{"id":39953,"date":"2016-10-05T23:23:16","date_gmt":"2016-10-06T04:23:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-noviembre-de-1990-misa-por-los-difuntos-en-el-cementerio-del-verano-roma-en-la-solemnidad-de-todos-los-santos\/"},"modified":"2016-10-05T23:23:16","modified_gmt":"2016-10-06T04:23:16","slug":"1-de-noviembre-de-1990-misa-por-los-difuntos-en-el-cementerio-del-verano-roma-en-la-solemnidad-de-todos-los-santos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-noviembre-de-1990-misa-por-los-difuntos-en-el-cementerio-del-verano-roma-en-la-solemnidad-de-todos-los-santos\/","title":{"rendered":"1 de noviembre de 1990, Misa por los difuntos en el cementerio del Verano, Roma, en la solemnidad de Todos los Santos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA PARA LOS DIFUNTOS EN EL CEMENTERIO DEL VERANO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Roma<br \/> Solemnidad de Todos los Santos<br \/> Jueves 1 de noviembre 1990<\/font><\/i><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p><i>1. &laquo;Hasta que marquemos con el sello la frente de los siervos de nuestro Dios&raquo; (Ap <\/i>7, 3). <\/p>\n<p>Dios sell&oacute; la historia del hombre en la tierra con el evangelio de las ocho bienaventuranzas. Lo sell&oacute; con la sangre del Cordero. <\/p>\n<p><i>Este sello est&aacute; impreso en todos los <\/i>que pasan por esta tierra. Todos los que descienden a la sepultura llevan en si mismos <i>el sello de la creaci&oacute;n y de la redenci&oacute;n. <\/i><\/p>\n<p>Por eso este cementerio romano, y todos los cementerios del mundo que se visitan hoy, testimonian la ley de la muerte. A menudo pensamos s&oacute;lo en esto, pero no podemos olvidar la ley del sello de Dios. <\/p>\n<p><i>Dios no s&oacute;lo cre&oacute; al hombre <\/i>a su imagen y semejanza, sino que adem&aacute;s lo cre&oacute; en <i>su Hijo eterno. <\/i>En &eacute;l somos llamados hijos de Dios. En &eacute;l llegamos a ser hijos de Dios y lo somos realmente. En nosotros<i> <\/i>est&aacute; impreso el sello de la redenci&oacute;n. <\/p>\n<p>&iexcl;En todos! Con este sello caminamos en el mundo, &laquo;vivimos, nos movemos y existimos&raquo; (cf. <i>Hch <\/i>17, 28). <i>Y con &eacute;l bajamos al sepulcro. <\/i><\/p>\n<p>2. En virtud del sello de Dios, impreso en nuestra existencia humana <i>estamos invitados a &laquo;subir&raquo;, <\/i>a subir &laquo;al monte de Yahveh&raquo; (cf. <i>Sal <\/i>24, 3). <\/p>\n<p>Tambi&eacute;n nuestro morir es una etapa de esta subida. Vivimos y morimos a la luz de las ocho bienaventuranzas. Verdaderamente <i>son inescrutables los caminos de este subir mediante la muerte, <\/i>que lleva consigo la destrucci&oacute;n del cuerpo; y, sin embargo, estos caminos est&aacute;n escritos en el Verbo eterno, que es el Hijo del Padre. <\/p>\n<p><i>Y no fue derramada en vano la sangre del Cordero, <\/i>con la que cada uno de nosotros fue sellado. <\/p>\n<p>Por esta raz&oacute;n no deje de buscar todo hombre que vive en esta tierra el rostro de Dios, y no se aflija y angustie ante la perspectiva de la muerte. <\/p>\n<p>3. &laquo;A&uacute;n no se ha manifestado lo que seremos&raquo; (1 <i>Jn <\/i>3, 2), escribe san Juan. &iexcl;No ha sido a&uacute;n manifestado! De hecho, el tiempo durante el cual el hombre vive en esta tierra <i>es<\/i> <i>tiempo de aspiraci&oacute;n, de adquisici&oacute;n y de b&uacute;squeda del rostro de Dios <\/i>mediante el evangelio de las ocho bienaventuranzas y mediante la participaci&oacute;n en la sangre del Cordero de Dios, a fin de que este sello sea a&uacute;n m&aacute;s manifiesto y claro. &laquo;A&uacute;n no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, <i>cuando <\/i>se <i>manifieste, <\/i>seremos semejantes a &eacute;l, porque <i>lo veremos tal cual es&raquo; <\/i>(1 <i>Jn <\/i>3,2). <\/p>\n<p>. 4. La muerte es un hecho evidente y cierto. Cada cementerio confirma esta certeza. <i>El hombre <\/i>se <i>detiene <\/i>frente a su limite, se sumerge en el recuerdo de los que se han marchado, que nos han sido arrebatados; no puede ir m&aacute;s all&aacute;. <\/p>\n<p><i>Pero la Iglesia no <\/i>se <i>detiene; <\/i>va m&aacute;s all&aacute;. A trav&eacute;s de las tumbas y los cementerios de todo el mundo, gu&iacute;a y sostiene la esperanza del pueblo de Dios con la luz de la oraci&oacute;n de sufragio, que puede establecer una <i>mediaci&oacute;n <\/i>entre nosotros y las almas de los fieles difuntos. <\/p>\n<p>La Iglesia nos hace repetir con las palabras de la liturgia: <\/p>\n<p>&laquo;Dales el descanso eterno&raquo;. &laquo;Dales tu paz&raquo;. &laquo;Brille para ellos <i>la luz perpetua&raquo;. <\/i> <\/p>\n<p>Es la luz en la que vemos a Dios cara a cara. La luz de la gloria, cuando llegamos a ser semejantes a &eacute;l, no s&oacute;lo como criaturas semejantes a su Creador, sino tambi&eacute;n como hijos semejantes al Padre. &iexcl;Como hijos en el Hijo eterno! <\/p>\n<p><i>La Iglesia reza as&iacute;, porque as&iacute; cree y as&iacute; espera. <\/i><\/p>\n<p>&iexcl;Verdaderamente en nosotros est&aacute; impreso el sello de Dios viviente! <\/p>\n<p>&iexcl;Am&eacute;n! <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1990 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA PARA LOS DIFUNTOS EN EL CEMENTERIO DEL VERANO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Roma Solemnidad de Todos los Santos Jueves 1 de noviembre 1990 &nbsp; 1. &laquo;Hasta que marquemos con el sello la frente de los siervos de nuestro Dios&raquo; (Ap 7, 3). 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