{"id":39912,"date":"2016-10-05T23:18:54","date_gmt":"2016-10-06T04:18:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-abril-de-1987-misa-para-el-mundo-del-trabajo-chile\/"},"modified":"2016-10-05T23:18:54","modified_gmt":"2016-10-06T04:18:54","slug":"5-de-abril-de-1987-misa-para-el-mundo-del-trabajo-chile","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-abril-de-1987-misa-para-el-mundo-del-trabajo-chile\/","title":{"rendered":"5 de abril de 1987, Misa para el mundo del trabajo, Chile"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <a><\/a> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, CHILE Y ARGENTINA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><font color=\"#663300\">MISA PARA EL MUNDO DEL <\/font><\/b> <font color=\"#663300\"><b>TRABAJO<\/b><\/font><\/p>\n<p> <font face=\"Times New Roman\"> <\/p>\n<p align=\"center\"> <i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><font color=\"#663300\"><i>Hip&oacute;dromo Talcahuano, Concepci&oacute;n (Chile) <br \/>Domingo 5 de abril de 1987<\/i><\/font><\/font><\/p>\n<p> <\/font> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> 1. \u201c<i>Yo soy la resurrecci&oacute;n y la vida<\/i>\u201d (<i>Jn<\/i> 11, 25). <\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> Me siento muy feliz de encontrarme en esta tierra, que lleva el nombre de Mar&iacute;a en su Concepci&oacute;n Sant&iacute;sima e Inmaculada, donde se me ha dispensado una calurosa acogida, a la que correspondo con igual afecto y gratitud. Mi saludo de paz se dirige a mi querido hermano, el se&ntilde;or arzobispo, a los dem&aacute;s hermanos en el Episcopado aqu&iacute; presentes, a todos los sacerdotes colaboradores en el ministerio pastoral, a las religiosas, religiosos, fieles, y, en una palabra, a todos los habitantes de esta regi&oacute;n del pa&iacute;s, en particular a los que hab&eacute;is venido a participar en esta Eucarist&iacute;a. <\/p>\n<p align=\"left\"> Saludo en este d&iacute;a con especial afecto al mundo del trabajo, siempre tan cercano a mi coraz&oacute;n y a mi propia experiencia. Si fuera posible quisiera poder estrechar la mano de cada uno de vosotros, para manifestaros mi cari&ntilde;o y aprecio por vuestra vocaci&oacute;n de trabajadores al servicio de la sociedad. <\/p>\n<p align=\"left\"> A trav&eacute;s de vosotros quiero saludar igualmente a todos los trabajadores de Chile: a los que se dedican a las faenas del campo, de las minas, de la industria, de la pesca; a los que ejercen su labor en los pueblos, en la ciudad, en las oficinas, en el comercio; a los empresarios, a todos los trabajadores intelectuales y manuales que form&aacute;is la gran comunidad chilena del trabajo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Celebramos hoy el quinto domingo de Cuaresma. El Se&ntilde;or ha querido que en mi camino pastoral, peregrinando por estas tierras chilenas, vivamos juntos este domingo ya cercano al <i>misterio pascual<\/i> en su presencia lit&uacute;rgica. Las palabras de Cristo: \u201cYo soy la resurrecci&oacute;n y la vida\u201d resuenan <i>como preanuncio definitivo de este misterio<\/i>. Hoy deseo meditarlas junto a vosotros. <\/p>\n<p align=\"left\"> 2. A todos ha querido el Se&ntilde;or decir que El es el principio de una nueva vida. \u201cYo soy la resurrecci&oacute;n y la vida; <i>quien cree en m&iacute;, aunque muera vivir&aacute;<\/i>\u201d (<i>Jn<\/i> 11, 25).<\/p>\n<p align=\"left\"> Jes&uacute;s pronunci&oacute; estas palabras en Betania, adonde acudi&oacute; inmediatamente despu&eacute;s de revelar a sus disc&iacute;pulos la noticia de la muerte de L&aacute;zaro. Marta, hermana del amigo difunto, sali&oacute; al encuentro de Jes&uacute;s y le dijo con dolor: \u201c&iexcl;si t&uacute; hubieras estado aqu&iacute;, mi hermano no habr&iacute;a muerto! Pero s&eacute; que cualquier cosa que pidas a Dios. El te la conceder&aacute;\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i>, 11, 21-22). <\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Marta pide<\/i>, de esta manera confiada, <i>un milagro<\/i>; pide a Jes&uacute;s que resucite a su hermano L&aacute;zaro, que lo devuelva a la vida, entre sus seres m&aacute;s queridos aqu&iacute; en esta tierra. <\/p>\n<p align=\"left\"> Jes&uacute;s responde con palabras que se refieren <i>a la vida eterna<\/i>: \u201cel que vive y cree en m&iacute;, <i>no morir&aacute; eternamente<\/i>. &iquest;Crees t&uacute; esto?\u201d ((<i>Ib&iacute;d.<\/i>, 11, 26). <\/p>\n<p align=\"left\"> No se trata s&oacute;lo de restituir un muerto a la vida sobre la tierra. Se trata de la vida \u201ceterna\u201d; de la vida en Dios. La fe en Jes&uacute;s es el inicio de esta vida sobrenatural, que es <i>participaci&oacute;n en la vida de Dios<\/i>; y Dios es Eternidad. <i>Vivir en Dios <\/i>equivale a decir vivir <i>eternamente <\/i>(cf. <i> Jn <\/i>1-2; 3-4; 5-11 ss.). <\/p>\n<p align=\"left\"> 3. Podr&iacute;a decirse que, cuando <i>Jes&uacute;s de Nazaret<\/i>, algunos d&iacute;as antes de morir en la Cruz, acude ante el sepulcro de su amigo y lo resucita, est&aacute; pensando en cada hombre, en nosotros mismos. <i>Tiene ante s&iacute; ese gran enigma de la existencia humana sobre la tierra, que es la muerte<\/i>. Jes&uacute;s ante el misterio de la muerte, nos recuerda (cf. <i>Ib&iacute;d.<\/i>, 10, 7) que El es un amigo y se nos muestra a s&iacute; mismo como puerta que da acceso a la vida. <\/p>\n<p align=\"left\"> Antes de responder a este problema crucial de la vida del hombre sobre la tierra, con su propia muerte y resurrecci&oacute;n, Jes&uacute;s realiza un signo. Resucita a L&aacute;zaro. Le ordena salir fuera del sepulcro, mostrando a los circunstantes el poder de Dios sobre la muerte: la resurrecci&oacute;n de Betania <i>es un definitivo preanuncio del misterio pascual<\/i>, de la resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s, del paso, a trav&eacute;s de la muerte, hacia la vida que ya no se acaba: \u201cquien cree en m&iacute;, aunque muera vivir&aacute;\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> 4. Ante el sepulcro del amigo L&aacute;zaro, Cristo est&aacute; casi como tocando <i>la ra&iacute;z misma de la muerte del hombre, al ser &eacute;sta, desde el principio, una realidad anudada con el pecado<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> La liturgia de este domingo, calando de lleno en esta condici&oacute;n de la humana existencia, nos invita a clamar con las palabras del Salmo, \u201cdesde lo profundo del coraz&oacute;n\u201d: <\/p>\n<p align=\"left\"> \u201cSi consideras las culpas, Se&ntilde;or, \/ Se&ntilde;or, &iquest;qui&eacute;n podr&aacute; subsistir?\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> La respuesta a esta pregunta nos la da tambi&eacute;n el Salmista: <\/p>\n<p align=\"left\"> \u201cEn el Se&ntilde;or est&aacute; la misericordia \/ y en El <i>es grande la redenci&oacute;n<\/i>. \/ El redimir&aacute; a Israel \/ de todas sus culpas\u201d (<i>Sal<\/i> 130 [129], 7-8). <\/p>\n<p align=\"left\"> Cristo, que se presenta en Betania ante el sepulcro de L&aacute;zaro, sabe que su \u201chora\u201d est&aacute; cerca. <\/p>\n<p align=\"left\"> Precisamente esta es \u201c la hora \u201d \u2013la hora de la Pascua que se aproxima\u2013 cuando a solas y sin m&aacute;s apoyo que la confianza en la potencia del mismo Dios, se ver&aacute; obligado a <i>dar respuesta personal a la pregunta del Salmista<\/i>. Pero no ya con las palabras, sino con <i>el sacrificio<\/i> redentor de la propia muerte en la cruz: <i>la muerte que da la vida<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> El es ciertamente aquel de quien habla el Salmista. <\/p>\n<p align=\"left\"> \u201cEl redimir&aacute; a Israel\u201d. El demostrar&aacute;, en efecto, que en Dios \u201c es grande la redenci&oacute;n \u201d. El har&aacute; que el peso de los pecados del hombre sea superado mediante la potencia salvfica de la gracia. La muerte, con la potencia de la vida. <\/p>\n<p align=\"left\"> \u201c&iquest;<i>Crees t&uacute; esto<\/i>?\u201d, pregunta Jes&uacute;s a Marta. Y con esta pregunta est&aacute; interrogando a los disc&iacute;pulos de todos los tiempos; lo pregunta a cada uno de nosotros en este domingo de Cuaresma, cuando ya estamos tan cercanos al d&iacute;a de la Pascua. <\/p>\n<p align=\"left\"> 5. La fe en la victoria de la gracia sobre el pecado, en la victoria de la vida sobre la muerte del cuerpo y del alma,<i> es explicada por San Pablo<\/i> en su carta a los Romanos que hemos escuchado en esta liturgia. Jes&uacute;s, en efecto, dijo en Betania: \u201cYo soy la resurrecci&oacute;n y la vida, quien cree en m&iacute; no morir&aacute; eternamente\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> Y el Ap&oacute;stol lo explica as&iacute;: \u201cSi <i>Cristo est&aacute; en vosotros<\/i>, vuestro cuerpo est&aacute; muerto a causa del pecado, pero <i>el esp&iacute;ritu es vida <\/i>a causa de la justificaci&oacute;n\u201d (<i>Rm<\/i> 8, 10). <\/p>\n<p align=\"left\"> Cristo habita en nosotros mediante la fe y la gracia. &iexcl;Habita! Entonces <i>est&aacute; tambi&eacute;n presente en nosotros su Esp&iacute;ritu<\/i>, el Esp&iacute;ritu Santo. Por eso a&ntilde;ade el Ap&oacute;stol: \u201cY si <i>el Esp&iacute;ritu<\/i> de Aquel que ha resucitado a Jes&uacute;s de entre los muertos habita en vosotros, Aquel que ha resucitado a Cristo de entre los muertos <i>dar&aacute; tambi&eacute;n la vida a vuestros cuerpos mortales por medio del Esp&iacute;ritu, que habita en vosotros<\/i>\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 8, 11). <\/p>\n<p align=\"left\"> No se trata aqu&iacute; s&oacute;lo de resucitar, de dar la vida en esta tierra. Se trata, por encima de todo, de la resurrecci&oacute;n a la vida eterna en Dios. Se trata de la participaci&oacute;n real en la resurrecci&oacute;n de Cristo, mediante el don del Esp&iacute;ritu Santo. <\/p>\n<p align=\"left\"> 6. Cuando Cristo pregunta: \u201c&iquest;<i>Crees t&uacute; esto<\/i>?\u201d, la Iglesia, su esposa, su cuerpo m&iacute;stico, responde de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n con las palabras del S&iacute;mbolo Apost&oacute;lico: \u201cCreo en la resurrecci&oacute;n de la carne <i>y en la vida eterna<\/i>\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> Creemos por tanto que <i>esa vida eterna<\/i>, esa vida divina \u2013de la que es signo la resurrecci&oacute;n de L&aacute;zaro\u2013, <i>est&aacute; ya operante en nosotros<\/i>, gracias a la resurrecci&oacute;n de Cristo. Esa perspectiva, soteriol&oacute;gica y escatol&oacute;gica, dif&iacute;cil de aceptar por los \u201csabios\u201d de este mundo, pero que es acogida con alegr&iacute;a por los \u201cpobres y sencillos\u201d (cf <i>Mt<\/i> 11, 25), es la que hace posible descubrir el valor sobrenatural que se puede encerrar en <i>toda situaci&oacute;n humana<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> Ense&ntilde;a, en efecto, el Concilio Vaticano II: \u201c Constituido Se&ntilde;or <i>por su resurrecci&oacute;n<\/i>, Cristo, al que ha sido dada toda potestad en el cielo y en la tierra, obra ya por la virtud de su Esp&iacute;ritu en el coraz&oacute;n del hombre, no s&oacute;lo despertando el anhelo del siglo futuro, sino alentando, purificando y robusteciendo tambi&eacute;n, con ese deseo, aquellos generosos prop&oacute;sitos con los que la familia humana intenta hacer m&aacute;s llevadera su propia vida y someter la tierra a este fin\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i><a><\/a>, 38) y haci&eacute;ndome eco de esta ense&ntilde;anza, he afirmado en la Enc&iacute;clica <i>Laborem Exercens<\/i>. \u201cEn el trabajo, merced a la luz que penetra dentro de nosotros por la resurrecci&oacute;n de Cristo, encontramos siempre un <i>tenue resplandor de la vida nueva<\/i>\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0037\/__PT.HTM\">Laborem Exercens<\/a><\/i><a><\/a>, 27). <\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Ese resplandor<\/i>, sigue emanando a&uacute;n <i>de la resurrecci&oacute;n de Cristo<\/i>, y esparciendo su luz sobre <i>todos nuestros trabajos<\/i> para hacernos descubrir lo maravilloso de una vida ordinaria, como fue la vida de trabajo de Jes&uacute;s de Nazaret. El Se&ntilde;or quiso asumir todo lo humano, y lo santific&oacute;, para que nosotros pudi&eacute;ramos recorrer de un modo nuevo, divino, todos los caminos de este mundo; para que pudi&eacute;ramos santificar todas las ocupaciones honestas de los hombres. He ah&iacute; una realidad cargada de consecuencias, tambi&eacute;n para la vida de la entera familia humana. <\/p>\n<p align=\"left\"> En efecto, \u201cla experiencia de Jes&uacute;s de Nazaret \u2013verdadero &quot;Evangelio del trabajo&quot; \u2013 nos ofrece el ejemplo vivo y el principio de la radical transformaci&oacute;n cultural indispensable para resolver los graves problemas que nuestra &eacute;poca debe afrontar\u201d (Congr. Pro Doctr. Fidei, <i>Libertatis Conscientia<\/i>, 82) . <\/p>\n<p align=\"left\"> 7. La formaci&oacute;n de una \u201ccultura del trabajo\u201d constituye un gran reto para la vida de cada cristiano, y para toda la obra de evangelizaci&oacute;n. Esa cultura debe caracterizarse por una gran responsabilidad y amor en la ejecuci&oacute;n del trabajo, as&iacute; como por el pleno reconocimiento de su dignidad. El trabajo humano se presenta, en efecto, \u201ccon toda su nobleza y fecundidad a la luz de los misterios de la Creaci&oacute;n y de la Redenci&oacute;n \u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>.; cf. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0037\/__PR.HTM\">Laborem Exercens<\/a><\/i><a><\/a>, 25). <\/p>\n<p align=\"left\"> De conformidad con su dignidad humana y cristiana, <i>todo trabajo honrado<\/i>, intelectual o manual, debe ser realizado en honor de Dios, y con la mayor perfecci&oacute;n posible. Hecho as&iacute;, por humilde e insignificante que parezca, <i> contribuir&aacute;<\/i> al bien del hombre, a ordenar cristianamente las realidades temporales y a <i>manifestar su dimensi&oacute;n divina<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> Queridos hermanos, recuerdo con agradecimiento al Se&ntilde;or aquellos a&ntilde;os de trabajo, a menudo mon&oacute;tono y duro, entre tantos compa&ntilde;eros con los que pasaba el d&iacute;a, codo a codo. Compart&iacute;amos a veces el silencio, la fatiga y el sudor; habl&aacute;bamos de nuestras alegr&iacute;as y nuestras penas, en confidencia de amigos que sab&iacute;an comprender, ayudar, disculpar, perdonar. A trav&eacute;s de mi propia experiencia de trabajo, he podido decir que el Evangelio se me present&oacute; bajo una nueva luz (cf. <i>Homil&iacute;a en Nowa Huta<\/i>, 9 de junio de 1979) .&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\"> Un Evangelio, que es Buena Nueva, que llena de fe y de esperanza: \u201cYo espero en Yahv&eacute;, mi alma espera, pendiente estoy de su palabra\u201d (<i>Sal<\/i> 130 [129], 5). <\/p>\n<p align=\"left\"> Sin embargo, tantas veces no entendemos lo que el Se&ntilde;or nos est&aacute; diciendo y. quiz&aacute;, perdemos la esperanza, porque no estamos pendientes de su palabra. <\/p>\n<p align=\"left\"> Queridos hombres y mujeres de estas tierras entre el Oc&eacute;ano Pac&iacute;fico y la Cordillera de los Andes: el Sucesor de San Pedro ha venido a estar con vosotros para <i>confirmar vuestra fe y fortalecer vuestra esperanza<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> Los cristianos aman el mundo y tantas cosas buenas que hay en el mundo, porque ha salido de las manos de Dios; pero no ponen su esperanza final en este mundo. <i>Nuestra esperanza es Cristo Jes&uacute;s<\/i>, el Verbo de Dios que se hizo hombre y que, despu&eacute;s de morir, resucit&oacute;. &iexcl;Nuestra esperanza no es vana y no quedar&aacute; defraudada! <\/p>\n<p align=\"left\"> 8. La vida de Jes&uacute;s en Nazaret nos ofrece la base para una visi&oacute;n del mundo laboral, que debe <i>dar al trabajo aquel significado que tiene a los ojos de Dios<\/i> (cf. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0037\/__PQ.HTM\">Laborem Exercens<\/a><\/i><a><\/a>, 24). <\/p>\n<p align=\"left\"> El desaf&iacute;o que plantea hoy el trabajo humano no es s&oacute;lo su organizaci&oacute;n externa, para que sea ejercido en condiciones verdaderamente humanas, sino sobre todo su <i>transformaci&oacute;n interior<\/i>, para que sea realizado como una tarea diaria, con plenitud de sentido, esto es, de acuerdo con su significado &uacute;ltimo dentro del plan divino de salvaci&oacute;n del hombre y del universo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Es precisamente<i> en esa tarea vuestra<\/i>, hecha agradable a los ojos de Dios, donde <i>deb&eacute;is ejercer las virtudes<\/i> humanas y cristianas: vuestra fe quedar&aacute; confirmada siempre que ve&aacute;is la mano de nuestro Padre Dios aun en los acontecimientos de menor importancia; corroborar&eacute;is la esperanza, considerando el trabajo redentor de Cristo; dar&eacute;is expansi&oacute;n a la caridad en la medida de vuestra correspondencia al pleno amor que el Se&ntilde;or en todo momento os demuestra. Las relaciones humanas y profesionales, que implican vuestra labor, han de alimentar continuamente vuestra conversaci&oacute;n con Dios en la oraci&oacute;n, como hijos con el Padre; los problemas y fracasos a que est&aacute; expuesto quien ejerce una actividad humana, os har&aacute;n m&aacute;s humildes y comprensivos con los dem&aacute;s. Los &eacute;xitos y las alegr&iacute;as os invitar&aacute;n a dar gracias, y a pensar que no viv&iacute;s para vosotros mismos, sino para el servicio de Dios y de los dem&aacute;s. <\/p>\n<p align=\"left\"> 9. Todo esto, amad&iacute;simos hermanos, parece muy dif&iacute;cil de lograr. Pero no se debe juzgar como una utop&iacute;a la solidaridad entre todos los trabajadores, en todo el orden econ&oacute;mico, sino que hay que empe&ntilde;arse con renovada esperanza en esa urgente tarea cristiana que os espera: construir \u201cla civilizaci&oacute;n del trabajo, que es civilizaci&oacute;n de la justicia, pero ante todo civilizaci&oacute;n del amor\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> Permitidme que insista en este pensamiento. Quiz&aacute; algunos, al o&iacute;r hablar de la \u201ccivilizaci&oacute;n del amor\u201d, pensar&aacute;n que el Papa no conoce ni se identifica con los problemas que son la verdadera preocupaci&oacute;n e inquietud de tantos trabajadores, muchos de ellos padres y madres de familia, de este querid&iacute;simo Chile. <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;No es as&iacute;! Conozco muy bien las <i>preocupaciones<\/i> que desazonan vuestros &aacute;nimos, muchas de ellas relacionadas con problemas de justicia social, <i>que exigen de todos una intervenci&oacute;n<\/i> decidida para procurar resolverlos. Pienso en la prolongada situaci&oacute;n de <i>desempleo y cesant&iacute;a<\/i> de tantos trabajadores \u2013aqu&iacute; y en tantos otros lugares del mundo\u2013, lo cual, cuando alcanza ciertos niveles, \u201cconstituye un<i> problema &eacute;tico<\/i>, espiritual, porque es s&iacute;ntoma de la presencia de un <i>desorden moral<\/i> existente en la sociedad, cuando se infringe la jerarqu&iacute;a de los valores\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1982\/november\/documents\/hf_jp-ii_spe_19821107_lavoratori-imprenditori.html\">Encuentro con los trabajadores y empresarios en Barcelona<\/a><\/i><a><\/a>, 7 de noviembre de 1982, n. 5). <\/p>\n<p align=\"left\"> Tampoco me pasa desapercibido el problema de las <i>remuneraciones<\/i> del trabajo que ha de tener en cuenta las responsabilidades familiares de cada trabajador; ni tampoco la cuesti&oacute;n del tratamiento espec&iacute;fico del trabajo de las <i>mujeres<\/i>, de modo que les permita hacer la labor del hogar y cumplir sus deberes de madres y esposas (cf. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0037\/__PL.HTM\">Laborem Exercens<\/a><\/i><a><\/a>, 19). \u201cEl acceso de todos los bienes necesarios para una vida humana, personal, familiar, digna de este nombre, es una exigencia de la justicia social\u201d (Congr. Pro Doctr. Fidei, <i>Libertatis Conscientia<\/i>, 87). <\/p>\n<p align=\"left\"> Conozco tambi&eacute;n vuestras <i>leg&iacute;timas reivindicaciones <\/i>sindicales, en lo que respecta a la defensa de vuestros derechos. Si bien no hay que olvidar que a los derechos corresponden tambi&eacute;n unos deberes que cumplir. <\/p>\n<p align=\"left\"> S&iacute;, amigos m&iacute;os, tengo muy presentes todos estos anhelos; pod&eacute;is estar seguros de que el Papa hace suyas las aspiraciones leg&iacute;timas de justicia que llev&aacute;is en el coraz&oacute;n, porque sabe que se halla en juego vuestra dignidad como hombres y como cristianos. M&aacute;s a&uacute;n, a la luz del resplandor de la resurrecci&oacute;n de Jesucristo, quiero deciros que s&oacute;lo<i> el amor, a ejemplo de Cristo<\/i>, es capaz de dar una soluci&oacute;n aut&eacute;ntica y duradera a vuestros problemas. <\/p>\n<p align=\"left\"> En la Enc&iacute;clica <i>Dives in Misericordia<\/i> escrib&iacute;: \u201cLa experiencia del pasado y de nuestro tiempo, demuestran que la justicia por s&iacute; sola no basta y que, incluso, puede conducir a la negaci&oacute;n y al rebajamiento de s&iacute; misma, si no permite a aquella fuerza<i> m&aacute;s profunda que es el amor<\/i>, modelar, la vida humana en sus variadas dimensiones\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0034\/__PD.HTM\">Dives in Misericordia<\/a><\/i><a><\/a>, 12). Y eso es as&iacute; porque \u201cel amor cristiano anima la justicia, la inspira, la descubre, la perfecciona, la hace posible, la respeta, la eleva, la supera; pero no la excluye, no la absorbe, no la sustituye, sino que la presupone y la exige, porque no existe verdadero amor, verdadera caridad, sin justicia. &iquest;No es, precisamente, la justicia la medida m&iacute;nima de la caridad?\u201d (<i>Discurso a los trabajadores de la f&aacute;brica Solvay de Livorno<\/i>, 19 de marzo de 1982, n. 10). Una verdadera cultura del trabajo, debe ser cultura de la justicia, para llegar a ser tambi&eacute;n una civilizaci&oacute;n del amor. Esta es la visi&oacute;n integral de la doctrina social de la Iglesia que en tiempos tan dif&iacute;ciles para muchos pueblos, no cesa de proponer y de repetir para ser fiel al mensaje de Cristo trabajador. <\/p>\n<p align=\"left\"> Por todo esto, conociendo vuestros problemas y. a la vez, la calidad humana y espiritual del pueblo chileno, pueblo que tiene su caridad, su tradici&oacute;n y su dignidad, he querido recordaros <i>la necesidad de vivir<\/i>, en medio de los acontecimientos de cada jornada, <i>una vida inspirada<\/i> en los valores espirituales y sobrenaturales, de la que es signo la resurrecci&oacute;n de L&aacute;zaro. <\/p>\n<p align=\"left\"> La resurrecci&oacute;n es signo de este contenido profund&iacute;simo que se encuentra en el trabajo humano, se obtiene la resurrecci&oacute;n a trav&eacute;s del trabajo. No es trabajo que lleva a la muerte, es trabajo que lleva a la resurrecci&oacute;n. Una coincidencia extraordinaria la que nos ofrece la liturgia de este V domingo de Cuaresma: la resurrecci&oacute;n de L&aacute;zaro. Es una coincidencia providencial; en el contexto de este acontecimiento, Jes&uacute;s habla al mundo del trabajo, a los trabajadores chilenos. No existen divergencias, al contrario, convergencias, porque el trabajo humano se ve profundamente en sus &iacute;ntimas implicaciones humanas y cristianas a trav&eacute;s de la resurrecci&oacute;n de Cristo; es a trav&eacute;s de la participaci&oacute;n en la cruz de Cristo como se llega a la resurrecci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> Es &eacute;ste el misterio del trabajo humano que el Papa viene a anunciar a todos vosotros, trabajadores, hermanos y hermanas de este largu&iacute;simo pa&iacute;s. <\/p>\n<p align=\"left\"> El Se&ntilde;or quiere <i>sacarnos<\/i> de nuestro sepulcro, <i>de una vida sin m&aacute;s horizonte que la materia<\/i>, sin relieve, que s&oacute;lo se preocupa de los problemas de esta tierra y. muchas veces, sujeta a la cadena del odio, del enfrentamiento o del ego&iacute;smo de todo tipo. \u201cLos que viven seg&uacute;n la carne, \u2013nos advierte San Pablo\u2013 no pueden agradar a Dios\u201d (<i>Rm<\/i> 8, 8), y a&ntilde;ade a continuaci&oacute;n: \u201cvosotros, sin embargo, no est&aacute;is en la carne, sino en el esp&iacute;ritu, si el Esp&iacute;ritu de Dios habita en vosotros\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 8, 9). <\/p>\n<p align=\"left\"> El Se&ntilde;or quiere que <i>la vida terrena se impregne de esa vida eterna <\/i>y divina, seg&uacute;n el Esp&iacute;ritu, que es la vida de la caridad, que es la vida de la resurrecci&oacute;n. Quienes viven seg&uacute;n la carne no pueden agradar a Dios. Vosotros viv&iacute;s seg&uacute;n el Esp&iacute;ritu, si el Esp&iacute;ritu de Dios habita en vosotros. Cada d&iacute;a se hace m&aacute;s necesario que los cristianos proclamemos bien alto \u2013sobre todo con el ejemplo de nuestra vida\u2013 que la m&aacute;xima dignidad del trabajo est&aacute; en el <i>amor con que se realiza<\/i>. Y en esta perspectiva social, verdadera, pero siempre en la perspectiva de la civilizaci&oacute;n del amor. Es &eacute;sta la civilizaci&oacute;n anunciada por Cristo crucificado y resucitado. <\/p>\n<p align=\"left\"> 10. Pasados los cincuenta d&iacute;as del tiempo pascual, en la pr&oacute;xima fiesta de Pentecost&eacute;s, comenzar&aacute; para toda la Iglesia el anunciado <i>A&ntilde;o Mariano<\/i>, de preparaci&oacute;n para el comienzo del Tercer Milenio desde la <i>encarnaci&oacute;n del Verbo<\/i> en las entra&ntilde;as de la Virgen Sant&iacute;sima. <\/p>\n<p align=\"left\"> Mar&iacute;a, \u201cMemoria de la Iglesia\u201d (<i>Homil&iacute;a en al Misa de la solemnidad de Santa Mar&iacute;a, Madre de Dios<\/i>, 1 de enero de 1987), nos llevar&aacute; de la mano para aprender lo que Ella nos ense&ntilde;a con la propia vida. M&aacute;s de una vez he recordado c&oacute;mo, desde hace tantos siglos, los cristianos se han unido a Mar&iacute;a durante su trabajo, mediante el rezo del <i>&Aacute;ngelus<\/i> o la expresi&oacute;n de gozo pascual del <i>Regina caeli<\/i>. La generosidad en ofrecer espacios del tiempo diario a la piedad mariana har&aacute; que el Se&ntilde;or, por intercesi&oacute;n de su Madre, os conceda todo lo que necesit&aacute;is en vuestras tareas espirituales y temporales. As&iacute; se lo pido de coraz&oacute;n a Dios nuestro Padre, en cuyo nombre bendigo a todos los aqu&iacute; presentes y a vuestros hogares. Recordad durante vuestro trabajo este misterio primario de nuestra fe, la Encarnaci&oacute;n: \u201cY el Verbo se hizo carne\u201d. Recordar este misterio que conduce a la muerte y a la resurrecci&oacute;n, para trabajar mejor, para no olvidar jam&aacute;s esta dimensi&oacute;n humana con todas sus implicaciones, que tiene tambi&eacute;n una dimensi&oacute;n divina. Es el Creador quien nos ha dado ejemplo cuando cre&oacute; el mundo; somos sus colaboradores, queridos hermanos y hermanas, &iexcl;somos sus colaboradores! Es Dios creador, es Jesucristo trabajador, es Jesucristo crucificado y Cristo resucitado. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1987 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, CHILE Y ARGENTINA MISA PARA EL MUNDO DEL TRABAJO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Hip&oacute;dromo Talcahuano, Concepci&oacute;n (Chile) Domingo 5 de abril de 1987 &nbsp; 1. \u201cYo soy la resurrecci&oacute;n y la vida\u201d (Jn 11, 25). Queridos hermanos y hermanas: Me siento muy feliz de encontrarme en esta tierra, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-abril-de-1987-misa-para-el-mundo-del-trabajo-chile\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab5 de abril de 1987, Misa para el mundo del trabajo, Chile\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39912","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39912","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39912"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39912\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39912"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39912"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39912"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}