{"id":39938,"date":"2016-10-05T23:20:29","date_gmt":"2016-10-06T04:20:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-mayo-de-1988-misa-para-las-familias-en-el-aeropuerto-el-alto-de-la-paz-bolivia\/"},"modified":"2016-10-05T23:20:29","modified_gmt":"2016-10-06T04:20:29","slug":"10-de-mayo-de-1988-misa-para-las-familias-en-el-aeropuerto-el-alto-de-la-paz-bolivia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-mayo-de-1988-misa-para-las-familias-en-el-aeropuerto-el-alto-de-la-paz-bolivia\/","title":{"rendered":"10 de mayo de 1988, Misa para las familias en el aeropuerto \u00abEl Alto\u00bb de La Paz (Bolivia)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, BOLIVIA, LIMA Y PARAGUAY<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>MISA PARA LAS FAMILIAS EN EL AEROPUERTO <font face=\"Times New Roman\">&laquo;EL ALTO&raquo;<\/font><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>La Paz<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"> (Bolivia) <br \/>Martes 10 de mayo de 1988<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>\u201cDichoso el que teme al Se&ntilde;or y sigue sus caminos\u201d <\/i>(<i>Sal<\/i> 128 [127], 1).&nbsp; <\/p>\n<p>1. A todos los que escuch&aacute;is quiero hacer llegar la bendici&oacute;n anunciada en el Salmo de la liturgia de este d&iacute;a. &iexcl;Dios Omnipotente, nuestro Padre y Creador, bendiga a todos! Saludo en primer lugar con afecto fraterno a Monse&ntilde;or Luis S&aacute;inz, Pastor de esta Iglesia local. Saludo as&iacute; mismo a todos mis amados hermanos obispos, a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas, a los fieles de esta ciudad capital y de la arquidi&oacute;cesis de La Paz, y a todo el Pueblo de Dios que habita en Bolivia. <\/p>\n<p>Con especial predilecci&oacute;n saludo tambi&eacute;n a la familia aymara, con quienes me encuentro par primera vez: <i>Munata jilanaca, jumanacaja, chuymajantawa<\/i>. (Queridos hermanos y hermanas, vosotros est&aacute;is en mi coraz&oacute;n). <\/p>\n<p>A todos os traigo el &oacute;sculo de la paz, como Obispo de Roma que viene a vosotros desde la Sede del Ap&oacute;stol Pedro. A todos os deseo que camin&eacute;is por los caminos del Se&ntilde;or, dej&aacute;ndoos guiar por el temor de Dios que es el \u201ccomienzo de la sabidur&iacute;a\u201d (<i>Pr<\/i> 9, 10).&nbsp; <\/p>\n<p>2. <i>De modo particular<\/i> quiero dirigirme a <i>todas las familias bolivianas<\/i> sin excepci&oacute;n. <\/p>\n<p>La liturgia de hoy nos hace part&iacute;cipes de la <i>vida de la Sagrada Familia<\/i>, en el hogar de Nazaret. Dios inaugura la plenitud de los tiempos, en las circunstancias m&aacute;s normales y ordinarias: en una familia, en una casa, en una peque&ntilde;a aldea de Galilea. All&iacute;, junto a Jos&eacute;, maestro carpintero, vive y trabaja Jes&uacute;s, el Hijo de Dios, hecho hombre y nacido de la Virgen Mar&iacute;a. En esta familia, el que ser&iacute;a la salvaci&oacute;n del mundo, aprende como cualquier ni&ntilde;o a caminar por la vida. El Hijo de Dios vive en Nazaret hasta que cumple treinta a&ntilde;os, junto a su madre terrena y junto a aquel que, por encargo del Padre del cielo, asume la responsabilidad de padre en la tierra. <\/p>\n<p><i>El Evangelista compendia en una sola frase<\/i> aquellos a&ntilde;os de vida oculta: \u201cEl ni&ntilde;o iba creciendo y robusteci&eacute;ndose, se llenaba de sabidur&iacute;a y la gracia de Dios lo acompa&ntilde;aba\u201d (<i>Lc<\/i> 2, 40).&nbsp; <\/p>\n<p>La Sagrada Familia, ejemplo y modelo de toda familia cristiana, manifiesta los ideales que, seg&uacute;n el eterno designio de Dios, toda familia debe buscar para ser digna del nombre con el cual ha sido designada por la tradici&oacute;n cristiana: iglesia dom&eacute;stica. <\/p>\n<p>3. <i>El Salmo que hemos cantado<\/i> nos muestra la vida familiar y matrimonial donde todos y cada uno \u2013el padre, la madre y los hijos\u2013, hallan su lugar adecuado. Siendo fieles a la propia vocaci&oacute;n, dentro de la familia, encuentran tambi&eacute;n \u2013junto con la bendici&oacute;n divina\u2013 <i>una verdadera felicidad humana<\/i>. <\/p>\n<p>\u201cDichoso el que teme al Se&ntilde;or y sigue sus caminos\u201d (<i>Sal<\/i> 128 [127], 1).&nbsp; <\/p>\n<p><i>Dichoso el esposo que<\/i>, como San Jos&eacute;, manifiesta su amor ganando el sustento para su casa con el trabajo de sus manos. \u201cComer&aacute;s del fruto de tu trabajo, ser&aacute;s dichoso, te ir&aacute; bien\u201d nos dice el Salmo (<i>Sal<\/i> 128 [127], 2).&nbsp; <\/p>\n<p>Vuestra sabidur&iacute;a ancestral, queridos hermanos de Aymara, ense&ntilde;a: <i>Jani lun thata<\/i>: No seas ladr&oacute;n. <i>Jani qaira<\/i>: no seas flojo. <i>Jani kari<\/i>: no seas mentiroso. <\/p>\n<p>Son &eacute;stas unas virtudes que, aplicadas a vuestro trabajo, han de ser manifestaci&oacute;n del amor a Dios y al pr&oacute;jimo, ejemplo de fortaleza para vuestros hijos, y que traer&aacute;n la felicidad a vuestras familias. <\/p>\n<p><i>Dichosa la esposa<\/i>, cuya maternidad compara el Salmista a la \u201cvid fecunda\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i> 3),&nbsp; mujer y madre, <i>coraz&oacute;n de la familia<\/i>, que constituye verdaderamente la \u201cintimidad de la casa\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i>),&nbsp;y en torno a la cual todos se congregan sintiendo su amor sol&iacute;cito. La mujer, como Mar&iacute;a, con su amor y su trabajo, oculto y esforzado, da consistencia al hogar. <\/p>\n<p><i>Dichosos los hijos<\/i>, \u2013en palabras del Salmo\u2013 que crecen desde ni&ntilde;os en la familia \u201ccomo brotes de olivo\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i>).&nbsp;No s&oacute;lo \u201cen torno a la mesa com&uacute;n\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i>),&nbsp;sino sobre todo en torno a sus padres, que deben ser el mejor modelo para \u201ccrecer en sabidur&iacute;a y gracia\u201d como Jes&uacute;s en Nazaret. <\/p>\n<p>Dichosa, finalmente, la sociedad que permite y hace posible que crezcan dignamente sus familias, que favorece el sereno y fecundo desarrollo de la vocaci&oacute;n de cada uno dentro de los hogares. <\/p>\n<p>4. <i>Dios es amor<\/i>. As&iacute; nos lo muestra la Sagrada Familia, ya que ninguna otra cosa puede ocupar el centro de la vida familiar, y de toda vida cristiana sino el amor. Es m&aacute;s, seg&uacute;n el designio divino, la familia est&aacute; constituida precisamente como \u201c&iacute;ntima comunidad de vida y de amor\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 48; cf. <i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html\"> Familiaris consortio<\/a><\/i>, 17)&nbsp; y a ella le compete \u201cla misi&oacute;n de custodiar, revelar y comunicar el amor, como reflejo vivo y participaci&oacute;n real del amor de Dios por la comunidad y del amor de Cristo Se&ntilde;or por la Iglesia, su esposa\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html\">Familiaris consortio<\/a><\/i>, 17).&nbsp; <\/p>\n<p>Por el amor conyugal, el hombre y la mujer \u201cya no son dos, sino una sola carne\u201d (<i>Mt<\/i> 19, 6; <i>Gen<\/i> 2, 24),&nbsp; llamados a crecer continuamente en su comuni&oacute;n a trav&eacute;s de la fidelidad cotidiana a la promesa matrimonial de la rec&iacute;proca donaci&oacute;n total (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html\">Familiaris consortio<\/a><\/i>, 19).&nbsp; <\/p>\n<p>Dios Padre quiso, adem&aacute;s, confirmar, purificar y elevar a la perfecci&oacute;n la uni&oacute;n entre var&oacute;n y mujer, convirti&eacute;ndola en sacramento grande, s&iacute;mbolo de la uni&oacute;n entre Cristo y la Iglesia (cf <i>Ef<\/i> 5, 32). En este misterio, el Esp&iacute;ritu Santo da a los esposos la gracia necesaria para desarrollar esta comuni&oacute;n de vida y mantenerla indisoluble hasta la muerte (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html\">Familiaris consortio<\/a><\/i>, 19-20).&nbsp; Por eso, siguiendo la ense&ntilde;anza de Jesucristo, es preciso <i>recordar con firmeza la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio<\/i>, haciendo llegar la ayuda maternal de la Iglesia a \u201ccuantos consideran dif&iacute;cil o incluso imposible vincularse a una persona de por vida, y a cuantos son arrastrados por una cultura que rechaza la indisolubilidad matrimonial y se mofa abiertamente del compromiso de los esposos a la fidelidad\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 20).&nbsp; <\/p>\n<p>Hermanos m&iacute;os bolivianos: No os dej&eacute;is seducir por el f&aacute;cil recurso al divorcio, ni rechac&eacute;is la gracia del sacramento, optando por modos de uni&oacute;n contrarios al querer de Dios y a la ley natural, como el concubinato, en donde no puede estar presente el amor pleno. Ayudad a vuestros amigos, parientes y conocidos que puedan hallarse todav&iacute;a en estas situaciones, o en lo que vosotros llam&aacute;is \u201csirvi&ntilde;acuy\u201d, a que entiendan el verdadero significado del matrimonio cristiano y lleguen, con la gracia de Dios, a la riqueza y plenitud del sacramento, como os han aconsejado vuestros obispos (cf. Episcopado boliviano, <i>Epistula Pastoralis &laquo;De familia&raquo;<\/i>, 109).&nbsp;<i>S&oacute;lo un matrimonio indisoluble puede ser la base firme<\/i> y duradera de una comunidad familiar, que cumpla su vocaci&oacute;n de centro de manifestaci&oacute;n y difusi&oacute;n del amor. \u201cEl amor no pasa nunca\u201d (<i>1Co<\/i> 13, 8),&nbsp;nos dice San Pablo. <\/p>\n<p>5. <i>El verdadero amor es fiel<\/i>. Construid, pues vuestra familia, vuestro hogar sobre la base de la fidelidad, de la donaci&oacute;n sin reservas, dando vida en vosotros al amor que \u201ces comprensivo, es servicial, no busca su inter&eacute;s, no se irrita, todo lo excusa, todo lo soporta\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 13, 4-7),&nbsp;compartiendo bienes, alegr&iacute;as y sufrimientos. <\/p>\n<p>El amor es grande y aut&eacute;ntico no s&oacute;lo cuando parece sencillo y agradable, sino tambi&eacute;n y sobre todo cuando se confirma en las peque&ntilde;as o grandes pruebas de la vida. Los sentimientos que animan a las personas manifiestan su m&aacute;s honda consistencia en los momentos dif&iacute;ciles. Es entonces cuando arraigan en los corazones la entrega mutua y el cari&ntilde;o, <i>porque el verdadero amor no piensa en s&iacute; mismo, sino en c&oacute;mo acrecentar el verdadero bien de la persona amada<\/i>. <\/p>\n<p>Las peque&ntilde;as discrepancias, l&oacute;gicas en una convivencia tan intensa, no deben enfriar la mutua uni&oacute;n; han de ser motivo para renovar la donaci&oacute;n generosa. Vuestras familias cristianas y bolivianas deben ser un remanso de paz donde, por encima de las peque&ntilde;as contrariedades cotidianas, se pueda palpar un amor hondo y sincero, una serenidad profunda, fruto del cari&ntilde;o y de una fe real y vivida. <\/p>\n<p>Evitad asimismo la altaner&iacute;a, el amor propio, que es el mayor enemigo de la armon&iacute;a entre los esposos. No huy&aacute;is de las obligaciones familiares poniendo el coraz&oacute;n en otros objetivos \u2013como los problemas del trabajo, de la sociedad o de la pol&iacute;tica\u2013, o peor a&uacute;n, buscando refugio en la bebida excesiva u otros h&aacute;bitos degradantes para la persona, o en una liberaci&oacute;n femenina que no proporciona, sino que subyuga a&uacute;n m&aacute;s a la mujer. <\/p>\n<p>La familia debe ser vuestro <i>lugar de encuentro con Dios<\/i>. Cada familia est&aacute; llamada por el Dios de la paz a construir d&iacute;a a d&iacute;a su felicidad en la comuni&oacute;n. En esta ciudad, que vive bajo la advocaci&oacute;n de la Reina de la Paz, os aliento a acudir con frecuencia al sacramento de la reconciliaci&oacute;n, a la comuni&oacute;n del &uacute;nico Cuerpo de Cristo y a cuidar el cumplimiento del precepto dominical. Fundar&eacute;is as&iacute; s&oacute;lidamente la presencia del amor de vuestras familias y vuestra paz en Cristo ser&aacute; fuente de felicidad para toda Bolivia (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html\">Familiaris consortio<\/a><\/i>, 21).&nbsp; <\/p>\n<p>6. El aut&eacute;ntico amor de Dios dentro de la comuni&oacute;n matrimonial se manifiesta necesariamente en una actitud positiva ante la vida, y fructifica en la procreaci&oacute;n, como ense&ntilde;&oacute; el Papa Pablo VI: \u201cTodo acto conyugal debe permanecer abierto a la transmisi&oacute;n de la vida\u201d (<i><a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html\">Humanae vitae<\/a><\/i>, 11),&nbsp; El anticoncepcionismo es una falsificaci&oacute;n del amor conyugal, que convierte el don de participar en la acci&oacute;n creadora de Dios en una mera convergencia de ego&iacute;smos mezquinos (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html\">Familiaris consortio<\/a><\/i>, 30 y 32).&nbsp; <\/p>\n<p>Adem&aacute;s, defender la vida es defender la dignidad de las personas. Es defender vuestra patria, vuestros recursos naturales y vuestra riqu&iacute;sima cultura y tradiciones. No permit&aacute;is que otros, persiguiendo propios intereses materiales, os impongan soluciones que pretenden induciros a cegar las fuentes de la vida; ni toler&eacute;is la injusticia de que condicionen la ayuda econ&oacute;mica para la promoci&oacute;n de vuestras comunidades a la limitaci&oacute;n de los nacimientos (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0042\/__P4.HTM\">Sollicitudo rei socialis<\/a><\/i>, 25).&nbsp; <\/p>\n<p>La Iglesia, como Madre y Maestra, sabe que los esposos pueden pasar por situaciones dif&iacute;ciles y, en consecuencia, quiere ayudarles a encontrar los modos de resolverlas seg&uacute;n el designio divino. Tambi&eacute;n aqu&iacute;, el recurso frecuente a la oraci&oacute;n y a los sacramentos ser&aacute; la s&oacute;lida base sobre la cual edificar la cooperaci&oacute;n con la divina Providencia (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html\">Familiaris consortio<\/a><\/i>, 33) .&nbsp; <\/p>\n<p>Y, &iquest;c&oacute;mo no recordar en este momento, que si no se pueden poner obst&aacute;culos a la vida, menos a&uacute;n se puede eliminar a peque&ntilde;os no nacidos a&uacute;n, como se hace con el aborto? Quien niegue la defensa del ser humano m&aacute;s inocente y d&eacute;bil, esto es, la <i>persona humana ya concebida pero todav&iacute;a no nacida<\/i>, cometer&aacute; una grav&iacute;sima violaci&oacute;n del orden moral y de los derechos humanos, que ninguna persona o instituci&oacute;n puede justificar (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\"> Gaudium et spes<\/a><\/i>, 51; <i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/homilies\/1982\/documents\/hf_jp-ii_hom_19821102_famiglie-madrid.html\"> Homil&iacute;a durante la santa misa para las familias<\/a><\/i>, Madrid, 2 de noviembre de 1982).&nbsp; <\/p>\n<p>\u201cDichoso el que teme al Se&ntilde;or y sigue sus caminos\u201d (<i>Sal<\/i> 128 [127], 1).&nbsp; Dichosos los esposos que aceptan el amor del Se&ntilde;or en el amor mutuo, dando vida a nuevos seres, creados a imagen y semejanza de Dios, que ser&aacute;n su alegr&iacute;a y el sentido de sus vidas. <\/p>\n<p>7. El Evangelio que acabamos de proclamar nos muestra en detalle una escena muy significativa de la Sagrada Familia con ocasi&oacute;n de las fiestas de la Pascua: Jes&uacute;s, <i>muchacho de doce a&ntilde;os<\/i>, sube a Jerusal&eacute;n con sus padres, y <i>se queda en el templo<\/i>, de modo que no lo encuentran hasta despu&eacute;s de tres d&iacute;as de haber emprendido el regreso a Nazaret. El Evangelista nos cuenta c&oacute;mo lo buscaron, y c&oacute;mo finalmente \u201clo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros escuch&aacute;ndolos y haci&eacute;ndoles preguntas\u201d (<i>Lc<\/i> 2, 46).&nbsp; <\/p>\n<p>Jes&uacute;s, de manos de Mar&iacute;a y de Jos&eacute;, sube al templo como nos narra San Lucas. Tambi&eacute;n vosotros, como Jes&uacute;s, Mar&iacute;a y Jos&eacute;, hab&eacute;is de ir a la casa del Se&ntilde;or. En vuestras iglesias y parroquias, sed asiduos en la oraci&oacute;n, en los sacramentos, en la catequesis, llevando a vuestros hijos por los caminos del bien mediante la constante y &iacute;ntegra educaci&oacute;n en las verdades de la fe y de las virtudes cristianas. <\/p>\n<p>El ni&ntilde;o debe recibir de sus padres y del ambiente familiar la primera catequesis. Las breves oraciones que le ense&ntilde;an sus padres son el principio de un di&aacute;logo cari&ntilde;oso con ese Dios oculto, cuya Palabra comienzan a escuchar m&aacute;s tarde, en la escuela y en el templo, donde son introducidos de una manera progresiva y pedag&oacute;gica en la vida de Dios y de su Iglesia (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_16101979_catechesi-tradendae.html\">Catechesi tradendae<\/a><\/i>, 36).&nbsp; <\/p>\n<p>La acci&oacute;n del amor de Dios en el amor de los padres y de los hijos se manifiesta como principio de construcci&oacute;n de la Iglesia. Una deseada primavera de vocaciones sacerdotales y religiosas que sigan m&aacute;s de cerca a Jes&uacute;s, tiene estrecha relaci&oacute;n con la vida en familia. Donde sea normal acoger la vida como don de Dios, donde el amor ponga a los ni&ntilde;os en contacto inmediato con el Padre celestial, es f&aacute;cil que se oiga su voz y encuentre una acogida generosa para entregarse al servicio total de los hermanos en la Iglesia. <\/p>\n<p>8. Al encontrar a Jes&uacute;s en el templo, nos cuenta el Evangelista San Lucas que su Madre le pregunt&oacute;: \u201cHijo, &iquest;por qu&eacute; nos has tratado as&iacute;? Mira que tu padre y yo te busc&aacute;bamos angustiados. El les contest&oacute;: &iquest;Por qu&eacute; me buscabais? &iquest;No sab&iacute;ais que yo deb&iacute;a estar en la casa de mi Padre?\u201d (<i>Lc<\/i> 2, 49).&nbsp;<i>&iexcl;C&oacute;mo nos hace meditar la respuesta de Jes&uacute;s a su Madre!<\/i> A los doce a&ntilde;os ya da a conocer que ha venido a cumplir la Divina Voluntad. Mar&iacute;a y Jos&eacute; le hab&iacute;an buscado con angustia, y en aquel momento <i>no comprendieron<\/i> la respuesta que Jes&uacute;s les dio (cf. <i>Ib&iacute;d<\/i>. 2, 48. 50).&nbsp; <\/p>\n<p>&iexcl;Qu&eacute; dolor tan profundo en el coraz&oacute;n de los padres! &iexcl;Cu&aacute;ntas madres conocen dolores semejantes! A veces porque no se entiende que un hijo joven siga la llamada de Dios al servicio de los dem&aacute;s; una llamada que los mismos padres, con su generosidad y esp&iacute;ritu de sacrificio, seguramente contribuyeron a suscitar. Ese dolor, ofrecido a Dios por medio de Mar&iacute;a, ser&aacute; despu&eacute;s fuente de un gozo incomparable para vosotros y para vuestros hijos. <\/p>\n<p>Pero Mar&iacute;a <i>guardaba<\/i> todas estas cosas en su coraz&oacute;n, concluye el Evangelista (cf. <i>Ib&iacute;d<\/i>. 2, 50. 51).&nbsp;Como nos manifiesta el &uacute;ltimo Concilio, Mar&iacute;a, guiada por la luz interior del Esp&iacute;ritu Santo desde el momento de la Anunciaci&oacute;n, segu&iacute;a a su divino Hijo en \u201cla peregrinaci&oacute;n de la fe\u201d, y en ese camino se mantuvo hasta la cruz en el G&oacute;lgota (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"> Lumen gentium<\/a><\/i>, 58-61).&nbsp; <\/p>\n<p>Mar&iacute;a siempre, y de modo particular en este <i>A&ntilde;o Mariano<\/i>, acompa&ntilde;ar&aacute; a las familias bolivianas, y a toda la gran familia de la Iglesia en este pa&iacute;s, siendo su fundamento oculto y silencioso, firme en las adversidades y fuente de sus alegr&iacute;as. <\/p>\n<p>Tambi&eacute;n la esposa boliviana, estrechamente unida a Mar&iacute;a Sant&iacute;sima, ha de ser la base, columna y consuelo de los esposos y hijos de esta tierra, cualesquiera que sean las dificultades que deban superar, para poder caminar todos por las sendas del Se&ntilde;or con la seguridad de su gu&iacute;a maternal. <\/p>\n<p>9. Cuando ayer, sobrevolaba los nevados andinos, me aproximaba a esta querida ciudad, pude apreciar, tras el inmenso altiplano, el espl&eacute;ndido lago azul, el Titicaca, en cuyas orillas, en Copacabana, se venera a la Sant&iacute;sima Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra, que ha querido quedarse junto a sus hijos, para compartir sus penas y alegr&iacute;as. <\/p>\n<p>Mar&iacute;a es fruto de ese amor maravilloso de Dios a los hombres. El amor es a su vez el mayor don de Dios y la virtud m&aacute;s grande del hombre. Por el amor se construye la familia y la comunidad, y s&oacute;lo el amor permanecer&aacute; para siempre en nuestra eterna uni&oacute;n con Dios. <\/p>\n<p>Por tanto, &iquest;qu&eacute; cosa puedo desearos m&aacute;s ardientemente, queridos hijos y hijas de esta tierra boliviana, sino aquel amor del que nos habla San Pablo en su Carta a los Corintios? &iquest;Qu&eacute; cosa mejor puedo desearos a vosotros esposos, madres, hijos; a ti, familia boliviana? <\/p>\n<p>No existe un don m&aacute;s grande que el verdadero amor; y no existe mayor bien para la persona y para la comunidad que el amor. <\/p>\n<p>\u201cDichoso el que teme al Se&ntilde;or y sigue sus caminos\u201d (<i>Sal<\/i> 128 [127], 1).&nbsp; <\/p>\n<p>&iexcl;Caminad <i>por las sendas del Se&ntilde;or!<\/i> Las sendas del Se&ntilde;or son el amor. El amor es lo m&aacute;s grande (cf. <i>1Co<\/i> 13, 13).&nbsp; <\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/font> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1988 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, BOLIVIA, LIMA Y PARAGUAY MISA PARA LAS FAMILIAS EN EL AEROPUERTO &laquo;EL ALTO&raquo; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II La Paz (Bolivia) Martes 10 de mayo de 1988 &nbsp; \u201cDichoso el que teme al Se&ntilde;or y sigue sus caminos\u201d (Sal 128 [127], 1).&nbsp; 1. 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