{"id":39923,"date":"2016-10-05T23:19:18","date_gmt":"2016-10-06T04:19:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-abril-de-1987-misa-para-los-consagrados-y-los-agentes-de-pastoral-buenos-aires\/"},"modified":"2016-10-05T23:19:18","modified_gmt":"2016-10-06T04:19:18","slug":"10-de-abril-de-1987-misa-para-los-consagrados-y-los-agentes-de-pastoral-buenos-aires","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-abril-de-1987-misa-para-los-consagrados-y-los-agentes-de-pastoral-buenos-aires\/","title":{"rendered":"10 de abril de 1987, Misa para los consagrados y los agentes de pastoral, Buenos Aires"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <a><\/a> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\"> <\/p>\n<p align=\"center\">\n<p><\/font> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\" color=\"#663300\"> <a><\/a> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, CHILE Y ARGENTINA<\/font><\/font> <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><b>MISA<\/b> <\/font><b> <font color=\"#663300\">PARA LOS CONSAGRADOS Y LOS AGENTES DE PASTORAL<\/font><\/b><\/p>\n<p> <font face=\"Times New Roman\"> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>Estadio &laquo;V&eacute;lez Sarsfield&raquo; de Buenos Aires<br \/>&nbsp;Viernes 10 de abril de 1987<\/i><\/font><\/p>\n<p> <\/font> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <a><\/a> &laquo; <i>Familias de los pueblos, aclamad al Se&ntilde;or, \/ aclamad la gloria y el poder del Se&ntilde;or<\/i> &raquo; (<i>Sal<\/i> 96 [95], 7.<\/font><\/p>\n<p> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <a><\/a> 1. La liturgia que estamos celebrando hoy, amad&iacute;simos en el Se&ntilde;or, repite estas hermosas palabras del Salterio, que nos invitan a glorificar a Dios por su acci&oacute;n salv&iacute;fica en medio de los pueblos y en la creaci&oacute;n entera.<\/p>\n<p> Este canto brota ahora de corazones que se han consagrado a Dios para recorrer gozosamente el camino de la perfecci&oacute;n y hacerse plenamente disponibles para la acci&oacute;n evangelizadora. Gracias por vuestra presencia y por vuestro entusiasmo, gracias por vuestro testimonio que seguramente se traduce a diario en compromiso de santificaci&oacute;n y de apostolado. <br \/> <\/font><\/p>\n<p>Ya en el umbral de la Semana Santa, la Iglesia nos recuerda con las palabras del Salmista que es Cristo quien ora dentro de nosotros, desde nosotros y por nosotros, como queriendo entregar a Dios de nuevo y para siempre toda la creaci&oacute;n y toda la humanidad, como ansiando que sea pronto una realidad la restauraci&oacute;n de todas las cosas en El, &laquo;para que sea Dios en todas las cosas&raquo; (<i>1Co<\/i> 15, 28). El Se&ntilde;or anticipa as&iacute; en nuestra vida &laquo;el himno que se canta perpetuamente en el cielo&raquo; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html\">Sacrosanctum Concilium<\/a><\/i><a><\/a>, 83).<\/p>\n<p> <a><\/a> Desde el d&iacute;a de 1a Encarnaci&oacute;n, Jes&uacute;s, el Verbo hecho hombre, comenz&oacute; su obra de redimir todo cuanto estaba ca&iacute;do a causa del pecado, y entregarlo al Padre como nueva creaci&oacute;n. Jes&uacute;s, &laquo;con su encarnaci&oacute;n se ha unido, en cierto modo, con todo hombre&raquo; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i><a><\/a>, 22.) y lo ha transformado en una nueva creatura por la filiaci&oacute;n divina de la que El mismo nos hace part&iacute;cipes mediante su sacrificio cruento y resurrecci&oacute;n gloriosa.<\/p>\n<p> <a><\/a> 2. Verdaderamente el Padre ha enviado a su Hijo al mundo para que nosotros, unidos a El y transformados en El, podamos restituir a Dios el mismo don de amor que El nos concede: &laquo;De tal manera am&oacute; Dios al mundo que le dio a su Hijo unig&eacute;nito, para que todo el que crea en El tenga la vida eterna&raquo; (<i>Jn<\/i> 3, 16). A partir de esa donaci&oacute;n de amor, podemos comprender mejor y hacer realidad en nosotros la vida eterna de Dios, que consiste en participar de la donaci&oacute;n total y eterna del Hijo al Padre en el amor del Esp&iacute;ritu Santo. Realidad sublime que San Juan de la Cruz expresar&iacute;a con las palabras: &laquo;dar a Dios el mismo dios en Dios&raquo;&nbsp; (S. Juan de la Cruz, <i>Llama de amor viva<\/i>, canci&oacute;n 3&ordf;.<\/p>\n<p> <a><\/a> He querido recordares estos ideales cristianos para reavivar en vuestra mente y en vuestro coraz&oacute;n el objetivo final y grandioso de toda evangelizaci&oacute;n. S&oacute;lo el ap&oacute;stol que est&eacute; enamorado de estos ideales de perfecci&oacute;n, sabr&aacute; afrontar todas las dificultades transform&aacute;ndolas en un seguimiento m&aacute;s radical de Cristo y en una entrega pastoral m&aacute;s decidida. &laquo;Dios es glorificado plenamente desde el momento en que los hombres reciben plena y conscientemente la obra salvadora de Dios, que complet&oacute; en Cristo&raquo; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad Gentes<\/a><\/i><a><\/a>, 7), nos dice el Concilio Vaticano II.<\/p>\n<p> <a><\/a> Pero hay un obst&aacute;culo en el coraz&oacute;n de cada hombre, que impide este proceso de unidad interior y de armon&iacute;a con toda la creaci&oacute;n: el pecado, la ruptura con Dios, la enemistad con el hermano. Vivimos en una sociedad que, a veces, parece haber perdido la conciencia del pecado, precisamente porque ha perdido el sentido de los valores del esp&iacute;ritu que han de animar cualquier aut&eacute;ntico humanismo. El hombre, salido de las manos del Creador, s&oacute;lo hallar&aacute; su realizaci&oacute;n plena cuando en su mente y en su conducta, a nivel individual y social, se asimile a su condici&oacute;n de &laquo; imagen y semejanza de Dios&raquo; (cf. <i>Gen<\/i> 1, 26). El pecado, en &uacute;ltima instancia, es la destrucci&oacute;n del don de Dios que, mediante Cristo Salvador, se nos entrega en el Esp&iacute;ritu.<\/p>\n<p> <a><\/a> 3. Cristo vence el pecado con el sacrificio de la cruz, &laquo;oblaci&oacute;n del amor supremo, que supera el mal de todos los pecados de los hombres&raquo;(<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0035\/__PB.HTM\">Dominum et Vivificantem<\/a><\/i><a><\/a>, 31). Vence, pues, por medio de la obediencia al Padre hasta la muerte, transformada ya en misterio pascual de resurrecci&oacute;n (cf. <i>Flp<\/i> 2, 8-11). Esta superaci&oacute;n del pecado por medio del amor es un nuevo inicio del &laquo;restituir&raquo; a Dios todas las cosas y toda la humanidad como cosa suya. Gracias al misterio pascual de Cristo, todo es de Dios en sentido a&uacute;n m&aacute;s pleno: como universo redimido y restaurado en Cristo (cf. <i>Ef<\/i> 1, 10). El hombre como persona y la humanidad entera pueden en Cristo, hacer de la propia existencia una donaci&oacute;n a Dios y a los dem&aacute;s.<\/p>\n<p> <a><\/a> Es doloroso reconocer que el propio pecado ha crucificado a Cristo que vive en el hermano; pero es consolador encontrarse con Cristo crucificado que muere amando para destruir el pecado y restaurar al hombre. Ese hombre perdonado y restaurado, como San Pablo o San Agust&iacute;n es quien mejor puede anunciar a todos el perd&oacute;n y la reconciliaci&oacute;n. &iquest;No es verdad que en esta perspectiva tan grandiosa del Evangelio, se reaviva la esperanza cristiana, que sabe construir la paz anunciando a todos el perd&oacute;n y la reconciliaci&oacute;n en el gozo de Cristo resucitado? <\/p>\n<p> <a><\/a> 4. La liturgia nos ha ido acercando poco a poco a la celebraci&oacute;n de la Pascua, misterio del Emmanuel, Dios con nosotros. Jesucristo es el Hijo de Dios que h&#x3b1; sellado para siempre una Alianza de amor entre Dios y los hombres. &laquo;El puso su morada entre nosotros &raquo; (cf. <i>Jn<\/i> 1, 14), y comparti&oacute; nuestra misma existencia, hasta el punto de hacer de su muerte sacrificial la fuente de una nueva vida para todos los hombres (cf. <i>Ib&iacute;d<\/i>., 7, 38-29). Por Cristo y en la vida nueva del Esp&iacute;ritu, el hombre ya puede ser restituido a la Trinidad Sant&iacute;sima, pues de su cruz viene la fuerza de la redenci&oacute;n (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0035\/__P5.HTM\">Dominum et Vivificantem<\/a><\/i><a><\/a>, 14).<\/p>\n<p> <a><\/a> El mundo y la humanidad entera, gracias a la muerte redentora de Cristo, el Hijo de Dios, han recuperado aquel equilibrio que hab&iacute;an perdido por el pecado, restableciendo la maravillosa unidad del cosmos y de toda la familia humana. Gracias al misterio pascual, todo el mundo creado participa de la glor&iacute;a de Cristo resucitado y puede cantar el &laquo;c&aacute;ntico nuevo&raquo; de los seguidores de Cristo (cf. <i>Ap<\/i> 5, 9), del que se hace eco nuestra celebraci&oacute;n lit&uacute;rgica: &laquo;Cantad al Se&ntilde;or un canto nuevo, \/ cantad al Se&ntilde;or la tierra entera, \/ cantad al Se&ntilde;or y bendecid su nombre&raquo; (<i>Sal<\/i> 96 [95], 1-2).<\/p>\n<p> <a><\/a> 5. Nosotros todos, aqu&iacute; reunidos para participar en esta Eucarist&iacute;a, en la que se actualiza el misterio pascual por el que Cristo nos restituye al Padre, dirigimos nuestra mirada de fe profunda al Redentor (cf. <i>Hb<\/i> 12, 2), para reafirmarnos desde lo m&aacute;s hondo de nuestro coraz&oacute;n de que <i>todos somos<\/i> de Cristo.<\/p>\n<p> <a><\/a> <i>Somos totalmente suyos por el bautismo<\/i>, que nos configura sacramentalmente con la muerte y resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or, para dar as&iacute; comienzo a una vida nueva por la que Cristo recupera y entrega al Padre toda nuestra existencia en novedad de vida. Por el hecho de ser bautizados, somos ya llamados a ser santos, puesto que &laquo;todos los fieles&raquo;, de cualquier estado o condici&oacute;n, est&aacute;n llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfecci&oacute;n de la caridad (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i><a><\/a>, 40).<\/p>\n<p> <a><\/a> <i>Somos totalmente suyos por la misi&oacute;n<\/i> que El ha confiado a los Ap&oacute;stoles y a toda la Iglesia. A esta misi&oacute;n &laquo;merece que el ap&oacute;stol le dedique todo su tiempo, todas sus energ&iacute;as y que, s&iacute; es necesario, le consagre su propia vida&raquo; (<i><a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/i><a><\/a>, 5).<\/p>\n<p> <a><\/a> <i>Somos totalmente suyos por la ordenaci&oacute;n sacerdotal<\/i> que nos capacita sacramentalmente para representar a Cristo, Cabeza de su Cuerpo m&iacute;stico, y servir as&iacute; a todos los fieles en su nombre y con su autoridad. El hecho de haber recibido el sacramento del orden, requiere por nuestra parte una profunda identificaci&oacute;n con Cristo y con los misterios de nuestra fe, de los cuales somos dispensadores.<\/p>\n<p> <a><\/a> <i>Somos totalmente suyos por la consagraci&oacute;n religiosa<\/i> y por la pr&aacute;ctica permanente de los consejos evang&eacute;licos, que radicando en aquella recuperaci&oacute;n y entrega al Padre que el sacramento del bautismo plasm&oacute; en cada uno de nosotros, imprime en nuestro ser una semejanza y configuraci&oacute;n con Cristo muerto y resucitado. Esta consagraci&oacute;n a Cristo es &laquo;se&ntilde;al y est&iacute;mulo de la caridad y como un manantial extraordinario de espiritual fecundidad en el mundo&raquo; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i><a><\/a>, 42).<\/p>\n<p> <a><\/a> Todos nosotros, pues, sacerdotes, personas consagradas, agentes de pastoral, somos totalmente suyos, con la alegr&iacute;a pascual de prolongar, cada uno seg&uacute;n su propia vocaci&oacute;n, la presencia, la palabra, el sacrificio y la acci&oacute;n salv&iacute;fica de Cristo, vencedor del pecado y de la muerte.<\/p>\n<p> <a><\/a> 6. Hoy en esta asamblea eucar&iacute;stica, todos nosotros, que somos totalmente suyos, queremos no s&oacute;lo escuchar su mensaje, sino sobre todo acoger en nuestro coraz&oacute;n el mandato misionero del Se&ntilde;or: &laquo;Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura&raquo; (<i>Mc<\/i> 16, 5).<\/p>\n<p> <a><\/a> Este encargo misionero de Jes&uacute;s es como una declaraci&oacute;n de amor, puesto que nos conf&iacute;a lo m&aacute;s querido que El tiene: el encargo recibido del Padre de redimir a la humanidad ca&iacute;da. Si El entreg&oacute; su vida para llevar a cabo su misi&oacute;n salv&iacute;fica, nosotros, que somos totalmente suyos, recibimos este encargo de manos de la Iglesia para compartir con El nuestra vida.<\/p>\n<p> <a><\/a> La consagraci&oacute;n que se ha realizado en nosotros por el bautismo constituye la fuente primera de esta llamada al apostolado, a la evangelizaci&oacute;n. Si &laquo;la Iglesia entera es misionera, la obra de evangelizaci&oacute;n es un deber fundamental del Pueblo de Dios&raquo; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad Gentes<\/a><\/i><a><\/a>, 35). Por eso &laquo;evangelizar no es para nadie un acto individual y aislado, sino pro-fundamente eclesial&raquo; (<i><a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/i><a><\/a>, 60).<\/p>\n<p> <a><\/a>Ulteriormente, los que hemos recibido el sacerdocio ministerial estamos, en virtud de un t&iacute;tulo nuevo, especialmente obligados al apostolado y a la evangelizaci&oacute;n mediante el ministerio de la Palabra y de los Sacramentos. Para nosotros servir a la acci&oacute;n evangelizadora de la Iglesia constituye un apremiante, aunque tambi&eacute;n gustoso, deber. Somos instrumentos v&aacute;lidos y eficaces de la acci&oacute;n del mismo Cristo, Buen Pastor, en las almas: somos los instrumentos de unidad necesarios para la acci&oacute;n evangelizadora que el Se&ntilde;or ha confiado ala Iglesia.<\/p>\n<p> <a><\/a>La llamada di&#x3bd;i&#x3b7;&#x3b1; a la profesi&oacute;n religiosa, a la pr&aacute;ctica permanente de los consejos evang&eacute;licos, abre nuevos caminos al apostolado de la Iglesia, y de ella dimanan nuevas energ&iacute;as para la evangelizaci&oacute;n. La persona consagrada debe ser un signo transparente y portador del ofrecimiento del mundo a Dios. Es tambi&eacute;n una ex-presi&oacute;n viva de la pobreza de Cristo, que se desprendi&oacute; de todo y se hizo &laquo;obediente hasta la muerte y muerte de cruz&raquo; (<i>Flp<\/i> 2, 8). A trav&eacute;s de esta consagraci&oacute;n al Se&ntilde;or aparece claramente la inmolaci&oacute;n de Cristo en aras de la voluntad salv&iacute;fica del Padre. De ah&iacute; proviene la misteriosa fecundidad apost&oacute;lica de la vida consagrada, como signo eficaz de evangelizaci&oacute;n. Los llamados a esta consagraci&oacute;n, que &laquo;se sit&uacute;an dentro del dinamismo de la Iglesia, son, por excelencia, voluntarios y libres para abandonar todo y lanzarse a anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra&raquo; (<i><a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/i><a><\/a>, 69) <\/p>\n<p>7. El Evangelio es proclamado por medio de palabras vivas, de gestos de vida. Y especialmente es proclamado mediante el testimonio de una donaci&oacute;n total a Dios, entreg&aacute;ndole a El la creaci&oacute;n entera en donaci&oacute;n esponsal a la causa del reino de Dios, que Cristo ya ha instaurado en la historia del hombre. Esta misi&oacute;n salv&iacute;fica de &laquo;devolver&raquo; y &laquo;entregar&raquo; a Dios todas las cosas, Cristo la quiere compartir con todos los que se hacen disponibles para seguirle e impregnarse del Evangelio hasta lo m&aacute;s profundo de la propia existencia. Compartir la misi&oacute;n de Cristo supone una actitud esponsal de correr su suerte arriesgando todo por El. La participaci&oacute;n en el apostolado de la Iglesia, en su misi&oacute;n universal, nace del &laquo;amor esponsal por Cristo, que se convierte de modo casi org&aacute;nico en amor por la Iglesia como Cuerpo de Cristo, por la Iglesia como Pueblo de Dios, por la Iglesia que es ala vez Esposa y Madre&raquo; (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_25031984_redemptionis-donum.html\">Redemptionis Donum<\/a><\/i><a><\/a>, 15).<\/p>\n<p>La actitud de asociaci&oacute;n y de fidelidad esponsal a Cristo os con-vierte pues en expresi&oacute;n de una Iglesia que, como Mar&iacute;a, escucha, ora, ama. Los ap&oacute;stoles de todas las &eacute;pocas y tambi&eacute;n vosotros sacerdotes, personas consagradas y agentes de pastoral de la Argentina, necesit&aacute;is una vivencia fuerte de Cen&aacute;culo con Mar&iacute;a, para recibir nuevas gracias del Esp&iacute;ritu Santo y poder afrontar las nuevas situaciones de evangelizaci&oacute;n en el mundo de hoy. Esta h&#x3b1; sido mi invitaci&oacute;n en la Enc&iacute;clica <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0035\/__P9.HTM\">Dominum et Vivificantem<\/a><\/i><a><\/a>, como lo fue ya en m&iacute; primera Enc&iacute;clica <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0038\/__PN.HTM\">Redemptor Hominis<\/a><\/i><a><\/a>, siguiendo las huellas del Concilio Vaticano II (cf. <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i><a><\/a>, 59; <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad Gentes<\/a><\/i><a><\/a>, 4). El A&ntilde;o Mariano, que pronto habremos de iniciar, os brinda una ocasi&oacute;n extraordinaria para dar renovado impulso a vuestras vidas seg&uacute;n esta perspectiva evang&eacute;lica. <\/p>\n<p><a><\/a>8. De vosotros espera el Se&ntilde;or que sep&aacute;is predicar su mensaje con palabras llenas de vida, como transparencia del mismo Evangelio, pues vuestra existencia ser&aacute; palabra evang&eacute;lica en la medida que brote espont&aacute;neamente de vuestra entrega interior. Entonces vuestro apostolado se har&aacute; fecundo y &laquo;cre&iacute;ble&raquo;, pues el mundo espera de nosotros un compromiso de vida y un testimonio de oraci&oacute;n, como quise poner de manifiesto en el encuentro de As&iacute;s del a&ntilde;o pasado.<\/p>\n<p><a><\/a>Predicar el Evangelio de esta manera se convierte en &laquo;motivo de glor&iacute;a&raquo; (cf. <i>1Co<\/i> 9, 16),30 como nos dice San Pablo en la segunda lectura de esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica, Pero precisamente por ello, el anuncio del Evangelio ha de ser para nosotros una urgencia apremiante, una obligaci&oacute;n santa, as&iacute; como lo confiesa el mismo Ap&oacute;stol: &laquo;&iexcl;&#x391;&#x3b3; de m&iacute; s&iacute; no evangelizare!&raquo; (<i>Ib&iacute;d<\/i>.). S&iacute;, &iexcl;ay de m&iacute;! &iexcl;Ay de nosotros s&iacute; no supi&eacute;ramos presentar hoy el Evangelio a un mundo que, a pesar de las apariencias, sigue teniendo &laquo;hambre de Dios&raquo;! (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0038\/__PJ.HTM\">Redemptor hominis<\/a><\/i><a><\/a>, 18).<\/p>\n<p><a><\/a>As&iacute;, pues, amad&iacute;simos hermanos y hermanas, en este pen&uacute;ltimo viernes de Cuaresma, <i>dirijamos nuestra mirada llena de esperanza al misterio pascual<\/i> de la cruz y de la resurrecci&oacute;n de Cristo, expresi&oacute;n suprema de su amor redentor. El Se&ntilde;or os bendice con un crecimiento de las vocaciones apost&oacute;licas, sacerdotales y de vida consagrada. Es &eacute;ste un don suyo, que hab&eacute;is de agradecer y con el que hab&eacute;is de colaborar d&iacute;a a d&iacute;a. Es necesario presentar, tanto en la vida personal como en la vida comunitaria, &laquo;la alegr&iacute;a de pertenecer exclusivamente a Dios&raquo; (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_25031984_redemptionis-donum.html\">Redemptionis Donum<\/a><\/i><a><\/a>, 8) Pero esa alegr&iacute;a, que es gozo pascual, nace de un coraz&oacute;n enamorado de Cristo, desprendido de los bienes de este mundo, inmolado con el Se&ntilde;or en la cruz y dispuesto a compartir en la vida con los hermanos los dones de su amor. Muchos j&oacute;venes y muchas j&oacute;venes se sentir&aacute;n llamados a este seguimiento de Cristo, s&iacute; ven en vosotros y en vosotras las huellas del amor, el rostro de Cristo que acoge, que ayuda, que reconcilia, que salva. <\/p>\n<p>9. Vivid en la esperanza, sin dejaros vencer por el desaliento, por el cansancio, por las cr&iacute;ticas. Es el Se&ntilde;or quien est&aacute; con vosotros, pues os eligi&oacute; como instrumentos suyos para que, en todos<br \/> los campos del apostolado, deis mucho fruto y vuestro fruto perdure (cf. <i>Jn<\/i> 15, 16).<\/p>\n<p>Cuantos trabaj&aacute;is como &laquo;agentes de pastoral&raquo; encontrar&eacute;is sin duda en el pr&oacute;ximo Congreso nacional de catequesis un campo concreto de planificaci&oacute;n y de acci&oacute;n evangelizadora para la renovaci&oacute;n eclesial. Una catequesis bien orientada es la base para una vida sacramental, personal, familiar y social, pues toda acci&oacute;n apost&oacute;lica y especialmente la catequesis est&aacute; &laquo; abierta al dinamismo misionero de la Iglesia &raquo; (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_16101979_catechesi-tradendae.html\">Catechesi Tradendae<\/a><\/i><a><\/a>, 24). A todos os invito a <i>trabajar juntos para una evangelizaci&oacute;n permanente<\/i>.<\/p>\n<p><a><\/a>&iexcl;Iglesia en Argentina! &laquo;<i>Lev&aacute;ntate y resplandece, porque ha llegad&#x3bf; tu luz, <\/i>y la glor&iacute;a del Se&ntilde;or alborea sobre ti&raquo; (cf. <i>Is<\/i> 60, 1).<\/p>\n<p><a><\/a>Estas palabras del Profeta Isa&iacute;as nos recuerdan la liturgia de Epifan&iacute;a o manifestaci&oacute;n del Se&ntilde;or a todas las gentes. Hoy, en esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica en Buenos Aires, la Iglesia se aproxima ya a la Pascua del Se&ntilde;or. La resurrecci&oacute;n de Cristo ser&aacute; el momento culminante en el que se cumplen estas palabras. <i>El Se&ntilde;or se manifestar&aacute; en su misterio de la cruz y de la resurrecci&oacute;n<\/i>; El resplandecer&aacute; con la luz de la verdad para llamar a todos los pueblos con la fuerza del Esp&iacute;ritu: &laquo;Los pueblos caminar&aacute;n a tu luz &raquo; (<i>Ib&iacute;d.<\/i>, 60, 3).<\/p>\n<p><a><\/a>&iexcl;C&oacute;mo pido a Dios que Argentina camine en la luz de Cristo!<\/p>\n<p><a><\/a>&iexcl;Caminad firme, decididamente; el Se&ntilde;or os tiene de la mano y os iluminar&aacute; con su luz para que vuestro pie no tropiece! (cf. <i>Sal<\/i> 91 [90], 12).<\/p>\n<p><a><\/a>Cuando las sociedades de la abundancia y del consumo atraviesan una grave crisis de valores del esp&iacute;ritu, vuestra Iglesia, la Iglesia de toda la Am&eacute;rica Latina, si mantiene su fidelidad a Cristo, podr&aacute; ser luz que ilumine al mundo para que camine por el sendero de la solidaridad, de la sencillez, de las virtudes humanas y cristianas, que son el verdadero fundamento de la sociedad, de la familia, de<br \/> la paz en los corazones.<\/p>\n<p><a><\/a>De ah&iacute; vuestro compromiso evangelizador; vuestra misi&oacute;n de ser luz para iluminar a quienes est&aacute;n en tinieblas. Hab&eacute;is sido llamados, queridos hermanos y hermanas, para <i>sentir<\/i> dentro de vosotros y <i>vivir<\/i> con todas las consecuencias <i>el lema de San Pablo<\/i>, que se os convierte en examen cotidiano: &laquo;&iexcl;Ay de m&iacute; si n&#x3bf; evangelizare!&raquo; (<i>1Co<\/i> 9, 16).<\/p>\n<p><a><\/a>10. Hab&eacute;is sido llamados y cautivados por el ejemplo de amor del mismo Cristo, y tambi&eacute;n por el ejemplo de San Pablo y de tantos santos y santas, ap&oacute;stoles y fundadores, para haceros d&eacute;biles con los d&eacute;biles, de modo que se&aacute;is &laquo;todo para todos para salvarlos a todos&raquo; (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 9, 22). A esta llamada hab&eacute;is respondido por amor al Evangelio, por amor del mismo Jes&uacute;s, &laquo;para participar en &eacute;l&raquo;( (<i>Ib&iacute;d.<\/i>, 9, 23).<\/p>\n<p><a><\/a>Que vuestro coraz&oacute;n, pues, se ensanche con esta alegr&iacute;a y esperanza anunciada por el Profeta Isa&iacute;as y realizada en Jes&uacute;s aqu&iacute; y ahora (cf. <i>Is<\/i> 60, 5).<\/p>\n<p><a><\/a>Con las palabras del Salmo, alabad al Se&ntilde;or, &laquo;contad a los pueblos su gloria. El Se&ntilde;or reina&raquo; (<i>Sal<\/i> 96 [95], 10). &iexcl;S&iacute;! Cristo crucificado reina. Por su cruz y resurrecci&oacute;n Cristo es el centro de la creaci&oacute;n, Se&ntilde;or de la historia, Redentor del hombre. El nos ha dado al Padre, nos ha dado una vida nueva que procede de Dios y que es participaci&oacute;n en su misma vida trinitaria de donaci&oacute;n.<\/p>\n<p><a><\/a>Que la Sant&iacute;sima Virgen de Luj&aacute;n se haga para vosotros la Virgen del &laquo;s&iacute;&raquo;, la Virgen de &#x142;a fidelidad generosa y de la donaci&oacute;n total a la misi&oacute;n; y que sea Ella tambi&eacute;n la Virgen de la esperanza, que hab&eacute;is de anunciar y comunicar a todos los hermanos haci&eacute;ndola primero realidad en vuestros corazones. As&iacute; sea.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\">&copy; Copyright 1987 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, CHILE Y ARGENTINA MISA PARA LOS CONSAGRADOS Y LOS AGENTES DE PASTORAL HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Estadio &laquo;V&eacute;lez Sarsfield&raquo; de Buenos Aires&nbsp;Viernes 10 de abril de 1987 &nbsp; &laquo; Familias de los pueblos, aclamad al Se&ntilde;or, \/ aclamad la gloria y el poder del Se&ntilde;or &raquo; (Sal 96 &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-abril-de-1987-misa-para-los-consagrados-y-los-agentes-de-pastoral-buenos-aires\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab10 de abril de 1987, Misa para los consagrados y los agentes de pastoral, Buenos Aires\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39923","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39923","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39923"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39923\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39923"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39923"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39923"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}