{"id":39931,"date":"2016-10-05T23:20:17","date_gmt":"2016-10-06T04:20:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-mayo-de-1988-santa-misa-para-los-agricultores-en-villarrica-paraguay\/"},"modified":"2016-10-05T23:20:17","modified_gmt":"2016-10-06T04:20:17","slug":"17-de-mayo-de-1988-santa-misa-para-los-agricultores-en-villarrica-paraguay","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-mayo-de-1988-santa-misa-para-los-agricultores-en-villarrica-paraguay\/","title":{"rendered":"17 de mayo de 1988, Santa misa para los agricultores en Villarrica (Paraguay)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, BOLIVIA, LIMA Y PARAGUAY<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA PARA LOS AGRICULTORES<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Villarrica, <\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"> Paraguay<br \/>&nbsp;Martes 17 de mayo de 1988<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>\u201cEl reino de Dios es como un hombre que echa simiente en la tierra\u201d<\/i> (<i>Mc<\/i> 4, 26).<\/p>\n<p>1. Despu&eacute;s de escuchar estas palabras de la par&aacute;bola de Cristo, tan evocadoras para todos los presentes, saludo cordialmente y doy la bienvenida a todos los que particip&aacute;is hoy en esta Eucarist&iacute;a: al obispo de esta di&oacute;cesis, a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas, a autoridades y a todas las familias; a los pobladores de estas tierras y a los habitantes de esta hermosa ciudad de Villarrica; as&iacute; como a los venidos de lugares tan lejanos como Concepci&oacute;n, a quienes saludo con particular afecto, de Pedro Juan Caballero, San Pedro, Hernandarias, Puerto Presidente Stroessner; o de sitios m&aacute;s cercanos, como Caaguaz&uacute;, Arroyos y Esteros, Caazap&aacute; y San Juan Bautista de las Misiones. Dirijo un saludo particular al Pastor, clero y fieles de la di&oacute;cesis Coronel Oviedo. Pero, sobre todo, deseo dirigirme a vosotros, queridos hermanos y hermanas agricultores: <\/p>\n<p><i>Che coraz&oacute;it&eacute; g&uuml;iv&eacute;, po mo maitei opait&eacute; chokoku&eacute; mba\u2019ap&oacute; hara pe<\/i> (De todo coraz&oacute;n os saludo a todos vosotros campesinos, trabajadores de la tierra). <\/p>\n<p>2. Vosotros y vuestras familias <i>sab&eacute;is lo que significa sembrar la semilla en la tierra<\/i>. Intu&iacute;s quiz&aacute; mejor que nadie, gracias a la propia experiencia, lo que Cristo quiere decir con la par&aacute;bola del sembrador. Sab&eacute;is tambi&eacute;n que, \u201cde noche y de d&iacute;a, la semilla germina y va creciendo\u201d(<i>Mc<\/i> 4, 27) , mientras el hombre que la ha sembrado duerme o vela. La semilla crece y &eacute;l mismo no sabe c&oacute;mo. Es la tierra la que \u201cva produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, despu&eacute;s el grano\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 4, 28).&nbsp; <\/p>\n<p><i>Cristo habla de la tierra que produce el fruto por si sola<\/i>; pero al mismo tiempo <i>se refiere al trabajo desarrollado por el hombre<\/i>. En efecto, el campesino despu&eacute;s de haber realizado su trabajo como sembrador de la semilla, queda a la espera de poder continuarlo recogiendo la cosecha. \u201cCuando el grano est&aacute; a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 4, 29).&nbsp; <\/p>\n<p>3. Las palabras de Jes&uacute;s indican <i>la semejanza entre vuestro trabajo en los campos y el misterio del reino de Dios<\/i>. Por eso se os invita a que, mientras est&aacute;is trabajando, os esforc&eacute;is en encontrar este reino al cual todos somos llamados por Dios en Jesucristo. Pues dice el Profeta: \u201c<i>Buscad al Se&ntilde;or<\/i> mientras est&aacute; cerca\u201d(<i>Is<\/i> 55, 6).&nbsp;El trabajo en los campos y el contacto con la naturaleza crean unas condiciones favorables para que el hombre pueda acercarse mejor a su Creador. <\/p>\n<p>El hombre, desde el principio, fue llamado por Dios para \u201csometer la tierra y dominarla\u201d (<i>Gen<\/i> 1, 28). Por eso el trabajo del campo es el primero que se le encomienda, como leemos en el G&eacute;nesis: \u201cTom&oacute; Yavh&eacute; al hombre y le dej&oacute; en el jard&iacute;n del Ed&eacute;n <i>para que lo labrase y cuidase<\/i>\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 2, 15).&nbsp;Era un trabajo sencillo y placentero, ya que el Creador hab&iacute;a confiado al cuidado de hombre \u201ctoda hierba de semilla que existe sobre la faz de la tierra y todo &aacute;rbol que lleva fruto de semilla\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 1, 29),&nbsp;y en el jard&iacute;n del Ed&eacute;n, el mismo Dios hab&iacute;a hecho \u201cbrotar del suelo toda clase de &aacute;rboles deleitosos a la vista y buenos para comer, y en medio del jard&iacute;n, el &aacute;rbol de la vida\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 2, 9).&nbsp; <\/p>\n<p>En este relato \u201caparece ya inscrita esta verdad fundamental: <i>el hombre<\/i>, creado a imagen de Dios, <i>participa en la obra del Creador mediante su trabajo<\/i>: es colaborador de su Creador\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0037\/__PR.HTM\">Laborem exercens<\/a><\/i>, 25).&nbsp; Y esta verdad, que se refiere a cualquier trabajo humano, por insignificante que parezca, <i>se aplica de una manera especial en los trabajos del campo<\/i>. <\/p>\n<p>4. <i>&iexcl;C&oacute;mo no recordar aqu&iacute; tantas expresiones salidas de los labios de Cristo!<\/i> &iexcl;La frecuencia con que compara el reino de los cielos a fen&oacute;menos hechos o labores que podemos contemplar casi a diario en la naturaleza! &iexcl;El conocimiento de las faenas agr&iacute;colas que revelan sus ejemplos! <\/p>\n<p>Jes&uacute;s habla del labrador, de la siembra y la siega (cf. <i>Mc<\/i> 4, 26-29),&nbsp;de los lirios del campos y de los p&aacute;jaros (cf. <i>Ib&iacute;d<\/i>. 6, 25-34),&nbsp;de la ciza&ntilde;a y el trigo (cf. <i>Mt<\/i> 13, 24-30),&nbsp;del vino y del aceite (cf. <i>Lc<\/i> 16, 1-12).&nbsp; Se compara a S&iacute; mismo con la vid verdadera y a su Padre con el vi&ntilde;ador (<i>Jn<\/i> 15, 1).&nbsp; Y, sin embargo,<i> &iexcl;qu&eacute; lejos quedan<\/i> para algunos todas sus ense&ntilde;anzas! Se dir&iacute;a que, a medida que progresan en el sometimiento y dominio de la tierra, se van olvidando cada vez m&aacute;s de Dios, Creador de ella y de cuanto contiene. <\/p>\n<p>\u201cEl reino de los cielos es semejante a un hombre que sembr&oacute; buena semilla en su campo. Pero, mientras la gente dorm&iacute;a, vino su enemigo, sembr&oacute; encima ciza&ntilde;a entre el trigo, y se fue\u201d (<i>Mt<\/i> 13, 24-25).&nbsp; <\/p>\n<p>En este campo sembrado, que se refiere a la vida, don de Dios para cada uno de nosotros, aparece con frecuencia la <i>ciza&ntilde;a<\/i>, esparcida aqu&iacute; y all&aacute; por el <i>enemigo<\/i>. En efecto, <i>vosotros sab&eacute;is bien<\/i> cu&aacute;les son las consecuencias del pecado original. Hab&eacute;is experimentado la profunda verdad que encierran aquellas palabras del G&eacute;nesis: \u201cCon fatiga sacar&aacute;s&#8230; el alimento, todos los d&iacute;as de tu vida. Espinas y abrojos te producir&aacute;, y comer&aacute;s la hierba del campo. Con el sudor de tu rostro comer&aacute;s el pan\u201d (<i>Gen<\/i> 3, 17-19)&nbsp; <i>&iexcl;Cu&aacute;nto trabajo para que la simiente echada en tierra fructifique<\/i> abundantemente! Limpiar la maleza, desmontar, encauzar las aguas, luchar contra las plagas, todas esas tareas exigen vuestra dedicaci&oacute;n antes de la cosecha. &iexcl;Cu&aacute;nta fatiga! &iexcl;Cu&aacute;ntas preocupaciones y incertidumbres ante el presente y ante el futuro! <\/p>\n<p>Porque, si bien es cierto que esta fertil&iacute;sima tierra que Dios os ha dado premia abundantemente vuestros esfuerzos, cu&aacute;ntas veces los que trabajan no pueden gozar de sus frutos. La falta de paz y tranquilidad ante la incertidumbre por el futuro familiar o el carecer de un adecuado sistema de previsi&oacute;n social; la intransigencia en cuanto a salarios y contrataciones injustas se refiere y hasta los escollos que hay que superar para acceder a la propiedad, son algunas de las modernas espinas y abrojos que aumentan las ya dif&iacute;ciles condiciones de vuestro trabajo. A todo esto se a&ntilde;aden, despu&eacute;s, nuevos problemas: la comercializaci&oacute;n de vuestros productos, los precios regulados desde las ciudades, las cuestiones de pol&iacute;tica comercial a nivel nacional y internacional; en resumen: los intereses de tantos que, no teniendo en cuenta las exigencias del bien com&uacute;n ni las necesidades cada d&iacute;a m&aacute;s insoslayables de los campesinos, ponen ante s&iacute; como &uacute;nica meta la ganancia a toda costa. <\/p>\n<p>Muchos centran todo su af&aacute;n en acumular el mayor n&uacute;mero de bienes y <i>consideran el derecho a la propiedad como algo absoluto<\/i>, olvidando que est&aacute; \u201csubordinado al derecho de uso com&uacute;n, al destino universal de los bienes\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0037\/__PG.HTM\">Laborem exercens<\/a><\/i>, 14),&nbsp; A este respecto olvidan aquella advertencia del Ap&oacute;stol Santiago: \u201cEl salario que no hab&eacute;is pagado a los obreros que laboraron vuestros campos est&aacute; gritando; y los gritos de los segadores han llegado a los o&iacute;dos del Se&ntilde;or de los ej&eacute;rcitos\u201d (<i>St<\/i> 5, 4);&nbsp; pues se comportan como si nunca tuvieran que dar cuenta a Dios de su administraci&oacute;n (cf. <i>Lc<\/i> 16, 2).&nbsp; <\/p>\n<p>5. La soluci&oacute;n de tan numerosos problemas del campo requiere la colaboraci&oacute;n solidaria de todos los sectores de la sociedad. Hoy d&iacute;a el trabajo agr&iacute;cola moderno est&aacute; vinculado tambi&eacute;n a las ciudades, donde pueden entorpecer o, al contrario, perfeccionarse los mecanismos econ&oacute;micos y jur&iacute;dicos sin los cuales la producci&oacute;n del campo, por abundante que sea, seguir&aacute; beneficiando principalmente a unos pocos. <\/p>\n<p>Por un sentimiento de solidaridad y m&aacute;s a&uacute;n por un deber de justicia, <i>las autoridades p&uacute;blicas<\/i> y todos aquellos cuya actividad empresarial o profesional se relaciona directa o indirectamente con el campo, <i>deben sentirse obligadas a buscar una soluci&oacute;n a los conflictos que la sociedad campesina de vuestra tierra presenta<\/i> en la actualidad. El desarrollo progresivo de la industria, el comercio y los servicios no deben gravar indebidamente sobre el mundo agr&iacute;cola. A su vez, los incrementos de productividad conseguidos en la agricultura, la ganader&iacute;a y los bosques deben revertir en retribuciones justas y en la mejora de la calidad de vida de todos los trabajadores y de sus familias. <\/p>\n<p>Los peque&ntilde;os productores independientes debieran contar sin contrastes de ninguna &iacute;ndole con la posibilidad de acceder libremente a sistemas de comercializaci&oacute;n y transformaci&oacute;n que no les perjudiquen. Por &uacute;ltimo, es de desear que se arbitren las medidas oportunas para que <i>cada vez sean m&aacute;s los que tengan acceso a la propiedad de la tierra<\/i> que trabajan: esto ser&aacute; sin duda alguna una garant&iacute;a de desarrollo y estabilidad social. <\/p>\n<p><i>Los valores propios de vuestro car&aacute;cter paraguayo<\/i> \u2013amistad generosa, prontitud para compartir, solidaridad con los necesitados, amor a la familia y sentido trascendente de la existencia\u2013 <i>est&aacute;n hondamente enraizados en la vida y en el trabajo agr&iacute;cola<\/i>. Esto debe llevar a todos los habitantes de este pa&iacute;s a sentir personalmente los problemas y necesidades de los hombres del campo. <\/p>\n<p><i>Chokoku&eacute; mba\u2019apo hara rup&iacute;, imbaret&eacute;vaer&aacute; opa ara ko pe ne ret&aacute; Paraguay<\/i>. (Gracias a los campesinos se har&aacute; grande y fuerte esta patria vuestra que es el Paraguay). <\/p>\n<p>6. \u201cComo el cielo es m&aacute;s alto que la tierra, mis caminos son m&aacute;s altos que los vuestros\u201d (<i>Is<\/i> 55, 9).&nbsp; <\/p>\n<p>Dios sigue confiando en el hombre; por eso el pecado y sus consecuencias no anulan el mandato del Creador: \u201cSometed la tierra y dominadla\u201d (<i>Gen<\/i> 1, 28).&nbsp;<i>Cristo anuncia y realiza mediante toda su vida un aut&eacute;ntico \u201cEvangelio del trabajo\u201d<\/i>. El trabajo f&iacute;sico, adem&aacute;s de ser un modo directo aunque no el &uacute;nico, de participar en la obra creadora de Dios-Padre, est&aacute; llamado a ser una forma de colaboraci&oacute;n con Dios-Hijo en la redenci&oacute;n de la humanidad. Pues vuestra fatiga, queridos campesinos, vuestros sudores, vuestras inquietudes, no son algo in&uacute;til. Son la cruz de cada d&iacute;a para vosotros: <i>Cristo quiere que le ayud&eacute;is a llevar la cruz<\/i>, que se&aacute;is para El como otro cirineo, \u201cque ven&iacute;a del campo\u201d (<i>Mc<\/i> 15, 21)&nbsp; y carg&oacute; sobre sus hombros la cruz que llevaba Cristo. <\/p>\n<p>Pero no pens&eacute;is que ayudar a Cristo a llevar la cruz a trav&eacute;s del trabajo significa simplemente aceptar con resignaci&oacute;n las dificultades con que os encontr&aacute;is. Sab&eacute;is por experiencia que el cultivo de la tierra es un continuo desaf&iacute;o, pues hay que considerar y sortear un conjunto de elementos naturales a la vez que superar tantos obst&aacute;culos. Igualmente no es del todo equivocado pensar que la soluci&oacute;n al menos parcial de muchos problemas que os aquejan, depende tambi&eacute;n de vosotros. <i>Deb&eacute;is vivir la solidaridad entre vosotros<\/i>, porque la solidaridad es una virtud cristiana que dimana de la caridad, signo distintivo de los disc&iacute;pulos de Cristo (cf. <i>Jn<\/i> 13, 35) y, por tanto, signo de uni&oacute;n con su cruz (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0042\/__P6.HTM\">Sollicitudo rei socialis<\/a><\/i>, 40).&nbsp; <\/p>\n<p>Al mismo tiempo los horizontes de una efectiva solidaridad entre vosotros son inmensos, como son ilimitadas las exigencias del amor. Pues la colaboraci&oacute;n consciente y sumisa con Dios a trav&eacute;s de vuestro trabajo implica no s&oacute;lo poner todo el empe&ntilde;o en cultivar vuestras chacras y parcelas, sino tambi&eacute;n aportar toda vuestra imaginaci&oacute;n, inteligencia y esfuerzo para una fecunda labor en com&uacute;n. <i>Dios quiere ayudaros, pero espera vuestra decidida correspondencia a su iniciativa<\/i>. Si no la dierais, no estar&iacute;ais viviendo plenamente como hijos suyos y, sin daros cuenta, estar&iacute;ais cediendo a la pereza y al conformismo. Muchas veces el anhelo de soluciones absolutas realizadas por otros puede ocultar la huida del esfuerzo diario y inteligente. <\/p>\n<p><i>Ayerur&eacute; &ntilde;andey&aacute;ra ha tupasyme to me\u2019e pe&eacute;me fe, esperanza y caridad pe mba\u2019ap&oacute; hagu&aacute; hekope, &ntilde;epytyv&oacute; yoait&eacute;pe, ha pe moi hagua pende atiyre, Jesucristo kurhzuicha, opait&eacute; pe ne quebranto ha pe ne mba\u2019e rembipot&aacute;<\/i>. (Pido a Dios y a la Virgen Mar&iacute;a que os otorgue fe, esperanza y caridad para que trabaj&eacute;is con acuerdo, en estrecha solidaridad, como cristianos, unos con otros, y para que pong&aacute;is sobre los hombros, como la cruz de Cristo, todos vuestros quebrantos y todos vuestros grandes deseos). <\/p>\n<p>7. \u201cBuscad a Dios mientras se le encuentra, invocadlo mientras est&eacute; cerca\u201d (<i>Is<\/i> 55, 6)&nbsp; <\/p>\n<p><i>Buscad a Dios en vuestro trabajo<\/i>, en las circunstancias de la vida diaria. Buscadlo desde que os levant&eacute;is \u2013muchas veces antes de que aparezcan los primeros rayos de sol\u2013 hasta que, quiz&aacute; rendidos por el trabajo, os conced&aacute;is el merecido descanso. <i>Buscad a Dios en el trabajo bien hecho<\/i>, para poder ofrecerle algo que sea digno de El: lo mejor de vuestras energ&iacute;as. <\/p>\n<p>En la celebraci&oacute;n de la Misa el sacerdote ofrece el pan, \u201cfruto de la tierra y del trabajo del hombre\u201d, y el vino, \u201cfruto de la vid y del trabajo del hombre\u201d. Junto a ese pan y ese vino pod&eacute;is ofrecer todo vuestro d&iacute;a y vuestras vidas: el trabajo y el descanso, el sue&ntilde;o y la vigilia, las tristezas y las alegr&iacute;as. <i>Todo esto<\/i>, unido al sacrificio de Cristo en la cruz, <i>adquiere su valor m&aacute;s profundo, un valor corredentor<\/i>. <\/p>\n<p>\u201cMis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos\u201d (<i>Is<\/i> 55, 8),&nbsp;dice Dios por boca del Profeta Isa&iacute;as. Cuando se pierde la visi&oacute;n cristiana del trabajo, los planes del hombre ya no son conformes a los planes de Dios; los caminos del hombre no son los caminos de Dios. <\/p>\n<p>Pero, sigue diciendo el Profeta: \u201cQue el malvado abandone su camino y el criminal sus planes, que regrese al Se&ntilde;or, y El tendr&aacute; piedad, a nuestro Dios, que es rico en misericordia\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i> 55, 7).&nbsp; <\/p>\n<p>El Se&ntilde;or os est&aacute; esperando siempre. Dios, \u201crico en misericordia\u201d est&aacute; siempre dispuesto a ayudarnos. Pero, para que esta \u201cpiedad divina\u201d sea de veras fuente de paz para los esp&iacute;ritus, hay que regresar \u201cal Se&ntilde;or\u201d: el hombre ha de abandonar \u201csu camino\u201d y entrar por \u201clos caminos\u201d de Dios. El alma de toda persona, al igual que la \u201ctierra buena\u201d (<i>Mt<\/i> 13, 8) necesita continuos cuidados para dar fruto. Hay que sembrar en ella la simiente de la Palabra de Dios; hay que regarla frecuentemente con los sacramentos que infunden la gracia \u2013especialmente con la penitencia y la Eucarist&iacute;a\u2013; hay que quitar la maleza de las pasiones desviadas. <i>Hab&eacute;is de cultivar vuestra alma<\/i> \u2013y las almas de vuestros hijos\u2013 incluso <i>con m&aacute;s cari&ntilde;o que el que pon&eacute;is en cultivar la tierra<\/i>: es vuestra alabanza m&aacute;s importante y la que os dar&aacute; m&aacute;s fruto. No pod&eacute;is estar nunca \u201c<i>caig&uuml;e<\/i>\u201d \u2013flojos ni perezosos\u2013 para las cosas de Dios. <\/p>\n<p>8. \u201cEl reino de Dios es como&#8230; un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla m&aacute;s peque&ntilde;a, pero despu&eacute;s, brota, se hace m&aacute;s alta que las dem&aacute;s hortalizas y echa ramas tan grandes, que los p&aacute;jaros pueden cobijarse y anidar en ellas\u201d (<i>Mc<\/i> 4, 26. 31-32).&nbsp; <\/p>\n<p><i>Todo cristiano est&aacute; llamado a contribuir<\/i> con su vida y con su trabajo <i>al crecimiento del reino de Dios sobre la tierra<\/i>. En el Evangelio de hoy tambi&eacute;n se compara el reino con el grano de mostaza. En esta par&aacute;bola podemos ver tambi&eacute;n una <i>semejanza con el crecimiento de la Iglesia<\/i>, la cual, desde sus modestos comienzos, se fue extendiendo por tantos pueblos, naciones y pa&iacute;ses. En vuestra patria este proceso, iniciado hace ya casi cinco siglos, tuvo caracter&iacute;sticas tan singulares como la misma fecundidad de vuestros campos y bosques. <\/p>\n<p>El Se&ntilde;or quiso que los pueblos guaran&iacute;es fueses la \u201ctierra buena\u201d para la \u201csemilla\u201d de la Palabra divina. Desde el comienzo mismo de la fundaci&oacute;n de Nuestra Se&ntilde;ora de la Asunci&oacute;n, en 1537, los misioneros pudieron realizar una extensa y intensa labor gracias a la buena disposici&oacute;n de los nativos para aprender las cosas divinas y humanas. El Paraguay lleg&oacute; a ser un foco importante de evangelizaci&oacute;n y civilizaci&oacute;n, que gan&oacute; merecidamente para vuestra ciudad el t&iacute;tulo de \u201cMadre de ciudades\u201d. Antes de que transcurriera un siglo desde aquella fundaci&oacute;n, los asunce&ntilde;os criollos y guaran&iacute;es hab&iacute;an llevado la fe y el desarrollo desde los lejanos r&iacute;os amaz&oacute;nicos hasta los Andes en el sur. En esos primeros siglos, sacerdotes, religiosos y catequistas mostraron al mundo el poder del Evangelio cuando su semilla cae en \u201ctierra buena\u201d. <i>Vuestra fe creci&oacute; y se hizo robusta como vuestros tayis y ibir&aacute;pyt&aacute;s<\/i>, y dio ya frutos de santidad como San Roque Gonz&aacute;lez de Santa Cruz, manteni&eacute;ndose firme a pesar de las adversidades que tuvo que sufrir vuestro pueblo. <\/p>\n<p>9. Ahora os corresponde a vosotros continuar esa labor hasta conseguir que aquella peque&ntilde;a semilla (cf. <i>Mc<\/i> 4, 31),&nbsp;produzca \u201cramas tan grandes que las aves del cielo puedan anidar en su sombra\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i> 4, 32). Esto es misi&oacute;n de toda la Iglesia, dentro de la cual la tarea de los laicos ocupa un puesto destacado. Sois vosotros, queridos seglares, quienes <i>hab&eacute;is de llenar de sentido cristiano toda actividad temporal<\/i>: el campo y la ciudad, la industria y el comercio, la pol&iacute;tica, la cultura y toda la vida social. Esa es vuestra misi&oacute;n: \u201cimpregnar y perfeccionar todo el orden temporal con el esp&iacute;ritu evang&eacute;lico\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651118_apostolicam-actuositatem_sp.html\">Apostolicam actuositatem<\/a><\/i>, 5).&nbsp; Al laico que siente vivamente en su interior la necesidad del apostolado se le pueden aplicar las palabras del Profeta: \u201cA &eacute;l lo hice testigo para los pueblos\u201d (<i>Is<\/i> 55, 4).&nbsp;Vosotros laicos, deb&eacute;is ejercer <i>esta hermosa tarea<\/i>, en primer lugar, <i>con la coherencia de vuestra vida<\/i> \u2013<i>testimonio<\/i> de la presencia de Cristo entre los hombres\u2013, de modo que viendo \u201cvuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre que est&aacute; en los cielos\u201d (<i>Mt<\/i> 55, 10-11).&nbsp; <\/p>\n<p>10. La Palabra de Dios en la liturgia de hoy se refiere de modo particular a cuantos trabaj&aacute;is en el campo. As&iacute; leemos en el libro del Profeta Isa&iacute;as: <\/p>\n<p>\u201cComo bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven all&aacute;, sino despu&eacute;s de empapar la tierra&#8230; as&iacute; ser&aacute; mi Palabra, que sale de mi boca: no volver&aacute; a m&iacute; vac&iacute;a\u201d (<i>Is<\/i> 55, 10-11).&nbsp; <\/p>\n<p>Isa&iacute;as habla de la fertilidad de la tierra, que depende incluso de las lluvias. La gente que trabaja en el campo sabe cu&aacute;n importante es lo que nos ha dicho el Profeta. Adem&aacute;s de la fertilidad de la tierra, la liturgia de hoy nos hace pensar <i>en la fertilidad de las almas<\/i>. Cuando desciende sobre ellas la <i>Palabra de Dios<\/i>, igual que cae la lluvia sobre la tierra, es de esperar que esta Palabra produzca <i>los frutos adecuados<\/i>. <\/p>\n<p>&iexcl;Queridos hermanos y hermanas! &iexcl;Todos vosotros, que hoy escuch&aacute;is al Sucesor del Ap&oacute;stol Pedro y, particularmente vosotros, que trabaj&aacute;is en los campos! <i>Ruego fervientemente a Cristo, Buen Pastor<\/i>, para que esta palabra que he podido pronunciar ante vosotros no quede \u201cinfructuosa\u201d, sino que produzca mucho fruto en vuestra vida y en toda la sociedad paraguaya. <\/p>\n<p>\u201cBuscad al Se&ntilde;or&#8230;, invocadlo mientras est&aacute; cerca&#8230;. Como el cielo es m&aacute;s alto que la tierra, mis caminos son m&aacute;s altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 55, 6-9).&nbsp; Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/font> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1988 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, BOLIVIA, LIMA Y PARAGUAY SANTA MISA PARA LOS AGRICULTORES HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Villarrica, Paraguay&nbsp;Martes 17 de mayo de 1988 &nbsp; \u201cEl reino de Dios es como un hombre que echa simiente en la tierra\u201d (Mc 4, 26). 1. Despu&eacute;s de escuchar estas palabras de la par&aacute;bola de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-mayo-de-1988-santa-misa-para-los-agricultores-en-villarrica-paraguay\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab17 de mayo de 1988, Santa misa para los agricultores en Villarrica (Paraguay)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39931","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39931","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39931"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39931\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39931"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39931"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39931"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}