{"id":39949,"date":"2016-10-05T23:21:57","date_gmt":"2016-10-06T04:21:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-agosto-de-1989-clausura-de-la-celebracion-internacional-de-la-iv-jornada-mundial-de-la-juventud-en-santiago-de-compostela\/"},"modified":"2016-10-05T23:21:57","modified_gmt":"2016-10-06T04:21:57","slug":"20-de-agosto-de-1989-clausura-de-la-celebracion-internacional-de-la-iv-jornada-mundial-de-la-juventud-en-santiago-de-compostela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-agosto-de-1989-clausura-de-la-celebracion-internacional-de-la-iv-jornada-mundial-de-la-juventud-en-santiago-de-compostela\/","title":{"rendered":"20 de agosto de 1989, Clausura\u00a0 de la celebraci\u00f3n internacional de la IV Jornada Mundial de la Juventud en Santiago de Compostela"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <span lang=\"es\"> <font color=\"#663300\" face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1989\/trav_wyd-santiago-spain.html\">VIAJE PASTORAL A SANTIAGO DE COMPOSTELA Y ASTURIAS<br \/>&nbsp;CON MOTIVO DE LA IV JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD<\/a><\/font><\/span><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA <\/b><\/font> <span lang=\"es\"><font color=\"#663300\"><b>EN EL MONTE DEL GOZO<\/b><\/font><\/span><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HOMIL&Iacute;A<\/i><\/b><\/font><span lang=\"es\"><font color=\"#663300\" size=\"4\"><i><b> DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/><\/b><\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"><br \/> Domingo 20 de agosto de 1989<\/font><\/i><\/span><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. <i>&laquo;Vendr&aacute;n pueblos y habitantes de grandes ciudades, <\/i>y los de una ciudad ir&aacute;n a otra, diciendo: Vayamos a implorar al Se&ntilde;or,<i> a consultar al Se&ntilde;or de los ej&eacute;rcitos&raquo; (Za<\/i> 8, 20-21).<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Saludo cordialmente a todos los presentes!<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Habitantes de numerosas ciudades! &iexcl;Representantes de muchos pueblos y naciones! Llegados aqu&iacute; no s&oacute;lo de Galicia, <i>de Espa&ntilde;a entera, de toda Europa, desde el Atl&aacute;ntico hasta los Urales,<\/i> sino tambi&eacute;n de <i> Am&eacute;rica del Norte y de Am&eacute;rica Latina, del Oriente Medio, de &Aacute;frica, de Asia y de Ocean&iacute;a.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\"><i>Asimismo me es grato saladar a los j&oacute;venes que han venido de tantas comunidades parroquiales y diocesanas, movimientos y grupos de la Iglesia de Dios.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Saludo a los j&oacute;venes presentes en esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica y a todos vuestros coet&aacute;neos, dondequiera que se encuentren.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Os he invitado a esta peregrinaci&oacute;n<\/i> con ocasi&oacute;n de la Jornada Mundial de la Juventud del A&ntilde;o del Se&ntilde;or 1989. Os agradezco vivamente vuestra presencia.<\/p>\n<p align=\"left\">2. <i>Este lagar est&aacute; unido a la memoria del Ap&oacute;stol de Jesucristo.<\/i> Uno de los dos hermanos Zebedeos: <i>Santiago, hermano de Juan.<\/i> Por el Evangelio conocemos el nombre de su padre y conocemos tambi&eacute;n a su madre. Sabemos que ella intervino ante Jes&uacute;s en favor de sus hijos: &laquo;que estos dos hijos m&iacute;os se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda&raquo; <i>(Mt<\/i> 20, 21).<\/p>\n<p align=\"left\"><i>La madre se preocup&oacute; por asegurar el futuro de sus hijos.<\/i> Observaba todo lo que Jes&uacute;s hac&iacute;a: hab&iacute;a visto el poder divino que acompa&ntilde;aba a su misi&oacute;n. Cre&iacute;a ciertamente que El era el Mes&iacute;as anunciado por los profetas. El Mes&iacute;as que iba a restablecer el reino de Israel (cf. <i>Hch <\/i> 1, 6)<i>.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">No hay que maravillarse de la actitud de esta madre. No hay que maravillarse de una hija de Israel que amaba a su pueblo. Y amaba a sus hijos. <i>Deseaba para ellos lo que consideraba un bien.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">3. He aqu&iacute; a Santiago, hijo de Zebedeo, pescador como su padre y su hermano; hijo de una madre decidida.<\/p>\n<p align=\"left\">Santiago sigui&oacute; a Jes&uacute;s de Nazaret cuando el Maestro, respondiendo a la pregunta de su madre, les dijo: <i>&laquo;&iquest;Sois capaces de beber el c&aacute;liz que yo he de beber?&raquo;<\/i> (<i>Mt<\/i> 20, 22). Santiago y su hermano Juan responden sin dudar: &laquo;Lo somos&raquo; <i>(ib.).<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Esta no es una respuesta calculada, sino llena de confianza.<\/p>\n<p align=\"left\">Santiago no sab&iacute;a a&uacute;n, y en todo caso no lo sab&iacute;a totalmente, <i>qu&eacute; significaba este &laquo;c&aacute;liz&raquo;.<\/i> Cristo hablaba del c&aacute;liz que El mismo hab&iacute;a de beber: el c&aacute;liz que hab&iacute;a recibido del Padre. <\/p>\n<p align=\"left\">Lleg&oacute; el momento en que Cristo <i>llev&oacute; a cabo lo que hab&iacute;a anunciado antes:<\/i> bebi&oacute; hasta la &uacute;ltima gota el c&aacute;liz que el Padre le habla dado.<\/p>\n<p align=\"left\">Verdaderamente, en el G&oacute;lgota Santiago no estaba con su Maestro. Tampoco estaban Pedro ni los dem&aacute;s Ap&oacute;stoles. Junto a la Madre de Cristo permaneci&oacute; &uacute;nicamente Juan; solamente &eacute;l.<\/p>\n<p align=\"left\">Sin embargo, <i>m&aacute;s tarde todos comprendieron &#x2015;<\/i>y Santiago comprendi&oacute;&#x2015;<i> la verdad sobre el &laquo;c&aacute;liz&raquo;.<\/i> Comprendi&oacute; que Cristo hab&iacute;a de beberlo hasta la &uacute;ltima gota. Comprendi&oacute; que era necesario que sufriera todo eso; que sufriera la muerte de cruz&#8230;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Cristo,<\/i> en efecto, <i>el Hijo de Dios,<\/i> &laquo;no <i>ha venido<\/i> para que le sirvan, sino <i>para dar su vida en rescate por muchos&raquo; (Mt<\/i> 20, 28).<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Cristo es el servidor de la Redenci&oacute;n humana!<\/p>\n<p align=\"left\">Por esto: &laquo;el que quiera ser grande de entre vosotros, que sea vuestro servidor&raquo; <i>(Mt<\/i> 20, 26).<\/p>\n<p align=\"left\">4. A trav&eacute;s de los siglos <i>gente<\/i> de muchas ciudades y de muchas naciones <i>ha venido en peregrinaci&oacute;n<\/i> hasta aqu&iacute;; hasta el Ap&oacute;stol al que Cristo hab&iacute;a dicho: &laquo;mi c&aacute;liz lo beber&aacute;s&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">Han peregrinado los j&oacute;venes <i>para aprender<\/i> junto a la tumba del Ap&oacute;stol aquella verdad evang&eacute;lica: <i>&laquo;el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor&raquo;.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">En estas palabras se encuentra el <i>criterio esencial de la grandeza del hombre.<\/i> Este criterio es nuevo As&iacute; fue en tiempos de Cristo y lo sigue siendo despu&eacute;s de dos mil a&ntilde;os.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Este criterio es nuevo.<\/i> Supone una transformaci&oacute;n, una <i>renovaci&oacute;n de los criterios con que se gu&iacute;a el mundo.<\/i> &laquo;Sab&eacute;is que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No ser&aacute; as&iacute; entre vosotros&raquo; (<i>Mt<\/i> 20, 25-26).<\/p>\n<p align=\"left\">El criterio con el que se gu&iacute;a el mundo es el criterio del <i> &eacute;xito.<\/i> Tener el poder&#8230; Tener el poder econ&oacute;mico para hacer ver la dependencia de los dem&aacute;s. <i>Tener el poder cultural para manipular las conciencias.<\/i> &iexcl;Usar&#8230; y abusar!<\/p>\n<p align=\"left\">Tal es el <i>&laquo;esp&iacute;ritu de este mundo&raquo;.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Quiere esto decir acaso que el poder en s&iacute; mismo es malo? &iquest;Quiere esto decir que la econom&iacute;a &#x2015;la iniciativa econ&oacute;mica&#x2015; es en s&iacute; misma mala?<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;No! De ninguna manera. <i>Una y otra cosa pueden ser tambi&eacute;n un modo de servir. Este es el esp&iacute;ritu de Cristo, la verdad del Evangelio.<\/i> Esta verdad y este esp&iacute;ritu est&aacute;n expresados en la Catedral de Santiago de Compostela por el Ap&oacute;stol, que &#x2015;seg&uacute;n el deseo de su madre&#x2015; deb&iacute;a ser el primero, pero &#x2015;siguiendo a Cristo&#x2015; se convirti&oacute; en servidor.<\/p>\n<p align=\"left\">5. &iquest;Por qu&eacute; est&aacute;is aqu&iacute; vosotros j&oacute;venes de los a&ntilde;os noventa y del siglo veinte? &iquest;No sent&iacute;s acaso tambi&eacute;n <i>dentro de vosotros &laquo;el esp&iacute;ritu de este mundo&raquo;,<\/i> en la medida en que esta &eacute;poca, rica en medios del uso y del abuso, <i>lucha contra el esp&iacute;ritu del Evangelio?<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;No ven&iacute;s aqu&iacute; tal vez para convenceros definitivamente de que <i>&laquo;ser grandes&raquo;<\/i> quiere decir <i>&laquo;servir&raquo;<\/i>? Pero. <i>. . &iquest;est&aacute;is dispuestos a beber aquel c&aacute;liz? &iquest;Est&aacute;is dispuestos a dejaros penetrar por el cuerpo y sangre de Cristo, para morir al hombre viejo que hay en nosotros y resucitar con El? &iquest;Sent&iacute;s la fuerza del Se&ntilde;or para haceros cargo de vuestros sacrificios, sufrimientos y &laquo;cruces&raquo; que pesan sobre los j&oacute;venes desorientados acerca del sentido de la vida, manipulados por el poder, desocupados, hambrientos, sumergidos en la droga y la violencia, esclavos del erotismo que se propaga por doquier&#8230;? Sabed que el yugo de Cristo es suave&#8230; Y que s&oacute;lo en El tendremos el ciento por uno, aqu&iacute; y ahora, y despu&eacute;s la vida eterna.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">6. &iquest;Por qu&eacute; est&aacute;is aqu&iacute; vosotros, j&oacute;venes de los a&ntilde;os noventa y del siglo veinte? &iquest;No sent&iacute;s tambi&eacute;n dentro de vosotros &laquo;el esp&iacute;ritu de este mundo&raquo;? &iquest;No ven&iacute;s tal vez &#x2015;vuelvo a decirlo&#x2015; para convenceros definitivamente de que &laquo;ser grandes&raquo; quiere decir &laquo;servir&raquo;? Este &laquo;servicio&raquo; no es ciertamente un mero sentimiento humanitario. Ni la comunidad de los disc&iacute;pulos de Cristo es una agencia de voluntariado y de ayuda social. Un servicio de esta &iacute;ndole quedar&iacute;a reducido al horizonte de &laquo;esp&iacute;ritu de este mundo&raquo;. &iexcl;No! Se trata de mucho m&aacute;s. La radicalidad, la calidad y el destino del &laquo;servicio&raquo;, al que todos somos llamados, se encuadra en el misterio de la Redenci&oacute;n del hombre. Porque hemos sido criados, hemos sido llamados, hemos sido destinados, ante todo y sobre todo, a servir a Dios, a imagen y semejanza de Cristo que, como Se&ntilde;or de todo lo creado, centro del cosmos y de la historia, manifest&oacute; su realeza mediante la obediencia hasta la muerte, habiendo sido glorificado en la Resurrecci&oacute;n (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i> n. 36). El reino de Dios se realiza a trav&eacute;s de este &laquo;servicio&raquo;, que es plenitud y medida de todo servicio humano. No act&uacute;a con el criterio de los hombres mediante el poder, la fuerza y el dinero. Nos pide a cada uno de nosotros la total disponibilidad de seguir a Cristo, el cual &laquo;no vino a ser servido sino a servir&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">Os invito, queridos amigos, a descubrir vuestra vocaci&oacute;n real para colaborar en la difusi&oacute;n de este Reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, de la justicia, el amor y la paz. Si de veras dese&aacute;is servir a vuestros hermanos, dejad que Cristo reine en vuestros corazones, que os ayude a discernir y crecer en el dominio de vosotros mismos, que os fortalezca en las virtudes, que os llene sobre todo de su caridad, que os lleve por el camino que conduce a la &laquo;condici&oacute;n del hombre perfecto&raquo; &iexcl;No teng&aacute;is miedo a ser santos! Esta es la libertad con la que Cristo nos ha liberado (cf. <i>G&aacute;l <\/i>5, 1). No como la prometen con ilusi&oacute;n y enga&ntilde;o los poderes de este mundo: una autonom&iacute;a total, una ruptura de toda pertenencia en cuanto criaturas e hijos, una afirmaci&oacute;n de autosuficiencia, que nos deja indefensos ante nuestros limites y debilidades, solos en la c&aacute;rcel de nuestro ego&iacute;smo, esclavos del &laquo;esp&iacute;ritu de este mundo&raquo;, condenados a la &laquo;servidumbre de la corrupci&oacute;n&raquo; (<i>Rm <\/i>8, 21).<\/p>\n<p align=\"left\">Por esto, pido al Se&ntilde;or que os ayude a crecer en esta &laquo;libertad real&raquo; como criterio b&aacute;sico e iluminador de juicio y de elecci&oacute;n en la vida. Esa misma libertad orientar&aacute; vuestro comportamiento moral en la verdad y en la caridad. Os ayudar&aacute; a descubrir el amor aut&eacute;ntico, no deteriorado por un permisivismo alienante y delet&eacute;reo. Os har&aacute; personas abiertas a una eventual llamada a la donaci&oacute;n total en el sacerdocio o en la vida consagrada. Os har&aacute; crecer en humanidad mediante el estudio y el trabajo. Animar&aacute; vuestras obras de solidaridad y vuestro servicio a los necesitados en el cuerpo y en el alma. Os convertir&aacute; en &laquo;se&ntilde;ores&raquo; para servir mejor y no ser &laquo;esclavos&raquo;, v&iacute;ctimas y seguidores de los modelos dominantes en las actitudes y formas de comportamiento.<\/p>\n<p align=\"left\">7. Servir: <i>ser hombre para los dem&aacute;s.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Esta es tambi&eacute;n la verdad que el Ap&oacute;stol Pablo ense&ntilde;a de modo muy elocuente en la segunda lectura de la liturgia de este d&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;No os estim&eacute;is en m&aacute;s de lo que conviene, <i>sino estimaos moderadamente, seg&uacute;n la medida de la fe que Dios otorg&oacute; a cada uno&raquo;<\/i> (<i>Rm<\/i> 12, 3).<\/p>\n<p align=\"left\">Y el Ap&oacute;stol a&ntilde;ade: &laquo;los dones que poseemos son <i>diferentes&raquo; <\/i>(<i>Rm <\/i>12, 6).<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;S&iacute;! Es necesario conocer bien qu&eacute; dones te ha concedido Dios en Cristo. Es menester <i>conocer bien el don<\/i> recibido, <i>para saber darlo a los dem&aacute;s.<\/i> Para contribuir al bien com&uacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">S&iacute;. Es necesario conocer bien qu&eacute; dones te ha concedido Dios en Cristo. Es necesario conocer bien el don recibido <i>en la propia experiencia de vida familiar y parroquial, en la participaci&oacute;n asociativa, en el florecimiento carism&aacute;tico de los movimientos,<\/i> para saber darlo a los dem&aacute;s. <i>Para enriquecer as&iacute; la comuni&oacute;n y el impulso misionero de la Iglesia. Para ser testigos de Cristo en el barrio y en la escuela, en la universidad y en la f&aacute;brica, en los lugares de trabajo y de diversi&oacute;n&#8230; Para contribuir al bien com&uacute;n, como servidores de experiencias de crecimiento en humanidad; experiencias de dignidad y solidaridad, en las que los j&oacute;venes sean aut&eacute;nticos protagonistas de formas de vida m&aacute;s humanas.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">8. As&iacute; ense&ntilde;a el Ap&oacute;stol. Y lo que dice no es una mera ense&ntilde;anza, sino una ferviente llamada.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>&laquo;Que vuestra caridad no sea una farsa;<\/i> aborreced lo malo y <i>apegaos a lo bueno;<\/i> como buenos hermanos, sed cari&ntilde;osos unos con los otros, estimando a los dem&aacute;s m&aacute;s que a uno mismo. En la actividad, no se&aacute;is descuidados; en el esp&iacute;ritu, manteneos ardientes. Servid constantemente al Se&ntilde;or. Que la esperanza os tenga alegres: estad firmes en la tribulaci&oacute;n, sed asiduos en la oraci&oacute;n, contribuid en las necesidades del Pueblo de Dios; practicad la hospitalidad&raquo; (<i>Rm<\/i> 12, 9-13).<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;No lo dice &eacute;l tal vez particularmente a vosotros. a los j&oacute;venes?<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Vuestro ser j&oacute;venes no es <i>sensible precisamente a este programa de vida y de comportamiento,<\/i> a este mundo de los valores?<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;No se abre hacia este mundo? Y si, por casualidad, siente las resistencias que vienen de dentro, o bien de fuera, <i>&iquest;no est&aacute; vuestro ser j&oacute;venes dispuesto a luchar precisamente por semejante &laquo;forma&raquo; de vida?<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Esta forma ha sido dada a la vida humana por Cristo. El sabe lo que hay dentro del hombre (cf. <i>Jn <\/i>2, 25).<\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;Cristo, el nuevo Ad&aacute;n, en la misma revelaci&oacute;n del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocaci&oacute;n&raquo; <i>(<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>,<\/i> n. <i>22).<\/i><\/p>\n<p align=\"left\"><i>&iexcl;Queridos j&oacute;venes, dejaos prender por el! S&oacute;lo Cristo es el camino, la verdad y la vida como, en la admirable s&iacute;ntesis evang&eacute;lica, proclama el lema de nuestra Jornada Mundial.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">El Monte del Gozo, donde se juntaban los peregrinos, nos hace recordar una de las caracter&iacute;sticas m&aacute;s hermosas de Santiago y de su Camino: la universalidad.<\/p>\n<p align=\"left\">Os invito a que os sig&aacute;is manteniendo, como siempre lo hicisteis, en los v&iacute;nculos de la catolicidad.<\/p>\n<p align=\"left\">9. Hab&eacute;is venido en peregrinaci&oacute;n hasta aqu&iacute;, a la tumba del Ap&oacute;stol, el cual puede <i>confirmar de primera mano, por decirlo as&iacute;, la verdad sobre la vocaci&oacute;n del hombre,<\/i> cuyo punto de referencia es Cristo. Ven&iacute;s para <i>encontrar vuestra propia vocaci&oacute;n.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Os acerc&aacute;is al altar para ofrecer, con el pan y el vino, vuestra juventud, la b&uacute;squeda de la verdad, as&iacute; como lo bueno y lo bello que hay en vosotros.<\/p>\n<p align=\"left\">Toda esta <i>inquietud creativa.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Todos los sufrimientos de vuestros corazones j&oacute;venes.<\/p>\n<p align=\"left\">10. Estando en medio de vosotros, quiero decir con el Salmista: He aqu&iacute; que &laquo;la tierra ha dado su cosecha&raquo; <i>(Sal<\/i> 66\/67, 7), el fruto m&aacute;s precioso: el hombre, la juventud humana.<\/p>\n<p align=\"left\">Resplandezca ante vosotros el rostro de Dios, que se refleja en el rostro humano de Cristo, Redentor del hombre.<\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;Al&eacute;grense y exulten las gentes&raquo; <i>(Sal<\/i> 67\/66, 5).<\/p>\n<p align=\"left\">Que vuestros coet&aacute;neos, al contemplar vuestra peregrinaci&oacute;n, puedan exclamar:<\/p>\n<p align=\"left\"><i>&laquo;Queremos ir con vosotros, pues hemos o&iacute;do que Dios est&aacute; con vosotros&raquo; (Za<\/i> 8, 23).<\/p>\n<p align=\"left\">Esto os desea el Papa, el Obispo de Roma, que ha participado con vosotros en esta peregrinaci&oacute;n a <i>Santiago de Compostela.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">&copy; Copyright 1989 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE PASTORAL A SANTIAGO DE COMPOSTELA Y ASTURIAS&nbsp;CON MOTIVO DE LA IV JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD SANTA MISA EN EL MONTE DEL GOZO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 20 de agosto de 1989 &nbsp; 1. &laquo;Vendr&aacute;n pueblos y habitantes de grandes ciudades, y los de una ciudad ir&aacute;n a otra, diciendo: &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-agosto-de-1989-clausura-de-la-celebracion-internacional-de-la-iv-jornada-mundial-de-la-juventud-en-santiago-de-compostela\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab20 de agosto de 1989, Clausura\u00a0 de la celebraci\u00f3n internacional de la IV Jornada Mundial de la Juventud en Santiago de Compostela\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39949","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39949","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39949"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39949\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39949"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39949"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39949"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}