{"id":39960,"date":"2016-10-05T23:23:39","date_gmt":"2016-10-06T04:23:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-mayo-de-1990santa-misa-para-los-fieles-de-la-diocesis-de-tabasco-en-villahermosa\/"},"modified":"2016-10-05T23:23:39","modified_gmt":"2016-10-06T04:23:39","slug":"11-de-mayo-de-1990santa-misa-para-los-fieles-de-la-diocesis-de-tabasco-en-villahermosa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-mayo-de-1990santa-misa-para-los-fieles-de-la-diocesis-de-tabasco-en-villahermosa\/","title":{"rendered":"11 de mayo de\u00a01990,Santa Misa para los fieles de la di\u00f3cesis de Tabasco, en Villahermosa"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/1990\/travels\/documents\/trav_messico.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A M&Eacute;XICO Y CURA&Ccedil;AO<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA PARA LOS FIELES DE LA DI&Oacute;CESIS DE TABASCO <\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"4\"> HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\"> Villahermosa, M&eacute;xico<br \/>&nbsp;Viernes 11 de mayo de 1990<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <i>\u201cUn solo Se&ntilde;or, una sola fe, un solo bautismo\u201d <\/i>(<i>Ef<\/i> 4, 5). <\/p>\n<p align=\"left\"> 1. El ap&oacute;stol de los Gentiles, prisionero en Roma, nos exhorta a conservar sol&iacute;citamente la unidad de la Iglesia. El mismo es testigo heroico de esa unidad, que es don y gracia del Esp&iacute;ritu Santo; esa unidad tan querida por Cristo y por la cual ped&iacute;a al Padre: \u201cque todos sean uno&#8230;, para que el mundo crea\u201d (<i>Jn<\/i> 17, 21). <\/p>\n<p align=\"left\"> Por eso san Pablo nos apremia a \u201cconservar <i>la unidad del Esp&iacute;ritu<\/i> con el v&iacute;nculo de la paz. Un solo Cuerpo y un solo Esp&iacute;ritu, como una es la esperanza a la que hab&eacute;is sido llamados\u201d (<i>Ef<\/i> 4, 3-4). <\/p>\n<p align=\"left\"> S&iacute;, Cristo es uno: \u201c un solo Se&ntilde;or \u201d; y, por tanto, tenemos \u201cuna sola fe, un solo bautismo\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 4, 5). Cristo es uno; y uno solo es tambi&eacute;n el Esp&iacute;ritu, que act&uacute;a en los corazones, edificando el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Por tanto, tambi&eacute;n <i>la Iglesia es una sola<\/i>. Esta unidad eclesial proviene de la unidad de Dios y la debe encarnar en el mundo. En efecto, hay \u201cun Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo\u201d (<i>Ef<\/i> 4, 6). <\/p>\n<p align=\"left\"> 2. Evocando este misterio de la Iglesia en el que estamos unidos, me es grato saludar a todos y cada uno de vosotros; en primer lugar al se&ntilde;or obispo de Tabasco, monse&ntilde;or Rafael Garc&iacute;a Gonz&aacute;lez y a los amados obispos de esta provincia eclesi&aacute;stica de Yucat&aacute;n. En sus estimadas y veneradas personas y en las de cuantos est&aacute;is aqu&iacute; presentes <font face=\"Times New Roman\">\u2014<\/font>presb&iacute;teros y di&aacute;conos, religiosos y religiosas, hombres y mujeres cristianos de toda condici&oacute;n\u2014 saludo a todos los fieles de las poblaciones de Tabasco y de la pen&iacute;nsula de Yucat&aacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> La historia de vuestra comunidad se ve enriquecida por esa unidad eclesial. En ella ha estado presente el amor hacia todos, y especialmente hacia los pobres, que anim&oacute; la vida del venerable Leonardo Castellanos, el obispo pobre. En ella se fragu&oacute; la entrega del indio Gabriel Garc&iacute;a que dio su vida por la fe. Desde ella se ha impulsado el crecimiento de la Iglesia en esta regi&oacute;n. Una realidad que no es s&oacute;lo un pasado, sino que ahora se dispone a renovarse, con la ayuda del Esp&iacute;ritu Santo, a trav&eacute;s del S&iacute;nodo pastoral diocesano, para afrontar el camino que tiene por delante. <\/p>\n<p align=\"left\"> Ante esta alentadora realidad, deseo dirigir un particular saludo a los queridos chontales y choles:<\/p>\n<p align=\"left\"> Kiitzonlop aj chontalop: Q\u2019Papla uyolin k\u2019en aj chontalop uchen u etzen y ejemplo aj antibalop kaama Gabriel Garc&iacute;a uy\u2019ki u vida por u fe; che\u2019 uchen aj chontalop che miclop por u fe.<\/p>\n<p align=\"left\"> (Hermanos chontales: el Papa os quiere mucho y os anima a seguir el ejemplo de vuestro antepasado el indio Gabriel Garc&iacute;a, quien di&oacute; su vida por la fe. As&iacute; tambi&eacute;n los chontales han de ser fieles en su fe). <\/p>\n<p align=\"left\"> Bajche\u2019 a&ntilde;etla kerma&ntilde;ujo\u2019 choles. Tiuli kula\u2019 a&ntilde;etla ucbu la lumal ti\u2019 Tabasco com jo&ntilde;on mi a&ntilde;a\u2019 tiala\u2019 pa\u2019milil cha\u2019 a&ntilde; mi ashik labu la sumbal ti S&iacute;nodo.<\/p>\n<p align=\"left\"> (&iquest;C&oacute;mo est&aacute;is, hermanos choles? He venido a visitaros aqu&iacute; en Tabasco. Quiero que os deis cuenta de la importancia que tiene para vosotros seguir caminando en el S&iacute;nodo Diocesano).<\/p>\n<p align=\"left\"> 3. Aqu&iacute; en Villahermosa, meditamos hoy con profunda alegr&iacute;a sobre el misterio de la Iglesia, que ha sido instituida una sola por Cristo. Es una, porque expresa <i>la unidad de Dios mismo, la unidad del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo<\/i> (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"> Lumen gentium<\/a><\/i>, 4). Es una porque realiza la obra salv&iacute;fica de Dios Uno y Trino. La obra redentora de Cristo se extiende a todos los hombres y pueblos para llevarlos a la unidad de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\"> Hoy meditamos este misterio y elevamos a Dios nuestras fervientes plegarias por la unidad de la Iglesia. En nuestra oraci&oacute;n volvemos con nuestra mirada al Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n. All&iacute; los Ap&oacute;stoles \u201cperseveraban un&aacute;nimes en la oraci&oacute;n, <i>con Mar&iacute;a la Madre de Jes&uacute;s<\/i>\u201d (<i>Hch<\/i> 1, 14). Con la oraci&oacute;n se preparaban para el momento de Pentecost&eacute;s. All&iacute; la Iglesia, nacida del costado abierto de Cristo en la cruz, se manifestar&aacute; ante el mundo con la fuerza del Esp&iacute;ritu de Verdad, dando testimonio de esa unidad divina. <\/p>\n<p align=\"left\"> En nuestras oraciones por <i>la unidad de la Iglesia en el mundo, por la unidad de la Iglesia en M&eacute;xico<\/i>, recurrimos de modo especial a la intercesi&oacute;n de Mar&iacute;a, Madre de la Iglesia. A Ella imploramos que los cristianos lleguen a ser <i>una sola cosa con Cristo<\/i> en la Iglesia, para que, santificados as&iacute; en la <i>fidelidad<\/i> por el Esp&iacute;ritu vivificador, \u201ctengan acceso al Padre por medio de Cristo en un mismo Esp&iacute;ritu\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 4). Y &iquest;a qui&eacute;n podemos encomendar esta unidad, sino a la Madre de Dios? Efectivamente, se trata <i>de la unidad<\/i> de todos nosotros con Cristo, como <i>\u201clos sarmientos con la vid\u201d<\/i>(cf. <i>Jn<\/i> 15, 1).<\/p>\n<p align=\"left\"> 4. Hermanos m&iacute;os: al considerar este misterio, tenemos presente el hecho doloroso de que algunos han roto ese v&iacute;nculo de unidad salv&iacute;fica, uni&eacute;ndose a las sectas; y a otros les asaltan dudas y vacilaciones por falta de fe. <\/p>\n<p align=\"left\"> Todo esto ha de constituir una llamada a <i>reavivar vuestra uni&oacute;n con Cristo en la Iglesia<\/i>, sintiendo como propia la responsabilidad de sostener a los que vacilan y de recuperar a los alejados o indiferentes. No hay que ahorrar esfuerzos con el fin de dar un testimonio concorde de unidad. Asimismo hay que procurar que ese v&iacute;nculo de uni&oacute;n con Cristo aliente una vida cristiana verdaderamente centrada en El. <\/p>\n<p align=\"left\"> Ninguno de vosotros, ning&uacute;n cat&oacute;lico de M&eacute;xico, puede considerarse ajeno a esta responsabilidad. Y, si respond&eacute;is con generosidad y firmeza tendr&aacute; lugar un nuevo crecimiento, una renovada vitalidad de la Iglesia en vuestras comunidades. <\/p>\n<p align=\"left\"> 5. Estas exigencias que provienen de acendrados sentimientos de comuni&oacute;n en la verdad y en la caridad, os han de estimular para renovar vuestra unidad en Cristo, como el sarmiento est&aacute; unido a la vid. Se os pide, sobre todo, que deis fruto como el Se&ntilde;or espera.&iquest;Y en qu&eacute; consiste este dar fruto? La respuesta se puede resumir as&iacute;: en amar a los hermanos abnegadamente, hasta las &uacute;ltimas consecuencias, como Jes&uacute;s nos am&oacute; en la cruz. <\/p>\n<p align=\"left\"> Toda actividad, el trabajo y el descanso, la vida familiar y social, el ejercicio de vuestras responsabilidades pol&iacute;ticas, culturales, econ&oacute;micas han de tener como nervio esa <i>actitud<\/i> de amor y <i>de servicio<\/i> (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"> Lumen gentium<\/a><\/i>, 10). Viviendo as&iacute;, vuestro coraz&oacute;n quedar&aacute; transformado en un altar (cf. San Agust&iacute;n, <i>De Civitate Dei<\/i>, X, 3) para ofrecer sacrificios gratos a Dios por mediaci&oacute;n de Jesucristo. A la vez, ser&eacute;is <i>portadores de paz y de reconciliaci&oacute;n<\/i>. All&iacute; donde un cristiano se esfuerza en amar como Cristo, se crea un clima de cordialidad, de afecto, de comprensi&oacute;n, de b&uacute;squeda serena y eficaz de la solidaridad y de la justicia. <\/p>\n<p align=\"left\"> 6. En este proceso de crecimiento hacia la <i>unidad<\/i> querida por Cristo se va mostrando la naturaleza de la Iglesia como una <i>comuni&oacute;n<\/i>, donde reina la fraternidad y al mismo tiempo se da en ella una <i>diversidad de ministerios<\/i>. (cf. <i>1Co<\/i> 12, 5)<\/p>\n<p align=\"left\"> La Iglesia, porque participa de la vida divina de la Trinidad, es un misterio de comuni&oacute;n que debe manifestarse en el &aacute;mbito de cada comunidad eclesial. Esta comuni&oacute;n se fundamenta en la unidad de la fe, la esperanza y el amor cristianos, recibidos en el bautismo. Se refuerza constantemente por la participaci&oacute;n en la eucarist&iacute;a, como expresi&oacute;n m&aacute;xima de la unidad de la Iglesia. Se renueva por el sacramento de la conversi&oacute;n o penitencia, que nos reconcilia con Dios y con los hermanos. Se concretiza al compartir los propios bienes y mediante la disponibilidad personal. Al mismo tiempo, esta comuni&oacute;n eclesial est&aacute; llamada a ser fermento de reconciliaci&oacute;n y de paz entre los hermanos, en medio de los cuales act&uacute;a movida por el Esp&iacute;ritu Santo. <\/p>\n<p align=\"left\"> 7. Esta misma comuni&oacute;n, en cada Iglesia local, est&aacute; presidida por el obispo, unido al Papa como Obispo de Roma y Sucesor de Pedro. El Papa, a su vez, es el centro de la colegialidad o comuni&oacute;n episcopal, ya que est&aacute; a la cabeza de la Iglesia que \u201cpreside en la caridad\u201d (San Ignacio de Antioqu&iacute;a, <i>Ad Romanos<\/i>). <\/p>\n<p align=\"left\"> Al mismo tiempo, esta comuni&oacute;n se verifica en la Iglesia a trav&eacute;s de sus variadas comunidades presididas por los presb&iacute;teros, los cuales, como cooperadores inmediatos de los obispos, participan de su solicitud pastoral al servicio del pueblo (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"> Lumen gentium<\/a><\/i>, 28). El sacerdote, revestido de entra&ntilde;as de misericordia ante toda miseria humana, ha de estar disponible sobre todo para los que sufren. De este modo, la Iglesia se podr&aacute; presentar ante el mundo como \u201cun recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando\u201d (&laquo;Prex eucharistica&raquo; V\/b.. <\/p>\n<p align=\"left\"> 8. Al evocar el gran valor y el gran don de la unidad, vienen a mi mente aquellas personas que se han alejado de la Iglesia cat&oacute;lica. A ellos me dirijo ahora, con toda la ansiedad de mi alma. <\/p>\n<p align=\"left\"> Quisiera encontraros uno por uno para deciros: &iexcl;regresad al seno de la Iglesia, vuestra Madre! <\/p>\n<p align=\"left\"> La Virgen de Guadalupe, con su \u201cmirada compasiva\u201d, ha querido mostraros a su Hijo, el \u201cverdader&iacute;simo Dios por quien se vive\u201d; lo ha ensalzado \u201cal ponerlo de manifiesto con todo su amor personal\u201d (cf. <i>Nic&aacute;n Mopohua<\/i>, 26-28). <\/p>\n<p align=\"left\"> Bien asentado en el coraz&oacute;n ten&eacute;is este convencimiento: Ella no os ha podido enga&ntilde;ar. Siempre ha estado a vuestro lado en todas las contingencias de vuestra vida; y os ha escuchado en todas vuestras necesidades.<\/p>\n<p align=\"left\"> Quiz&aacute;s, como sucedi&oacute; a Juan Diego, alguna preocupaci&oacute;n espiritual y material a la vez, os haya llevado a esquivar el encuentro con la Sant&iacute;sima Virgen, a alejaros de Ella (cf. <i>Ib&iacute;d<\/i>. 94-103). Es posible que os hay&aacute;is quedado solos con esa preocupaci&oacute;n, pensando que acercarse a Dios depende, antes que nada, del propio esfuerzo. Incluso hab&eacute;is podido creer que para alcanzar el bienestar econ&oacute;mico hay que dejar de lado la fe cat&oacute;lica. Y a estos motivos se podr&iacute;an a&ntilde;adir otros muchos, como el sentiros m&aacute;s acogidos en un grupo peque&ntilde;o, de gente conocida y que se ayuda mutuamente. <\/p>\n<p align=\"left\"> Pues bien; os invito fervientemente a considerar todo eso ante la Virgen de Guadalupe. Sentid que Ella como a Juan Diego os ayuda en todas vuestras preocupaciones y ansiedades, y hoy os repite: \u201c&iquest;No estoy Yo, que soy tu Madre?\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 19).<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;&iexcl;Volved, pues, sin miedo! La Iglesia os espera con los brazos abiertos para reencontraros con Cristo. Nada har&iacute;a m&aacute;s feliz el coraz&oacute;n del Papa, en este viaje pastoral a M&eacute;xico, que el retorno al seno de la Iglesia de aquellos que se han alejado. <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Que Cristo os ilumine y os mueva a la conversi&oacute;n! <\/p>\n<p align=\"left\"> 9. \u201cEl Se&ntilde;or es mi Pastor, nada me falta\u201d (<i>Sal<\/i> 22 [21], 1). Estas confortadoras palabras del salmo nos hacen contemplar la imagen de Cristo, Buen Pastor, as&iacute; como su solicitud constante por todos, por cada una y cada uno de nosotros. <\/p>\n<p align=\"left\"> Seguir <i>al Buen Pastor significa tambi&eacute;n estar unidos a la vid verdadera<\/i>. En efecto, el Buen Pastor, Cristo, no s&oacute;lo desea que le sigamos, sino tambi&eacute;n que permanezcamos unidos a El, como el sarmiento que, permaneciendo en la vid, da fruto. Cristo, el Buen Pastor, quiere que demos fruto, mucho fruto. Por eso quiere <i>que permanezcamos en El como miembros de su Cuerpo que es la Iglesia<\/i>. Y si el Buen Pastor busca a cada oveja perdida, lo hace para protegerla de los peligros y al mismo tiempo para que no se separe de la vid vivificante. <\/p>\n<p align=\"left\"> 10. <i>&iexcl;Madre del Buen Pastor!<\/i> T&uacute; que perseveras en la oraci&oacute;n con los Ap&oacute;stoles y con toda la Iglesia, obt&eacute;n que todos tus hijos e hijas de M&eacute;xico permanezcan siempre fieles a Cristo en su Iglesia: Una, Santa, Cat&oacute;lica y Apost&oacute;lica. <\/p>\n<p align=\"left\"> Que se comporten siempre de manera digna de la vocaci&oacute;n a la que han sido llamados, y as&iacute;, cada uno, \u201c<i>a la medida del don de Cristo<\/i>\u201d (Ef 4, 1. 7), contribuya a esta unidad del Cuerpo que es constituida por el Esp&iacute;ritu de la Verdad. En esa Verdad que nos une, est&aacute; la esperanza de la vida eterna: la vida eterna en Dios. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1990 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A M&Eacute;XICO Y CURA&Ccedil;AO SANTA MISA PARA LOS FIELES DE LA DI&Oacute;CESIS DE TABASCO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Villahermosa, M&eacute;xico&nbsp;Viernes 11 de mayo de 1990 &nbsp; \u201cUn solo Se&ntilde;or, una sola fe, un solo bautismo\u201d (Ef 4, 5). 1. 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