{"id":39921,"date":"2016-10-05T23:19:10","date_gmt":"2016-10-06T04:19:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-abril-de-1987-concelebracion-eucaristica-en-montevideo-uruguay\/"},"modified":"2016-10-05T23:19:10","modified_gmt":"2016-10-06T04:19:10","slug":"1-de-abril-de-1987-concelebracion-eucaristica-en-montevideo-uruguay","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-abril-de-1987-concelebracion-eucaristica-en-montevideo-uruguay\/","title":{"rendered":"1 de abril de 1987, Concelebraci\u00f3n eucar\u00edstica en Montevideo, Uruguay"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">VIAJE AP<font face=\"Times New Roman\">OST&Oacute;LICO A URUGUAY, CHILE Y ARGENTIN<\/font><\/font><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">A<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\"><i>Explanada &laquo;Tres Cruces&raquo; (Montevideo)<br \/>Mi&eacute;rcoles 1 de abril de 1987<\/p>\n<p>&nbsp;<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> 1. \u201c<i>El Se&ntilde;or es mi pastor<\/i>\u201d (<i>Sal<\/i> 23 [22], 1). <\/p>\n<p align=\"left\"> Estas palabras que la Iglesia proclama en la liturgia de hoy quieto repetirlas de nuevo para saludar cordialmente, en el nombre del Se&ntilde;or Pastor de nuestras almas, a todos los aqu&iacute; reunidos en la capital del Uruguay. <\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Cuando en diciembre de 1978<\/i> se cern&iacute;a sobre Am&eacute;rica del Sur la amenaza de una guerra, un Enviado m&iacute;o, el Cardenal Antonio Samor&egrave;, estuvo precisamente aqu&iacute;, en vuestra capital, donde gracias al auxilio divino y a la buena voluntad de los hombres, fue posible dar el primer <i>paso de la mediaci&oacute;n<\/i>. Con la firma de aquel Acuerdo de Montevideo, los dos pa&iacute;ses, Argentina y Chile, se decidieron a caminar juntos por el sendero de la soluci&oacute;n pac&iacute;fica de una cuesti&oacute;n tan controvertida. <\/p>\n<p align=\"left\"> Con mi presencia en vuestra ciudad, durante esta visita pastoral al Cono Sur americano he querido, tambi&eacute;n, conmemorar la feliz conclusi&oacute;n del diferendo sobre la zona austral, y dar gracias, junto con vosotros, a Dios nuestro Se&ntilde;or. El es el Buen Pastor de los pueblos y de las naciones; El es el Buen Pastor de cada hombre <\/p>\n<p align=\"left\"> 2. En su nombre, en el nombre de Jesucristo, <i>saludo a toda la Iglesia que est&aacute; en el Uruguay y a la entera sociedad de esta naci&oacute;n<\/i>. En primer lugar, al Se&ntilde;or Presidente de la Rep&uacute;blica y a las autoridades civiles del pa&iacute;s aqu&iacute; presentes. Saludo igualmente a los venerables y queridos hermanos en el Episcopado, al arzobispo de Montevideo y sus obispos auxiliares, y a los obispos diocesanos de Canelones, Florida, Maldonado-Punta del Este, Melo, Mercedes, Minas, Salto, San Jos&eacute; de Mayo y Tacuaremb&oacute;. Os saludo a todos, amad&iacute;simos hermanos y hermanas que, desde los cuatro puntos cardinales del Uruguay, hab&eacute;is venido esta ma&ntilde;ana en forma multitudinaria a esta explanada, denominada \u201c Tres Cruces \u201d, que fuera escenario de importantes acontecimientos en la historia de vuestra patria. S&eacute; que muchos de vosotros hab&eacute;is tenido que hacer un gran sacrificio para acudir a esta cita. Por eso, os digo de coraz&oacute;n: &iexcl;Gracias, muchas gracias por vuestra presencia! <\/p>\n<p align=\"left\"> Aqu&iacute;, a la sombra de la cruz imponente que preside este altar, sobre el que vamos a renovar de forma sacramental el Sacrificio redentor de Jesucristo en el Calvario, quiero desear a todos los presentes, y a todos los uruguayos, al norte y al sur del R&iacute;o Negro, en cada uno de sus diecinueve departamentos, mi afectuoso saludo en el Se&ntilde;or: &iexcl;Gracia y paz a la Iglesia de Dios que est&aacute; en Uruguay! <\/p>\n<p align=\"left\"> 3. Estamos celebrando el tiempo lit&uacute;rgico<i> de la Cuaresma<\/i>. La Palabra de Dios gu&iacute;a hoy nuestros pensamientos y nuestros corazones hacia el Hijo del hombre que personalmente anuncia, en presencia de los Ap&oacute;stoles, <i>su pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> El dice que el Hijo del hombre deb&iacute;a padecer mucho, ser rechazado por los ancianos, por los pr&iacute;ncipes de los sacerdotes y por los escribas, morir y resucitar despu&eacute;s de tres d&iacute;as (<i>Mc<\/i> 8, 31). <\/p>\n<p align=\"left\"> Al decir estas palabras, Jes&uacute;s asume conscientemente los rasgos del Var&oacute;n de dolores anunciado por el Profeta Isa&iacute;as (<i>Is<\/i> 53, 2-3). Sabe con certeza absoluta que <i>las palabras del Profeta se refieren al Mes&iacute;as, a El mismo<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> 4. Hoy, en la lectura del Evangelio hemos escuchado a Jes&uacute;s que pregunta a sus disc&iacute;pulos: \u201c&iquest;Qui&eacute;n dicen los hombres que soy yo?\u201d. Le dan diversas respuestas, tras lo cual Jes&uacute;s les interroga de nuevo: \u201c Y vosotros, &iquest;qui&eacute;n dec&iacute;s que soy yo?\u201d. Respondiendo <i>Pedro<\/i>, le dice: \u201c<i>T&uacute; eres<\/i> el Cristo\u201d (<i>Mc<\/i> 8, 27. 29). <\/p>\n<p align=\"left\"> Seguidamente, Jes&uacute;s ense&ntilde;a a los Ap&oacute;stoles que el Mes&iacute;as es precisamente Aquel en quien se cumplir&aacute; la profec&iacute;a de Isa&iacute;as<i> sobre el Var&oacute;n de dolores<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> Y cuando el mismo Pedro, que poco antes hab&iacute;a dado un espl&eacute;ndido testimonio sobre el Mes&iacute;as, se resiste a aceptar todo lo que Jes&uacute;s dice acerca de su humillaci&oacute;n y de su pasi&oacute;n, <i>el Maestro le reprende<\/i> con gran severidad: \u201c&iexcl;Ap&aacute;rtate de m&iacute;, Satan&aacute;s! Porque no sientes las cosas de Dios, sino las de los hombres\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i>. 8, 33). <\/p>\n<p align=\"left\"> En efecto, en aquellos momentos para Pedro <i>el Mes&iacute;as deb&iacute;a ser rey<\/i>, una autoridad de este mundo. Deb&iacute;a sentarse sobre el trono de David y librar a la naci&oacute;n de sus opresores. Pedro hablaba con categor&iacute;as humanas; pero los planes de Dios iban en otra direcci&oacute;n. En efecto, este Mes&iacute;as, anunciado por el Profeta Isa&iacute;as, hab&iacute;a de convertirse en <i>Var&oacute;n de dolores<\/i>, en un \u201c despreciado y abandonado por los hombres \u201d. El Mes&iacute;as-Cristo-<i>Redentor del hombre<\/i>, hab&iacute;a de cargar con nuestros sufrimientos; ser traspasado por nuestros sufrimientos; ser traspasado por nuestros delitos y aplastado por nuestras iniquidades (<i>Is<\/i> 53, 3-5). <\/p>\n<p align=\"left\"> Queridos hermanos y hermanas, Pueblo de Dios que vive en Uruguay: Meditad atentamente las palabras de la liturgia de hoy. <i>Acoged la verdad divina sobre el Hijo del hombre<\/i>. Ella tiene un poder salv&iacute;fico; en ella est&aacute; contenida la plena verdad sobre la liberaci&oacute;n del hombre. <\/p>\n<p align=\"left\"> 5. \u201cEl Se&ntilde;or es mi pastor\u201d. Lo canta hoy la Iglesia en la liturgia aqu&iacute; en Montevideo, en Uruguay, en todo el mundo&#8230; <i>El Se&ntilde;or es nuestro Pastor<\/i>: precisamente El, Cristo crucificado y resucitado, Redentor del hombre y del mundo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Y la Iglesia, fundada por el mismo Cristo, contin&uacute;a a trav&eacute;s de la historia su obra redentora. Por eso, no puede contemplar la marcha de la humanidad o el devenir hist&oacute;rico de cada hombre, con indiferencia. As&iacute; lo ense&ntilde;a el Concilio Vaticano II, en las palabras iniciales de su Constituci&oacute;n sobre la Iglesia en el mundo actual: \u201c El gozo y la esperanza, las l&aacute;grimas y angustias del hombre de nuestros d&iacute;as, sobre todo de los pobres y de toda clase de afligidos, son tambi&eacute;n gozo y esperanza, l&aacute;grimas y angustias de los disc&iacute;pulos de Cristo, y nada hay verdaderamente humano que no tenga resonancia en su coraz&oacute;n \u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/i><a><\/a>, 1). <\/p>\n<p align=\"left\"> Esto no supone, sin embargo, que la Iglesia tenga ambici&oacute;n alguna terrena, puesto que lo &uacute;nico que pretende es continuar la misma obra salv&iacute;fica de Cristo, que vino al mundo para dar testimonio de la verdad, para salvar y no para condenar (<i>Jn<\/i> 18, 37), para servir y no para ser servido (<i>Mt<\/i> 20, 28; <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et Spes<\/a><\/i>, 3). <\/p>\n<p align=\"left\"> Fiel a su misi&oacute;n, la Iglesia debe proyectar, sobre los problemas que aquejan a la humanidad en cada momento de su historia, la luz limpia y pura que brota del Evangelio, siempre actual por ser Palabra de Dios. Y esto es lo que hace y lo que quiere seguir haciendo en cumplimiento del mandato recibido del mismo Cristo. Para ello pide s&oacute;lo libertad, para que su voz pueda llegar sin obst&aacute;culos a todo aquel que quiera escucharla. <\/p>\n<p align=\"left\"> 6. Queridos uruguayos: Vuestra patria naci&oacute; cat&oacute;lica. Sus pr&oacute;ceres se valieron del consejo de preclaros sacerdotes que alentaron los primeros pasos de la naci&oacute;n uruguaya con la ense&ntilde;anza de Cristo y de su Iglesia, y la encomendaron a la protecci&oacute;n de la Virgen que, bajo la advocaci&oacute;n de los Treinta y Tres, hoy nos preside junto a la cruz. El Uruguay de hoy encontrar&aacute; los caminos de la verdadera reconciliaci&oacute;n y del desarrollo integral que tanto ansia, si no aparta los ojos de Cristo, Pr&iacute;ncipe de la Paz y Rey del universo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Y para que esta naci&oacute;n \u2013la gran familia del Uruguay\u2013 sea siempre fiel al mensaje salv&iacute;fico de Cristo, es preciso que <i>la comunidad familiar<\/i> c&eacute;lula b&aacute;sica de vuestra sociedad\u2013no vuelva sus espaldas a Cristo, sino que sean \u2013como se lo recordaba en Roma a vuestros obispos en su &uacute;ltima visita \u201cad limina\u201d\u2013 \u201cfamilias unidas, sanas moralmente, educadoras en la fe, respetuosas de los derechos de cada persona, empezando por el respeto a la vida de cada criatura, desde el momento mismo de su concepci&oacute;n \u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1985\/january\/documents\/hf_jp-ii_spe_19850114_vescovi-uruguay.html\">A los obispos uruguayos en visita &quot;ad limina apostolorum&quot;<\/a><\/i><a><\/a>, 14 de enero de 1985, n. 6). <\/p>\n<p align=\"left\"> Hoy, por desgracia, no faltan quienes pretenden ofrecer a los matrimonios y a las familias una supuesta felicidad a bajo precio. Yo os pedir&iacute;a que no os dej&eacute;is enga&ntilde;ar. Dejaos, m&aacute;s bien, iluminar por la Palabra de Dios, interpretada aut&eacute;nticamente por el Magisterio de la Iglesia, que posee garant&iacute;a de veracidad, basada en la asistencia del Esp&iacute;ritu Santo que Cristo le prometi&oacute; hasta el fin de los tiempos. La Iglesia no os propone una v&iacute;a f&aacute;cil: el cristiano, si quiere llegar a la resurrecci&oacute;n, no puede desviarse del camino recorrido por el Maestro. Pero os garantiza, a cambio, la seguridad de ir por buen camino, porque nuestro gu&iacute;a es el Se&ntilde;or y El infunde en nuestros corazones la paz y la alegr&iacute;a que el mundo no puede dar. <\/p>\n<p align=\"left\"> Ante las dificultades que puedan surgir dentro de la vida conyugal, no os dej&eacute;is desorientar por el f&aacute;cil expediente del divorcio que s&oacute;lo da apariencias de soluci&oacute;n, pues en realidad se limita a trasladar los problemas, agrav&aacute;ndolos, hacia otros &aacute;mbitos. Los cristianos saben que el matrimonio, indisoluble por naturaleza, ha sido santificado por Cristo, haci&eacute;ndolo participar del amor fiel e indestructible entre El y su Iglesia (<i>Ef<\/i> 5, 32). Frente a las tensiones y conflictos que puedan parecer, sobre todo cuando la familia est&aacute; envuelta por un clima impregnado de permisividad y hedonismo, recuerde que \u201c est&aacute; llamada por el Dios de la paz a hacer la experiencia gozosa y renovadora de la reconciliaci&oacute;n, esto es, de la comuni&oacute;n reconstruida, de la unidad nuevamente encontrada \u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html\">Familiaris Consortio<\/a><\/i><a><\/a>, 21). De manera especial, mediante la participaci&oacute;n en el sacramento de la reconciliaci&oacute;n y en la comuni&oacute;n del Cuerpo de Cristo, las familias cristianas encontrar&aacute;n la fuerza y la gracia necesaria para superar los obst&aacute;culos que atentan a su unidad (<i>Ib&iacute;d.<\/i>.), , no olvidando adem&aacute;s que el verdadero amor se acrisola en el sufrimiento. <\/p>\n<p align=\"left\"> 7. Vaya tambi&eacute;n en este d&iacute;a mi palabra de aliento y de esperanza a vosotros, querid&iacute;simos j&oacute;venes uruguayos. Es de todos conocido el afecto y el aprecio que nutro dentro de m&iacute; por <i>la juventud<\/i>. Lamento que, en esta visita, no me haya sido posible tener un encuentro especial con vosotros, que sois la esperanza de vuestro pa&iacute;s v tambi&eacute;n de la Iglesia. <\/p>\n<p align=\"left\"> Os ha tocado vivir un tiempo dif&iacute;cil, es verdad, pero tambi&eacute;n no es menos cierto que estamos ante uno de los momentos m&aacute;s apasionantes de la historia, en el que vais a ser testigos y protagonistas de profundas transformaciones. Vosotros, los j&oacute;venes, ten&eacute;is una sensibilidad &uacute;nica para intuir el mundo nuevo que se aproxima v que va a necesitar de vuestros brazos j&oacute;venes y generosos. <\/p>\n<p align=\"left\"> Para la construcci&oacute;n de ese mundo tendr&eacute;is que emprender grandes tareas. Si quer&eacute;is ser consecuentes con vuestros leg&iacute;timos ideales y no claudicar, no pod&eacute;is menos de ser ya desde ahora audaces, pacientes y sinceros con vosotros mismos, y tener una fe inquebrantable. <\/p>\n<p align=\"left\"> Sab&eacute;is que el hombre ha recibido de Dios esa vocaci&oacute;n que es &uacute;nica: la del amor, que puede ser realizada en el matrimonio o en la donaci&oacute;n total de s&iacute; mismo por el reino de los cielos. En ambos casos, la fidelidad es la virtud que ennoblece el amor. <\/p>\n<p align=\"left\"> Tendr&iacute;a todav&iacute;a muchas cosas que deciros&#8230; y. sobre todo, me gustar&iacute;a mucho escucharos; escuchar de vuestros labios cu&aacute;les son vuestras ilusiones e inquietudes, vuestros problemas y dificultades. De todos modos espero veros a muchos de vosotros el Domingo de Ramos, en Buenos Aires. All&iacute; celebraremos el D&iacute;a mundial de la Juventud con j&oacute;venes llegados de los cinco continentes, y en particular de este gran \u201c continente de la esperanza \u201d, que es Am&eacute;rica Latina. <\/p>\n<p align=\"left\"> 8. Queridos hermanos y hermanas: En esta primera etapa de mi viaje apost&oacute;lico al Cono Sur americano, deseo tambi&eacute;n yo, como San Pablo, doblar \u201c<i>mis rodillas ante el Padre<\/i>, de quien procede toda paternidad en los cielos y en la tierra\u201d (<i>Ef<\/i> 3, 14-15), pues mi peregrinaci&oacute;n tiene \u2013en este caso\u2013 un particular <i>significado de acci&oacute;n de gracias<\/i> a Dios porque fue posible evitar la guerra y asegurar la paz en el diferendo sobre la zona austral entre Chile y Argentina. <\/p>\n<p align=\"left\"> Recuerdo aquellos &uacute;ltimos d&iacute;as del a&ntilde;o 1978 y comienzos de 1979, tan cargados de tensi&oacute;n para los ciudadanos de estas dos naciones y en cierto modo, para todos los habitantes de Am&eacute;rica Latina. Fueron jornadas de gran preocupaci&oacute;n. Fue entonces cuando, con la confianza puesta en Dios, sent&iacute; el impulso de llevar a cabo aquel gesto de paz, arriesgado y al mismo tiempo esperanzador. <\/p>\n<p align=\"left\"> 9. En este d&iacute;a venturoso doy gracias al Alt&iacute;simo, en &iacute;ntima uni&oacute;n con los Pastores y los fieles de esta querida Iglesia particular, y a la vez os pido que rec&eacute;is intensamente por la paz de toda Am&eacute;rica. Recemos por la justicia social e internacional, que son condici&oacute;n de una paz verdadera. Pidamos a Dios que se respeten los derechos de los hombres, de los pueblos y de las naciones de todo el mundo, cada pa&iacute;s y cada continente de este nuestro mundo que debe ser verdaderamente un mundo siempre m&aacute;s humano. <\/p>\n<p align=\"left\"> Y a vosotros, queridos habitantes de esta capital y de esta tierra, que hoy me acog&eacute;is como Sucesor de Pedro, os deseo, con las palabras del Ap&oacute;stol, <i>que Cristo habite, mediante la fe, en vuestros corazones<\/i>: que pod&aacute;is conocer cada vez mejor el amor de Cristo que excede todo conocimiento; que os llen&eacute;is de toda plenitud de Dios (<i>Ef<\/i> 3, 17-19). <\/p>\n<p align=\"left\"> Y a Aquel <i>que contemplamos<\/i>, mediante las palabras de la liturgia cuaresmal, como Var&oacute;n de dolores, nuestro Redentor, <i>Pr&iacute;ncipe de la Paz<\/i>, crucificado y resucitado; a Aquel que, seg&uacute;n el poder que ya obra en nosotros, puede hacer mucho m&aacute;s de cuanto podemos pedir y pensar, a El <i>la gloria en la Iglesia y en los corazones de los hombres de buena voluntad<\/i>, por todas las generaciones (<i>Ib&iacute;d.<\/i>. 3, 20-21). Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1987 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p> <\/font> <\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, CHILE Y ARGENTINA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Explanada &laquo;Tres Cruces&raquo; (Montevideo)Mi&eacute;rcoles 1 de abril de 1987 &nbsp; 1. \u201cEl Se&ntilde;or es mi pastor\u201d (Sal 23 [22], 1). 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