{"id":39952,"date":"2016-10-05T23:23:14","date_gmt":"2016-10-06T04:23:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-diciembre-de-1990-xxv-aniversario-de-la-clausura-del-concilio-vaticano-ii-en-la-basilica-de-santa-maria-la-mayor-en-la-solemnidad-de-la-inmaculada-concepcion-de-la-virgen-maria\/"},"modified":"2016-10-05T23:23:14","modified_gmt":"2016-10-06T04:23:14","slug":"8-de-diciembre-de-1990-xxv-aniversario-de-la-clausura-del-concilio-vaticano-ii-en-la-basilica-de-santa-maria-la-mayor-en-la-solemnidad-de-la-inmaculada-concepcion-de-la-virgen-maria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-diciembre-de-1990-xxv-aniversario-de-la-clausura-del-concilio-vaticano-ii-en-la-basilica-de-santa-maria-la-mayor-en-la-solemnidad-de-la-inmaculada-concepcion-de-la-virgen-maria\/","title":{"rendered":"8 de diciembre de 1990, XXV aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II en la Bas\u00edlica de Santa Mar\u00eda la Mayor en la solemnidad de la Inmaculada Concepci\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">XXV ANIVERSARIO DE LA CLAUSURA <br \/> DEL CONCILIO VATICANO II<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Solemnidad de la Inmaculada Concepci&oacute;n de la Virgen Mar&iacute;a<br \/>Bas&iacute;lica de Santa Mar&iacute;a la Mayor <br \/> S&aacute;bado 8 de diciembre de 1990<\/font><\/i><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p>l. La liturgia de la Inmaculada Concepci&oacute;n nos lleva cada a&ntilde;o <i>al principio de la historia humana. <\/i>Leemos este principio en el libro del G&eacute;nesis. No existe ninguna otra fuente que se refiera a esto con igual inmediatez. <\/p>\n<p>El texto del libro alude a un <i>&laquo;abrirse los ojos&raquo; <\/i>en el que el ser humano \u2014hombre y mujer\u2014 reconoci&oacute; su propio pecado: el pecado original. <\/p>\n<p><i>El pecado trajo consigo la verg&uuml;enza, <\/i>la necesidad de esconderse, de ocultarse, por decirlo as&iacute;, ante los ojos de Dios. Comport&oacute; asimismo la verg&uuml;enza rec&iacute;proca: aquella confianza primitiva de una persona hacia la otra \u2014del hombre respecto a la mujer y de la mujer respecto al hombre\u2014 desapareci&oacute; repentinamente. <\/p>\n<p>En su lugar se instal&oacute; <i>el temor delante de otro hombre, <\/i>empez&oacute; el sentir a los dem&aacute;s como extra&ntilde;os, la hostilidad. <\/p>\n<p>Con esta descripci&oacute;n dram&aacute;tica, el libro del G&eacute;nesis introduce la perspectiva del futuro. <i>Un futuro <\/i>que se caracterizar&aacute; por la lucha entre el bien y el mal. Lucha que estar&aacute; marcada por la &laquo;enemistad&raquo; entre el pr&iacute;ncipe de las tinieblas (bajo el aspecto de la serpiente antigua), la mujer y el que nacer&aacute; de ella. <\/p>\n<p>2. La liturgia de la Inmaculada Concepci&oacute;n nos lleva m&aacute;s adelante a&uacute;n. No se limita a considerar el principio de la historia humana sobre la tierra, sino que adem&aacute;s tiene en cuenta esos &laquo;cielos&raquo; en los que el Dios y Padre &laquo;nos ha elegido en Cristo <i>antes de la fundaci&oacute;n del mundo <\/i>(cf, <i>Ef <\/i>1,4). <\/p>\n<p>Esta elecci&oacute;n en Dios es eterna. Precedi&oacute; a la creaci&oacute;n del mundo y del hombre. Pertenece al eterno misterio trinitario de Dios mismo. <\/p>\n<p><i>&laquo;Nos ha elegido antes de la fundaci&oacute;n del mundo &#8230; , predestin&aacute;ndonos a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, <\/i>seg&uacute;n el benepl&aacute;cito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la que nos agrad&oacute; en el Amado&raquo; (<i>Ef <\/i>1,4-6). <\/p>\n<p>Muy expresivas son estas frases de la carta a los Efesios. Hablan de la elecci&oacute;n del hombre y de su vocaci&oacute;n a participar en la vida de Dios por medio de Jesucristo. Se refieren a la gracia inicial de nuestra filiaci&oacute;n en Dios. <\/p>\n<p>3. Esta elecci&oacute;n en Dios es eterna. Precedi&oacute; a la creaci&oacute;n del mundo y del hombre; <i>precedi&oacute; al pecado. <\/i>Esta nueva elecci&oacute;n del hombre en Cristo explica esa &laquo;enemistad&raquo; anunciada en el libro del G&eacute;nesis.<\/p>\n<p>Esa &laquo;enemistad&raquo; significa que <i>Dios no se retira frente al pecado, <\/i>que el pr&iacute;ncipe de las tinieblas injert&oacute; en el coraz&oacute;n del hombre y en su historia. El Amor, o sea, la Gracia, es m&aacute;s fuerte que el pecado. Y siempre ser&aacute; m&aacute;s potente. Una medida de este poder ser&aacute; la cruz de Cristo: el sacrificio redentor por el pecado del hombre en su dimensi&oacute;n universal. <\/p>\n<p>A trav&eacute;s de esa &laquo;enemistad&raquo;, <i>Cristo, <\/i>el Hijo de la Mujer, <i>restablece la gracia de la amistad con Dios. <\/i>De esta forma el hombre puede salir de su &laquo;ocultaci&oacute;n&raquo; del pecado &laquo;a la luz&raquo; de la adopci&oacute;n divina. <\/p>\n<p>4. As&iacute;, la liturgia de la Inmaculada Concepci&oacute;n nos lleva, en cierto sentido, <i>a la realidad del Adviento; <\/i>nos introduce <i>en toda su plenitud. <\/i><\/p>\n<p>Con la promesa definitiva de la realizaci&oacute;n del Adviento se supera la &laquo;enemistad&raquo; originaria. He aqu&iacute; &laquo;la esclava del Se&ntilde;or&raquo; (cf. <i>Lc <\/i>1, 38). <\/p>\n<p>Precisamente de esto habla hoy <i>el Evangelio de Lucas. <\/i>El mensajero que anuncia el nacimiento de Cristo va a Nazaret, se encuentra con la virgen que se llama Mar&iacute;a y le dice: &laquo;Al&eacute;grate, <i>llena de gracia, <\/i>el Se&ntilde;or est&aacute; contigo&raquo;. <\/p>\n<p>Y prosigue: &laquo;Vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondr&aacute;s por nombre Jes&uacute;s&raquo;. <\/p>\n<p>&laquo;Jes&uacute;s&raquo; quiere decir &laquo;Dios salva&raquo;. <i>El Hijo de Mar&iacute;a es el Salvador del mundo. <\/i>En &eacute;l y por &eacute;l, en virtud del sacrificio de su cruz, la elecci&oacute;n eterna y la gracia llegan a ser m&aacute;s potentes que el pecado. <\/p>\n<p>La Iglesia ense&ntilde;a que el <i>poder de la gracia se realiz&oacute; en la Madre de Dios <\/i>ya antes, en previsi&oacute;n de la redenci&oacute;n del Hijo. Esta redenci&oacute;n antecede en ella a la herencia del pecado: ella es inmaculada en su mismo comienzo; es inmaculada a fin de que Dios pueda realizar en ella y por ella todas las cosas &laquo;seg&uacute;n el benepl&aacute;cito de su voluntad&raquo; (<i>Ef <\/i>1, 6)<i>. <\/i> <\/p>\n<p>La Iglesia ense&ntilde;a todo esto adorando el misterio de la Madre y del Hijo, el misterio de la redenci&oacute;n. <\/p>\n<p>A la luz de esta realidad queremos recordar el 25&ordm; aniversario de la conclusi&oacute;n del Concilio ecum&eacute;nico Vaticano II, que tuvo lugar el d&iacute;a de la Inmaculada Concepci&oacute;n de 1965. Queremos agradecer a Dios una vez m&aacute;s los beneficios que produjo ese acontecimiento extraordinario, que contribuy&oacute; a enriquecer a la Iglesia con importantes orientaciones pastorales, con mayores energ&iacute;as para el incesante compromiso apost&oacute;lico de llevar a los hombres hacia la salvaci&oacute;n y con esperanzas renovadas para el crecimiento del reino de Dios en el mundo contempor&aacute;neo. Se trat&oacute; de un hecho providencial, de un nuevo Pentecost&eacute;s, que no deja de producir en la Iglesia frutos de renovaci&oacute;n interior, para que corresponda con un &iacute;mpetu cada vez m&aacute;s grande a las importantes expectativas de la humanidad. <\/p>\n<p>5. Tambi&eacute;n por este motivo la Iglesia se alegra y canta hoy con las palabras del salmo: <\/p>\n<p><i>&laquo;El Se&ntilde;or ha dado a conocer su salvaci&oacute;n&#8230; <\/i>Se ha acordado de su amor y su lealtad &#8230; Todos los confines de la tierra han visto la salvaci&oacute;n de nuestro Dios&raquo; (<i>Sal <\/i>98, 2-3). <\/p>\n<p>S&iacute;. &iexcl;Han visto! Porque han abierto nuevamente <i>los ojos de la fe. <\/i><\/p>\n<p>&laquo;&iexcl;Aclamad al Se&ntilde;or toda la tierra, estallad, gritad de gozo y salmod&iacute;ad!&raquo; (<i>Sal <\/i>98, 4). <\/p>\n<p><i>Es la gloria del Adviento divino. <\/i> <\/p>\n<p>Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1990 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>XXV ANIVERSARIO DE LA CLAUSURA DEL CONCILIO VATICANO II HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Solemnidad de la Inmaculada Concepci&oacute;n de la Virgen Mar&iacute;aBas&iacute;lica de Santa Mar&iacute;a la Mayor S&aacute;bado 8 de diciembre de 1990 &nbsp; l. La liturgia de la Inmaculada Concepci&oacute;n nos lleva cada a&ntilde;o al principio de la historia humana. 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