{"id":39919,"date":"2016-10-05T23:19:07","date_gmt":"2016-10-06T04:19:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-abril-de-1987-celebracion-de-las-visperas-con-los-sacerdotes-los-religiosos-los-diaconos-y-los-seminaristas-en-santiago-de-chile\/"},"modified":"2016-10-05T23:19:07","modified_gmt":"2016-10-06T04:19:07","slug":"1-de-abril-de-1987-celebracion-de-las-visperas-con-los-sacerdotes-los-religiosos-los-diaconos-y-los-seminaristas-en-santiago-de-chile","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-abril-de-1987-celebracion-de-las-visperas-con-los-sacerdotes-los-religiosos-los-diaconos-y-los-seminaristas-en-santiago-de-chile\/","title":{"rendered":"1 de abril de 1987, Celebraci\u00f3n de las V\u00edsperas con los sacerdotes, los religiosos, los di\u00e1conos y los seminaristas en Santiago de Chile"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <a><\/a> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, CHILE Y ARGENTINA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N DE LAS V&Iacute;SPERAS CON LOS SACERDOTES, <br \/>LOS RELIGIOSOS, LOS DI&Aacute;CONOS Y LOS SEMINARIST<\/font><\/b><font color=\"#663300\"><b>AS<\/b><\/font><\/p>\n<p> <font face=\"Times New Roman\"> <\/p>\n<p align=\"center\"> <i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>Catedral de Santiago de Chile<br \/>Mi&eacute;rcoles 1 de abril de 1987<\/i><\/font><\/p>\n<p> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> 1. \u201c<i>Considerad, hermanos, vuestra vocaci&oacute;n<\/i>\u201d (<i>1Co<\/i> 1, 26). <\/p>\n<p align=\"left\"> Con estas palabras invitaba el Ap&oacute;stol Pablo a los cristianos de Corinto a una reflexi&oacute;n sobre el significado de la propia vocaci&oacute;n. Con estas palabras deseo tambi&eacute;n comenzar hoy, queridos sacerdotes, religiosos, di&aacute;conos y seminaristas, invit&aacute;ndoos a meditar sobre el don que cada uno de vosotros ha recibido al ser llamado por Dios, a fin de que reconozc&aacute;is una vez m&aacute;s la grandeza de vuestra vocaci&oacute;n, y os llen&eacute;is de agradecimiento hacia Aquel que ha hecho en vosotros cosas grandes (<i>Lc<\/i> 1, 49). <\/p>\n<p align=\"left\"> \u201cNo hay entre vosotros muchos sabios seg&uacute;n la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles\u201d (<i>1Co <\/i>1, 26). Ved hermanos m&iacute;os, el punto de partida que el Ap&oacute;stol quiere resaltar: la insuficiencia de nuestros recursos humanos, el escaso valor de nuestras facultades, para la misi&oacute;n que Cristo ha confiado a los ministros de su Iglesia. Sin embargo, esta misma realidad \u2013la clara conciencia de la indignidad personal\u2013 nos sit&uacute;a, con actitud evang&eacute;lica, \u201cm&aacute;s cerca\u201d de la elecci&oacute;n divina, y subraya ulteriormente la &iacute;ndole sobrenatural y gratuita de la llamada de que hemos sido objeto. S&iacute;, amad&iacute;simos hermanos, Dios nos ha escogido no por nuestros m&eacute;ritos, sino en virtud de su misericordia. <\/p>\n<p align=\"left\"> En efecto, \u201cde El os viene lo que sois vosotros en Cristo Jes&uacute;s, el cual ha sido constituido para nosotros sabidur&iacute;a, justicia, santificaci&oacute;n y redenci&oacute;n, de modo que, seg&uacute;n est&aacute; escrito: el que se glor&iacute;e, glor&iacute;ese en el Se&ntilde;or\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i> 1, 30-31), El don sobrenatural que hemos recibido debe llevarnos, por tanto, a gloriarnos total y solamente en Cristo. Quien tiene conciencia de no ser nada, puede descubrir que Cristo lo es todo para &eacute;l (cf.<i> Jn<\/i> 20, 28); que en Cristo est&aacute; la &uacute;nica fuente de su verdadera existencia; y esta <i>glorificaci&oacute;n en Cristo<\/i> constituye precisamente el rasgo caracter&iacute;stico que revela la verdadera humildad personal, y la consiguiente entrega, sin reservas, de s&iacute; mismo a Dios y a los hermanos. Si, por el contrario, nos crey&eacute;semos sabios, autosuficientes, superiores, quedar&iacute;amos confundidos y nuestro trabajo ser&iacute;a est&eacute;ril, porque El se sirve de \u201clo vil y lo despreciable del mundo, lo que no es nada, para destruir lo que es, para que ninguno se glor&iacute;e delante de Dios\u201d (<i>1Co<\/i> 1, 28-29). <\/p>\n<p align=\"left\"> 2. Amados hermanos: Est&aacute; todav&iacute;a reciente el momento en que, con profunda emoci&oacute;n, he besado por primera vez esta bendita tierra chilena. Ahora me encuentro reunido con vosotros en la iglesia catedral de Santiago, para dar gracias a Dios nuestro Se&ntilde;or que ha dirigido mis pasos hacia aqu&iacute;, y tambi&eacute;n para pedir junto con vosotros, invocando a la Trinidad Beat&iacute;sima \u2013por la intercesi&oacute;n de Santa Mar&iacute;a, Patrona de este templo\u2013, que sean muchos los frutos de renovaci&oacute;n y de santidad en todos y en cada uno de los miembros de esta Iglesia de Dios que peregrina en Chile, y de la que vosotros represent&aacute;is una porci&oacute;n escogida. Pensad que hab&eacute;is sido llamados por Dios en un momento particularmente importante. La Iglesia, en efecto, se dispone a iniciar el tercer milenio de su peregrinaci&oacute;n hacia la casa del Padre de los cielos, hacia la Jerusal&eacute;n celestial. Am&eacute;rica Latina se prepara adem&aacute;s a conmemorar los 500 a&ntilde;os del comienzo de la evangelizaci&oacute;n de los hombres del Nuevo Mundo. Todo ello dar&aacute; ocasi&oacute;n para que, con la ayuda del Esp&iacute;ritu, se renueve vuestro compromiso y fidelidad a la misi&oacute;n evangelizadora que la Iglesia comenz&oacute; aqu&iacute; hace ya casi cinco siglos. <\/p>\n<p align=\"left\"> 3. Demos \u201cgracias al Padre, que os ha hecho id&oacute;neos para participar en la herencia de los santos en la luz \u201d (<i>Col<\/i> 1, 12). Con este agradecimiento al Padre, y con la actitud humilde y sumisa que nos recordaba San Pablo hace unos instantes, contemplad ahora vuestra <i>idoneidad<\/i>. Ella es consecuencia de haber sido rescatados por Cristo <i>del poder de las tinieblas<\/i> y de haber sido trasladados al <i>reino del Hijo de su amor<\/i>, obteniendo as&iacute; \u201cla redenci&oacute;n, el perd&oacute;n de los pecados\u201d (cf.<i> Ib&iacute;d.<\/i> 1, 13-14), \u201cya que en El quiso el Padre que habitase toda la plenitud. Y quiso tambi&eacute;n por medio de El reconciliar consigo todas las cosas, tanto las de la tierra como las del cielo, pacific&aacute;ndolas por la sangre de su cruz\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i> 1, 19-20). <\/p>\n<p align=\"left\"> En Cristo todo el mal ha sido ya vencido; la muerte ha sido derrotada en su misma ra&iacute;z que es el pecado. Cristo ha bajado hasta la profundidad del coraz&oacute;n del hombre con el arma m&aacute;s poderosa: el amor, que es <i>m&aacute;s fuerte que la muerte <\/i>(<i>Ct<\/i> 8, 6). De este modo, los cristianos \u2013y m&aacute;s a&uacute;n los ministros de Dios\u2013 no avanzamos en la historia con paso incierto. No podemos hacerlo porque hemos sido rescatados del \u201cpoder de las tinieblas\u201d (<i>Col<\/i> 1, 13); avanzamos por el justo camino \u201cen la herencia de los santos en la luz\u201d (<i>Col<\/i> 1, 12). Por tanto, cualquier incertidumbre que nos pueda acechar, cualquier tentaci&oacute;n de car&aacute;cter personal o sobre la eficacia de nuestra misi&oacute;n y ministerio, puede ser superada en esa estupenda perspectiva de uni&oacute;n a Cristo, en quien todo lo podemos, porque El es nuestra victoria definitiva. En El se halla el principio y la ra&iacute;z de nuestra victoria personal; en El hallamos la fuerza necesaria para superar cualquier dificultad, pues el Se&ntilde;or es para nosotros \u201csabidur&iacute;a, justicia, santificaci&oacute;n y redenci&oacute;n\u201d (<i>1Co<\/i> 1, 30). <\/p>\n<p align=\"left\"> 4. Querid&iacute;simos m&iacute;os: &iexcl;Cristo vive! Vive hoy y act&uacute;a poderosamente en la Iglesia y en el mundo. Y nosotros hemos sido llamados a actuar en su nombre y en su representaci&oacute;n: <i>in nomine et in persona Christi <\/i>(<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html\">Presbyterorum Ordinis<\/a><\/i><a><\/a>, 2. 13). Anunciamos a los hombres <i>su<\/i> salvaci&oacute;n, celebramos sacramentalmente su propio culto salv&iacute;fico, ense&ntilde;amos a cumplir sus mandamientos. Cristo vive hoy, y contin&uacute;a desplegando incesantemente su obra salvadora en la Iglesia. <\/p>\n<p align=\"left\"> Muy elocuentes son, en este sentido, las palabras del Salmista que hace unos momentos hemos pronunciado: \u201cT&uacute; eres sacerdote para siempre\u201d (<i>Sal<\/i> 110 [109], 5). <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Oh Cristo! T&uacute; eres el &uacute;nico, eterno y sumo sacerdote. T&uacute; eres el &uacute;nico sacerdote del &uacute;nico sacrificio, del que tambi&eacute;n eres V&iacute;ctima (<i>Hb<\/i> 5.7.8.9.). T&uacute; eres la &uacute;nica fuente del sacerdocio ministerial en la Iglesia. <\/p>\n<p align=\"left\"> 5. La respuesta que corresponde a este don no puede ser otra que la entrega total: un acto de amor sin reservas. La aceptaci&oacute;n voluntaria de la llamada divina al sacerdocio fue, sin duda, un acto de amor que ha hecho de cada uno de nosotros un <i>enamorado<\/i>. La perseverancia y la fidelidad a la vocaci&oacute;n recibida consiste no s&oacute;lo en impedir que ese amor se debilite o se apague (cf.<i> Ap<\/i> 2, 4), sino principalmente en avivarlo, en hacer que crezca m&aacute;s cada d&iacute;a. <\/p>\n<p align=\"left\"> Cristo inmolado en la cruz nos da la medida de esa entrega, ya que nos habla de amor obediente al Padre para la salvaci&oacute;n de todos (cf. <i>Flp<\/i> 2, 6ss.). El sacerdote, tratando de identificarse totalmente con Cristo, sacerdote eterno, debe manifestar en el altar y en la vida este amor y esta obediencia. Como he dicho en otra ocasi&oacute;n, \u201cun sacerdote vale lo que vale su vida eucar&iacute;stica, sobre todo su Misa. Misa sin amor, sacerdote est&eacute;ril; Misa fervorosa, sacerdote conquistador de almas. Devoci&oacute;n eucar&iacute;stica descuidada y no amada, sacerdocio desfalleciente y en peligr\u201d (<i>Discurso al clero italiano<\/i>, n. 3, 16 de febrero de 1984: <i>Insegnamenti di Giovanni Paolo II<\/i>, VII, 1 (1984) 406).). <\/p>\n<p align=\"left\"> Hemos de considerar tambi&eacute;n que nuestro ministerio va dirigido a rescatar a los hombres del \u201cpoder de las tinieblas\u201d y trasladarlos al \u201creino del Hijo de su amor\u201d, mediante \u201cla redenci&oacute;n, el perd&oacute;n de los pecados\u201d (<i>Col<\/i> 1, 13-14). <\/p>\n<p align=\"left\"> 6. Comprend&eacute;is que os estoy invitando a realizar una pastoral, que podr&iacute;amos llamar de la <i>primac&iacute;a de Cristo en todo<\/i>. Hemos de llevar a los hombres<i> hacia Cristo, Redentor del hombre<\/i>. En El est&aacute; todo, en El habita la plenitud, en El ya ha sido vencido el mal. Por eso, nuestro anuncio, es siempre de esperanza, de paz, de confianza y de serenidad. Con el ministerio de la Palabra de Dios nos dirigimos a la conciencia de cada uno, para que se abra a Cristo, y la iluminamos con la doctrina del Maestro: la misma que estudiamos, meditamos y aplicamos a nuestras propias vidas. <\/p>\n<p align=\"left\"> En nuestras manos sacerdotales, amados hermanos, Cristo ha querido depositar el inmenso tesoro de la redenci&oacute;n, de la remisi&oacute;n de los pecados. Quiero exhortaros a que no descuid&eacute;is esta realidad salvadora. Mostrad siempre un especial aprecio por el sacramento de la reconciliaci&oacute;n, en el cual los cristianos reciben la remisi&oacute;n de sus pecados. Hab&eacute;is de impulsar una acci&oacute;n pastoral que arrastre a los fieles hacia la conversi&oacute;n personal, para lo cual hab&eacute;is de dedicar al ministerio del perd&oacute;n todo el tiempo que sea necesario, con generosidad, con la paciencia de aut&eacute;nticos \u201cpescadores de hombres \u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> Por otro lado, si el sacerdote ha de conducir a las almas por este camino de la conversi&oacute;n, &eacute;l mismo deber&aacute; recorrerlo; convirti&eacute;ndose a Dios, volvi&eacute;ndose hacia El, cuantas veces sea preciso. Deb&eacute;is estar permanentemente abiertos a Cristo, fuente de esa redenci&oacute;n, de la que sois instrumentos en las manos de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\"> 7. \u201cEl que se glor&iacute;e, que se glor&iacute;e en el Se&ntilde;or\u201d (<i>1Co<\/i> 1, 31), La Iglesia entera da gloria a Dios. Y una de las manifestaciones m&aacute;s importantes de esa alabanza es ciertamente <i>el testimonio de los religiosos, religiosas y miembros de institutos de vida consagrada<\/i>. La Iglesia, amados hermanos, necesita de vuestro testimonio y de vuestro servicio. Considerad que para llevar a cabo la misi&oacute;n que Dios os ha confiado, es preciso que vuestra vida sea signo del esp&iacute;ritu fundacional de vuestras respectivas familias religiosas. Rechazad pues cualquier tentaci&oacute;n que os pueda llevar a descuidar las exigencias de los consejos evang&eacute;licos que hab&eacute;is profesado. Amad la vida en comunidad; avanzad por el camino suave de la obediencia a vuestros superiores, cooperando de este modo a dar a la vida comunitaria una unidad real y tangible; tened en gran aprecio el signo externo que debe distinguir inconfundiblemente vuestra consagraci&oacute;n a Dios. <\/p>\n<p align=\"left\"> Meditad frecuentemente la trascendencia eclesial de vuestra consagraci&oacute;n, en la perspectiva escatol&oacute;gica del reino. As&iacute;, se intensificar&aacute; vuestra comuni&oacute;n con toda la Iglesia, pondr&eacute;is de manifiesto el valor absoluto de la entrega a Cristo y ser&eacute;is portadores de frutos abundantes. <\/p>\n<p align=\"left\"> Tambi&eacute;n vosotros, cuantos os hab&eacute;is consagrado a Dios por la pertenencia a institutos seculares, dar&eacute;is un edificante testimonio mediante vuestra labor apost&oacute;lica que quiere llevar a Dios todas las realidades temporales. <\/p>\n<p align=\"left\"> 8. Me dirijo ahora de modo especial a vosotros, <i>di&aacute;conos permanentes y seminaristas<\/i>. Junto con todos mis hermanos en el Episcopado, os digo que la Iglesia en Chile pone en vosotros una particular esperanza. Quisiera que en esta confianza vierais tambi&eacute;n un llamado a la responsabilidad. &iexcl;Es Cristo quien os ha llamado! El Papa y los obispos agradecemos a Dios, juntamente con vosotros, el don de vuestra vocaci&oacute;n que El hace a su Iglesia y procuramos ayudaros con el fin de que vuestro s&iacute; a Cristo sea pleno. <\/p>\n<p align=\"left\"> No descuid&eacute;is en ning&uacute;n momento vuestra preparaci&oacute;n espiritual; desarrolladla arm&oacute;nicamente junto con los otros aspectos de vuestra formaci&oacute;n. Amad el estudio que es un imprescindible instrumento del ministerio pastoral y haced de &eacute;l, queridos seminaristas, alimento de la meditaci&oacute;n personal; practicad una piedad recia y s&oacute;lida; sed d&oacute;ciles y sinceros en la direcci&oacute;n espiritual; invocad a Santa Mar&iacute;a, Madre del sumo y eterno Sacerdote, para que gu&iacute;e, como Madre, vuestros pasos hacia el sacerdocio. <\/p>\n<p align=\"left\"> 9. Quisiera ahora recordar a todos, con palabras de San Lucas, que \u201cun d&iacute;a, estando Jes&uacute;s orando en cierto lugar, acabada la oraci&oacute;n, le dijo uno de sus disc&iacute;pulos: Se&ntilde;or, ens&eacute;&ntilde;anos a orar\u201d (<i>Lc<\/i> 11, 1). Hab&iacute;an visto a Jes&uacute;s recogido en oraci&oacute;n y sintieron el profundo deseo de imitarlo. El ejemplo del Maestro despert&oacute; en los disc&iacute;pulos la necesidad de hablar con el Padre. Tambi&eacute;n yo, desde esta catedral de Santiago, deseo dirigir mi s&uacute;plica, en nombre de todos: Se&ntilde;or, &iexcl;ens&eacute;&ntilde;anos a orar! &iexcl;Mu&eacute;stranos la eficacia de la oraci&oacute;n! &iexcl;Tambi&eacute;n nosotros queremos seguir tu ejemplo! <\/p>\n<p align=\"left\"> S&iacute;, amad&iacute;simos hermanos, es preciso que sepamos encontrar cada d&iacute;a un espacio de tiempo para recogernos en di&aacute;logo personal con Dios. Este di&aacute;logo es imprescindible para nuestro ministerio, porque los presb&iacute;teros, como dice el Decreto <i>Presbyterorum Ordinis<\/i>, buscando el modo de \u201cense&ntilde;ar m&aacute;s adecuadamente a los otros lo que ellos han contemplado, gustar&aacute;n m&aacute;s profundamente las inescrutables riquezas de Cristo (<i>Ef<\/i> 3, 8), y la multiforme sabidur&iacute;a de Dios\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html\">Presbyterorum Ordinis<\/a><\/i>, 13). Efectivamente, &iquest;c&oacute;mo le podremos dar a conocer si no lo tratamos? &iquest;C&oacute;mo encenderemos en los fieles un amor ardiente a Dios si nosotros no estamos unidos a El por un trato continuo, vital? <\/p>\n<p align=\"left\"> En la Carta que dirig&iacute; a todos los sacerdotes, el a&ntilde;o pasado, con motivo de la solemnidad del Jueves Santo, les propon&iacute;a el ejemplo del Santo Cura de Ars, invit&aacute;ndolos a meditar sobre nuestro sacerdocio a la luz de la vida de ese modelo de Pastores. Quiero ahora recordaros lo que escrib&iacute; en esa ocasi&oacute;n: \u201cLa oraci&oacute;n fue el alma de su vida. Una oraci&oacute;n silenciosa, contemplativa; las m&aacute;s de las veces en su iglesia, al pie del tabern&aacute;culo. Por Cristo, su alma se abr&iacute;a a las tres Personas divinas, a las que en el testamento &eacute;l entregar&iacute;a \u201csu pobre alma\u201d. El conserv&oacute; una uni&oacute;n constante con Dios en medio de una vida sumamente ocupada. Y nunca descuid&oacute; ni el Oficio Divino, ni el Rosario. De modo espont&aacute;neo se dirig&iacute;a constantemente a la Virgen\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/letters\/1986\/documents\/hf_jp-ii_let_19860316_sacerdoti-giovedi-santo.html\">Carta a los sacerdotes con ocasi&oacute;n del Jueves Santo 1986<\/a><\/i><a><\/a>, n. 11, 23 de marzo de1986). <\/p>\n<p align=\"left\"> 10. Al comienzo os he hablado del don maravilloso que hemos recibido, en el llamado divino. No quiero concluir este encuentro sin a&ntilde;adir unas palabras sobre la responsabilidad en fomentar nuevas vocaciones sacerdotales. Esta debe ser una preocupaci&oacute;n prioritaria que debe ser una preocupaci&oacute;n prioritaria que debe manifestarse en nuestra oraci&oacute;n y en nuestro apostolado. Pido a la Virgen del Carmen \u2013a quien Chile venera como Patrona\u2013 que con vuestro celo y vuestro ejemplo sean muchas las almas que se entreguen a Cristo en el sacerdocio y en la vida consagrada. La Iglesia en Chile los necesita para continuar, en esta nueva etapa, la inmensa tarea de evangelizaci&oacute;n. &iexcl;Santa Mar&iacute;a, Reina de Chile, Reina de Am&eacute;rica, intercede ante tu Hijo, y esc&uacute;chanos! <\/p>\n<p align=\"left\"> Con gran afecto por todos y cada uno de vosotros os imparto la Bendici&oacute;n Apost&oacute;lica.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1987 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p> <\/font> <\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, CHILE Y ARGENTINA CELEBRACI&Oacute;N DE LAS V&Iacute;SPERAS CON LOS SACERDOTES, LOS RELIGIOSOS, LOS DI&Aacute;CONOS Y LOS SEMINARISTAS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Catedral de Santiago de ChileMi&eacute;rcoles 1 de abril de 1987 &nbsp; 1. \u201cConsiderad, hermanos, vuestra vocaci&oacute;n\u201d (1Co 1, 26). 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