{"id":39962,"date":"2016-10-05T23:23:41","date_gmt":"2016-10-06T04:23:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-mayo-de-1990celebracion-eucaristica-para-el-mundo-del-trabajo-monterrey\/"},"modified":"2016-10-05T23:23:41","modified_gmt":"2016-10-06T04:23:41","slug":"10-de-mayo-de-1990celebracion-eucaristica-para-el-mundo-del-trabajo-monterrey","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-mayo-de-1990celebracion-eucaristica-para-el-mundo-del-trabajo-monterrey\/","title":{"rendered":"10 de mayo de\u00a01990,Celebraci\u00f3n eucar\u00edstica para el mundo del trabajo, Monterrey"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A M&Eacute;XICO Y CURA<font face=\"Times New Roman\">&Ccedil;AO<\/font><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA PARA EL MUNDO DEL TRABAJO<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"4\"> HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">Monterrey, M&eacute;xico<br \/>Jueves 10 de mayo de1990<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p>En esta celebraci&oacute;n os invito, tambi&eacute;n, a encomendar al Se&ntilde;or las v&iacute;ctimas del accidente a&eacute;reo ocurrido esta ma&ntilde;ana en tierra mexicana, en Chiapas, entre los cuales se encontraba el obispo de Tapachula, monse&ntilde;or Luis Miguel Cant&oacute;n Mar&iacute;n. Que el Se&ntilde;or conceda el descanso eterno a los fallecidos y un r&aacute;pido restablecimiento a los heridos. <\/p>\n<p>Ruego a Dios para que otorgue a los fieles de la di&oacute;cesis de Tapachula el consuelo que viene de la suprema certeza de la fe. <\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, <br \/>&iexcl;Alabado sea Jesucristo!<\/i> <\/p>\n<p align=\"left\"> 1. &iexcl;Alabado sea Jesucristo en esta ciudad de Monterrey que se precia de sus ra&iacute;ces cristianas!<\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Alabado sea Jesucristo en vuestras familias, en vuestros lugares de trabajo y de descanso!<\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Alabado sea Jesucristo por el don de la fe que hace casi cinco siglos fue plantada en vuestra tierra!<\/p>\n<p align=\"left\"> He venido como peregrino portador de amor y de esperanza, como Sucesor del Ap&oacute;stol san Pedro, para confirmar en la fe a mis hermanos, obedeciendo as&iacute; al mandato recibido de Jes&uacute;s (cf. <i>Lc<\/i> 22, 32). Me siento feliz por encontrarme en esta bella e industriosa capital del Estado de Nuevo Le&oacute;n, donde se me ha dispensado una calurosa acogida, a la que correspondo con igual afecto y gratitud. <\/p>\n<p align=\"left\"> Mi saludo de paz se dirige al se&ntilde;or arzobispo y a los dem&aacute;s hermanos en el episcopado, a todos los amados sacerdotes colaboradores en el ministerio pastoral, a los religiosos, religiosas, fieles y, en una palabra, a todos los habitantes del norte del M&eacute;xico. <\/p>\n<p align=\"left\"> Saludo hoy <i>con particular afecto al mundo del trabajo<\/i>, siempre tan cercano a mi coraz&oacute;n y a mi propia experiencia de trabajador. Desear&iacute;a poder estrechar la mano de cada uno de vosotros, para manifestaros mi cari&ntilde;o y mi aprecio por vuestra misi&oacute;n como trabajadores al servicio de la sociedad. <\/p>\n<p align=\"left\"> Por medio de vosotros quiero que mi saludo llegue a todos los trabajadores de esta gran naci&oacute;n: a los que se dedican a las faenas del campo y de la industria, de las minas y de la pesca, a quienes ejercen su labor en los pueblos, en las ciudades, en las oficinas, en el comercio; a los empresarios, a todos los trabajadores intelectuales y manuales que forj&aacute;is la gran comunidad mexicana del trabajo. No quiero dejar de dirigir tambi&eacute;n aqu&iacute; en Monterrey un particular saludo a un particular grupo de trabajo: a todas las madres mexicanas. Cuando se habla del trabajo humano, cuando se aprecia cada trabajo, &iquest;c&oacute;mo no apreciar este trabajo fundamental, trabajo maternal de la mujer?, &iexcl;especialmente en este D&iacute;a de las Madres! <\/p>\n<p align=\"left\"> 2. Hoy quiero meditar, con vosotros, sobre el mensaje que el Se&ntilde;or nos dirige en esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica. Cristo nos dice: \u201cNo os preocup&eacute;is por vuestra vida, qu&eacute; comer&eacute;is; ni por vuestro cuerpo, con qu&eacute; os vestir&eacute;is&#8230; Fijaos en las aves del cielo&#8230;, contemplad c&oacute;mo crecen los lirios del campo\u201d (cf. <i>Mt<\/i> 6, 25-26. 28). <\/p>\n<p align=\"left\"> <i>&iquest;Qu&eacute; quieren decir estas palabras dichas por Jesucristo en el serm&oacute;n de la monta&ntilde;a?<\/i> &iquest;Cu&aacute;l era su significado para quienes las escuchaban por primera vez? &iquest;Qu&eacute; sentido encierran hoy para nosotros? <\/p>\n<p align=\"left\"> En verdad, <i>estas palabras del Evangelio parecen contradecir tantos criterios y actitudes que vemos en el mundo contempor&aacute;neo<\/i>. En efecto, para la humanidad, para la sociedad actual, la producci&oacute;n, la ganancia, el progreso econ&oacute;mico parecen asumir la categor&iacute;a de criterios &uacute;ltimos y definitivos que rigen el comportamiento humano. De acuerdo con estos criterios se enjuicia y se da valor a la gente y a los pueblos, y se determina su posici&oacute;n en la escala social por la importancia que se les concede o por el poder que detentan. <\/p>\n<p align=\"left\"> Si se aceptara moralmente esta jerarqu&iacute;a de valores, el hombre quedar&iacute;a obligado a buscar en todo momento el poseer como &uacute;nica meta de la vida. Entonces el hombre se medir&iacute;a, no por lo que es, sino por lo que tiene. <\/p>\n<p align=\"left\"> 3. Jes&uacute;s, el Maestro del serm&oacute;n de la monta&ntilde;a, <i>el mismo que proclama las bienaventuranzas, nos ense&ntilde;a ante todo que el Creador y las criaturas est&aacute;n por encima de las obras del hombre<\/i>. Los hombres y las sociedades pueden producir los bienes industriales que impulsan la civilizaci&oacute;n y el progreso, en la medida en que en el mundo creado encuentran los recursos que le permiten llevar a cabo su trabajo. <\/p>\n<p align=\"left\"> A ti, hombre que miras complacido las obras de tus manos, el fruto de tu ingenio, <i>Cristo te dice: &iexcl;no te olvides de Aquel que ha dado origen a todo!<\/i> &iexcl;No te olvides del Creador! Es m&aacute;s, cuanto m&aacute;s profundamente conozcas las leyes de la naturaleza, cuanto m&aacute;s descubras sus riquezas y sus potencialidades, tanto m&aacute;s te has de acordar de El.<\/p>\n<p align=\"left\"> <i>&iexcl;No te olvides del Creador<\/i> <font face=\"Times New Roman\">\u2014<\/font>nos dice Cristo<font face=\"Times New Roman\">\u2014<\/font> <i>y respeta la creaci&oacute;n!<\/i> &iexcl;Realiza tu trabajo usando correctamente los recursos que Dios te ha dado! &iexcl;Transforma sus riquezas con la ayuda de la ciencia y de la t&eacute;cnica, pero no abuses, no seas usurpador ni explotador, sin miramientos, de los bienes creados! &iexcl;No destruyas y no contamines! &iexcl;Recuerda a tu pr&oacute;jimo, a los pobres! &iexcl;Piensa en las generaciones futuras! <\/p>\n<p align=\"left\"> Cristo, queridos hermanos y hermanas, dice esto, de modo particular, al hombre de nuestro tiempo, el cual se da cuenta, cada vez m&aacute;s, <i>de la necesidad irrenunciable de proteger el ambiente que lo rodea<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> 4. &iexcl;Con cu&aacute;nto amor miran los ojos del Maestro y Redentor la belleza del mundo creado! El mundo visible ha sido creado para el hombre. Cristo dice entonces a los que le escuchan: <i>&iquest;No val&eacute;is vosotros mucho m&aacute;s que las aves del cielo y los lirios del campo? <\/i>(cf. <i>Mt<\/i> 6, 26. 28)<i> <\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> Ciertamente, nosotros somos m&aacute;s importantes a los ojos de Dios. Lo que da la medida y el valor del hombre es haber sido creado a imagen y semejanza de Dios, lo cual se refleja en su naturaleza como persona, en su capacidad de conocer el bien y amarlo.<\/p>\n<p align=\"left\"> Pero precisamente por eso, el hombre no puede aceptar que su ser espiritual se vea sometido a lo que es inferior en la jerarqu&iacute;a de las criaturas. No puede tomar como meta &uacute;ltima de su existencia lo que le ofrecen la tierra y la temporalidad de lo creado. <i>No puede bajarse a servir a las cosas, como si estas fueran el &uacute;nico fin y el destino &uacute;ltimo de su vida<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> Al contrario, el hombre est&aacute; llamado a buscar a Dios con todas sus fuerzas, incluso por medio de su trabajo en el mundo. S&oacute;lo en Dios el hombre encuentra afirmada su propia libertad, su se&ntilde;or&iacute;o y superioridad sobre todas las dem&aacute;s criaturas. Y, si alguna vez se debilitase esta sencilla y profunda convicci&oacute;n, la contemplaci&oacute;n de la misma naturaleza nos debe recordar que, si as&iacute; cuida Dios a todas sus criaturas, &iquest;cu&aacute;nto no har&aacute; para que no nos falte nada de lo necesario? <\/p>\n<p align=\"left\"> 5. A los hombres nos corresponde una tarea primordial: Buscar el Reino de Dios y su justicia (cf. <i>Ib&iacute;d<\/i>. 6, 33). En esto debemos emplear todas nuestras fuerzas, porque ese Reino es \u201ccomo un tesoro escondido en un campo, la perla m&aacute;s valiosa\u201d, de que nos habla el Evangelio; y para obtenerlo, debemos hacer todo lo posible, hasta \u201c venderlo todo \u201d (cf. <i>Ib&iacute;d.<\/i> 13, 44. 45), es decir, no tener otro af&aacute;n en el coraz&oacute;n. Por eso, tambi&eacute;n el trabajo ha de formar parte del esfuerzo que ponemos en buscar el Reino de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\"> Pero hemos de estar precavidos contra una tentaci&oacute;n: la de querer poner los bienes terrenos por encima de Dios. Por esto Cristo dice: \u201c<i>No pod&eacute;is servir a Dios y al Dinero\u201d<\/i>, porque \u201cNadie puede servir a dos se&ntilde;ores\u201d (<i>Mt<\/i> 6, 24). Si lo que representa el s&iacute;mbolo b&iacute;blico del \u201c dinero \u201d llega a convertirse en objeto de un amor superior y exclusivo por parte de las personas y de la sociedad, entonces nos hallamos ante la tentaci&oacute;n de despreciar a Dios (cf. <i>Ib&iacute;d.<\/i>). Pero <i>&iquest;no constatamos que esta tentaci&oacute;n<\/i>, al menos parcialmente, <i>se halla presente en nuestro mundo?<\/i> &iquest;No lo observamos de modo particular en algunas regiones y pueblos? &iquest;No es ya una realidad este despreciar a Dios bajo diversos modos: primeramente en el campo del pensar humano, y despu&eacute;s en el de su actuaci&oacute;n? &iquest;No se ha convertido en programa para muchas personas de nuestro tiempo el <i>vivir como si Dios no existiese?<\/i> <\/p>\n<p align=\"left\"> 6. Jes&uacute;s de Nazaret habla a sus contempor&aacute;neos, pero sus palabras llegan con una fuerza maravillosa hasta nuestros d&iacute;as y nuestros problemas. Estos son los temas eternos sobre el hombre. Pero vemos con frecuencia, que se ha invertido la jerarqu&iacute;a de valores: lo que es secundario, caduco, se pone a la cabeza, pasa al primer plano. En cambio, lo que realmente debe estar <i>en primer plano es siempre y s&oacute;lo Dios<\/i>. Y no puede ser de otra manera. Por esto dice Cristo: \u201cBuscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os dar&aacute;n por a&ntilde;adidura\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i> 6, 33). <\/p>\n<p align=\"left\"> Por tanto, &iquest;qu&eacute; hay que hacer para que la b&uacute;squeda del Reino sea una realidad en la vida de los individuos, de las familias, de la sociedad? <\/p>\n<p align=\"left\"> Como vemos en la lectura que hemos escuchado, tomada del libro de los Hechos de los Ap&oacute;stoles, los verdaderos disc&iacute;pulos y seguidores de Cristo han tratado de responder a esta pregunta ya desde los albores del cristianismo. Nos dice el texto sagrado que los primeros disc&iacute;pulos \u201c ten&iacute;an todo en com&uacute;n\u201d (<i>Hch<\/i> 2, 44). Esa realidad es muy rica de significado. En efecto, la b&uacute;squeda del reino exige ante todo la caridad, el amor a Dios y el amor al pr&oacute;jimo (cf. <i>Mc<\/i> 12, 34). En este sentido, los primeros disc&iacute;pulos pusieron los bienes de la tierra al servicio del amor, es decir, trataron de orientar la nueva vida que hab&iacute;an abrazado <i>en funci&oacute;n del bien com&uacute;n<\/i>, o sea, del servicio al pr&oacute;jimo. Por eso vend&iacute;an sus posesiones y distribu&iacute;an entre todos lo obtenido, seg&uacute;n las necesidades de cada uno. Al mismo tiempo y como elemento importante de la comunidad, \u201cpart&iacute;an el pan por las casas y tomaban el alimento con alegr&iacute;a y sencillez de coraz&oacute;n\u201d (cf. <i>Hch<\/i> 2, 45-46). <\/p>\n<p align=\"left\"> Pocas palabras, pero &iexcl;tan llenas de significado! La luz que ellas irradian ha de iluminar tambi&eacute;n el mundo de la producci&oacute;n y de la econom&iacute;a, para que se abra con clarividencia y generosidad a esta perspectiva del bien com&uacute;n. El esfuerzo solidario por los dem&aacute;s es una exigencia que interpela a todos y a cada uno en el mundo del trabajo. Interpela a los empresarios e industriales en su dif&iacute;cil tarea de dirigir y administrar con justicia los frutos de la actividad humana, as&iacute; como crear riqueza y puestos de trabajo, contribuyendo de este modo a aumentar el nivel de bienestar social que permita el desarrollo integral de las personas. La solidaridad interpela igualmente a cuantos se dedican al mundo de la t&eacute;cnica, que es \u201cindudablemente una aliada del hombre. Facilita el trabajo, lo perfecciona, lo acelera y lo multiplica\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0037\/__P7.HTM\">Laborem exercens<\/a><\/i>, 5). Interpela, en definitiva, a todo trabajador, a toda persona, que debe orientar su trabajo hacia el bien de todos. <\/p>\n<p align=\"left\"> 7. Entre vosotros, amad&iacute;simos hermanos y hermanas que me escuch&aacute;is, habr&aacute; muchos que cuentan con un trabajo seguro, que les ofrece grandes satisfacciones, que les permite sustentar dignamente a sus familias. Por todo ello hay que dar gracias a Dios. Pero &iquest;cu&aacute;ntos hay que sufren al no poder dar a sus hijos el alimento, el vestido, la educaci&oacute;n necesaria? &iquest;Cu&aacute;ntos los que viven en la estrechez de un humilde cuarto, carentes de los servicios m&aacute;s elementales, lejos de sus lugares de trabajo; un trabajo, a veces mal remunerado e incierto, que les hace mirar al futuro con angustia y desaliento? &iexcl;cu&aacute;ntos ni&ntilde;os obligados a trabajar en temprana edad, obreros que ejercen su profesi&oacute;n en condiciones poco saludables, adem&aacute;s de la insuficiencia de instrumentos legales y asociativos que tutelen convenientemente los derechos del trabajador contra los abusos y tantas formas de manipulaci&oacute;n! <\/p>\n<p align=\"left\"> Me conmueven profundamente estas situaciones dif&iacute;ciles, a veces dram&aacute;ticas, que afectan a tantas personas del mundo laboral y que van ligadas a toda una serie de factores, no s&oacute;lo coyunturales sino tambi&eacute;n estructurales, esto es, dependientes de la organizaci&oacute;n socio-econ&oacute;mica y pol&iacute;tica de la sociedad. Por eso, movido por mi solicitud hacia los m&aacute;s necesitados, quiero hacer un nuevo llamado a la justicia social. <\/p>\n<p align=\"left\"> Sin negar los buenos resultados conseguidos por el esfuerzo de conjunto de la iniciativa p&uacute;blica y privada en los pa&iacute;ses donde est&aacute; en vigor un r&eacute;gimen de libertad, no podemos, sin embargo, silenciar los defectos de un sistema econ&oacute;mico que no pocas veces hace del lucro y del consumo su principal motor, que subordina el hombre al capital, de forma que, sin tener en cuenta su dignidad personal, es considerado como una mera pieza de la inmensa m&aacute;quina productiva, donde su trabajo es tratado como simple mercanc&iacute;a merced a los vaivenes de la ley de la oferta y la demanda. <\/p>\n<p align=\"left\"> 8. Es cierto que en la ra&iacute;z de los males que aquejan a los individuos y a las colectividades se encuentra siempre el pecado del hombre. Por eso la Iglesia predica incansablemente la conversi&oacute;n del coraz&oacute;n para que todos, con esp&iacute;ritu solidario, colaboren en la creaci&oacute;n de un orden social que sea m&aacute;s conforme con las exigencias de la justicia. <\/p>\n<p align=\"left\"> La Iglesia no puede en modo alguno dejarse arrebatar, por ninguna ideolog&iacute;a o corriente pol&iacute;tica, la bandera de la <i>justicia<\/i>, la cual es una de las primeras exigencias del Evangelio y el n&uacute;cleo de su doctrina social. Tambi&eacute;n en este terreno la Iglesia ha de hacerse presente en el mundo con una palabra sobre los valores y los principios que inspiran la vida comunitaria, la paz, la convivencia y el aut&eacute;ntico progreso. Precisamente por esto ha de oponerse a todas aquellas fuerzas que pretenden implantar ciertas formas de violencia y de odio, como soluci&oacute;n dial&eacute;ctica de los conflictos. El cristiano no puede olvidar que la noble lucha por la justicia no debe confundirse de ning&uacute;n modo con el programa \u201cque ve en la lucha de clases la &uacute;nica v&iacute;a para la eliminaci&oacute;n de las injusticias de clase, existentes en la sociedad y en las clases mismas\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0037\/__PD.HTM\">Laborem exercens<\/a><\/i>, 11). <\/p>\n<p align=\"left\"> Al veros aqu&iacute; en tan gran n&uacute;mero, en esta ciudad de Monterrey, convocados por vuestra com&uacute;n fe cristiana y para encontraros con el Sucesor de Pedro, me brota del coraz&oacute;n <i>haceros un llamado a la solidaridad<\/i>, a la hermandad sin fronteras. El saberos hijos del mismo Dios y hermanos en Jesucristo ha de moveros, bajo el impulso de la fe, a dedicar todo vuestro esfuerzo solidario en lograr que este gran pa&iacute;s sea m&aacute;s justo, fraterno y acogedor. Me mueve a ello el ardiente deseo de que vuestra amada Patria, con el respeto debido a sus mejores tradiciones, pueda progresar material y espiritualmente sobre la base de los principios cristianos que han marcado su caminar en la historia.<\/p>\n<p align=\"left\"> La solidaridad a la que os invito debe echar sus ra&iacute;ces m&aacute;s profundas y buscar su alimento en la santa misa, el sacrificio de Cristo que nos salva. Debe inspirarse siempre en la Palabra de Dios, que ilumina el camino de nuestras vidas. <\/p>\n<p align=\"left\"> 9. La Iglesia escucha continuamente el mismo serm&oacute;n de la monta&ntilde;a pronunciado por Cristo. De generaci&oacute;n en generaci&oacute;n <i>anuncia<\/i> el Evangelio, que es tambi&eacute;n el <i>Evangelio del trabajo<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> En nuestra &eacute;poca este Evangelio se ha hecho actual, de un modo nuevo, ante los <i>numerosos problemas<\/i> del desarrollo socio-econ&oacute;mico; ante los problemas relacionados con el capital, con la producci&oacute;n y distribuci&oacute;n de los bienes, tan desproporcionada e injusta especialmente en algunas regiones del mundo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Con la liturgia de nuestra celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica alabamos a Dios diciendo: \u201c&iexcl;Se&ntilde;or, due&ntilde;o nuestro, qu&eacute; admirable tu nombre en toda la tierra!\u201d (<i>Sal<\/i> 8, 2). Ante esto, <i>el cristiano no puede perder la conciencia<\/i> de que el nombre de Dios es grande sobre toda la tierra y de que &eacute;l, en cuanto cristiano, as&iacute; como todo hombre ha sido llamado a alabar este nombre. No puede olvidar que todos los programas de las econom&iacute;as humanas deben ordenarse, en definitiva, seg&uacute;n esta Econom&iacute;a divina, que se realiza en su Reino. \u201cYa sabe vuestro Padre celestial, que ten&eacute;is necesidad de todo eso\u201d (<i>Mt<\/i> 6, 32), nos dice el Se&ntilde;or, pero a&ntilde;ade: \u201cBuscad primero el Reino y su justicia, y todas esas cosas se os dar&aacute;n por a&ntilde;adidura\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i> 6, 33). <\/p>\n<p align=\"left\"> Por intercesi&oacute;n de la Madrecita de Guadalupe, en este \u201cD&iacute;a de las Madres\u201d pido a Dios abundantes gracias celestiales para todos vosotros, para vuestras familias y para todos los trabajadores de M&eacute;xico, para todo el trabajo que se hace en vuestra gran Patria. <\/p>\n<p align=\"left\"> As&iacute; sea.<\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1990 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A M&Eacute;XICO Y CURA&Ccedil;AO CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA PARA EL MUNDO DEL TRABAJO HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Monterrey, M&eacute;xicoJueves 10 de mayo de1990 &nbsp; En esta celebraci&oacute;n os invito, tambi&eacute;n, a encomendar al Se&ntilde;or las v&iacute;ctimas del accidente a&eacute;reo ocurrido esta ma&ntilde;ana en tierra mexicana, en Chiapas, entre los cuales se encontraba &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-mayo-de-1990celebracion-eucaristica-para-el-mundo-del-trabajo-monterrey\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab10 de mayo de\u00a01990,Celebraci\u00f3n eucar\u00edstica para el mundo del trabajo, Monterrey\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39962","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39962","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39962"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39962\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39962"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39962"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39962"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}