{"id":39958,"date":"2016-10-05T23:23:36","date_gmt":"2016-10-06T04:23:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-junio-de-1990-celebracion-eucaristica-del-corpus-christi-en-la-catedral-de-orvieto-italia\/"},"modified":"2016-10-05T23:23:36","modified_gmt":"2016-10-06T04:23:36","slug":"17-de-junio-de-1990-celebracion-eucaristica-del-corpus-christi-en-la-catedral-de-orvieto-italia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-junio-de-1990-celebracion-eucaristica-del-corpus-christi-en-la-catedral-de-orvieto-italia\/","title":{"rendered":"17 de junio de 1990, Celebraci\u00f3n eucar\u00edstica del \u00abCorpus Christi\u00bb en la Catedral de Orvieto (Italia)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/sub_index1990\/trav_orvieto.html\">VISITA PASTORAL A ORVIETO<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA DEL <font face=\"Times New Roman\">&laquo;CORPUS CHRISTI&raquo; <br \/>EN LA CATEDRAL DE ORVIETO<\/font><\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"4\"> HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">Orvieto <br \/> Domingo 17 de junio de 1990<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1. \u201c<i>&iexcl;Celebra a Yahveh, Jerusal&eacute;n,<\/i> alaba a tu Dios, Si&oacute;n!\u201d (<i>Sal<\/i> 147, 12).<\/p>\n<p>Toda la Iglesia exalta a Jerusal&eacute;n porque all&iacute;, en la ciudad santa, Dios ha realizado lo que hab&iacute;a preparado para el pueblo elegido, y a trav&eacute;s del pueblo de la Antigua Alianza, para todos los hombres.<\/p>\n<p>All&iacute; \u2014<i>en el Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n<\/i>\u2014 ha sucedido lo que el Ap&oacute;stol describe en su primera carta a los Corintios: \u201cLa copa de bendici&oacute;n qu&eacute; bendecimos &iquest;no es acaso comuni&oacute;n con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos &iquest;no es comuni&oacute;n con el cuerpo de Cristo?\u201d (<i>1 Co<\/i> 10, 16).<\/p>\n<p>&iexcl;Ciertamente! En el Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n, en la v&iacute;spera de su muerte redentora en la cruz, <i>Jesucristo cumpli&oacute; lo que hab&iacute;a predicho:<\/i><\/p>\n<p>\u201cYo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivir&aacute; para siempre; y el pan que le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en m&iacute;, y yo en &eacute;l\u201d (<i>Jn<\/i> 6, 51. 56).<\/p>\n<p>2. \u201c<i>&iexcl;Iglesia santa, alaba a tu Se&ntilde;or!<\/i>\u201d.<\/p>\n<p>El Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n \u2014donde fue instituido el sant&iacute;simo sacramento: el Cuerpo y la Sangre de Cristo bajo las especies del pan y del vino\u2014 se ha extendido por toda la tierra. Ahora est&aacute; presente en cada lugar en que se re&uacute;ne la comunidad cristiana: tanto en una espl&eacute;ndida construcci&oacute;n arquitect&oacute;nica, como en una modesta capilla en tierra de misi&oacute;n, all&iacute; est&aacute; presente el Cen&aacute;culo.<\/p>\n<p><i>Y en todas partes la Iglesia alaba a su Se&ntilde;or por el don de la Eucarist&iacute;a,<\/i>&nbsp;por medio de la cual El se ha quedado con nosotros: se ha hecho comida de los hombres para la vida eterna.<\/p>\n<p>La solemnidad que hoy celebramos constituye una expresi&oacute;n particular de esta alabanza.<\/p>\n<p>3. Dirijo un fraterno saludo al pastor de la di&oacute;cesis, mons. Decio Lucio Grandoni y le agradezco las cordiales palabras que ha querido dirigirme en nombre de todos vosotros. Con &eacute;l deseo saludar a los prelados de Umbr&iacute;a aqu&iacute; presentes; a las autoridades que participan en esta celebraci&oacute;n; a los sacerdotes, religiosos y religiosas; a los enfermos, que mediante el sufrimiento se asocian de modo especial al sacrificio eucar&iacute;stico; a los j&oacute;venes, y a todos vosotros, queridos hermanos y hermanas.<\/p>\n<p>Con este encuentro queremos expresar juntos nuestro reconocimiento al Se&ntilde;or, recordando el VII centenario de la fundaci&oacute;n de la catedral de vuestra ciudad, cuya primera piedra bendijo mi predecesor, el Papa Nicol&aacute;s IV, el 13 de noviembre de 1290.<\/p>\n<p>Si bien su construcci&oacute;n no tiene relaci&oacute;n directa con la solemnidad del <i> Corpus Domini,<\/i> instituida por el Papa Urbano IV mediante la bula <i> Transiturus,<\/i> en el a&ntilde;o 1264, ni con el milagro de Bolsena del a&ntilde;o precedente, es indudable que <i>el misterio eucar&iacute;stico se halla aqu&iacute; manifiestamente evocado por el corporal de Bolsena,<\/i> para el cual se hizo construir especialmente la capilla que ahora lo custodia celosamente.<\/p>\n<p>Desde entonces la ciudad de Orvieto es conocida en el mundo entero por ese signo milagroso, que a todos nos recuerda el amor misericordioso de Dios que se ha hecho comida y bebida de salvaci&oacute;n para la humanidad peregrina en la tierra. Vuestra ciudad conserva y alimenta la llama inextinguible del culto hacia un misterio tan grande.<\/p>\n<p>4. <i>&iexcl;Iglesia de Orvieto, alaba a tu Se&ntilde;or!<\/i><\/p>\n<p>Nos hallamos frente a Cristo realmente presente bajo los velos de simples y materiales apariencias. Cristo-Pan, Cristo-Vino: verdadera comida y verdadera bebida para el hombre que tiene hambre y sed de lo infinito. S&oacute;lo El, Cristo puede colmar la necesidad de eternidad del coraz&oacute;n humano; s&oacute;lo El, Cristo, es total realizaci&oacute;n de todas sus aspiraciones y prenda segura de inmortalidad. S&oacute;lo Cristo es \u201cel camino, la verdad y la vida\u201d (<i>Jn<\/i> 14, 6) para los que comen su carne y beben su sangre.<\/p>\n<p>Como los Ap&oacute;stoles reunidos en el Cen&aacute;culo, tambi&eacute;n nosotros hoy <i>compartimos este pan de vida eterna,<\/i> mientras exultantes unimos nuestra alabanza a la de los fieles de toda la tierra. <i>Permanecemos at&oacute;nitos,<\/i> recogidos en adoraci&oacute;n, ante el <i>gran<\/i> misterio de nuestra fe y proclamarnos con alegr&iacute;a nuestro reconocimiento por el don sublime con el que el Redentor ha enriquecido a su Iglesia.<\/p>\n<p>5. &iexcl;Cu&aacute;n urgente es <i>la necesidad<\/i> que el hombre experimenta <i>de un pan verdadero!<\/i> &iexcl;Pero cu&aacute;n confusas son las indicaciones que al respecto le llegan de todas partes!<\/p>\n<p>Junto a quien pretende ofrecerle un pan semejante con una u otra ideolog&iacute;a, hay quien incluso querr&iacute;a disuadirle de tal b&uacute;squeda, juzg&aacute;ndola in&uacute;til y vana. Uno y otro, de todas formas, concuerdan en el hecho de sostener que el hombre est&aacute; llamado a construir su propio destino s&oacute;lo dentro del horizonte de los valores terrenales.<\/p>\n<p>Cristo, en cambio, ha querido esconderse bajo las apariencias del pan y del vino para recordarnos que <i>este alimento existe<\/i> y que, aun estando situado en el espacio y en el tiempo, <i>trasciende esas dimensiones<\/i> para alcanzar la eternidad: \u201cYo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivir&aacute; para siempre\u201d. <i>Por lo tanto, s&oacute;lo la Eucarist&iacute;a puede dar a la existencia sentido pleno y valor aut&eacute;ntico.<\/i> Jes&uacute;s se ha convertido en nuestro alimento espiritual para proclamar la soberana dignidad del hombre, para reivindicar sus derechos y sus justas exigencias, para transmitirle el secreto de la victoria definitiva sobre el mal y la comuni&oacute;n eterna con Dios.<\/p>\n<p>As&iacute;, en su sugestiva solemnidad, la celebraci&oacute;n de hoy evoca este <i>mensaje exultante<\/i> que nos impulsa a acoger la invitaci&oacute;n &iacute;ntima a la conversi&oacute;n y al servicio, al amor y al perd&oacute;n. Nos estimula a ser aut&eacute;nticos imitadores, con nuestra vida, de lo que celebramos en la liturgia.<\/p>\n<p>No lo olvid&eacute;is jam&aacute;s<i>: Cristo, que nos nutre bajo las especies consagradas, es el mismo que viene a nuestro encuentro en los acontecimientos cotidianos<\/i>; est&aacute; en el pobre que tiende la mano, est&aacute; en el que sufre e implora ayuda, est&aacute; en el hermano que pide nuestra disponibilidad y espera que le acojamos. Est&aacute; en el hombre: est&aacute; en todo ser humano, incluso en el m&aacute;s peque&ntilde;o e indefenso.<\/p>\n<p><i>&iexcl;Misterio profundo de vida! &iexcl;Impenetrable misterio de amor!<\/i><\/p>\n<p>6. Cuantos nos alimentamos del mismo pan \u201csomos un solo cuerpo\u201d (cf. <i>1 Co<\/i> 10, 17) y de tantas personas diversas se forma una sola familia.<\/p>\n<p>La liturgia del <i>Corpus Domini<\/i> nos recuerda el compromiso de profesar en la vida la com&uacute;n pertenencia al mismo Se&ntilde;or, ya que todos nos alimentamos del mismo manantial m&iacute;stico de vida inmortal.<\/p>\n<p><i>La Eucarist&iacute;a nace del amor y sirve al amor, definitivo mandamiento de la Nueva Alianza.<\/i><\/p>\n<p>Que todo esto, queridos hermanos y hermanas, est&eacute; ante vuestro ojos para que pod&aacute;is celebrar adecuadamente el <i>VII centenario de vuestra bas&iacute;lica catedral.<\/i> Os exhorto vivamente a aprovechar este aniversario jubilar para favorecer el crecimiento de la vida cristiana de todas las di&oacute;cesis y para renovar efectivamente la catequesis, la liturgia y el esp&iacute;ritu misionero y apost&oacute;lico. Recordad <i>siempre el deber peculiar de vuestra comunidad eclesial de testimoniar el culto a la sant&iacute;sima Eucarist&iacute;a<\/i> y mostrar sus efectos en la comuni&oacute;n de <i>sentimientos y de vida.<\/i><\/p>\n<p>Conf&iacute;o este empe&ntilde;o a toda vuestra di&oacute;cesis de Orvieto-Todi, dos antiguas sedes episcopales reunidas hoy bajo la gu&iacute;a de un &uacute;nico pastor. Os invito a hacer confluir los m&uacute;ltiples dones, que os ha prodigado el Esp&iacute;ritu Santo, <i>en la unidad de un solo cuerpo eclesial:<\/i> sacerdotes, religiosos y laicos, unidos en torno a aquel que es signo y ministro de comuni&oacute;n, el obispo diocesano.<\/p>\n<p>Que cada sector de vuestra Iglesia particular, resistiendo a la posible tentaci&oacute;n del individualismo y de la divisi&oacute;n, tenga como meta propia <i>la construcci&oacute;n, bajo la gu&iacute;a del obispo, de una Iglesia compacta, s&oacute;lidamente fundada en la verdad y en la caridad.<\/i><\/p>\n<p>&iexcl;Y que la Eucarist&iacute;a que Jes&uacute;s os dona sea el pan cotidiano de esta indispensable adhesi&oacute;n, el sost&eacute;n de este camino solidario!<\/p>\n<p>7. Pero \u201c<i>&iquest;c&oacute;mo puede &eacute;ste darnos a comer su carne?<\/i>\u201d (<i>Jn<\/i> 6, 52).<\/p>\n<p>Es lo que se preguntaban las numerosas personas que escuchaban a Jes&uacute;s aquel d&iacute;a en que, en Cafarna&uacute;m, &eacute;l les prometi&oacute; la Eucarist&iacute;a. As&iacute; discut&iacute;an y se preguntaban entre ellos. Muchos entonces abandonaron a Cristo, a pesar de haber sido testigos del milagro de la multiplicaci&oacute;n de los panes y de otros signos.<\/p>\n<p>Jes&uacute;s dijo a los Ap&oacute;stoles: \u201c&iquest;Tambi&eacute;n vosotros quer&eacute;is marcharos?\u201d (<i>Jn<\/i> 6, 67).<\/p>\n<p>Le respondi&oacute; Sim&oacute;n Pedro:<\/p>\n<p>\u201c<i>Se&ntilde;or, &iquest;d&oacute;nde qui&eacute;n vamos a ir? T&uacute; tienes palabras de vida eterna,<\/i> y nosotros creemos y sabemos que t&uacute; eres el Santo de Dios\u201d (<i>Jn<\/i> 6, 69).<\/p>\n<p>En toda la tierra <i>la Iglesia vive de la Eucarist&iacute;a.<\/i> En este sacramento encuentran su s&iacute;ntesis salv&iacute;fica todas las palabras de la vida eterna. Se convierte en comida para las almas y, precisamente gracias a este alimento, el hombre peregrino por los m&uacute;ltiples desiertos del tiempo se encamina a la Jerusal&eacute;n eterna.<\/p>\n<p>Por tanto, cuando <i>el \u201cser mortal se revista de inmortalidad\u201d<\/i> (cf. <i>1 Co<\/i> 15, 53), <i>se manifestar&aacute; plenamente la potencia del Cuerpo y de la Sangre de Cristo.<\/i><\/p>\n<p>&iexcl;Es verdad! En el Cuerpo y en la Sangre de Cristo ya se halla el principio de la gloria y de la vida. Gloria y vida que ser&aacute;n nuestra herencia futura. &iexcl;Para siempre!<\/p>\n<p>Porque \u201cel hombre viviente es la gloria d&eacute; Dios\u201d (San Ireneo, <i>Adv. haer.<\/i> IV, 20, 7).<\/p>\n<p>&iexcl;Am&eacute;n!<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1990 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p> &nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A ORVIETO CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA DEL &laquo;CORPUS CHRISTI&raquo; EN LA CATEDRAL DE ORVIETO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Orvieto Domingo 17 de junio de 1990 &nbsp; 1. \u201c&iexcl;Celebra a Yahveh, Jerusal&eacute;n, alaba a tu Dios, Si&oacute;n!\u201d (Sal 147, 12). 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