{"id":39942,"date":"2016-10-05T23:20:38","date_gmt":"2016-10-06T04:20:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-mayo-de-1988-celebracion-de-la-palabra-en-el-estadio-centenario-de-montevideo-uruguay\/"},"modified":"2016-10-05T23:20:38","modified_gmt":"2016-10-06T04:20:38","slug":"7-de-mayo-de-1988-celebracion-de-la-palabra-en-el-estadio-centenario-de-montevideo-uruguay","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-mayo-de-1988-celebracion-de-la-palabra-en-el-estadio-centenario-de-montevideo-uruguay\/","title":{"rendered":"7 de mayo de 1988, Celebraci\u00f3n de la Palabra en el estadio \u00abCentenario\u00bb de Montevideo (Uruguay)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, BOLIVIA, LIMA Y PARAGUAY<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N DE LA PALABRA EN EL ESTADIO <font face=\"Times New Roman\">&laquo;CENTENARIO&raquo;<\/font><\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Montevideo (Uruguay)<br \/>S&aacute;bado 7 de mayo de 1988<\/font><\/i><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p> <i>Queridos hermanos en el Episcopado, <br \/>amad&iacute;simos hermanos y hermanas de Montevideo <br \/>y de todo el Uruguay: <\/i> <\/p>\n<p>1. Hemos alabado a Dios proclamando con el Salmo: \u201c&iexcl;Qu&eacute; bueno es el Se&ntilde;or!\u201d (<i>Sal<\/i> 34 [33], 9) .&nbsp; Quiero repetirlo fuertemente y desde lo m&aacute;s hondo del coraz&oacute;n: &iexcl;qu&eacute; bueno es el Se&ntilde;or, Dios Nuestro, que me ha permitido cumplir el prop&oacute;sito de volver al Uruguay! A El y a su Sant&iacute;sima Madre, la Virgen de los Treinta y Tres, debo agradecer el estar nuevamente en esta querida tierra uruguaya en la que me recib&iacute;s con tanto cari&ntilde;o del que se ha hecho int&eacute;rprete con sus amables palabras Monse&ntilde;or Jos&eacute; Gottardi, arzobispo de Montevideo y Presidente de la Conferencia Episcopal. Saludo a los fieles de cada una de las diez di&oacute;cesis del Uruguay, as&iacute; como del exarcado apost&oacute;lico armenio y de las dem&aacute;s comunidades cat&oacute;licas del pa&iacute;s. De una manera especial, en esta ocasi&oacute;n, quiero dirigirme a los de la arquidi&oacute;cesis de Montevideo y de las di&oacute;cesis vecinas de San Jos&eacute; de Mayo y de Maldonado. <\/p>\n<p>2. He vuelto al Uruguay para compartir con vosotros el gozo de sentirnos miembros del &uacute;nico Pueblo de Dios, para orar juntos, para celebrar comunitariamente nuestra fe, y meditar en com&uacute;n el mensaje de Jes&uacute;s. S&eacute; que en este estadio \u201cCentenario\u201d, donde han tenido lugar memorables eventos deportivos, recibieron hace cincuenta a&ntilde;os la primera Comuni&oacute;n miles de ni&ntilde;os uruguayos en el marco del Congreso Eucar&iacute;stico de 1938. M&aacute;s tarde, durante el A&ntilde;o Mariano de 1954, los ni&ntilde;os volvieron a ser protagonistas de un magno encuentro en este mismo estadio, recibiendo igualmente su primera Comuni&oacute;n. Los obispos uruguayos, deseosos de recordar aquellos acontecimientos hist&oacute;ricos, y en este A&ntilde;o Mariano que celebra la Iglesia universal, han querido proclamar un A&ntilde;o Eucar&iacute;stico. &iexcl;La Iglesia entera en vuestro pa&iacute;s va a vibrar de amor a Jesucristo en la Eucarist&iacute;a, e invita a todos a reforzar los lazos de hermandad para que el Uruguay sea una naci&oacute;n pac&iacute;fica, fraterna y acogedora! <\/p>\n<p>Seguramente no pocos de los que ahora est&aacute;is aqu&iacute; presentes recibisteis por primera vez a Jes&uacute;s Sacramentado en este lugar, hace cincuenta a&ntilde;os. Permitidme que os pregunte: &iquest;hab&eacute;is sido fieles durante este largo per&iacute;odo al Se&ntilde;or, que se dio a vosotros para ser compa&ntilde;ero y amigo vuestro en el camino de la vida? <\/p>\n<p>Tambi&eacute;n quienes lo recibisteis por vez primera como alimento del alma durante el A&ntilde;o Mariano de hace treinta y cuatro a&ntilde;os, hab&eacute;is de preguntaros si la gracia que se os entreg&oacute; como don en aquel sacramento ha fructificado en obras de amor. <\/p>\n<p>A todos los aqu&iacute; presentes, a todos los uruguayos, Jes&uacute;s dice esta tarde: \u201cYo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivir&aacute; para siempre. Y el pan que yo dar&eacute; es mi carne, para la vida del mundo\u201d (<i>Jn<\/i> 6, 51).&nbsp;Despu&eacute;s de veinte siglos de historia, la Iglesia sigue y siempre seguir&aacute; custodiando el tesoro de la Eucarist&iacute;a como su don m&aacute;s precioso, como la fuente de donde brota toda su vida y su proyecci&oacute;n en la historia humana. Con estas palabras pronunciadas en Cafarnaum, Jes&uacute;s promete a quien coma su pan que vivir&aacute; para siempre. Quienes escuchaban a Jes&uacute;s \u2013agrega el evangelista\u2013 \u201cdiscut&iacute;an entre s&iacute;, diciendo: &iquest;c&oacute;mo puede &eacute;ste darnos a comer su carne?\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 6, 52).&nbsp;Y el Se&ntilde;or, reafirmando sus palabras de manera que nadie pudiera dudar de que era El mismo quien se daba como alimento del alma, contest&oacute;: \u201cEn verdad, en verdad os digo, que si no com&eacute;is la carne del Hijo del hombre y no beb&eacute;is su sangre, no tendr&eacute;is vida en vosotros\u201d (<i>Jn<\/i> 6, 53).&nbsp; <\/p>\n<p>3. Al llegar la &uacute;ltima Cena, antes de su pasi&oacute;n y muerte por los pecados de los hombres, Jes&uacute;s cumpli&oacute; su promesa. \u201cTomando el pan, dio gracias, lo parti&oacute; y se los dio diciendo: Esto es mi cuerpo, que es entregado por vosotros; haced esto en memoria m&iacute;a. Asimismo el c&aacute;liz, despu&eacute;s de haber cenado, diciendo: Este c&aacute;liz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros\u201d (<i>Lc<\/i> 22, 19-20).&nbsp; <\/p>\n<p>De este modo, Jes&uacute;s anticip&oacute; sacramentalmente la entrega de su vida, que har&iacute;a al d&iacute;a siguiente en la cruz, y, adem&aacute;s, quiso que ese sacrificio, ofrecido bajo las especies de pan y vino, fuera renovado perpetuamente en la Iglesia. Y es en la Santa Misa donde se renueva, donde vuelve a hacerse presente el sacrificio &uacute;nico de Jes&uacute;s por todos los hombres. <\/p>\n<p>Por ello, debemos meditar con amor y gratitud cada vez mayores en la entrega del Hijo de Dios por nosotros, por ti, por m&iacute;. El est&aacute; realmente presente en la Eucarist&iacute;a y en todos los sagrarios de nuestras iglesias. Hace unos a&ntilde;os, con ocasi&oacute;n del Jueves Santo, escrib&iacute; a los sacerdotes del mundo entero una carta en la que, entre otras cosas les dec&iacute;a: \u201cPensad en los lugares donde esperan con ansia al sacerdote, y donde desde hace a&ntilde;os, sintiendo su ausencia, no cesan de desear su presencia. Y sucede alguna vez que se re&uacute;nen en un santuario abandonado y ponen sobre el altar la estola a&uacute;n conservada y recitan todas las oraciones de la liturgia eucar&iacute;stica; y he aqu&iacute; que en el momento que corresponde a la transubstanciaci&oacute;n desciende en medio de ellos un profundo silencio, alguna vez interrumpido por sollozos&#8230; &iexcl;con tanto ardor desean escuchar las palabras, que s&oacute;lo los labios de un sacerdote pueden pronunciar eficazmente! &iexcl;Tan vivamente desean la comuni&oacute;n eucar&iacute;stica, de la que &uacute;nicamente en virtud del ministerio sacerdotal pueden participar!\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/letters\/1979\/documents\/hf_jp-ii_let_19790409_sacerdoti-giovedi-santo.html\">Carta a los sacerdotes con ocasi&oacute;n del Jueves Santo de 1979<\/a><\/i>, 8 de abril de 1979).&nbsp; <\/p>\n<p>Vosotros, queridos hermanos y hermanas uruguayos, que cont&aacute;is con la presencia del sacerdote y ten&eacute;is la posibilidad de participar de la comuni&oacute;n eucar&iacute;stica, no deb&eacute;is renunciar a ella. Cada domingo la Iglesia celebra el acontecimiento fundamental de nuestra fe: la resurrecci&oacute;n de Cristo. En cada Misa, como reza la liturgia, \u201canunciamos la muerte y proclamamos la resurrecci&oacute;n\u201d del Se&ntilde;or. Para todo fiel cat&oacute;lico, la participaci&oacute;n de la Santa Misa dominical es, al mismo tiempo, un deber y un privilegio; una dulce obligaci&oacute;n de corresponder al amor de Dios por nosotros, para dar despu&eacute;s testimonio de ese amor en nuestra vida diaria. Por eso, si no es por graves motivos, ninguno puede sentirse dispensado de ella. La Santa Misa es el acto de culto m&aacute;s excelente que la Iglesia entera tributa a Dios; es la fuente de la vida cristiana; es el encuentro que Cristo quiere tener con sus hermanos los hombres para nutrirlos con el alimento que no perece, para bendecirlos y fortalecerlos en sus pruebas. &iexcl;Buscad a Cristo en la Sagrada Eucarist&iacute;a! &iexcl;Amadlo de coraz&oacute;n! Y para recibirlo de manera digna y como El lo merece, no dej&eacute;is de prepararos, cuando sea preciso, mediante el sacramento de la Penitencia. <\/p>\n<p>4. Padres y madres de familia: vosotros que am&aacute;is a vuestros hijos, que cuid&aacute;is de ellos con verdadera abnegaci&oacute;n, tened presente que tambi&eacute;n deb&eacute;is cuidar la vida que Cristo les ha dado en el Bautismo. Atendiendo a su preparaci&oacute;n para la primera Comuni&oacute;n, deb&eacute;is acompa&ntilde;arlos a la Santa Misa dominical y preocuparos despu&eacute;s para que contin&uacute;en su formaci&oacute;n de cristianos. Para una familia cristiana, el cumplimiento del precepto dominical tiene que ser motivo fundamental de alegr&iacute;a y de unidad. En la Santa Misa del domingo, que encuentra en la asistencia a la parroquia su expresi&oacute;n m&aacute;s genuina, cada familia hallar&aacute; la fortaleza interior necesaria para afrontar con renovada fe y esperanza las dificultades inevitables, propias de nuestra condici&oacute;n de criaturas. Yo quisiera que &eacute;ste fuera un fruto de mi visita pastoral a vuestro pa&iacute;s: que todas las familias uruguayas sean fieles en acudir a la fuente de gracia que es la Santa Misa. <\/p>\n<p>Queridos j&oacute;venes, muchachos y muchachas del Uruguay: a vosotros, que sois fuertes y quer&eacute;is hacer de vuestras vidas un servicio a Dios y al pr&oacute;jimo, colaborando en la construcci&oacute;n de una sociedad m&aacute;s justa y fraterna, no olvid&eacute;is que ello ser&aacute; posible si os empe&ntilde;&aacute;is en construir un mundo que sea mejor seg&uacute;n la voluntad y el plan de Dios. La noche en la que Jes&uacute;s instituy&oacute; la Eucarist&iacute;a, dijo a los disc&iacute;pulos reunidos en torno a El en Cen&aacute;culo: \u201cEl que permanece en m&iacute; y yo en &eacute;l, &eacute;se da mucho fruto, porque sin m&iacute; no pod&eacute;is hacer nada\u201d (<i>Jn<\/i> 15, 5). Jesucristo, Nuestro Se&ntilde;or, que prometi&oacute; que se quedar&iacute;a con nosotros, <i>permanece<\/i> en la Eucarist&iacute;a desde hace veinte siglos y te espera; es necesario que vayas a su encuentro y le conf&iacute;es los nobles ideales que llevas en tu coraz&oacute;n. Cada domingo, todos y cada uno de vosotros, j&oacute;venes cat&oacute;licos, ten&eacute;is una cita con el amor de Dios. No pod&eacute;is fallarle por pereza o por darle mayor importancia a otras actividades. Jes&uacute;s os ha prometido que dar&eacute;is mucho fruto en vuestras vidas si permanec&eacute;is con El. Os invito, pues, a que hag&aacute;is vuestra propia experiencia de acercaros a esta fuente de la vida cristiana. Ver&eacute;is que se realiza tambi&eacute;n en vosotros aquella confesi&oacute;n de San Pablo: \u201cLo puedo todo en Aquel que me conforta\u201d (<i>Flp<\/i> 4, 13).&nbsp; Jesucristo, como el mejor de los amigos, quiere ayudaros a que vuestros grandes ideales se hagan realidad. <\/p>\n<p>Ni&ntilde;as y ni&ntilde;os uruguayos, que os est&aacute;is preparando para hacer la primera Comuni&oacute;n o que ya hab&eacute;is recibido a Jes&uacute;s. &iexcl;Queredlo mucho! Los ni&ntilde;os saben mejor que nadie que \u201camor con amor se paga\u201d, y tienen una gran facilidad para tratar y amar a Jes&uacute;s en la Eucarist&iacute;a. &iexcl;No lo dej&eacute;is solo! El os espera en las iglesias y en las capillas de vuestros colegios, para ayudaros a crecer en la fe y para haceros fuertes, generosos y valientes. &iexcl;Pedidle a la Virgen Sant&iacute;sima que nunca os separ&eacute;is de Jes&uacute;s! Yo se lo pido ahora por vosotros. Y vosotros no os olvid&eacute;is de rezar por m&iacute;. <\/p>\n<p>5. La noche en que Jes&uacute;s instituy&oacute; la Eucarist&iacute;a, banquete y sacrificio de su Cuerpo y de su Sangre, dio tambi&eacute;n a los Ap&oacute;stoles un \u201cmandamiento nuevo\u201d: \u201cQue os am&eacute;is los unos a los otros como yo os he amado; que os am&eacute;is mutuamente. En esto conocer&aacute;n todos que sois mis disc&iacute;pulos, si ten&eacute;is caridad unos para con otros\u201d (<i>Jn<\/i> 13, 34-35).&nbsp; <\/p>\n<p>El Se&ntilde;or, en la vigilia de aquel Viernes Santo en que morir&iacute;a en la cruz para dar la vida por los hombres, ense&ntilde;&oacute; este mandamiento con una &uacute;ltima lecci&oacute;n de amor: lav&oacute; los pies a sus Ap&oacute;stoles, les dio el ejemplo que debemos imitar todos los que nos llamamos sus disc&iacute;pulos. <\/p>\n<p>Durante muchos siglos, la comunidad cristiana ha celebrado a Dios, presente en la Eucarist&iacute;a, cantando: \u201cEl amor de Cristo nos ha congregado en la unidad\u201d (<i>Hymnus &laquo;Ubi Caritas&raquo;<\/i>).&nbsp; Esta unidad y este amor, que encuentran su plenitud en la Eucarist&iacute;a, tienen una forma particular de expresi&oacute;n <i>en el matrimonio y en la familia<\/i>. Siempre ha ense&ntilde;ado la Iglesia que el matrimonio cristiano es signo del amor indisoluble con el que Cristo ama a su Iglesia (cf. <i>Ef<\/i> 5, 22ss.).&nbsp; As&iacute; como Jesucristo la ama y ha dado y da continuamente su vida por ella, as&iacute; los esposos cristianos, alimentados con la Eucarist&iacute;a, deben ser <i>ejemplo de amor indisoluble<\/i>. <\/p>\n<p>Este amor ha de llevaros a la generosa comunicaci&oacute;n de la vida, porque es de esta forma como el amor de los c&oacute;nyuges se despliega y hace fecundo. &iexcl;No teng&aacute;is miedo a los hijos que puedan venir; ellos son el don m&aacute;s precioso del matrimonio! Si quer&eacute;is hacer de vuestro matrimonio un testimonio de verdadero amor y construir una naci&oacute;n pr&oacute;spera, no os negu&eacute;is a traer muchos invitados al banquete de la vida. <\/p>\n<p>De la realizaci&oacute;n del plan de Dios sobre el matrimonio y la familia s&oacute;lo pueden seguirse beneficios y bendiciones para la sociedad. Por eso, es necesario que, tambi&eacute;n la legislaci&oacute;n civil relativa al matrimonio y la familia no ponga obst&aacute;culos, sino que tutele los derechos de los individuos y de las familias, potenciando una pol&iacute;tica familiar que no penalice la fecundidad sino que la proteja. <\/p>\n<p>Las circunstancias nada f&aacute;ciles del momento actual podr&iacute;an provocar un cierto temor o escepticismo en los j&oacute;venes que se preparan para el matrimonio: las dificultades del momento presente y la incidencia de opiniones equivocadas sembradoras de confusi&oacute;n y desorientaci&oacute;n, les llevan a dudar si lograr&aacute;n mantenerse mutuamente fieles durante toda la vida; las dificultades laborales y econ&oacute;micas les hacen ver el futuro con ansiedad; tienen miedo del mundo al que se ver&aacute;n enfrentados sus hijos. <\/p>\n<p>Ante este cuadro de preocupaciones y incertidumbres el hombre y la mujer cristianos han de buscar fortaleza y seguridad en la Palabra de Dios y en los sacramentos. En el matrimonio cristiano, es Dios mismo quien bendice vuestra uni&oacute;n y os concede las gracias que necesit&aacute;is para realizar vuestro matrimonio seg&uacute;n el plan divino. Corresponded ilusionada y generosamente a este plan de amor, que es el &uacute;nico capaz de daros la genuina felicidad que satisface las aspiraciones del coraz&oacute;n humano. <\/p>\n<p>Es cierto que en el camino de la vida conyugal y familiar se presentan dificultades. &iexcl;Siempre las ha habido! Pero estad seguros de que no os faltar&aacute; nunca la necesaria ayuda del cielo para superarlas. &iexcl;Sed fieles a Cristo y ser&eacute;is felices! &iexcl;Sed fieles a la ense&ntilde;anza de la Iglesia y estar&eacute;is unidos por un amor siempre mayor! &iexcl;La fidelidad no se ha pasado de moda! Pod&eacute;is estar seguros de que son las familias verdaderamente cristianas las que har&aacute;n que nuestro mundo vuelva a sonre&iacute;r. <\/p>\n<p>6. Querid&iacute;simos hermanos y hermanas uruguayos: a lo largo del a&ntilde;o transcurrido, desde la primera vez que vine a veros, os he recordado muchas veces. En mi anterior breve visita supisteis manifestar vuestro cari&ntilde;o por el Sucesor de Pedro. Un afecto que guardo como gran tesoro en mi coraz&oacute;n y que sent&iacute; particularmente vivo por parte de los sacerdotes, religiosos y religiosas con quienes estuve en la catedral de Montevideo. <\/p>\n<p>La alegr&iacute;a del A&ntilde;o Eucar&iacute;stico que ya estaba programado, se hace ahora una realidad que, con la gracia de Dios, producir&aacute; abundantes frutos pastorales. Juntos vamos a adorar al Se&ntilde;or, realmente presente en la Hostia santa, y renovaremos nuestra fe. <\/p>\n<p>Debemos dar gracias a Dios, porque cada d&iacute;a renueva el sacrificio del Calvario en la Santa Misa. Debemos pedirle perd&oacute;n por los pecados personales y de todos los hombres. Debemos rogarle que nos mantenga fieles a la vocaci&oacute;n con que nos llam&oacute; a ser sus hijos. <\/p>\n<p>La bendici&oacute;n con el Sant&iacute;simo Sacramento, que os impartir&eacute;, ser&aacute; testimonio y proclamaci&oacute;n p&uacute;blica de nuestra fe en Jesucristo. Tambi&eacute;n lo ser&aacute;n la procesi&oacute;n del Corpus Christi y otras devociones eucar&iacute;sticas que, a lo largo de este a&ntilde;o, vivir&aacute; con gozo la Iglesia en el Uruguay. <\/p>\n<p>Que las familias se encuentren comunitariamente unidas en Cristo, cada domingo, al celebrar el d&iacute;a del Se&ntilde;or. Que la Sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a, que fue la primera \u201ccustodia\u201d que llev&oacute; en s&iacute; al Verbo encarnado, os introduzca en el misterio del amor de Cristo. Que as&iacute; sea. <\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/font> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1988 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A URUGUAY, BOLIVIA, LIMA Y PARAGUAY CELEBRACI&Oacute;N DE LA PALABRA EN EL ESTADIO &laquo;CENTENARIO&raquo; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Montevideo (Uruguay)S&aacute;bado 7 de mayo de 1988 &nbsp; &nbsp; Queridos hermanos en el Episcopado, amad&iacute;simos hermanos y hermanas de Montevideo y de todo el Uruguay: 1. 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