{"id":39926,"date":"2016-10-05T23:20:04","date_gmt":"2016-10-06T04:20:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-agosto-de-1988-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-bienaventurada-virgen-maria-en-la-basilica-de-san-pedro\/"},"modified":"2016-10-05T23:20:04","modified_gmt":"2016-10-06T04:20:04","slug":"15-de-agosto-de-1988-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-bienaventurada-virgen-maria-en-la-basilica-de-san-pedro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-agosto-de-1988-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-bienaventurada-virgen-maria-en-la-basilica-de-san-pedro\/","title":{"rendered":"15 de agosto de 1988, Solemnidad de la Asunci\u00f3n de la Bienaventurada Virgen Mar\u00eda en la Bas\u00edlica de San Pedro"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SOLEMNI<font face=\"Times New Roman\">DAD DE L<\/font>A ASUNCI&Oacute;N DE LA VIRGEN MAR&Iacute;A<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica de San Pedro <br \/> Lune<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\">s 15 de agosto de 1988<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1. <i>&quot;Todas las generaciones me llamar&aacute;n bienaventurada&quot; <\/i>(<i>Lc <\/i>1, 48).<\/p>\n<p>&iexcl;Madre de Dios y Virgen! En esta bienaventuranza proclamada por todas las generaciones, acoge tambi&eacute;n nuestras voces: te llama bienaventurada <i>la generaci&oacute;n de los hombres que viven en est&eacute; &uacute;ltimo retazo del segundo milenio despu&eacute;s de Cristo.<\/i><\/p>\n<p>Te llamamos bienaventurada, porque eres la que <i>el Eterno Padre ha escogido <\/i>para ser la Madre del Eterno Hijo, cuando &quot;lleg&oacute; la plenitud de los tiempos&quot; (cf. <i>G&aacute;l <\/i>4, 4).<\/p>\n<p>Te llamamos bienaventurada, porque eres la que <i>el Eterno Hijo <\/i>\u2014Redentor del mundo\u2014 ha redimido la primera en el misterio de la Inmaculada Concepci&oacute;n.<\/p>\n<p>Te llamamos bienaventurada, porque sobre Ti descendi&oacute; el <i>Esp&iacute;ritu Santo <\/i>y el poder del Alt&iacute;simo extendi&oacute; su sombra (cf. <i>Lc <\/i>1, 35), y as&iacute; naci&oacute; de Ti el Eterno Hijo de Dios, en cuanto hombre.<\/p>\n<p><i>Te llamamos bienaventurada. <\/i>As&iacute; te han llamado todas las generaciones. As&iacute; te llama nuestra generaci&oacute;n, al final del siglo XX.<\/p>\n<p><i>Una particular expresi&oacute;n de ello <\/i>ha sido, en toda la Iglesia, el <i>A&ntilde;o Mariano <\/i>que hoy, en la solemnidad de tu Asunci&oacute;n, llega a su fin.<\/p>\n<p>2. <i>&iexcl;Te saludamos, Mar&iacute;a! <\/i>&quot;Bendita t&uacute; entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre&quot; <i>(Lc <\/i>1, 42).<\/p>\n<p>Con tales palabras te saluda hoy la liturgia. Y &eacute;stas son las palabras de tu pariente Isabel, pronunciadas <i>durante la Visitaci&oacute;n, <\/i>que tuvo lugar, seg&uacute;n la tradici&oacute;n en Ain Karim.<\/p>\n<p>&iexcl;Te saludamos, Mar&iacute;a! Bienaventurada eres <i>T&uacute; que has cre&iacute;do <\/i>en el cumplimiento de las palabras del Se&ntilde;or (cf. <i>Lc <\/i>1, 45).<\/p>\n<p>Durante el A&ntilde;o Mariano te hemos seguido en el sendero de tu Visitaci&oacute;n. Te ha seguido, Madre de Dios, la Iglesia entera, repitiendo las palabras de Isabel. Y ello, porque <i>la Iglesia, <\/i>en el Concilio Vaticano II, <i>ha aprendido a mirarte <\/i>como su <i>figura <\/i>viva y perfecta.<\/p>\n<p>Lo ha aprendido nuevamente, a la medida de nuestros tiempos y de nuestra generaci&oacute;n, recordando que as&iacute; te miraron ya las antiguas generaciones de los disc&iacute;pulos que segu&iacute;an a Cristo. Los ilustres <i>Padres de los primeros siglos te han llamado <\/i>el primer Modelo <i>(Typus) <\/i>de la Iglesia.<\/p>\n<p>La Iglesia de nuestros tiempos lo ha aprendido nuevamente. Ha profesado una vez m&aacute;s que T&uacute;, Bienaventurada Virgen, <i>precedes en la peregrinaci&oacute;n de la fe <\/i>a todas las generaciones del Pueblo de Dios en la tierra (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>, <\/i>58).<\/p>\n<p>&iexcl;Bendita T&uacute; que has cre&iacute;do! En esa peregrinaci&oacute;n de la fe, que fue tu vida en la tierra, avanzaste manteniendo fielmente tu uni&oacute;n con el Hijo, incluso junto a la cruz, donde te quedaste por voluntad de Dios (cf..<i>ib.).<\/i><\/p>\n<p>3. <i>Esa misma peregrinaci&oacute;n de la fe, <\/i>que realizaste hasta las profundidades del misterio de Cristo, tu Hijo \u2014desde la Anunciaci&oacute;n hasta el Calvario\u2014, <i>la reanudaste luego junto con la Iglesia. <\/i>La reanudaste el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s con la Iglesia de los Ap&oacute;stoles y de los testigos, que nac&iacute;a en el Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n bajo el soplo del Consolador, el Esp&iacute;ritu de Verdad.<\/p>\n<p>Por ello, tambi&eacute;n nosotros <i>hemos comenzado nuestra peregrinaci&oacute;n del A&ntilde;o Mariano en la solemnidad de Pentecost&eacute;s <\/i> de 1987, en Roma y en. toda la Iglesia, hasta los confines del mundo.<\/p>\n<p>Hemos comenzado nuestra peregrinaci&oacute;n de la fe juntos contigo, nosotros, la generaci&oacute;n que se acerca <i>al comienzo del tercer milenio <\/i>despu&eacute;s de Cristo. Hemos comenzado a caminar contigo, nosotros, la generaci&oacute;n que lleva en s&iacute; cierto <i>aire de semejanza <\/i>con aquel <i>primer Adviento, <\/i>cuando en el horizonte de las expectativas humanas por la venida del Mes&iacute;as se encendi&oacute; una luz misteriosa: <i>La Estrella de la ma&ntilde;ana, <\/i>la Virgen de Nazaret, preparada por la Sant&iacute;sima Trinidad para ser la Madre del Hijo de Dios: <i>Alma Redemptoris Mater.<\/i><\/p>\n<p>4. Hemos dedicado a Ti, Mar&iacute;a, esta parte del tiempo humano, que <i>es <\/i>tambi&eacute;n <i>el tiempo lit&uacute;rgico de la Iglesia: <\/i>el a&ntilde;o que comenz&oacute; con Pentecost&eacute;s de 1987, y que termina hoy con la solemnidad de tu Asunci&oacute;n, en el a&ntilde;o 1988.<\/p>\n<p>&iexcl;Lo hemos dedicado a Ti! <i>En Ti hemos puesto nuestra confianza. <\/i>En Ti, <i>a quien Dios se hab&iacute;a &quot;confiado&quot; a S&iacute; mismo en la historia humana. <\/i>En Ti, a quien tu Hijo crucificado <i>hab&iacute;a confiado al hombre <\/i>como en un testamento supremo del misterio de la redenci&oacute;n. Ese hombre a los pies de la cruz fue el Ap&oacute;stol <i>Juan, <\/i>el Evangelista. Y en &eacute;l, un hombre, estaban representados <i>todos los hombres.<\/i><\/p>\n<p>Con el esp&iacute;ritu de aquel acto de confianza pascual, que se transform&oacute; en un fruto particular de la fe, de la esperanza y de la caridad, cuando la espada del dolor atraves&oacute; tu Coraz&oacute;n, <i>te siguen los hombres y las comunidades <\/i>humanas de todo el mundo. Te siguen <i>los pueblos y las naciones. <\/i>Te siguen las generaciones. Desde lo alto de la cruz, Cristo mismo les gu&iacute;a hacia tu Coraz&oacute;n materno, y <i>tu Coraz&oacute;n <\/i>les restituye, del modo m&aacute;s sencillo, a Cristo: <i>les introduce en el misterio de la redenci&oacute;n. <\/i> Verdaderamente, <i>Redemptoris Mater!<\/i><\/p>\n<p>5. Igual que en todas las generaciones pasadas, tambi&eacute;n en la nuestra, la Iglesia canta una ant&iacute;fona, en, la que reza as&iacute;:<\/p>\n<p><i>&quot;Socorre al pueblo que sucumbe <\/i>y lucha por levantarse&quot; (Succurre cadenti &#8211; surgere qui eurat, populo!).<\/p>\n<p>En las palabras de esta plegaria de confianza <i>volvemos a encontrar tambi&eacute;n la verdad sobre nuestra generaci&oacute;n. <\/i>Esta, como las otras generaciones, y quiz&aacute; incluso m&aacute;s que ellas, &iquest;no vive acaso entre el <i>&quot;sucumbir&quot; <\/i> y el<i> &quot;levantarse&quot;, <\/i>entre el pecado y la gracia?<\/p>\n<p>&iexcl;Oh Madre, que nos conoces, qu&eacute;date siempre con tus hijos! Ayuda al hombre, a los pueblos, a las naciones, a la humanidad a levantarse. Este <i>grito del A&ntilde;o Mariano <\/i>ha repercutido en los diversos lugares de la tierra, a trav&eacute;s de las distintas experiencias de nuestra &eacute;poca que, si bien alardea de un progreso antes desconocido, siente de modo particularmente agudo las amenazas que se ciernen sobre toda la gran familia humana. Por ello se hace cada vez m&aacute;s urgente la <i>sollicitudo rei socialis.<\/i><\/p>\n<p>6. <i>&iexcl;Hoy, solemnidad de la Asunci&oacute;n !<\/i><\/p>\n<p>Hoy, en el horizonte del cosmos aparece \u2014como dicen las palabras del Apocalipsis de Juan\u2014 <i>la. Mujer vestida de sol: <\/i>(cf. <i>Ap <\/i>12, 1). ..<\/p>\n<p>De esa Mujer `el Concili&oacute; dice: &quot;La Iglesia ha alcanzado en la Sant&iacute;sima Virgen la perfecci&oacute;n, en virtud de la cual no tiene mancha ni arruga (cf. <i>Ef <\/i>5, 27) &quot;. Y al mismo tiempo &quot;los fieles luchan todav&iacute;a por <i>crecer en santidad, venciendo enteramente al pecado, y <\/i>por eso levantan <i>sus <\/i>ojos a Mar&iacute;a&quot; <i>(<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a>, <\/i>65).<\/p>\n<p>Todo este A&ntilde;o, que est&aacute; a punto de terminar, ha sido <i>el tiempo de los &quot;ojos levantados&quot; hacia Ti, <\/i>Madre de Dios, Virgen, constantemente presente en el misterio de Cristo y de la Iglesia.<\/p>\n<p>El A&ntilde;o Mariano termina hoy. Pero no <i>termina <\/i>el tiempo de los &quot;ojos levantados&quot; hacia Mar&iacute;a.<\/p>\n<p><i>7. <\/i>Al seguirte, Madre, en nuestra peregrinaci&oacute;n terrena mediante la fe; nos encontramos hoy <i>en el umbral de tu glorificaci&oacute;n en Dios.<\/i><\/p>\n<p>La peregrinaci&oacute;n de la fe, el camino de la fe. Tu camino de la fe lleva, desde el <i>umbral de la Visitaci&oacute;n, <\/i> en Ain Karim, <i>al umbral de la glorificaci&oacute;n.<\/i><\/p>\n<p>Es lo que nos ense&ntilde;a la liturgia de hoy.<\/p>\n<p>Y en el umbral de la glorificaci&oacute;n, en el umbral de la uni&oacute;n celestial con el Padre, con el Hijo y con el Esp&iacute;ritu Santo, escuchamos una vez m&aacute;s <i>las palabras del Magn&iacute;ficat:<\/i><\/p>\n<p>&quot;Proclama mi alma la grandeza del Se&ntilde;or, se alegra mi esp&iacute;ritu en Dios mi salvador&#8230; <i>porque el Poderoso ha hecho obras grandes por m&iacute;&quot; <\/i>(Lc 1,<i> <\/i>46-47. 49).<\/p>\n<p>Obras grandes: <i>magnalia! Magnalia Dei!<\/i><\/p>\n<p>&iexcl;Bienaventurada eres T&uacute; que has cre&iacute;do!<\/p>\n<p>&iexcl;Am&eacute;n! <\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/font> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1988 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNIDAD DE LA ASUNCI&Oacute;N DE LA VIRGEN MAR&Iacute;A HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San Pedro Lunes 15 de agosto de 1988 &nbsp; 1. &quot;Todas las generaciones me llamar&aacute;n bienaventurada&quot; (Lc 1, 48). &iexcl;Madre de Dios y Virgen! 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