{"id":39961,"date":"2016-10-05T23:23:40","date_gmt":"2016-10-06T04:23:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-mayo-de-1990liturgia-de-la-palabra-en-la-colonia-patria-nueva-de-tuxtla-gutierrez\/"},"modified":"2016-10-05T23:23:40","modified_gmt":"2016-10-06T04:23:40","slug":"11-de-mayo-de-1990liturgia-de-la-palabra-en-la-colonia-patria-nueva-de-tuxtla-gutierrez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-mayo-de-1990liturgia-de-la-palabra-en-la-colonia-patria-nueva-de-tuxtla-gutierrez\/","title":{"rendered":"11 de mayo de 1990,Liturgia de la Palabra en la Colonia \u00abPatria Nueva\u00bb de Tuxtla Guti\u00e9rrez"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/1990\/travels\/documents\/trav_messico.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A M&Eacute;XICO Y CURA<font>&Ccedil;AO<\/font><\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>LITURGIA DE LA PALABRA EN LA COLONIA <font face=\"Times New Roman\">&laquo;PATRIA NUEVA&raquo;<\/font><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"4\"> HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">Tuxtla Guti&eacute;rrez, M&eacute;xico<br \/>Viernes 11 de mayo de 1990<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Amad&iacute;simos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> 1. Me siento muy feliz por encontrarme en Tuxtla Guti&eacute;rrez, bella capital del Estado de Chiapas, para presidir la celebraci&oacute;n lit&uacute;rgica de la Palabra. Est&aacute;n a mi lado los se&ntilde;ores obispos de esta zona pastoral Pacifico Sur, y otros hermanos en el episcopado, junto con gran n&uacute;mero de sacerdotes y religiosos que con generosa entrega ejercen su ministerio entre vosotros. <\/p>\n<p align=\"left\"> De modo particular, quiero que llegue mi palabra afectuosa y un abrazo cordial a todos los queridos hermanos ind&iacute;genas y campesinos, despu&eacute;s de once a&ntilde;os de aquel primer encuentro que tuve con ellos en Oaxaca, durante mi primera visita pastoral a M&eacute;xico. <\/p>\n<p align=\"left\"> Agradezco vivamente las amables palabras de bienvenida que me ha dirigido monse&ntilde;or Felipe Aguirre Franco, obispo de esta di&oacute;cesis, la cual celebra en estas fechas las bodas de plata de su erecci&oacute;n can&oacute;nica. En esta circunstancia reciban mi felicitaci&oacute;n todos los fieles diocesanos de Tuxtla Guti&eacute;rrez, junto con mis mejores augurios de un futuro fecundo en &oacute;ptimos frutos de vida cristiana. Doy mi saludo en el Se&ntilde;or y expreso mi gratitud por su presencia a todos los dem&aacute;s fieles, aqu&iacute; presentes de las di&oacute;cesis vecinas: Tehuantepec, Oaxaca, Mixes, Huautla, San Crist&oacute;bal de las Casas, Tapachula, acompa&ntilde;ados por sus obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y dem&aacute;s almas consagradas. Sabemos que la di&oacute;cesis de Tapachula perdi&oacute; su pastor ayer.<\/p>\n<p align=\"left\"> En esta tierra chiapaneca que Dios ha bendecido con tanta belleza de bosques y monta&ntilde;as, y sobre todo con la riqueza de sus gentes y etnias, me siento gozoso de encontrarme con representantes de tantas familias ind&iacute;genas. Con vosotros quiero enviar un cari&ntilde;oso saludo y hacer llegar el mensaje de amor del Evangelio a todos los ind&iacute;genas de la Rep&uacute;blica, as&iacute; como a nuestros hermanos de Centroam&eacute;rica que tuvieron que abandonar sus tierras y casas, y han encontrado refugio aqu&iacute;.<\/p>\n<p align=\"left\"> Ante todo, quiero repetir las palabras que os dirig&iacute; hace once a&ntilde;os en Oaxaca, y que siguen teniendo toda su vigencia: \u201cEl Papa y la Iglesia est&aacute;n con vosotros y os aman: aman vuestras personas, vuestra cultura, vuestras tradiciones\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> 2. En la primera lectura que hemos escuchado, el profeta Isa&iacute;as pone en labios del pueblo jud&iacute;o estas palabras: \u201cMe ha abandonado el Se&ntilde;or, mi due&ntilde;o me ha olvidado\u201d (<i>Is<\/i> 49, 14). Deportados de Israel y teniendo que habitar en un pa&iacute;s extranjero, los israelitas hab&iacute;an perdido toda esperanza. Se consideraban olvidados por Dios, abandonados de su mano.<\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Cuan actuales resultan esas palabras! &iexcl;Cu&aacute;ntos de vosotros, en una situaci&oacute;n de destierro, de exilio, al igual que aquellos israelitas, podr&iacute;ais sentir la tentaci&oacute;n de pronunciarlas! Son palabras que a&uacute;n hoy d&iacute;a no dejan de reflejar un profundo pesimismo. Ante tanta injusticia, ante tanto dolor, ante tantos problemas, un hombre puede llegar a sentirse olvidado por Dios. Vosotros mismos, hermanos m&iacute;os, habr&eacute;is podido experimentar tal vez parecidos sentimientos: la dureza de la vida, la escasez de medios, la falta de oportunidades para mejorar vuestra formaci&oacute;n y la de vuestros hijos, el acoso continuo a vuestras culturas tradicionales y tantos otros motivos que podr&iacute;an invitar al desaliento. M&aacute;s a&uacute;n podr&iacute;an sentirse olvidados quienes han tenido que dejar sus casas, sus lugares de origen, en una afanosa b&uacute;squeda del m&iacute;nimo imprescindible para seguir viviendo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Realmente, en algunas ocasiones es tanta la injusticia, el dolor y el sufrimiento sobre la faz de la tierra, que se explica la tentaci&oacute;n de repetir esas palabras de Isa&iacute;as. Son como un lamento continuo que recorre la historia de cada hombre y de toda la humanidad. <\/p>\n<p align=\"left\"> 3. Sin embargo, despu&eacute;s de esas frases de sabor amargo, despu&eacute;s de esa queja que sale del coraz&oacute;n, el profeta recoge la respuesta de Dios: \u201c&iquest;Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entra&ntilde;as? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidar&eacute;\u201d (<i>Is<\/i> 49, 15). <\/p>\n<p align=\"left\"> Hermanos m&iacute;os, puede haber momentos duros en vuestra vida: puede haber incluso &eacute;pocas m&aacute;s o menos prolongadas en las que os consider&aacute;is olvidados por Dios. Pero si alguna vez surge dentro de vosotros la tentaci&oacute;n del desaliento, recordad esas palabras de la Escritura: aunque una madre se olvidara del hijo de sus entra&ntilde;as, Dios no se olvida de nosotros. Y a&ntilde;ade el profeta: \u201cAs&iacute; dice el Se&ntilde;or: En tiempo favorable te escuchar&eacute;, y en d&iacute;a nefasto te asistir&eacute;\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 49, 8). Dios nos tiene siempre presentes, Dios nos mira con especial cari&ntilde;o porque somos sus hijos querid&iacute;simos. <\/p>\n<p align=\"left\"> De esta providencia divina nos habla tambi&eacute;n Jes&uacute;s en el evangelio: \u201cMirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro padre celestial las alimenta&#8230; Observad los lirios del campo, c&oacute;mo crecen&#8230; Pues si a la hierba del campo, que hoy es y ma&ntilde;ana se echa al horno, Dios as&iacute; la viste, &iquest;no lo har&aacute; mucho m&aacute;s con vosotros, hombres de poca fe?\u201d (<i>Mt<\/i> 6, 26. 28. 30). <\/p>\n<p align=\"left\"> Estas palabras de Cristo constituyen un llamado a la esperanza. Si Dios se preocupa con paterna solicitud de las aves del cielo; si Dios viste a las hierbas del campo, &iquest;c&oacute;mo dejar&aacute; de preocuparse por el hombre? &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a abandonar a la &uacute;nica criatura de la tierra que ha amado por s&iacute; misma? (cf. G<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">audium et spes<\/a><\/i>, 24)<\/p>\n<p align=\"left\"> 4. La esperanza cristiana tiene, ante todo, una meta que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de esta vida; es la virtud por la que ponemos nuestra confianza en Dios, el cual nos dar&aacute; las gracias que necesitamos para llegar al cielo. Es all&iacute;, sobre todo, donde se har&aacute;n realidad las palabras que acabamos de escuchar: \u201cConvertir&eacute; todos mis montes en caminos, y mis calzadas ser&aacute;n levantadas\u201d (<i>Is<\/i> 49, 11). \u201cNo tendr&aacute;n hambre ni sed, ni les har&aacute; da&ntilde;o el bochorno ni el sol, pues el que tiene piedad de ellos los conducir&aacute; y a manantiales de agua los guiar&aacute;\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 49, 10). <\/p>\n<p align=\"left\"> Sin embargo, la esperanza cristiana es <i>tambi&eacute;n esperanza para esta vida<\/i>. Dios quiere la felicidad de sus hijos, tambi&eacute;n aqu&iacute; en este mundo. <\/p>\n<p align=\"left\"> \u201cLa Iglesia <font face=\"Times New Roman\">\u2014<\/font>he escrito en la Enc&iacute;clica \u201cSollicitudo Rei Socialis\u201d<font face=\"Times New Roman\">\u2014<\/font> sabe bien que ninguna realidad temporal se identifica con el Reino de Dios, pero que todas ellas no hacen m&aacute;s que reflejar y en cierto modo anticipar la gloria de ese Reino, que esperamos al final de la historia, cuando el Se&ntilde;or vuelva. Pero la espera no podr&aacute; ser nunca una excusa para desentenderse de los hombres en su situaci&oacute;n personal concreta y en su vida social, nacional e internacional, en la medida en que &eacute;sta <font face=\"Times New Roman\">\u2014<\/font>sobre todo ahora<font face=\"Times New Roman\">\u2014<\/font> condiciona a aquella. Aunque imperfecto y provisional, nada de lo que se puede y debe realizar mediante el esfuerzo solidario de todos y la gracia divina en un momento dado de la historia, para hacer &quot; m&aacute;s humana &quot; la vida de los hombres, se habr&aacute; perdido ni habr&aacute; sido en vano\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0042\/__P8.HTM\">Sollicitudo Rei Socialis<\/a><\/i>, 48). <\/p>\n<p align=\"left\"> 5. \u201cBuscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se os dar&aacute;n por a&ntilde;adidura\u201d. (<i>Mt<\/i> 6, 33) &iquest;Qu&eacute; quiere decir el Se&ntilde;or con estas palabras? &iquest;En qu&eacute; consiste este objetivo primordial? &iquest;Qu&eacute; hemos de hacer para buscar, en primer lugar, el Reino de Dios?<\/p>\n<p align=\"left\"> Conoc&eacute;is bien la respuesta. Sab&eacute;is que para alcanzar la vida eterna es preciso cumplir los mandamientos, es preciso vivir de acuerdo con las ense&ntilde;anzas de Cristo, que nos son transmitidas continuamente por su Iglesia. Por eso, queridos hermanos, os animo a comportaros siempre como buenos cristianos, a cumplir los mandamientos, a asistir a misa los domingos, a cuidar vuestra formaci&oacute;n cristiana acudiendo a las catequesis que vuestros pastores imparten, a confesaros con frecuencia, a trabajar, a ser buenos padres y esposos fieles, a ser buenos hijos. No caig&aacute;is en la seducci&oacute;n de los vicios, como el abuso del alcohol, que tantos estragos causa: ni prest&eacute;is vuestra colaboraci&oacute;n al narcotr&aacute;fico, causa de la destrucci&oacute;n de tantas personas en el mundo. <\/p>\n<p align=\"left\"> 6. Y, acompa&ntilde;ando ese esfuerzo por vivir cristianamente, habr&aacute; tambi&eacute;n un empe&ntilde;o por mejorar vuestra situaci&oacute;n humana en sus m&aacute;s variados aspectos: cultural, econ&oacute;mico, social y pol&iacute;tico. La b&uacute;squeda del Reino de Dios incluye tambi&eacute;n esas nobles realidades humanas. Aquellas palabras del Se&ntilde;or, que ordena a los siervos de la par&aacute;bola: \u201cNegociad los talentos hasta que vuelva\u201d (Lc <i>19<\/i>, 13), no pueden ser entendidas en un sentido meramente espiritualista, como si el hombre fuera s&oacute;lo alma. <\/p>\n<p align=\"left\"> Cristo nos previene frente al peligro de trastocar el orden de valores y amar a las criaturas por encima del Creador: \u201cNo pod&eacute;is servir a Dios y al dinero\u201d (<i>Mt<\/i> 6, 24); pero tambi&eacute;n nos advierte del peligro de la pereza y de la cobard&iacute;a, del peligro de enterrar en tierra el talento otorgado por el Se&ntilde;or (cf. <i>Ib&iacute;d<\/i>. 25, 25). El desarrollo humano contribuye a la instauraci&oacute;n del Reino (G<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">audium et spes<\/a><\/i>, 39). Y en ese desarrollo, cada uno debe ser protagonista (<i><a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html\">Populorum progressio<\/a><\/i>, 55). <\/p>\n<p align=\"left\"> Deben serlo en primer lugar, aquellos a quienes incumbe una mayor responsabilidad social o posibilidades econ&oacute;micas. Estos han de recordar que son s&oacute;lo administradores de esos bienes y que deber&aacute;n dar cuenta de su administraci&oacute;n (cf. <i>Lc<\/i> 16, 2). <\/p>\n<p align=\"left\"> Han de ser igualmente protagonistas los menos favorecidos. Lo que he escrito en la Enc&iacute;clica \u201cSollicitudo Rei Socialis\u201d haciendo referencia a los pa&iacute;ses (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0042\/__P7.HTM\">Sollicitudo Rei Socialis<\/a><\/i>, 44) , ha de aplicarse tambi&eacute;n a los individuos: el desarrollo humano exige esp&iacute;ritu de iniciativa por parte de las mismas personas que lo necesitan. Cada uno debe actuar de acuerdo con su propia responsabilidad, sin esperar todo de las estructuras sociales, asistenciales, o pol&iacute;ticas, o de la ayuda de otras personas con m&aacute;s posibilidades. \u201cCada uno debe descubrir y aprovechar lo mejor posible el espacio de su propia libertad. Cada uno deber&iacute;a llegar a ser capaz de iniciativas que respondan a las propias exigencias de la sociedad\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>.). <\/p>\n<p align=\"left\"> Por tanto, queridos hermanos y hermanas, hab&eacute;is de esforzaros en poner los medios que est&eacute;n a vuestro alcance sabiendo, por otra parte, que hemos puesto en Dios toda nuestra confianza: \u201c&iquest;Qui&eacute;n de vosotros puede por m&aacute;s que se preocupe, a&ntilde;adir una hora al tiempo de su vida?\u201d (Mt 6, 27). <\/p>\n<p align=\"left\"> 7. Presentes hoy aqu&iacute; entre nosotros est&aacute;n hermanos y hermanas de Centroam&eacute;rica que han tenido que abandonar sus lugares de origen a la busca de un refugio y de mejores condiciones de vida. Muchos de ellos se encuentran en situaciones dram&aacute;ticas debido a la falta de medios, a la inseguridad y a la ansiosa b&uacute;squeda de una ubicaci&oacute;n adecuada. A ellos quiero repetir unas palabras de mi &uacute;ltimo Mensaje de Cuaresma para la Iglesia universal: &laquo;Nosotros os acompa&ntilde;aremos y os sostendremos en vuestro camino, reconociendo en cada uno de vosotros el rostro de Cristo exiliado y peregrino, recordando cuanto El dijo: \u201cCuantas veces hab&eacute;is hecho esto a uno solo de estos peque&ntilde;os, me lo hab&eacute;is hecho a m&iacute;\u201d (Ib&iacute;d. 25, 40)&raquo; (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/messages\/lent\/documents\/hf_jp-ii_mes_19890908_lent-1990.html\">Mensaje para la Cuaresma de 1990,<\/a><\/i> n. 5). <\/p>\n<p align=\"left\"> S&eacute; que las di&oacute;cesis mexicanas donde hay campamentos de refugiados est&aacute;n haciendo todo lo posible para organizar su acogida y asistirles en sus necesidades. Este gesto de comuni&oacute;n intereclesial es reconocido y agradecido de modo particular por algunos obispos de Guatemala, que han querido estar presentes junto a sus diocesanos en esta ocasi&oacute;n. Me uno a ellos en su llamado a la solidaridad, a la caridad y a la justicia, para socorrer a tantos hermanos y hermanas que sufren toda clase de privaciones, lejos de sus lugares de origen. <\/p>\n<p align=\"left\"> 8. Mi mensaje de hoy, amad&iacute;simos todos, quiere ser una nueva invitaci&oacute;n a la esperanza, a ponernos en manos de Dios, sabiendo que El cuida amorosamente de nosotros. Nos lo dice el Se&ntilde;or en el evangelio de san Mateo que hemos escuchado: \u201cMirad las aves del cielo, no siembran ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. &iquest;No val&eacute;is vosotros m&aacute;s que ellas?\u201d (Mt 6, 26). Pero &eacute;sta ha de ser una esperanza activa y responsable, que lleve tambi&eacute;n al trabajo y al esfuerzo personal. <\/p>\n<p align=\"left\"> Esta misma esperanza la expresaba el mensaje de Nuestra Se&ntilde;ora de Guadalupe a Juan Diego, para infundirle confianza y fortaleza en la misi&oacute;n que le encomendaba: \u201c Oye y ten entendido, hijo m&iacute;o el m&aacute;s peque&ntilde;o, que es nada lo que te asusta y aflige; no se turbe tu coraz&oacute;n; no temas esa enfermedad ni otra enfermedad y angustia. &iquest;No estoy yo aqu&iacute; que soy tu Madre? &iquest;No est&aacute;s bajo mi sombra? &iquest;No soy yo tu salud? &iquest;No est&aacute;s por ventura en mi regazo?\u201d (Nic&aacute;n Mopohua). <\/p>\n<p align=\"left\"> Como Juan Diego, hijo predilecto de la tierra mexicana a quien he tenido el gozo de declarar beato, tambi&eacute;n vosotros encontrar&eacute;is en la Virgen de Guadalupe el consuelo en el dolor y la fortaleza cristiana para superar las dificultades. <\/p>\n<p align=\"left\"> Con un grito de esperanza nos dice a&uacute;n el profeta: \u201c &iexcl;Aclamad, cielos y exulta tierra! Prorrumpan los montes en gritos de alegr&iacute;a, pues el Se&ntilde;or ha consolado a su pueblo, y de sus pobres se ha compadecido \u201d (<i>Is<\/i> 49, 13). <\/p>\n<p align=\"left\"> Ahora quiero dirigir un saludo en idioma tzotzil: <\/p>\n<p align=\"left\"> Chi&iacute;tlao amtelet&iacute;c ta os&iacute;l, li Cajbaltiqu&eacute; chas can&iacute;c, cucha&aacute;l tij amtelet&iacute;c yuun&eacute; \u201csventa ti balumil&eacute; ti ta j&uacute;n teclum&eacute;\u201d (<i>Mt<\/i> 5, 13). \u201c Batan&iacute;c ta sjoyl&eacute;c balum&iacute;l al&iacute;c li schul mantal&eacute; sventa scotol ti crishchano&eacute;\u201d (<i>Mc<\/i> 16, 15). <\/p>\n<p align=\"left\"> (Hermanos campesinos e ind&iacute;genas: Jes&uacute;s os quiere, como a todos sus disc&iacute;pulos \u201csal de la tierra y luz del mundo\u201d. \u201cId por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a todos los hombres\u201d)<\/p>\n<p align=\"left\"> . Tambi&eacute;n saludo en idioma zoque: Atz&iacute;dam nasniyosatyambab&aacute;is yaquiitaub&aacute;is, Papais schund&aacute;mba wjumtam jomojab&aacute; wanjamguki&aacute;njins tz&aacute;psojuse te Mansan&oacute;re ch&aacute;cpa ema te kipk&uacute;y ne kionatzoy&uacute;se te wit te itcujin; it&uacute;ba w&aacute;b&aacute; mi kipsoki&uacute;jin y &ntilde;ostambabais te &ntilde;osku&ntilde;as&oacute;mo te is Istc&uacute;she. Otzi mi namatiaguetar&iacute;tzi mitam: &iexcl;Mina yoki, Komi, mina yoki! <\/p>\n<p align=\"left\"> (Hermanos campesinos e ind&iacute;genas: El Papa os quiere a todos llenos de fe, difundiendo el Evangelio, haciendo a un lado la violencia, respetando la vida de la naturaleza, pero conscientes de su dignidad de trabajadores en el campo de su Reino. Con vosotros exclamo: &iexcl;Ven Se&ntilde;or Jes&uacute;s!).<\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1990 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A M&Eacute;XICO Y CURA&Ccedil;AO LITURGIA DE LA PALABRA EN LA COLONIA &laquo;PATRIA NUEVA&raquo; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Tuxtla Guti&eacute;rrez, M&eacute;xicoViernes 11 de mayo de 1990 &nbsp; Amad&iacute;simos hermanos y hermanas: 1. Me siento muy feliz por encontrarme en Tuxtla Guti&eacute;rrez, bella capital del Estado de Chiapas, para presidir la celebraci&oacute;n &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-mayo-de-1990liturgia-de-la-palabra-en-la-colonia-patria-nueva-de-tuxtla-gutierrez\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab11 de mayo de 1990,Liturgia de la Palabra en la Colonia \u00abPatria Nueva\u00bb de Tuxtla Guti\u00e9rrez\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39961","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39961","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39961"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39961\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39961"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39961"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39961"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}