{"id":39936,"date":"2016-10-05T23:20:26","date_gmt":"2016-10-06T04:20:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-mayo-de-1988-celebracion-eucaristica-en-el-aeropuerto-el-trompillo-de-santa-cruz-bolivia\/"},"modified":"2016-10-05T23:20:26","modified_gmt":"2016-10-06T04:20:26","slug":"13-de-mayo-de-1988-celebracion-eucaristica-en-el-aeropuerto-el-trompillo-de-santa-cruz-bolivia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-mayo-de-1988-celebracion-eucaristica-en-el-aeropuerto-el-trompillo-de-santa-cruz-bolivia\/","title":{"rendered":"13 de mayo de 1988, Celebraci\u00f3n eucar\u00edstica en el aeropuerto \u00abEl Trompillo\u00bb de Santa Cruz (Bolivia)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, BOLIVIA, LIMA Y PARAGUAY<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN EL AEROPUERTO <font face=\"Times New Roman\">&laquo;EL TROMPILLO&raquo;<\/font><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Santa Cruz<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"> (Bolivia)<br \/>&nbsp;Viernes 13 de mayo de 1988<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. Cruce&ntilde;os y gente de otras tierras, que hab&eacute;is hecho de Santa Cruz vuestro hogar aportando nuevos valores para forjar entre todos una nueva generaci&oacute;n para Bolivia. A todos vosotros, los nacidos en esta tierra y a los gozosamente adoptados por ella, hago llegar mi afectuoso saludo y mi bendici&oacute;n. En particular saludo con fraterno afecto a Monse&ntilde;or Luis Rodr&iacute;guez, Pastor de esta querida arquidi&oacute;cesis, que pasado ma&ntilde;ana celebrar&aacute; el cincuenta aniversario de su ordenaci&oacute;n sacerdotal, saludo a sus obispos auxiliares y a todos los amad&iacute;simos hermanos en el Episcopado aqu&iacute; presentes. <\/p>\n<p align=\"left\">Me dirijo a todos con sentimientos de aprecio y estima, pues llev&aacute;is en vosotros, impresa por la mano de Dios, la suprema nobleza de su imagen y semejanza; veo a seres humanos impregnados, seg&uacute;n el designio divino, de una dignidad intransferible y radical, de la cual derivan, junto a deberes, derechos fundamentales que deben ser respetados en todo tiempo y lugar. Mi palabra se dirige hoy a todos los cruce&ntilde;os, de la ciudad o del campo, de origen camba o kolla, rescatados del poder del mal por la sangre de Cristo, llamados por El a \u201crevestiros del hombre nuevo, creado seg&uacute;n Dios, en la justicia y santidad de la verdad\u201d (<i>Ef<\/i> 4, 24).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">Hemos escuchado las palabras del Profeta Isa&iacute;as: \u201cAbrir las prisiones injustas,&#8230; dejar libres a los oprimidos&#8230; partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo&#8230; Entonces nacer&aacute; una luz como la aurora&#8230; Entonces clamar&aacute;s al Se&ntilde;or y te responder&aacute;; gritar&aacute;s y te dir&aacute;: Aqu&iacute; estoy\u201d (<i>Is<\/i> 56, 6-9).&nbsp;El Se&ntilde;or est&aacute; siempre dispuesto a escuchar el grito del hombre, a mantener con &eacute;l la alianza sellada en su Hijo, asociando a todos de este modo a la actuaci&oacute;n de sus designios, que son de construir el orden de la verdad y del bien, renovando la vida de las comunidades y de toda la sociedad humana. <\/p>\n<p align=\"left\">A los hombres y a las sociedades corresponde asumir la tarea de conversi&oacute;n y de transformaci&oacute;n. Ellos est&aacute;n llamados a rehacer con la ayuda de Dios los caminos que conducen al bien, a la justicia, a la paz. Esta es la ense&ntilde;anza que encontramos en el libro del Profeta Isa&iacute;as: el eterno grito de Dios, que quiere sacar de su precaria situaci&oacute;n, de cara a la salvaci&oacute;n definitiva, al hombre, a los pueblos, a las naciones, y restaurar a la vez la justicia y honestidad de costumbres en los campos de la vida social, econ&oacute;mica y pol&iacute;tica. <\/p>\n<p align=\"left\">Todos vosotros est&aacute;is llamados a construir esa sociedad nueva. Pero \u201cno se edifica una sociedad sin Dios, sin la ayuda de Dios; ser&iacute;a una contradicci&oacute;n. Es Dios la garant&iacute;a de una sociedad a medida del hombre\u201d (<i>Discurso a las autoridades y a los habitantes de Salvador de Bah&iacute;a<\/i>, 6 de julio de 1980).&nbsp;S&oacute;lo cuando Dios se haya convertido de veras en el centro de la vida del hombre, de su historia y de toda la creaci&oacute;n, ser&aacute; posible realizar esta tarea. No es otra cosa lo que Jes&uacute;s ha anunciado como reino de Dios, inminente y ya presente (cf. <i>Mc<\/i> 1, 15; <i>Mt<\/i> 4, 17).&nbsp; Es una nueva forma de vida, en cuya contextura los hombres son, se sienten y se comportan como hermanos. <\/p>\n<p align=\"left\">2. \u201cAqu&iacute; estoy\u201d (<i>Is<\/i> 58, 9),&nbsp; dice el Se&ntilde;or, seg&uacute;n leemos en el Profeta Isa&iacute;as.&iexcl; El Se&ntilde;or que se compromete a estar presente entre nosotros! <i>El Verbo de Dios se hace hombre<\/i> para poder sentir con coraz&oacute;n de hombre, hablar con palabras de hombre y ser, verdaderamente, uno de nosotros. Como Sabidur&iacute;a del Padre, que vino a ense&ntilde;arnos la Verdad, Cristo pronunci&oacute; el serm&oacute;n de la monta&ntilde;a, esto es, <i>las bienaventuranzas<\/i> que hemos recordado hoy en la liturgia. En ellas nos ha revelado <i>el reino de Dios<\/i>, que es el cumplimiento definitivo de todos los deseos y aspiraciones, as&iacute; como el fin de todas las luchas y sufrimientos de la humanidad. <\/p>\n<p align=\"left\">Con las bienaventuranzas abre un di&aacute;logo al que son convocados precisamente <i>los pobres de esp&iacute;ritu<\/i>, los que lloran, los mansos, <i>los que tienen hambre y sed de justicia<\/i>, los misericordiosos, los limpios de coraz&oacute;n, <i>los que buscan la paz<\/i>, los perseguidos por causa de la justicia (cf. <i>Mt<\/i> 5, 3-10).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">Como os han indicado vuestros obispos, \u201cconstruir este reino significa un desaf&iacute;o concreto para nuestra Iglesia en Bolivia, por la hora particular que vivimos y las caracter&iacute;sticas mismas que tiene el reino. Es un reino de verdad&#8230; Es un reino de libertad&#8230; Es un reino de fraternidad&#8230; Es un reino de justicia&#8230; Es un reino que se manifiesta como reino de vida y de amor\u201d (Conferencia episcopal boliviana, <i>Enfoque pastoral<\/i>, 1, 6).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">Cristo, en el serm&oacute;n de la monta&ntilde;a, se estaba dirigiendo non s&oacute;lo a sus oyentes de entonces, sino tambi&eacute;n a los hombres y mujeres de todos los tiempos, incluidos <i>nosotros<\/i>. Por eso cabe preguntarnos aqu&iacute;: <i>&iquest;Qui&eacute;nes somos nosotros?<\/i> &iquest;Cu&aacute;l es nuestra realidad? Todos formamos parte del Pueblo de Dios que sobre la tierra <i>camina hacia el reino de los cielos<\/i>, hacia el destino definitivo del hombre en Dios; hacia esa paz que el mundo no puede dar y que s&oacute;lo de Cristo puede esperar; hacia esa justicia que s&oacute;lo Dios puede actuar en el coraz&oacute;n del hombre y entre los hombres, entre los diversos estratos de la sociedad, como tambi&eacute;n entre los pueblos y las naciones. <\/p>\n<p align=\"left\">3. Queridos hermanos y hermanas, hijos y hijas de esta tierra boliviana: Permitidme que os haga unas preguntas que, conf&iacute;o, sean el comienzo de una seria reflexi&oacute;n, de un verdadero discernimiento: <i>&iquest;Sent&iacute;s de verdad hambre y sed de justicia? &iquest;C&oacute;mo busc&aacute;is la paz?<\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">Estas preguntas deben llevarnos a reflexionar seriamente ante Dios, sobre algunos de los problemas que afectan a pa&iacute;ses como el vuestro. Uno de estos graves problemas es \u201cla situaci&oacute;n de inhumana pobreza\u201d a que se refer&iacute;an los obispos latinoamericanos reunidos en Puebla (<i>Puebla<\/i>, 29).&nbsp;Por desgracia es una situaci&oacute;n que afecta a tantas personas y familias bolivianas, y cuyos &iacute;ndices son la alta mortalidad infantil, la desnutrici&oacute;n, los bajos salarios, la elevada tasa de desempleo, la escasez de vivienda, las deficiencias en el campo de la sanidad y la educaci&oacute;n, el contrabando, el narcotr&aacute;fico y sus secuelas internas y externas, que tienden a generalizarse en diversas formas de corrupci&oacute;n; tantos signos, en fin, de marginaci&oacute;n, desigual distribuci&oacute;n de la riqueza, desnivel cultural, discriminaci&oacute;n de la mujer. <\/p>\n<p align=\"left\">Estos y otros &iacute;ndices del conjunto de problemas que os toca sufrir tienen ra&iacute;ces muy profundas, como son el hecho de una excesiva dependencia econ&oacute;mica, tecnol&oacute;gica, pol&iacute;tica y cultural; la vigencia de sistemas econ&oacute;micos que no consideran al hombre como portador de valores primordiales; los desequilibrios en la distribuci&oacute;n del presupuesto estatal; la crisis de valores morales, manifestada en el af&aacute;n de lucro, la flojera, la falta de esfuerzo, la carencia de sentido social y de solidaridad. Finalmente, vemos que, por debajo de todas estas manifestaciones, existe siempre el misterioso fondo del pecado, pues la persona humana, olvidando los mandamientos de Dios, corrompe los mecanismos de la sociedad con falsos valores materiales (cf.&nbsp; <i>Ib&iacute;d<\/i>. 63, 70).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">4. En medio de este sombr&iacute;o panorama de la realidad no hemos de dejarnos invadir por el des&aacute;nimo. A1 contrario, ten&eacute;is motivos de gran esperanza. Basta contemplar la <i>enorme riqueza de valores<\/i> culturales, sociales y religiosos, que os distinguen entre todos los pueblos de Am&eacute;rica, ya que cont&aacute;is con el porcentaje m&aacute;s alto de poblaci&oacute;n aut&oacute;ctona, ligada a las culturas ancestrales americanas. Me complace subrayar una vez m&aacute;s vuestro esp&iacute;ritu de hospitalidad y acogida; la innata delicadeza y bondad que os caracteriza; el fuerte apego a la familia, abierta a las relaciones de parentesco y v&iacute;nculos profundos de compadrazgo; el amor y el respeto a la madre; la paciencia y la capacidad de sufrimiento; el trato respetuoso y cordial; el sentido festivo de la vida, que se manifiesta en alegr&iacute;a y optimismo, que se vuelve aut&eacute;ntica celebraci&oacute;n popular en las ricas y entusiastas expresiones de m&uacute;sica y folklore. Por &uacute;ltimo, es necesario resaltar vuestro sentido de la presencia de Dios, experimentada de manera &iacute;ntima y natural, confiando en su Providencia, aceptando su divina voluntad, en una continua y vital relaci&oacute;n con El. En estrecha conexi&oacute;n con el sentido de Dios est&aacute; la rica y variada religiosidad popular, fuertemente enraizada en la conciencia de vuestro pueblo y que se expresa de manera constante en los acontecimientos religiosos, sociales y civiles de vuestro diario vivir; la tradicional y sentida devoci&oacute;n a los Santos y en especial a la Virgen Mar&iacute;a, bajo diversas advocaciones: la Mamita de Cotoca, da Chaguaya, de Urkupi&ntilde;a, de Copacabana, de Guadalupe, del Socav&oacute;n, del Carmen; el afecto filial al Papa y el aprecio a vuestros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas. <\/p>\n<p align=\"left\">5. Estos valores m&aacute;s relevantes, entre otros que hubi&eacute;ramos podido enumerar, tienen una connotaci&oacute;n profundamente humana, adem&aacute;s de cristiana. Ellos seguir&aacute;n siendo pues <i>la base de esta nueva sociedad<\/i> que est&aacute;is llamados a construir. A este respecto, la Iglesia reconoce la justa autonom&iacute;a de lo temporal (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\"> Gaudium et spes<\/a><\/i>, 36),&nbsp; es decir, corresponde a la sociedad civil encontrar las formas y medios m&aacute;s adecuados para perseguir sus propios fines. Sin embargo, puesto que la misi&oacute;n salv&iacute;fica y liberadora de la Iglesia se lleva a cabo en el contexto de la historia humana y de las relaciones sociales, ella ofrece y sostiene su propia visi&oacute;n del hombre y de la sociedad y invita a aceptar sus orientaciones que debieran considerarse esenciales por quienes est&aacute;n empe&ntilde;ados de veras en la <i>construcci&oacute;n de un orden social m&aacute;s justo y humano<\/i>. Asimismo, es parte de su misi&oacute;n prof&eacute;tica el denunciar lo que se opone al proyecto de Dios en la historia, ya sea de orden personal, familiar o social. <\/p>\n<p align=\"left\">En el cumplimiento de esta misi&oacute;n, la Iglesia, como madre y maestra de los pueblos, ha mostrado su preocupaci&oacute;n por estos problemas y con su doctrina social trata de iluminarlos buscando soluciones acertadas. De estas ense&ntilde;anzas \u2013que algunos han llamado el \u201cevangelio social\u201d\u2013 quisiera recordar ciertos principios fundamentales, esperando que sean tomados como un llamado a la conciencia de todos y de cada uno, y se traduzcan en hechos de vida. <\/p>\n<p align=\"left\">6. Ante todo, hay que destacar el principio b&aacute;sico de la <i>primac&iacute;a de la persona sobre las cosas<\/i>, principio que constituye el fundamento necesario para superar no pocos errores ideol&oacute;gicos, cuyas consecuencias pr&aacute;cticas repercuten principalmente sobre los pobres en los diversos tipos de sociedad existentes en el mundo de hoy (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0037\/__PF.HTM\">Laborem exercens<\/a><\/i>, 13).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">En la persona humana, es decir, en el hombre considerado en todas sus dimensiones, especialmente como creatura de Dios redimida por Cristo (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\"> Gaudium et spes<\/a><\/i>, 22), se encuentra la clave de interpretaci&oacute;n del gran misterio de toda la vida humana. \u201cEsta verdad completa sobre el ser humano constituye el fundamento de la ense&ntilde;anza social de la Iglesia, as&iacute; como la base de la verdadera liberaci&oacute;n. A la luz de esta verdad, no es el hombre un ser sometido a los procesos econ&oacute;micos o pol&iacute;ticos, sino que esos procesos est&aacute;n ordenados al hombre y sometidos a &eacute;l\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1979\/january\/documents\/hf_jp-ii_spe_19790128_messico-puebla-episc-latam.html\">Discurso a la III Conferencia general del episcopado latinoamericano<\/a><\/i>, Puebla, M&eacute;xico, 28 de enero de 1979).&nbsp; De esta consideraci&oacute;n fundamental, surge la concepci&oacute;n del orden social, pol&iacute;tico, econ&oacute;mico y cultural, as&iacute; como todo principio relacionado con ellos; de esta manera el hombre, considerado como fundamento, causa y finalidad de todas las instituciones sociales, se convierte en el criterio para valorar les formas concretas que asume la convivencia humana y el progreso de la sociedad (cf. <i> <a href=\"\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html\"> Mater et magistra<\/a><\/i>, 231 y 259).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">De la consideraci&oacute;n de este principio central de la doctrina social de la Iglesia se deriva otro no menos importante: toda la organizaci&oacute;n de la sociedad tiene <i>como fin el bien com&uacute;n<\/i> entendido como \u201ctodo un conjunto de condiciones sociales que permitan a los ciudadanos el desarrollo expedito y pleno de su propia perfecci&oacute;n\u201d ( <i> <a href=\"\/content\/john-xxiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_j-xxiii_enc_15051961_mater.html\"> Mater et magistra<\/a><\/i>, 70).&nbsp;Por tanto, la justicia de los sistemas sociales, pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos, se valorar&aacute; seg&uacute;n la medida en que permitan eficazmente a todos los miembros de la sociedad lograr esta meta. Y esto, no de una manera que podr&iacute;amos decir autom&aacute;tica, sino con la real participaci&oacute;n de todos los ciudadanos. El bien com&uacute;n no es, por tanto, funci&oacute;n exclusiva de los poderes p&uacute;blicos, que deben tener un papel relevante, sino de todos los miembros de la sociedad, cada uno seg&uacute;n su propia capacidad y funci&oacute;n (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0042\/__P4.HTM\">Sollicitudo rei socialis<\/a><\/i>, 15; Pablo VI, <i> <a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_letters\/documents\/hf_p-vi_apl_19710514_octogesima-adveniens.html\"> Octogesima adveniens<\/a><\/i>, 47; <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\"> Gaudium et spes<\/a><\/i>, 75).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">7. En la b&uacute;squeda del bien com&uacute;n, la doctrina de la Iglesia adopta como criterio prioritario la preocupaci&oacute;n por los m&aacute;s despose&iacute;dos y necesitados: aquellas personas que se encuentran en medio de dificultades insuperables, por lo cual se les cierra el acceso a los bienes m&aacute;s elementales y necesarios para una vida digna de quien ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\">Como bien puede deducirse de lo anterior, el progreso de la sociedad tiende a procurar que todos los ciudadanos puedan disfrutar de los bienes y servicios por ser patrimonio com&uacute;n; pero no podemos olvidar que la visi&oacute;n humanista cristiana implica adem&aacute;s reconocer que todas las cosas est&aacute;n subordinadas \u201ca la semejanza divina del hombre y a su vocaci&oacute;n a la inmortalidad\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0042\/__P5.HTM\">Sollicitudo rei socialis<\/a><\/i>, 29) .&nbsp; Es decir, que en toda la ordenaci&oacute;n de la actividad social se debe tener presente <i>la dimensi&oacute;n moral<\/i>. S&oacute;lo as&iacute; se podr&aacute; llegar a una sociedad justa, fundamento de la verdadera paz, y se evitar&aacute; que la misma actividad humana se vuelva contra el hombre bajo nuevas formas de dominaci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">El derecho a una participaci&oacute;n responsable implica entre otras cosas el respeto a la iniciativa econ&oacute;mica a nivel personal, nacional e internacional. El ejercicio de este derecho por encima de cualquier individualismo es garant&iacute;a de superaci&oacute;n de formas de dependencia que llevan a la pasividad y atentan contra la subjetividad, contra la identidad de ciudadanos y pa&iacute;ses, y al mismo tiempo es obst&aacute;culo a la formaci&oacute;n de estructuras totalitarias a nivel pol&iacute;tico-social, econ&oacute;mico y aun cultural (cf.<i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0042\/__P4.HTM\">Sollicitudo rei socialis<\/a><\/i>, 15).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">La creciente toma de conciencia sobre el conjunto de problemas que se plantean al pa&iacute;s, y de la distancia existente entre esta situaci&oacute;n y los ideales propuestos por la doctrina social, podr&iacute;a suscitar en algunos la <i>tentaci&oacute;n de la violencia<\/i> como medio para romper las estructuras consideradas injustas. Tales estructuras est&aacute;n relacionadas frecuentemente con el proceso de expansi&oacute;n capitalista liberal, mientras en otras partes se presentan como formas opresoras inspiradas por el colectivismo marxista. De uno o de otro modo tiene su origen en ideolog&iacute;as de culturas dominantes y son incoherentes con vuestra fe y vuestra cultura propias. Es necesario, pues, estar alerta porque en la pr&aacute;ctica estas ideolog&iacute;as han sacrificado muchos valores cristianos y, por ende, humanos, o han ca&iacute;do en irrealismos ut&oacute;picos, inspir&aacute;ndose en pol&iacute;ticas que, al utilizar la fuerza como instrumento fundamental, incrementan en &uacute;ltima instancia la espiral de la violencia. <\/p>\n<p align=\"left\">8. La injusticia es ciertamente generadora de divisiones entre los hombres y mujeres llamados por Dios a vivir como hermanos y a luchar contra todo lo que atente a esta vocaci&oacute;n. Es aqu&iacute; donde se hace m&aacute;s acuciante la necesidad de vivir profundamente <i>la virtud cristiana de la solidaridad<\/i>, que llevar&aacute; a cada uno a mirar a su pr&oacute;jimo no solamente como un ser humano, sino como \u201c<i>imagen viva de Dios Padre<\/i>, rescatada por la sangre de Jesucristo y puesta bajo la acci&oacute;n permanente del Esp&iacute;ritu Santo\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 40).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">Quisiera subrayar igualmente c&oacute;mo la solidaridad carecer&aacute; realmente de significado mientras no tenga <i>como fundamento el amor<\/i>. Esto es lo propio de la solidaridad como virtud y en lo que los cristianos nos diferenciamos radicalmente de cualquier otra persona inspirada en ideolog&iacute;as pasajeras. Solamente una solidaridad <i>basada en el amor y fruto del mismo<\/i> ofrecer&aacute; esperanzas de constituir un fundamento estable a la construcci&oacute;n de una sociedad justa y fraterna. Esta es la virtud que puede y debe proporcionar las bases s&oacute;lidas para la paz estable y duradera, en Bolivia, en Am&eacute;rica Latina y en el mundo entero. <\/p>\n<p align=\"left\">Vuestra propia fe cristiana y los desaf&iacute;os de la realidad os invitan a todos vosotros, habitantes de esta tierra, a encarar con valent&iacute;a y creatividad la necesidad de introducir cambios profundos en las estructuras sociales. <\/p>\n<p align=\"left\">9. Queridos hermanos cruce&ntilde;os y de todo el pa&iacute;s: Vosotros os encontr&aacute;is en un per&iacute;odo de cambio, caracterizado por fen&oacute;menos y problemas de suma importancia. Adem&aacute;s de los ya mencionados anteriormente, es necesario llamar la atenci&oacute;n sobre la migraci&oacute;n, la urbanizaci&oacute;n creciente, la proletarizaci&oacute;n, la discriminaci&oacute;n de la mujer que exige su justa promoci&oacute;n, el fen&oacute;meno del desmedido proselitismo de las sectas. El proceso de secularizaci&oacute;n, que se va extendiendo cada vez m&aacute;s, lleva consigo el peligro de absolutizar los valores mundanos como el poder, el placer o el dinero. Es de lamentar el deterioro de valores &eacute;ticos b&aacute;sicos, como el de la honradez p&uacute;blica y privada, que ha llevado a numerosas expresiones de corrupci&oacute;n, que minan las bases de la organizaci&oacute;n de la sociedad. El comercio de la droga se ha convertido en un aut&eacute;ntico tr&aacute;fico de la libertad por cuanto lleva a la m&aacute;s terrible forma de esclavitud y siembra vuestro suelo de corrupci&oacute;n y de muerte. Por ello, es urgente no s&oacute;lo proteger a los j&oacute;venes del consumo de la droga, sino combatir el tr&aacute;fico mismo, por tratarse de una actividad a todas luces infame. Urge al mismo tiempo discernir las causas o ra&iacute;ces profundas de este fen&oacute;meno para definir l&iacute;neas de acci&oacute;n que sean eficaces. Os enfrent&aacute;is, pues, a una ardua tarea: transformar esta sociedad boliviana en <i>una sociedad nueva<\/i>, en una sociedad profundamente cristiana en sus fundamentos y en sus expresiones. <\/p>\n<p align=\"left\">10. Jesucristo, que en su serm&oacute;n de la monta&ntilde;a nos ofrece el mensaje de las bienaventuranzas, conduce al hombre hacia el reino. El reino de Dios es esta \u201cnueva tierra donde habita la justicia y cuya bienaventuranza es capaz de saciar y rebasar todos los anhelos de paz que surgen en el coraz&oacute;n humano\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 39).&nbsp; Esta es la ense&ntilde;anza del &uacute;ltimo Concilio. <\/p>\n<p align=\"left\">En esta perspectiva se puede cumplir de manera definitiva aquello de que nos habla el Salmo de la liturgia de hoy: \u201cLa lealtad y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan\u201d (<i>Sal<\/i> 85 [84], 11)&nbsp;&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">11. &iexcl;Santa Cruz! <\/p>\n<p align=\"left\">Ciudad que llevas este nombre en la tierra boliviana, el Sucesor del Ap&oacute;stol Pedro te agradece hoy tu hospitalidad. Agradece este encuentro con el Pueblo de Dios que hoy se ha reunido aqu&iacute; y lo encomienda a la protecci&oacute;n maternal de la Virgen de Cotoca. <\/p>\n<p align=\"left\">Que a todas las hijas e hijos de esta tierra lleguen las palabras del mensaje de Cristo que descubren continuamente la \u201cnovedad de la vida\u201d: sociedad nueva, moral renovada. Es necesaria una renovaci&oacute;n continua. Es necesaria la conversi&oacute;n de los corazones y la transformaci&oacute;n de las relaciones sociales. <\/p>\n<p align=\"left\">Y si las mismas palabras del serm&oacute;n de la monta&ntilde;a, si el mensaje salv&iacute;fico del Evangelio no bastaren, <i>que hable, entonces, la cruz de Cristo<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;La Cruz de Cristo! La &uacute;ltima palabra de la sabidur&iacute;a divina. La fuente &uacute;ltima del poder divino de la historia del hombre y del mundo. <\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Santa Cruz! <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/font> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1988 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, BOLIVIA, LIMA Y PARAGUAY CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN EL AEROPUERTO &laquo;EL TROMPILLO&raquo; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Santa Cruz (Bolivia)&nbsp;Viernes 13 de mayo de 1988 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: 1. Cruce&ntilde;os y gente de otras tierras, que hab&eacute;is hecho de Santa Cruz vuestro hogar aportando nuevos valores para forjar &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-mayo-de-1988-celebracion-eucaristica-en-el-aeropuerto-el-trompillo-de-santa-cruz-bolivia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab13 de mayo de 1988, Celebraci\u00f3n eucar\u00edstica en el aeropuerto \u00abEl Trompillo\u00bb de Santa Cruz (Bolivia)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39936","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39936","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39936"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39936\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39936"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39936"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39936"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}