{"id":39932,"date":"2016-10-05T23:20:19","date_gmt":"2016-10-06T04:20:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-mayo-de-1988-canonizacion-de-los-beatos-roque-gonzalez-de-santa-cruz-alfonso-rodriguez-y-juan-del-castillo-en-campo-nu-guazu-de-asuncion-paraguay\/"},"modified":"2016-10-05T23:20:19","modified_gmt":"2016-10-06T04:20:19","slug":"16-de-mayo-de-1988-canonizacion-de-los-beatos-roque-gonzalez-de-santa-cruz-alfonso-rodriguez-y-juan-del-castillo-en-campo-nu-guazu-de-asuncion-paraguay","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-mayo-de-1988-canonizacion-de-los-beatos-roque-gonzalez-de-santa-cruz-alfonso-rodriguez-y-juan-del-castillo-en-campo-nu-guazu-de-asuncion-paraguay\/","title":{"rendered":"16 de mayo de 1988, Canonizaci\u00f3n de los beatos Roque Gonz\u00e1lez de Santa Cruz, Alfonso Rodr\u00edguez y Juan del Castillo en Campo \u00ab\u00d1u Guaz\u00fa\u00bb de Asunci\u00f3n (Paraguay)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, BOLIVIA, LIMA Y PARAGUAY<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>CANONIZACI&Oacute;N DE LOS BEATOS ROQUE GONZ<font face=\"Times New Roman\">&Aacute;LEZ, <br \/> ALFONSO RODR&Iacute;GUEZ Y JUAN DEL CASTILLO<\/font><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE GIOVANNI PAOLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Campo <font face=\"Times New Roman\"> &laquo;&Ntilde;u Guaz&uacute;&raquo; de <\/font>Asunci<font face=\"Times New Roman\">&oacute;n<\/font> (Paraguay) <br \/> Lunes 16 de mayo de 1988<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201c&iexcl;Se&ntilde;or, due&ntilde;o nuestro, \/ qu&eacute; admirable es tu nombre \/ en toda la tierra!\u201d (<i>Sal<\/i> 8, 2).&nbsp; <\/p>\n<p>1. Hoy amad&iacute;simos hermanos y hermanas de Asunci&oacute;n y de todo Paraguay, es un d&iacute;a de fiesta grande para vuestro pa&iacute;s y para toda la Iglesia. Como Sucesor del Ap&oacute;stol Pedro, tengo la dicha de celebrar esta Eucarist&iacute;a, en la que son elevados a los altares un hijo de esta querida ciudad de Asunci&oacute;n, el padre Roque Gonz&aacute;lez de Santa Cruz \u2013primer santo de este querid&iacute;simo Paraguay\u2013, y sus dos compa&ntilde;eros, los padres Alfonso Rodr&iacute;guez y Juan del Castillo, nacidos en tierras de Espa&ntilde;a, en Zamora el primero y en Belmonte (Cuenca) el segundo, los cuales, por amor a Dios y a los hombres, vertieron su sangre en tierras americanas. <\/p>\n<p>Todos ellos gastaron su vida en cumplir el mandato de Cristo de anunciar su mensaje \u201chasta los confines de la tierra\u201d (<i>Hch<\/i> 1, 8).&nbsp;La fuerza salvadora y liberadora del Evangelio se hizo vida en estos tres abnegados sacerdotes jesuitas que la Iglesia en este d&iacute;a presenta como modelos de evangelizadores. Su inquebrantable fe en Dios, alimentada en todo momento por una profunda vida interior, fue la gran fuerza que sostuvo a estos pioneros del Evangelio en tierras americanas. Su celo por las almas les llev&oacute; a hacer cuanto estuvo en sus manos por servir a los m&aacute;s pobres y abandonados. Todos sus encomiables trabajos en favor de aquellas poblaciones \u2013tan necesitadas de ayuda espiritual y humana\u2013, todas sus fatigas y sufrimientos tuvieron como &uacute;nico objetivo el transmitir el gran tesoro de que eran portadores: la fe en Jesucristo, salvador y liberador del hombre, vencedor del pecado y de la muerte. <\/p>\n<p>Los Pastores y todo el Pueblo de Dios que vive en Paraguay, as&iacute; como de las otras naciones hermanas de la cuenca del Plata, cuyos dignos representantes est&aacute;n entre nosotros, encontrar&aacute;n en estos nuevos Santos modelos y gu&iacute;as seguros en su peregrinaci&oacute;n hacia la Jerusal&eacute;n, la patria celestial. El hecho mismo de ser venerados en todos los pa&iacute;ses del sur de este continente de la esperanza no solamente indica la vigencia de una fe que no conoce fronteras, sino que ha de estimularos a promover en estas naciones una conciencia cada vez m&aacute;s viva y operante del ideal cristiano de fraternidad, sobre la base de las comunes ra&iacute;ces religiosas, culturales y hist&oacute;ricas. <\/p>\n<p>2. \u201c&iexcl;Se&ntilde;or, &#8230;qu&eacute; admirable es tu nombre en toda la tierra!\u201d (<i>Sal<\/i> 8, 2),&nbsp; repetimos con las palabras del Salmo. <\/p>\n<p>Ensalzando el nombre de Dios, que nos ha enriquecido con estos modelos de evangelizadores, saludo a todos los aqu&iacute; presentes y a todos los que habitan estas tierras paraguayas. Al se&ntilde;or arzobispo de esta querida arquidi&oacute;cesis y a su obispo auxiliar, a todos los hermanos en el Episcopado del Paraguay y de los dem&aacute;s pa&iacute;ses vecinos que han querido unirse a nosotros en esta liturgia, a los sacerdotes, religiosos y religiosas, a las autoridades civiles y militares y a todos los amad&iacute;simos fieles. Saludo especialmente a los superiores de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s y a todos los hijos de San Ignacio de estas regiones. <\/p>\n<p>Hace un momento, al solicitar oficialmente la canonizaci&oacute;n de los padres Roque Gonz&aacute;lez de Santa Cruz, Alfonso Rodr&iacute;guez y Juan del Castillo, se ha pasado en rese&ntilde;a su vida santa, as&iacute; como los m&eacute;ritos y gracias celestiales con que el Se&ntilde;or quiso adornarlos. En ellos, y en presencia de los frutos que obtuvieron en sus tareas de difusi&oacute;n de la verdad cristiana y de promoci&oacute;n humana, reconocemos las se&ntilde;ales aut&eacute;nticas de los ap&oacute;stoles, cuya vida est&aacute; s&oacute;lidamente edificada en la imitaci&oacute;n de Cristo. <\/p>\n<p>3. \u201c&iexcl;Se&ntilde;or, due&ntilde;o nuestro, \/ que admirable es tu nombre \/ en toda la tierra!\u201d (<i>Sal<\/i> 8, 2).&nbsp; <\/p>\n<p>\u201cA imagen tuya creaste al hombre\u201d (&laquo;Prex Eucharistica&raquo;).&nbsp; <\/p>\n<p>\u201cLo hiciste poco inferior a los &aacute;ngeles, \/ lo coronaste de gloria y dignidad; \/ le diste el mando sobre las obras de tus manos\u201d (<i>Sal<\/i> 8, 6).&nbsp; <\/p>\n<p>Toda la creaci&oacute;n canta alabanzas a Dios. Todas sus obras son motivo de acci&oacute;n de gracias. Y sobre todas destaca el hombre, \u201cpoco inferior a los &aacute;ngeles\u201d, el cual tiene el dominio sobre las obras de sus manos. El hombre, la criatura que puede alabar a Dios conscientemente, la que puede llegar a reconocerlo por las obras de sus manos cuando contempla \u201cel cielo, &#8230;la luna y las estrellas\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 4).&nbsp; <\/p>\n<p>Este hombre que fue creado por Dios \u201ca imagen suya\u201d (<i>Gen<\/i> 1, 27),&nbsp; seg&uacute;n su \u201csemejanza\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 1, 26),&nbsp; es, sin embargo, capaz de olvidarse de El y caer en el pecado, que es la peor de las esclavitudes. \u201cSumergido su pensamiento en las tinieblas y excluido de la vida de Dios (<i>Ef<\/i> 4, 18) \u2013como dice San Pablo a los fieles de Efeso\u2013, habiendo perdido el sentido moral, se entregan al libertinaje, hasta practicar con desenfreno toda suerte de impurezas\u201d (<i>Ef<\/i>, 4, 19).&nbsp; Es \u201cel hombre viejo corrompido por deseos de placer\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 4, 22).&nbsp; <\/p>\n<p>4. Pero el mismo Ap&oacute;stol a&ntilde;ade: \u201cCristo os ha ense&ntilde;ado a abandonar el anterior modo de vivir&#8230; a renovaros en la mente y en el esp&iacute;ritu\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 4, 22-23).&nbsp; \u201cCristo Redentor revela plenamente el hombre al mismo hombre (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0038\/__PB.HTM\">Redemptor hominis<\/a><\/i>, 10).&nbsp; S&oacute;lo en Cristo \u201cel hombre vuelve a encontrar la grandeza, la dignidad y el valor propios de la humanidad\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>.).&nbsp; <\/p>\n<p>Sabi&eacute;ndose responsables en cuanto a la necesidad de custodiar la dignidad humana en aquel momento de la historia, el padre Roque Gonz&aacute;lez, el padre Alfonso Rodr&iacute;guez, el padre Juan del Castillo y tantos otros cristianos, afrontaron el tremendo desaf&iacute;o que hab&iacute;a supuesto el descubrimiento del llamado Nuevo Mundo. Convencidos de que el Evangelio es mensaje de amor y de libertad, procuraron dar a conocer \u201cla verdad en Cristo Jes&uacute;s\u201d (<i>Ef<\/i> 4, 21)&nbsp; a lo largo y a lo ancho de estas tierras. Respondiendo al llamado del Se&ntilde;or que los invitaba a hacer disc&iacute;pulos en todas las naciones, quisieron repetir a los pueblos reci&eacute;n conocidos las palabras de San Pablo a los Efesios: <\/p>\n<p>\u201cDejad que el esp&iacute;ritu renueve vuestra mentalidad, y vest&iacute;os de la nueva condici&oacute;n humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 4, 24).&nbsp; <\/p>\n<p>5. En su af&aacute;n de ganar almas para Cristo, el padre Roque y sus compa&ntilde;eros recorrieron todas estas tierras desde el estuario del Plata hasta las nacientes de los r&iacute;os Paran&aacute; y Uruguay, y hasta las sierras de Mbaracay&uacute; en el Alto Paraguay, afrontando todo tipo de incomodidades y peligros. Infatigables en la predicaci&oacute;n, austeros en su vida personal, el amor a Cristo y a los ind&iacute;genas les llev&oacute; a abrir caminos nuevos y levantar reducciones que facilitaran la difusi&oacute;n de la fe y aseguraran condiciones de vida dignas a sus hermanos. Itap&uacute;a, Santa Ana, Yaguapo&aacute;, Concepci&oacute;n, San Nicol&aacute;s, San Javier, Yapey&uacute;, Candelaria, Asunci&oacute;n del Yjuh&iacute; y Todos los Santos Caar&oacute; son nombres de lugares que han entrado en la historia de la mano de estos Santos. Lugares en que se promovi&oacute; un aut&eacute;ntico desarrollo, que abarc&oacute; \u201cla dimensi&oacute;n cultural, trascendente y religiosa del hombre y de la sociedad\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0042\/__P8.HTM\">Sollicitudo rei socialis<\/a><\/i>, 46).&nbsp; <\/p>\n<p>Toda la vida del padre Roque Gonz&aacute;lez de Santa Cruz y sus compa&ntilde;eros m&aacute;rtires estuvo marcada plenamente por el amor: amor a Dios y, por El, a todos los hombres, en especial a los m&aacute;s necesitados, a aquellos que no conoc&iacute;an la existencia de Cristo ni hab&iacute;an sido a&uacute;n liberados por su gracia redentora. <\/p>\n<p>Los frutos no se hicieron esperar. Como resultado de su acci&oacute;n misionera, muchos fueron abandonando los cultos paganos para abrirse a la luz de la verdadera fe. Los bautismos se sucedieron ininterrumpidamente y continuaron tambi&eacute;n despu&eacute;s de su muerte hasta abarcar multitudes. Junto a la administraci&oacute;n de los sacramentos ocupaba un lugar primordial la instrucci&oacute;n en las verdades de la fe expuesta sistem&aacute;ticamente y de modo asequible a los oyentes. Floreci&oacute; tambi&eacute;n la vida lit&uacute;rgica \u2013bautismos solemnes, procesiones eucar&iacute;sticas\u2013 y toda una piedad popular enraizada en la doctrina: congregaciones marianas, fiestas patronales de San Ignacio, m&uacute;sica sagrada&#8230; <\/p>\n<p>6. Al mismo tiempo, la labor de los padres jesuitas hizo que aquellos pueblos guaran&iacute;es pasaran, en pocos a&ntilde;os, de un estado de vida semin&oacute;mada a una civilizaci&oacute;n singular, fruto del ingenio de misioneros y ind&iacute;genas. <\/p>\n<p>De este modo se puso en marcha un notable desarrollo urbano, agr&iacute;cola y ganadero. Los nativos se iniciaron en la agricultura y en la ganader&iacute;a. Florecieron los oficios y las artes, de lo cual dan testimonio todav&iacute;a hoy tantos monumentos. Iglesias y escuelas, casas para las viudas y hu&eacute;rfanos, hospitales, cementerios, graneros, molinos, establos y otras obras y servicios civiles surgieron en pocos a&ntilde;os en m&aacute;s de treinta villas y pueblos por toda vuestra geograf&iacute;a y por las regiones vecinas. Con la palabra y el ejemplo de tantos santos religiosos, los abor&iacute;genes se hicieron tambi&eacute;n pintores, escultores, m&uacute;sicos, artesanos y constructores. El sentido de solidaridad conseguido cre&oacute; un sistema de tenencia de tierras que combin&oacute; la propiedad familiar con la comunitaria, asegurando la subsistencia de todos y el socorro de los m&aacute;s necesitados. Se navegaron y exploraron los grandes r&iacute;os. Se hicieron descubrimientos geogr&aacute;ficos y cient&iacute;ficos, y llegaron a incorporarse a la civilizaci&oacute;n y a la fe territorios inmensos. <\/p>\n<p>Con la prudencia que da el vivir en Cristo y movido &uacute;nicamente por los valores del Evangelio, el padre Gonz&aacute;lez de Santa Cruz supo ganarse el respeto y la consideraci&oacute;n tanto de los caciques ind&iacute;genas como de las autoridades europeas de Asunci&oacute;n y del R&iacute;o de la Plata. Su sentido de justicia \u2013vivido en primer lugar con Dios\u2013, le llev&oacute; a elevar su voz en defensa de los derechos de los indios. Junto con otros muchos eclesi&aacute;sticos de la regi&oacute;n, consigui&oacute; eliminar el yaconazgo en esta parte del continente y mitigar los abusos de la encomienda. Se form&oacute; as&iacute; una legislaci&oacute;n ejemplar, en un clima de concordia y armon&iacute;a, que posibilit&oacute; la fusi&oacute;n &eacute;tnica y cultural caracter&iacute;stica de este pa&iacute;s. <\/p>\n<p>7. \u201c&iexcl;Se&ntilde;or, due&ntilde;o nuestro, \/ qu&eacute; admirable es tu nombre \/ en toda la tierra! \/ Ensalzaste tu majestad sobre los cielos; \/ &#8230;afirmas tu fortaleza \/ frente a tus adversarios, \/ para acabar con enemigos y rebeldes\u201d (<i>Sal<\/i> 8, 2-3).&nbsp; <\/p>\n<p>La labor inmensa de estos hombres, toda esa labor evangelizadora de las reducciones guaran&iacute;ticas, fue posible gracias a su uni&oacute;n con Dios. San Roque y sus compa&ntilde;eros siguieron el ejemplo de San Ignacio, plasmado en sus Constituciones: \u201cLos medios que unen al instrumento con Dios y lo disponen a dejarse guiar por su mano divina son m&aacute;s eficaces que aquellos que lo disponen hacia los hombres\u201d (San Ignacio de Loyola, <i>Constitutiones Societatis Iesu<\/i>, n. 813).&nbsp; <\/p>\n<p>Por eso, estos nuevos santos vivieron en aquella \u201cfamiliaridad con Dios, nuestro Se&ntilde;or\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>.),&nbsp; que su fundador quer&iacute;a como caracter&iacute;stica del jesuita. Fundamentaron as&iacute;, d&iacute;a a d&iacute;a, su trabajo en la oraci&oacute;n, sin dejarla por ning&uacute;n motivo. \u201cPor m&aacute;s ocupaciones que hayamos tenido \u2013escrib&iacute;a el padre Roque en 1613\u2013, jam&aacute;s hemos faltado a nuestros ejercicios espirituales y modo de proceder\u201d (<i>Epist<\/i>., 8 de octubre de 1613).&nbsp; <\/p>\n<p>8. La liturgia del d&iacute;a de hoy nos lleva, queridos hermanos y hermanas, al Cen&aacute;culo, donde escuchamos aquellas palabras de Cristo: \u201cOs doy el mandato nuevo: que os am&eacute;is mutuamente como yo os he amado&#8230; En esto conocer&aacute;n todos que sois disc&iacute;pulos m&iacute;os\u201d (<i>Jn<\/i> 13, 34-35).&nbsp; <\/p>\n<p>San Juan nos ha transmitido tambi&eacute;n estas otras palabras de Cristo: \u201cNadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 15, 13).&nbsp; Ellas nos dan la clave para entender la vida cristiana capaz de inmolarse con el martirio. Por eso, debemos amarnos los unos a los otros, teniendo como modelo el amor de Cristo a los hombres. Las p&aacute;ginas del Evangelio est&aacute;n llenas de este amor. Grandes y peque&ntilde;os, sabios y ignorantes, hombres con posesiones y otros que no ten&iacute;an nada, justos y pecadores, hallaron siempre acogida bondadosa en el coraz&oacute;n de Cristo. Clavado en la cruz, poco antes de entregar su vida, dio el testimonio postrero de amor perdonando a quienes lo crucificaron (cf. <i>Lc<\/i> 23. 34).&nbsp; El Ap&oacute;stol Juan, disc&iacute;pulo amado, nos leg&oacute; en su Evangelio el mandamiento nuevo del Se&ntilde;or, subrayando cu&aacute;l es la mayor prueba de amor (cf. <i>Jn<\/i> 15, 12.13).&nbsp; <\/p>\n<p>El padre Roque Gonz&aacute;lez de Santa Cruz y sus compa&ntilde;eros m&aacute;rtires hab&iacute;an entendido y experimentado, sin duda, esta ense&ntilde;anza. Por eso, fueron capaces de abandonar la vida tranquila del hogar paterno, el ambiente y las actividades que les eran familiares, para mostrar la grandeza del amor a Dios y a los hermanos. Ni los obst&aacute;culos de una naturaleza agreste, ni las incomprensiones de los hombres, ni los ataques de quienes ve&iacute;an en su acci&oacute;n evangelizadora un peligro para sus propios intereses, fueron capaces de atemorizar a estos campeones de la fe. Su entrega sin reservas los llev&oacute; hasta el martirio. Una muerte cruenta que ellos nunca buscaron con gestos de arrogante desaf&iacute;o. Siguiendo las huellas de los grandes evangelizadores, fueron humildes en su perseverancia y fieles a su compromiso misionero. Aceptaron el martirio porque su amor, levantado sobre una robusta fe y una invicta esperanza, no pod&iacute;a sucumbir ni siquiera ante los duros golpes de sus verdugos. As&iacute;, como testigos del mandamiento nuevo de Jes&uacute;s, dieron prueba con su muerte de la grandeza de su amor. <\/p>\n<p>9. El coraz&oacute;n incorrupto del padre Roque Gonz&aacute;lez de Santa Cruz constituye una imagen elocuente del amor cristiano, capaz de superar todos los l&iacute;mites humanos, hasta los de la muerte. Hoy, d&iacute;a de su canonizaci&oacute;n, el padre Roque Gonz&aacute;lez de Santa Cruz se hace presente de una manera especial entre vosotros. Es no s&oacute;lo un paraguayo, sino un hijo de vuestra ciudad, de Asunci&oacute;n, p&aacute;rroco de vuestra catedral, jesuita ejemplar, amad&iacute;simo de vuestro pueblo. El vuelve hasta vosotros y os habla otra vez: <\/p>\n<p>\u2013 para exhortaros a conservar viva vuestra fe; aquella fe en Cristo que los nuevos Santos transmitieron con su vida y hicieron fecunda con su sangre; <\/p>\n<p>\u2013 para alentaros a hacer que esta fe sea verdaderamente operativa. Que vuestro amor a Dios fructifique en un amor al pr&oacute;jimo capaz de abatir todas las barreras de divisi&oacute;n y crear un sentido de verdadera solidaridad y de caridad en el Paraguay de hoy; <\/p>\n<p>\u2013 para invitaros a ser fieles a las m&aacute;s genuinas tradiciones culturales de vuestro pueblo y de vuestra tierra, impregnadas del sentido de aut&eacute;ntica religiosidad cristiana; <\/p>\n<p>\u2013 para daros ejemplo de amor a la Virgen Mar&iacute;a, que os guiar&aacute; en vuestra vida como gui&oacute; los pasos de San Roque en su peregrinaci&oacute;n apost&oacute;lica entre vosotros. <\/p>\n<p>Cat&oacute;licos de Asunci&oacute;n y de todo el Paraguay: No cerr&eacute;is vuestros o&iacute;dos a esta voz. Es el primer Santo de vuestro pa&iacute;s. El se ha quedado aqu&iacute;, entre vosotros, como se&ntilde;al de su amor sin l&iacute;mites. &iexcl;Que sus fatigas no sean vanas! &iexcl;Dad a su coraz&oacute;n la alegr&iacute;a de ver que os am&aacute;is como Cristo nos ha amado! <\/p>\n<p>10. \u201cHijos m&iacute;os \u2013dice Jes&uacute;s a sus disc&iacute;pulos en el Cen&aacute;culo\u2013 ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Me buscar&eacute;is&#8230; pero a donde yo voy, vosotros no pod&eacute;is venir\u201d (<i>Jn<\/i> 13, 33).&nbsp;\u201cEn la casa del Padre hay muchas mansiones; &#8230;voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volver&eacute; y os tomar&eacute; conmigo, para que donde est&eacute; yo est&eacute;is tambi&eacute;n vosotros\u201d (<i>Ibid<\/i>. 14, 2-3).&nbsp; <\/p>\n<p>Cristo nos ha abierto las puertas del cielo. El es el primog&eacute;nito de los muertos y el primero de los que resucitan. La Iglesia, Cuerpo m&iacute;stico de Cristo, tiene ya su Cabeza en el cielo y, con Cristo, est&aacute;n ya muchos de sus miembros. Es la Iglesia triunfante, descrita por San Juan en el Apocalipsis: <\/p>\n<p>\u201cVi la ciudad santa, la nueva Jerusal&eacute;n, que descend&iacute;a del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo&#8230;. Esta es la morada de Dios con los hombres: acampar&aacute; entre ellos. Ellos ser&aacute;n su pueblo y Dios estar&aacute; con ellos\u201d (<i>Ap<\/i> 21, 2-3).&nbsp; <\/p>\n<p>All&iacute;, gozando de la visi&oacute;n de Dios, est&aacute;n todos los que abandonaron \u201cel anterior modo de vivir\u201d(<i>Ef<\/i> 4, 22),&nbsp;de que nos habla San Pablo y que han seguido su consejo: \u201cDejad que el Esp&iacute;ritu renueve vuestra mentalidad, y vest&iacute;os de la nueva condici&oacute;n humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 4, 24). All&iacute; est&aacute;n todos aquellos a los que el Se&ntilde;or, como justo Juez, dir&aacute;: \u201cVenid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del reino preparado para vosotros desde la creaci&oacute;n del mundo\u201d (<i>Mt<\/i> 25, 34).&nbsp;Todos aquellos que han seguido el \u201cangosto camino que lleva a la vida\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 7, 14),&nbsp; desechando \u201cla entrada ancha y el camino espacioso que lleva a la perdici&oacute;n\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 7, 13).&nbsp; <\/p>\n<p>11. Entre todos los que gozan ya de la visi&oacute;n de Dios, la Iglesia canoniza a algunos, proponi&eacute;ndolos como modelos de santidad para todos los cristianos. Cada vez que esto ocurre, toda la Iglesia se llena de alegr&iacute;a porque uno de sus hijos ha conseguido el premio prometido por Cristo. Siempre que esto ocurre, cada cristiano se llena de esperanza, porque un hermano suyo \u2013con todas las limitaciones de la naturaleza humana\u2013 ha \u201cllegado a la meta en la carrera\u201d (<i>2 Tm<\/i> 4, 7),&nbsp; ha \u201cconservado la fe\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>.).&nbsp; <\/p>\n<p>Esta canonizaci&oacute;n de tres m&aacute;rtires jesuitas es tambi&eacute;n un motivo de sano orgullo para toda la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s. Roque Gonz&aacute;lez se encuentra entre los primeros jesuitas del nuevo continente, y Alfonso Rodr&iacute;guez y Juan del Castillo pertenecen a aquel grupo de hombres generosos que, respondiendo a la llamada de Jes&uacute;s para incorporarse a su compa&ntilde;&iacute;a, llevaron a Cristo por todo el mundo. <\/p>\n<p>12. \u201c&iexcl;Se&ntilde;or, due&ntilde;o nuestro, qu&eacute; admirable es tu nombre \/ en toda la tierra!\u201d (<i>Sal<\/i> 8 , 2).&nbsp; <\/p>\n<p>La Virgen es, para nosotros, modelo de santidad. San Roque Gonz&aacute;lez de Santa Cruz, San Alfonso Rodr&iacute;guez y San Juan del Castillo, como San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier, fueron ejemplo de ferviente devoci&oacute;n a la Sant&iacute;sima Virgen \u2013a la que invocaban como Virgen Conquistadora\u2013 en su anhelo por conquistar almas para Dios. La fe de vuestro pueblo y el celo de los primeros evangelizadores han dejado un elocuente testimonio de devoci&oacute;n a Mar&iacute;a en la multitud de advocaciones marianas que pueblan vuestra geograf&iacute;a y las regiones lim&iacute;trofes. Sin aquella acendrada piedad y pr&aacute;cticas marianas, particularmente el rezo del Santo Rosario, no hubieran sido tan abundantes los frutos apost&oacute;licos por los que hoy damos gracias a Dios. <\/p>\n<p>Que la intercesi&oacute;n de la Virgen de los Milagros de Caacup&eacute; nos obtenga la fidelidad a su Hijo para que, finalmente, todos entremos en la nueva Jerusal&eacute;n, donde ya \u201cno habr&aacute; muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor\u201d (<i>Ap<\/i> 21, 4).&nbsp; <\/p>\n<p>\u201cVi la ciudad santa\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i> 21, 2),&nbsp; la morada de Dios con los hombres. \u201cEllos ser&aacute;n mi pueblo y Dios estar&aacute; con ellos\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i> 21, 3).&nbsp;\u201cUn cielo nuevo y una tierra nueva\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i> 21, 1),&nbsp;\u201cporque el primer mundo ha pasado\u201d(<i>Ib&iacute;d.<\/i> 21, 4).&nbsp; <\/p>\n<p>As&iacute; sea. <\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/font> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1988 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, BOLIVIA, LIMA Y PARAGUAY CANONIZACI&Oacute;N DE LOS BEATOS ROQUE GONZ&Aacute;LEZ, ALFONSO RODR&Iacute;GUEZ Y JUAN DEL CASTILLO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE GIOVANNI PAOLO II Campo &laquo;&Ntilde;u Guaz&uacute;&raquo; de Asunci&oacute;n (Paraguay) Lunes 16 de mayo de 1988 &nbsp; &nbsp; \u201c&iexcl;Se&ntilde;or, due&ntilde;o nuestro, \/ qu&eacute; admirable es tu nombre \/ en toda la tierra!\u201d &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-mayo-de-1988-canonizacion-de-los-beatos-roque-gonzalez-de-santa-cruz-alfonso-rodriguez-y-juan-del-castillo-en-campo-nu-guazu-de-asuncion-paraguay\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab16 de mayo de 1988, Canonizaci\u00f3n de los beatos Roque Gonz\u00e1lez de Santa Cruz, Alfonso Rodr\u00edguez y Juan del Castillo en Campo \u00ab\u00d1u Guaz\u00fa\u00bb de Asunci\u00f3n (Paraguay)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39932","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39932","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39932"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39932\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39932"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39932"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39932"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}