{"id":39941,"date":"2016-10-05T23:20:37","date_gmt":"2016-10-06T04:20:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-mayo-de-1988-celebracion-de-la-palabra-en-la-explanada-del-barrio-la-concordia-melo-uruguay\/"},"modified":"2016-10-05T23:20:37","modified_gmt":"2016-10-06T04:20:37","slug":"8-de-mayo-de-1988-celebracion-de-la-palabra-en-la-explanada-del-barrio-la-concordia-melo-uruguay","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-mayo-de-1988-celebracion-de-la-palabra-en-la-explanada-del-barrio-la-concordia-melo-uruguay\/","title":{"rendered":"8 de mayo de 1988, Celebraci\u00f3n de la Palabra en la explanada del barrio La Concordia, Melo (Uruguay)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, BOLIVIA, LIMA Y PARAGUAY<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N DE LA PALABRA <br \/>EN LA <font face=\"Times New Roman\">EXPLANADA DEL BARRIO LA CONCORDIA<\/font><\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Melo<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"> (Uruguay) <br \/>Domingo 8 de mayo de 1988<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p> <i>Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, <br \/>&iexcl;Alabado sea Jesucristo! <\/i> <\/p>\n<p>1. Alabado sea Jesucristo en esta regi&oacute;n oriental del Uruguay donde viven y trabajan tantos hombres y mujeres que guardan en sus corazones, como en sagrado relicario, el tesoro de su fe cat&oacute;lica. Que Dios bendiga vuestros hogares cristianos para que sean escuelas de virtud y de trabajo donde reinen el amor y la paz. <\/p>\n<p>Saludo al Se&ntilde;or Presidente de la Rep&uacute;blica y dign&iacute;simas autoridades. <\/p>\n<p>Saludo a todos los fieles de esta di&oacute;cesis de Melo, con su Pastor a la cabeza, a quien agradezco vivamente las amables palabras de bienvenida que me ha dirigido. <\/p>\n<p>Saludo tambi&eacute;n a los otros arzobispos y obispos aqu&iacute; presentes. Este saludo va igualmente a los Pastores y a los fieles de las di&oacute;cesis vecinas del Brasil que se han unido gozosamente a sus hermanos uruguayos para recibir al Papa. <\/p>\n<p>Con inmensa alegr&iacute;a estoy aqu&iacute; entre vosotros para celebrar juntos la fe en Cristo. Yo no quiero anunciaros otra cosa, mas que a Cristo Redentor; a Jesucristo, el Hijo de Dios, que trabaj&oacute; con sus manos, para ense&ntilde;arnos c&oacute;mo debemos comportarnos en nuestro esfuerzo por construir de modo solidario un mundo mejor. <\/p>\n<p>Que con la ayuda de Dios, aprendamos a conocer m&aacute;s y mejor la vida de trabajo de Cristo, \u201cel hijo del carpintero\u201d (<i>Mt<\/i> 13, 5),&nbsp; que pas&oacute; la mayor parte de su existencia terrena compartiendo la vida de cada d&iacute;a con sus hermanos los hombres y ocupando sus a&ntilde;os como un trabajador. <\/p>\n<p>2. &iquest;No es verdad que, cuando escuchamos al Se&ntilde;or, percibimos que nos est&aacute; hablando indudablemente de lo que El ha vivido y de lo que viv&iacute;an los hombres de su tiempo? Jes&uacute;s ten&iacute;a que conocer a la perfecci&oacute;n el trabajo del campo. Se refiere con detalle, por ejemplo, a los cuidados que requiere una vi&ntilde;a&nbsp;(cf. <i>Jn<\/i> 15, 1-6) y a la suerte distinta que corren las semillas de trigo esparcidas en la tierra por el sembrador (cf. <i>Lc<\/i> 8, 5-8).&nbsp; Jes&uacute;s se siente dichoso al contemplar los campos dorados, listos para la siega&nbsp;(cf. <i>Jn<\/i> 4, 35) y se enternece ante el cari&ntilde;o con que un pastor bueno carga sobre sus hombros la oveja que se le hab&iacute;a perdido (cf. <i>Lc<\/i> 15, 4-6).&nbsp; <\/p>\n<p>En sus ense&ntilde;anzas, el Hijo de Dios toma pie del trabajo del hombre y de la mujer para darnos a conocer las verdades del reino de los cielo. Jes&uacute;s sabe c&oacute;mo una mujer mezcla la levadura y la harina para hacer el pan (cf. <i>Mt<\/i> 13, 33);&nbsp;c&oacute;mo se remienda un vestido roto (cf. <i>Lc<\/i> 5, 36);&nbsp; c&oacute;mo negocia un buscador de perlas&nbsp;(cf. <i>Mt<\/i> 13, 45-46) y tambi&eacute;n cu&aacute;les son las posibilidades de negociar con el propio dinero (cf. <i>Ib&iacute;d<\/i>. 25, 14-17).&nbsp; Asimismo al Se&ntilde;or no le resulta indiferente la suerte de los que est&aacute;n desocupados, a la espera de ser contratados para trabajar (cf. <i>Mt<\/i> 20, 1ss..&nbsp; <\/p>\n<p>3. El esfuerzo humano, la laboriosidad, la actividad creadora es un tema que encontramos ya presente en los comienzos de la Revelaci&oacute;n divina. \u201cLa Iglesia \u2013como se&ntilde;al&eacute; en la Enc&iacute;clica \u201c<i>Laborem Exercens<\/i>\u201d\u2013 halla en las primeras p&aacute;ginas del libro del G&eacute;nesis la fuente de su convicci&oacute;n, seg&uacute;n la cual el trabajo constituye una dimensi&oacute;n fundamental de la existencia humana sobre la tierra\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0037\/__P6.HTM\">Laborem Exercens<\/a><\/i>, 4),&nbsp; en virtud del mandato de dominar la tierra, dado por Dios a la humanidad. <\/p>\n<p>Es verdad que <i>el trabajo<\/i> reclama esfuerzo y conlleva fatiga y cansancio, que son consecuencia del desorden introducido por el pecado; pero, habiendo sido asumido y practicado por Cristo, que lo convirti&oacute; as&iacute; en realidad redimida y redentora, <i>ha vuelto a ser una bendici&oacute;n de Dios<\/i>. \u201cMediante su trabajo (el hombre) participa en la obra del Creador y, seg&uacute;n sus propias posibilidades, en cierto sentido, contin&uacute;a desarroll&aacute;ndola y la completa, avanzando cada vez m&aacute;s en el descubrimiento de los recursos y de los valores encerrados en todo lo creado\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 25).&nbsp; <\/p>\n<p>El trabajo no es, pues, algo que el hombre debe realizar s&oacute;lo para ganarse la vida; es una dimensi&oacute;n humana que puede y debe ser santificada, para llevar a los hombres a que se cumpla plenamente su vocaci&oacute;n de criaturas hechas a imagen y semejanza de Dios. <\/p>\n<p>Por medio del trabajo, la persona se perfecciona a s&iacute; misma, obtiene los recursos para sostener a su familia, y contribuye a la mejora de la sociedad en la que vive. <i>Todo trabajo es testimonio de la dignidad del hombre<\/i>, de su dominio sobre la creaci&oacute;n, y cualquier trabajo honrado es digno de aprecio. <\/p>\n<p>Jesucristo, nuestro Se&ntilde;or, es tambi&eacute;n nuestro gu&iacute;a y modelo. \u201cTodo lo hizo bien\u201d (<i>Mc<\/i> 7, 37),&nbsp;dec&iacute;an de El las gentes. Cada uno de nosotros \u2013asumida por la fe nuestra condici&oacute;n de hijos de Dios en Cristo\u2013 hemos de esforzarnos por seguir sus huellas en el trabajo de cada d&iacute;a. Como leemos en el Antiguo Testamento, no se le hacen a Dios ofrendas defectuosas (cf. <i>Lv<\/i> 3, 1. 6. 23. 28).&nbsp; Los cristianos ser&aacute;n verdaderamente \u201csal de la tierra\u201d y \u201cluz del mundo\u201d (<i>Mt<\/i> 5, 13-14),&nbsp; si saben dar a su trabajo la calidad humana de una obra bien hecha, con amor de Dios y con esp&iacute;ritu de servicio al pr&oacute;jimo. <\/p>\n<p>4. La obligaci&oacute;n de trabajar, impuesta por Dios al hombre como un deber en el comienzo de la creaci&oacute;n, s&oacute;lo puede cumplirse si est&aacute; asegurado el correspondiente <i>derecho al trabajo<\/i>. La importancia de esta materia me ha llevado a afirmar que \u201cel trabajo es la clave esencial de toda la cuesti&oacute;n social\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0037\/__P5.HTM\">Laborem Exercens<\/a><\/i>, 3), y en mi &uacute;ltima Enc&iacute;clica he vuelto a manifestar la preocupaci&oacute;n social de la Iglesia por el desarrollo aut&eacute;ntico del hombre y de la sociedad. Con su doctrina social, la Iglesia \u201cintenta guiar&#8230; a los hombres para que ellos mismos den una respuesta, con la ayuda tambi&eacute;n de la raz&oacute;n y de las ciencias humanas, a su vocaci&oacute;n de constructores responsables de la sociedad terrena\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0042\/__P2.HTM\">Sollicitudo rei socialis<\/a><\/i>, 1).&nbsp; <\/p>\n<p>Por lo que se refiere a la primac&iacute;a del trabajo en la soluci&oacute;n de los problemas sociales, la Iglesia tiene este convencimiento: \u201cSi el sistema de relaciones de trabajo, llevado a la pr&aacute;ctica por los protagonistas directos \u2013trabajadores y empleados, con el apoyo indispensable de los poderes p&uacute;blicos\u2013 logra instaurar una <i>civilizaci&oacute;n del trabajo<\/i>, se producir&aacute; entonces en la manera de ver de los pueblos y incluso en las bases institucionales y pol&iacute;ticas, una revoluci&oacute;n pac&iacute;fica en profundidad\u201d (Congregaci&oacute;n para la Doctrina de la Fe, <i>Libertatis Conscientia<\/i>, 83).&nbsp; <\/p>\n<p>5. Instaurar una \u201ccivilizaci&oacute;n del trabajo\u201d es una tarea que requiere la participaci&oacute;n solidaria de toda la sociedad. Por eso, deseo hacer un llamado a todos los fieles cat&oacute;licos y a todos los uruguayos de buena voluntad. <\/p>\n<p>Aquellos que poseen la tierra y otras clases de bienes, deben tener presente que sobre toda propiedad privada, \u201cgrava una hipoteca social\u201d que les obliga a procurar que sus propiedades rindan en beneficio de la colectividad. <\/p>\n<p>Quien tiene empleados a su servicio est&aacute; moralmente obligado a velar para que tengan buenas condiciones de trabajo y una vivienda digna para cada uno con su propia familia. Asimismo debe cuidar que la remuneraci&oacute;n sea suficiente para llevar una vida decorosa y, si es posible, que la rebase. De la misma forma, debe procurarse que los trabajadores del campo puedan acceder a unas condiciones de vida que eviten la emigraci&oacute;n a las ciudades, causa de graves problemas humanos y sociales. <\/p>\n<p>6. En medio de este extenso mundo del trabajo humano no quiero pasar por alto a quienes <i>se dedican a la actividad empresarial<\/i>, para recordarles que \u201cla prioridad del trabajo sobre el capital convierte en un deber de justicia&#8230; anteponer el bien de los trabajadores al aumento de las ganancias. Tienen la obligaci&oacute;n moral de no mantener capitales improductivos y, en las inversiones, mirar ante todo al bien com&uacute;n. Esto exige que se busque prioritariamente la consolidaci&oacute;n o la creaci&oacute;n de nuevos puestos de trabajo para la producci&oacute;n de bienes realmente &uacute;tiles\u201d (Congregaci&oacute;n para la Doctrina de la Fe, <i> Libertatis Conscientia<\/i>, 83).&nbsp; <\/p>\n<p>7. Con mi palabra y con mi coraz&oacute;n estoy tambi&eacute;n muy cerca de los que se dedican a <i>la actividad sindical<\/i>. La Iglesia ha defendido siempre el derecho de asociaci&oacute;n en todos los niveles de la convivencia, porque es una consecuencia de la naturaleza social y comunitaria del hombre. La asociaci&oacute;n con fines laborales, en los sindicatos, no solamente es justa, sino que \u2013siempre dentro del respeto de los principios de la justicia\u2013 se muestra conveniente para lograr la armon&iacute;a social. Merecen incondicionalmente apoyo y aliento todos aquellos que, con abnegaci&oacute;n y sacrificio dedican sus esfuerzos por mejorar las condiciones de vida de los trabajadores. Como sab&eacute;is, \u201cla doctrina social cat&oacute;lica no considera que los sindicatos constituyan &uacute;nicamente el reflejo de la estructura de <i>clase<\/i> de la sociedad y que sean el exponente de la lucha de clases que gobierna inevitablemente la vida social. S&iacute;, son un exponente de la lucha por la justicia social, por los justos derechos de los hombres del trabajo seg&uacute;n las distintas profesiones&#8230; pero no es una lucha \u201ccontra los dem&aacute;s\u201d&#8230; Los justos esfuerzos por asegurar los derechos de los trabajadores, unidos por la misma profesi&oacute;n, deben tener siempre en cuenta las limitaciones que impone la situaci&oacute;n general del pa&iacute;s. Las exigencias sindicales no pueden transformarse en una especie de \u201cego&iacute;smo\u201d de grupo o de clase por m&aacute;s que puedan y deban tender tambi&eacute;n a corregir \u2013 con miras al bien com&uacute;n de toda la sociedad \u2013 incluso todo lo que es defectuoso en el sistema de propiedad de los medios de producci&oacute;n o en el modo de administrarlos o de disponer de ellos\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0037\/__PM.HTM\">Laborem Exercens<\/a><\/i>, 20).&nbsp; <\/p>\n<p>8. Y finalmente, quisiera destacar la importancia de valorar socialmente las funciones que con abnegaci&oacute;n y entrega, desempe&ntilde;an en sus casas, las madres de familia. Con esto deseo hacer patente el <i>reconocimiento y homenaje que se debe a la mujer uruguaya<\/i>. Ella ha desempe&ntilde;ado un papel providencial e inconfundible para conservar la fe y custodiar el perfil propio del alma cristiana en Am&eacute;rica Latina. Es justo que tambi&eacute;n su trabajo sea apreciado en lo que vale; y, si todos los trabajos son dignos delante de Dios y de la sociedad, el que a diario lleva a cabo una madre tiene una trascendencia superior. \u201cSer&aacute; un honor para la sociedad \u2013se&ntilde;alaba en mi Enc&iacute;clica sobre el trabajo humano\u2013 hacer posible a la madre \u2013sin obstaculizar su libertad, sin discriminaci&oacute;n sicol&oacute;gica o pr&aacute;ctica, sin dejarla en inferioridad ante sus compa&ntilde;eras\u2013 dedicarse al cuidado y a la educaci&oacute;n de los hijos&#8230; La verdadera promoci&oacute;n de la mujer exige que el trabajo se estructure de manera que no deba pagar su promoci&oacute;n con el abandono del car&aacute;cter espec&iacute;fico propio y en perjuicio de la familia en la que como madre tiene un papel insustituible\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 19).&nbsp; <\/p>\n<p>9. Construir una \u201ccivilizaci&oacute;n del trabajo\u201d es un imperativo &eacute;tico exigido por la vocaci&oacute;n sobrenatural del hombre y, al mismo tiempo, es un reto a su capacidad creadora. La Iglesia no puede dejarse arrebatar por ninguna ideolog&iacute;a o corriente pol&iacute;tica la bandera de la justicia, que es exigencia del Evangelio. Por otra parte, \u201cla doctrina social de la Iglesia no propone ning&uacute;n sistema (econ&oacute;mico, social o pol&iacute;tico) particular, pero, a la luz de sus principios fundamentales, hace posible, ante todo, ver en qu&eacute; medida los sistemas existentes resultan conformes o no a las exigencias de la dignidad humana\u201d (Congregaci&oacute;n para la Doctrina de la Fe, <i>Libertatis Conscientia<\/i>, 74). La construcci&oacute;n de una \u201ccivilizaci&oacute;n del trabajo\u201d trae, pues, consigo una invitaci&oacute;n al di&aacute;logo sereno entre los que sustentan opiniones diversas acerca de las posibles soluciones de los problemas que hay que resolver. No existe para ellos una &uacute;nica soluci&oacute;n ni nadie tiene el derecho de definir como \u201ccat&oacute;lica\u201d <i>su<\/i> propia soluci&oacute;n, puesto que los principios ense&ntilde;ados por la Iglesia admiten pluralidad de aplicaciones pr&aacute;cticas (cf. (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0042\/__P7.HTM\">Sollicitudo rei socialis<\/a><\/i>, 41).&nbsp; <\/p>\n<p>Tambi&eacute;n hay que decir que ninguna ideolog&iacute;a puede abrogarse el monopolio de las soluciones a los problemas sociales. La \u201ccivilizaci&oacute;n del trabajo\u201d exige el estudio profundo de los problemas y el estar dispuesto a aceptar la verdad; pide, asimismo, dejar de lado las ambiciones particulares o de grupo para mirar ante todo al bien com&uacute;n. Una \u201ccivilizaci&oacute;n del trabajo\u201d requiere <i>esp&iacute;ritu de sacrificio, esp&iacute;ritu de colaboraci&oacute;n y solidaridad<\/i>. Sobre todo, su realizaci&oacute;n exige un esfuerzo educativo de las j&oacute;venes generaciones en las virtudes del trabajo y en la pr&aacute;ctica de la espiritualidad que le es propia (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0037\/__PQ.HTM\">Laborem Exercens<\/a><\/i>, 24-27).&nbsp; <\/p>\n<p>Construir una \u201ccivilizaci&oacute;n del trabajo\u201d es, en fin, un ideal que est&aacute; al alcance de una sociedad como la vuestra, hondamente arraigada en su hist&oacute;rica vocaci&oacute;n cristiana y con un hondo sentido de la justicia y de la igualdad entre los hombres. <\/p>\n<p>10. Queridos hermanos y hermanas: Al terminar nuestro encuentro, os invito a mirar nuevamente a Jes&uacute;s de Nazaret, el Hijo de Dios, el \u201chijo del carpintero\u201d. Con la Sant&iacute;sima Virgen, su Madre, y con San Jos&eacute;, Jes&uacute;s form&oacute; parte del hogar que es modelo para todas las familias cristianas. Santific&oacute; la noble realidad del trabajo humano, desarrollando, durante la mayor parte de su vida, la humilde labor de un artesano. Jes&uacute;s nos ense&ntilde;&oacute;, de este modo, a valorar el trabajo en funci&oacute;n del amor con que lo hagamos. <\/p>\n<p>Construid, pues, la \u201ccivilizaci&oacute;n del trabajo\u201d, obrando en todo momento y lugar con amor, seg&uacute;n la justicia y la caridad, con desprendimiento y sin perder de vista la luz eterna que alumbra nuestros pasos en la tierra. A todos los que est&aacute;is aqu&iacute;, que hab&eacute;is venido de los departamentos de Cerro Largo y Treinta y Tres, y de lejanos sitios, y del Brasil, os encomiendo a San Jos&eacute; Obrero, Esposo de la Virgen Sant&iacute;sima, para que bajo su protecci&oacute;n alcanc&eacute;is la gloria eterna, despu&eacute;s de trabajar por vuestros hermanos los hombres. Con afecto imparto a todos mi Bendici&oacute;n Apost&oacute;lica. <\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/font> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1988 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, BOLIVIA, LIMA Y PARAGUAY CELEBRACI&Oacute;N DE LA PALABRA EN LA EXPLANADA DEL BARRIO LA CONCORDIA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Melo (Uruguay) Domingo 8 de mayo de 1988 &nbsp; Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, &iexcl;Alabado sea Jesucristo! 1. 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