{"id":39947,"date":"2016-10-05T23:21:55","date_gmt":"2016-10-06T04:21:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-agosto-de-1989-basilica-mariana-de-covadonga\/"},"modified":"2016-10-05T23:21:55","modified_gmt":"2016-10-06T04:21:55","slug":"21-de-agosto-de-1989-basilica-mariana-de-covadonga","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-agosto-de-1989-basilica-mariana-de-covadonga\/","title":{"rendered":"21 de agosto de 1989, Bas\u00edlica Mariana de Covadonga"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/john_paul_ii\/travels\/sub_index1989\/trav_wyd-santiago-spain_sp.htm\">VIAJE PASTORAL A SANTIAGO DE COMPOSTELA Y ASTURIAS<br \/>&nbsp;CON MOTIVO DE LA IV JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><b><i> <font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <\/font><\/i> <\/p>\n<p><\/b><i>Bas&iacute;lica de Covadonga<br \/> Lunes 21 de agosto de 1989<\/i><\/font><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p><i>Amad&iacute;simos hermanos en el Episcopado, <br \/>queridos hijos e hijas: <\/i> <\/p>\n<p>1. <i>\u201c&iexcl;Qu&eacute; preg&oacute;n tan glorioso para ti, ciudad de Dios!\u201d<\/i> (<i>Sal<\/i> 87 [86], 3). <\/p>\n<p> El salmista se prodiga en expresiones de alabanza a Jerusal&eacute;n, la ciudad de Dios. Proclama la gloria de Si&oacute;n, cuyas puertas son las que \u201cprefiere el Se&ntilde;or\u201d. <\/p>\n<p> <i>Si&oacute;n<\/i>, la monta&ntilde;a del Se&ntilde;or sobre la cual, como cimiento, est&aacute; fundada la ciudad del Dios vivo: <i>la ciudad que fue testigo de la Pascua, esto es, del Paso Salvador de Dios<\/i>. <\/p>\n<p> Y para este Paso de salvaci&oacute;n estaba previsto un lugar: <i>el Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n<\/i>, donde se reunieron los Ap&oacute;stoles despu&eacute;s de la Ascensi&oacute;n del Se&ntilde;or. All&iacute; permanecieron unidos en oraci&oacute;n \u201cJunto con algunas mujeres, entre ellas Mar&iacute;a, la madre de Jes&uacute;s, y con sus hermanos\u201d (<i>Hch<\/i> 1, 14).<\/p>\n<p> <i>All&iacute; se prepararon para el acontecimiento de Pentecost&eacute;s. <\/i> <\/p>\n<p>2. <i>&iexcl;\u201cQu&eacute; preg&oacute;n tan glorioso para ti\u201d, santuario de Covadonga, Cueva de nuestra Se&ntilde;ora! <\/i> <\/p>\n<p> Desde hace siglos se re&uacute;nen aqu&iacute; asiduamente en oraci&oacute;n generaciones de disc&iacute;pulos de Cristo, los hijos y las hijas de esta tierra de Asturias y de Espa&ntilde;a. Se re&uacute;nen \u201ccon Mar&iacute;a\u201d. Y <i>la oraci&oacute;n<\/i> \u201ccon la Madre de Jes&uacute;s\u201d prepara, de una manera particular, los caminos de la venida del Esp&iacute;ritu. <\/p>\n<p> Este es el misterio de la Si&oacute;n jerosolimitana. Este y no otro es el misterio de los santuarios marianos. Este es tambi&eacute;n el misterio del santuario de la Santina de Covadonga, donde, desde hace siglos, <i>la Esposa del Esp&iacute;ritu Santo<\/i>, la Virgen Mar&iacute;a, est&aacute; rodeada de veneraci&oacute;n y amor. <\/p>\n<p> Despu&eacute;s de haber estado como peregrino en Compostela, he querido subir hasta aqu&iacute;, a la monta&ntilde;a santa de Covadonga, tan unida por la historia a la fe de Espa&ntilde;a. <\/p>\n<p> Mi m&aacute;s cordial saludo se dirige en primer lugar a Su Alteza Real Don Felipe de Borb&oacute;n, felizmente vinculado a este lugar Mariano, como Pr&iacute;ncipe de Asturias. <\/p>\n<p> Asimismo, pl&aacute;ceme renovar mi fraterno saludo al se&ntilde;or arzobispo de Oviedo, monse&ntilde;or Gabino D&iacute;az Merch&aacute;n, y a su auxiliar, as&iacute; como a los querid&iacute;simos asturianos. Este saludo se extiende tambi&eacute;n a los amad&iacute;simos Pastores de las di&oacute;cesis hermanas de Astorga, Le&oacute;n y Santander que, acompa&ntilde;ados de numerosos fieles, han venido a esta solemne Eucarist&iacute;a. <\/p>\n<p>3. Todos juntos ensalzamos en este d&iacute;a a la <i>Esposa del Esp&iacute;ritu Santo<\/i>. Fue a Ella sola, a quien el &Aacute;ngel mensajero de Dios anunci&oacute; en Nazaret: \u201cEl Esp&iacute;ritu Santo vendr&aacute; sobre ti, y la fuerza del Alt&iacute;simo te cubrir&aacute; con su sombra; por eso el santo que va a nacer se llamar&aacute; Hijo de Dios\u201d (<i>Lc<\/i> 1, 35). Mar&iacute;a dio su consentimiento diciendo: \u201cH&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra\u201d (<i>ib.<\/i> 1, 38). Y desde entonces <i>qued&oacute; convertida en el santuario m&aacute;s santo de la historia de la humanidad<\/i>. <\/p>\n<p> &iexcl;<i>Mar&iacute;a<\/i>, Hija admirable de Si&oacute;n! <\/p>\n<p> He aqu&iacute; que la vemos en camino hacia la casa de su prima Isabel. Esta, a su vez, iluminada por el Esp&iacute;ritu Santo, <i>reconoci&oacute; en Mar&iacute;a este sant&iacute;simo santuario<\/i>: <\/p>\n<p> \u201c&iexcl;Bendita t&uacute; entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!\u201d. <br \/>\u201c&iquest;Qui&eacute;n soy yo para que me visite la madre de mi Se&ntilde;or?\u201d (<i>ib<\/i>. 1, 42-43). <\/p>\n<p> Con estas palabras inspiradas, ella tribut&oacute; a Mar&iacute;a la primera bienaventuranza del Nuevo Testamento: la bienaventuranza de la fe de Mar&iacute;a: <\/p>\n<p> <i>\u201cDichosa t&uacute;, que has cre&iacute;do, porque lo que te ha dicho el Se&ntilde;or se cumplir&aacute;\u201d<\/i> (<i>ib.<\/i> 1, 45). <\/p>\n<p>4. El Papa sucesor de Pedro, \u201c<i>que confiesa su fe<\/i>\u201d en este santuario vivo, que es la Virgen de Nazaret, sube tambi&eacute;n hoy a la monta&ntilde;a, a Covadonga, la Casa de la Se&ntilde;ora, para proclamar a Mar&iacute;a <i>&iexcl;Bendita, feliz, dichosa!<\/i> Se cumplir&aacute; as&iacute; la profec&iacute;a de la Virgen del <i>Magnificat<\/i>: <i>\u201cDesde ahora me felicitar&aacute;n todas las generaciones\u201d <\/i>(cf <i>ib<\/i>. 1, 38). <\/p>\n<p> Mar&iacute;a es \u201c<i>la que ha cre&iacute;do<\/i>\u201d. Es la creyente por excelencia, que ha dado su consentimiento a las palabras del &Aacute;ngel y a la elecci&oacute;n del Se&ntilde;or. En esta narraci&oacute;n evang&eacute;lica se nos desvela el misterio de <i>la fe de Mar&iacute;a<\/i>. <\/p>\n<p> Para poder anunciar esta verdad acerca de la Madre del Redentor es necesario recorrer el admirable \u201c<i>itinerario de la fe<\/i>\u201d que conduce de Nazaret a Bel&eacute;n, del templo de Jerusal&eacute;n \u2013el d&iacute;a de la presentaci&oacute;n del Ni&ntilde;o Jes&uacute;s\u2013 a Egipto, adonde huye en compa&ntilde;&iacute;a de su esposo y su hijo, por temor de Herodes; y m&aacute;s tarde, tras la muerte de &eacute;ste, regresa de nuevo a Nazaret. As&iacute; van pasando los a&ntilde;os de la vida oculta de Jes&uacute;s. <\/p>\n<p> Cuando Jes&uacute;s da comienzo a su misi&oacute;n mesi&aacute;nica, el itinerario mariano de la fe pasar&aacute; <i>por Can&aacute; de Galilea<\/i> para llegar despu&eacute;s a su <i>revelaci&oacute;n culminante en el G&oacute;lgota, a los pies de la Cruz<\/i>. <\/p>\n<p> <i>Y finalmente, la encontramos en el Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n, en la ciudad santa de Si&oacute;n<\/i>, donde la primera comunidad de los disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s, en la espera de Pentecost&eacute;s, reconoce en Mar&iacute;a a Aquella \u201cque ha cre&iacute;do\u201d; la que con su fe ha hecho posible lo que ellos han podido contemplar con sus propios ojos. <\/p>\n<p> Mar&iacute;a, <i>testigo de Jes&uacute;s<\/i> que ha subido al cielo, es <i>garant&iacute;a del Esp&iacute;ritu prometido<\/i>, a quien los disc&iacute;pulos esperan en oraci&oacute;n un&aacute;nime y perseverante. <\/p>\n<p>5. En el Concilio Vaticano II, la Iglesia ha declarado que la <i>Virgen, Santa Madre de Dios<\/i>, admirablemente presente en la misi&oacute;n de su Hijo Jesucristo, \u201c<i>precedi&oacute;<\/i>\u201d a toda <i>la Iglesia en el camino de la fe<\/i>, de la esperanza y de la perfecta uni&oacute;n con Cristo (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"> Lumen gentium<\/a><\/i>, 58). <\/p>\n<p> Desde el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s <i>se mantiene en el Pueblo de Dios<\/i> por toda la faz de la tierra, <i>este admirable \u201cpreceder\u201d en la fe<\/i>. Los santuarios marianos dan testimonio eficaz de este hecho. <\/p>\n<p> <i>Y lo da tambi&eacute;n el santuario de Covadonga. <\/i> <\/p>\n<p> La Cueva de nuestra Se&ntilde;ora y el santuario que el pueblo fiel ha consagrado a esta imagen \u201cpeque&ntilde;ina y galana\u201d, con el Ni&ntilde;o en brazos y en su mano derecha una flor de oro, son un monumento de la fe del pueblo de Asturias y de Espa&ntilde;a entera. La presencia de la Madre de Dios, vigilante y sol&iacute;cita en este lugar, realiza idealmente una uni&oacute;n sensible entre la primera comunidad apost&oacute;lica de Pentecost&eacute;s y la Iglesia establecida en esta tierra. All&iacute; y aqu&iacute; la presencia de Mar&iacute;a sigue siendo garant&iacute;a de una aut&eacute;ntica fe cat&oacute;lica y de una genuina esperanza nunca perdida. <\/p>\n<p> <i>En el Cen&aacute;culo<\/i> los Ap&oacute;stoles intensifican sin duda su cercan&iacute;a afectuosa y filial a Mar&iacute;a, en quien contemplan un testigo singular del misterio de Cristo. Antes hab&iacute;an aprendido a mirarla a trav&eacute;s de Jes&uacute;s. Ahora aprend&iacute;an a mirar a Jes&uacute;s a trav&eacute;s de la que conservaba en su coraz&oacute;n las primicias del Evangelio, el recuerdo imborrable de los primeros a&ntilde;os de la vida de Cristo. <\/p>\n<p> <i>Tambi&eacute;n en Covadonga<\/i> los cristianos de Asturias vener&aacute;is en Mar&iacute;a a la Santa Madre de Cristo. Y Ella misma os introduce en el conocimiento de su Hijo, el Redentor del hombre. <\/p>\n<p> Aqu&iacute; y all&iacute;, en Covadonga y en el Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n, la presencia de Mar&iacute;a es garant&iacute;a de la autenticidad de una Iglesia en la que no puede estar ausente la Madre de Jes&uacute;s. <\/p>\n<p>6. As&iacute;, Covadonga, a trav&eacute;s de los siglos, ha sido como el coraz&oacute;n de la Iglesia de Asturias. Cada asturiano siente muy dentro de s&iacute; el amor a la Virgen de Covadonga, a la \u201cMadre y Reina de nuestra monta&ntilde;a\u201d, como cant&aacute;is en su himno. <\/p>\n<p> Por eso, si quer&eacute;is construir una Asturias m&aacute;s unida y solidaria no pod&eacute;is prescindir de esa nueva vida, fuente de espiritual energ&iacute;a, que hace m&aacute;s de doce siglos brot&oacute; en estas monta&ntilde;as a impulsos de la Cruz de Cristo y de la presencia materna de Mar&iacute;a. <\/p>\n<p> &iexcl;Cu&aacute;ntas generaciones de hijos e hijas de esta tierra han rezado ante la imagen de la Madre y han experimentado su protecci&oacute;n! &iexcl;Cu&aacute;ntos enfermos han subido hasta este santuario para dar gracias a Dios por los favores recibidos mediante la intercesi&oacute;n de la Santina! <\/p>\n<p> La Virgen de Covadonga es como un im&aacute;n que atrae misteriosamente las miradas y los corazones de tantos emigrantes salidos de esta tierra y esparcidos hoy por lugares lejanos. <\/p>\n<p> La Virgen Mar&iacute;a, podemos decir, no es s&oacute;lo la \u201cque ha cre&iacute;do\u201d sino la Madre de los creyentes, la Estrella de la evangelizaci&oacute;n que se ha irradiado en estas tierras y desde aqu&iacute;, con sus hijos, misioneros y misioneras, ha llegado al mundo entero. <\/p>\n<p> Covadonga es adem&aacute;s una de las primeras piedras de la Europa cuyas ra&iacute;ces cristianas ahondan en su historia y en su cultura. El reino cristiano nacido en estas monta&ntilde;as, puso en movimiento una manera de vivir y de expresar la existencia bajo la inspiraci&oacute;n del Evangelio. <\/p>\n<p> Por ello, en el contexto de mi peregrinaci&oacute;n jacobea a las ra&iacute;ces de la Europa cristiana, pongo confiadamente a los pies de la Santina de Covadonga el proyecto de una Europa sin fronteras, que no renuncie a las ra&iacute;ces cristianas que la hicieron surgir. &iexcl;Que no renuncie al aut&eacute;ntico humanismo del Evangelio de Cristo! <\/p>\n<p>7. \u201c<i>El la ha cimentado sobre el monte santo&#8230; y cantar&aacute;n mientras danzan: Todas mis fuentes est&aacute;n en ti<\/i>\u201d. (<i>Sal<\/i> 87 [86], 7)<\/p>\n<p> Covadonga es tambi&eacute;n misteriosa <i>fuente de agua<\/i> que se remansa, tras brotar de las monta&ntilde;as, como imagen expresiva de las gracias divinas que Dios derrama con abundancia por intercesi&oacute;n de la Virgen Mar&iacute;a. <\/p>\n<p> La ardua subida a esta monta&ntilde;a que muchos de vosotros segu&iacute;s haciendo a pie en una noble y vigorosa experiencia de peregrinaci&oacute;n, es el s&iacute;mbolo del <i>itinerario de la fe<\/i>, del recorrido solidario de los caminos del Evangelio, de la subida al monte del Se&ntilde;or que es la vida cristiana. &iexcl;Cu&aacute;ntos peregrinos han encontrado aqu&iacute; la paz del coraz&oacute;n, la alegr&iacute;a de la reconciliaci&oacute;n, el perd&oacute;n de los pecados y la gracia de la renovaci&oacute;n interior! De esta manera la devoci&oacute;n a la Virgen se convierte en aut&eacute;ntica vida cristiana, en experiencia de la Iglesia como sacramento de salvaci&oacute;n, en prop&oacute;sitos eficaces de renovaci&oacute;n de vida. <\/p>\n<p> <i>&iexcl;Mar&iacute;a es la fuente y Cristo el agua viva! <\/i> <\/p>\n<p> Me complace saber que Covadonga es hoy lugar de peregrinaci&oacute;n para tantos buscadores de Dios, que se manifiesta especialmente en la soledad y el silencio y se revela en los santuarios de la Madre. Aqu&iacute; Mar&iacute;a, orante y maestra de oraci&oacute;n, ense&ntilde;a a escuchar y a mirar al Maestro, a entrar en intimidad con El para aprender a ser disc&iacute;pulos, y ser despu&eacute;s <i>testigos del Dios vivo <\/i>en una sociedad que hay que impregnar de aut&eacute;ntico testimonio de vida. <\/p>\n<p> Aqu&iacute;, en Covadonga, templ&oacute; su esp&iacute;ritu un ilustre capell&aacute;n de la Santina, Don Pedro Poveda y Castroverde, fundador de la Instituci&oacute;n Teresiana, dedicada a la formaci&oacute;n cristiana y a la renovaci&oacute;n pedag&oacute;gica en la Espa&ntilde;a del primer tercio de este siglo. Una intuici&oacute;n prof&eacute;tica, inspirada por Mar&iacute;a, para la promoci&oacute;n de la mujer, a trav&eacute;s de mujeres de una aut&eacute;ntica transparencia mariana y un ardor apost&oacute;lico t&iacute;picamente teresiano. &iexcl;Aqu&iacute; naci&oacute; esta obra, a los pies de la Santina! <\/p>\n<p>8. Queridos hermanos y hermanas: Hemos escuchado la proclamaci&oacute;n del Salmista: \u201cSe dir&aacute; de Si&oacute;n: Uno por uno todos han nacido en ella: el Alt&iacute;simo en persona la ha fundado\u201d (<i>Sal<\/i> 87 [86], 5). <\/p>\n<p> As&iacute; es. Cada uno de nosotros ha nacido en Si&oacute;n el d&iacute;a de la efusi&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo en Pentecost&eacute;s. <i>Cuando nace la Iglesia con la presencia de Mar&iacute;a<\/i>. &laquo;El Se&ntilde;or escribir&aacute; en el registro de los pueblos: \u201c Este ha nacido all&iacute; \u201d&raquo; (<i>ib<\/i>. 6). <\/p>\n<p> Aqu&iacute;, en el santuario mariano de Covadonga, el pueblo que habita en la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica, y en particular en la tierra de Asturias, percibe de una manera especial <i>su nacimiento por obra del Esp&iacute;ritu Santo<\/i>. <\/p>\n<p> Porque Covadonga es seno maternal y cuna de la fe y de la vida cristiana para la iglesia que vive en Asturias. Y Mar&iacute;a es <i>imagen y Madre de la Iglesia<\/i> y de cada comunidad cristiana que escucha la palabra, celebra los sacramentos y vive en la caridad, construyendo una sociedad m&aacute;s fraternal y solidaria. <\/p>\n<p> Escuchad lo que nos ense&ntilde;a el Concilio Vaticano II: <\/p>\n<p> \u201cLa Virgen Sant&iacute;sima&#8230; dio a luz al Hijo, a quien Dios constituy&oacute; primog&eacute;nito entre muchos hermanos (cf. <i>Rm<\/i> 8, 29), esto es, los fieles, a cuya generaci&oacute;n y educaci&oacute;n coopera con amor materno\u201d&nbsp; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 63). <\/p>\n<p> Aquella que ha cre&iacute;do es tambi&eacute;n la que ha dicho: <\/p>\n<p> \u201cProclama mi alma la grandeza del Se&ntilde;or, se alegra mi esp&iacute;ritu en Dios mi Salvador\u201d (<i>Lc<\/i> 1, 46-47). <\/p>\n<p> Ella misma. La que es sant&iacute;simo santuario del Dios hecho hombre. <\/p>\n<p> Ella misma. La que es inspiraci&oacute;n para todas las generaciones del Pueblo de Dios en su peregrinaci&oacute;n terrena. <\/p>\n<p> Mar&iacute;a. Ella misma&#8230; comienzo de un mundo nuevo \u2013<i>de un mundo mejor<\/i>\u2013 en Cristo Jes&uacute;s. <\/p>\n<p> Am&eacute;n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE PASTORAL A SANTIAGO DE COMPOSTELA Y ASTURIAS&nbsp;CON MOTIVO DE LA IV JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de Covadonga Lunes 21 de agosto de 1989 &nbsp; Amad&iacute;simos hermanos en el Episcopado, queridos hijos e hijas: 1. \u201c&iexcl;Qu&eacute; preg&oacute;n tan glorioso para ti, ciudad de Dios!\u201d (Sal 87 &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-agosto-de-1989-basilica-mariana-de-covadonga\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab21 de agosto de 1989, Bas\u00edlica Mariana de Covadonga\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39947","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39947","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39947"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39947\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39947"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39947"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39947"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}