{"id":39918,"date":"2016-10-05T23:19:05","date_gmt":"2016-10-06T04:19:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-uruguay-chile-y-argentina-celebrazione-della-parola-con-gli-abitanti-de\/"},"modified":"2016-10-05T23:19:05","modified_gmt":"2016-10-06T04:19:05","slug":"viaje-apostolico-a-uruguay-chile-y-argentina-celebrazione-della-parola-con-gli-abitanti-de","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-uruguay-chile-y-argentina-celebrazione-della-parola-con-gli-abitanti-de\/","title":{"rendered":"VIAJE APOST\u00d3LICO A URUGUAY, CHILE Y \nARGENTINA \n\n\nCELEBRAZIONE DELLA PAROLA CON GLI ABITANTI DE"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <a><\/a> <font face=\"Times New Roman\"> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, CHILE Y ARGENTINA<\/font><\/p>\n<p> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"center\"> <b><font color=\"#663300\">CELEBRAZIONE DELLA PAROLA CON GLI <br \/>ABITANTI DELLE BORGATE DI SANTIAGO<\/font><\/b><\/p>\n<p> <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">OMELIA DI GIOVANNI PAOLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>&nbsp;Santiago del Cile &#8211; Gioved&igrave;, 2 aprile 1987<\/i><\/font><\/p>\n<p> <\/font> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Amad&iacute;simos hermanos y hermanas en Cristo Jes&uacute;s<\/i>, <\/p>\n<p align=\"left\"> 1. Al verme hoy en medio de vosotros, queridos pobladores de la periferia y de los barrios m&aacute;s pobres de Santiago, no puedo ocultaros que un inmenso gozo invade mi coraz&oacute;n, al meditar en estas palabras del Evangelio: \u201c Nadie conoce al Hijo m&aacute;s que el Padre \u201d; el Padre \u201c lo ha revelado a la gente sencilla \u201d; el Padre ha querido revelaros a vosotros a su Hijo \u201c porque as&iacute; le ha parecido mejor \u201d (<i>Matth<\/i>. 11, 25). <\/p>\n<p align=\"left\"> A1 igual que los Ap&oacute;stoles Pedro y Juan cuando sub&iacute;an al templo para orar, as&iacute; tambi&eacute;n yo tengo que deciros que no traigo \u201c oro ni plata \u201d (<i>Act<\/i>. 3, 6), pero vengo en nombre de Jesucristo a anunciaros el amor de predilecci&oacute;n del Padre, que ha querido revelar la esperanza del reino a los pobres, a los sencillos de coraz&oacute;n, a los sencillos de coraz&oacute;n, a los que abren sus puertas al Se&ntilde;or y no desde&ntilde;an su mano misericordiosa. <\/p>\n<p align=\"left\"> Conozco vuestros sufrimientos, y vuestro clamor de esperanza ha llegado a mis o&iacute;dos. Por eso, como mensajero del Evangelio os animo a buscar en Jesucristo la anhelada paz. Jes&uacute;s mismo nos invita a aprender de E1 la mansedumbre y la humildad de coraz&oacute;n, y a depositar en E1 nuestra esperanza. Esa esperanza tan caract&eacute;ristica de este maravilloso pueblo y de toda Am&eacute;rica Latina, que os permite mantener la alegr&iacute;a, la paz interior, y celebrar los acontecimientos de la vida aun en medio de tantas y graves dificultades. Pero tambi&eacute;n aqu&iacute;, como en otros muchos lugares, he podido ver con dolor la pobreza de muchos en contraste con la opulencia de algunos. <\/p>\n<p align=\"left\"> 2. He venido hasta esta poblaci&oacute;n vuestra para proclamar nuestra com&uacute;n fe en el Hijo de Dios y en sus ense&ntilde;anzas. Me encuentro aqu&iacute; para anunciar, una vez m&aacute;s, las bienaventuranzas del Se&ntilde;or: \u201c Bienaventurados los pobres en el esp&iacute;ritu porque de ellos es el reino de los cielos \u201d (<i>Matth<\/i>. 5, 3). Bienaventurados vosotros si ten&eacute;is un coraz&oacute;n sin apegos terrenos, porque de esa manera el Padre os revelar&aacute; sus misterios y os ayudar&aacute; a cargar con el yugo de Jes&uacute;s, a llevarlo como E1 hasta encontrar vuestro descanso. <\/p>\n<p align=\"left\"> En Cristo encuentra el hombre lo que no podr&iacute;an procurarle todos los bienes de este mundo. Como el Buen Pastor nos dice: \u201c Venid a m&iacute;&#8230; yo os aliviar&eacute;&#8230; encontrar&eacute;is descanso \u201d (<i>Ibid<\/i>. 11, 28-29), y nos invita a llevar su yugo, esto es, la ley del amor; una ley que libera y que es descanso para el alma. Cualquier carga es ligera cuando estamos unidos a Cristo, cuando es E1 quien nos da energia y respiro para seguir caminando. Por el contrario, &iexcl;qu&eacute; pesado resulta el fardo cuando se lleva sin Cristo! Tal es el fardo del ego&iacute;smo, del odio, de la violencia, de la dureza de coraz&oacute;n, que no pocas veces se suman para hacer ingrata y hasta imposible la convivencia humana. Estamos ante el reverso de la ley del amor cuando no se ve en el pr&oacute;jimo a un hico de Dios y hermano en Cristo, sino que se le considera solamente como un instrumento, &uacute;nicamente &uacute;til para satisfacer las propias apetencias. Este individualismo ego&iacute;sta, que es un desorden fruto del pecado, impide la creaci&oacute;n de lazos de humanidad y fraternidad que hagan sentirse al hombre miembro de una comunidad, parte solidaria de un pueblo unido. <\/p>\n<p align=\"left\"> 3. En esta Zona Sur he querido estar presente, aunque sea por tan breve tiempo, para mostraros visiblemente mi solicitud por cuanto est&aacute;is haciendo para formar <i>comunidades de vida y de trabajo<\/i> en las que solidariamente os esforz&aacute;is con empe&ntilde;o en vivir vuestra fe, vuestra esperanza y vuestra caridad cristianas. <\/p>\n<p align=\"left\"> Toda la historia de la Revelaci&oacute;n es un testimonio del papel que juega la comunidad en la obra de salvaci&oacute;n. Dios mismo, por medio de Jesucristo, se ha revelado como una aut&eacute;ntica comunidad: la Trinidad Santa, una maravillosa comuni&oacute;n que es el fundamento v el modelo para toda relaci&oacute;n basada en el amor. La Iglesia universal y esta Iglesia en Chile son manifestaci&oacute;n de ese esp&iacute;ritu de comunidad, que congrega a los hombres para hacerlos part&iacute;cipes de la vida divina. <\/p>\n<p align=\"left\"> Y precisamente expresi&oacute;n de esa vida son tambi&eacute;n varias formas de comunidad, que dan consistencia a vuestras poblaciones. Ante todo, la <i>familia<\/i>, que el Concilio Vaticano II defini&oacute; como la \u201c escuela del m&aacute;s rico humanismo \u201d (<i>Gaudium et Spes<\/i>, 52). Ella es la c&eacute;lula fundamental de toda sociedad, primera e insustituible catequista de los hijos. Las verdades, los valores, los comportamientos, los modos de pensar, de relacionarse con las otras personas y con el mundo, se aprenden en el hogar y es &eacute;sta una misi&oacute;n y un derecho que hay que ejercer amorosamente, y que hay que defender ante los peligros de un mundo materialista que propone el acumular cosas como el sumo bien del hombre y de la sociedad. \u201c El hombre vale m&aacute;s por lo que es, que por lo que tiene \u201d (<i>Ibid<\/i>. 35). <\/p>\n<p align=\"left\"> Quienes han respirado en el seno de sus propias familias una atm&oacute;sfera de aut&eacute;ntica comunidad, se sentir&aacute;n m&aacute;s inclinados a comprometerse con sus hermanos en la tarea de construir una sociedad renovada, m&aacute;s humana y acogedora. Ello supone dar vida a formas de asociaci&oacute;n que contribuyan, cada una a su manera, a la consecuci&oacute;n del bien com&uacute;n, y que ayuden a satisfacer mejor \u201c muchos derechos de la persona humana, sobre todo los llamados econ&oacute;micosociales, los cuales miran fundamentalmente a las exigencias de la vida humana \u201d (Ioannis XXIII, <i> Mater et Magistra<\/i>, 61). <\/p>\n<p align=\"left\"> 4. Obviamente, se ha de tender a que se vivan en cada familia las virtudes sociales que fomentan el desarrollo pleno de cada uno de sus miembros: el di&aacute;logo, la comunicaci&oacute;n, la corresponsabilidad y la participaci&oacute;n, la capacidad de sacrificio, la fidelidad. Todas ellas deben ser expresi&oacute;n y fruto del amor. Tomad como modelo la Sagrada Familia de Nazaret; en ella habr&aacute; de inspirarse todo programa de renovaci&oacute;n cristiana y social en la familia y desde la familia. <\/p>\n<p align=\"left\"> Son tambi&eacute;n manifestaciones de la vida y del sentido comunitario aquellas formas de organizaci&oacute;n popular que buscan mejorar el nivel de vida de los pobladores de los barrios: las asociaciones vecinales, los talleres laborales, los grupos de vivienda, los grupos de salud, de apoyo escolar, las ollas familiares, los comedores infantiles, los clubes juveniles y deportivos, los grupos de folklore y. en fin, tantas manifestaciones de aquella solidaridad que debe caracterizar \u201c el noble empe&ntilde;o por la justicia \u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> Estas iniciativas podr&aacute;n ser, a su vez, semilla de nuevas formas de organizaci&oacute;n social, que abran el camino a una aut&eacute;ntica y efectiva participaci&oacute;n de todos los ciudadanos en las decisiones que afectan a su vida y a su destino. De esta manera los grupos van transform&aacute;ndose poco a poco en aut&eacute;nticas comunidades solidarias y participativas. Si bien, es igualmente necesario que esos grupos no pretendan monopolizar toda la acci&oacute;n ni ahogar la iniciativa y justa autonom&iacute;a y libertad de los individuos. <\/p>\n<p align=\"left\"> 5. La Iglesia os acompa&ntilde;a en vuestros esfuerzos y leg&iacute;timas aspiraciones, consciente de que como ya se&ntilde;al&oacute; mi venerado predecesor el Papa Pablo VI\u2013 entre evangelizaci&oacute;n y promoci&oacute;n humana existen efectivamente lazos muy fuertes (Pauli VI, <i>Evangelii Nuntiandi<\/i>, 31). Es &eacute;sta una parte importante de la labor apost&oacute;lica que tantos agentes de pastoral desarrollan entre los m&aacute;s necesitados. A vosotros, sacerdotes, religiosos, religiosas, di&aacute;conos, catequistas, laicos comprometidos, quiero dirigir mi palabra de aliento para que continu&eacute;is ilusionados en vuestras tareas de construir el reino de Dios, mediante la Palabra anunciada en su integridad, mediante los sacramentos celebrados en la fe, con el testimonio de vuestras propias vidas, tomando como modelo a Cristo, pobre y humilde de coraz&oacute;n, \u201c el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que es enriquecierais con su pobreza \u201d (<i>2 Cor<\/i>. 8, 9). <\/p>\n<p align=\"left\"> En perfecta sinton&iacute;a con el Magisterio aut&eacute;ntico de la Iglesia y en intima comuni&oacute;n con los Pastores, sed fieles a vuestra vocaci&oacute;n y a la misi&oacute;n que hab&eacute;is recibido, y no permit&aacute;is que intereses de &iacute;ndole ideol&oacute;gica o pol&iacute;tica, extra&ntilde;os al Evangelio, enturbien la pureza de vuestra labor de asistencia y santificaci&oacute;n. Ten&eacute;is entre vosotros eximios ejemplos de ap&oacute;stoles que, a pesar de las dificultades e incluso incomprensiones, supieron desempe&ntilde;ar su ministerio pastoral a costa de los mayores sacrificios. <\/p>\n<p align=\"left\"> 6. La Iglesia, queridos hermanos y hermanas, ha recibido del mismo Jesucristo la misi&oacute;n de hacer realidad su mandamiento central: \u201c Esto os mando: que os am&eacute;is unos a otros \u201d (<i>Io<\/i>. 15, 17). La Iglesia tiene, por tanto, la misi&oacute;n de abrazar a todos los hombres en su amor y de abrir a todos el camino de salvaci&oacute;n, sin excluir a nadie. Ella proporciona a todos las riquezas espirituales de que es depositaria; a todos alimenta con el Cuerpo del Se&ntilde;or, les administra los sacramentos y les comunica la vida divina. Gracias a esta preocupaci&oacute;n suya de engendrar la vida y conservarla, los fieles sienten el impulso interior de llamarla \u201c Madre \u201d. La Iglesia es madre de todos; ella extiende su amor a todos los hombres, sin distinci&oacute;n, y con todos usa de su misericordia. Pero es justo que, como una madre, tenga ella especial solicitud por aquellos hijos suyos que sufren, por los enfermos, por los necesitados, por los indigentes, por los pecadores. La Iglesia tiene que hacer realidad la acci&oacute;n de Dios mismo, que \u201c levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre \u201d (<i>Ps<\/i>. 113 (112), 7-8). <\/p>\n<p align=\"left\"> Por tanto, os digo: Contad siempre con esta solicitud maternal de la Iglesia que se conmueve ante vuestras necesidades, por vuestra pobreza, por la falta de trabajo, por las insuficiencias en educaci&oacute;n, salud, vivienda, por el desinter&eacute;s de quienes, pudiendo ayudaros, no lo hacen; ella se solidariza con vosotros cuando os ve padecer hambre, fr&iacute;o, abandono. &iquest;Qu&eacute; madre no se conmueve al ver sufrir a sus hijos, sobre todo, cuando la causa es la injusticia? &iquest;Qui&eacute;n podr&iacute;a criticar esta actitud? &iquest;Qui&eacute;n podr&iacute;a interpretarla mal? <\/p>\n<p align=\"left\"> 7. He sabido que entre vosotros, as&iacute; como en diversos lugares y di&oacute;cesis del pa&iacute;s surgen <i>Comunidades eclesiales de base<\/i>, las cuales \u201c deben ser destinatarias especiales de la evangelizaci&oacute;n y al mismo tiempo evangelizadoras \u201d. Tales comunidades, para que correspondan a su verdadera identidad, deben ser un lugar de encuentro y fraternidad, y deben nacer del deseo de vivir intensamente la vida misma de la Iglesia en un contexto de relaci&oacute;n m&aacute;s humana, m&aacute;s de familia. En su seno debe acogerse la Palabra de Dios tal como la transmite la Iglesia y tambi&eacute;n en su seno corresponde celebrar, en una perspectiva de fe, los acontecimientos que jalonan la peregrinaci&oacute;n hacia la casa del Padre. <\/p>\n<p align=\"left\"> Estas Comunidades han nacido, con frecuencia, como fruto de una Misi&oacute;n, de un grupo de catequesis familiar, de la celebraci&oacute;n del Mes de Mar&iacute;a \u2013bella y fecunda tradici&oacute;n de la religiosidad popular chilena\u2013, de c&iacute;rculos b&iacute;blicos, de la b&uacute;squeda de soluci&oacute;n a los problemas de la vida diaria en las poblaciones, y de tantas otras manifestaciones de la aut&eacute;ntica vitalidad propia de la Iglesia. &#8211; <\/p>\n<p align=\"left\"> Como compromiso eclesial concreto, exhorto a todos a una mayor profundizaci&oacute;n de la vida cristiana, a un conocimiento m&aacute;s hondo de la fe cat&oacute;lica, a una vida personal y familiar m&aacute;s coherente con la fe que se profesa, a la participaci&oacute;n frecuente y activa en la vida lit&uacute;rgica de la Iglesia, a un estilo de vida m&aacute;s marcado por la fraternidad y el sentido de comunidad. <\/p>\n<p align=\"left\"> Para que el surgimiento de las Comunidades eclesiales de base sea una fuerza revitalizadora del aut&eacute;ntico dinamismo de la Iglesia en Chile, es necesario que mantenga siempre una <i>clara identidad eclesial<\/i>. Esto supone, ante todo, estar en &iacute;ntima uni&oacute;n con el obispo diocesano y sus colaboradores: supone desarrollar y hacer propias las ense&ntilde;anzas del Magisterio aut&eacute;ntico de la Iglesia, del Papa y de los obispos; y supone evitar cuidadosamente toda tentaci&oacute;n de encerrarse en s&iacute; mismas, lo que las llevar&iacute;a fatalmente a renunciar a algo tan esencial como es la proyecci&oacute;n universalista y misionera que debe caracterizar a cualquier iniciativa que se precie de ser cat&oacute;lica. Esta identidad eclesial requiere, finalmente, que las Comunidades eclesiales de base eviten la tentaci&oacute;n de identificarse con partidos o posiciones pol&iacute;ticas que pueden ser muy respetables, pero que no pueden pretender ser la &uacute;nica expresi&oacute;n v&aacute;lida de la proyecci&oacute;n evang&eacute;lica sobre la vida y opciones pol&iacute;ticas del pa&iacute;s. <\/p>\n<p align=\"left\"> Por el contrario, es prenda fehaciente de que dichas Comunidades son aut&eacute;nticamente eclesiales, cuando la Palabra de Dios es la que congrega a los fieles y les impulsa a reflexionar sobre ella para proyectarla; cuando la maduraci&oacute;n de la fe se hace partir de una catequesis seria y vivencial; cuando la Eucarist&iacute;a es el centro de la vida y la comuni&oacute;n de sus miembros; cuando las relaciones interpersonales se dan en la fe, la esperanza y el amor; cuando la comuni&oacute;n con los Pastores es inquebrantable; cuando el compromiso por la justicia est&aacute; presente en la realidad de sus ambientes; cuando sus miembros son sensibles a la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu que suscita permanentemente carismas y servicios en el interior de la Comunidad y para la Iglesia universal (Pauli VI, <i>Evangelii Nuntiandi<\/i>, 58; <i>Puebla<\/i>, 640-642). <\/p>\n<p align=\"left\"> 8. A la vista de tantas manifestaciones de vitalidad de vuestras comunidades, deseo exhortaros igualmente a reforzar los lazos de vuestra <i>solidaridad<\/i>; una solidaridad que tenga su fundamento &uacute;ltimo en los principios de vuestra fe cristiana. Vienen a mi mente las palabras de los obispos latinoamericanos reunidos en Puebla de los Angeles: \u201c Es conmovedor sentir en el alma del pueblo la riqueza espiritual desbordante de fe, esperanza y amor. En este sentido, Am&eacute;rica Latina es un ejemplo para los dem&aacute;s continentes y ma&ntilde;ana podr&aacute; extender su sublime vocaci&oacute;n misionera, m&aacute;s all&aacute; de sus fronteras \u201d (<i>Nuntius Episcoporum Americae Latinae in urbe <font face=\"Times New Roman\">&laquo;<\/font>Puebla<font face=\"Times New Roman\">&raquo;<\/font><\/i>, 3). Estoy seguro de que ser&aacute; imposible que en vuestros corazones se apague la esperanza. En efecto, la visi&oacute;n optimista de la vida que os hace, aun en medio de la pobreza, capaces de celebrar, de re&iacute;r, de gozar en las alegr&iacute;as sencillas de cada d&iacute;a, no proviene de la irresponsabilidad o de la ignorancia. &iexcl;No! Ella tiene una sola explicaci&oacute;n: vuestra profunda fe cristiana. Nace de vuestro amor a Cristo y del acatamiento de sus ense&ntilde;anzas. Es la alegr&iacute;a que Cristo ha comunicado a sus disc&iacute;pulos cuando declaraba: \u201c Os he dicho estas cosas para que mi gozo est&eacute; en vosotros y vuestro gozo sea pleno \u201d (<i>Io<\/i>. 15, 11). <\/p>\n<p align=\"left\"> 9. Hace pocos d&iacute;as se cumplieron veinte a&ntilde;os de la publicaci&oacute;n de la Enc&iacute;clica del Papa Pablo VI sobre el desarrollo de los pueblos, la Populorum Progressio. No sin dolor tenemos que reconocer que aquella voz prof&eacute;tica sigue resonando en el mundo sin que haya encontrado una respuesta adecuada. Por eso, hoy, aqu&iacute;, en este continente de la esperanza, en medio de vosotros, pobladores de Santiago, quiero repetir a todos los hombres y muieres de buena voluntad de Am&eacute;rica Latina y del mundo, las palabras de Pablo VI, con el mismo esp&iacute;ritu con que fueran por &eacute;l propuestas: \u201c Que los individuos, los grupos sociales y las naciones se den fraternalmente la mano; el fuerte ayudando al d&eacute;bil a levantarse, poniendo en ello toda su competencia, su entusiasmo y su amor desinteresado. M&aacute;s que nadie, el que est&aacute; animado de una verdadera caridad es ingenioso para descubrir las causas de la miseria, para encontrar los medios de combatirla, para vencerla con intrepidez \u201d (Pauli VI, <i>Populorum Progressio<\/i>, 75. <\/p>\n<p align=\"left\"> La Iglesia, consciente de que todos formamos una familia, la gran familia de los hijos de Dios, repite su llamada para que cada uno desde su posici&oacute;n social, desde su ambiente, utilizando los medios a su alcance, grandes o peque&ntilde;os, se empe&ntilde;e en desterrar de vuestra tierra todas las causas de la pobreza injusta. Colaborad en la construcci&oacute;n de un mundo m&aacute;s justo y fraterno que tenga sus fondamentos \u201c en la verdad, establecido de acuerdo con las normas de la justicia, sustentado y henchido por la caridad y. finalmente, realizado bajo los auspicios de la libertad \u201d (Ioannis XXIII, <i>Pacem in Terris<\/i>, 167). <\/p>\n<p align=\"left\"> 10. A1 concluir este discurso, que me ha permitido compartir con vosotros el gozo de sentir que Dios manifiesta sus misterios a los sencillos de coraz&oacute;n, y en el que hemos meditado tambi&eacute;n sobre la solicitud materna de la Iglesia hacia todos sus hijos, es justo destacar que, de entre sus miembros, nadie inspira ese amor con mayor intensidad que la Madre de Dios, la Sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a. Vosotros esto lo sab&eacute;is, pues el amor a la Virgen forma parte de vuestra alma y nadie podr&aacute; arrebataros este patrimonio. &iexcl;Que la Virgen del Carmen, Reina de Chile, os haga sentir ahora y siempre su amor maternal! &iexcl;Que Ella vuelva hacia vosotros sus ojos misericordiosos y os d&eacute; a Jes&uacute;s! <\/p>\n<p align=\"left\"> A todos bendigo de coraz&oacute;n y en modo particular a los ni&ntilde;os, a los ancianos, a los enfermos, a los que sufren.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1987 &#8211;&nbsp; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\">&nbsp; <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, CHILE Y ARGENTINA CELEBRAZIONE DELLA PAROLA CON GLI ABITANTI DELLE BORGATE DI SANTIAGO OMELIA DI GIOVANNI PAOLO II &nbsp;Santiago del Cile &#8211; Gioved&igrave;, 2 aprile 1987 &nbsp; Amad&iacute;simos hermanos y hermanas en Cristo Jes&uacute;s, 1. 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