{"id":39920,"date":"2016-10-05T23:19:09","date_gmt":"2016-10-06T04:19:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-marzo-de-1987-beatificacion-de-5-siervos-de-dios-espanoles\/"},"modified":"2016-10-05T23:19:09","modified_gmt":"2016-10-06T04:19:09","slug":"29-de-marzo-de-1987-beatificacion-de-5-siervos-de-dios-espanoles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-marzo-de-1987-beatificacion-de-5-siervos-de-dios-espanoles\/","title":{"rendered":"29 de marzo de 1987, Beatificaci\u00f3n de 5 Siervos de Dios espa\u00f1oles"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <a><\/a> <font face=\"Times New Roman\"> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">BEATIFICACI&Oacute;N DE 5 SIERVOS DE DIOS<\/font><\/p>\n<p> <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/>Domingo 29 de marzo de 1987<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> Venerables hermanos en el Episcopado, <br \/>amad&iacute;simos hijos e hijas: <\/p>\n<p align=\"left\"> 1. \u201c<i>Yo soy la luz del mundo: el que me sigue <\/i>\u2013dice el Se&ntilde;or\u2013<i> tendr&aacute; la luz de la vida<\/i>\u201d (<i>Jn<\/i> 8 12). <\/p>\n<p align=\"left\"> En el camino de la Cuaresma, las lecturas b&iacute;blicas de este cuarto domingo recuerdan, de un modo particular, <i>la preparaci&oacute;n al bautismo<\/i>, que los catec&uacute;menos sol&iacute;an recibir en la noche santa de la vigilia de la Pascua. E1 per&iacute;odo de los cuarenta d&iacute;as anteriores a la Pascua era, en la Iglesia primitiva, un tiempo de catecumenado particularmente intenso. Y as&iacute; sucede tambi&eacute;n hoy, especialmente en las Iglesias j&oacute;venes y en las misiones. <\/p>\n<p align=\"left\"> <i>La curaci&oacute;n del ciego de nacimiento<\/i>, descrita con todo detalle en el evangelio de San Juan, se refleja, como sabemos, en la liturgia sacramental del bautismo. El hombre, que nace con la herencia del pecado original, debe ser conducido a la Luz que es Cristo. En realidad, todo el pasaje de la donaci&oacute;n de la vista a un ciego de nacimiento es, en cierto modo, el comentario mas expl&iacute;cito a las palabras de Cristo: \u201cYo soy la luz del mundo: el que me sigue&#8230; tendr&aacute; la luz de la vida\u201d (<i>Jn<\/i> 8 12). <\/p>\n<p align=\"left\"> 2. Hoy, cuarto domingo de cuaresma, elevamos a la gloria de los Beatos a <i>tres hijas del Carmelo: Sor Mar&iacute;a Pilar de San Francisco de Boria, Sor Mar&iacute;a &Aacute;ngeles de San Jos&eacute; y Sor Teresa del Ni&ntilde;o Jes&uacute;s<\/i>, as&iacute; como a otros dos hijos de la Iglesia en Espa&ntilde;a: el Cardenal <i>Marcelo Sp&iacute;nola y Maestre<\/i>, y el sacerdote <i>Manuel Domingo y Sol<\/i>. La santidad de los Siervos y Siervas de Dios es precisamente un<i> fruto particular de la gracia bautismal<\/i>. Mediante esa santidad se manifiesta, de un modo excepcional, la fuerza salv&iacute;fica del misterio pascual, la fuerza de la redenci&oacute;n, el poder del Esp&iacute;ritu Santo y santificante, por medio de la cruz y de la resurrecci&oacute;n de Cristo Se&ntilde;or. <\/p>\n<p align=\"left\"> Los Siervos de Dios, que la Iglesia declara hoy dignos de la gloria de los altares, <i>se abrieron<\/i> particularmente a <i>esta Luz del mundo<\/i> que es Cristo. Y de modo particular lo han seguido, caminando a trav&eacute;s de la fe, a la luz de la vida eterna. Este camino de perseverancia, coronado con el fruto de la santidad de vida, da testimonio del <i>poder sobrenatural del Esp&iacute;ritu<\/i>, que en la liturgia del bautismo se expresa mediante el rito de la unci&oacute;n. E1 libro de Samuel, nos ha hablado precisamente de esa unci&oacute;n en la primera lectura de esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica. <\/p>\n<p align=\"left\"> 3. Por eso, al contemplar el camino que se abre en la vida de un cristiano por medio del bautismo, y que le lleva a la santidad en el Se&ntilde;or, <i>la Iglesia<\/i>, rebosante de confianza, <i>se dirige hoy al Buen Pastor,<\/i> con las palabras del salmo responsorial: <\/p>\n<p align=\"left\"> \u201cEl Se&ntilde;or es mi pastor, \/ nada me falta&#8230; \/ Me gu&iacute;a por el sendero justo, \/ por el honor de su nombre\u201d (<i>Sal<\/i> 23 [22], 1. 3). <\/p>\n<p align=\"left\"> Los Beatos, hijos e hijas de la tierra espa&ntilde;ola, pronuncian hoy, con una especial acci&oacute;n de gracias, las palabras con las que toda la Iglesia expresa su confianza sin l&iacute;mites en Cristo, Buen Pastor. El nos conduce muchas veces con mano firme y segura, a trav&eacute;s de caminos dif&iacute;ciles y dolorosos, como lo expresan las siguientes palabras del salmo: <\/p>\n<p align=\"left\"> \u201cAunque camine por ca&ntilde;adas oscuras, \/<i> nada temo, porque t&uacute; vas conmigo<\/i>\u201d (<i>Sal<\/i> 23 [22], 4). <\/p>\n<p align=\"left\"> 4. Con estas palabras pudieron dirigirse al Buen Pastor estas<i> tres hijas del Carmelo<\/i>, cuando les lleg&oacute; la hora de dar la vida por la fe en el divino Esposo de sus almas. S&iacute;, \u201cNada temo\u201d. Ni siquiera la muerte. El amor es m&aacute;s grande que la muerte y \u201cT&uacute; vas conmigo\u201d. &iexcl;T&uacute;, el Esposo crucificado! &iexcl;T&uacute;, Cristo, mi fuerza! <\/p>\n<p align=\"left\"> Este seguimiento del Maestro, que nos debe llevar a imitarlo hasta dar la vida por su amor, ha sido casi una constante <i>llamada<\/i>, para los cristianos de los primeros tiempos y de siempre, a dar este supremo testimonio de amor \u2013el martirio\u2013 ante todos, especialmente ante los perseguidores. As&iacute; la Iglesia, a trav&eacute;s de los siglos, ha conservado como un legado precioso las palabras que Cristo dijo: \u201cel disc&iacute;pulo no es m&aacute;s que el maestro\u201d (<i>Mt<\/i> 10, 24), Y que \u201csi a m&iacute; me han perseguido, lo mismo har&aacute;n con vosotros\u201d (<i>Jn<\/i> 15, 20). <\/p>\n<p align=\"left\"> De este modo vemos que el martirio \u2013testimonio limite en defensa de la fe\u2013 es considerado por la Iglesia como un don eximio y como la prueba suprema de amor, mediante la cual un cristiano sigue los mismos pasos de Jes&uacute;s, que acept&oacute; libremente el sufrimiento y la muerte por la salvaci&oacute;n del mundo. Y aunque el martirio sea un don concedido por Dios a unos pocos, sin embargo, todos deben \u2013y debemos\u2013 estar dispuestos a confesar a Cristo delante de los hombres, sobre todo en los periodos de prueba que nunca \u2013incluso hoy d&iacute;a\u2013 faltan a la Iglesia. Al honrar a sus m&aacute;rtires, la Iglesia los reconoce, a la vez, como signo de su fidelidad a Jesucristo hasta la muerte, y como signo preclaro de su inmenso deseo de perd&oacute;n y de paz, de concordia y de mutua comprensi&oacute;n y respeto. <\/p>\n<p align=\"left\"> Las tres m&aacute;rtires carmelitas tuvieron, sin duda, muy presentes, como conocemos por sus testimonios, aquellas palabras que dej&oacute; escritas su Santa Madre y Doctora de la Iglesia, <i>Teresa de Jes&uacute;s<\/i>: \u201cEl verdadero religioso&#8230; no ha de volver las espaldas a desear morir por &eacute;l y pasar martirio\u201d (Santa Teresa de Jes&uacute;s, <i>Camino de Perfecci&oacute;n<\/i>, 12, 2). <\/p>\n<p align=\"left\"> En la vida y martirio de <i>Sor Mar&iacute;a Pilar de San Francisco de Boria, de Sor Mar&iacute;a &Aacute;ngeles de San Jos&eacute;, y de Sor Teresa del Ni&ntilde;o Jes&uacute;s<\/i>, resaltan hoy, ante la Iglesia, unos testimonios que debemos aprovechar: <\/p>\n<p align=\"left\"> \u2014 el gran valor que tiene el <i>ambiente cristiano de la familia<\/i>, para la formaci&oacute;n y maduraci&oacute;n en la fe de sus miembros; <\/p>\n<p align=\"left\"> \u2014 el tesoro que supone para la Iglesia <i>la vida religiosa contemplativa<\/i>, que se desarrolla en el seguimiento total del Cristo orante y es un signo preclaro del anuncio de la gloria celestial; <\/p>\n<p align=\"left\"> \u2014 la herencia que deja a la Iglesia cualquiera de sus hijos <i>que muere por su fe<\/i>, llevando en sus labios una palabra de perd&oacute;n y de amor a los que no los comprenden y por eso los persiguen; <\/p>\n<p align=\"left\"> \u2014 el <i>mensaje de paz y reconciliaci&oacute;n <\/i>de todo martirio cristiano, como semilla de entendimiento mutuo, nunca como siembra de odios ni de rencores; <\/p>\n<p align=\"left\"> \u2014 y una<i> llamada a la heroicidad constante en la vida cristiana<\/i>, como testimonio valiente de una fe, sin contemporizaciones pusil&aacute;nimes, ni relativismos equ&iacute;vocos. <\/p>\n<p align=\"left\"> La Iglesia honra y venera, a partir de hoy, a estas m&aacute;rtires, agradeci&eacute;ndoles su testimonio y pidi&eacute;ndoles que intercedan ante el Se&ntilde;or para que nuestra vida siga cada d&iacute;a m&aacute;s los pasos de Cristo, muerto en la Cruz. <\/p>\n<p align=\"left\"> 5. Elevamos hoy tambi&eacute;n a la gloria de los altares el <i>Cardenal Marcelo Sp&iacute;nola y Maestre<\/i>, que fue obispo de Coria, de M&aacute;laga, y luego Arzobispo de Sevilla. Es una ocasi&oacute;n oportuna para agradecer al Se&ntilde;or el testimonio de santidad de los que \u201cpuso el Esp&iacute;ritu Santo como guardianes y pastores de la Iglesia de Dios, que El adquiri&oacute; con su sangre\u201d (<i>Hch<\/i> 20, 28). <\/p>\n<p align=\"left\"> Al contemplar la vida de este Pastor de la Iglesia, deseo destacar, ante todo, su <i>confianza en el Se&ntilde;or<\/i>, que fue el lema de su episcopado: \u201cTodo lo puedo en El\u201d (<i>Flp<\/i> 4, 13). Apoyado en esta confianza logr&oacute; brillar en aquellas virtudes que constituyen la gloria y corona de un Obispo: <\/p>\n<p align=\"left\"> \u2014 la heroicidad en <i>el cumplimiento sacrificado de sus deberes episcopales<\/i>; <\/p>\n<p align=\"left\"> \u2014 el <i>amor y entrega a los pobres<\/i>, desde el desprendimiento y la austeridad; <\/p>\n<p align=\"left\"> \u2014 la preocupaci&oacute;n por la <i>formaci&oacute;n de los m&aacute;s humildes<\/i>, que le llev&oacute; a fundar la Congregaci&oacute;n de \u201cEsclavas del Divino Coraz&oacute;n\u201d, para el apostolado de la educaci&oacute;n de la juventud;<\/p>\n<p align=\"left\"> \u2014 su <i>independencia eclesial<\/i>, por encima de divisiones y partidos, siendo portador de paz y comprensi&oacute;n, a la vez que defensor de la libertad de la Iglesia en el cumplimiento de su misi&oacute;n sagrada;<\/p>\n<p align=\"left\"> \u2014 todo ello alimentado por un <i>amor encendido a Jesucristo<\/i>, y revestido de una <i>profunda humildad personal<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> Los Pastores de la Iglesia debemos ver en el nuevo Beato un ejemplo, un aliento y una esperanza en el ejercicio del ministerio que se nos ha confiado. Por ello el pueblo fiel se alegra al ver hecha una realidad la santidad excelsa de uno de sus abnegados Pastores. <\/p>\n<p align=\"left\"> 6. Cierra este glorioso grupo de nuevos Beatos <i>el sacerdote<\/i> de la di&oacute;cesis de Tortosa, <i>Manuel Domingo y Sol<\/i>, apellidado con raz&oacute;n por la Iglesia \u201c<i>el santo ap&oacute;stol de las vocaciones sacerdotales<\/i>\u201d (<i>Decr. super virtutibus<\/i>, die 4 maii 1970: <i>AAS <\/i>63 (1971) 156). En efecto, al presentarlo hoy a la Iglesia como un modelo sobresale, por encima de todo, su intenso <i>apostolado en favor de las vocaciones consagradas y especialmente las sacerdotales<\/i>, a las que dedic&oacute; los mejores esfuerzos de su vida. <\/p>\n<p align=\"left\"> Esta glorificaci&oacute;n debe suponer para los sacerdotes un est&iacute;mulo para tomar conciencia de cu&aacute;n importante y fundamental sea este objetivo. La Iglesia necesita m&aacute;s sacerdotes. Pero, a su vez, es propio de la misi&oacute;n sacerdotal, \u2013al participar de la solicitud de toda la Iglesia\u2013 buscar entre el pueblo fiel a j&oacute;venes y adultos que, respondiendo generosamente a la llamada de Cristo: \u201cven y s&iacute;gueme\u201d, sean acompa&ntilde;ados y formados como ministros<i> id&oacute;neos para ense&ntilde;ar tambi&eacute;n a otros <\/i>(<i>2Tm<\/i> 2, 2). <\/p>\n<p align=\"left\"> As&iacute;, la <i>formaci&oacute;n de los futuros sacerdotes<\/i>, que el nuevo Beato llamaba \u201cla llave de la cosecha\u201d, o sea, el fomento, sostenimiento y cuidado de las vocaciones, sigue siendo en nuestros d&iacute;as el campo predilecto y urgente de la Iglesia y de sus Pastores. El mismo Mos&eacute;n Sol,\u2013como popularmente es conocido en su patria chica el nuevo Beato\u2013, nos dec&iacute;a que \u201centre todas las obras de celo no hay ninguna tan grande y de tanta gloria de Dios como contribuir a dar muchos y buenos sacerdotes a la Iglesia\u201d. Conviene resaltar tambi&eacute;n en el nuevo Beato su <i>apostolado<\/i> juvenil, <i>en el que cifr&oacute;<\/i> tantas esperanzas para el futuro cristiano de los pueblos, y que sigue siendo hoy una preocupaci&oacute;n intensa de la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\"> <span lang=\"ca\">Tota la tasca apost&ograve;lica de Don Manuel t&eacute; una arrel i una font, des d\u2019on li brollava la for&ccedil;a i el sentit de la seva activitat efica&ccedil;: el seu <i>esperit eucar&iacute;stic i reparador<\/i>, que palesa la seva espiritualitat. Vet aqu&iacute; l\u2019her&egrave;ncia preciosa que va deixar a la seva Germandat de Sacerdots Operaris Diocesans del Cor de Jes&uacute;s, fundada com una veritable fraternitat sacerdotal, tant en l\u2019estil de vida, com en la forma de treball, per a la millor santificaci&oacute; dels seus membres i la major gl&ograve;ria de D&eacute;u. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\"> 7. Al venerar hoy a <i>estos dos Pastores<\/i>, uno Obispo y Cardenal, y el otro sacerdote, me complace se&ntilde;alar c&oacute;mo ambos se distinguieron por haber puesto la ra&iacute;z y el cimiento de su intenso ministerio en una profunda <i>vida interior sacerdotal<\/i>, que es el alma de todo apostolado. Los dos Beatos se distinguieron por su amor ardiente e &iacute;ntimo a Jesucristo en la Eucarist&iacute;a y al Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s. &iexcl;Cu&aacute;nto hemos de agradecer este ejemplo y c&oacute;mo hemos de imitarlos los sacerdotes de hoy en nuestra vida ministerial! <\/p>\n<p align=\"left\"> La Iglesia se alegra al proclamar a estos cinco nuevos Beatos y da gracias al Se&ntilde;or por su testimonio ejemplar. Por eso pedimos a la Virgen Sant&iacute;sima, Madre del Carmelo, Reina de los Ap&oacute;stoles y Madre de Jes&uacute;s, Sumo y Eterno Sacerdote,\u2013a la que tanto amaron y veneraron los nuevos Beatos\u2013, que interceda ante al Se&ntilde;or para que conceda a la Iglesia de nuestros d&iacute;as, y en particular a la Comunidad eclesial espa&ntilde;ola:<\/p>\n<p align=\"left\"> \u2014 nuevos testimonios de <i>generosidad<\/i> y <i>de firmeza en la fe<\/i>; <\/p>\n<p align=\"left\"> \u2014 unos <i>Pastores que<\/i>, en comuni&oacute;n con el Sucesor de Pedro, sean aut&eacute;nticos <i>maestros de la fe y gu&iacute;as eficaces<\/i> del Pueblo de Dios; <\/p>\n<p align=\"left\"> \u2014 un renacer de vocaciones sacerdotales que, como fruto de una s&oacute;lida vida cristiana en las familias, sepan responder con generosidad a Cristo; <\/p>\n<p align=\"left\"> \u2014 una <i>vida interior<\/i> profunda en todas las almas consagradas y en todos los ap&oacute;stoles de la Iglesia <\/p>\n<p align=\"left\"> A vosotras, religiosas de todo el mundo y especialmente de la querida Orden del Carmelo y de la Congregaci&oacute;n de Esclavas del Divino Coraz&oacute;n; a vosotros, Obispos, Pastores de la Iglesia, que compart&iacute;s la tarea de conducir al Pueblo de Dios; a vosotros, sacerdotes, seminaristas y fieles seglares todos, que hab&eacute;is recibido la influencia del esp&iacute;ritu de Mos&eacute;n Sol; especialmente a vosotros, sacerdotes y alumnos de la Hermandad de Operarios Diocesanos; a todos os conceda el Se&ntilde;or saber recoger tan grandes ejemplos de virtudes. <\/p>\n<p align=\"left\"> 8. Cristo, Pastor eterno, es la luz del mundo. El que lo sigue tiene la luz de la vida. Los que siguen a Cristo quedan ellos mismos convertidos en luz, como proclama la carta a los Efesios en la liturgia de hoy. <\/p>\n<p align=\"left\"> \u201cEn otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Se&ntilde;or. Caminad como hijos de la luz; toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz\u201d (<i>Ef<\/i> 5, 8-9), Esto dice el Ap&oacute;stol a todos los que, en el sacramento del bautismo, han recibido la participaci&oacute;n en la \u201cluz\u201d que es Cristo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Esto mismo nos repiten tambi&eacute;n hoy estos nuestros cinco Beatos, hijos e hijas de la Iglesia, que durante tantos siglos, ha producido frutos de fe y santidad en tierras de Espa&ntilde;a. Ellos, que quedaron convertidos, de un modo particular, en \u201cluz en el Se&ntilde;or\u201d, repiten hoy a todos sus hermanos y hermanas de la misma tierra y patria espa&ntilde;ola: <\/p>\n<p align=\"left\"> \u201c&iexcl;Caminad como hijos de la luz \u201d <\/p>\n<p align=\"left\"> \u201cBondad, justicia y verdad son frutos de la luz\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Caminad como hijos de la luz! <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1987 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p> <\/font> <\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>BEATIFICACI&Oacute;N DE 5 SIERVOS DE DIOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San PedroDomingo 29 de marzo de 1987 &nbsp; Venerables hermanos en el Episcopado, amad&iacute;simos hijos e hijas: 1. \u201cYo soy la luz del mundo: el que me sigue \u2013dice el Se&ntilde;or\u2013 tendr&aacute; la luz de la vida\u201d (Jn 8 12). &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-marzo-de-1987-beatificacion-de-5-siervos-de-dios-espanoles\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab29 de marzo de 1987, Beatificaci\u00f3n de 5 Siervos de Dios espa\u00f1oles\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39920","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39920","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39920"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39920\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39920"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39920"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39920"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}