{"id":39907,"date":"2016-10-05T23:18:48","date_gmt":"2016-10-06T04:18:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-abril-de-1987-celebracion-de-la-palabra-con-los-fieles-de-mendoza-argentina\/"},"modified":"2016-10-05T23:18:48","modified_gmt":"2016-10-06T04:18:48","slug":"7-de-abril-de-1987-celebracion-de-la-palabra-con-los-fieles-de-mendoza-argentina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-abril-de-1987-celebracion-de-la-palabra-con-los-fieles-de-mendoza-argentina\/","title":{"rendered":"7 de abril de 1987, Celebraci\u00f3n de la Palabra con los fieles de Mendoza, Argentina"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, CHILE Y ARGENTINA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N DE LA PALABRA CON LOS FIELES DE MENDOZA<\/font><\/b><\/p>\n<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"4\" color=\"#663300\"> <\/p>\n<p align=\"center\"> <b><i>HOMIL&Iacute;A<\/i><\/b><\/p>\n<p><\/font><br \/>\n<font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\"> DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>&nbsp;Martes 7 de abril de 1987<\/i><\/font><\/p>\n<p> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> \u201c<i>Doy gracias a Dios de continuo por vosotros, por la gracia de Dios que os ha sido concedida en Cristo Jes&uacute;s<\/i>\u201d (<i>1Co<\/i> 1, 4). <\/p>\n<p align=\"left\"> 1. Queridos hermanos y hermanas: &iexcl; Alabado sea Jesucristo por el gran don de la paz, que os ha conseguido de Dios Padre, por la virtud del Esp&iacute;ritu Santo! <\/p>\n<p align=\"left\"> Si todos mis viajes apost&oacute;licos tienen como finalidad ser un llamado al empe&ntilde;o por la paz, &eacute;ste que estoy realizando a los pa&iacute;ses hermanos de Chile y Argentina, quiere ser un <i>servicio pastoral de acci&oacute;n de gracias<\/i> al Pr&iacute;ncipe de la paz (cf. <i>Is<\/i> 9, 6), que os protegi&oacute; contra la fuerza destructora de las armas, y os ilumin&oacute; para seguir el camino de la negociaci&oacute;n y del di&aacute;logo, de modo que, superando las tensiones y seg&uacute;n criterios de equidad, la paz fuera garantizada. Haber logrado este objetivo es motivo de noble orgullo para ambos pueblos, y demuestra ante el mundo c&oacute;mo<i> los conflictos<\/i> y diferendos entre los hombres <i>pueden ser resueltos mediante el entendimiento y el di&aacute;logo<\/i>, sin tener que recurrir a la violencia.<\/p>\n<p align=\"left\"> En este d&iacute;a siento una gran alegr&iacute;a por haber llegado a esta regi&oacute;n cuyana, a los pies del Cristo Redentor, y poder contemplar la belleza de vuestros paisajes, las altas cumbres nevadas que elevan el alma en contemplaci&oacute;n, los alegres vi&ntilde;edos y olivos, los hermosos almendros y &aacute;rboles frutales; y sobre todo, vuestros &aacute;nimos joviales, iluminados por la luz de la fe y de la devoci&oacute;n mariana. <\/p>\n<p align=\"left\"> Saludo con afecto fraterno a mis hermanos en el Episcopado, en particular el Pastor de esta arquidi&oacute;cesis, a todos sus colaboradores en la labor apost&oacute;lica, y a todos vosotros, hombres y mujeres de Mendoza y de la regi&oacute;n Cuyo, amantes de la paz y de la libertad, en particular a las autoridades civiles aqu&iacute; presentes. <\/p>\n<p align=\"left\"> 2. El monumento a Cristo Redentor, inaugurado hace m&aacute;s de ochenta a&ntilde;os, como s&iacute;mbolo de paz entre argentinos y chilenos, est&aacute; enclavado en lo alto de la Cordillera, desde donde vigila y despliega su providencia protectora sobre ambos pueblos hermanos. <i>Ha sido El<\/i>, tenedlo por seguro, quien ha velado siempre, y de modo particular en estos &uacute;ltimos tiempos, para que se cumpla la hermosa leyenda all&iacute; estampada: \u201cSe desplomar&aacute;n primero estas monta&ntilde;as antes que argentinos y chilenos rompan la paz jurada a los pies del Cristo Redentor\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> Querid&iacute;simos hermanos: El Papa os invita a todos los hombres y mujeres de Argentina y de Chile \u2013y en vosotros a los del continente americano y del mundo entero\u2013, a que <i>hag&aacute;is propio ese juramento de paz<\/i>, en lo profundo del coraz&oacute;n: que nunca rompamos la concordia con ning&uacute;n hermano nuestro. <i>Este es el constante llamado<\/i> que, en cuanto Sucesor de Pedro, voy repitiendo en todas mis peregrinaciones apost&oacute;licas, y que en &eacute;sta quiero reiterar con particular &eacute;nfasis. Este llamado se sit&uacute;a en la l&iacute;nea de los \u201c Mensajes para la Jornada de la Paz \u201d que, desde hace veinte a&ntilde;os, dirige el Papa a toda la Iglesia universal y a los hombres de buena voluntad; y del que tambi&eacute;n los Episcopados se han hecho eco en sus respectivos pa&iacute;ses. Secundando el compromiso de la Iglesia en favor de la paz, me es muy grato elogiar la excepcional labor llevada a cabo por los obispos de Chile y de Argentina para fortalecer los lazos entre ambos pa&iacute;ses hermanos, a cual se ha reflejado <a><\/a> \u2013entre otras iniciativas\u2013 en importantes documentos episcopales emanados \u2013a veces conjuntos\u2013 en relaci&oacute;n con el diferendo sobre la zona austral. <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Cu&aacute;nto camino se ha recorrido en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os! &iexcl;Cu&aacute;ntos conflictos y sufrimientos evitados! Por ello, elevamos una vez m&aacute;s, nuestra acci&oacute;n de gracias al Padre de las misericordias por la ayuda dispensada y al mismo tiempo recordamos a las personas que han colaborado eficazmente para llegar al feliz resultado de la Mediaci&oacute;n, entre las que no puedo olvidar la egregia figura del cardenal Antonio Samor&egrave; y su abnegada labor en esta misi&oacute;n de paz. <\/p>\n<p align=\"left\"> Pero, a la vez, mis queridos hermanos, &iexcl;cu&aacute;nto trecho queda a&uacute;n por recorrer en este camino! M&aacute;s, no os dej&eacute;is arrastrar por el des&aacute;nimo o por el fatalismo, porque en medio de la oscuridad de las dificultades, aparece una nueva alborada, que toma su fuerza de la victoria ya conseguida por Jesucristo (cf. <i>Jn<\/i> 14, 27). <i>Es Jes&uacute;s<\/i>, en efecto, <i>quien ha destruido la ra&iacute;z de todos los enfrentamientos<\/i> entre los hombres <a><\/a> \u2013esto es, el pecado\u2013, reconciliando con Dios todas las cosas, \u201cpacificando por la sangre de su Cruz tanto las de la tierra como las del cielo\u201d (<i>Col<\/i> 1, 20). El Cristo Redentor es el Cristo reconciliador con el Padre y con los hermanos, y por eso es tambi&eacute;n el Cristo pacificador: el Pr&iacute;ncipe de la Paz. <\/p>\n<p align=\"left\"> 3. \u201cSi alguno me ama, guardar&aacute; mi palabra, y mi Padre lo amar&aacute;; y vendremos a &eacute;l, y haremos morada en &eacute;l\u201d (<i>Jn<\/i> 14, 23). <i>Para conseguir la verdadera paz<\/i>, la paz de Cristo, <i>es preciso que El habite en nuestro interior<\/i>, que hagan morada en nuestra alma el Padre y el Hijo en la unidad del Espiritu Santo. \u201c La paz sobre la tierra, nacida del amor al pr&oacute;jimo, es imagen y efecto de la paz de Cristo, que procede del Padre&#8230;, el cual ha reconciliado con Dios a todos los hombres por la cruz, y. reconstituyendo en un solo pueblo y en un solo cuerpo la unidad del g&eacute;nero humano, ha dado muerte al odio en su propia carne y. despu&eacute;s del triunfo de su resurrecci&oacute;n, ha infundido su Esp&iacute;ritu de amor en el coraz&oacute;n de los hombres\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 78). <\/p>\n<p align=\"left\"> La paz, por consiguiente, es don de la Sant&iacute;sima Trinidad. Y para que Dios nos la otorgue, para gozar de su vida y de su paz, nos exige amarlo, guardar su palabra, que seamos fieles a sus mandamientos y ense&ntilde;anzas (cf <i>Jn<\/i> 14, 23-24). Por ello, para lograr la concordia entre los hermanos, os exhorto a la <i>conversi&oacute;n interior<\/i>, para que pod&aacute;is acoger con fruto ese don de la paz, que Cristo nos ha alcanzado del Padre, y que el Esp&iacute;ritu Santo infunde en los corazones bien dispuestos. <\/p>\n<p align=\"left\"> La concordia es<i> consecuencia de la actitud responsable<\/i> que toda persona ha de adoptar respecto de la vida en sociedad. Ello exige una clara opci&oacute;n por el hombre y sus derechos inalienables. Por eso el Papa os anima a que tom&eacute;is una posici&oacute;n clara, y sin ambig&uuml;edades, ante las situaciones que mortifican la dignidad del hombre: la injusticia, la mentira, la demagogia, que deforma el rostro de la verdadera paz. Hab&eacute;is de rechazar tambi&eacute;n todo lo que degrada y deshumaniza: la droga, el aborto, la tortura, el terrorismo el divorcio, las condiciones infrahumanas de vida, los trabajos degradantes (cf. <a><\/a> <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\"> Gaudium et spes<\/a><\/i>, 27).<\/p>\n<p align=\"left\"> M&aacute;s, la actitud del cristiano ante las realidades que atentan a la paz, no debe agotarse en la mera cr&iacute;tica o en la rebeld&iacute;a est&eacute;ril; la promoci&oacute;n de la paz no ha de limitarse a deplorar los efectos negativos de las situaciones de crisis, de conflictos y de injusticias, sino que debe ser tambi&eacute;n propuesta de v&iacute;as de soluci&oacute;n, factor de proyecci&oacute;n de nuevas metas e ideales para la sociedad, fermento activo en la construcci&oacute;n de un mundo m&aacute;s humano y cristiano. <\/p>\n<p align=\"left\"> Sab&eacute;is muy bien, amad&iacute;simos hermanos, c&oacute;mo la conflictiva situaci&oacute;n en ciertas zonas de Am&eacute;rica Latina, se presta a la demagogia, al alegato est&eacute;ril, a la recriminaci&oacute;n mutua, y a otras actitudes que no siempre redundan en soluciones positivas. Urge encontrar la v&iacute;a para esas soluciones que operen la reconciliaci&oacute;n entre las partes enfrentadas, por medio de la tolerancia, el esp&iacute;ritu de di&aacute;logo y de entendimiento, en el marco de un sano pluralismo. Con estos mismos prop&oacute;sitos hab&eacute;is de fomentar en vosotros y en quienes os rodean una<i> verdadera voluntad de aut&eacute;ntica paz<\/i>, inspirada en los principios cristianos, que no transigen con los abusos o las injusticias, sin jam&aacute;s optar por la confrontaci&oacute;n o la violencia como v&iacute;a de soluci&oacute;n a los conflictos. <\/p>\n<p align=\"left\"> Asumid una actitud positiva ante la paz, que es un don de Dios que el hombre ha de merecer y <i>conquistar<\/i> cada d&iacute;a, promovi&eacute;ndolo en todo momento desde su propio coraz&oacute;n como ilusionado art&iacute;fice de la paz. <\/p>\n<p align=\"left\"> 4. En la proclamaci&oacute;n de la Palabra, as&iacute; nos exhortaba San Pablo: \u201cNo os angusti&eacute;is por nada, y en cualquiera circunstancia, recurrid a la oraci&oacute;n y a la s&uacute;plica, acompa&ntilde;ada de acci&oacute;n de gracias, para presentar vuestras peticiones a Dios. Y la paz de Dios, que supera toda inteligencia, guardar&aacute; vuestros corazones y pensamientos en Cristo Jes&uacute;s\u201d (<i>Flp<\/i> 4, 6-7). Este es el sentido que tuvo la Jornada de oraci&oacute;n celebrada en el mes de octubre pasado en la ciudad de As&iacute;s: recordar que, siendo la paz un don de Dios, el camino de <i>la paz debe apoyarse sobre todo en la plegaria<\/i>. Me ha producido gran gozo saber que la reuni&oacute;n de As&iacute;s tuvo especial reflejo en esta arquidi&oacute;cesis; el Papa os anima a ser perseverantes en la petici&oacute;n humilde y confiada por la paz. <\/p>\n<p align=\"left\"> Adem&aacute;s de la oraci&oacute;n, San Pablo recordaba que \u201c todo lo verdadero y noble; todo lo justo y puro, todo lo amable y digno de honra, todo lo virtuoso y laudable, debe ser objeto de vuestros pensamientos. Poned en pr&aacute;ctica lo que hab&eacute;is aprendido y recibido, lo que hab&eacute;is o&iacute;do y visto en m&iacute;; y el Dios de la paz estar&aacute; con vosotros\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 4, 8-9). La Iglesia ha recordado incesantemente que el Evangelio de <i>la paz llegar&aacute; a las instituciones pasando por el coraz&oacute;n<\/i> de las personas, y no pacificar&aacute; la sociedad si antes no ha pacificado las conciencias, liber&aacute;ndolas del pecado y de sus consecuencias sociales. Cuando se logre esa transformaci&oacute;n interior en el alma de cada uno, se engendrar&aacute;n con la fuerza misma de la vida, nuevas formas de relaciones sociales y culturales, y se abrir&aacute; paso en el mundo a la \u201ccivilizaci&oacute;n de la paz\u201d. No os extra&ntilde;e, por consiguiente, que el Papa insista en que cada uno debe esforzarse por vencer en s&iacute; mismo los propios defectos, en luchar contra el ego&iacute;smo, superar las antipat&iacute;as, no crear abismos de separaci&oacute;n con los dem&aacute;s, evitar las pol&eacute;micas agresivas. No olvid&eacute;is, amados hermanos, que la calidad de los frutos depende de lo que personalmente hayamos sembrado (cf <i>Ga<\/i> 6, 8-10). <\/p>\n<p align=\"left\"> Esta primac&iacute;a del cambio personal sobre el cambio estructural (cf. Congr. pro Doctr. Fidei, <i>Libertatis Conscientia<\/i>, 75), no es una doctrina orientada s&oacute;lo a tranquilizar las conciencias; por el contrario, es un llamado exigente a la \u201c unidad de vida \u201d cristiana, porque la proyecci&oacute;n de la virtud personal en la mejora estructural no es algo autom&aacute;tico, como tampoco lo es nada propiamente humano. La incesante renovaci&oacute;n interior a la que est&aacute; llamado el cristiano, corre pareja con el esfuerzo que debe poner, seg&uacute;n sus circunstancias, en la transformaci&oacute;n de la sociedad: <a><\/a> \u201cnuestra conducta social es parte integrante de nuestro seguimiento de Cristo\u201d (<i>Puebla<\/i>, 476). <\/p>\n<p align=\"left\"> Quisiera recordaros adem&aacute;s, que en esta transformaci&oacute;n de la sociedad,<i> la familia tiene un papel de primer orden<\/i>. &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a existir paz en una naci&oacute;n, donde las familias estuviesen divididas, y no fuesen capaces de superar los conflictos en esa c&eacute;lula b&aacute;sica de toda convivencia, donde se aceptase la desintegraci&oacute;n del matrimonio? <\/p>\n<p align=\"left\"> 5. Si pues quer&eacute;is ser coherentes, deb&eacute;is exigiros a vosotros mismos aquellos valores que son soporte de la vida social. Me refiero espec&iacute;ficamente a las virtudes que son punto de apoyo importante y esencial para una civilizaci&oacute;n del amor y de la paz. <\/p>\n<p align=\"left\"> \u2014 En primer lugar <i>el orden<\/i>, ya que, seg&uacute;n definici&oacute;n de San Agust&iacute;n, la paz es \u201cla tranquilidad en el orden\u201d (<i>De Civitate Dei<\/i>, 19, 13), No s&oacute;lo un orden exterior, sino una jerarqu&iacute;a interior de valores reflejo del querer divino, porque la paz \u201c es fruto del orden impreso en la sociedad humana por su divino Fundador, que los hombres han de llevar a la perfecci&oacute;n \u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 78). Un orden que os har&aacute; tener en cuenta los valores de toda persona y grupo, las superiores exigencias del bien com&uacute;n, la salvaguardia en cualquier circunstancia de los derechos humanos imprescindibles, la prioridad del ser sobre el tener.<\/p>\n<p align=\"left\"> <a><\/a> \u2014 <i>Justicia<\/i>: as&iacute; como \u201cla paz es obra de la justicia\u201d (<i>Is<\/i> 32, 17), los conflictos tienen por origen la injusticia. En efecto, \u201c &iquest;puede existir verdadera paz, cuando hombres, mujeres y ni&ntilde;os no pueden alcanzar su plena dignidad humana? &iquest;Puede existir una paz duradera en un mundo regulado por relaciones \u2013 sociales, econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas \u2013 que favorecen a un grupo o a un pa&iacute;s en detrimento de otros? &iquest;Puede establecerse una paz genuina sin el efectivo reconocimiento de aquella gran verdad, seg&uacute;n la cual todos poseemos la misma dignidad, porque hemos sido formados a imagen de Dios, que es nuestro Padre\u201d? (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_jp-ii_mes_19861208_xx-world-day-for-peace.html\">Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1987<\/a><\/i>, n.1) <\/p>\n<p align=\"left\"> <a><\/a> \u2014 <i>El amor a la libertad<\/i>, porque todo aquello que la impide sojuzga tambi&eacute;n la aut&eacute;ntica paz de las personas, de las instituciones y de la sociedad entera. La sujeci&oacute;n forzada de unos grupos sociales por otros es inaceptable, y contradice la noci&oacute;n del verdadero orden y de aut&eacute;ntica concordia. Situaciones de esta &iacute;ndole, bien sea en el interior de una naci&oacute;n o en el mismo campo internacional, podr&iacute;an dar la apariencia de un cierto sosiego exterior, pero pronto se manifestar&iacute;an como causas de ulteriores represiones y de creciente violencia. La libertad, que personas y naciones deben tener para asegurar su pleno desarrollo como miembros de igual dignidad en la familia humana, depende del reciproco respeto en el concierto nacional y en el orden internacional. <\/p>\n<p align=\"left\"> <a><\/a> \u2014 <i>Fortaleza<\/i>: la paz no puede confundirse con un falso irenismo; requiere aut&eacute;ntica fortaleza para superar conflictos y obst&aacute;culos, que siempre existir&aacute;n: \u201cLa paz nunca es algo establemente adquirido, sino que debe procurarse de continuo. Puesto que la voluntad humana es fr&aacute;gil y est&aacute; herida por el pecado, la construcci&oacute;n de la paz exige el constante dominio de las pasiones de cada uno y la vigilancia de la leg&iacute;tima autoridad\u201d (<a><\/a><i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 78). Queridos mendocinos y cuyanos, esa fortaleza humana que hab&eacute;is demostrado tantas veces para transformar el desierto en un oasis, y para levantar vuestros campos ante la adversidad de plagas, heladas y terremotos, demostradla tambi&eacute;n en hacer crecer el fruto sabroso de la paz y de la concordia nacional y universal.<\/p>\n<p align=\"left\"> <a><\/a> \u2014 <i>Caridad<\/i>: una actitud que \u2013en cierto modo\u2013 resume las anteriores es la solidaridad universal, basada en la dignidad de cada persona y en el mandamiento del amor. Ved siempre a los dem&aacute;s como hermanos \u2013hijos del mismo Padre celestial\u2013 y amadlos como son, comprendiendo y aceptando la diversidad de cada uno. La caridad os llevar&aacute; a superar rencores, diferencias, discordias; a fijaros no en lo que divide los &aacute;nimos, sino en lo que los puede unir en mutua comprensi&oacute;n y rec&iacute;proca estima. Y todo ello se ha de manifestar preferentemente en favor de los m&aacute;s necesitados e indefensos. <\/p>\n<p align=\"left\"> 6. Acabamos de celebrar el vig&eacute;simo aniversario de la Enc&iacute;clica <i> <a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum Progressio<\/a><\/i>, en la cual el Papa Pablo VI nos hizo comprender c&oacute;mo<i> el desarrollo es el nuevo nombre de la paz<\/i>. Por eso quise proponer para este a&ntilde;o la solidaridad y el desarrollo como claves imprescindibles para su construcci&oacute;n <a><\/a> (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_jp-ii_mes_19861208_xx-world-day-for-peace.html\">Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1987<\/a><\/i>, n.7) . <\/p>\n<p align=\"left\"> Pero no pod&eacute;is olvidar que ese desarrollo ser&aacute; fundamento de la paz, si no se limita a un simple medio de lucro o de producci&oacute;n econ&oacute;mica, ni a un mero camino hacia una laudable justicia social. Es mucho m&aacute;s que todo eso: est&aacute; ordenado a <i>promover el desarrollo y el bien integral, completo, del hombre<\/i>, que abarca no s&oacute;lo la actividad material, econ&oacute;mica o social, sino sobre todo el progreso de su vida espiritual, fuera del cual el hombre quedar&iacute;a siempre incompleto y truncado. <\/p>\n<p align=\"left\"> Es necesario insistir en que <i>la persona humana es el centro de todo adelanto social<\/i>; cualquier hombre o mujer, independientemente de sus circunstancias, tiene una importancia prioritaria sobre las cosas; dicha preeminencia se funda en su dignidad de persona humana, creada a imagen de Dios y llamada a participar de la redenci&oacute;n de Cristo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Y podemos preguntarnos: &iquest;es posible, en la actualidad, hacer valer esa preeminencia de la persona, como fundamento de una paz genuina? O, en t&eacute;rminos generales: &iquest;es posible dar eficacia hist&oacute;rica, econ&oacute;mica y pol&iacute;tica a la doctrina social de la Iglesia como base de concordia universal? A esta pregunta ya respond&iacute;a el Papa Pablo VI: \u201cEs posible, s&iacute;, porque la doctrina social cristiana posee el carisma interior de la verdad; conoce e interpreta la naturaleza del hombre y del mundo&#8230; S&iacute;, es posible, si hombres inteligentes y generosos, cat&oacute;licos fuertes y libres, Pastores esclarecidos y valerosos, hijos del pueblo aguerridos, coherentes y fieles, se comprometen en la gran empresa de la edificaci&oacute;n de una sociedad justa, libre y cristiana. S&iacute;, es posible si cuantos se consagran a esta empresa saben encontrar en las fuentes de la fe y de la gracia ese misterioso e indispensable suplemento de luz y fuerza, que es precisamente la aportaci&oacute;n original del cristianismo a la salvaci&oacute;n del mundo\u201d (<i>Discurso<\/i> del 15 de mayo de 1965). <\/p>\n<p align=\"left\"> S&iacute;, queridos hijos,<i> es posible alcanzar la paz<\/i>, pero \u201cno como la del mundo\u201d (<i>Jn<\/i> 14, 27; como nos recuerda el Evangelio, nuestra paz es la paz de Cristo; y <i>El la otorga siempre a los que ama <\/i>(cf.<i> Lc <\/i>2, 14). <\/p>\n<p align=\"left\"> La poderosa intercesi&oacute;n de la Sant&iacute;sima Virgen, Reina de la Paz, de la Virgen del Sant&iacute;simo Rosario, que vosotros vener&aacute;is aqu&iacute; en Mendoza; la intercesi&oacute;n de Mar&iacute;a, tan amada y venerada por todos los cuyanos, sea garant&iacute;a para alcanzar de su Hijo ese don de Dios, que nosotros debemos conquistar cada d&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1987 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p> <\/font> <\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<\/p>\n<p> <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, CHILE Y ARGENTINA CELEBRACI&Oacute;N DE LA PALABRA CON LOS FIELES DE MENDOZA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II &nbsp;Martes 7 de abril de 1987 &nbsp; \u201cDoy gracias a Dios de continuo por vosotros, por la gracia de Dios que os ha sido concedida en Cristo Jes&uacute;s\u201d (1Co 1, 4). 1. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-abril-de-1987-celebracion-de-la-palabra-con-los-fieles-de-mendoza-argentina\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab7 de abril de 1987, Celebraci\u00f3n de la Palabra con los fieles de Mendoza, Argentina\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39907","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39907","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39907"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39907\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39907"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39907"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39907"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}