hijos de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\"> 3. Nuestra condici&oacute;n de hijos adoptivos de Dios, es obra de la acci&oacute;n salv&iacute;fica de Cristo y tiene lugar en cada uno por la comunicaci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo. Es, por tanto, una realidad que tiene sus ra&iacute;ces en el misterio central de nuestra fe: la Sant&iacute;sima Trinidad (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0035\/__PH.HTM\">Dominum et Vivificantem<\/a><\/i>, 52). <\/p>\n<p align=\"left\"> Por otro lado, la filiaci&oacute;n divina afecta a nuestra persona en su totalidad, a todo lo que somos y hacemos, a todas las dimensiones de nuestra existencia; y, a la vez, repercute, de modo espec&iacute;fico, en la realidades en que se desarrolla la vida de los hombres, es decir, todo el universo creado. <\/p>\n<p align=\"left\"> Bajo esta perspectiva encontramos el estilo de vida que debemos conducir, para que todas nuestras obras sean conformes con nuestra condici&oacute;n de hijos de Dios. San Pablo, en efecto, ense&ntilde;a que la predestinaci&oacute;n de hijos ha tenido lugar \u201cpara que fu&eacute;semos santos e inmaculados en su presencia\u201d (<i>Ef<\/i> 1, 4); y, por tanto, \u201csemejantes a la imagen de su Hijo\u201d (<i>Rm<\/i> 8, 29). La filiaci&oacute;n divina es, por tanto, una llamada universal a la santidad; y nos indica adem&aacute;s que esa santidad ha de configurarse seg&uacute;n el modelo del Hijo amado, en quien el Padre se ha complacido (cf. <i>Mt<\/i> 17, 5). <\/p>\n<p align=\"left\"> Nos encontramos entonces en el coraz&oacute;n de los misterios de nuestra fe. Dada esta perspectiva os invito ahora a reflexionar conmigo sobre dos <i>caracter&iacute;sticas fundamentales<\/i> para esa filiaci&oacute;n divina: la <i>libertad<\/i> y la <i>piedad<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> 4. En el lenguaje b&iacute;blico, los conceptos de libertad y de piedad aparecen &iacute;ntimamente vinculados. La <i>libertad<\/i>, en efecto, es la condici&oacute;n propia de los hijos; opuesta a la esclavitud de los siervos. La diferencia entre unos y otros estaba en que los hijos participaban de la <i>herencia<\/i> de sus padres, es decir, de sus bienes y posesiones. Ello les permit&iacute;a vivir con libertad y <i>dignidad<\/i>, sin estar sometidos a otros hombres para poder subsistir. <\/p>\n<p align=\"left\"> Es l&oacute;gico, entonces, que los hijos reconociesen en sus padres no s&oacute;lo el origen de su existencia, sino tambi&eacute;n de su libertad y dignidad; quedando comprometidos adem&aacute;s a honrarlos debidamente, y a conservar el patrimonio paterno. Y precisamente ese honor tributado a los padres, junto con la fidelidad a la herencia, constituye la <i>piedad<\/i>; una virtud que es fundamento del amor filial, y que encierra el reconocimiento y gratitud hacia los padres, junto con la obediencia a sus indicaciones. <\/p>\n<p align=\"left\"> Referido a las relaciones entre Dios y su Pueblo, todo esto adquir&iacute;a en Israel un significado trascendente. Ser libres significaba antes que nada no estar esclavizados por el pecado, no servir a dioses extra&ntilde;os, o a cualquier forma de &iacute;dolos, incluido el propio yo. Y de un modo positivo significaba la santidad; es decir, la completa dedicaci&oacute;n al culto y la honra de Dios. La <i>libertad<\/i> se basaba en la posesi&oacute;n de la <i>tierra<\/i> que Dios prometi&oacute; y entreg&oacute; a los hebreos; y tambi&eacute;n en la <i>promesa<\/i> de una \u201cherencia incorruptible, incontaminada, perennemente lozana\u201d (<i>1P<\/i> 1, 4), que se har&iacute;a realidad mediante el advenimiento del Mes&iacute;as. De aqu&iacute; que la <i>piedad<\/i> de los hijos consistiera en la fidelidad a Dios y en la obediencia a sus preceptos y mandatos.<\/p>\n<p align=\"left\"> Todo aquello, sin embargo, fue una sombra de la libertad de los hijos de Dios, que Cristo obtuvo para nosotros. \u201cSi el Hijo os libra, ser&eacute;is en verdad libres\u201d (<i>Jn<\/i> 8, 36), hab&iacute;a dicho Jes&uacute;s a los jud&iacute;os que entonces \u201chab&iacute;an cre&iacute;do en El\u201d (<i>Jn<\/i> 8, 31), y lo mismo nos dice Jes&uacute;s hoy a todos nosotros; y yo mismo se lo repito a todos los argentinos desde esta querid&iacute;sima ciudad de Tucum&aacute;n: \u201c&iexcl;Si el Hijo os libra, ser&eacute;is en verdad libres!\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> 5. Quisiera, ahora, que relacionarais estas realidades con la experiencia hist&oacute;rica de vuestra patria. Desde su nacimiento como naci&oacute;n, que fue sellado en la Casa de Tucum&aacute;n, la Argentina ha ido adelante guiada por ese instinto certero que relaciona estrechamente la <i>libertad<\/i> de sus gentes con la <i>fidelidad<\/i> a esa herencia, que son vuestras tierras, vuestro patrimonio, vuestras nobles tradiciones. <\/p>\n<p align=\"left\"> Adem&aacute;s toda la cultura que Espa&ntilde;a promocion&oacute; en Am&eacute;rica estuvo impregnada de principios y sentimientos cristianos, dando lugar a un estilo de vida inspirado en ideales de justicia, de fraternidad y de amor. Todo ello tuvo muchas y felices realizaciones en la actividad teol&oacute;gica, jur&iacute;dica, educativa y de promoci&oacute;n social. El hombre del Norte argentino bebi&oacute; en esas fuentes espirituales e incluso los diversos sucesos hist&oacute;ricos del pa&iacute;s naciente, estimularon a no pocos de vuestros pr&oacute;ceres a poner en las manos de Dios y de la Virgen el destino que entonces se mostraba incierto para vuestro pueblo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Ahora os encontr&aacute;is ante una nueva etapa de vuestro camino en la historia. Percib&iacute;s la necesidad de lograr una aut&eacute;ntica reconciliaci&oacute;n entre todos los argentinos, una mayor solidaridad, una decidida participaci&oacute;n de todos en los proyectos comunes. &iexcl;Es verdaderamente una tarea grande y noble la que ten&eacute;is ante vosotros! <\/p>\n<p align=\"left\"> M&aacute;s all&aacute; de las iniciativas concretas que hab&eacute;is de promover y que son de vuestra competencia, el Papa quiere recordaros \u2013muy en consonancia con vuestra misma experiencia hist&oacute;rica\u2013 las palabras del Salmista que hemos rezado, medit&aacute;ndolas, hace pocos momentos, y que nos llevan a poner la mirada y la esperanza en Dios: <\/p>\n<p align=\"left\"> \u201cSi el Se&ntilde;or no construye la casa, \/ en vano se cansan los que la edifican; \/ si el Se&ntilde;or no guarda la ciudad, \/ en vano vigilan los centinelas\u201d (<i>Sal<\/i> 127 [126], 1). <\/p>\n<p align=\"left\"> Argentinas y argentinos, comportaos de acuerdo con la \u201clibertad con que nos liber&oacute; Cristo\u201d (<i>Ga<\/i> 5, 1), que proporciona el <i>sentido<\/i>, la <i>medida<\/i> y la <i>consistencia<\/i> a cualquiera otra forma de libertad y de dignidad humanas, y amar&eacute;is as&iacute; a vuestra patria y la servir&eacute;is con generosa entrega. <\/p>\n<p align=\"left\"> 6. La <i>libertad<\/i> que nos ha dado Cristo, nos libra, como nos ense&ntilde;a San Pablo, de la esclavitud de los \u201celementos del mundo\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i>, 4, 3); es decir, de la err&oacute;nea elecci&oacute;n del hombre que le lleva a servir y hacerse esclavo de \u201clos que por naturaleza no son dioses\u201d: (<i>Ib&iacute;d.<\/i>, 4, 8) el ego&iacute;smo, la envidia, la sensualidad, la injusticia y el pecado en cualquiera de sus manifestaciones. <\/p>\n<p align=\"left\"> La libertad cristiana nos lleva a honrar a Dios Padre siguiendo el ejemplo de Cristo, el Hijo unig&eacute;nito, que siendo \u201cigual a Dios\u201d, se hizo \u201csemejante a los hombres; y en su condici&oacute;n de hombre, se humill&oacute; a S&iacute; mismo haci&eacute;ndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz\u201d (<i>Flp<\/i> 2, 6-8). El Salvador nos redimi&oacute; obedeciendo al Padre por amor, y \u201cfue escuchado por su piedad\u201d (<i>Hb<\/i> 5, 7), Jes&uacute;s llev&oacute; a cabo el designio salv&iacute;fico del Padre movido por el Esp&iacute;ritu Santo. Y ese mismo Esp&iacute;ritu, que envi&oacute; Dios a nuestros corazones, clama \u201cAbba!\u201d (cf. <i>Ga<\/i> 4, 6). Esta palabra \u201cAbba\u201d era el nombre familiar con el que un ni&ntilde;o se dirig&iacute;a a su padre en lengua hebrea; una palabra fon&eacute;ticamente muy parecida a la que vosotros sol&eacute;is emplear, y con la que incluso os dirig&iacute;s a Dios Padre, llam&aacute;ndole <i>Tata Dios<\/i>, con tanta veneraci&oacute;n y confianza. <\/p>\n<p align=\"left\"> Para Jes&uacute;s, hacer la voluntad de Dios era el <i>alimento<\/i> de su existencia (cf. <i>Jn<\/i> 4, 34), aquello que sosten&iacute;a y daba sentido a su actuaci&oacute;n entre los hombres. Y lo mismo debe suceder en la vida de los hijos de Dios: &iexcl;Debemos concebir nuestra existencia como un acto de servicio, de obediencia, al designio libre, amoroso y soberano de nuestro Padre Dios! Haciendo lo que Dios quiere, tambi&eacute;n con sacrificio, nos revestimos de la libertad, del amor y de la soberan&iacute;a de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\"> Comprend&eacute;is que es &eacute;sta una tarea que nos supera; pero no estamos solos; es el mismo Esp&iacute;ritu quien \u201cintercede por nosotros con gemidos inefables\u201d (<i>Rm<\/i> 8, 26), Debemos dejarnos guiar por el Esp&iacute;ritu Santo, como corresponde a los hijos, y hacer <i>morir en nosotros mismos las obras del cuerpo<\/i>; no vivir <i>seg&uacute;n la carne, sino seg&uacute;n el Esp&iacute;ritu <\/i>(cf. <i>Ib&iacute;d.<\/i> 8, 4. 13-17), sirvi&eacute;ndonos \u201cpor amor unos a otros\u201d (<i>Ga<\/i> 5, 13). <i>Las obras de la carne son conocidas<\/i>, dice San Pablo, y menciona, entre otras: la lujuria, las enemistades, las peleas, las envidias, las embriagueces (cf. <i>Ib&iacute;d<\/i>., 5, 19-21). Los frutos del Esp&iacute;ritu, en cambio, son caridad, alegr&iacute;a, paz, longanimidad, mansedumbre, continencia (cf. <i>Ib&iacute;d<\/i>., 5, 22-23), y todo quiere decir libertad. La libertad fue dada al hombre no para hacer el mal, sino el bien. Para crecer en amor. La libertad se cumple a trav&eacute;s del amor, del amor de nuestros hermanos. Es la verdadera libertad. Sin esta dimensi&oacute;n &eacute;tica, espiritual de la libertad, una persona humana no es libre de veras. Se queda sometida, se queda esclava de sus pasiones, de sus pecados; no es libertad. Es libertad cuando la persona humana cumple todo aquello que es el bien, como nos ense&ntilde;a San Pablo: El bien mayor entre todos los bienes es el bien del amor, del amor de Dios, del amor de los hermanos. <\/p>\n<p align=\"left\"> 7. El estilo de vida de los hijos de Dios ha de informar todas las dimensiones de la existencia humana; y, por tanto, tambi&eacute;n vuestra misma <i>identidad<\/i> como ciudadanos, como argentinos, a la vez que vuestro comportamiento a nivel individual, familiar y social. <\/p>\n<p align=\"left\"> Esto es as&iacute;, porque como nos ense&ntilde;a el Concilio Vaticano II, \u201ccon su encarnaci&oacute;n <i>el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo con cada hombre<\/i>. Trabaj&oacute; con manos de hombre, reflexion&oacute; con inteligencia de hombre, actu&oacute; con voluntad humana y am&oacute; con coraz&oacute;n de hombre. Nacido de la Virgen Mar&iacute;a, se hizo verdaderamente uno de nosotros, semejante a nosotros en todo, menos en el pecado (cf. <i>Hb<\/i> 4, 15)\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 22), todo nuestro ser y actuar de hombres, ha sido asumido y exaltado en la Persona divina del Hijo de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\"> Adem&aacute;s, Cristo, mediante el don del Esp&iacute;ritu Santo, nos ha hecho part&iacute;cipes del se&ntilde;or&iacute;o que El tiene sobre todo lo creado. A El le obedecen \u201chasta el viento y el mar\u201d, como hemos contemplado en la narraci&oacute;n del Evangelio de San Marcos (<i>Mc<\/i> 4, 41), proclamado hace unos momentos. En El han de ser recapituladas todas las cosas, <i>las del cielo y las de la tierra <\/i>(cf. <i>Ef <\/i>1, 10); y \u201ccuando todas las cosas le hayan sido sometidas, entonces el Hijo mismo se someter&aacute; al que se las someti&oacute; todas, a fin de que Dios lo sea todo en todas las cosas\u201d (<i>1Co<\/i> 15, 28). <\/p>\n<p align=\"left\"> A vosotros, cat&oacute;licos argentinos, os corresponde, por tanto, contribuir a que \u201cel mundo entero se encamine realmente hacia Cristo\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651118_apostolicam-actuositatem_sp.html\">Apostolicam actuositatem<\/a><\/i>, 2); restaurar, trabajando con todos los hombres, el orden de las cosas temporales y perfeccionarlo sin cesar, seg&uacute;n el <i>valor propio<\/i> que Dios ha dado, <i>considerados en s&iacute; mismos<\/i>, a los bienes de la vida y de la familia, la cultura, la econom&iacute;a, las artes y profesiones, las instituciones de la comunidad pol&iacute;tica, las relaciones internacionales, etc (<i>Ib&iacute;d.<\/i>, 7). Cont&aacute;is para ello con la luz y la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Entre las muchas consideraciones que aqu&iacute; se podr&iacute;an hacer, el Papa quiere referirse a una concreta: la <i>piedad<\/i> en la vida civil, conocida en nuestro tiempo como <i>amor a la propia patria o patriotismo<\/i>. Para un cristiano se trata de una manifestaci&oacute;n, con hechos, del amor cristiano; es tambi&eacute;n el cumplimiento del cuarto mandamiento, pues la piedad, en el sentido que venimos diciendo incluye \u2013como nos ense&ntilde;a Santo Tom&aacute;s de Aquino\u2013 (<i>Summa Theologiae<\/i>, II&ordf;-II<sup>&aelig;<\/sup>, q. 101, a. 3, ad 1) honrar a los padres, a los antepasados, a la patria. El Concilio Vaticano II ha dejado, tambi&eacute;n a este respecto, una ense&ntilde;anza luminosa. Dice as&iacute;: \u201cCultiven los ciudadanos con magnanimidad y lealtad el amor a la patria, pero sin estrechez de esp&iacute;ritu, de suerte que miren siempre tambi&eacute;n por el bien de toda la familia humana, unida por toda clase de v&iacute;nculos entre las razas, los pueblos y las naciones\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 75). <\/p>\n<p align=\"left\"> Considerad, pues, que el amor a Dios Padre, proyectado en el amor a la patria, os debe llevar a sentiros unidos y solidarios con todos los hombres. Repito: &iexcl;con todos! Pensad tambi&eacute;n que la mejor manera de conservar la <i>libertad<\/i> que vuestros padres os legaron se arraiga, sobre todo, en acrecentar aquellas virtudes \u2013como la tenacidad, el esp&iacute;ritu de iniciativa, la amplitud de miras\u2013 que contribuyen a hacer de vuestra tierra un lugar m&aacute;s pr&oacute;spero, fraterno y acogedor. <\/p>\n<p align=\"left\"> 8. &iexcl;Creced en Cristo! &iexcl;Amad a vuestra patria! &iexcl;Cumplid con vuestros deberes profesionales, familiares y de ciudadanos con competencia y movidos por vuestra condici&oacute;n de hijos adoptivos de Dios! <\/p>\n<p align=\"left\"> S&eacute; que lo har&eacute;is. Veo reflejada en vuestros rostros la esperanza de la Argentina que quiere abrirse a un futuro luminoso y que cuenta con la promesa de sus j&oacute;venes, con el trabajo de sus hombres y mujeres, con las virtudes de sus familias, alegr&iacute;a en sus hogares, el ferviente deseo de paz, solidaridad y concordia entre todos los componentes de la gran familia argentina. <\/p>\n<p align=\"left\"> Vuestros nobles anhelos y leg&iacute;timas aspiraciones los encomiendo a vuestra Patrona y Madre, Nuestra Se&ntilde;ora de Luj&aacute;n, Nuestra Se&ntilde;ora de la Merced. As&iacute; se lo pido por intercesi&oacute;n de su Hijo amant&iacute;simo, mientras con todo afecto, os imparto mi Bendici&oacute;n Apost&oacute;lica.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1987 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, CHILE Y ARGENTINA CELEBRACI&Oacute;N DE LA PALABRA EN TUCUM&Aacute;N HOMIL&Iacute;A DI GIOVANNI PAOLO II Aeropuerto Benjam&iacute;n Matienzo&nbsp;Mi&eacute;rcoles 8 de abril de 1987 &nbsp; 1. \u201cLos sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros\u201d (Rm 8, 18). 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