{"id":39911,"date":"2016-10-05T23:18:53","date_gmt":"2016-10-06T04:18:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-abril-de-1987-celebracion-de-la-palabra-en-la-serena-chile\/"},"modified":"2016-10-05T23:18:53","modified_gmt":"2016-10-06T04:18:53","slug":"5-de-abril-de-1987-celebracion-de-la-palabra-en-la-serena-chile","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-abril-de-1987-celebracion-de-la-palabra-en-la-serena-chile\/","title":{"rendered":"5 de abril de 1987, Celebraci\u00f3n de la Palabra en La Serena, Chile"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <a><\/a> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, CHILE Y ARGENTINA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N DE LA PALABRA SOBRE EL TEMA DE LA RELIGIOSIDAD POPULAR<\/font><\/p>\n<p> <font face=\"Times New Roman\"> <\/p>\n<p align=\"center\"> <i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>Hip&oacute;dromo Pe&ntilde;uelas &#8211; La Serena<\/i><\/font><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><font color=\"#663300\"><i> (Chile) <br \/>&nbsp;Domingo 5 de abril de 1987<\/i><\/font><\/font><\/p>\n<p> <\/font> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Queridos hermanos y hermanas<\/i>: <\/p>\n<p align=\"left\"> 1. \u201cEn aquel tiempo, mientras Jes&uacute;s hablaba a las turbas, una mujer de entre el gent&iacute;o levant&oacute; la voz diciendo: &iexcl;Dichoso el vientre que te llev&oacute; y los pechos que te criaron! (<i>Lc<\/i> 11, 27)\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> Esta alabanza a Jes&uacute;s y a Mar&iacute;a brota de la fe sencilla de una mujer desconocida. Emocionada en lo m&aacute;s profundo del coraz&oacute;n, ante las ense&ntilde;anzas de Jes&uacute;s, ante su figura amable, aquella persona no puede contener su admiraci&oacute;n. En sus palabras reconocemos una muestra genuina de la religiosidad popular, siempre viva entre los cristianos a lo largo de la historia. <\/p>\n<p align=\"left\"> Con gran gozo y con gratitud al Se&ntilde;or, por estar hoy entre vosotros, en esta noble y antigua ciudad de La Serena, saludo con afecto a cuantos particip&aacute;is en esta celebraci&oacute;n de la Palabra, y a todos los habitantes del llamado Norte Chico de Chile que, sin embargo, no deja de ser grande por muchos motivos; en primer lugar por su fe cristiana, de la que son testimonio sus santuarios y que se manifiesta en las peregrinaciones, en las fiestas y bailes religiosos, a los que se une el Norte Grande. <\/p>\n<p align=\"left\"> En presencia de estas im&aacute;genes veneradas de la Virgen de Andacollo, de la Candelaria y del Carmen, y del Ni&ntilde;o Dios de Sotaqu&iacute;, San Pedro de Coquimbo, San Isidro de Illapel, Cruz de Mayo y ante las dem&aacute;s representaciones de la Madre de Dios que hab&eacute;is tra&iacute;do para su bendici&oacute;n, el Papa quiere repetir junto con vosotros la misma alabanza de la mujer del Evangelio: \u201c&iexcl;Dichoso el vientre que te llev&oacute; y los pechos que te criaron!\u201d (<i>Lc<\/i> 11, 27). &iquest;No percibimos ahora en estas palabras el coro unido de hombres y mujeres chilenos que, desde el comienzo de la evangelizaci&oacute;n de vuestra patria, han amado y honrado al Se&ntilde;or y a la Virgen, su Madre? &iquest;No sentimos el fervor espont&aacute;neo que suscita la devoci&oacute;n popular a Maria Sant&iacute;sima, Madre nuestra, que no cesa de interceder por sus hijos? <\/p>\n<p align=\"left\"> 2. Si, la piedad popular es un verdadero <i>tesoro del Pueblo de Dios<\/i>. Es una demostraci&oacute;n continua de la presencia activa del Esp&iacute;ritu Santo en la Iglesia. Es El quien enciende en los corazones la fe, la esperanza y el amor, virtudes excelsas que dan valor a la piedad cristiana. Es el mismo Esp&iacute;ritu el que ennoblece tantas y tan variadas formas de expresar el mensaje cristiano de acuerdo con la cultura y costumbres propias de cada lugar en todos los tiempos.<\/p>\n<p align=\"left\"> En efecto, esas mismas costumbres religiosas, transmitidas de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, son verdaderas lecciones de vida cristiana: desde las oraciones personales, o de familia, que hab&eacute;is aprendido directamente de vuestros padres, hasta las peregrinaciones que convocan a muchedumbres de fieles en las grandes fiestas de vuestros santuarios.<\/p>\n<p align=\"left\"> De ah&iacute; que sea muy digna de elogio la firme voluntad de los obispos de Chile, de fomentar todos los valores de la religiosidad conservados por el pueblo. Por mi parte quiero repetir ante vosotros lo que les dije a ellos en Roma, con ocasi&oacute;n de su &uacute;ltima visita \u201cad limina\u201d: \u201cEs pues, necesario valorizar plenamente la piedad popular, purificarla de indebidas incrustaciones del pasado y hacerla plenamente actual. Esto significa evangelizarla, o sea, enriquecerla de contenidos salv&iacute;ficos portadores del misterio de Cristo y del Evangelio\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1984\/october\/documents\/hf_jp-ii_spe_19841019_cileni-ad-limina.html\">Discurso a los obispos chilenos en visita &quot;ad limina Apostolorum&quot;<\/a><\/i><a><\/a>, 19 de octubre de 1984, n 4). <\/p>\n<p align=\"left\"> Todas las devociones populares genuinamente cristianas han de ser fieles al mensaje de Cristo y a las ense&ntilde;anzas de la Iglesia. Por eso hab&eacute;is de comprender cu&aacute;n bueno sea que vuestros Pastores, en el cumplimiento de la misi&oacute;n que les ha confiado el Se&ntilde;or, os ayuden a rectificar determinadas pr&aacute;cticas o creencias, cuando sea necesario, para que no haya nada en ellas contrario a la recta doctrina evang&eacute;lica. Siguiendo con docilidad sus indicaciones, agrad&aacute;is mucho al Se&ntilde;or y a la Virgen, pues quien oye a los Pastores de la Iglesia, oye al mismo Se&ntilde;or que los ha enviado (cf. <i>Lc<\/i> 10, 16). <\/p>\n<p align=\"left\"> <i>La piedad popular ha de conducirnos siempre a la piedad lit&uacute;rgica<\/i>, esto es, a una participaci&oacute;n consciente y activa en la oraci&oacute;n com&uacute;n de la Iglesia. Me consta que, como culminaci&oacute;n de vuestras peregrinaciones, procur&aacute;is recibir con fruto el sacramento de la penitencia, mediante una sincera confesi&oacute;n de vuestros pecados al sacerdote, el cual os perdona en nombre de Dios y de la Iglesia. Luego asist&iacute;s a la Santa Misa y recib&iacute;s la comuni&oacute;n, participando as&iacute; de ese gran misterio de fe y de amor, el Sacrificio de Cristo, que se renueva por nosotros en el altar. <\/p>\n<p align=\"left\"> Estas celebraciones de la Iglesia, hacia las cuales ha de encauzarse d&oacute;cilmente la religiosidad popular son sin duda alguna momentos de gracia. En ellas, hab&eacute;is notado seguramente c&oacute;mo vibra vuestro coraz&oacute;n, a comp&aacute;s con los nobles sentimientos que vuestra oraci&oacute;n y vuestra vida elevan a Dios. Que esos momentos de conversi&oacute;n profunda y de encuentro gozoso en la Iglesia, sean cada vez m&aacute;s frecuentes, especialmente para celebrar los sacramentos. Las fiestas de los Patronos de cada lugar, los tiempos de misi&oacute;n, las peregrinaciones a los santuarios, son como invitaciones que el Se&ntilde;or dirige a toda la comunidad \u2013y a cada uno\u2013, para avanzar por el camino de la salvaci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> Pero no est&eacute;is esperando a que vengan esas grandes festividades: acudid a la Misa dominical, santificando as&iacute; el d&iacute;a del Se&ntilde;or, dedicado al culto divino, al leg&iacute;timo descanso y a la vida de familia m&aacute;s intensa. Que en ninguna de vuestras jornadas falten momentos de oraci&oacute;n personal o familiar dentro de esa iglesia dom&eacute;stica que es el propio hogar, para que toda vuestra existencia se vea como inundada por la luz y la gracia de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\"> 3. Entre los m&uacute;ltiples signos indicativos de la piedad cristiana, la <i>devoci&oacute;n a la Virgen Mar&iacute;a<\/i> ocupa un lugar destacad&iacute;simo, el que corresponde a su condici&oacute;n de ser Madre de Dios y Madre nuestra. Como aquella mujer del Evangelio lanz&oacute; un grito de admiraci&oacute;n y bienaventuranza hacia Jes&uacute;s y su Madre, as&iacute; tambi&eacute;n vosotros, en vuestro afecto y en vuestra devoci&oacute;n sol&eacute;is <i>unir siempre a Mar&iacute;a con Jes&uacute;s<\/i>. Comprend&eacute;is que la Virgen nos conduce a su divino Hijo, y que El escucha siempre las s&uacute;plicas que le dirige su Madre. Esa uni&oacute;n imperecedera de la Virgen Mar&iacute;a con su Hijo es la se&ntilde;al m&aacute;s confidencial y fidedigna de su misi&oacute;n maternal, tal como nos lo demuestran las palabras dirigidas en Can&aacute;: \u201cHaced lo que &eacute;l os diga\u201d (<i>Jn<\/i>&nbsp; 2, 5). Mar&iacute;a nos exhorta siempre a ser fieles al Evangelio, como Ella lo fue, pues su vida es un testimonio de fidelidad a la palabra y a la voluntad del Padre. <\/p>\n<p align=\"left\"> &iquest;Veis c&oacute;mo la devoci&oacute;n a la Virgen Mar&iacute;a es un rasgo esencial de la fe y de la piedad cristiana? Es pues natural que <i>esta devoci&oacute;n anide en el alma de este pa&iacute;s <\/i>y que por lo mismo invoqu&eacute;is a Mar&iacute;a con expresiones llenas de piedad y de confianza filial porque, adem&aacute;s, brotan de los hijos predilectos del Se&ntilde;or: los pobres y sencillos, a quienes Dios ha destinado el reino de los cielos (cf <i>Mt<\/i> 5, 3). <\/p>\n<p align=\"left\"> La Virgen nos ense&ntilde;a con su ejemplo a poner en el Se&ntilde;or nuestra confianza de hijos mediante la alabanza y la acci&oacute;n de gracias. <\/p>\n<p align=\"left\"> \u201cAlabad el Se&ntilde;or en su templo, alabadlo en su fuerte firmamento. \/ Alabadlo <i>por sus obras magn&iacute;ficas<\/i>, alabadlo por su inmensa grandeza\u201d (<i>Sal<\/i> 150, 1. 2). <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Oh Se&ntilde;or, Dios nuestro! En este d&iacute;a venturoso queremos aclamarte y cantarte con estas palabras del Salmista por tu bondad infinita para con nosotros. Porque no s&oacute;lo has querido que seamos llamados hijos tuyos, hermanos de tu Hijo, sino que lo seamos tambi&eacute;n de verdad (cf <i>1Jn<\/i> 3, 1). <\/p>\n<p align=\"left\"> Gracias sean dadas a Ti tambi&eacute;n, oh Cristo, porque <i>nos has dado a tu Madre<\/i>. Con aquellas palabras que pronunciaste en la cruz: \u201cHe ah&iacute; a tu hijo\u201d (<i>Jn<\/i> 19, 26), nos la confiaste en manos de Juan, para que fuera la Madre de todos los hombres. <\/p>\n<p align=\"left\"> Te alabamos, Se&ntilde;or, porque muestras tu inmensa grandeza en la peque&ntilde;ez de tu esclava (cf. <i>Lc<\/i> 1, 48). Porque T&uacute; la escogiste, la adornaste con todas las gracias y la elevaste por encima de los &aacute;ngeles y de los santos, para que nuestra Madre Santa Mar&iacute;a, la llena de gracia fuese la \u201c<i>obra magn&iacute;fica<\/i>\u201d<i> de Dios por excelencia<\/i>, a la que Chile entero aclama con amor y gratitud filiales. <\/p>\n<p align=\"left\"> 4. La Virgen del \u201cMagn&iacute;ficat\u201d es el modelo de quienes se alegran en el Dios de la salvaci&oacute;n y expresan con sencillez su gozo. <\/p>\n<p align=\"left\"> \u201cAlabadlo tocando trompetas, \/ alabadlo con arpas y c&iacute;taras, \/ alabadlo <i>con tambores y danzas<\/i>, \/ alabadlo con trompas y flautas\u201d (<i>Sal<\/i> 150, 3-4).<\/p>\n<p align=\"left\"> En la primera lectura hemos recordado el traslado del Arca de la Alianza a Jerusal&eacute;n, entre los cantos y bailes del rey David y del pueblo de Israel que la acompa&ntilde;aban. Fue ese un momento de j&uacute;bilo para todos, expresado con alabanzas a Dios y adhesi&oacute;n a su Alianza, simbolizada en el Arca con las tablas de la ley. <\/p>\n<p align=\"left\"> Tambi&eacute;n vuestro amor y devoci&oacute;n a la Virgen y al Ni&ntilde;o Dios tienen manifestaciones parecidas, afincadas en siglos de tradici&oacute;n. De modo muy humano, con vuestros trajes, instrumentos y ritmos, se expresa visiblemente la fe de los hijos de esta tierra, que con todo su ser y al son de la m&uacute;sica tributan honor a Cristo y a Mar&iacute;a Sant&iacute;sima. Se reproduce en cierto sentido aquella escena del Antiguo Testamento, pero esta vez en honor de Mar&iacute;a. <i>Arca de la Nueva Alianza<\/i>. \u201cBendito el fruto de tu vientre, Jes&uacute;s\u201d: Mar&iacute;a ha llevado en su seno al Hijo de Dios encarnado, autor y mediador de la nueva y eterna Alianza. Por esto, tantos cristianos la aclaman a diario con la invocaci&oacute;n contenida en las letan&iacute;as lauretanas: \u201cArca de la Alianza\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> \u201cTodo ser que alienta alabe al Se&ntilde;or\u201d (<i>Sal<\/i> 150, 6). Queremos, Se&ntilde;or, con la ayuda valiosa de tu Madre, extender por toda la tierra los frutos de tu Alianza de amor con el hombre. Queremos que todos los hombres te reconozcan y te alaben como Creador y Se&ntilde;or: que sepan descubrir tu presencia en sus vidas y el fin para el que fueron creados: que trabajen por hacer resplandecer la imagen que T&uacute; acu&ntilde;aste en el coraz&oacute;n de cada hombre con admirable benevolencia. Haz que con tu gracia, esa imagen divina grabada en su alma no quede da&ntilde;ada por el odio o la violencia dirigidos contra la misma vida, en especial la ya concebida y a&uacute;n no nacida: ni por la perversi&oacute;n de las costumbres o las falsas evasiones que proporcionan los se&ntilde;uelos de la droga o del desorden sexual; ni tampoco abandonada a merced de las presiones de ideolog&iacute;as materialistas, sean del signo que fueren, que hieren y ahogan en su fundamento la misma dignidad de la persona humana. <\/p>\n<p align=\"left\"> Te pedimos hoy, Se&ntilde;or, que si alguien ha dejado de alabarte y ha preferido caminos desviados del Evangelio, deponga su actitud, y vuelva a Ti de la mano de Mar&iacute;a. <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Y t&uacute;, Madre buena, que est&aacute;s siempre cerca de tus hijos, y que aguardas su regreso a la Iglesia, haz que vuelvan! &iexcl;As&iacute; lo pedimos a Dios por tu intercesi&oacute;n! <\/p>\n<p align=\"left\"> 5. Demos gracias a Dios, hermanos, por la <i>presencia maternal de Mar&iacute;a en la historia de vuestro pueblo<\/i>. Ella ha guiado a los que os trajeron la fe, a los que os han ense&ntilde;ado a rezar. Ella ha hecho fructificar en los corazones de los chilenos de buena voluntad pensamientos de paz y no de aflicci&oacute;n (cf <i>Jr<\/i> 29, 11)). Ella os ha sostenido en las dificultades como signo de esperanza, de victoria y de felicidad futuras. Junto con toda la Iglesia en Chile, deseo ponerme bajo la protecci&oacute;n de la Sant&iacute;sima Virgen del Carmen, Patrona de vuestra patria, peregrinando espiritualmente a los numerosos santuarios, iglesias y centros marianos del pa&iacute;s, desde Tarapac&aacute; hasta Magallanes. <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Ojal&aacute; la devoci&oacute;n popular a la Virgen se mantenga siempre viva en Chile, y en todos los chilenos y chilenas! En vuestra funci&oacute;n de primeros evangelizadores (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"> Lumen gentium<\/a><\/i><a><\/a>, 11), vosotros, padres de familia, hab&eacute;is de ense&ntilde;ar a vuestros hijos a invocar a Mar&iacute;a con filial confianza, a recurrir a Ella como auxilio seguro y a imitar su vida como camino hacia el cielo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Quiero recomendaros, de manera particular, el rezo del <i>Rosario<\/i>, que es fuente de vida cristiana profunda. Procurad rezarlo a diario, solos o en familia, repitiendo con gran fe esas oraciones fundamentales del cristiano, que son el Padrenuestro, el Avemar&iacute;a y el Gloria. Meditad esas escenas de la vida de Jes&uacute;s y de Mar&iacute;a, que nos recuerdan los misterios de gozo, dolor y gloria. Aprender&eacute;is as&iacute; en los misterios gozosos a pensar en Jes&uacute;s que se hizo pobre y peque&ntilde;o: &iexcl;un ni&ntilde;o!, por nosotros, para servirnos; y os sentir&eacute;is impulsados a servir al pr&oacute;jimo en sus necesidades. En los misterios dolorosos os dar&eacute;is cuenta de que aceptar con docilidad y amor los sufrimientos de esta vida \u2013como Cristo en su Pasi&oacute;n\u2013, lleva a la felicidad y alegr&iacute;a, que se expresa en los misterios gloriosos de Cristo y de Mar&iacute;a a la espera de la vida eterna. <\/p>\n<p align=\"left\"> Conozco la hermosa costumbre, tan arraigada en Chile, del <i>mes de Mar&iacute;a<\/i>, celebrado en el mes de noviembre, el mes de las flores, y que culmina con la fiesta de su Pur&iacute;sima Concepci&oacute;n. Pido al Se&ntilde;or que esta devoci&oacute;n siga dando frutos abundantes de vida cristiana, de penitencia y reconciliaci&oacute;n, en muchos, que alejados quiz&aacute; de la pr&aacute;ctica religiosa y tibios en la fe, retornan cada a&ntilde;o a Jes&uacute;s a trav&eacute;s del calor y la bondad maternal de Mar&iacute;a. <\/p>\n<p align=\"left\"> 6. Volvamos al relato del Evangelio para o&iacute;r la respuesta de Cristo a la voz de esa mujer que exclamaba: \u201c&iexcl;Dichoso el vientre que te llev&oacute; y los pechos que te criaron!\u201d (<i>Lc<\/i> 11, 28). El Se&ntilde;or, para que todos aprendi&eacute;ramos, quiso responder con otra bienaventuranza: \u201cMejor: &iexcl;Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i>). <\/p>\n<p align=\"left\"> As&iacute; elogi&oacute; Jes&uacute;s a su Madre, por el sacrificio silencioso de su vida, llena de inmenso amor, de servicio incondicional a los planes divinos de salvaci&oacute;n. Nos la dej&oacute; como modelo de aceptaci&oacute;n y cumplimiento perfecto de la voluntad de Dios. En la vida de Mar&iacute;a, de una madre y esposa, aprendemos que en la normalidad cotidiana de nuestros deberes familiares y sociales, cumplidos con mucho amor, podemos y debemos alcanzar la santidad cristiana. El Concilio Vaticano II ha querido recordar este valor santificador que tienen las realidades diarias para todos los cristianos, cada cual en su tarea, al ense&ntilde;ar con respecto a los laicos que \u201ctodas sus obras, sus oraciones e iniciativas apost&oacute;licas, la vida conyugal y familiar, el trabajo cotidiano, el descanso de alma y de cuerpo, si son hechos en el Esp&iacute;ritu, e incluso las mismas pruebas de la vida si se sobrellevan pacientemente, se convierten en sacrificios espirituales, aceptables a Dios, por Jesucristo\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 34). <\/p>\n<p align=\"left\"> Pienso ahora especialmente en las mujeres de Chile, que saben imitar tan bien a nuestra Madre la Virgen. Doy gracias al Se&ntilde;or por esas virtudes femeninas con las que contribuyen al bien de todos. Le pido que toda la vida nacional se beneficie de esa ternura y fortaleza del buen sentido humano y cristiano, de la fidelidad v el amor que las distinguen. Para que se alcance un clima de serena y gozosa convivencia entre todos los chilenos, hace falta que os sig&aacute;is empe&ntilde;ando siempre en hacer de cada hogar un remanso de paz y una fuente de alegr&iacute;a cristiana. Viviendo como esposas, hijas y hermanas ejemplares, podr&eacute;is difundir en la sociedad y en la Iglesia el calor del hogar de la Sagrada Familia de Nazaret. <\/p>\n<p align=\"left\"> 7. Queridos hermanos y hermanas: Acerc&aacute;ndoos a la Virgen mediante vuestras devociones populares, obtendr&eacute;is siempre abundantes gracias, os sentir&eacute;is estimulados a la oraci&oacute;n, a la penitencia y a la caridad fraterna. Son signos de la verdadera religiosidad popular, que mueve a dirigir la mente y el coraz&oacute;n a Dios, nuestro Padre: que impulsa a la reconciliaci&oacute;n sincera con Dios y que os hace sentiros m&aacute;s vinculados a vuestros hermanos, a los que deb&eacute;is amar y servir como Jes&uacute;s nos ha ense&ntilde;ado con sus palabras y con su vida entera. <\/p>\n<p align=\"left\"> Por la intercesi&oacute;n maternal de Mar&iacute;a vuestras oraciones y vuestros sacrificios \u2013que son tambi&eacute;n una meritoria forma de plegaria\u2013, vuestros cantos y bailes, vuestras procesiones y el cuidado que pon&eacute;is en el culto, atraer&aacute;n del Se&ntilde;or abundantes bendiciones de paz y de uni&oacute;n entre los chilenos, de conversi&oacute;n, de vocaciones sacerdotales y religiosas a su servicio. <\/p>\n<p align=\"left\"> Virgen Mar&iacute;a, Madre de Dios y Madre nuestra. Reina de la Paz y Patrona de Chile. Ens&eacute;&ntilde;anos a orientar toda nuestra piedad seg&uacute;n las ense&ntilde;anzas de Jes&uacute;s y el benepl&aacute;cito del Padre. <\/p>\n<p align=\"left\"> Y podremos cantar eternamente: \u201c&iexcl;Dichoso el vientre que te llev&oacute; y los pechos que te criaron!\u201d (<i>Lc<\/i> 11, 28). De este modo, mereceremos, con el auxilio de Mar&iacute;a, aquella alabanza de Jes&uacute;s: \u201c&iexcl;Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>.).<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1987 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, CHILE Y ARGENTINA CELEBRACI&Oacute;N DE LA PALABRA SOBRE EL TEMA DE LA RELIGIOSIDAD POPULAR HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Hip&oacute;dromo Pe&ntilde;uelas &#8211; La Serena (Chile) &nbsp;Domingo 5 de abril de 1987 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: 1. \u201cEn aquel tiempo, mientras Jes&uacute;s hablaba a las turbas, una mujer de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-abril-de-1987-celebracion-de-la-palabra-en-la-serena-chile\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab5 de abril de 1987, Celebraci\u00f3n de la Palabra en La Serena, Chile\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39911","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39911","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39911"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39911\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39911"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39911"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39911"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}