{"id":39939,"date":"2016-10-05T23:20:30","date_gmt":"2016-10-06T04:20:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-mayo-de-1988-santa-misa-en-el-parque-mattos-neto-de-salto-uruguay\/"},"modified":"2016-10-05T23:20:30","modified_gmt":"2016-10-06T04:20:30","slug":"9-de-mayo-de-1988-santa-misa-en-el-parque-mattos-neto-de-salto-uruguay","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-mayo-de-1988-santa-misa-en-el-parque-mattos-neto-de-salto-uruguay\/","title":{"rendered":"9 de mayo de 1988, Santa misa en el \u00abParque Mattos Neto\u00bb de Salto (Uruguay)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, BOLIVIA, LIMA Y PARAGUAY<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA EN EL <font face=\"Times New Roman\">&laquo;PARQUE MATTOS NETO&raquo;<\/font><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Salto<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"> (Uruguay) &#8211; Lunes 9 de mayo de 1988<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>\u201cEl Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or est&aacute; sobre m&iacute;<\/i>, porque el Se&ntilde;or me ha ungido. Me ha enviado <i>para dar la Buena Noticia a los que sufren<\/i>\u201d (<i>Is<\/i> 61, 1).&nbsp; <\/p>\n<p>1. Estas palabras del profeta Isa&iacute;as que acabamos de escuchar fueron escritas varios siglos antes de la venida de Cristo. <\/p>\n<p>El mismo d&iacute;a en que daba comienzo a su actividad mesi&aacute;nica, \u2013como nos narra el evangelista San Lucas\u2013 <i>Jes&uacute;s<\/i>, tomando el volumen del profeta Isa&iacute;as en la sinagoga de Nazaret <i>ley&oacute; estas mismas palabras<\/i>. Ante la gente de su misma ciudad, con quien hab&iacute;a vivido durante treinta a&ntilde;os, declar&oacute;: \u201c<i>Hoy se cumple esta Escritura que acab&aacute;is de o&iacute;r<\/i>\u201d(<i>Lc<\/i> 4, 21). <\/p>\n<p>El Se&ntilde;or se presenta abiertamente como Aqu&eacute;l a quien el Padre \u201cha ungido\u201d&nbsp;(<i>Is<\/i> 61, 1) y \u201cha enviado\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>.)&nbsp;al mundo; el que viene con la potencia del Esp&iacute;ritu de Dios para anunciar la Buena Nueva: la Buena Nueva del Evangelio. <\/p>\n<p><i>Las palabras<\/i> del profeta Isa&iacute;as que Jes&uacute;s aplic&oacute; a s&iacute; mismo en la sinagoga de Nazaret se&ntilde;alan el comienzo de la proclamaci&oacute;n del Evangelio: <i>el comienzo de la evangelizaci&oacute;n<\/i>. <\/p>\n<p>Jesucristo es el <i>primer evangelizador<\/i>; y as&iacute;, dondequiera que se anuncia la Buena Nueva en nombre de Cristo, all&iacute; mismo act&uacute;a El como mensajero de salvaci&oacute;n. Esta es la salvaci&oacute;n que toda la asamblea ha invocado dirigi&eacute;ndose a Dios, \u201c&iexcl;Mu&eacute;stranos, Se&ntilde;or, tu misericordia, y danos tu salvaci&oacute;n!\u201d (<i>Sal<\/i> 85 [84], 8).&nbsp; <\/p>\n<p>El Evangelio es la <i>revelaci&oacute;n de Dios<\/i>, el cual tanto am&oacute; al mundo que dio a su Hijo unig&eacute;nito, para que el hombre tenga la vida eterna (cf. <i>Jn<\/i> 3, 16).&nbsp;Y es tambi&eacute;n la revelaci&oacute;n de la verdad sobre el hombre, sobre su dignidad, sobre su vocaci&oacute;n suprema y definitiva. <\/p>\n<p>Nosotros lo llamamos Buena Nueva o \u201cFeliz anuncio\u201d, porque lleva la consolaci&oacute;n a todos los afligidos (cf. <i>Is<\/i> 61, 1);&nbsp; porque anuncia la liberaci&oacute;n a aquellos que se encuentran en la esclavitud del pecado y de la muerte (cf. <i>ib&iacute;d.<\/i>);&nbsp; porque <i>sana las llagas del coraz&oacute;n destrozado<\/i>&nbsp;(cf. <i>ib&iacute;d.<\/i>) y proclama \u201cel a&ntilde;o de gracia del Se&ntilde;or\u201d (cf. <i>ib&iacute;d. <\/i>61, 2),&nbsp; es decir, <i>la vida de Dios en los corazones humanos<\/i>. <\/p>\n<p>2. Jesucristo, a la vez que dio el Evangelio a la Iglesia, <i>orden&oacute; a los Ap&oacute;stoles<\/i> \u2013a ellos en primer lugar\u2013, pero con ellos a todos nosotros: \u201cId por todo el mundo y <i>proclamad la Buena Nueva<\/i> a toda la creaci&oacute;n\u201d(<i>Mc<\/i> 16, 15);&nbsp; \u201c<i>hasta los confines de la tierra<\/i>\u201d (<i>Hch<\/i> 1, 8).&nbsp; <\/p>\n<p>Se acerca, hermanos m&iacute;os, el a&ntilde;o en el que el continente americano \u2013y particularmente Am&eacute;rica Latina\u2013 dar&aacute; gracias a la Sant&iacute;sima Trinidad por <i>los quinientos a&ntilde;os de evangelizaci&oacute;n<\/i>, es decir, por los quinientos a&ntilde;os de la llegada de la \u201cBuena Nueva\u201d hasta lo que entonces eran \u201clos confines de la tierra\u201d. Disc&iacute;pulos de Cristo proclamaron el Evangelio en las tierras reci&eacute;n descubiertas. Entonces, como ahora, segu&iacute;an teniendo vigencia las palabras que hab&iacute;a pronunciado el Maestro: \u201c<i>El que crea y sea bautizado se salvar&aacute;; el que no crea se condenar&aacute;<\/i>\u201d (<i>Mc<\/i> 16, 16). Conscientes de ello, los primeros evangelizadores, movidos por la fe en esas palabras de Cristo y por su amor a las almas,<i> realizaron una labor admirable para acercar a Cristo a los pueblos reci&eacute;n conocidos<\/i>. Al mismo tiempo, llevaron a cabo un ingente trabajo de promoci&oacute;n social y cultural que hoy es orgullo y patrimonio de todo el continente, y forma parte del ser nacional de todos estos pa&iacute;ses. Monumentos art&iacute;sticos y literarios, gram&aacute;ticas y catecismos en las principales lenguas ind&iacute;genas, las ordenanzas y leyes de Indias, son algunos de los frutos de esa obra de civilizaci&oacute;n. La \u201cBuena Nueva\u201d se extendi&oacute;, en muchas ocasiones, antes de que se instalaran de manera permanente los pobladores europeos y fue siempre un factor de armon&iacute;a y defensa de los derechos de los m&aacute;s d&eacute;biles. <\/p>\n<p>3. <i>Este proceso<\/i> \u2013con sus variaciones locales\u2013 <i>tuvo lugar tambi&eacute;n en el Uruguay<\/i>. En efecto, las reducciones guaran&iacute;ticas de los padres jesuitas en el norte, y las funciones de los padres franciscanos en las desembocaduras de los r&iacute;os Negro y Uruguay, precedieron en vuestro pa&iacute;s a los nuevos asentamientos urbanos. Indios y misioneros, procedentes de aquellas hist&oacute;ricas instituciones, participaron activamente en el establecimiento, construcci&oacute;n y defensa de las poblaciones que fueron apareciendo sucesivamente. La Iglesia estuvo tambi&eacute;n presente en Montevideo desde su nacimiento como ciudad, cuando fue fundada, bajo el patrocinio de los Santos Felipe y Santiago, por familias venidas de las Islas Canarias en el nav&iacute;o \u201cNuestra Se&ntilde;ora de la Encina\u201d, siendo acompa&ntilde;adas por algunos eclesi&aacute;sticos. Es motivo de sano orgullo para los uruguayos reconocer la presencia constante de Nuestra Se&ntilde;ora de los Treinta y Tres en la configuraci&oacute;n de esta tierra como naci&oacute;n. <\/p>\n<p>El trabajo denodado de tantos sacerdotes, religiosos y laicos, y la llama de la fe siempre viva en <i>las familias cristianas<\/i>, verdaderas iglesias dom&eacute;sticas, hicieron posible <i>la continuidad de aquella primera evangelizaci&oacute;n<\/i>, y la gozosa realidad de vida cristiana que he comprobado durante mi estancia entre vosotros. Vuestra presencia aqu&iacute; es una muestra clara de ese \u201cfruto\u201d&nbsp;(<i>Sal<\/i> 85 [84], 13) que ha dado la \u201ctierra\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i>),&nbsp;regada por la lluvia del Se&ntilde;or. <i>Todos los que me acompa&ntilde;&aacute;is<\/i> en esta Eucarist&iacute;a <i>sois parte de esa corona y de esas joyas<\/i>&nbsp;(cf. <i>Is<\/i> 61, 10) con que Dios adorna a los que son fieles, a cuantos no cesan en su empe&ntilde;o por mantener la fe en este pa&iacute;s. Por eso, es para m&iacute; motivo de alegr&iacute;a estar en Salto entre vosotros. A todos saludo con entra&ntilde;able afecto: al obispo de esta di&oacute;cesis, a las autoridades, a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas, y a todos los fieles. Saludo tambi&eacute;n a todos los hermanos en el Episcopado aqu&iacute; presentes, y en particular al obispo y a los fieles de Tacuaremb&oacute;, as&iacute; como a los venidos de otros lugares del Uruguay, y a los llegados de regiones lim&iacute;trofes de Argentina y Brasil. <\/p>\n<p>4. Del profeta Isa&iacute;as hemos escuchado: \u201cComo el <i>suelo echa sus brotes<\/i>, como un jard&iacute;n hace brotar sus semillas, as&iacute; el Se&ntilde;or har&aacute; brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i> 21, 11).<\/p>\n<p>En el a&ntilde;o 1992 daremos gracias a Dios, de modo particular, por los continuos \u201cbrotes\u201d y las continuas \u201csemillas\u201d que ha producido la evangelizaci&oacute;n iniciada cinco siglos atr&aacute;s. Recordaremos tambi&eacute;n con gratitud a aquellos que incansablemente <i>han proclamado<\/i> aqu&iacute; la \u201cBuena Nueva\u201d, generaci&oacute;n tras generaci&oacute;n. Llegaremos, en fin, con grata memoria, hasta aquellos \u201cprimeros cristianos\u201d de Am&eacute;rica Latina que fueron como <i>tierra buena<\/i>, en la cual la semilla enraiz&oacute; y dio \u201cfruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta\u201d (cf <i>Mt<\/i> 13, 8).&nbsp; <\/p>\n<p>Dispongamos ahora nuestro esp&iacute;ritu para celebrar ese V centenario, llevando a cabo en todo el continente americano, y en Uruguay en particular, \u201cuna evangelizaci&oacute;n nueva\u201d. \u201c<i>Nueva en su ardor, en sus m&eacute;todos, en su expresi&oacute;n<\/i>\u201d.&nbsp;(<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1983\/march\/documents\/hf_jp-ii_spe_19830309_assemblea-celam.html\">Discurso a la Asamblea del Celam<\/a><\/i>, Port-au-Prince, 9 de marzo de 1983)<\/p>\n<p><i>Ser&aacute; \u201cnueva en su ardor\u201d<\/i> si a medida que se va obrando, corrobor&aacute;is m&aacute;s y m&aacute;s la uni&oacute;n con Cristo, primer evangelizador. <\/p>\n<p>\u201cDios anuncia la paz \/ a su pueblo y a sus amigos, \/ a los que se convierten de coraz&oacute;n\u201d (<i>Sal<\/i> 85 [84], 9).&nbsp; <\/p>\n<p>\u201cDios anuncia la paz&#8230; a los que se convierten de coraz&oacute;n\u201d. <i>El tiempo nuevo de evangelizaci&oacute;n se inicia por la conversi&oacute;n del coraz&oacute;n<\/i>. \u201cDios enuncia la paz&#8230; a sus amigos\u201d. Para entender este anuncio de paz hemos de ser sus amigos, hemos de <i>descubrir nuevamente que la vocaci&oacute;n cristiana es vocaci&oacute;n a la santidad<\/i> (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"> Lumen gentium<\/a><\/i>, 11), pues Cristo dijo a todos: \u201cSed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial\u201d (<i>Mt<\/i> 5, 48).&nbsp;Como ya indic&oacute; mi venerable predecesor el Papa Pablo VI, el Concilio Vaticano II \u201cha exhortado con sol&iacute;cita insistencia a todos los fieles, de cualquier condici&oacute;n o grado, a alcanzar la plenitud de la vida cristiana y la perfecci&oacute;n de la caridad. Esta fuerte invitaci&oacute;n a la santidad puede ser considerada como el elemento m&aacute;s caracter&iacute;stico de todo el Magisterio conciliar, y por as&iacute; decir, su fin &uacute;ltimo\u201d (<i>Sanctitatis clarior<\/i>, 19 de marzo de 1969). Es la clave del ardor renovado de la nueva evangelizaci&oacute;n. <\/p>\n<p>5. Vuestra patria, como os record&eacute; el a&ntilde;o pasado en la explanada Tres Cruces, naci&oacute; cat&oacute;lica y ha dado muchos frutos de apostolado. Ahora ha llegado el momento de la maduraci&oacute;n de vuestra fe y el tiempo de una \u201cnueva evangelizaci&oacute;n\u201d. <\/p>\n<p>El renovado ardor apost&oacute;lico que se requiere en nuestros d&iacute;as para la evangelizaci&oacute;n, arranca de un reiterado acto de confianza en Jesucristo: porque El es quien mueve los corazones; El es el &uacute;nico que tiene palabras de vida para alimentar a las almas hambrientas de eternidad; El es quien nos transmite su fuego apost&oacute;lico en la oraci&oacute;n, en los sacramentos y especialmente en la Eucarist&iacute;a. \u201cHe venido a traer fuego a la tierra, &iquest;y qu&eacute; quiero sino que arda?\u201d (<i>Lc<\/i> 12, 49).&nbsp;Estas ansias de Cristo siguen vivas en su Coraz&oacute;n. <\/p>\n<p>La evangelizaci&oacute;n, que tiene como proyecci&oacute;n necesaria tambi&eacute;n la preocupaci&oacute;n por el bienestar material del pr&oacute;jimo y por hallar remedio a sus necesidades, ser&aacute; eficaz si culmina en la pr&aacute;ctica sacramental, que es el cauce por donde discurre la nueva vida que Cristo ofrece como fruto de la redenci&oacute;n. A este prop&oacute;sito, aliento vivamente la iniciativa pastoral de vuestros obispos al haber convocado un A&ntilde;o Eucar&iacute;stico para que la virtud del amor de Cristo, que se nos entrega como alimento, sea la fuente de donde broten los nuevos ap&oacute;stoles que necesita el Uruguay de hoy. <\/p>\n<p>Sentir ardor apost&oacute;lico significa tener hambre de contagiar a otros la alegr&iacute;a de la fe. Ciertamente respetando la libertad del pr&oacute;jimo, lo cual no quiere decir indiferencia respecto a la verdad que Dios nos ha revelado. \u201cLa palabra que o&iacute;s no es m&iacute;a, sino de Aquel que me ha enviado\u201d (<i>Jn<\/i> 14, 24).&nbsp; El cristiano, por tanto, no da testimonio de un hallazgo humano, sino de una certeza que procede de Dios. Por eso, en un clima de di&aacute;logo sincero y de amistad, no puede ocultar nunca su fe o prescindir de ella en el enfoque y en la resoluci&oacute;n de las distintas cuestiones que plantea la convivencia entre los hombres. El ardor apost&oacute;lico no es, pues, fanatismo, sino coherencia de vida cristiana. Sin juzgar las intenciones ajenas debemos llamar bien al bien y mal al mal. Es de sobra sabido que desfigurando la verdad no se solucionan los problemas. Es la apertura a la verdad de Cristo la que trae la paz a las almas. &iexcl;No teng&aacute;is miedo a las dificultades ni a las incomprensiones tantas veces inevitables que produce en el mundo el esfuerzo por ser fieles al Se&ntilde;or! Ya sabemos que el cristianismo nunca fue un camino comodo. Y tambi&eacute;n sabemos que vale la pena gastar la vida, d&iacute;a a d&iacute;a, en un trabajo constante por ser coherentes con la fe que hemos recibido. &iexcl;Abrid a Cristo las puertas de vuestros corazones para que os transforme en propagadores de su Evangelio! <\/p>\n<p>6. <i>La evangelizaci&oacute;n ser&aacute; \u201cnueva en sus m&eacute;todos\u201d si cada uno de los miembros de la Iglesia<\/i> se hace protagonista de la difusi&oacute;n del mensaje de Cristo. <\/p>\n<p>\u201cEl Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or est&aacute; sobre m&iacute;, porque el Se&ntilde;or&#8230; me ha enviado para dar la Buena Noticia\u201d (<i>Is<\/i> 61, 1).&nbsp; <\/p>\n<p>Cada cristiano, cada uno de vosotros puede repetir estas palabras del profeta. <i>Cada uno puede escuchar tambi&eacute;n, como dirigidas a &eacute;l<\/i>, las palabras que Cristo dec&iacute;a a los Ap&oacute;stoles poco antes de la Ascensi&oacute;n: \u201c<i>Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creaci&oacute;n<\/i>\u201d. (<i>Mc<\/i> 16, 15)&nbsp; <\/p>\n<p>&nbsp;\u201cTodos los fieles\u201d \u2013os digo con palabras del Concilio Vaticano II\u2013 \u201ctienen el deber de hacer apostolado, seg&uacute;n su condici&oacute;n y capacidad\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651118_apostolicam-actuositatem_sp.html\">Apostolicam actuositatem<\/a><\/i>, 6).&nbsp; <\/p>\n<p>La evangelizaci&oacute;n es pues tarea de todos los miembros de la Iglesia. Todos los fieles, bajo la gu&iacute;a de sus Pastores, han de ser verdaderos ap&oacute;stoles. <\/p>\n<p>Se trata de un apostolado que est&aacute; al alcance de todos los cristianos en su entorno familiar, laboral y social. Es un apostolado que tiene como principio imprescindible el buen ejemplo en la conducta diaria \u2013 a pesar de las propias limitaciones personales \u2013 y que debe continuarse con la palabra, cada uno de acuerdo con su situaci&oacute;n en la vida privada y en la vida p&uacute;blica. <\/p>\n<p>7. <i>Para que la evangelizaci&oacute;n sea \u201cnueva\u201d tambi&eacute;n \u201cen su expresi&oacute;n\u201d<\/i>, deb&eacute;is estar con los o&iacute;dos atentos a lo que dice el Se&ntilde;or, esto es, siempre en actitud de escucha a lo que el mismo Se&ntilde;or puede sugerir en cualquier momento. <\/p>\n<p>\u201cMu&eacute;stranos, Se&ntilde;or, tu misericordia \/ y danos tu salvaci&oacute;n. \/ Voy a escuchar lo que dice el Se&ntilde;or\u201d (<i>Sal<\/i> 85 [84], 8-9).&nbsp; <\/p>\n<p>Cada hombre y cada mujer cristianos ha de adquirir un s&oacute;lido conocimiento de las verdades de Cristo \u2013adecuado a su propia formaci&oacute;n cultural e intelectual\u2013, siguiendo las ense&ntilde;anzas de la Iglesia. Cada uno ha de pedir al Esp&iacute;ritu Santo que le permita llevar el \u201calegre anuncio\u201d, la \u201cBuena Nueva\u201d, a todos los ambientes en que se desarrolla su existencia. Esa <i>profunda formaci&oacute;n cristiana<\/i> le permitir&aacute; verter \u201cel vino nuevo\u201d de que nos habla el Evangelio, en \u201codres nuevos\u201d (<i>Mt<\/i> 9, 17): <i>anunciar la Buena Nueva con un lenguaje que todos puedan entender<\/i>. <\/p>\n<p>Los grupos y asociaciones apost&oacute;licas han de mostrar particular inter&eacute;s en una mayor profundizaci&oacute;n de la vida cristiana, en un conocimiento m&aacute;s hondo de la fe cat&oacute;lica, as&iacute; como una participaci&oacute;n m&aacute;s frecuente y activa en la vida lit&uacute;rgica de la Iglesia. <\/p>\n<p>Por su parte, los diversos movimientos, de apostolado en el Uruguay, los grupos de reflexi&oacute;n y oraci&oacute;n, las comunidades de base y asociaciones eclesiales han dado y continuar&aacute;n dando, con la gracia de Dios, frutos que manifiestan la vitalidad propia de la Iglesia. A todos deseo recordarles que \u201cdeben ser destinatarios especiales de la evangelizaci&oacute;n y al mismo tiempo evangelizadores\u201d (<i><a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii Nuntiandi<\/a><\/i>, 58),&nbsp; mostrando en todo momento su genuina fidelidad al Magisterio de la Iglesia, al Papa y a los obispos, as&iacute; como su proyecci&oacute;n universalista y misionera, y un decidido compromiso por la justicia. <\/p>\n<p>8. <i>La lectura<\/i> de hoy, tomada del <i>Evangelio de San Marcos<\/i>, nos muestra a <i>Jes&uacute;s que siente compasi&oacute;n por la muchedumbre<\/i>, y que realiza la multiplicaci&oacute;n de los panes. <\/p>\n<p>Nos dice el texto sagrado que, cuando se hizo tarde, se acercaron los disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s a decirle: \u201cDesp&iacute;delos&#8230;, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer\u201d (<i>Mc<\/i> 6, 36).&nbsp; El Se&ntilde;or respondi&oacute;: \u201cDadles vosotros de comer\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 6, 37).&nbsp; Y cuando se vio que las provisiones eran insuficientes, Cristo tom&oacute; lo poco que ten&iacute;an, mand&oacute; que se sentaran todos sobre la hierba y <i>se produjo el milagro<\/i>: cinco panes y dos peces fueron suficientes para saciar el hambre de cinco mil hombres (cf. <i>Ib&iacute;d<\/i>. 6, 44).&nbsp; San Marcos a&ntilde;ade que sobraron \u201cdoce cestos de pan y de&#8230; peces\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 6, 43).&nbsp; <\/p>\n<p>Este acontecimiento es un testimonio elocuente de que <i>la preocupaci&oacute;n por el pan para el hombre acompa&ntilde;a siempre a la evangelizaci&oacute;n<\/i>. Y el pan es s&iacute;mbolo de sus necesidades temporales. La Iglesia ha entendido as&iacute; la evangelizaci&oacute;n a lo largo de la historia y, por eso, junto con la proclamaci&oacute;n de la Buena Nueva, se emprend&iacute;an iniciativas que buscaban satisfacer tales necesidades. Como bien se&ntilde;alaba mi predecesor Pablo VI, de feliz memoria, &laquo;evangelizar para la Iglesia es llevar la Buena Nueva a todos los estratos de la humanidad, es, con su influjo, transformar desde dentro, hacer nueva la humanidad misma: \u201cMira que hago un mundo nuevo\u201d (<i>Ap<\/i> 21, 5)&raquo; (<i><a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii Nuntiandi<\/a><\/i>, 18).&nbsp; <\/p>\n<p>La nueva evangelizaci&oacute;n, impulsada por el mandamiento del amor, <i>har&aacute; brotar la deseada promoci&oacute;n de la justicia<\/i> y el desarrollo en su sentido m&aacute;s pleno, as&iacute; como la justa distribuci&oacute;n de las riquezas y el respeto de la dignidad de la persona, como imperativo ineludible para todos y cada uno de los uruguayos. Y \u201c<i>en este empe&ntilde;o<\/i> \u2013como he indicado en la Enc&iacute;clica \u201cSollicitudo Rei Socialis\u201d \u2013<i>deben ser ejemplo y gu&iacute;a los hijos de la Iglesia<\/i>, llamados, seg&uacute;n el programa enunciado por el mismo Jes&uacute;s en la sinagoga de Nazaret, a anunciar a los pobres la Buena Noticia&#8230;, a proclamar la liberaci&oacute;n de los cautivos, la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un a&ntilde;o de gracia del Se&ntilde;or (<i>Lc<\/i> 4, 18-19)\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0042\/__P8.HTM\">Sollicitudo Rei Socialis<\/a><\/i>, 47).&nbsp; <\/p>\n<p>9. Leemos tambi&eacute;n en el libro de Isa&iacute;as: <\/p>\n<p>\u201cDesbordo de gozo en el Se&ntilde;or, y me alegro con mi Dios: \/<i>porque me ha vestido un traje de gala \/ y me ha envuelto en un manto de triunfo<\/i>\u201d (<i>Is<\/i> 61, 10).&nbsp; <\/p>\n<p>As&iacute; habla la Iglesia a Cristo. En efecto, <i>Cristo es Esposo de la Iglesia<\/i>, seg&uacute;n leemos en la carta a los Efesios (cf. <i>Ef<\/i> 5, 25-27. 32).&nbsp; Como Esposo se preocupa de que su Esposa sea revestida con el manto de salvaci&oacute;n. <\/p>\n<p><i>Dios, en efecto, ha amado tanto al mundo<\/i> que le dio su Hijo unig&eacute;nito \u201cpara que el mundo se salve por El\u201d (<i>Jn<\/i> 3, 17).&nbsp;El Hijo de Dios se ha dado a s&iacute; mismo para restituir al hombre la belleza de la imagen y de la semejanza de Dios. <i>En la Cruz de Cristo y en su resurrecci&oacute;n<\/i> encuentra su fuente el \u201cEvangelio de los pobres\u201d y el \u201cpan de la Eucarist&iacute;a\u201d, as&iacute; como la fuerza curativa del Sacramento de la Reconciliaci&oacute;n, \u201cpara vendar los corazones desgarrados\u201d (<i>Is<\/i> 61, 1).&nbsp; <\/p>\n<p>Y, por m&aacute;s que <i>en el camino de la evangelizaci&oacute;n<\/i> a lo largo de la historia de la Iglesia \u2013tambi&eacute;n en este continente\u2013 <i>no falten las huellas propias de la debilidad y del pecado del hombre \u2013del pecado multiforme\u2013, a pesar de todo<\/i>, elevemos nuestros ojos con gratitud a Aquel que nos \u201cam&oacute; hasta el extremo\u201d (<i>Jn<\/i> 13, 1),&nbsp; y nos ha revestido con el manto de salvaci&oacute;n (cf. <i>Is<\/i> 61, 10).&nbsp;<i>D&eacute;mosle gracias por el amor<\/i>, por la redenci&oacute;n, por la Alianza con Dios en su Sangre. Por la fe y por la vida de fe. Agradezcamos al Se&ntilde;or los cinco siglos de evangelizaci&oacute;n en toda la Am&eacute;rica Latina. <\/p>\n<p>&iexcl;Gloria al Padre y al Hijo y al Esp&iacute;ritu Santo! <\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/font> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1988 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, BOLIVIA, LIMA Y PARAGUAY SANTA MISA EN EL &laquo;PARQUE MATTOS NETO&raquo; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Salto (Uruguay) &#8211; Lunes 9 de mayo de 1988 &nbsp; \u201cEl Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or est&aacute; sobre m&iacute;, porque el Se&ntilde;or me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-mayo-de-1988-santa-misa-en-el-parque-mattos-neto-de-salto-uruguay\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab9 de mayo de 1988, Santa misa en el \u00abParque Mattos Neto\u00bb de Salto (Uruguay)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39939","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39939","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39939"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39939\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39939"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39939"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39939"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}