{"id":39927,"date":"2016-10-05T23:20:12","date_gmt":"2016-10-06T04:20:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-junio-de-1988-santa-misa-en-la-solemnidad-del-corpus-christi-en-plasencia\/"},"modified":"2016-10-05T23:20:12","modified_gmt":"2016-10-06T04:20:12","slug":"5-de-junio-de-1988-santa-misa-en-la-solemnidad-del-corpus-christi-en-plasencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-junio-de-1988-santa-misa-en-la-solemnidad-del-corpus-christi-en-plasencia\/","title":{"rendered":"5 de junio de 1988, Santa misa en la solemnidad del \u00abCorpus Christi\u00bb, en Plasencia"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1988\/trav_emilia.html\">VISITA PASTORAL A EMILIA<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA EN LA SOLEMNI<font face=\"Times New Roman\">DAD DEL &laquo;CORPUS CHRISTI&raquo;<\/font><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Plasencia<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"> <br \/> Domingo 5 de junio de 1988<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. &quot;Alzar&eacute; la copa de la salvaci&oacute;n&quot; (<i>Sal<\/i> 115\/116, 13).<\/p>\n<p align=\"left\">Estamos reunidos, queridos hermanos y hermanas, para levantar la copa de la salvaci&oacute;n e invocar el Nombre del Se&ntilde;or, como proclama el Salmista en la liturgia de este d&iacute;a. <\/p>\n<p align=\"left\">La copa de la salvaci&oacute;n&#8230; <\/p>\n<p align=\"left\">Hoy, mientras la Iglesia en Italia celebra <i>la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo<\/i> nos acercamos juntos al Cen&aacute;culo. Toda la Iglesia retorna all&iacute; incesantemente. Este es el lugar de la cotidiana peregrinaci&oacute;n del Pueblo de Dios <i>a las fuentes del misterio Eucar&iacute;stico<\/i>. Este d&iacute;a es un momento especial de esta peregrinaci&oacute;n. Doy gracias a la divina Providencia porque me ha concedido participar en la peregrinaci&oacute;n eucar&iacute;stica, dentro de la Iglesia, aqu&iacute;, <i>en Plasencia<\/i>, junto con todos vosotros que form&aacute;is la Iglesia del Dios vivo. La Iglesia de la Eucarist&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"left\">Me agrada saludar a mons. Antonio Mazza, el cual, con genuina caridad de Pastor os gu&iacute;a, re&uacute;ne en unidad y os fortifica, queridos hermanos y hermanas de la di&oacute;cesis placentina, con la Palabra de Dios y con el Cuerpo de Cristo. Saludo con gran alegr&iacute;a a los cardenales originarios de esta di&oacute;cesis de Plasencia y aqu&iacute; presentes: el cardenal Secretario de Estado, Agostino Casaroli, el cardenal Opilio Rossi, y el cardenal Silvio Oddi. Saludo a otro placentino, el Nuncio Apost&oacute;lico en Italia, mons. Poggi. Saludo junto a los placentinos a los dem&aacute;s obispos invitados, en primer lugar al arzobispo de R&aacute;vena, que nos honra con su presencia. Os saludo muy cordialmente a vosotros, sacerdotes, que cooper&aacute;is con el ministerio apost&oacute;lico de vuestro obispo, conduciendo a la amistad fraterna de Cristo las comunidades que os est&aacute;n encomendadas.<\/p>\n<p align=\"left\">Llegue tambi&eacute;n mi palabra de saludo a vosotros, religiosos y religiosas que, con vuestra vida consagrada y vuestras actividades, testimoni&aacute;is el amor redentor del Hijo de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">Os saludo a vosotros, laicos comprometidos en las diversas asociaciones y movimientos. Car&iacute;simos, os exhorto a perseverar en el camino de la santidad y a contribuir a la edificaci&oacute;n de la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">A todos alcance mi saludo afectuoso, acompa&ntilde;ado de mi deseo de serenidad y la llamada a participar con frecuencia y asiduamente en la Eucarist&iacute;a, sacramento que comunica en plenitud el esp&iacute;ritu de caridad del Redentor.<\/p>\n<p align=\"left\">2. <i>&quot;Alzar&eacute; la copa de la salvaci&oacute;n&quot;, como lo hizo Cristo.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">El Evangelista recuerda que durante la &uacute;ltima Cena, Cristo &quot;tom&oacute; el pan, pronunci&oacute; la bendici&oacute;n, lo parti&oacute; y se lo dio (a los disc&iacute;pulos) diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo. Cogiendo una copa, pronunci&oacute; la acci&oacute;n de gracias, se la dio y todos bebieron. Y les dijo: Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos&quot; (<i>Mc<\/i> 14, 22-24).<\/p>\n<p align=\"left\">La copa de la salvaci&oacute;n, la Sangre de la Alianza.<\/p>\n<p align=\"left\">3. La liturgia, en la primera lectura tomada de libro del &Eacute;xodo, recuerda la <i>Antigua Alianza<\/i>, que tambi&eacute;n s&eacute; estableci&oacute; mediante la sangre.<\/p>\n<p align=\"left\">Fue &eacute;sta &quot;la sangre de machos cabr&iacute;os y de toros&quot;, seg&uacute;n leemos en la Carta a los Hebreos (<i>Heb<\/i> 9, 13). Con la sangre de los novillos, Mois&eacute;s &quot;roci&oacute; al pueblo y dijo: Esta es la sangre de la Alianza eme Yahveh ha hecho con vosotros&quot; (<i>Ex<\/i> 24. 8).<\/p>\n<p align=\"left\">La Nueva Alianza es distinta, La sangre de los machos cabr&iacute;os y de los toros pod&iacute;a significar la reconciliaci&oacute;n, pero no pod&iacute;a realizarla.<\/p>\n<p align=\"left\">Y por eso Cristo, &quot;no con sangre de machos cabr&iacute;os y de novillos, sino <i>con su propia sangre<\/i> penetr&oacute; en el santuario consiguiendo una redenci&oacute;n eterna&quot; (<i>Heb<\/i> 9. 12). No a trav&eacute;s de un santuario hecho por mano del hombre, sino a trav&eacute;s del santuario de su Cuerpo, <i>a trav&eacute;s de la humanidad del Hijo de Dios<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Y entrando as&iacute;, como sacerdote, <i>el &uacute;nico Sacerdote<\/i>, de la nueva y eterna Alianza con Dios, ha procurado con su sacrificio &quot;una redenci&oacute;n eterna&quot; (<i>ib<\/i>.).<\/p>\n<p align=\"left\">4. Cristo durante la &uacute;ltima Cena prepara a los Ap&oacute;stoles y a la Iglesia precisamente para este sacrificio. Por eso habla del cuerpo y de la sangre que ser&aacute; derramada.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>En la &uacute;ltima Cena estaba ya contenida la realidad del sacrificio de la cruz<\/i>. La Eucarist&iacute;a es el sacramento de este sacrificio. Es el sacramento de la redenci&oacute;n eterna en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">Cada vez que volvemos al Cen&aacute;culo celebrando este admirable sacramento de nuestra fe: <i>&quot;anunciamos tu muerte, Se&ntilde;or, proclamamos tu resurrecci&oacute;n. Ven, Se&ntilde;or Jes&uacute;s&quot;<\/i> (cf. <i>Plegarias eucar&iacute;sticas<\/i>).<\/p>\n<p align=\"left\"><i>La Eucarist&iacute;a es el sacramento de esta v&iacute;a<\/i> que Cristo ha atravesado viniendo del Padre a nosotros y por la cual retorna al Padre, conduci&eacute;ndonos consigo como participantes de la redenci&oacute;n eterna. <\/p>\n<p align=\"left\">Cada vez que nos reunimos para participar en la Eucarist&iacute;a de Cristo, <i>nos encaminamos por esta v&iacute;a junto con El<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">5. <i>Esta es la v&iacute;a del sacrificio que sella la Nueva y Eterna Alianza de Dios con el hombre<\/i> y del hombre con Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">La Antigua Alianza, estipulada por Mois&eacute;s con el signo de la sangre sacrificial, estaba ya unida con la obediencia a las palabras de Dios y a sus mandamientos. &laquo;Mois&eacute;s tom&oacute; despu&eacute;s el libro de la Alianza y lo ley&oacute; ante el pueblo, que respondi&oacute;: &quot;obedeceremos y haremos todo cuanto ha dicho Yahveh&quot;&raquo; (<i>Ex<\/i> 24, 7).<\/p>\n<p align=\"left\">Entonces Mois&eacute;s dijo: &quot;Esta es la sangre de la alianza que Yahveh ha hecho con vosotros seg&uacute;n todas estas palabras\u00bb (<i>Ex <\/i>24, 8). Eran las palabras de los mandamientos divinos, el dec&aacute;logo. <i>La sangre<\/i> deb&iacute;a ser <i>el signo de la obediencia interior de las conciencias<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Cu&aacute;nto m&aacute;s esto tiene lugar en la Nueva Alianza de la Eucarist&iacute;a! &quot;Cu&aacute;nto m&aacute;s la Sangre de Cristo que, por el Esp&iacute;ritu Eterno se ofreci&oacute; a s&iacute; mismo sin tacha a Dios, purificar&aacute; de las obras muertas nuestra conciencia para rendir culto al Dios vivo&quot; (<i>Heb<\/i> 9, 14).<\/p>\n<p align=\"left\"><i>La Sangre de Cristo<\/i> permanece siempre como <i>el signo eficaz de la conversi&oacute;n de las conciencias humanas<\/i>. Permanece como signo de la obediencia al Dios Vivo. El signo del servicio, el servir al Dios Vivo quiere decir reinar.<\/p>\n<p align=\"left\">Esta es la vida, <i>la Vida nueva<\/i> que nace del sacrificio de Cristo, que nace en cada uno de nosotros. <i>La Eucarist&iacute;a nos llama<\/i> incesantemente a este renacimiento. Las &quot;obras muertas&quot; deben ceder su puesto a los actos de la fe viva. Y &eacute;stos son las obras de caridad que nos permiten participar de la vida de Dios, ya que Dios es amor.<\/p>\n<p align=\"left\">6. &quot;Alzar&eacute; la copa de la salvaci&oacute;n e invocar&eacute; el nombre del Se&ntilde;or .<\/p>\n<p align=\"left\"><i>La Eucarist&iacute;a y la vida<\/i>&#8230;: no se puede pronunciar en vano el nombre del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p align=\"left\">No se puede escuchar en vano su mandamiento nuevo: &quot;Amaos los unos a los otros. Que como yo os he amado as&iacute; os am&eacute;is tambi&eacute;n vosotros&quot; (<i>Jn<\/i> 13, 34). Tan cargado est&aacute; de vida nueva para nosotros.<\/p>\n<p align=\"left\">Y &iquest;cu&aacute;l es la novedad de este mandamiento? Es la suprema exigencia de la Nueva Alianza, cuya ley est&aacute; escrita en el coraz&oacute;n (cf. <i>Jer<\/i> 31, 33); su novedad consiste en el hecho de que antes de ser un precepto externo, es el don que Cristo nos hace de vivir con El y en El.<\/p>\n<p align=\"left\">El Pan eucar&iacute;stico es el Cuerpo que Jes&uacute;s nos da. Como El se ha ofrecido a S&iacute; mismo al Padre y a los hermanos, as&iacute; hemos de hacer nosotros. Esta es la alegre exigencia de la caridad.<\/p>\n<p align=\"left\">Debemos por ello vivir la donaci&oacute;n a Dios por medio de la pr&aacute;ctica de la virtud de la religi&oacute;n, que la oraci&oacute;n personal y el culto eucar&iacute;stico alimentan y acrecientan.<\/p>\n<p align=\"left\">Debemos desarrollar esta donaci&oacute;n en el trabajo, permitiendo de este modo que las realidades materiales, mediante el ofrecimiento de nuestro esfuerzo, se transformen en elementos para el reino (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 38).<\/p>\n<p align=\"left\">Debemos vivir esta donaci&oacute;n en la familia, creciendo as&iacute; en el amor rec&iacute;proco, que Dios ha purificado y santificado, y en la responsable apertura a la vida.<\/p>\n<p align=\"left\">He aqu&iacute; c&oacute;mo todos estos problemas de la vida moral de cada d&iacute;a, que exigen un renacimiento general de las conciencias, brotan de la Eucarist&iacute;a, de la Sangre y del sacrificio de Cristo, y a ella hacen una referencia precisa.<\/p>\n<p align=\"left\">7. <i>&quot;&iquest;Qu&eacute; dar&eacute; al Se&ntilde;or, por todo lo que me ha dado?&quot;<\/i> (<i>Sal<\/i> 115\/116, 12).<\/p>\n<p>Escuchemos una vez m&aacute;s al Salmista para volver a evocar a todos <i>aquellos que el Se&ntilde;or ha llamado aqu&iacute;<\/i> durante generaciones a su servicio y <i>que sigue llamando en nuestro tiempo.<\/i><\/p>\n<p>Podemos hacer aqu&iacute; referencia a los vers&iacute;culos siguientes del Salmo responsorial: &quot;Te ofrecer&eacute; un sacrificio de alabanza&#8230; cumplir&eacute; mis votos al Se&ntilde;or en presencia de todo el pueblo&quot; (<i>Sal<\/i> 115\/116, 17-18).<\/p>\n<p>Este culto espiritual lo ejercita todo creyente que, unido a Cristo y a los hermanos, constituye una comunidad de sacerdotes, la cual se edifica mediante la pr&aacute;ctica de los sacramentos y de las virtudes morales (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"> Lumen gentium<\/a><\/i>, 10). Por esto el Concilio Vaticano II ense&ntilde;a que el sacerdocio com&uacute;n de los, fieles y el ministerial, diferenci&aacute;ndose esencialmente y no s&oacute;lo en grado, est&aacute;n ordenados el uno al otro (cf. ib.). El presb&iacute;tero educa y rige el Pueblo de Dios, preside la Eucarist&iacute;a, administra el sacramento de la reconciliaci&oacute;n; por su parte, los fieles, concurren a la ofrenda eucar&iacute;stica y ejercen el sacerdocio com&uacute;n, sobre todo con el testimonio de la vida cristiana y la solicitud por el bien de toda la Iglesia y por la redenci&oacute;n de toda la humanidad, con el asiduo compromiso para lograr que el orden temporal se vaya haciendo conforme con el plan providencial de Dios.<\/p>\n<p>8. <i>Volvamos todav&iacute;a al Cen&aacute;culo.<\/i><\/p>\n<p>Cristo dice: &quot;Esta es mi sangre de la Alianza que es derramada por muchos. Os aseguro que no volver&eacute; a beber del fruto de la vid hasta el d&iacute;a que beba el vino nuevo en el reino de Dios&quot; (<i>Mc<\/i> 14, 24-25).<\/p>\n<p>El c&aacute;liz de la salvaci&oacute;n&#8230;<\/p>\n<p>Cristo nos gu&iacute;a hacia el t&eacute;rmino de esta v&iacute;a, en medio de la cual se encuentran la cruz en el Calvario y la Eucarist&iacute;a en el Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n. La Eucarist&iacute;a en la vida diaria de la Iglesia.<\/p>\n<p><i>La meta est&aacute; en el reino de Dios.<\/i> All&iacute; nos conduce a todos <i>Cristo<\/i>: El, &quot;Mediador de la Nueva Alianza&quot;, nos permite entrar en &eacute;l mediante su muerte, mediante el Cuerpo entregado en la cruz, mediante la Sangre derramada para el perd&oacute;n de los pecados.<\/p>\n<p><i>Nos conduce a todos&#8230;<\/i><\/p>\n<p>Porque todos estamos llamados a recibir &quot;la herencia eterna prometida&quot; (<i>Heb<\/i> 9, 15).<\/p>\n<p><i>El era esta promesa, y El es su realizaci&oacute;n.<\/i><\/p>\n<p>Y todos nosotros \u2014en El, con El y por El\u2014 para gloria del Padre en la unidad del Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p>Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/font> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1988 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A EMILIA SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DEL &laquo;CORPUS CHRISTI&raquo; HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Plasencia Domingo 5 de junio de 1988 &nbsp; 1. &quot;Alzar&eacute; la copa de la salvaci&oacute;n&quot; (Sal 115\/116, 13). Estamos reunidos, queridos hermanos y hermanas, para levantar la copa de la salvaci&oacute;n e invocar el Nombre del &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-junio-de-1988-santa-misa-en-la-solemnidad-del-corpus-christi-en-plasencia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab5 de junio de 1988, Santa misa en la solemnidad del \u00abCorpus Christi\u00bb, en Plasencia\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39927","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39927","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39927"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39927\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39927"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39927"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39927"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}