{"id":39935,"date":"2016-10-05T23:20:25","date_gmt":"2016-10-06T04:20:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/14-de-mayo-de-1988-celebracion-eucaristica-en-el-aeropuerto-de-trinidad-bolivia\/"},"modified":"2016-10-05T23:20:25","modified_gmt":"2016-10-06T04:20:25","slug":"14-de-mayo-de-1988-celebracion-eucaristica-en-el-aeropuerto-de-trinidad-bolivia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/14-de-mayo-de-1988-celebracion-eucaristica-en-el-aeropuerto-de-trinidad-bolivia\/","title":{"rendered":"14 de mayo de 1988, Celebraci\u00f3n eucar\u00edstica en el aeropuerto de Trinidad (Bolivia)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, BOLIVIA, LIMA Y PARAGUAY<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN EL AEROPUERTO <font face=\"Times New Roman\">DE TRINIDAD<\/font><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Beni (Bolivia)<br \/>S&aacute;bado 14 de mayo de 1988<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p> <i>Queridos hermanos y hermanas: &iexcl;Alabado sea Jesucristo! <\/i> <\/p>\n<p>1. Estoy muy contento de hallarme entre vosotros, en esta ciudad que lleva el nombre cristiano de la Sant&iacute;sima Trinidad. Muchos hab&eacute;is venido desde muy lejos atravesando pampas y selvas majestuosas. Llegue a todos mi saludo moje&ntilde;o: <\/p>\n<p><i>Ema Viya makoplipo te to amuri<\/i> (El Se&ntilde;or est&aacute; ya en medio de vosotros). <\/p>\n<p>Saludo especialmente a Monse&ntilde;or Julio Mar&iacute;a El&iacute;as, Pastor de la Iglesia de Beni, a su obispo auxiliar y al obispo em&eacute;rito; a Monse&ntilde;or Juan Pellegrini, vicario apost&oacute;lico de Cuevo; a Monse&ntilde;or Bonifacio Madersbacher, vicario de Chiquitos, y a su obispo auxiliar; a Monse&ntilde;or Eduardo Antonio B&ouml;sl, vicario de &Ntilde;uflo de Ch&aacute;vez; a Monse&ntilde;or Roger Aubry, vicario de Reyes y a sus respectivas comunidades eclesiales, al representante del vicariato de Pando, as&iacute; como a los otros amad&iacute;simos hermanos en el Episcopado aqu&iacute; presentes. <\/p>\n<p>En este &uacute;ltimo d&iacute;a de mi peregrinaci&oacute;n por tierras bolivianas, la liturgia nos invita a alabar y bendecir al Se&ntilde;or con las palabras del Salmo: <\/p>\n<p>\u201c&iexcl;Alabad, siervos del Se&ntilde;or, alabad el nombre del Se&ntilde;or! <i>&iexcl;Bendito sea el nombre del Se&ntilde;or<\/i>, ahora y por siempre!\u201d (<i>Sal<\/i> 113 [112], 1-2).&nbsp; <\/p>\n<p>Yo me uno a todos y cada uno de vosotros, en este himno de gloria y alabanza, a toda vuestra comunidad y a todo el Pueblo de Dios que habita en esta tierra. Porque <i>todos juntos formamos el gran coro armonioso de la creaci&oacute;n<\/i>: en &eacute;l se funden las voces de vuestras pampas y llanos, de vuestras selvas y bosques, de los r&iacute;os y de los torrentes, de los p&aacute;jaros y de los animales, de vuestras flores y de vuestros cultivos. Todas las obras del Creador le alaban, porque han salido de sus manos y son buenas. Todas las criaturas \u2013cada una seg&uacute;n su naturaleza\u2013 pregonan su gloria (cf. <i>Sal<\/i> 19 [18], 2-5).&nbsp; <\/p>\n<p>2. Nosotros, hombres y mujeres <i>creados a su imagen y semejanza<\/i> (cf. <i>Gen<\/i> 1, 26),&nbsp; hemos sido dotados de inteligencia y voluntad: podemos conocer y amar, podemos hablar y cantar, y alabamos al Se&ntilde;or con nuestra voz humana, con las palabras del Salmo y con toda la asamblea que participa en esta liturgia eucar&iacute;stica. Le alabamos con <i>la lengua de los antiguos habitantes de esta tierra<\/i> y con la <i>lengua venida de la lejana Europa<\/i>, de Espa&ntilde;a. Porque todos los hombres pueden conocer y amar a Dios, sin discriminaci&oacute;n de raza, lengua o pueblo: todos hemos sido creados por Dios y a Dios debemos volver. <i>Todos estamos unidos en Cristo<\/i>, por los lazos del mismo amor con el cual El nos ha amado, amor que tiene su fuente en el Eterno Padre. As&iacute; nos lo dijo Cristo mismo: \u201cComo el Padre me am&oacute;, yo tambi&eacute;n os he amado a vosotros\u201d (<i>Jn<\/i> 15, 9).&nbsp; <\/p>\n<p><i>Gracias a este amor del Hijo de Dios<\/i>, que se ha querido hacer uno de nosotros, <i>todo hombre ha sido elevado<\/i>. He ah&iacute; la verdad fundamental del \u201cEvangelio de los pobres\u201d que la Iglesia sigue proclamando en nuestra &eacute;poca, como la proclamaba Mar&iacute;a en el <i>Magnificat<\/i> siguiendo al Salmista de la Antigua Alianza: \u201c&iquest;Qui&eacute;n como el Se&ntilde;or, nuestro Dios?&#8230; El levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para sentarlo con los nobles, los pr&iacute;ncipes de su pueblo\u201d (<i>Ps<\/i> 113 [112], 6-8).&nbsp; <\/p>\n<p>3. He querido encontrarme, de forma especial, con vosotros, habitantes de estas tierras: con los pueblos de los valles y de los llanos, de la selva y del Chaco, las grandes familias de lengua arawak y guaran&iacute;, y con tantos otros pueblos venerables que, desde tiempos remotos, mor&aacute;is en estos lugares y conserv&aacute;is un rico patrimonio espiritual. El mensaje del Papa se dirige a todos, porque todos hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, todos somos hijos suyos. <\/p>\n<p>El Papa viene a vosotros <i>siguiendo las huellas de aquellos misioneros<\/i> que, hace m&aacute;s de tres siglos, llegaron a estas tierras benianas: el hermano Jos&eacute; del Castillo, el padre Marb&aacute;n, el padre Barace y tantos otros. Ellos vinieron sin m&aacute;s bagaje que el Evangelio y movidos por el amor que os ten&iacute;an. Ellos os trajeron la devoci&oacute;n a la Virgen que ha marcado tan hondamente, desde sus comienzos, la vida de la Iglesia en el Beni. En aquel 25 de marzo de 1682 en Loreto, vuestros antepasados recibieron el bautismo, con el cacique Francisco Yucu a la cabeza. La Iglesia de Mojos comenz&oacute; oficialmente el d&iacute;a de la fiesta de la Anunciaci&oacute;n del &Aacute;ngel a la Virgen Mar&iacute;a, y bajo la advocaci&oacute;n de Santa Mar&iacute;a de Loreto, hoy Patrona de todo el Beni. <\/p>\n<p>Por amor a Jesucristo, el padre Barace, fundador de Trinidad, dio su vida. La evangelizaci&oacute;n ha costado la sangre de muchos m&aacute;rtires, pero esa sangre ha regado esta tierra y ha hecho que diera fruto.&nbsp; <\/p>\n<p>Siguiendo sus ense&ntilde;anzas, vosotros hab&eacute;is sabido mantener la fe. Hab&eacute;is perseverado en ella, gracias a la oraci&oacute;n en familia y a la religiosidad popular, a pesar de no contar con una asistencia permanente de sacerdotes. <\/p>\n<p>Junto con el Evangelio, aquellos misioneros y sus colaboradores os trajeron posibilidades de <i>mejorar vuestra condici&oacute;n de vida<\/i>. T&eacute;cnicas de labranza, escuelas de arte \u2013como la fundada por Manuel de Oquendo en San Pedro\u2013, oficios e industrias se desarrollaron magn&iacute;ficamente en las reducciones de Chiquitos y Mojos. Fundaron pueblos que siguen siendo el orgullo de estas tierras y, con su ayuda, construisteis templos para alabar a Dios que a&uacute;n se conservan, manifestando al mundo el genio de vuestra raza. <\/p>\n<p>4. La fe cristiana, que hab&eacute;is recibido en el Bautismo, eleva y ennoblece todo lo bueno que hay en vosotros. Por eso, vuestra lengua, vuestra historia y las tradiciones heredadas de vuestros antepasados son parte de una cultura que recibe del Evangelio luz y fuerza para purificarse y embellecerse. <\/p>\n<p>Pero la fe os pide un comportamiento coherente con la doctrina cristiana: <i>deb&eacute;is alejar de vuestra vida el pecado<\/i>, abandonar todo lo que no sea digno de un hijo de Dios, todo lo que signifique una ofensa a nuestro Padre Dios. <\/p>\n<p>Los casados deben rechazar la <i>desintegraci&oacute;n familiar y la infidelidad matrimonial<\/i>. El sacramento del matrimonio, que une para siempre al hombre y a la mujer, es el camino obligado de todo amor conyugal leg&iacute;timo entre cristianos, y santifica la familia, iglesia dom&eacute;stica, que es la base de la sociedad. En ella, los hijos, imitando el ejemplo de sus padres, aprenden a amar al Se&ntilde;or y son educados cristianamente. La familia debe ser, pues, un remanso de paz para que, en un mismo amor, se integren las alegr&iacute;as y los sufrimientos. Recibid con agradecimiento los nuevos hijos que el Se&ntilde;or os mande: cada uno de ellos es una muestra de la confianza que Dios tiene en vosotros. El quiere vuestra colaboraci&oacute;n en la obra creadora. Llevadlos cuanto ante a bautizar, para que tambi&eacute;n ellos sean regenerados y convertidos en hijos de Dios. <\/p>\n<p>No os abandon&eacute;is de ning&uacute;n modo al <i>alcoholismo<\/i> que, bajo el disfraz de un placer pasajero, degrada progresivamente hasta hacer de aquella criatura, imagen de Dios y elevada a la condici&oacute;n de hijo suyo, un ser deshumanizado que pierde la capacidad de amar. <\/p>\n<p>No os dej&eacute;is llevar de la inconstancia, la <i>flojera<\/i>, ese triste estado de &aacute;nimo en el cual la persona humana, olvid&aacute;ndose de que el Se&ntilde;or ha puesto al hombre en la tierra para que la trabaje, haci&eacute;ndole as&iacute; colaborador suyo en la obra de la creaci&oacute;n, consiente que su cuerpo arrastre al esp&iacute;ritu hacia una nociva inactividad. <\/p>\n<p>La miseria y la pobreza deben ser combatidas con energ&iacute;a, procurando que las condiciones de vida de todos sean cada vez m&aacute;s acordes con la dignidad humana. Aquellos que gozan de mayor influencia en la sociedad, tienen una especial responsabilidad en fomentar las condiciones sociales que corresponden a esa dignidad. La abundancia material no debe alejar del reino de Dios; quienes poseen bienes han de saber que &eacute;stos deben ser puestos tambi&eacute;n al servicio de los m&aacute;s necesitados, recordando que Cristo se manifiesta de modo especial en los pobres e indigentes, ante los cuales nadie puede permanecer insensible. Pero no olvid&eacute;is que el trabajo constante, intenso, honrado y eficaz de todos es condici&oacute;n necesaria para erradicar la pobreza. No podemos esperarlo todo de fuera: Dios nos pide esfuerzo, y lo premia luego con frutos abundantes. <\/p>\n<p>5. No dig&aacute;is que no a Dios cuando suscita de entre vuestros hijos una <i>vocaci&oacute;n al sacerdocio o a la vida religiosa<\/i>. La Iglesia en Bolivia necesita familias generosas, de las que provengan abundantes vocaciones apost&oacute;licas y misioneras, de modo que el Evangelio llegue a todos los rincones del pa&iacute;s y trascienda sus fronteras. <\/p>\n<p>Fijaos c&oacute;mo esta preocupaci&oacute;n de promover vocaciones para difundir el mensaje de Cristo estaba especialmente presente en los albores de la cristiandad. <i>La liturgia de hoy nos conduce al Cen&aacute;culo<\/i>. La Iglesia celebra hoy la fiesta de San Mat&iacute;as, aquel var&oacute;n llamado a completar el grupo de los Ap&oacute;stoles, despu&eacute;s de la ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or Jes&uacute;s al Padre. La lectura de los Hechos de los Ap&oacute;stoles nos recuerda c&oacute;mo se desarroll&oacute; el llamado de Mat&iacute;as al grupo de los Doce. Pocos d&iacute;as antes de Pentecost&eacute;s, estando reunidos los disc&iacute;pulos, oraron al Se&ntilde;or diciendo: \u201c<i>T&uacute;, Se&ntilde;or, que conoces los corazones de todos, mu&eacute;stranos a cu&aacute;l&#8230; has elegido<\/i>\u201d (<i>Hch<\/i> 1, 24).&nbsp;As&iacute; rezaba la Iglesia en Jerusal&eacute;n bajo la gu&iacute;a del Ap&oacute;stol Pedro. <\/p>\n<p>Los disc&iacute;pulos dejan en manos de Dios la elecci&oacute;n del nuevo Ap&oacute;stol. No pod&iacute;a ser cualquiera. Hac&iacute;a falta que \u201cde entre los hombres que anduvieron con nosotros todo el tiempo que el Se&ntilde;or Jes&uacute;s convivi&oacute; con nosotros&#8230;, <i>uno de ellos sea constituido testigo con nosotros de su resurrecci&oacute;n<\/i>\u201d (<i>Hch<\/i> 1, 21-22).&nbsp; <\/p>\n<p>Toda la Iglesia celebra hoy la memoria de este Ap&oacute;stol, llamado por el Esp&iacute;ritu y elegido por la primera comunidad de Jerusal&eacute;n, presidida por Pedro. <\/p>\n<p>6. En este d&iacute;a <i>todos nosotros volvemos en esp&iacute;ritu al Cen&aacute;culo<\/i>. <\/p>\n<p>En particular, es necesario que volv&aacute;is al Cen&aacute;culo vosotros, queridos hermanos, <i>llamados por el Esp&iacute;ritu Santo al servicio misional<\/i> aqu&iacute;, en tierra boliviana. <\/p>\n<p>Nos dice al respecto el Concilio Vaticano II: \u201cCristo Se&ntilde;or, de entre los disc&iacute;pulos, llama siempre a los que quiere para que le acompa&ntilde;en y para enviarlos a predicar a las gentes. Por&#8230; medio del Esp&iacute;ritu Santo&#8230;, inspira la vocaci&oacute;n misionera en el coraz&oacute;n de cada uno y suscita al mismo tiempo en la Iglesia Institutos que tomen como misi&oacute;n propia el deber de la evangelizaci&oacute;n, que pertenece a toda la Iglesia\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\">Ad gentes<\/a><\/i>, 23).&nbsp; <\/p>\n<p>A vosotros, queridos misioneros franciscanos, redentoristas, Maryknoll, jesuitas y tantos otros aqu&iacute; presentes, quiero dirigirme especialmente ahora. Ante todo os agradezco vivamente el trabajo intenso que est&aacute;is realizando. Gracias a vuestra tarea evangelizadora, Cristo se hace presente entre los pobladores del Oriente boliviano. Os hab&eacute;is dedicado afanosamente a propagar el reino de Dios, y veo con alegr&iacute;a que est&aacute;is empe&ntilde;ados en proseguirlo con ilusi&oacute;n, siendo &laquo;misioneros, sacerdotes o religiosos, que <i>dais cumplimiento al mandato de Cristo<\/i> de evangelizar a todas las gentes. Sois ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios (Cf.. <i>1 Cor.<\/i> 4, 1)&raquo; (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1985\/february\/documents\/hf_jp-ii_spe_19850205_indigeni-amazzonia.html\">Encuentro con los naturales de Iquitos<\/a><\/i>, 5 de febrero de 1985, n. 9). El mismo Jesucristo que os llam&oacute; a esta tarea, os acompa&ntilde;a con su gracia para que vuestros esfuerzos den fruto abundante. Escuchad las palabras que Cristo pronuncia en el Cen&aacute;culo a los Ap&oacute;stoles en la vigilia de su pasi&oacute;n, y que hoy repite la liturgia: \u201c<i>Vosotros sois mis amigos<\/i>, si hac&eacute;is lo que yo os mando\u201d (<i>Jn<\/i> 15, 14).&nbsp; Y lo que transmite Cristo se sintetiza plenamente en el mandamiento del amor. <i>Este amor es el punto de partida de la vocaci&oacute;n misionera de la Iglesia y del servicio misionero<\/i>: el amor de Dios que arde en vuestros corazones. Porque am&aacute;is a Dios, am&aacute;is a quienes evangeliz&aacute;is. La eficacia de vuestro trabajo misionero depende de la uni&oacute;n que manteg&aacute;is con Dios en vuestras almas. <\/p>\n<p>Cristo dice luego: \u201cNo os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; <i>a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he o&iacute;do a mi Padre os lo he dado a conocer<\/i>\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 15, 15).&nbsp; <\/p>\n<p>Misioneros, acoged, pues, en vuestros corazones toda la plenitud de la Verdad divina, toda la riqueza de la Palabra que nos ha sido transmitida. Acogedla y hacedla vuestra como verdaderos amigos de Dios. <i>&iexcl;Llevadla a todos<\/i> los que esperan vuestro servicio! <\/p>\n<p>7. Todo hombre es imagen del Creador y, por el Bautismo, hijo suyo por la gracia. Pues precisamente vosotros, escogidos de entre los hombres para pregonar las maravillas de Dios, deb&eacute;is sentiros hijos predilectos, <i>amigos verdaderos de Dios<\/i>, que comunic&aacute;is a los dem&aacute;s un amor que desborda de vuestros corazones. <\/p>\n<p>Las personas a quienes os acerqu&eacute;is han de ver el amor en vuestra vida. As&iacute; lo han venido haciendo tantas generaciones de misioneros desde que el Se&ntilde;or, por medio de ellos, quiso hacerse presente en estas tierras, deb&eacute;is ver en cada una de vuestras tareas una consecuencia del amor. Sois Cristo que atiende al hambriento, que cura a los enfermos, que ense&ntilde;a a los ni&ntilde;os y a los adultos, que mejora las condiciones sanitarias de la poblaci&oacute;n; y al hacerlo as&iacute;, ten&eacute;is conciencia de que es al mismo Jes&uacute;s a quien atend&eacute;is (cf. <i>Mt<\/i> 25, 40).&nbsp; Pero, sobre todo, deb&eacute;is llevar a estos hermanos vuestros al conocimiento de Dios y a su trato intenso en la oraci&oacute;n y los sacramentos para que participen del mismo gozo y alegr&iacute;a que llena vuestros corazones. Contribuyendo as&iacute; a su desarrollo material, ilustrando su entendimiento y llevando sus almas a Dios, los har&eacute;is art&iacute;fices de su propia liberaci&oacute;n, que es fruto del Amor. <\/p>\n<p>Dios os acompa&ntilde;a. Hoy volvemos a escuchar, como los Ap&oacute;stoles, aquellas palabras del Se&ntilde;or: \u201cNo me hab&eacute;is elegido vosotros a m&iacute;, <i>sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado a que vay&aacute;is y deis fruto, y un fruto que permanezca<\/i>\u201d (<i>Jn<\/i> 15, 16).&nbsp; Recordad como los primeros cristianos, personas sencillas y humildes en su mayor&iacute;a, con pocos recursos humanos y sufriendo las m&aacute;s encarnizadas persecuciones, lograron con &eacute;xito difundir el mensaje de Cristo por todos los rincones de aquel imperio, sin m&aacute;s armas que la oraci&oacute;n, el Evangelio y la cruz. <\/p>\n<p>8. Nuestro encuentro en torno al altar es el &uacute;ltimo de mi viaje a Bolivia. Deseo, pues, en estos momentos finales de mi peregrinaci&oacute;n apost&oacute;lica por estas queridas tierras, <i>dirigirme a la Madre de Dios en su santuario de Copacabana<\/i> y, mediante su Coraz&oacute;n, haceros part&iacute;cipes a todos del mensaje que nos ha dejado Cristo: \u201cComo el Padre me am&oacute;, yo tambi&eacute;n os he amado a vosotros; <i>permaneced en mi amor<\/i>. Si guard&aacute;is mis mandamientos, permanecer&eacute;is en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor&#8230; <i>Este es el mandamiento m&iacute;o; que os am&eacute;is los unos a los otros<\/i> como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 15, 9-10. 12-13.&nbsp; <\/p>\n<p>Cristo ha dado su vida por todos nosotros. <\/p>\n<p><i>Todos hemos sido redimidos<\/i> al precio de su Sangre vertida en la cruz. <\/p>\n<p>Todos hemos sido redimidos en su muerte y resurrecci&oacute;n. Por tanto, debe permanecer en todos, particularmente en este tiempo lit&uacute;rgico, <i>la alegr&iacute;a pascual<\/i>. <\/p>\n<p>Como Sucesor de San Pedro, que he tenido la dicha de visitaros en tierra boliviana, deseo haceros part&iacute;cipes de esta alegr&iacute;a. Acoged de mis labios, queridos hermanos y hermanas, el deseo de esta alegr&iacute;a <i>que Cristo mismo ha dejado a su Iglesia<\/i>. <\/p>\n<p>Para que su alegr&iacute;a est&eacute; en vosotros y vuestra alegr&iacute;a sea plena (cf. <i> Ib&iacute;d<\/i>. 15, 11).&nbsp; Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/font> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1988 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, BOLIVIA, LIMA Y PARAGUAY CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN EL AEROPUERTO DE TRINIDAD HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Beni (Bolivia)S&aacute;bado 14 de mayo de 1988 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: &iexcl;Alabado sea Jesucristo! 1. Estoy muy contento de hallarme entre vosotros, en esta ciudad que lleva el nombre cristiano de la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/14-de-mayo-de-1988-celebracion-eucaristica-en-el-aeropuerto-de-trinidad-bolivia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab14 de mayo de 1988, Celebraci\u00f3n eucar\u00edstica en el aeropuerto de Trinidad (Bolivia)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39935","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39935","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39935"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39935\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39935"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39935"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39935"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}