{"id":39909,"date":"2016-10-05T23:18:50","date_gmt":"2016-10-06T04:18:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-abril-de-1987-celebracion-eucaristica-con-la-poblacion-del-norte-grande-chile\/"},"modified":"2016-10-05T23:18:50","modified_gmt":"2016-10-06T04:18:50","slug":"6-de-abril-de-1987-celebracion-eucaristica-con-la-poblacion-del-norte-grande-chile","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-abril-de-1987-celebracion-eucaristica-con-la-poblacion-del-norte-grande-chile\/","title":{"rendered":"6 de abril de 1987, Celebraci\u00f3n eucar\u00edstica con la poblaci\u00f3n del Norte Grande, Chile"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, CHILE Y ARGENTINA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><b>CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA CON LA POBLACI&Oacute;N <br \/>DEL NORTE GRANDE DE CHILE<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><font color=\"#663300\"><i>Antofagasta, lunes 6 de abril de 1987<\/i><\/font><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <i>&laquo;Permaneced en mi amor&raquo;<\/i> (<i>Jn<\/i> 15, 9)<\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Queridos hermanos y hermanas<\/i>, <\/p>\n<p align=\"left\"> 1. Aqu&iacute;, en el Norte grande de Chile, en la querida ciudad de Antofagasta, tiene lugar la &uacute;ltima etapa de mi servicio pastoral en tierra chilena. Y as&iacute;, es de considerar en cierto modo providencial el hecho de que hayamos o&iacute;do en esta liturgia las palabras pronunciadas por Jes&uacute;s en el Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n, al despedirse de sus disc&iacute;pulos: \u201c<i>Como el Padre me ha amado, as&iacute; os he amado yo<\/i>; permaneced en mi amor\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i>). <\/p>\n<p align=\"left\"> Est&aacute; ya cercano el momento de su partida, de su retorno al Padre. Jes&uacute;s lo sabia y por eso manifiesta abiertamente su vehemente deseo: \u201cPermaneced en el amor, permaneced en mi amor\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> El Hijo de Dios est&aacute; a punto de sellar su amor por el hombre <i>con el sacrificio<\/i>, ofreciendo su vida por la humanidad. \u201c<i>Nadie tiene amor m&aacute;s grande que el que de la vida por sus amigos<\/i>\u201d (<i>Jn<\/i> 15, 13). El sacrificio de la Cruz, la entrega de la propia vida, corresponde tambi&eacute;n por entero al amor con que el mismo Padre ama desde la eternidad.<i> De este amor<\/i> encarnado en el Hijo, confirmado plenamente por el sacrificio de la Cruz y por la efusi&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo<i> nace la Iglesia<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> 2. Queridos hermanos y hermanas: las palabras de Jes&uacute;s nos hablan de la Iglesia, esto es, de la heredad del Se&ntilde;or nacida del amor misericordioso del Padre manifestado para siempre en su Hijo, el predilecto. Son palabras que nos descubren el misterio de esa realidad de amor de la que la Iglesia es fruto y desea comunicarla en todas partes, en toda &eacute;poca y naci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;S&iacute;, permaneced en mi amor! Cuando Jes&uacute;s nos habla as&iacute;, nos est&aacute; diciendo que nos quiere muy cerca de El. Nos quiere obedientes por amor a la voluntad del Padre, es decir, a la vocaci&oacute;n divina que da verdadero sentido a la vida cristiana. <\/p>\n<p align=\"left\"> Por eso, Jes&uacute;s nos sigue diciendo a cada uno: \u201c<i>Si guard&aacute;is mis mandamientos permanecer&eacute;is en mi amor<\/i>\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 15, 9). Nuestro amor a Dios y al pr&oacute;jimo por Dios, se manifiesta en la perseverancia cotidiana en la dif&iacute;cil tarea de conformar nuestra conducta a los mandatos del Se&ntilde;or, ense&ntilde;ados e interpretados con autoridad por la Iglesia. S&oacute;lo as&iacute; amaremos <i>con obras y de verdad<\/i>. (cf. <i>1Jn<\/i> 3, 18) <\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Hoy oramos por la Santa Iglesia<\/i>; es el deseo de vuestros obispos, que han querido que este &uacute;ltimo sacrificio eucar&iacute;stico que celebro en tierra chilena se ofrezca por las necesidades de la Iglesia y de su misi&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> Cristianos de Chile, no dej&eacute;is de amar con todas vuestras fuerzas a la Iglesia, de la que sois hijos por el bautismo. Sab&eacute;is que la Iglesia no es una simple organizaci&oacute;n humana, sino que es el Cuerpo de Cristo, la Esposa del Se&ntilde;or \u2013aunque no falten en ella pecadores\u2013, a la que sus hijos confesamos en el <i> Credo<\/i> como una, santa, cat&oacute;lica y apost&oacute;lica. <\/p>\n<p align=\"left\"> De ah&iacute; surgir&aacute; tambi&eacute;n en vosotros una honda adhesi&oacute;n a los Pastores de la Iglesia, que son <i>mediadores y servidores de la verdad y de la acci&oacute;n salv&iacute;fica de Cristo <\/i>en los fieles. Corresponded a su abnegado ministerio con vuestra comuni&oacute;n filial, traducida en oraci&oacute;n por ellos, en docilidad a sus ense&ntilde;anzas evang&eacute;licas, a sus mandatos y a sus exhortaciones paternas, y en incansable colaboraci&oacute;n para que puedan desempe&ntilde;ar mejor la misi&oacute;n apost&oacute;lica y pastoral \u2013de tanta responsabilidad\u2013 que el Se&ntilde;or ha puesto sobre sus hombros. <\/p>\n<p align=\"left\"> 3. Examinad ahora vuestra propia vida para descubrir en qu&eacute; medida os hab&eacute;is comportado hasta el presente como conviene a esa dignidad que nace de vuestro bautismo. Por ese sacramento de la iniciaci&oacute;n cristiana hab&eacute;is sido injertados en Cristo para vivir en gracia y amistad con Dios. Para conservar y aumentar esa vida divina de la que particip&aacute;is, esforzaos en una <i>conversi&oacute;n permanente<\/i> de la mente y del coraz&oacute;n, combatiendo decididamente el pecado, que destruye la vida del alma. Y, al tomar conciencia de vuestros pecados, volved confiados a nuestro Padre Dios con el arrepentimiento que nace del amor a quien es la Bondad suprema. El os dispensar&aacute; su perd&oacute;n misericordioso, por el ministerio de la Iglesia, en la celebraci&oacute;n del sacramento de la penitencia. <\/p>\n<p align=\"left\"> De este modo, \u201cen novedad de vida\u201d (cf <i>Rm<\/i> 6, 4), al recibir al mismo Cristo en la Eucarist&iacute;a, participar&eacute;is, de una manera sublime, en ese Misterio de Amor divino inaugurado en el Cen&aacute;culo y consumado en el G&oacute;lgota. Alimentados con el Pan de la vida eterna podr&eacute;is vivir las exigencias de la Ley del amor, que el mismo Cristo nos ha ense&ntilde;ado, y ser&eacute;is miembros vivos de la Iglesia. <\/p>\n<p align=\"left\"> 4. Con las palabras de la primera lectura que manifiestan ese profundo amor en San Pablo, tambi&eacute;n yo os quiero decir: \u201c Testigo me es Dios de lo entra&ntilde;ablemente que os amo en Cristo Jes&uacute;s \u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> Queridos chilenos del Norte Grande, del desierto y de la pampa, de las tierras del cobre y del salitre; desde Antofagasta, me dirijo ahora en particular a vosotros, para expresaros el afecto que siento hacia todas las personas que, por providencia de Dios, habit&aacute;is esta parte del pa&iacute;s. <\/p>\n<p align=\"left\"> Lleno de gozo por haber podido venir al Norte Grande de Chile, deseo testimoniar mi profundo aprecio por todos los valores encarnados en la sociedad nortina: su laboriosidad, virtudes humanas, fidelidad a la tierra en medio de una naturaleza &aacute;spera y dif&iacute;cil. Mi saludo m&aacute;s entra&ntilde;able va desde aqu&iacute; a los trabajadores, t&eacute;cnicos, ejecutivos, as&iacute; como a sus familias, de la mina de cobre de Chuquicamata, as&iacute; como a cuantos trabajan en los distintos sectores de la miner&iacute;a chilena. Con vuestro esfuerzo sacrificado, y no exento de riesgos, contribu&iacute;s de modo relevante al progreso econ&oacute;mico y social de vuestra patria, que es parte considerable del bien com&uacute;n de la naci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> Me siento muy unido a vosotros, cristianos del Norte, en el gran desaf&iacute;o por lograr que, con la gracia de Dios, la existencia de cada uno, de cada familia y de toda la comunidad vaya descubriendo cada d&iacute;a m&aacute;s los tesoros de paz y felicidad que se encierran en la persona de Cristo y su mensaje de salvaci&oacute;n. Para llevar a cabo esa gran tarea se necesitan en esta tierra m&aacute;s sacerdotes, fieles ministros de Jesucristo, que gu&iacute;en a vuestras comunidades como buenos pastores. J&oacute;venes nortinos: &iexcl;Si el Se&ntilde;or os llama a servirle en el sacerdocio o en la vida religiosa, acoged su llamada con generosidad! &iexcl;El Se&ntilde;or os necesita! Y recordad que donde hay un cristiano o una cristiana \u2013 aunque viva aislado, en estas inmensidades despobladas \u2013 est&aacute;n presentes Cristo y su Iglesia, y por eso debe notarse all&iacute; el buen aroma de Cristo, como nos dice San Pablo (cf. <i>2Co<\/i> 2, 15). <\/p>\n<p align=\"left\"> 5. &iexcl;Queridos hermanos y hermanas! Hoy, al t&eacute;rmino de mi servicio papal en vuestra acogedora tierra, quiero <i>dar gracias a Dios por vuestra colaboraci&oacute;n en la obra del Evangelio <\/i>(cf <i>Flp <\/i>1, 3.5). <\/p>\n<p align=\"left\"> Cada uno de los imborrables momentos de este viaje pastoral por vuestra geograf&iacute;a me ha llenado de gozo y gratitud, porque he experimentado la fe viva de los hijos de esta tierra; porque he comprobado vuestras aut&eacute;nticas ansias de fidelidad a Jesucristo y a su Iglesia. <\/p>\n<p align=\"left\"> Al dar gracias por estos casi cinco siglos de historia de la Iglesia en Chile, y por toda la tradici&oacute;n cristiana que impregna las ra&iacute;ces culturales de esta naci&oacute;n, miramos tambi&eacute;n al futuro con la esperanza de los hijos de Dios, trayendo a este altar nuestros prop&oacute;sitos de colaborar con el Se&ntilde;or en <i>la obra de la evangelizaci&oacute;n y santificaci&oacute;n de Chile y del mundo<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> Ante nuestra mirada se descubre el horizonte de <i>la nueva evangelizaci&oacute;n de Chile<\/i> a la que mi visita pastoral quiere contribuir: con mi oraci&oacute;n, con mi mensaje, con mi aliento y el apoyo de la Iglesia universal. <\/p>\n<p align=\"left\"> 6. A la Iglesia de Dios en Chile dirijo tambi&eacute;n hoy aquellas palabras de esperanza que pronunci&eacute; al inicio de la novena de a&ntilde;os preparatoria al V centenario de la evangelizaci&oacute;n de Am&eacute;rica: \u201cesperanza de una Iglesia, que firmemente unida a sus obispos \u2013con sus sacerdotes, religiosos y religiosas al frente\u2013 <i>se concentra intensamente en su misi&oacute;n evangelizadora <\/i>y que lleva a los fieles a la savia vital de la Palabra de Cristo y a las fuentes de gracia de los Sacramentos\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/homilies\/1984\/documents\/hf_jp-ii_hom_19841012_celebrazione-santo-domingo.html\">Celebraci&oacute;n de la Palabra en Santo Domingo<\/a><\/i>, III, n.3, 12 de octubre de 1984).<\/p>\n<p align=\"left\"> Esperanza de una Iglesia que, proyect&aacute;ndose tambi&eacute;n en la promoci&oacute;n humana y cristiana del hombre y comprometi&eacute;ndose en el amor de preferencia por los pobres, predique <i>la verdadera liberaci&oacute;n<\/i>, la <i>que ha obrado Cristo<\/i> con su muerte y resurrecci&oacute;n: liberaci&oacute;n, en primer lugar, del pecado y de la muerte eterna, y de todo cuanto nos separa de Dios y de nuestros hermanos. Esta libertad da un sentido cristiano, de fe y de amor, a todas las realidades, y. al mismo tiempo, constituye una anticipaci&oacute;n de las alegr&iacute;as imperecederas del reino de los Cielos. <\/p>\n<p align=\"left\"> Pido fervientemente al Se&ntilde;or y a su Madre Sant&iacute;sima que se consolide a&uacute;n m&aacute;s el florecimiento de <i>vocaciones sacerdotales y religiosas<\/i> en las familias chilenas, para que no falten los buenos pastores, s&oacute;lidamente formados en la doctrina y en la vida espiritual, y que transmitan fielmente a todos el anuncio evang&eacute;lico puro y aut&eacute;ntico, as&iacute; como ese impulso de santificaci&oacute;n y esos anhelos apost&oacute;licos que nacen de los or&iacute;genes de la evangelizaci&oacute;n de Chile; ruego para que haya religiosos y religiosas que, en su vida consagrada a Dios y a los hermanos, den genuino testimonio de los valores del reino, en espera de la venida del Se&ntilde;or. Orad tambi&eacute;n vosotros para que se lleve a cabo una inmensa labor de <i>catequesis en la fe<\/i>, fiel a la doctrina cat&oacute;lica, que mantenga vivo y operante el mensaje de salvaci&oacute;n que trajeron los primeros evangelizadores. <\/p>\n<p align=\"left\"> 7. En esta Misa por la Santa Iglesia tengo presentes de una manera particular a los laicos chilenos, a esa inmensa mayor&iacute;a de los hijos e hijas de la Iglesia en Chile. <\/p>\n<p align=\"left\"> Querid&iacute;simos laicos:<i> &iexcl;El porvenir de la obra del Evangelio en vuestra patria pasa tambi&eacute;n a trav&eacute;s de vosotros! &iexcl;<\/i>Ninguno<i> puede sentirse excluido de los designios divinos del amor que salva<\/i>, del mensaje que predica la fraternidad, porque todos somos hijos del mismo Padre celestial! Mirando a Cristo que os interpela y cuenta con vosotros para hacer verdad y vida su obra redentora en el mundo, no pod&eacute;is quedaros pasivos o indiferentes. Recordad siempre que tambi&eacute;n a vosotros van dirigidas las palabras del Se&ntilde;or: \u201cOs he destinado para que vay&aacute;is y deis fruto, y vuestro fruto dure\u201d (<i>Jn<\/i> 15, 16). Vuestra vocaci&oacute;n cristiana tiene un irrenunciable sentido y contenido apost&oacute;lico, inseparable de la b&uacute;squeda de la santidad. Por amor a Dios y al pr&oacute;jimo, deb&eacute;is asumir vuestra parte propia en la misi&oacute;n redentora de Cristo, en la Iglesia y en el mundo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Durante mi visita a Chile me he referido a diversos campos y facetas de vuestra misi&oacute;n en la animaci&oacute;n cristiana de las realidades temporales: la familia, el trabajo, la cultura, la educaci&oacute;n, los medios de comunicaci&oacute;n, la pol&iacute;tica, la econom&iacute;a, el desarrollo regional y los dem&aacute;s sectores de la vida p&uacute;blica y social. En &iacute;ntima comuni&oacute;n con vuestros obispos y con el Magisterio de la Iglesia, empe&ntilde;aos en buscar soluciones cristianas a los problemas que os preocupan. Llevad a cabo esa tarea con responsabilidad y libertad, en sinton&iacute;a con la doctrina que el Concilio Vaticano II ha querido recordar respecto del leg&iacute;timo pluralismo entre los seglares cristianos en su acci&oacute;n apost&oacute;lica: \u201cEn estos casos de soluciones divergentes, aun al margen de la intenci&oacute;n de ambas partes, muchos laicos tienden f&aacute;cilmente a vincular su soluci&oacute;n con el mensaje evang&eacute;lico. Entiendan todos que en tales casos a nadie le est&aacute; permitido reivindicar en exclusiva a favor de su parecer la autoridad de la Iglesia. Procuren siempre hacerse luz mutuamente con un di&aacute;logo sincero, guardando la mutua caridad y la solicitud primordial por el bien com&uacute;n\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 43). <\/p>\n<p align=\"left\"> Para que sea posible una m&aacute;s profunda cristianizaci&oacute;n de las realidades temporales y del orden social, los laicos \u2013hombres y mujeres\u2013 han de <i> participar activamente en la vida de la Iglesia<\/i>: unos participar&aacute;n en las diversas formas de apostolado asociado; otros ofrecer&aacute;n una colaboraci&oacute;n directa con los Pastores en tantos servicios eclesiales y de asistencia; muchos har&aacute;n su labor dentro de la familia, entre sus compa&ntilde;eros y amigos. As&iacute;, como fermento en la masa, transformar&eacute;is a Chile desde dentro y cumplir&eacute;is la misi&oacute;n que Dios os ha confiado en el mundo, como exigencia de vuestra vocaci&oacute;n cristiana. Quiera Dios que el S&iacute;nodo de los Obispos que tendr&aacute; lugar en Roma durante el mes de octubre pr&oacute;ximo, represente un impulso revitalizador de la vocaci&oacute;n y misi&oacute;n de los laicos en la Iglesia y en el mundo. <\/p>\n<p align=\"left\"> 8. Queridos chilenos y chilenas, con palabras del ap&oacute;stol San Pablo <i> manifiesto mi confianza en \u201cque el que ha inaugurado entre vosotros una empresa buena, la llevar&aacute; adelante hasta el d&iacute;a de Cristo Jes&uacute;s\u201d<\/i> (<i>Flp<\/i> 1, 6). <\/p>\n<p align=\"left\"> Ciertamente esta visita del Sucesor de Pedro durante estos seis d&iacute;as del tiempo lit&uacute;rgico de Cuaresma, compartidos con la Iglesia de Dios que peregrina en Chile, me ha ayudado <i>a llevaros a todos, todav&iacute;a m&aacute;s, en mi coraz&oacute;n<\/i>. Han sido jornadas vividas en la fe y en el amor que nos une. Os agradezco de veras el afecto y adhesi&oacute;n que me hab&eacute;is demostrado durante este viaje inolvidable en el que he podido comprobar vuestra proverbial hospitalidad. A pesar de la distancia que nos separa, tened la seguridad de que desde Roma, os tendr&eacute; siempre presentes en mi afecto y en mis oraciones.<i> &iexcl;Estamos siempre muy unidos, en el coraz&oacute;n de Cristo y en el coraz&oacute;n de Mar&iacute;a!<\/i> <\/p>\n<p align=\"left\"> 9. &laquo;Haya paz dentro de tus muros, Jerusal&eacute;n, seguridad en tus palacios. Por mis hermanos y compa&ntilde;eros voy a decir: \u201c<i>La paz contigo<\/i>\u201d&raquo; (<i>Sal<\/i> 122 [121], 7-9). <\/p>\n<p align=\"left\"> Queridos chilenos: Conozco vuestros sinceros anhelos de paz, de justicia y de todo bien. S&eacute; que, en los m&aacute;s &iacute;ntimo de cada hombre y de cada mujer de esta tierra, late un hondo deseo de crecer en el amor, de combatir el odio y el sectarismo, el ego&iacute;smo y las ansias desordenadas de riquezas. <\/p>\n<p align=\"left\"> <i>&iexcl;Que triunfe en vuestros corazones la paz de Cristo!<\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;Que su sacrificio redentor, que nos reconcili&oacute; con el Padre, reconcilie a la gran familia chilena superando las barreras, soldando fracturas, venciendo la enemistad y la discordia con la fuerza del esp&iacute;ritu cristiano, que es capaz de pedir perd&oacute;n cuando se tiene conciencia de haber ofendido gravemente al pr&oacute;jimo. <\/p>\n<p align=\"left\"> 10. Oremos por todos los habitantes de esta tierra noble y sufrida; del norte y del sur, del campo y de la ciudad, del mar y de la monta&ntilde;a. Pidamos a Dios que la Iglesia, movida por el amor de Cristo, de siempre testimonio de servicio a la justicia, a la paz, a la reconciliaci&oacute;n de los hermanos. Que conduzca a la Jerusal&eacute;n eterna a todos los que el Padre ha amado y elegido en Cristo, para que puedan \u201cdar fruto\u201d y que \u201cvuestro fruto dure\u201d (Cf. <i>Jn<\/i> 15, 16). <\/p>\n<p align=\"left\"> \u201cLlenos de la m&aacute;s tierna confianza, como hijos que acuden al coraz&oacute;n de su Madre\u201d confiad en la Sant&iacute;sima Virgen del Carmen, Reina y Patrona de Chile. Ella ser&aacute; vuestra Estrella y vuestro Norte; amparo y seguro consuelo; modelo sublime en el que aprender&eacute;is a imitar a Cristo, Redentor del hombre. Permaneced en su amor. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1987 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p> <\/font> <\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, CHILE Y ARGENTINA CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA CON LA POBLACI&Oacute;N DEL NORTE GRANDE DE CHILE HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Antofagasta, lunes 6 de abril de 1987 &nbsp; &laquo;Permaneced en mi amor&raquo; (Jn 15, 9) Queridos hermanos y hermanas, 1. 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