{"id":39937,"date":"2016-10-05T23:20:27","date_gmt":"2016-10-06T04:20:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-mayo-de-1988-celebracion-eucaristica-en-el-valle-de-cochabamba-bolivia\/"},"modified":"2016-10-05T23:20:27","modified_gmt":"2016-10-06T04:20:27","slug":"11-de-mayo-de-1988-celebracion-eucaristica-en-el-valle-de-cochabamba-bolivia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-mayo-de-1988-celebracion-eucaristica-en-el-valle-de-cochabamba-bolivia\/","title":{"rendered":"11 de mayo de 1988, Celebraci\u00f3n eucar\u00edstica en el Valle de Cochabamba (Bolivia)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, BOLIVIA, LIMA Y PARAGUAY<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA <font face=\"Times New Roman\">EN EL VALLE DE COCHABAMBA<\/font><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Mi&eacute;rcoles 11 de mayo de 1988<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p> <i>Dichoso quien teme al Se&ntilde;or \/ y ama de coraz&oacute;n sus mandatos <\/i> (<i>Sal <\/i> 112 [111], 1)<i>.&nbsp; <\/i> <\/p>\n<p> <i>Amad&iacute;simos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p>1. Con estas palabras del Salmo de la liturgia de hoy, saludo cordialmente <i>a todos los presentes<\/i>, a todos los que particip&aacute;is conmigo en este sacrificio Eucar&iacute;stico en el valle de Cochabamba, en el coraz&oacute;n de Bolivia. Saludo especialmente al Pastor de la arquidi&oacute;cesis, Monse&ntilde;or Ren&eacute; Fern&aacute;ndez, a los obispos auxiliares y a los dem&aacute;s hermanos en el Episcopado; a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas, a las autoridades y a todo el Pueblo de Dios que vive y trabaja en esta regi&oacute;n de los valles. A los venidos del Chapare y de las serran&iacute;as andinas, a los de la prelatura de Aiquile, a los que han bajado del altiplano, y a los habitantes de esta ciudad; a todos llegue mi saludo lleno de afecto. <\/p>\n<p>De modo especial quiero dar un gran abrazo a los campesinos quechuas de estas tierras que, desde tiempos inmemoriales, cultivan con esfuerzo los campos que nos rodean. Saludo tambi&eacute;n con particular afecto a cuantos se dedican a promover la salud y la educaci&oacute;n de sus conciudadanos. <\/p>\n<p>2. La liturgia de hoy pone ante nuestros ojos <i>la figura del buen samaritano<\/i>. Conocemos bien esta par&aacute;bola que nos narra el evangelista San Lucas&nbsp; (cf. <i>Lc<\/i> 10, 29-37).<\/p>\n<p>En esta par&aacute;bola del Se&ntilde;or, el buen samaritano se distingue claramente de otras dos personas \u2013una de ellas un sacerdote y la otra un levita\u2013 que, recorriendo el mismo camino de Jerusal&eacute;n a Jeric&oacute;, se cruzan con el hombre asaltado por los malhechores. <i>Ninguno de los dos se detiene ante aquel pobre desdichado<\/i>, v&iacute;ctima de los ladrones sino que al verlo dan un rodeo y pasan de largo (cf. <i>Ib&iacute;d<\/i>. 10, 31-32).&nbsp; <i>Un samaritano<\/i>, en cambio, refiere San Lucas, \u201clleg&oacute; a donde estaba &eacute;l y, <i>al verlo, le dio l&aacute;stima<\/i>\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 10, 33),&nbsp; es decir, siente compasi&oacute;n. El desdichado lo necesitaba, porque no s&oacute;lo hab&iacute;a sido despojado, sino tambi&eacute;n tan herido que hab&iacute;a quedado junto al camino medio muerto. <\/p>\n<p>El samaritano \u2013al contrario de los otros dos que hab&iacute;an pasado anteriormente junto al herido\u2013 no lo abandon&oacute;, sino que \u201cse le acerc&oacute;, le vend&oacute; las heridas&#8230;, lo llev&oacute; a una posada y lo cuid&oacute;\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 10, 34).&nbsp; Y cuando tuvo que proseguir su viaje, lo dej&oacute; al cuidado del due&ntilde;o de la posada, comprometi&eacute;ndose a pagar cualquier gasto que fuese necesario. <\/p>\n<p><i>&iexcl;Qu&eacute; elocuente es esta par&aacute;bola!<\/i> Porque, aunque Jes&uacute;s sit&uacute;e el relato en el camino de Jerusal&eacute;n a Jeric&oacute;, en Tierra Santa, la situaci&oacute;n <i>puede repetirse en cualquier sitio del mundo<\/i>, &iexcl;tambi&eacute;n aqu&iacute;, en tierra boliviana! Y, ciertamente, se habr&aacute; repetido m&aacute;s de una vez. <\/p>\n<p>3. El Se&ntilde;or Jes&uacute;s quer&iacute;a aclarar con esta par&aacute;bola la dificultad que le hab&iacute;a planteado un letrado: \u201c<i>&iquest;Qui&eacute;n es mi pr&oacute;jimo?<\/i>\u201d (<i>Lc<\/i> 10, 29).&nbsp; Despu&eacute;s de escuchar el relato de Jes&uacute;s, su interlocutor ya no encuentra ning&uacute;n obst&aacute;culo para indicar qui&eacute;n era el que se hab&iacute;a comportado como verdadero <i>pr&oacute;jimo<\/i>. Evidentemente es el samaritano, aquel que ha tenido compasi&oacute;n de otro hombre en la desgracia, aunque fuera un extra&ntilde;o y desconocido. Jes&uacute;s le dice entonces: \u201c<i>Anda, haz t&uacute; lo mismo<\/i>\u201d. Con otras palabras el Ap&oacute;stol Santiago pone de relieve la necesidad de la actitud del buen samaritano cuando escribe en su ep&iacute;stola: \u201c&iquest;De qu&eacute; le sirve a uno decir que tiene fe, si no tiene obras?&#8230;, la fe, si no tiene obras, est&aacute; muerta por dentro&#8230;, es in&uacute;til\u201d (<i>St<\/i> 2, 14. 17. 20).&nbsp; <\/p>\n<p>Sin duda alguna, los dos que pasaron de largo conoc&iacute;an los libros sagrados y se consideraban no s&oacute;lo creyentes, sino tambi&eacute;n profundos \u201cconocedores\u201d de las verdades de fe. Sin embargo, no fueron ellos sino el samaritano quien dio una prueba ejemplar de su fe. <i>La fe dio fruto en &eacute;l mediante una buena obra<\/i>. Dios, en quien creemos, nos pide obras semejantes. Estas son las obras de amor al pr&oacute;jimo. <\/p>\n<p>4. La Palabra de Dios nos plantea a nosotros, los creyentes, en la liturgia de hoy, una pregunta fundamental: <i>&iquest;Es fructuosa de veras nuestra fe?<\/i>, &iquest;fructifica realmente en obras buenas?, &iquest;est&aacute; viva o, tal vez est&aacute; muerta? <\/p>\n<p>Esta pregunta deber&iacute;amos hac&eacute;rnosla todos los d&iacute;as de nuestra vida; hoy y cada d&iacute;a, porque sabemos que Dios nos juzgar&aacute; por las obras cumplidas en esp&iacute;ritu de fe. Sabemos que Cristo dir&aacute; a cada uno en el d&iacute;a del juicio: <i>Cada vez que hicisteis estas cosas<\/i> a otro, al pr&oacute;jimo, a mi me lo hicisteis; cada vez que dejasteis de hacer estas cosas con el pr&oacute;jimo, conmigo las dejasteis de hacer (cf. <i>Mt<\/i> 25, 40-45).&nbsp;Exactamente igual que en la par&aacute;bola del buen samaritano. <\/p>\n<p>Esto mismo hemos o&iacute;do en la Ep&iacute;stola de Santiago: Si &laquo;un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y&#8230; uno de vosotros les dice: \u201cDios os ampare, abrigaos y llenaos el est&oacute;mago\u201d, y no les dais lo necesario para el cuerpo; &iquest;de qu&eacute; les sirve?&#8230;; <i>la fe sin las obras es in&uacute;til<\/i>&raquo; (<i>St<\/i> 2, 15-16. 20).&nbsp; <\/p>\n<p>Volvamos a preguntarnos: &iquest;Da fruto nuestra fe?, &iquest;est&aacute; viva?, &iquest;es una \u201cfe que obra por la caridad\u201d? (<i>Ga<\/i> 5, 6).<\/p>\n<p>5. La respuesta no podemos darla s&oacute;lo con palabras; hay que darla con la propia vida. \u201cEns&eacute;&ntilde;ame tu fe sin obras \u2013acabamos de escuchar\u2013 y yo, por las obras, te probar&eacute; mi fe\u201d (<i>St<\/i> 2, 18).&nbsp; Probar&eacute;is vuestra fe con esas obras que sirven para aliviar el sufrimiento f&iacute;sico \u2013la enfermedad, el hambre, la desnudez, la falta de techo\u2013 y el sufrimiento moral \u2013hambre de educaci&oacute;n, de comprensi&oacute;n, de consuelo\u2013. <\/p>\n<p>Este conjunto de circunstancias, presentes siempre en la vida, son ocasi&oacute;n no s&oacute;lo para dar a los dem&aacute;s lo que uno tiene, sino tambi&eacute;n para entregarles lo que uno es, con un compromiso total. Cristo \u2013el Buen Samaritano por excelencia, que carg&oacute; sobre S&iacute; nuestros dolores\u2013&nbsp; (cf. <i>Is<\/i> 53, 4) seguir&aacute; actuando as&iacute; a trav&eacute;s de unos pocos, sino a trav&eacute;s de todos,<i> porque todos estamos llamados a una vocaci&oacute;n de servicio<\/i>. A todos nos ha dicho el Se&ntilde;or: \u201cAmar&aacute;s&#8230; a tu pr&oacute;jimo como a ti mismo\u201d (<i>Lc<\/i> 10, 27).&nbsp; <\/p>\n<p>6. Esta vocaci&oacute;n de servicio, que abarca todas las dimensiones de la existencia humana, encuentra su cauce apropiado y fecundo en la realizaci&oacute;n de cualquier trabajo honrado. El trabajo no es un medio para conseguir el triunfo personal: es \u2013tiene que ser\u2013 una posibilidad de ayudar a los dem&aacute;s. El verdadero bien que hab&eacute;is de buscar siempre en el trabajo es el bien para los dem&aacute;s, el servicio al pr&oacute;jimo. <\/p>\n<p>Sin embargo, para algunos, esta misi&oacute;n de servicio re&uacute;ne unas caracter&iacute;sticas singulares. Su trabajo les lleva a estar cerca de los que sufren, <i>asumiendo los problemas de la salud,<\/i> procurando aliviar el dolor que llega hasta ellos, adoptando continuamente la actitud del buen samaritano. <\/p>\n<p>Por desgracia, el dolor, la enfermedad, es algo que afecta a muchas personas en Bolivia. La desnutrici&oacute;n, el alto &iacute;ndice de mortalidad infantil, el mal de Chagas, el bocio y tantas otras dolencias, a la par que la falta de agua corriente y de otras condiciones sanitarias elementales, afectan a muchos hogares bolivianos. Los ni&ntilde;os, esperanza de vuestra patria, son con frecuencia los m&aacute;s afectados. <i>Resolver esta situaci&oacute;n es un desaf&iacute;o para todos<\/i>; pues, como escrib&iacute;a en la Carta Apost&oacute;lica \u201c<i>Salvifici Doloris<\/i>\u201d: \u201cLa revelaci&oacute;n por parte de Cristo del sentido salv&iacute;fico del dolor no se identifica de ning&uacute;n modo con una actitud de pasividad\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/documents\/hf_jp-ii_apl_11021984_salvifici-doloris.html\">Salvifici Doloris<\/a><\/i>, 30).&nbsp; <\/p>\n<p><i>Dios quiere contar con nuestra colaboraci&oacute;n<\/i> para resolver esos problemas. <i>Alabo y expreso mi gratitud a cuantos dedican sus conocimientos y esfuerzos<\/i> a curar las enfermedades y dolencias de la poblaci&oacute;n boliviana: m&eacute;dicos, enfermeras y enfermeros, asistentes sociales, religiosos y religiosas, y voluntarios laicos. Vosotros realiz&aacute;is un trabajo que el Se&ntilde;or elogia en el buen samaritano: \u201cAl verle&#8230;, acerc&aacute;ndose, vend&oacute; sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y mont&aacute;ndole sobre su propia cabalgadura, le llev&oacute; a una posada y cuid&oacute; de &eacute;l\u201d (<i>Lc<\/i> 10, 33-34).&nbsp; <i>Seguid viendo en los enfermos al mismo Cristo <\/i>(cf. <i>Mt<\/i> 25, 40-45).&nbsp; No dej&eacute;is que la rutina cosifique vuestro trabajo y os haga insensibles al sufrimiento. <i>Compensad la falta de medios con vuestro amor<\/i>, vuestra disponibilidad y vuestro ingenio. Mejorad vuestra entrega a los dem&aacute;s con un constante perfeccionamiento t&eacute;cnico y cient&iacute;fico. Y, sobre todo, ayudad siempre a los enfermos a comprender el significado del dolor dentro del plan salv&iacute;fico de Dios. <\/p>\n<p>No olvid&eacute;is nunca que el aut&eacute;ntico amor al pr&oacute;jimo es inseparable del amor a Dios con todo el coraz&oacute;n y con todas las fuerzas (cf. <i>Lc<\/i> 10, 27).&nbsp;La oraci&oacute;n y la frecuencia de los sacramentos \u2013especialmente la Penitencia y la Eucarist&iacute;a\u2013 os dar&aacute;n la fortaleza necesaria para llevar adelante vuestro compromiso con los que sufren. Y, con esa fuerza, <i>ayudar&eacute;is a los enfermos a permanecer unidos a Dios<\/i> acerc&aacute;ndoles a los sacramentos, a trav&eacute;s de los cuales nos llega constantemente la gracia de Cristo. <\/p>\n<p>7. &laquo;Al d&iacute;a siguiente \u2013contin&uacute;a la par&aacute;bola del buen samaritano\u2013 sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: \u201cCuida de &eacute;l y si gastas algo m&aacute;s, te lo pagar&eacute; cuando vuelva\u201d&raquo; (Lc 10, 36). <\/p>\n<p>Las evidentes carencias sanitarias de poblaciones enteras, particularmente afectadas, han tra&iacute;do la atenci&oacute;n de <i>instituciones nacionales e internacionales<\/i>, privadas y p&uacute;blicas, eclesi&aacute;sticas y civiles, que, a ejemplo del buen samaritano, han querido contribuir a la curaci&oacute;n del pr&oacute;jimo necesitado. Mas vuestra actitud, amad&iacute;simos bolivianos, <i>no debe limitarse a distribuir la ayuda que obten&eacute;is de fuera<\/i> o de las grandes ciudades, sino que debe encaminarse a promover una solidaridad activa de todos, tambi&eacute;n de los propios interesados, haciendo que se conviertan, como hombres libres y responsables, en <i>los primeros gestores de su propia promoci&oacute;n<\/i>. Deb&eacute;is poner entre vuestros objetivos <i>prioritarios la educaci&oacute;n sanitaria<\/i>: han de ser cada vez m&aacute;s los que se aparten de las lacras que tanto afectan a la propia salud y a la de sus hijos, como por ejemplo la bebida; y los que adquieran h&aacute;bitos de aseo e higiene, siempre posibles aun en situaciones de extrema pobreza. En ocasiones ser&aacute; tambi&eacute;n posible aprovechar las medicinas nativas, integr&aacute;ndolas con las t&eacute;cnicas modernas. <\/p>\n<p>No caig&aacute;is nunca en la lamentable tentaci&oacute;n de pensar que la soluci&oacute;n de los problemas est&aacute; en la eliminaci&oacute;n de nuevas vidas mediante m&eacute;todos prohibidos de <i>control de la natalidad, o mediante la esterilizaci&oacute;n o el aborto<\/i>. No ced&aacute;is al chantaje moral de quienes supeditan la ayuda sanitaria y material a planes il&iacute;citos de limitaci&oacute;n de la natalidad. <\/p>\n<p>El esfuerzo de personas particulares y de instituciones debe integrarse y complementarse con el de las autoridades a todos los niveles. En efecto, <i>el cuidado de la salud colectiva es uno de los primeros deberes de los gobernantes<\/i> y una indispensable inversi&oacute;n a largo plazo. <\/p>\n<p>8. Pero el hombre, criado a imagen y semejanza de Dios, no sufre s&oacute;lo por causas f&iacute;sicas: la principal causa del dolor es <i>el mal moral<\/i>. Son muchos los que acuden al Se&ntilde;or para pedirle los cure de sus enfermedades, pero acaso son pocos los que le preguntan, como el letrado del Evangelio de hoy: \u201cMaestro, &iquest;qu&eacute; tengo que hacer para heredar la vida eterna?\u201d (<i>Lc<\/i> 10, 25).&nbsp; Tambi&eacute;n <i>en las almas hay hambre de verdad, como en los cuerpos hay hambre de pan<\/i>. El bienestar f&iacute;sico debe servir al progreso de toda la persona y, por tanto al desarrollo de la inteligencia, que alcanza su cumbre m&aacute;s elevada en el conocimiento de Dios. Mi venerado predecesor, el Papa Pablo VI, advierte en la Enc&iacute;clica <i>Populorum Progressio<\/i> que \u201cla educaci&oacute;n b&aacute;sica es el primer objetivo de un plan de desarrollo\u201d(<i><a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum Progressio<\/a><\/i>, 36),&nbsp; y vuestros obispos se&ntilde;alaron hace ya varios a&ntilde;os que los problemas educacionales de vuestro pa&iacute;s son, a la vez, un drama y un reto (cf. Obispos bolivianos, <i>Epistula pastoralis<\/i>, 1971).&nbsp; <\/p>\n<p><i>La educaci&oacute;n<\/i> \u2013como nos recuerda el Concilio Vaticano II\u2013 a la vez que respeta el car&aacute;cter propio de cada pueblo, <i>debe \u201cproporcionar los medios oportunos para participar en la vida comunitaria<\/i>, adscribi&eacute;ndose activamente a los diversos grupos sociales y prestar su colaboraci&oacute;n al logro del bien com&uacute;n\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decl_19651028_gravissimum-educationis_sp.html\">Gravissimum Educationis<\/a><\/i>, 1).&nbsp; <\/p>\n<p>Esta recomendaci&oacute;n conciliar cobra particular importancia en el caso de <i>la educaci&oacute;n campesina<\/i>. Habr&aacute; que conjugar el respeto de la cultura tradicional con la adquisici&oacute;n de conocimientos y t&eacute;cnicas propias del mundo contempor&aacute;neo. Se evitar&aacute; de esta forma, por una parte, el desarraigo y, por otra, una situaci&oacute;n de inferioridad en el desempe&ntilde;o de las propias tareas y en los intercambios que exige el mundo actual. <\/p>\n<p>9. <i>La Iglesia, aqu&iacute; en Bolivia como en todo el mundo, ha desempe&ntilde;ado un papel importante en esta tarea<\/i>. Me complace se&ntilde;alar como ejemplo y rendir homenaje a tantas iniciativas en el campo de la educaci&oacute;n que, de manera paciente y constante, impulsan este desarrollo desde hace ya muchos a&ntilde;os. Me refiero a las Escuelas de Cristo de Fray Jos&eacute; Zampa, la obra educacional salesiana, las escuelas parroquiales del Campo, Fe y Alegr&iacute;a, y tantas otras acciones admirables, apoyadas por el esfuerzo de la comisi&oacute;n episcopal de Educaci&oacute;n. <\/p>\n<p>Toda esta labor educativa no ser&iacute;a posible sin <i>el sacrificio silencioso y an&oacute;nimo de tantos educadores<\/i>, y el aporte de los maestros de escuelas fiscales, de las organizaciones populares, del magisterio organizado y de tantas iniciativas de educaci&oacute;n no formal, de alfabetizaci&oacute;n y capacitaci&oacute;n de adultos, de aprovechamiento de la rica pluralidad cultural y regional de este pa&iacute;s. <\/p>\n<p>A todos, y por todo, <i>os agradezco en nombre del Se&ntilde;or el trabajo que realiz&aacute;is<\/i>, y os hago llegar mi m&aacute;s ferviente aliento e invitaci&oacute;n a continuar realizando esta meritoria labor con esa sabidur&iacute;a que viene de lo alto y que \u201ces \u2013debe ser\u2013, en primer lugar, pura, adem&aacute;s pac&iacute;fica, complaciente, llena de compasi&oacute;n y buenos frutos, imparcial, sin hipocres&iacute;a\u201d (<i>St<\/i> 3, 17).&nbsp; <\/p>\n<p>10. \u201cDichoso quien teme al Se&ntilde;or \/ y ama de coraz&oacute;n sus mandatos. \/ Su linaje ser&aacute; poderoso en la tierra\u201d (<i>Sal<\/i> 112 [111], 1-2).&nbsp; <\/p>\n<p>Dichoso el que, en cualquier trabajo, busca de coraz&oacute;n a Dios. Dichoso el que, en el ejercicio de cualquier profesi&oacute;n, busca el bien de los dem&aacute;s. <\/p>\n<p>Quiero dirigirme ahora, desde esta tierra de Cochabamba, campesina por excelencia, a vosotros, <i>campesinos quechuas, hombres del \u201clinaje de bronce\u201d<\/i>, que desde tiempo inmemorial pobl&aacute;is estos valles y est&aacute;is en las ra&iacute;ces de la nacionalidad boliviana; que hab&eacute;is dado al mundo vuestros hallazgos alimenticios y medicinales como la papa, el ma&iacute;z y la quinua. El Se&ntilde;or sigue acompa&ntilde;ando con su ayuda vuestro trabajo. El cuida de las aves del cielo, de los lirios que nacen en el campo, de la hierba que brota de la tierra (<i>Mt<\/i> 6, 26-30).&nbsp; Esta es la obra de Dios, que sabe que necesitamos del alimento que produce la tierra, esa realidad varia y expresiva que vuestros antepasados llamaron la \u201cPachamama\u201d y que refleja la obra de la Providencia divina al ofrecernos sus dones para bien del hombre. <\/p>\n<p>Tal es el sentido profundo de la presencia de Dios que deb&eacute;is encontrar en vuestra relaci&oacute;n con la tierra, que abarca para vosotros el territorio, el agua, el arroyo, el cerro, la ladera, la quebrada, los animales, las plantas y los &aacute;rboles, porque tierra es toda la obra de la creaci&oacute;n que Dios nos ha regalado. Por eso al contemplar la tierra, los cultivos que crecen, las plantas que maduran y los animales que nacen, levantad vuestro pensamiento al Dios de las alturas, el Dios creador del universo, que se nos ha manifestado en Cristo Jes&uacute;s, nuestro Hermano y Salvador. As&iacute; podr&eacute;is llegar hasta El, glorificarlo y darle gracias. \u201cPorque lo invisible de Dios, desde la creaci&oacute;n del mundo, se deja ver a la inteligencia a trav&eacute;s de sus obras\u201d (<i>Rm<\/i> 1, 20).&nbsp; <\/p>\n<p>&nbsp;\u201cDichoso el que&#8230; administra rectamente sus asuntos; el justo jam&aacute;s vacilar&aacute;\u201d (<i>Sal<\/i> 112 [111], 5-6).&nbsp;<i>Dichoso el que se esfuerza en su trabajo<\/i>, a pesar de las dificultades del ambiente. Dichoso el que procura construir con su trabajo la civilizaci&oacute;n del amor. <\/p>\n<p>11. Sabemos que, en cada Santa Misa, el sacerdote, al ofrecer el pan y el vino, pone sobre el altar aquello que es <i>don de Dios<\/i> y, al mismo tiempo, <i>fruto del trabajo del hombre<\/i>, y lo hace bendiciendo a Dios: \u201cBendito seas, Se&ntilde;or, Dios del universo\u201d. <\/p>\n<p>S&iacute;, queridos hermanos y hermanas, Dios Creador y Padre nuestro nos permite unir cotidianamente el fruto del trabajo del hombre con <i>el sacrat&iacute;simo Sacrificio de su Hijo Unig&eacute;nito<\/i>: con el Se&ntilde;or en el G&oacute;lgota y en el Cen&aacute;culo. Este sacrificio inefable de nuestra fe debe convertirse para nosotros en <i>la fuente de las obras que derivan de la fe<\/i>: de las obras buenas y salv&iacute;ficas. <\/p>\n<p>Pido, junto con vosotros, que la tierra boliviana abunde en tales obras. Que abunden en ellas todos sus habitantes, la sociedad entera, en todos los campos de la vida y del trabajo. Que todos produzcan frutos <i>para el bien com&uacute;n de todos<\/i>. <\/p>\n<p>Caminad par la senda del amor a los dem&aacute;s \u2013por la senda del buen samaritano\u2013 hacia ese amor que es el mandamiento principal que nos dej&oacute; Cristo. <i>Caminad hacia la salvaci&oacute;n<\/i>, y sabed que en ese camino encontrar&eacute;is la felicidad. <\/p>\n<p>\u201cFrutos de justicia se siembran en la paz para los que procuran la paz\u201d (St 3, 18).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/font> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1988 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, BOLIVIA, LIMA Y PARAGUAY CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN EL VALLE DE COCHABAMBA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Mi&eacute;rcoles 11 de mayo de 1988 &nbsp; Dichoso quien teme al Se&ntilde;or \/ y ama de coraz&oacute;n sus mandatos (Sal 112 [111], 1).&nbsp; Amad&iacute;simos hermanos y hermanas: 1. 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