{"id":39940,"date":"2016-10-05T23:20:31","date_gmt":"2016-10-06T04:20:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-mayo-de-1988-celebracion-eucaristica-y-ordenaciones-sacerdotales-en-florida-uruguay\/"},"modified":"2016-10-05T23:20:31","modified_gmt":"2016-10-06T04:20:31","slug":"8-de-mayo-de-1988-celebracion-eucaristica-y-ordenaciones-sacerdotales-en-florida-uruguay","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-mayo-de-1988-celebracion-eucaristica-y-ordenaciones-sacerdotales-en-florida-uruguay\/","title":{"rendered":"8 de mayo de 1988, Celebraci\u00f3n eucar\u00edstica y ordenaciones sacerdotales en Florida (Uruguay)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, BOLIVIA, LIMA Y PARAGUAY<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA Y ORDENACIONES SACERDOTAL<\/font><\/b><font color=\"#663300\"><b>ES<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Florida<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"> (Uruguay)<br \/>Domingo 8 de mayo de 1988<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p> <i>\u201cNo me hab&eacute;is elegido vosotros, <br \/>sino que yo os he elegido a vosotros\u201d<\/i> (<i>Jn <\/i> 15, 16)<i>.&nbsp; <\/i> <\/p>\n<p>1. Jes&uacute;s pronunci&oacute; estas palabras mientras cenaba con sus Ap&oacute;stoles reunidos en el cen&aacute;culo antes de la pasi&oacute;n. Eran \u201clos suyos\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 13, 1),&nbsp; aquellos a quienes hab&iacute;a llamado uno a uno (Mc 3, 13-19),&nbsp; y cuyos nombres hemos escuchado en la primera lectura de la liturgia que ahora estamos celebrando. <\/p>\n<p>\u201cNo me hab&eacute;is elegido vosotros, sino que yo os he elegido a vosotros\u201d. <\/p>\n<p>Son palabras que llegan al coraz&oacute;n, porque Jes&uacute;s las pronuncia hoy y aqu&iacute;, en medio de nosotros, queridos hijos y hermanos. Se dirigen, en primer lugar, a los que vais a recibir la ordenaci&oacute;n sacerdotal; <i>por la imposici&oacute;n de manos<\/i> y la oraci&oacute;n recibir&eacute;is el don del Esp&iacute;ritu Santo que os consagrar&aacute; a Dios para siempre, configur&aacute;ndoos con Cristo Sacerdote, ministros suyos \u201cpara que pod&aacute;is obrar como en persona de Cristo Cabeza\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html\">Presbyterorum Ordinis<\/a><\/i>, 2).&nbsp; <\/p>\n<p>Estas palabras van dirigidas tambi&eacute;n en este d&iacute;a a cuantos por el sacerdocio ministerial, obispos y presb&iacute;teros, participamos jer&aacute;rquicamente del sacerdocio del mismo Cristo y estamos al servicio de la Iglesia, especialmente de la Iglesia en Uruguay. <\/p>\n<p>Saludo al obispo de esta di&oacute;cesis y a todos los hermanos en el Episcopado, en particular al Pastor y fieles de la vecina di&oacute;cesis de Canelones, que acaba de cumplir su XXV aniversario de fundaci&oacute;n. <\/p>\n<p>Quiero saludar con sincero afecto a todas las personas aqu&iacute; presentes, a todo el Pueblo de Dios, a la Iglesia que peregrina en vuestras tierras y que estoy visitando estos d&iacute;as como Pastor de la Iglesia universal. <\/p>\n<p>2. Mis queridos hermanos: En nombre y en presencia de Cristo Resucitado nos reunimos hoy para celebrar la Eucarist&iacute;a. Esta es una ocasi&oacute;n particularmente solemne, pues en ella tiene lugar una ordenaci&oacute;n sacerdotal. Nos acompa&ntilde;a adem&aacute;s como testigo de excepci&oacute;n, la Pur&iacute;sima Virgen de los Treinta y Tres, Patrona de vuestra naci&oacute;n, Madre cari&ntilde;osa de cada uno de los uruguayos. Tambi&eacute;n yo he querido hacerme peregrino, junto con vuestro pueblo, para postrarme a sus pies aqu&iacute; en Florida. <\/p>\n<p>Hoy nos reunimos en cen&aacute;culo con Mar&iacute;a para celebrar una ordenaci&oacute;n sacerdotal. Es para m&iacute; motivo de particular alegr&iacute;a saber que todos los aqu&iacute; presentes est&aacute;is espiritualmente unidos al Papa en la oraci&oacute;n y ofreciendo tambi&eacute;n a Dios <i>estas primicias de juventud<\/i> que ser&aacute;n prenda de futuras vocaciones sacerdotales y de fidelidad generosa por parte de quienes se preparan para el sacerdocio. <\/p>\n<p>Cristo se dirigi&oacute; en el cen&aacute;culo a los que hab&iacute;a escogido para que fueran ministros de la Eucarist&iacute;a y les dijo aquellas palabras que despu&eacute;s de tantos siglos todav&iacute;a conmueven nuestros corazones: \u201cVosotros sois mis amigos si hac&eacute;is lo que yo os mando\u201d (<i>Jn<\/i> 15, 14).<\/p>\n<p>&iquest;Qu&eacute; es lo que Jes&uacute;s manda hacer a sus disc&iacute;pulos? &iquest;Qu&eacute; es lo que el Se&ntilde;or nos dice a todos nosotros y especialmente a vosotros, que os prepar&aacute;is para recibir la ordenaci&oacute;n sacerdotal? <\/p>\n<p>Pues bien, Jes&uacute;s nos transmite su mandamiento de amor, para que nosotros, sus ministros, sirvamos a los hermanos como el Buen Pastor, incluso dando la vida por ellos si fuera necesario: \u201cEste es el mandamiento m&iacute;o: que os am&eacute;is los unos a los otros como yo os he amado\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 15, 12).&nbsp; Es un mandato que nos da a modo de herencia en la v&iacute;spera de su inmolaci&oacute;n en la cruz. Nuestro sacerdocio es <i>participaci&oacute;n y ejercicio de esta amistad profunda<\/i> de Cristo Sacerdote, que ofrece su vida de acuerdo con los designios salv&iacute;ficos del Padre sobre la humanidad. Por el sacramento del orden sagrado, Cristo os har&aacute; \u201cpart&iacute;cipes de su propia consagraci&oacute;n y misi&oacute;n\u201d, que es \u201cunci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html\">Presbyterorum Ordinis<\/a><\/i>, 2).&nbsp; Cristo os va a comunicar su amistad, una uni&oacute;n con El tan singular, que sus palabras ser&aacute;n vuestras y vuestras palabras ser&aacute;n suyas, su Cuerpo ser&aacute; vuestro y vuestro cuerpo ser&aacute; suyo. En vuestras manos encontrar&eacute;is todos los d&iacute;as el signo m&aacute;s fuerte de la eficacia de vuestro ministerio: el pan y el vino transformados en el Cuerpo y Sangre de Cristo. Ser&eacute;is as&iacute; instrumentos principales de su victoria sobre el pecado y la muerte, para manifestar su justicia en medio de esta naci&oacute;n y hasta los confines de la tierra. <\/p>\n<p>3. Cristo nos llama a ser servidores y dispensadores de la Eucarist&iacute;a como un d&iacute;a llam&oacute; a los Ap&oacute;stoles en el Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n. Nos llama a ser portadores de la amistad divina a todos los hermanos y, &iquest;c&oacute;mo no recordar que esta amistad es una llamada a entrar en la intimidad de Cristo para vivir personalmente del misterio de su encarnaci&oacute;n y redenci&oacute;n? <\/p>\n<p>Debemos adentrarnos m&aacute;s y m&aacute;s en el misterio eucar&iacute;stico de Cristo, esto es, de entrega al sacrificio, llevados s&oacute;lo de su amor. Y, como sacerdotes de la Nueva Alianza, hemos de celebrar este misterio como pacto y sacrificio de amor bajo signos sacramentales, es decir, bajo las especies de pan y vino, conforme a la instituci&oacute;n del Se&ntilde;or durante la &uacute;ltima Cena. <\/p>\n<p>Si celebramos este sacrificio de Cristo, que es el sacrificio del Hijo de Dios hecho hombre, es que <i>somos amigos suyos de un modo particular<\/i>, pues s&oacute;lo a los amigos &iacute;ntimos se conf&iacute;a aquello que constituye la expresi&oacute;n y el fruto del propio amor, lo m&aacute;s querido. En efecto, Jes&uacute;s deja en nuestras d&eacute;biles manos su inmolaci&oacute;n de Buen Pastor, el precio de las almas, la garant&iacute;a de la gloria de Dios y de la salvaci&oacute;n del mundo. &iquest;No vale, pues, la pena, aceptar cualquier sacrificio y renuncia a cambio de ser consecuentes con este amor que lo da todo y que por ello puede exigirlo todo? <\/p>\n<p>4. \u201cNo os llamo siervos&#8230; A vosotros os he llamado amigos\u201d (<i>Jn<\/i> 15, 15).&nbsp; <\/p>\n<p>Precisamente porque somos amigos del Se&ntilde;or y Redentor del mundo, hemos de ser l<i>os servidores del Pueblo de Dios<\/i>. Por esto nuestro sacerdocio, sin dejar de ser jer&aacute;rquico, es sacerdocio ministerial, es decir, de servicio. Nuestra misi&oacute;n es la de \u201cservir a Cristo, Maestro, Sacerdote y Rey\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html\">Presbyterorum Ordinis<\/a><\/i>, 1),&nbsp; que se prolonga en la Iglesia y nos espera en los hermanos, particularmente en los m&aacute;s necesitados. <\/p>\n<p>Nosotros, queridos ordenandos, no somos ministros de la Iglesia para servirnos de ella, sino para servirla sin esperar premios ni ventajas temporales. Somos ministros y heraldos del Evangelio, que debemos predicar \u201ca tiempo y a destiempo\u201d (<i>2Tm<\/i> 4, 2)&nbsp; \u2013como recomienda San Pablo\u2013 con toda fidelidad, en comuni&oacute;n con el Magisterio de la Iglesia. Se os encomienda la fe del pueblo cristiano, para que lo instruy&aacute;is en la verdad del Evangelio y en el camino de la salvaci&oacute;n. Para santificar de veras al pueblo \u2013especialmente por la celebraci&oacute;n de los santos sacramentos, la vida lit&uacute;rgica, la oraci&oacute;n\u2013 deb&eacute;is presidir los divinos misterios seg&uacute;n las normas de la Iglesia, uni&eacute;ndoos con la ofrenda de Cristo por la salvaci&oacute;n del mundo. Vuestra alegr&iacute;a m&aacute;s profunda, por ser \u201cgozo pascual\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html\">Presbyterorum Ordinis<\/a><\/i>, 11),&nbsp; es y ser&aacute; siempre la de <i>pertenecer totalmente a Cristo<\/i> que os ha llamado, que os env&iacute;a, que os acompa&ntilde;a y que os espera en los hermanos. \u201cOs he llamado amigos porque todo lo que he o&iacute;do a mi Padre os lo he dado a conocer\u201d (<i>Jn<\/i> 15, 15).&nbsp; Como cristianos, y especialmente como sacerdotes, somos fiduciarios y transmisores de la Palabra que viene de Dios vivo. Es la Palabra del Padre, pronunciada eternamente en el amor del Esp&iacute;ritu Santo. Es el Verbo Encarnado, hecho hombre en las entra&ntilde;as de la Virgen Mar&iacute;a, presente en los signos pobres de la Iglesia. <i>Es la Palabra del amor m&aacute;s grande que existe<\/i>: \u201cEn esto se manifest&oacute; el amor que Dios nos tiene: en que Dios envi&oacute; al mundo a su Hijo &uacute;nico para que vivamos por medio de El\u201d (<i>1Jn<\/i> 4, 9).&nbsp; <\/p>\n<p>&iexcl;Vivir por El y para El! Ese es nuestro ideal y nuestra raz&oacute;n de ser como sacerdotes, seg&uacute;n sus palabras en la &uacute;ltima Cena: \u201cVosotros dar&eacute;is testimonio, porque est&aacute;is conmigo desde el principio\u201d (<i>Jn<\/i> 15, 27).&nbsp; Dios nos ha enviado a su Hijo para que tuvi&eacute;ramos vida abundante, gracias al sacrificio de la cruz, gracias a la Eucarist&iacute;a que nos alimenta y santifica. <\/p>\n<p>5. &iexcl;Queridos hermanos y hermanas, todos los que me escuch&aacute;is, todos los que viv&iacute;s en esta tierra uruguaya! \u201c&iexcl;Dios es Amor!\u201d. Vuestra vida ser&aacute; verdaderamente humana y cristiana si se hace donaci&oacute;n a imitaci&oacute;n de Dios Amor. <\/p>\n<p>&iexcl;Queridos hermanos en el sacerdocio ministerial! Vosotros los que hoy recib&iacute;s la ordenaci&oacute;n sacerdotal y tambi&eacute;n vosotros, los que con abnegaci&oacute;n y sacrificio trabaj&aacute;is en la vi&ntilde;a del Se&ntilde;or: Hab&eacute;is de ser testigos de este Dios que es Amor y que en Cristo su Hijo se manifiesta como el Buen Pastor que da la vida por amor. Deb&eacute;is ser servidores del amor que Dios infunde en nuestros corazones por el \u201csello\u201d indeleble del Esp&iacute;ritu de amor, en nombre de esta amistad con la que Cristo os ha marcado, no declin&eacute;is esta hermosa incumbencia de ser servidores del Amor. <\/p>\n<p>Cuidad la unidad de la familia cristiana en la caridad, buscad la oveja perdida, alentad al d&eacute;bil, con paciencia, sabiendo que tambi&eacute;n vosotros est&aacute;is expuestos a la debilidad, aunque se&aacute;is sacerdotes (cf <i>Hb<\/i> 5, 2).&nbsp;Vuestra tarea es inmensa. Est&aacute;is en el centro del di&aacute;logo de la salvaci&oacute;n, entre Dios y los hombres. Por eso, la fidelidad del sacerdote es signo de la fidelidad de Dios que ofrece su gracia en la Iglesia, Esposa de Cristo. Poned en El toda vuestra confianza, porque El os ha elegido y os ha destinado para que vay&aacute;is y deis mucho fruto y vuestro fruto permanezca (cf. <i>Jn<\/i> 15, 16).&nbsp; <\/p>\n<p>Os encomiendo a Jes&uacute;s, Buen Pastor, por mediaci&oacute;n de su Madre, que es tambi&eacute;n nuestra Madre. Que Ella os acompa&ntilde;e en todo momento. Recurrid a Mar&iacute;a, confiaos a su protecci&oacute;n, pues el Se&ntilde;or desde la cruz nos la entreg&oacute; como Madre en la persona del disc&iacute;pulo amado. &laquo;Que cada uno de nosotros permita a Mar&iacute;a que ocupe un lugar \u201cen la casa\u201d del propio sacerdocio ministerial, como madre y mediadora de aquel \u201cgran misterio\u201d (cf. <i>Ef<\/i> 5, 32),&nbsp; que todos deseamos servir con nuestra vida&raquo; (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/letters\/1988\/documents\/hf_jp-ii_let_19880325_priests.html\">Carta a los sacerdotes con ocasi&oacute;n del Jueves Santo<\/a><\/i>, 25 de marzo de 1988).&nbsp; <\/p>\n<p>6. Y despu&eacute;s de este mensaje sacerdotal, me dirijo ahora a todos los aqu&iacute; presentes, para compartir la alegr&iacute;a de sentirnos Pueblo de Dios bajo la mirada maternal de Mar&iacute;a y ante la imagen santa de la Pur&iacute;sima Virgen de los Treinta y Tres. <\/p>\n<p>En este domingo memorable, lleno de gozo pascual, yo, Sucesor del Ap&oacute;stol Pedro en la sede de Roma y hu&eacute;sped vuestro, lanzo mi llamada a esta tierra uruguaya gritando con las palabras del salmista a todos los aqu&iacute; presentes y a cuantos en el Uruguay est&aacute;n unidos espiritualmente a nosotros: \u201cCantad al Se&ntilde;or un c&aacute;ntico nuevo\u201d (<i>Sal<\/i> 98 [97], 1).&nbsp; En Cristo Resucitado, \u201cel Se&ntilde;or ha dado a conocer su salvaci&oacute;n\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 2),&nbsp; anunciando la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte. <\/p>\n<p>Tal como acabamos de proclamar, asociando nuestras voces al canto del Salmo, \u201cel Se&ntilde;or ha revelado a los pueblos su justicia\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>.).&nbsp; La justicia del Padre no es otra cosa que su misericordia y su fidelidad en todo tiempo y en favor de todos los pueblos; es la salvaci&oacute;n que nos ha dado en su Hijo Jesucristo y que nosotros ya hemos recibido. Nosotros ya hemos conocido que esta salvaci&oacute;n y justicia de Dios se expresan en el amor, porque Dios es Amor. <\/p>\n<p>7. \u201cLos confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios\u201d (<i>Sal<\/i> 98 [97], 3).&nbsp; Tambi&eacute;n a esta tierra uruguaya, desde hace siglos, <i>se ha revelado la justicia salvadora de Dios<\/i>, por medio de la predicaci&oacute;n de la Iglesia. En medio de vosotros se ha proclamado el perd&oacute;n que viene de Dios el cual comunica su amor, su misma vida y a todos llama a participar de su propia santidad. Los hijos y hijas de esta tierra ya caminan desde hace siglos en la luz de Cristo. <\/p>\n<p>\u201cLos confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>.).&nbsp; Esa victoria de Cristo Resucitado, vencedor del pecado y de la muerte, brilla en la Pur&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a. Ella misma lo proclam&oacute; en las palabras del Magn&iacute;ficat: \u201cDios mi Salvador&#8230; ha puesto los ojos en la humildad de su esclava&#8230; ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre\u201d (<i>Lc<\/i> 1, 47-49).&nbsp; <\/p>\n<p>Con vosotros contemplo esta imagen de Mar&iacute;a Inmaculada, que es vuestra Patrona, y veo en Ella la victoria de nuestro Dios. Mar&iacute;a es para nosotros \u201cel signo inmutable e inviolable de la elecci&oacute;n por parte de Dios\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0039\/__P3.HTM\">Redemptoris Mater<\/a><\/i>, 11).&nbsp; De esta forma, tambi&eacute;n en nosotros se cumplen las palabras prof&eacute;ticas que brotaron de sus labios: \u201cDesde ahora todas las generaciones me llamer&aacute;n bienaventurada\u201d (<i>Lc<\/i> 1, 48).&nbsp; <\/p>\n<p>S&iacute;, esta imagen nos pone en ininterrumpida conexi&oacute;n con las generaciones de vuestro pueblo que han ensalzado a Mar&iacute;a, que han acudido a su protecci&oacute;n, que se han dejado guiar por su ejemplo. Esta imagen de la Virgen es una llamada y a la vez un signo de la presencia de la Madre de Dios <i>desde los origines de vuestra naci&oacute;n<\/i>. Gracias a Ella, &iexcl;cu&aacute;ntas familias han mantenido la uni&oacute;n y el amor!, &iexcl;cu&aacute;ntos j&oacute;venes han encontrado su camino vocacional!, &iexcl;cu&aacute;ntas personas han recuperado la paz y la serenidad! <\/p>\n<p>Su talla en madera de vuestros montes es fruto de esta tierra uruguaya. Manos indias la labraron y trajeron por estos parajes. Amor de indios, blancos y mestizos, le hicieron una peque&ntilde;a hornacina y le ofrecieron sus tierras. Ahora es ya como un <i>memorial de la historia<\/i> de cada uno de vosotros, de cada familia, de todo el Uruguay. <\/p>\n<p>Esta imagen nos trae a la memoria la devoci&oacute;n de vuestros mayores a la Madre de Dios, as&iacute; como su fidelidad al Evangelio y a la Iglesia. Recordamos a vuestro pr&oacute;cer nacional, Jos&eacute; Artigas, que puso bajo la protecci&oacute;n de Mar&iacute;a a las poblaciones de Carmelo y Purificaci&oacute;n, y que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su vida os dej&oacute; el testimonio humilde del rezo cotidiano del santo rosario. <\/p>\n<p>Vosotros bien sab&eacute;is que la historia de vuestra patria est&aacute; ligada a esta santa imagen. Con su mismo nombre, \u201cLa Virgen de los Treinta y Tres\u201d, el pueblo ha querido recordar a los h&eacute;roes que se pusieron bajo su amparo. Por esto, con toda raz&oacute;n, los uruguayos la ensalzan como Estrella del alba y la proclaman Capitana y Gu&iacute;a por las sendas de la paz y el amor. <\/p>\n<p>8. Mar&iacute;a Sant&iacute;sima, que llev&oacute; en su seno a Cristo, Sacerdote y Redentor, nos invita a apreciar este gran don que nos dej&oacute; Jes&uacute;s: el ministerio sacerdotal. Por esto, <i>amad a vuestros sacerdotes<\/i>, orad por ellos y encomendadlos a la Virgen. Escuchad sus ense&ntilde;anzas, acercaos a recibir la vida de Cristo en los sacramentos, especialmente en los de la reconciliaci&oacute;n y de la Eucarist&iacute;a. <\/p>\n<p>Vuestro pueblo, lo sab&eacute;is bien, necesita m&aacute;s sacerdotes. Esta preocupaci&oacute;n por el fomento de las vocaciones sacerdotales espera la solidaridad de los laicos, ya que ha de ser tarea de todos los bautizados. Pedid pues a Mar&iacute;a que el Se&ntilde;or os env&iacute;e santos sacerdotes: que vuestras familias y comunidades eclesiales sean el ambiente adecuado en que se escuche el llamado de Dios y vuestros hijos se sientan alentados a seguirlo. <\/p>\n<p>Vosotros, j&oacute;venes, pedidle al Se&ntilde;or que os haga o&iacute;r su voz, que escuch&eacute;is el llamado que os tiene quiz&aacute; reservado a vosotros. Haced de vuestra vida un seguimiento del Maestro y sed generosos en darle vuestro coraz&oacute;n. Y si os llamara al sacerdocio o a la vida consagrada no tem&aacute;is, confiad en El, que es el amigo que nunca defrauda. <\/p>\n<p>Jesucristo es el Maestro que nos ense&ntilde;a la verdad sin enga&ntilde;o y el amor aut&eacute;ntico. El Se&ntilde;or no quiere comunicarnos menos de lo que El tiene: \u201cOs he dicho esto, para que mi gozo est&eacute; en vosotros, y vuestro gozo sea colmado\u201d (<i>Jn<\/i> 15, 11).&nbsp; No teng&aacute;is miedo. El os llama al gozo y felicidad verdadera, y os se&ntilde;ala el camino seguro. El os da la fuerza. Acudid a El en la oraci&oacute;n. Escuchad su palabra. Recibid el perd&oacute;n de Cristo y la gracia de la conversi&oacute;n por medio de la confesi&oacute;n frecuente. Alimentaos con la Eucarist&iacute;a. <\/p>\n<p>Un&iacute;os, queridos j&oacute;venes uruguayos, para renovar vuestra patria en un esfuerzo com&uacute;n de solidaridad, de honestidad, de verdad y de amor. Poneos al servicio de los dem&aacute;s, especialmente de los pobres y de los que sufren. <\/p>\n<p>A todos los que mor&aacute;is en estas benditas tierras os invito a hacer de vuestras vidas un testimonio de la victoria de Cristo Redentor que, desde la Cruz, nos entreg&oacute; a su Sant&iacute;sima Madre para que fuera tambi&eacute;n Madre nuestra. <\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/font> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1988 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, BOLIVIA, LIMA Y PARAGUAY CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA Y ORDENACIONES SACERDOTALES HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Florida (Uruguay)Domingo 8 de mayo de 1988 &nbsp; \u201cNo me hab&eacute;is elegido vosotros, sino que yo os he elegido a vosotros\u201d (Jn 15, 16).&nbsp; 1. Jes&uacute;s pronunci&oacute; estas palabras mientras cenaba con sus Ap&oacute;stoles reunidos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-mayo-de-1988-celebracion-eucaristica-y-ordenaciones-sacerdotales-en-florida-uruguay\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab8 de mayo de 1988, Celebraci\u00f3n eucar\u00edstica y ordenaciones sacerdotales en Florida (Uruguay)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39940","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39940","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39940"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39940\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39940"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39940"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39940"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}