{"id":39915,"date":"2016-10-05T23:18:58","date_gmt":"2016-10-06T04:18:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-abril-de-1987-misa-de-beatificacion-de-sor-teresa-de-los-andes-chile\/"},"modified":"2016-10-05T23:18:58","modified_gmt":"2016-10-06T04:18:58","slug":"3-de-abril-de-1987-misa-de-beatificacion-de-sor-teresa-de-los-andes-chile","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-abril-de-1987-misa-de-beatificacion-de-sor-teresa-de-los-andes-chile\/","title":{"rendered":"3 de abril de 1987, Misa de beatificaci\u00f3n de Sor Teresa de los Andes, Chile"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <a><\/a> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, CHILE Y ARGENTINA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><font color=\"#663300\">MISA DE BEATIFICACI&Oacute;N DE SOR TERESA DE LOS ANDES<\/font><\/b><\/p>\n<p> <font face=\"Times New Roman\"> <\/p>\n<p align=\"center\"> <i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>Parque O\u2019Higgins de Santiago de Chile<br \/>Viernes 3 de abril de 1987<\/i><\/font><\/p>\n<p> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> 1. \u201cQuedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres.<i> La m&aacute;s grande es el amor<\/i>\u201d(<i>1Co<\/i> 13, 13) . <\/p>\n<p align=\"left\"> Estas palabras de San Pablo, en las que culmina su \u201chimno a la caridad\u201d resuenan con tonos nuevos en esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica. <\/p>\n<p align=\"left\"> S&iacute;, \u201c<i>la m&aacute;s grande es el amor<\/i>\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> Son palabras que se hicieron vida en la persona de <i>sor Teresa de los Andes<\/i>, que hoy he tenido la gracia y el gozo de proclamar Beata. Hoy, amad&iacute;simos hermanos y hermanas de Santiago y de Chile, es un d&iacute;a grande en la vida de vuestra Iglesia y de vuestra naci&oacute;n. Hija predilecta de la Iglesia chilena, sor Teresa es ensalzada a la gloria de los altares en la patria que la vio nacer. El Pueblo de Dios peregrino encuentra en ella un gu&iacute;a para su caminar hacia la meta de la Jerusal&eacute;n celestial. <\/p>\n<p align=\"left\"> Deseo dirigir mi cordial saludo a los hermanos en el Episcopado aqu&iacute; presentes, en particular al se&ntilde;or cardenal arzobispo de esta querida arquidi&oacute;cesis. Saludo igualmente a las autoridades, al prep&oacute;sito general de los Carmelitas Descalzos, y a los sacerdotes, religiosos, religiosas y amad&iacute;simos fieles de esta Iglesia que peregrina en Chile y que hoy se alegra en torno a una joven, una religiosa carmelita, modelo de virtud. <\/p>\n<p align=\"left\"> Movidos por la fe, la esperanza y el amor, caminamos como peregrinos hacia Dios que es Amor, y nuestra alma se llena de gozo al comprobar que esta peregrinaci&oacute;n espiritual tiene su corona en la gloria, a la que Cristo nuestro Se&ntilde;or desea conducirnos a todos. <\/p>\n<p align=\"left\"> Hemos escuchado al principio un breve perfil biogr&aacute;fico de sor Teresa de los Andes, una joven chilena, s&iacute;mbolo de la fe y de la bondad de este pueblo; una carmelita descalza, arrebatada para el reino de los cielos en la primavera de su vida; una primicia de santidad del Carmelo Teresiano en Am&eacute;rica Latina. <\/p>\n<p align=\"left\"> En sus breves escritos autobiogr&aacute;ficos nos ha dejado el testamento de una santidad sencilla y accesible, centrada en lo esencial del Evangelio: amar, sufrir, orar, servir. <\/p>\n<p align=\"left\"> El secreto de su vida volcada hacia la santidad est&aacute; cifrado en una familiaridad con Cristo, presente y amigo, y con la Virgen Maria, Madre cercana y amorosa.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;2. Teresa de los Andes experiment&oacute; desde muy ni&ntilde;a la gracia de la comuni&oacute;n con Cristo, que se fue desarrollando progresivamente en ella con el encanto de su juventud, llena de vitalidad y de jovialidad, en la que no falt&oacute;, como hija de su tiempo, el sentido del sano esparcimiento y del deporte, el contacto con la naturaleza. Era una joven alegre y din&aacute;mica; una joven abierta a Dios. Y Dios hizo florecer en ella el amor cristiano, abierto y profundamente sensible a los problemas de su patria y a las aspiraciones de la Iglesia. <\/p>\n<p align=\"left\"> El secreto de su perfecci&oacute;n, como no pod&iacute;a ser menos, es el amor. Un amor grande a Cristo, por quien se siente fascinada y que la lleva a consagrarse a El para siempre, y a participar en el misterio de su pasi&oacute;n y de su resurrecci&oacute;n. Siente a la vez un amor filial a la Virgen Mar&iacute;a que la inclina a imitar sus virtudes. <\/p>\n<p align=\"left\"> Para ella <i>Dios es alegr&iacute;a infinita<\/i>. He ah&iacute; el nuevo himno del amor cristiano que brota espont&aacute;neo del alma de esta joven chilena, en cuyo rostro glorificado adivinamos la gracia de la transformaci&oacute;n en Cristo, en virtud de ese amor que es comprensivo, servicial, humilde, paciente. Un amor que no destruye los valores humanos sino que los eleva y transfigura. <\/p>\n<p align=\"left\"> S&iacute;. Como dice Teresa de los Andes: \u201cJes&uacute;s es nuestro gozo infinito\u201d. Por eso la nueva Beata es un <i>modelo de vida evang&eacute;lica para la juventud de Chile<\/i>. Ella, que lleg&oacute; a practicar con hero&iacute;smo las virtudes cristianas transcurri&oacute; los a&ntilde;os de su adolescencia y de su juventud en los &aacute;mbitos normales de una joven de su tiempo: en su vida de cada d&iacute;a se ejercit&oacute; en la piedad y en la colaboraci&oacute;n eclesial como catequista, en la escuela, entre sus amigos y amigas, en las obras de misericordia, en los momentos de solaz y de recreo. Su vida ejemplar se reviste de humanismo cristiano con el sello inconfundible de la inteligencia viva, de la delicadeza premurosa, de la capacidad creadora del pueblo chileno. En ella se expresa el alma y el car&aacute;cter de vuestra patria y la perenne juventud del Evangelio de Cristo, que entusiasm&oacute; y atrajo a sor Teresa de los Andes. <\/p>\n<p align=\"left\"> 3. La Iglesia proclama hoy Beata a sor Teresa de los Andes y. a partir de este d&iacute;a, la venera y la invoca con este t&iacute;tulo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Beata, dichosa, feliz, es la persona que ha hecho de las bienaventuranzas evang&eacute;licas el centro de su vida; que las ha vivido con intensidad heroica. <\/p>\n<p align=\"left\"> De esta forma, nuestra Beata, habiendo puesto en pr&aacute;ctica las bienaventuranzas, encarn&oacute; en su vida <i>el ejemplo m&aacute;s perfecto de la santidad que es Cristo<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> En efecto, Teresa de los Andes irradia la dicha de la pobreza de esp&iacute;ritu, la bondad y mansedumbre de su coraz&oacute;n, el sufrimiento escondido con que Dios purifica y santifica a sus elegidos. Ella tiene hambre y sed de justicia, ama a Dios intensamente y quiere que Dios sea amado y conocido por todos. Dios la hizo misericordiosa en su inmolaci&oacute;n total por los sacerdotes y por la conversi&oacute;n de los pecadores; pac&iacute;fica y conciliadora, sembrando a su alrededor la comprensi&oacute;n y el di&aacute;logo. En ella se refleja, sobre todo, la bienaventuranza de la pureza de coraz&oacute;n. En efecto, se entreg&oacute; a Cristo totalmente y Jes&uacute;s le abri&oacute; los ojos a la contemplaci&oacute;n de sus misterios. <\/p>\n<p align=\"left\"> Dios le concedi&oacute;, adem&aacute;s, gustar el gozo sublime de vivir anticipadamente en la tierra la bienaventuranza y la alegr&iacute;a de la comuni&oacute;n con Dios en el servicio al pr&oacute;jimo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Este es su mensaje: S&oacute;lo en Dios se encuentra la felicidad; s&oacute;lo Dios es alegr&iacute;a infinita. &iexcl;Joven chilena, joven latinoamericana, descubre en sor Teresa la alegr&iacute;a de vivir la fe cristiana hasta sus &uacute;ltimas consecuencias! &iexcl;T&oacute;mala como modelo! <\/p>\n<p align=\"left\"> 4. En nuestra Misa de hoy, en la que elevamos al honor de los altares a una hija predilecta de Chile, oramos de un modo particular por la reconciliaci&oacute;n. En el Salmo responsorial, hemos invocado a Dios con estas palabras: <\/p>\n<p align=\"left\"> \u201cMu&eacute;stranos, Se&ntilde;or, tu misericordia y danos tu salvaci&oacute;n. La misericordia y la fidelidad se encuentran, <i>la justicia y la paz se besan<\/i>\u201d (<i>Sal<\/i> 85 [84], 8, 11). <\/p>\n<p align=\"left\"> La actuaci&oacute;n de la reconciliaci&oacute;n, que en la santa Misa tiene su expresi&oacute;n en el acto penitencial inicial y en el<i> rito de la paz<\/i>, sigue siendo como un <i>clamor de los hombres<\/i> y de los pueblos al Dios de la Alianza. <i>A ese Dios <\/i>que ha reconciliado consigo mismo toda la humanidad en Cristo, su Unig&eacute;nito, muerto en la cruz. Ese Dios ha encomendado a los Ap&oacute;stoles y a la Iglesia el ministerio de la reconciliaci&oacute;n (cf. <i>2Co<\/i> 5, 18 s.). <\/p>\n<p align=\"left\"> Como se&ntilde;alaba en mi Exhortaci&oacute;n Apost&oacute;lica <i>Reconciliatio et Paenitentia<\/i>: \u201cA toda la comunidad de los creyentes, a todo el conjunto de la Iglesia, le ha sido confiada <i>la palabra de reconciliaci&oacute;n<\/i>, esto es, la tarea de hacer todo lo posible para dar testimonio de la reconciliaci&oacute;n y llevarla a cabo en el mundo&#8230; En conexi&oacute;n &iacute;ntima con la misi&oacute;n de Cristo se puede, pues, condensar la misi&oacute;n&#8230; de la Iglesia en la tarea \u2013para ella central\u2013 de la reconciliaci&oacute;n del hombre: con Dios, consigo mismo, con los hermanos, con todo lo creado\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_02121984_reconciliatio-et-paenitentia.html\">Reconciliatio et Paenitentia<\/a><\/i><a><\/a>, 8). Pero no podemos olvidar que la reconciliaci&oacute;n es un don de Dios, es un fruto de la gracia \u201cde Cristo redentor, reconciliador, que libera al hombre del pecado en todas sus formas\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 7). <\/p>\n<p align=\"left\"> Por su parte, la Iglesia vive en la celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a la forma m&aacute;s intensa y expresiva de su condici&oacute;n de ser comunidad reconciliada y sacramento de comuni&oacute;n del hombre con Dios y con el genero humano (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"> Lumen gentium<\/a><\/i><a><\/a>, 1). En efecto, la celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a requiere la voluntad firme de reconciliaci&oacute;n y de perd&oacute;n. Por eso, en nuestra plegaria pedimos al Padre celestial que perdone nuestras ofensas, y atestiguamos la sinceridad de nuestra s&uacute;plica perdonando por nuestra parte a quienes nos han ofendido (cf. <i> Mt<\/i> 6, 12). <\/p>\n<p align=\"left\"> El nuevo esp&iacute;ritu del Reino de Dios que Jes&uacute;s nos revela, nos lo expresa tambi&eacute;n en esta exhortaci&oacute;n que la comunidad cristiana meditar&iacute;a siempre en un contexto eucar&iacute;stico: \u201cSi, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda all&iacute;, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelve y presentas tu ofrenda\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 5, 23-24). <\/p>\n<p align=\"left\"> Vemos, por tanto, amad&iacute;simos hermanos, cu&aacute;n exigente es la llamada del Se&ntilde;or a la reconciliaci&oacute;n fraterna. En una humanidad surcada por tantas divisiones, que tienen su causa &uacute;ltima en el pecado, la reconciliaci&oacute;n es una necesidad, e incluso, una condici&oacute;n de supervivencia: Si la paz y la concordia no brillan entre los individuos y los pueblos, los conflictos pueden adquirir proporciones de verdadera tragedia. <\/p>\n<p align=\"left\"> 5. En esta ceremonia de beatificaci&oacute;n de sor Teresa de los Andes quiero dar, con toda mi alma, gracias al Se&ntilde;or porque, mediante el esp&iacute;ritu de di&aacute;logo y reconciliaci&oacute;n, fue preservada la paz entre dos naciones hermanas, Chile y Argentina, con la soluci&oacute;n del diferendo sobre la zona austral. Gracias sean dadas al Padre misericordioso por haber sostenido al Sucesor de Pedro y a sus colaboradores en sus esfuerzos durante la Mediaci&oacute;n. Gracias sean dadas al Se&ntilde;or de la historia por haber inspirado a los gobernantes y a estos dos pueblos hermanos sentimientos de paz y entendimiento que evitaron tantos sufrimientos, tanta efusi&oacute;n de sangre y unas consecuencias imprevisibles para todo el continente americano. <\/p>\n<p align=\"left\"> 6. Y ahora me vais a permitir que os hable, al igual que lo hice en mi encuentro con el Episcopado chileno, de la <i>reconciliaci&oacute;n interna<\/i>, es decir, dentro de vuestra patria. <\/p>\n<p align=\"left\"> Ciertamente, est&aacute; presente en el &aacute;nimo de todos la persuasi&oacute;n de que es imprescindible una atm&oacute;sfera de di&aacute;logo y de concordia, lo cual, por otra parte, no es ajeno a la reconocida tradici&oacute;n democr&aacute;tica del noble pueblo chileno. Concuerda asimismo con esta trayectoria de vuestro pa&iacute;s la convicci&oacute;n, arraigada en las conciencias, de que la reconciliaci&oacute;n se expresa en la convergencia de las voluntades hacia el <i>logro del bien com&uacute;n<\/i>, hacia ese alto objetivo que confiere significado propio y su raz&oacute;n de ser a las funciones de la comunidad pol&iacute;tica, como nos ense&ntilde;a el Concilio Vaticano II: \u201cEl bien com&uacute;n abarca el conjunto de aquellas condiciones de vida social con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfecci&oacute;n\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i><a><\/a>, 74). <\/p>\n<p align=\"left\"> Hay que decir pues que responde a la condici&oacute;n social y comunitaria del hombre el que &eacute;ste participe activamente en la vida p&uacute;blica, con miras a promover el bien com&uacute;n y a fomentar todo lo que asegure condiciones de justicia, de paz y de reconciliaci&oacute;n, como indica el mismo Concilio: \u201cEs perfectamente conforme con la naturaleza humana que se constituyan estructuras pol&iacute;tico-jur&iacute;dicas que ofrezcan a todos los ciudadanos, sin discriminaci&oacute;n alguna y con perfecci&oacute;n creciente, posibilidades efectivas de tomar parte libre y activamente en la fijaci&oacute;n de los fundamentos jur&iacute;dicos de la comunidad pol&iacute;tica, en el gobierno de la cosa p&uacute;blica, en la determinaci&oacute;n de los campos de acci&oacute;n y de los l&iacute;mites de las diferentes instituciones y en la elecci&oacute;n de los gobernantes\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 75).<\/p>\n<p align=\"left\"> 7. La Iglesia, en conformidad con su irrenunciable misi&oacute;n, ha sido y seguir&aacute; siendo \u201c signo y salvaguarda del car&aacute;cter trascendente de la persona humana\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 76), del hombre que es imagen de Dios. Seg&uacute;n advierte la misma Constituci&oacute;n pastoral <i>Gaudium et spes<\/i>: \u201cLa Iglesia por su parte, fundada en el amor del Redentor, contribuye a difundir cada vez m&aacute;s el reino de justicia y de caridad en el seno de la naci&oacute;n y entre las naciones. Predicando la verdad evang&eacute;lica e iluminando todos los sectores de la acci&oacute;n humana con su doctrina y con el testimonio de los cristianos, respeta y promueve tambi&eacute;n la libertad y la responsabilidad del ciudadano\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>.). <\/p>\n<p align=\"left\"> Con esa misma libertad evang&eacute;lica y con el coraz&oacute;n puesto en el bien de esta amada naci&oacute;n, pido al Se&ntilde;or que os conceda con abundancia esa reconciliaci&oacute;n, que implica para todos una conciencia m&aacute;s viva de la dignidad humana. <\/p>\n<p align=\"left\"> La b&uacute;squeda del bien com&uacute;n exige tambi&eacute;n el rechazo de toda forma de violencia y de terrorismo \u2013viniere de donde viniere\u2013 que precipitan a los pueblos en el caos. La reconciliaci&oacute;n, como la propone la Iglesia, es el camino genuino de la liberaci&oacute;n cristiana, sin el recurso al odio, a la lucha programada de clases, a las represalias, a la dial&eacute;ctica inhumana, que no ve en los d&eacute;mas a hermanos, hijos del mismo Padre, sino a enemigos que hay que combatir. No nos cansaremos de repetir en todas partes que la violencia no es cristiana ni evang&eacute;lica, ni camino para solucionar las dificultades reales de los individuos o de los pueblos. <\/p>\n<p align=\"left\"> En este parque, que lleva el nombre de uno de los m&aacute;s ilustres padres de la patria, quiero manifestar mi aliento y mi apoyo a los esfuerzos en favor de la concordia por parte del Episcopado chileno; y en particular, al Pastor de esta arquidi&oacute;cesis por sus apremiantes llamadas a la pacificaci&oacute;n y al entendimiento, y por su en&eacute;rgica condena de la violencia y del terrorismo. <\/p>\n<p align=\"left\"> 8. Trabajar por la reconciliaci&oacute;n supone un amor universal, paciente y generoso, firme en la proclamaci&oacute;n de la verdad, e inflexible en resistir a toda clase de violencia. <\/p>\n<p align=\"left\"> Tiene como fundamento la misi&oacute;n misma de la Iglesia que proclama la comuni&oacute;n de los hijos de Dios en una misma familia, el respeto a los hermanos, especialmente a los m&aacute;s necesitados, el trabajar por el bien com&uacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> Ante esta perspectiva, la Iglesia en Chile no puede renunciar a la tarea de convencer y de unir a todos los chilenos en un empe&ntilde;o conjunto de solidaridad y de participaci&oacute;n para lograr el bien de la patria. <\/p>\n<p align=\"left\"> Como han proclamado vuestros obispos: \u201cChile tiene vocaci&oacute;n de entendimiento y no de enfrentamiento\u201d. No se puede progresar agudizando las divisiones. Es la hora del perd&oacute;n y de la reconciliaci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> \u201c<i>Dejaos reconciliar <\/i>con Dios\u201d (cf. <i>2Co<\/i> 5, 20), nos exhorta San Pablo. Esta b&uacute;squeda de la paz con Dios, en la que insiste el Ap&oacute;stol, es una labor que no admite pausa; es un programa de vida que tiene que ir enraiz&aacute;ndose cada vez m&aacute;s en las conciencias de todos hasta el final de los tiempos. <\/p>\n<p align=\"left\"> Para conseguir dicha meta, nuestro camino est&aacute; iluminado <i>por el estilo de vida de las bienaventuranzas<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> Hay acuerdo en la verdad, cuando confesamos sin temor que el reino de Dios pertenece a los pobres de esp&iacute;ritu; cuando los tristes son consolados, cuando los pac&iacute;ficos rigen los destinos del mundo, cuando se ejerce la compasi&oacute;n y la misericordia. <\/p>\n<p align=\"left\"> Hay verdadera reconciliaci&oacute;n entre los hijos de un mismo pueblo, cuando con el aporte de un di&aacute;logo abierto y sincero desaparecen prejuicios y recelos, cuando hombres y mujeres \u2013limpios de coraz&oacute;n\u2013 se esfuerzan en sentir, hablar y actuar como artesanos de paz. Entonces Dios los llama hijos suyos y los colma de felicidad. <\/p>\n<p align=\"left\"> Hay concordia de mentes y voluntades cuando, por amor a la justicia y a la verdad, se respeta la dignidad de cada persona y se aprende la sabidur&iacute;a de la cruz, experimentando el precio y la raz&oacute;n profunda del amor y del perd&oacute;n, en comuni&oacute;n con Cristo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Sufrir a causa del amor, de la verdad, de la justicia, es el signo de la fidelidad al Dios de la vida y de la esperanza. Es la bienaventuranza de los que por Cristo sufren, caen en tierra como los granos de trigo y son promesa de vida y de resurrecci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> He ah&iacute; c&oacute;mo se construye el futuro, mediante un amor paciente y comprensivo que cree y espera siempre, porque se f&iacute;a de Dios que tiene en sus manos los hilos de la historia. <\/p>\n<p align=\"left\"> 9. Queridos hermanos y hermanas, hijos e hijas de la patria chilena. <\/p>\n<p align=\"left\"> En este d&iacute;a elevo mi oraci&oacute;n al Se&ntilde;or, junto con todos vosotros, pidi&eacute;ndole por el bien inestimable de la reconciliaci&oacute;n, por el don de la paz y de la justicia para toda vuestra sociedad. <\/p>\n<p align=\"left\"> \u201cEl fruto de la justicia es la paz\u201d (<i>Is<\/i> 32, 17). <\/p>\n<p align=\"left\"> El Evangelio de las bienaventuranzas es la carta magna del reino de Dios. Las palabras de Jes&uacute;s suenan como una invitaci&oacute;n y un desaf&iacute;o a optar por el camino evang&eacute;lico de la paz, que es fruto de la justicia, contra toda tentaci&oacute;n de violencia, con la paciencia y la eficacia de quien sabe construir la paz, creando las condiciones necesarias para renovar los corazones y reformar las estructuras injustas. Este es el estilo y el talante de los disc&iacute;pulos del Maestro de la paz y del amor. \u201cDichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamar&aacute;n hijos de Dios\u201d (<i>Mt<\/i> 5, 9). <\/p>\n<p align=\"left\"> En esta Eucarist&iacute;a hemos pedido al Se&ntilde;or su luz y su gracia \u201cpara que podamos construir perpetuamente la paz, basada en la justicia, en el amor y en la libertad\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> La paz es un don de Dios, que el Papa implora con todos vosotros, por intercesi&oacute;n de Teresa de los Andes, a Aquel que es el Se&ntilde;or de todos, el Dios de la vida, el Pr&iacute;ncipe de la Paz. <\/p>\n<p align=\"left\"> 10. \u201c<i>El es nuestra paz<\/i>\u201d (<i>Ef<\/i> 2, 14). <\/p>\n<p align=\"left\"> En Cristo Dios Padre ha reconciliado consigo a todo el g&eacute;nero humano, a todos los hijos e hijas del \u201cprimer Ad&aacute;n\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> \u201cTanto am&oacute; Dios al mundo, <i>que le dio a su Hijo &uacute;nico<\/i>, para que todo el que crea en El no perezca sino que tenga la vida eterna\u201d (<i>Jn<\/i> 3, 16). Los santos y las almas escogidas son testigos excepcionales de este amor del Padre. <\/p>\n<p align=\"left\"> <i>&iexcl;Y la Beata Teresa de los Andes es uno de estos testigos! <\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> Hoy, mientras damos gracias al Se&ntilde;or para que inspire deseos de paz y reconciliaci&oacute;n entre los hombres y los grupos sociales, imploramos ardientemente el fruto maduro de esa reconciliaci&oacute;n para vuestra patria. <i>No olvidemos jam&aacute;s que Cristo nos ha reconciliado con Dios en la perspectiva de la vida eterna<\/i> .<\/p>\n<p align=\"left\"> <i>&iexcl;No lo olvidemos! <\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> En este d&iacute;a dichoso para la naci&oacute;n chilena, porque sor Teresa ha sido elevada al honor de los altares, parece como si ella nos repitiera, como mensaje de vida, las palabras que aprendi&oacute; de su padre y maestro San Juan de la Cruz: \u201cdonde no hay amor, ponga amor y sacar&aacute; amor\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> Aqu&iacute; en la tierra permanecen la fe, la esperanza y el amor, estas tres. <\/p>\n<p align=\"left\"> Ellas nos conducen hacia la eternidad: a la salvaci&oacute;n eterna en Dios Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo. <i>A la uni&oacute;n con Dios. Con Dios que es Amor<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> Y por eso: la m&aacute;s grande es el amor<\/p>\n<p align=\"left\"> .<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1987 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p> <\/font> <\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, CHILE Y ARGENTINA MISA DE BEATIFICACI&Oacute;N DE SOR TERESA DE LOS ANDES HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Parque O\u2019Higgins de Santiago de ChileViernes 3 de abril de 1987 &nbsp; 1. \u201cQuedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La m&aacute;s grande es el amor\u201d(1Co 13, 13) . 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