{"id":39930,"date":"2016-10-05T23:20:16","date_gmt":"2016-10-06T04:20:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-mayo-de-1988-celebracion-de-la-palabra-en-el-parque-quiteria-de-encarnacion-paraguay\/"},"modified":"2016-10-05T23:20:16","modified_gmt":"2016-10-06T04:20:16","slug":"18-de-mayo-de-1988-celebracion-de-la-palabra-en-el-parque-quiteria-de-encarnacion-paraguay","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-mayo-de-1988-celebracion-de-la-palabra-en-el-parque-quiteria-de-encarnacion-paraguay\/","title":{"rendered":"18 de mayo de 1988, Celebraci\u00f3n de la Palabra en el \u00abParque Quiteria\u00bb de Encarnaci\u00f3n (Paraguay)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, BOLIVIA, LIMA Y PARAGUAY<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>CELEBRACI&Oacute;N DE LA PALABRA EN EL <font face=\"Times New Roman\">&laquo;PARQUE QUITERIA&raquo;<\/font><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Encarnaci<font face=\"Times New Roman\">&oacute;n<\/font>, <\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"> Paraguay<br \/>Mi&eacute;rcoles 18 de mayo de 1988<\/font><\/i><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>\u201cAquel d&iacute;a sali&oacute; Jes&uacute;s de casa y se sent&oacute; a la orilla del mar. Y se reuni&oacute; tanta gente junto a &eacute;l, que hubo de subir a sentarse en una barca; toda la gente quedaba en la ribera. Y les habl&oacute; muchas cosas en par&aacute;bolas\u201d<\/i> (<i>Mt<\/i> 13, 1-3).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">1. He aqu&iacute; una de las escenas mas emotivas del Evangelio. Jes&uacute;s, sentado en la barca, ante una multitud inmensa, les expuso la par&aacute;bola del sembrador. Todav&iacute;a hoy nos parece o&iacute;r su voz que se dirige a cada uno de nosotros: \u201cUna vez sali&oacute; un sembrador a sembrar&#8230;\u201d (<i>Mt<\/i> 13, 3). La semilla de la Palabra de Dios, que Jes&uacute;s sembr&oacute; hace veinte siglos, es a&uacute;n hoy una realidad prometedora en vuestros corazones. Desde hace casi quinientos a&ntilde;os, la semilla de la Palabra divina fue sembrada en estas benditas tierras. Actualmente los creyentes, fruto de aquella semilla, son \u201cuna muchedumbre inmensa que nadie podr&iacute;a contar\u201d (<i>Ap<\/i> 7, 9)&nbsp;y que agradece a Dios el don de la fe y la salvaci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Me uno a todos vosotros en la acci&oacute;n de gracias por la llegada del Evangelio al Paraguay y por esta celebraci&oacute;n de amor y esperanza con los amad&iacute;simos fieles de esta tierra tan hermosa del sur paraguayo, donde se han fundido los aportes de diversas razas culturales. <\/p>\n<p align=\"left\">Mi saludo lleno de afecto se dirige al Pastor de esta prelatura de Encarnaci&oacute;n, as&iacute; como al de la di&oacute;cesis de San Juan Bautista de las Misiones y al de la prelatura del Alto Paran&aacute;, junto con sus sacerdotes, religiosos, religiosas y agentes de pastoral. A los dem&aacute;s hermanos en el Episcopado aqu&iacute; presentes, a los de la tierra argentina y tambi&eacute;n brasile&ntilde;a, despu&eacute;s a las autoridades civiles y militares y a todos los queridos hijos del Paraguay que est&aacute;n espiritualmente unidos a nosotros mediante la radio y la televisi&oacute;n, les hago llegar mi entra&ntilde;able saludo en el Se&ntilde;or. <\/p>\n<p align=\"left\">Quiero hablaros en esta ma&ntilde;ana con todo mi afecto de Pastor, como se habla a los seres queridos. Porque efectivamente vosotros est&aacute;is muy dentro de mi coraz&oacute;n. Por mi parte yo me siento entre vosotros como en familia, porque conozco el amor que profes&aacute;is al Papa, s&eacute; de vuestra hospitalidad tan conforme con la arraigada fe cristiana heredada de vuestros padres. <\/p>\n<p align=\"left\">2. La semilla sembrada por Jesucristo en vuestros corazones, ha dado ya mucho fruto durante los siglos pasados para bien de la naci&oacute;n paraguaya. Esta ha sabido conservar vigorosamente la fe, a pesar de las dificultades de diversa &iacute;ndole, surgidas aqu&iacute; y all&aacute; en momentos azarosos de vuestra historia patria. Verdaderamente la semilla de la Palabra de Dios ha ca&iacute;do \u201cen tierra buena\u201d (<i>Mt<\/i> 13, 8).<\/p>\n<p align=\"left\">S&eacute; que el centro de vuestra religiosidad lo ocupa <i>Jesucristo crucificado<\/i> o, como vosotros dec&iacute;s cari&ntilde;osamente, <i>&Ntilde;andeyara Jesucristo<\/i>. A El reserv&aacute;is un puesto preferencial en vuestros hogares y en vuestro amor. Ante esta imagen adorable del Se&ntilde;or, que ha dado la vida en sacrificio por nuestra redenci&oacute;n, os sent&iacute;s llamados a participar en el \u201csacrificio eucar&iacute;stico, fuente y cumbre de toda la vida cristiana\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 11).&nbsp; A la luz de Jes&uacute;s crucificado hab&eacute;is aprendido el significado profundo de todos sus misterios de encarnaci&oacute;n, pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n, principalmente en la celebraci&oacute;n de la Semana Santa y en otras loables manifestaciones de la religiosidad popular. <\/p>\n<p align=\"left\">Esta Palabra divina ha encontrado en vosotros una actitud mariana de \u201cmeditar en el coraz&oacute;n\u201d (cf. <i>Lc<\/i> 2, 19. 51),&nbsp; por medio del rezo del Rosario, que acostumbr&aacute;is a recitar como quien habla con su madrecita querida, confi&aacute;ndole vuestros gozos y penas. &iquest;No es verdad que, gracias a esta profunda devoci&oacute;n mariana, hab&eacute;is sabido defenderos contra las espinas y las piedras de que nos habla la par&aacute;bola del sembrador, y que no hubieran dejado fructificar la Palabra de Dios? Os invito pues a perseverar en esta pr&aacute;ctica mariana tan querida por la Iglesia y por el Papa. <\/p>\n<p align=\"left\">3. La semilla sembrada por Jes&uacute;s necesita encontrar hoy como ayer corazones y hogares que se abran generosamente al mensaje evang&eacute;lico de las bienaventuranzas y del mandamiento del amor. Vosotros sois \u201ccomo una muchedumbre inmensa&#8230; de toda naci&oacute;n, razas, pueblos y lenguas\u201d (<i>Ap<\/i> 7, 9).&nbsp; Gracias a vuestra fidelidad a la Palabra de Dios, a las exigencias del bautismo y al amor que se aprende en la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica, sois como aquella muchedumbre descrita por San Juan en el Apocalipsis: &laquo;Vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos&#8230; gritan con fuerte voz: \u201cLa salvaci&oacute;n es de nuestro Dios, que est&aacute; sentado en el trono, y del Cordero\u201d&raquo; (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 7, 9-10).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">Por este tesoro de vuestra fe, que guard&aacute;is celosamente como una herencia incomparable que no quer&eacute;is cambiar por bienes ef&iacute;meros y enga&ntilde;osos, y que valientemente defend&eacute;is ante el proselitismo de las sectas, quiero dar gracias a Dios con vosotros, recordando brevemente la historia de vuestra evangelizaci&oacute;n e inst&aacute;ndoos a proseguirla con entusiasmo, hasta transformaros vosotros mismos en misioneros de vuestros hermanos que pueblan el Paraguay de hoy. <\/p>\n<p align=\"left\">Dios ha sido bueno con vuestro pueblo, gui&aacute;ndolo con una providencia especial, que ha marcado vuestra historia con el signo de la cruz salv&iacute;fica de Cristo. Para agradecer al Se&ntilde;or el don de la fe, hay que reconocer tambi&eacute;n esta historia de gracia, pues si un pueblo perdiera sus ra&iacute;ces culturales y religiosas, perder&iacute;a tambi&eacute;n su propia identidad. Reconocer y agradecer los comienzos de la evangelizaci&oacute;n de vuestro pueblo es el mejor modo de prepararse para una <i>nueva evangelizaci&oacute;n<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\">4. La Iglesia, como bien sab&eacute;is, se est&aacute; preparando para celebrar el V centenario de la evangelizaci&oacute;n de Am&eacute;rica Latina. Estos cinco siglos de presencia de la Buena Nueva en este continente de la esperanza, ha de ser un potente llamado a todos, Pastores y fieles, a asumir con responsabilidad la misi&oacute;n de difundir la luz de Cristo para que brille cada vez con mayor intensidad en las conciencias y en los corazones de todos los habitantes de estas tierras. <\/p>\n<p align=\"left\">El pueblo paraguayo es un pueblo constituido en su inmensa mayor&iacute;a por fieles cat&oacute;licos, que sienten con sano orgullo su condici&oacute;n de hijos de la Iglesia y de hijos de Dios. Vosotros sois los dignos herederos de aquellos hombres y mujeres que os trajeron la semilla de la fe. <\/p>\n<p align=\"left\"><i>Ndaiporiko, a yby\u2019ari, mba\u2019ev&eacute; tuichav&eacute;va pe &Ntilde;andeyara Jesucristo &ntilde;e\u2019 eng&uuml;&eacute;g&uuml;i. Pe &ntilde;angarek&oacute;kena pe fe cristiana pe rek&oacute;va rehe. Pe &ntilde;angarek&oacute;, pe mo mbaret&eacute; ha pe mo mba\u2019 ap&oacute; mboraybundive, tekoyoy&aacute;, &ntilde;epytyv&oacute; ha yekopytype<\/i>. (No hay en este mundo nada que sea m&aacute;s valioso que la Palabra de Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo. Deb&eacute;is conservar vuestra fe con gran cuidado. Deb&eacute;is conservarla y hacerla cada vez m&aacute;s firme en la pr&aacute;ctica del amor, la justicia, la solidaridad y la concordia). <\/p>\n<p align=\"left\">La implantaci&oacute;n de la Iglesia en el Paraguay ha quedado vinculada a la incansable y sacrificada labor apost&oacute;lica de los grandes evangelizadores de los siglos XVI y XVII, quienes llegaron a la que en otro tiempo se llamaba Provincia Gigante de las Indias, y que se extend&iacute;a mucho m&aacute;s all&aacute; de las actuales fronteras del Paraguay. <\/p>\n<p align=\"left\">Figuras como las de San Roque Gonz&aacute;lez de Santa Cruz y compa&ntilde;eros m&aacute;rtires, a quienes he tenido el gozo de canonizar en la misma tierra por la que entregaron sus vidas, fray Luis Bola&ntilde;os, fray Alonso de San Buenaventura, fray Juan de San Bernardo y tantos otros, sembraron la semilla evang&eacute;lica que a lo largo del tiempo ir&iacute;a echando ra&iacute;ces hasta penetrar en el alma de la sociedad paraguaya. <\/p>\n<p align=\"left\">La primera evangelizaci&oacute;n del Paraguay corri&oacute; a cargo de padres mercedarios, dominicos, jesuitas, franciscanos y de sacerdotes seculares, venidos de Espa&ntilde;a, los cuales esparcieron a manos llenas la buena semilla del Evangelio. A aquella labor inicial vino a sumarse el trabajo apost&oacute;lico de tantos catequistas laicos, hombres y mujeres, que colaboraron con los p&aacute;rrocos en el campo de la catequesis mayor, llamada tambi&eacute;n \u201cconferencias\u201d. La obra evangelizadora se fue desarrollando dentro de un ambiente en el que fueron conservados y promovidos los <i>valores de las culturas aut&oacute;ctonas<\/i>. Los nuevos pueblos que nac&iacute;an a la fe fueron dej&aacute;ndose penetrar, generaci&oacute;n tras generaci&oacute;n, por la doctrina de salvaci&oacute;n, bajo la gu&iacute;a de los abnegados misioneros, los cuales conviv&iacute;an con el hombre paraguayo en los bosques y en las encomiendas, en las situaciones de libertad y en las de explotaci&oacute;n, participando de su estilo de vida, de sus usos y costumbres, y hablando su propio idioma. <\/p>\n<p align=\"left\">5. Fray Luis Bola&ntilde;os, el gran misionero que recorri&oacute; pueblos y reducciones a lo largo y ancho del Paraguay, tradujo al guaran&iacute; el catecismo m&iacute;nimo del Concilio de Lima del a&ntilde;o 1583, que hab&iacute;a presidido Santo Toribio de Mogrovejo. Durante mucho tiempo este catecismo fue el gran instrumento de evangelizaci&oacute;n del Paraguay. El obispo franciscano fray Mart&iacute;n Ignacio de Loyola \u2013 sobrino del fundador de la compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s\u2013 convoc&oacute; el S&iacute;nodo de Asunci&oacute;n de 1603, donde se decidi&oacute; que la evangelizaci&oacute;n de los indios deb&iacute;a hacerse en lengua guaran&iacute;, adoptando adem&aacute;s como catecismo oficial el \u201cCatecismo limense\u201d que hab&iacute;a traducido fray Luis Bola&ntilde;os. Los primeros misioneros comprendieron muy bien que toda evangelizaci&oacute;n deb&iacute;a efectuarse en el contexto cultural de los pueblos evangelizados, si de veras se quer&iacute;a llegar a su mente y a su coraz&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Es digno de ser notado que los primeros evangelizadores se preocuparon por responsabilizar tambi&eacute;n a los laicos en la misi&oacute;n de la Iglesia favoreciendo las asociaciones piadosas, caritativas y catequ&iacute;sticas, que daban marco comunitario y p&uacute;blico a las expresiones de la fe. La Tercera Orden Franciscana y otras asociaciones desarrollaron, al respecto, una relevante labor en el terreno de la formaci&oacute;n cristiana de la familia y de la catequesis. <\/p>\n<p align=\"left\">Junto a esta constante solicitud por encarnar en las nuevas culturas el mensaje salvador de Cristo, mediante la palabra y los sacramentos, hay que destacar tambi&eacute;n la actitud de aquellos celosos misioneros en lo que se refiere a la <i>defensa de los ind&iacute;genas<\/i> frente a los abusos a que, a veces, se ve&iacute;an sometidos. <\/p>\n<p align=\"left\">El camino de la evangelizaci&oacute;n continu&oacute; abri&eacute;ndose paso con empuje en los siglos venideros a pesar de que no faltaron situaciones dif&iacute;ciles, contra las cuales tuvo que enfrentarse la Iglesia, y que constituyen p&aacute;ginas gloriosas de la historia de la cristianizaci&oacute;n del Paraguay. <\/p>\n<p align=\"left\">6. A la vista de este breve panorama de la evangelizaci&oacute;n de vuestro pa&iacute;s, el Sucesor de Pedro, compartiendo vuestro mismo sentir, da fervientes gracias a Dios porque la semilla de los primeros sembradores que llegaron a vuestra tierra ha dado el fruto prometido por Jes&uacute;s. <\/p>\n<p align=\"left\">Mas las glorias del pasado no han de ser sino estimulo para acometer nuevas empresas. Y hoy como ayer el mensaje cristiano ha de continuar suscitando nuevos ap&oacute;stoles que hagan presente en la sociedad el amor multiforme de Cristo, que salva y llama a una mayor fraternidad a cuantos forman parte de la gran familia paraguaya. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos y hermanas: El mejor modo de agradecer el don de la evangelizaci&oacute;n consiste en colaborar activa y responsablemente en la acci&oacute;n evangelizadora actual. La semilla de la Palabra de Dios sigue cayendo en vuestros corazones. &iquest;C&oacute;mo lograr hoy que esta semilla siga encontrando una \u201ctierra buena\u201d que produzca el ciento por uno? Hay que disponerse, pues, para emprender una <i>nueva evangelizaci&oacute;n<\/i> que salve los valores recibidos del pasado y que los sepa insertar, adapt&aacute;ndolos, con fidelidad y generosidad, a las nuevas circunstancias. <\/p>\n<p align=\"left\">Tambi&eacute;n a vuestro pueblo han llegado las repercusiones de una concepci&oacute;n de la vida que coloca el poseer por encima del ser; la ganancia y el af&aacute;n de dominio por encima de la persona humana y sus necesidades. No faltan tampoco ideas y pr&aacute;cticas materialistas que imponen nuevos modos de comportamiento y que relativizan principios fundamentales de la moral cristiana, como si estuvieran a merced de los cambios de cada &eacute;poca. <\/p>\n<p align=\"left\">Como consecuencia de ello surgen las dudas sobre la fe. Hay personas que se sienten turbadas y confusas, casi amedrentadas, con el riesgo de encerrarse todav&iacute;a m&aacute;s en un cristianismo sin influencia en la vida social, econ&oacute;mica y pol&iacute;tica. Como ya indic&oacute; mi venerado predecesor el Papa Pablo VI, se necesita una nueva evangelizaci&oacute;n \u201ca causa de las situaciones de descristianizaci&oacute;n frecuentes en nuestros d&iacute;as, para gran n&uacute;mero de personas que recibieron el bautismo, pero viven al margen de toda vida cristiana; para las gentes sencillas que tienen una cierta fe, pero conocen poco los fundamentos de la misma; para los intelectuales que sienten necesidad de conocer a Jesucristo bajo una luz distinta de la ense&ntilde;anza que recibieron en su infancia, y para otros muchos\u201d (<i><a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/i>, 52).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">7. &iexcl;Amad&iacute;simos hijos y hijas del Paraguay! El divino Sembrador, por medio del Sucesor de Pedro, os llama de nuevo a recibir la semilla evang&eacute;lica para hacerla fructificar en vuestros corazones, en vuestras familias, en vuestros pueblos y en toda la vida social. Estoy seguro de que esta semilla evang&eacute;lica, que os convierte en otros tantos sembradores y ap&oacute;stoles, va a encontrar una tierra abonada, sin espinas ni abrojos. Deseo que \u201cla Palabra de Cristo habite en vosotros en toda su riqueza\u201d (<i>Col<\/i> 3, 16),&nbsp;\u201cpara que la Palabra del Se&ntilde;or siga propag&aacute;ndose\u201d (<i>2Ts<\/i> 3, 1).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">A vosotros os llamo a construir la sociedad en el amor y en la solidaridad cristiana. Como escrib&iacute; en mi reciente Enc&iacute;clica sobre la preocupaci&oacute;n social de la Iglesia, \u201c<i>la solidaridad<\/i> nos ayuda a ver al \u201cotro\u201d \u2013<i>persona, pueblo o naci&oacute;n<\/i>\u2013, no como un instrumento cualquiera para explotar a poco costo su capacidad de trabajo y resistencia f&iacute;sica, abandon&aacute;ndolo cuando ya no sirve, sino como un \u201csemejante\u201d nuestro, una \u201cayuda\u201d (cf. <i>Gen<\/i> 2, 18. 20),&nbsp; para hacerlo part&iacute;cipe como nosotros del banquete de la vida al que todos los hombres son igualmente invitados por Dios. De aqu&iacute; la importancia de despertar <i>la conciencia religiosa<\/i> de los hombres y de los pueblos\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0042\/__P6.HTM\">Sollicitudo rei socialis<\/a><\/i>, 39).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">A todos, os llamo, pues, a colaborar en la nueva evangelizaci&oacute;n, que debe \u201calcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de inter&eacute;s, las l&iacute;neas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que est&aacute;n en contraste con la Palabra de Dios y con el designio de salvaci&oacute;n\u201d (<i><a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/i>, 19).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">8. &iquest;C&oacute;mo conseguir, pues, que vuestra fe no solamente resista las embestidas de ideolog&iacute;as y praxis que atentan a los principios cristianos, sino que se convierta en transformadora de vuestras vidas, evangelizadora de la sociedad entera? <\/p>\n<p align=\"left\">Lo primero que se necesita para que vuestra fe cristiana se haga evangelizadora es una \u201c<i>profunda renovaci&oacute;n interior<\/i>\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/i>, 35).&nbsp; A partir de esta renovaci&oacute;n, sabr&eacute;is hacer llegar el anuncio evang&eacute;lico a todos los rincones de vuestra tierra, hasta la ra&iacute;z de las nuevas situaciones sociales e incluso m&aacute;s all&aacute; de vuestras fronteras. <\/p>\n<p align=\"left\">Vuestros obispos os han trazado un <i>Plan de pastoral de la Iglesia en el Paraguay<\/i>, a fin de \u201cevangelizar el hombre paraguayo en su cultura\u201d. Se trata de una cultura b&aacute;sicamente cristiana, de un substrato cat&oacute;lico que se debe revitalizar d&aacute;ndole simult&aacute;neamente expansi&oacute;n y dimensiones acordes con las exigencias del mundo moderno. El pueblo cristiano del Paraguay saldr&aacute; airoso de las pruebas y desaf&iacute;os si sabe actualizar su fe con la luz del Evangelio en la animaci&oacute;n integral de la vida individual, familiar y ciudadana. <\/p>\n<p align=\"left\">Sab&eacute;is muy bien que la evangelizaci&oacute;n es tarea de todos: Pastores y fieles, sacerdotes y laicos. <\/p>\n<p align=\"left\">El Concilio Vaticano II ha puesto suficientemente de relieve el papel que corresponde al laico cat&oacute;lico en la misi&oacute;n de la Iglesia. Su primer deber, nos dice, es el de <i>ser verdaderos ap&oacute;stoles<\/i>, porque el apostolado que se realiza personalmente \u201ces el principio y la condici&oacute;n de todo apostolado seglar, incluso del asociado, y nada puede sustituirlo\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651118_apostolicam-actuositatem_sp.html\">Apostolicam Actuositatem<\/a><\/i>, 16).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">Pero &iquest;c&oacute;mo podr&aacute; el cristiano ser ap&oacute;stol, c&oacute;mo podr&aacute; transmitir a los dem&aacute;s la verdad de Cristo, si &eacute;l mismo no lo ha puesto en el centro de su vida? <\/p>\n<p align=\"left\">9. Por esto precisamente quiero recordaros que \u201cla consigna principal que el Vaticano II ha dado a todos los hijos y hijas de la Iglesia es la santidad&#8230; <i>La tensi&oacute;n a la santidad es el punto clave de la renovaci&oacute;n delineada por el Concilio<\/i>\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/angelus\/1987\/documents\/hf_jp-ii_ang_19870329.html\">&Aacute;ngelus del 29 de marzo de 1987<\/a><\/i>).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">Esta es, fundamentalmente, la obra evangelizadora que necesita nuestro tiempo. Comprend&eacute;is que no se trata de un programa circunstancial; antes bien, la santidad es la plenitud de la vocaci&oacute;n cristiana, que debe ser vivida por todos los miembros de la Iglesia y anunciada con nuevo ardor al mundo entero. En cada hombre o mujer redimido por Cristo debe encontrar un eco vital este mandato del Maestro, que es la s&iacute;ntesis de su ense&ntilde;anza: \u201cSed perfectos, como es perfecto vuestro Padre celestial\u201d (<i>Mt<\/i> 5, 48).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\"><i>An&iacute; kena ikangyti, an&iacute; kena ipiruti pe nde apytepe ko &Ntilde;andeyara teet&eacute; ha Ta\u2019yra Jesucristo rehe perekova yerovi&aacute; ha mborayh&uacute;<\/i>. (Que no se debilite ni se agoste entre vosotros la fe en Dios y en Jesucristo, as&iacute; como su amor). <\/p>\n<p align=\"left\">El Concilio Vaticano II proclam&oacute; solemnemente la vocaci&oacute;n universal a la santidad (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"> Lumen gentium<\/a><\/i>, cap. V),&nbsp;e hizo ver que ella \u201cconstituye un t&iacute;tulo del honor del laicado cat&oacute;lico y el secreto para realizar totalmente el propio papel en la Iglesia y en la sociedad\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/angelus\/1987\/documents\/hf_jp-ii_ang_19870329.html\">&Aacute;ngelus del 29 de marzo de 1987<\/a><\/i>).&nbsp; Los obispos de todo el mundo, al finalizar el &uacute;ltimo S&iacute;nodo, han vuelto tambi&eacute;n a ense&ntilde;arlo: \u201cEs en el puesto que (los laicos) ocupan en la vida donde tienen que buscar la santidad: en la familia, la profesi&oacute;n, la cultura, las responsabilidades sociales y pol&iacute;ticas\u201d (S&iacute;nodo de los Obispos 1987, <i>Propositiones finales<\/i>, 29 de octubre de 1987), &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">La raz&oacute;n &uacute;ltima de la evangelizaci&oacute;n es, por tanto, ir a las ra&iacute;ces de nuestro ser de hijos de Dios para tender decididamente a la santidad. Si esta tensi&oacute;n es aut&eacute;ntica, sus frutos no tardar&aacute;n en aparecer: habr&aacute; una sol&iacute;cita preocupaci&oacute;n por los m&aacute;s pobres y necesitados; por los que sufren y padecen enfermedad; por los que no tienen techo ni alimento; por los que desconocen la paz de Dios. <i>La pr&aacute;ctica de la justicia y de la misericordia<\/i> ser&aacute;n las reglas de la conducta privada y p&uacute;blica; las preocupaciones ajenas se har&aacute;n propias. En una palabra: la \u201ccivilizaci&oacute;n del amor\u201d ser&aacute; una realidad; por lo menos alzar&aacute; los pasos para ser una realidad. <\/p>\n<p align=\"left\">10. Y, podemos preguntarnos: &iquest;Cu&aacute;l es el papel de los sacerdotes, de los religiosos y religiosas en esta nueva evangelizaci&oacute;n a la que nos convoca la proximidad del V centenario de la llegada de la fe a este continente? Ayer, en la catedral de Asunci&oacute;n, reflexion&aacute;bamos sobre los criterios que han de orientar al Pastor de almas, al agente pastoral en su tarea evangelizadora. <\/p>\n<p align=\"left\">Dejadme ahora a&ntilde;adir esto en Encarnaci&oacute;n: &iquest;C&oacute;mo se renovar&iacute;a el sacrificio de la Cruz si no hubiera sacerdotes? &iquest;C&oacute;mo se alimentar&iacute;an las almas con el pan eucar&iacute;stico, c&oacute;mo renovar&iacute;an sus fuerzas en la reconciliaci&oacute;n si no hubiera sacerdotes? Si ellos faltaran, &iquest;a d&oacute;nde ir&iacute;an los fieles laicos a buscar la Palabra de Dios, el consejo prudente, la sabidur&iacute;a de la verdad revelada? <\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Qui&eacute;nes atender&iacute;an tantas labores imprescindibles de promoci&oacute;n social, de educaci&oacute;n y de asistencia, si faltaran los sacerdotes, las religiosas y los religiosos, que por la salvaci&oacute;n de los hombres han ofrecido a Cristo su vida entera? &iquest;C&oacute;mo respirar&iacute;a el cuerpo de la Iglesia sin la oraci&oacute;n incesante de las almas consagradas a Dios? <\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Hermanos y hermanas paraguayos! <i>&iexcl;Rezad por vuestros sacerdotes y pedid a Dios que env&iacute;e m&aacute;s vocaciones al sacerdocio!<\/i> &iexcl;Invocad a la Sant&iacute;sima Virgen, sobre todo con el rezo del Santo Rosario, para pedirle que suscite m&aacute;s decisiones de entrega a Dios! Sin vocaciones sacerdotales y religiosas, la nueva evangelizaci&oacute;n ser&iacute;a una ilusi&oacute;n imposible. Con ellas, en cambio, est&aacute; asegurado el ardor apost&oacute;lico de todo el Pueblo de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\">11. &iexcl;C&oacute;mo me gustar&iacute;a, amados hijos y hijas del Paraguay, continuar esta conversaci&oacute;n con cada uno de vosotros! Mirando a los j&oacute;venes quisiera transmitirles el \u201cs&iacute;gueme\u201d del Se&ntilde;or (cf. <i>Mc<\/i> 10, 21).&nbsp;Entrando en cada uno de vuestros hogares, quisiera sentirme envuelto por vuestra religiosidad y, al mismo tiempo, llamaros a seguir con fidelidad y generosidad las ense&ntilde;anzas evang&eacute;licas. Quisiera hablar de t&uacute; a t&uacute; con todos los que busc&aacute;is la verdad, la luz, el bien. Quisiera comunicarme con todos los que sufr&iacute;s la soledad, el dolor o la marginaci&oacute;n, para anunciaros que pod&eacute;is \u201ccompletar los sufrimientos de Cristo por el bien de su cuerpo que es la Iglesia\u201d(<i>Col<\/i> 1, 24). Quisiera sembrar en el coraz&oacute;n de cada cat&oacute;lico paraguayo todo el Evangelio, para que fructifique el ciento por uno, hasta el punto de que cada bautizado se convierta en un santo y en un ap&oacute;stol. <\/p>\n<p align=\"left\">Estos son mis deseos, en este momento en que agradezco con vosotros el don de la fe recibida hace ya casi cinco siglos, en este bendito pueblo que posee un coraz&oacute;n y un lenguaje lleno de armon&iacute;a y abierto al universo. <\/p>\n<p align=\"left\">Que la Virgen Mar&iacute;a, la Pura y Limpia Concepci&oacute;n, os conserve y aumente vuestro amor a Jes&uacute;s crucificado, para que vuestras vidas se orienten hacia la Eucarist&iacute;a y hacia el mandamiento del amor. <\/p>\n<p align=\"left\"><i>Ta imbaret&eacute; ha to mimb&iacute; kena opa ara ko mborayh&uacute; ha yerovi&aacute; pe recova Tupas&yacute; Caacup&eacute;, Virgen Mar&iacute;a rehe<\/i>. (Que se fortalezca y que irradie siempre este amor y confianza que ten&eacute;is en la Virgen Mar&iacute;a de Caacup&eacute;). <\/p>\n<p align=\"left\">A todos os bendigo de coraz&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/font> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1988 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, BOLIVIA, LIMA Y PARAGUAY CELEBRACI&Oacute;N DE LA PALABRA EN EL &laquo;PARQUE QUITERIA&raquo; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Encarnaci&oacute;n, ParaguayMi&eacute;rcoles 18 de mayo de 1988 &nbsp; &nbsp; \u201cAquel d&iacute;a sali&oacute; Jes&uacute;s de casa y se sent&oacute; a la orilla del mar. Y se reuni&oacute; tanta gente junto a &eacute;l, que &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-mayo-de-1988-celebracion-de-la-palabra-en-el-parque-quiteria-de-encarnacion-paraguay\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab18 de mayo de 1988, Celebraci\u00f3n de la Palabra en el \u00abParque Quiteria\u00bb de Encarnaci\u00f3n (Paraguay)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39930","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39930","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39930"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39930\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39930"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39930"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39930"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}