{"id":39968,"date":"2016-10-05T23:23:55","date_gmt":"2016-10-06T04:23:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-mayo-de-1990beatificacion-de-juan-diego-y-de-otros-siervos-de-dios-en-el-santuario-de-santa-maria-de-guadalupe-ciudad-de-mexico\/"},"modified":"2016-10-05T23:23:55","modified_gmt":"2016-10-06T04:23:55","slug":"6-de-mayo-de-1990beatificacion-de-juan-diego-y-de-otros-siervos-de-dios-en-el-santuario-de-santa-maria-de-guadalupe-ciudad-de-mexico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-mayo-de-1990beatificacion-de-juan-diego-y-de-otros-siervos-de-dios-en-el-santuario-de-santa-maria-de-guadalupe-ciudad-de-mexico\/","title":{"rendered":"6 de mayo de\u00a01990,Beatificaci\u00f3n de Juan Diego y de otros siervos de Dios en el Santuario de Santa Mar\u00eda de Guadalupe, Ciudad de M\u00e9xico"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A M&Eacute;XICO Y CURA<font face=\"Times New Roman\">&Ccedil;AO<\/font><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">BEATIFICACI&Oacute;N DE JUAN DIEGO Y DE OTROS SIERVOS DE DIOS<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"4\"> HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">Ciudad de M&eacute;xico<br \/>Domingo 6 de mayo de 1990<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <i>\u201cCristo&#8230;, cargado con nuestros pecados, subi&oacute; al madero de la cruz&#8230;, por sus llagas hab&eacute;is sido curados\u201d<\/i> (<i>1P<\/i> 2, 21. 24. 25). <\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Querid&iacute;simos hijos e hijas de M&eacute;xico:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> 1. He venido de nuevo a vuestra tierra para confesar ante vosotros y con todos vosotros, la fe com&uacute;n en Cristo, el &uacute;nico Redentor del mundo. Quiero proclamarlo en todos los lugares de mi peregrinaci&oacute;n por vuestra tierra; pero quiero hacerlo ante todo aqu&iacute;, en este lugar particularmente sagrado para vosotros: el Tepeyac. <\/p>\n<p align=\"left\"> Cristo, Redentor del mundo, est&aacute; presente en la historia, gene raci&oacute;n tras generaci&oacute;n, por medio de su Sant&iacute;sima Madre, la misma que lo dio a luz en Bel&eacute;n, la misma que estaba junto a la cruz en el G&oacute;lgota. <\/p>\n<p align=\"left\"> Cristo, pues, por medio de la Virgen Mar&iacute;a, ha entrado en las vicisitudes propias de todas las generaciones humanas, en la historia de M&eacute;xico y de toda Am&eacute;rica. El lugar en el que nos hallamos, la venerada bas&iacute;lica de Guadalupe, confiere a este hecho salv&iacute;fico un testimonio de insuperable elocuencia. <\/p>\n<p align=\"left\"> Me siento particularmente feliz al poder comenzar mi segunda visita pastoral a M&eacute;xico desde este lugar sagrado, hacia el cual dirigen sus miradas y sus corazones todos los hijos de la patria mexicana, dondequiera que est&eacute;n. Por eso, desde este santuario, donde late el coraz&oacute;n materno que da vida y esperanza a todo M&eacute;xico, quiero dirigir mi m&aacute;s afectuoso saludo a todos los habitantes de esta gran naci&oacute;n, desde Tijuana y R&iacute;o Bravo, hasta la pen&iacute;nsula de Yucat&aacute;n. Quiero que el saludo entra&ntilde;able del Papa llegue a todos los rincones, al coraz&oacute;n de todos los mexicanos para darles afecto, alegr&iacute;a, &aacute;nimos para superar las dificultades y para seguir construyendo una sociedad nueva <i>donde reinen la justicia, la verdad y la fraternidad<\/i>, que haga de este querido pueblo una gran familia. <\/p>\n<p align=\"left\"> Agradezco vivamente las afectuosas palabras de bienvenida que el se&ntilde;or cardenal Ernesto Corripio Ahumada, arzobispo de M&eacute;xico, me ha dirigido, en nombre tambi&eacute;n de nuestros hermanos en el episcopado y de toda la Iglesia mexicana. <\/p>\n<p align=\"left\"> 2. Mi gozo es a&uacute;n m&aacute;s grande porque al empezar ahora esta segunda visita pastoral en vuestra tierra, como Sucesor del Ap&oacute;stol san Pedro y Pastor de la Iglesia universal, el Se&ntilde;or me concede la gracia de beatificar, es decir de elevar a la gloria de los altares, a algunos hijos predilectos de vuestra naci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> Lo he hecho en el nombre y con la autoridad recibida de Jesucristo, el Se&ntilde;or, el que nos ha redimido con la sangre de sus sant&iacute;simas llagas y por eso se ha convertido en el Pastor de nuestras almas. <\/p>\n<p align=\"left\"> Juan Diego, el confidente de la dulce Se&ntilde;ora del Tepeyac. Los tres ni&ntilde;os m&aacute;rtires de Tlaxcala, Crist&oacute;bal, Antonio y Juan. El sacerdote y fundador Jos&eacute; Mar&iacute;a de Yermo y Parres. Sus nombres, inscritos ya en el cielo, est&aacute;n desde hoy escritos en el libro de los bienaventurados y en la historia de la fe de la Iglesia de Cristo, que vive y peregrina en M&eacute;xico. <\/p>\n<p align=\"left\"> Estos cinco beatos est&aacute;n inscritos de manera imborrable en la gran epopeya de la evangelizaci&oacute;n de M&eacute;xico. Los cuatro primeros en las primicias de la siembra de la palabra en estas tierras; el quinto en la historia de su fidelidad a Cristo, en medio de las vicisitudes del siglo pasado. Todos han vivido y testimoniado esta fe, al amparo de la Virgen Mar&iacute;a. Ella, en efecto, fue y sigue siendo la \u201c Estrella de la evangelizaci&oacute;n \u201d, la que con su presencia y protecci&oacute;n sigue alimentando la fe y fortaleciendo la comuni&oacute;n eclesial. <\/p>\n<p align=\"left\"> 3. La beatificaci&oacute;n de Juan Diego y de los ni&ntilde;os m&aacute;rtires de Tlaxcala nos hacen recordar <i>las primicias de la predicaci&oacute;n de la fe<\/i> en estas tierras, ahora que nos estamos preparando para celebrar el V Centenario de la evangelizaci&oacute;n de Am&eacute;rica. <\/p>\n<p align=\"left\"> El Evangelio de Jesucristo penetr&oacute; en M&eacute;xico con el ardor apost&oacute;lico de los primeros evangelizadores. Ellos anunciaron a Jesucristo crucificado y resucitado, constituido Se&ntilde;or y Mes&iacute;as, y atrajeron a la fe a las multitudes, con la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo que inflamaba su palabra de misioneros y el coraz&oacute;n de los evangelizados. <\/p>\n<p align=\"left\"> Aquella ardorosa acci&oacute;n evangelizadora respond&iacute;a al mandato misionero de Jes&uacute;s a sus Ap&oacute;stoles y a la efusi&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo en Pentecost&eacute;s. Lo hemos escuchado en la primera lectura de esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica, cuando Pedro, en nombre de los dem&aacute;s Ap&oacute;stoles, proclam&oacute; el \u201ckerigma\u201d de Cristo crucificado y resucitado. <\/p>\n<p align=\"left\"> Aquellas palabras llegaron al coraz&oacute;n de los oyentes quienes preguntaron enseguida a Pedro y a los dem&aacute;s Ap&oacute;stoles: \u201c&iquest;Qu&eacute; tenemos que hacer, hermanos?\u201d (<i>Hch<\/i> 2, 37). La respuesta del Pr&iacute;ncipe de los Ap&oacute;stoles explica claramente el dinamismo de todo aut&eacute;ntico proceso de conversi&oacute;n y de agregaci&oacute;n a la Iglesia. A la proclamaci&oacute;n del Evangelio sigue la aceptaci&oacute;n de la fe por parte de los catec&uacute;menos en virtud de la palabra que mueve los corazones. A la confesi&oacute;n de la fe sigue la conversi&oacute;n y el bautismo en el nombre de Jes&uacute;s, para la remisi&oacute;n de los pecados y para recibir la efusi&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo. Por medio del bautismo los creyentes son agregados a la comunidad de la Iglesia para vivir en comuni&oacute;n de fe, esperanza y amor. <\/p>\n<p align=\"left\"> De hecho \u201clos que aceptaron sus palabras <font face=\"Times New Roman\">\u2014<\/font>nos dice el texto sagrado<font face=\"Times New Roman\">\u2014<\/font> se bautizaron, y aquel d&iacute;a se les agregaron unos tres mil\u201d (<i>Hch<\/i> 2, 41). As&iacute; fueron los or&iacute;genes de la predicaci&oacute;n evang&eacute;lica y de la extensi&oacute;n de la Iglesia por el mundo entero. <\/p>\n<p align=\"left\"> No se pueden proclamar estas palabras sin pensar espont&aacute;neamente en la continuidad de esta evangelizaci&oacute;n y efusi&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo aqu&iacute; en M&eacute;xico. En efecto, de ella fueron beneficiarios y colaboradores nuestros beatos, primicias de la evangelizaci&oacute;n y testigos preclaros de la fe de los or&iacute;genes. Aqu&iacute; se cumpli&oacute; la palabra prof&eacute;tica de san Pedro el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s: \u201c Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y, adem&aacute;s, para todos los que llame el Se&ntilde;or Dios nuestro, aunque est&eacute;n lejos \u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 2, 39). <\/p>\n<p align=\"left\"> 4. Lejanos en el tiempo y en el espacio estaban estas tierras y los hombres y mujeres que las poblaban; pero en virtud del mandato apost&oacute;lico llegaron finalmente aqu&iacute; un grupo de doce misioneros que la tradici&oacute;n ha llamado, con evidente alusi&oacute;n a los or&iacute;genes de la predicaci&oacute;n apost&oacute;lica, los \u201cdoce Ap&oacute;stoles\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> Con la cruz en la mano anunciaron a Cristo Redentor y Se&ntilde;or; predicaron la conversi&oacute;n, y las multitudes recibieron las aguas regeneradoras del santo bautismo y la efusi&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p align=\"left\"> As&iacute;, estos pueblos se incorporaron a la Iglesia, como en el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, y la Iglesia se enriqueci&oacute; con los valores de su cultura. Los mismos misioneros encontraron en los ind&iacute;genas los mejores colaboradores para la misi&oacute;n, como mediadores en la catequesis, como int&eacute;rpretes y amigos para acercarlos a los nativos y facilitar una mejor inteligencia del mensaje de Jes&uacute;s. <\/p>\n<p align=\"left\"> Como ejemplo de ellos tenemos a Juan Diego, de quien se dice que acud&iacute;a a la catequesis en Tlaltelolco. Tambi&eacute;n a los ni&ntilde;os m&aacute;rtires de Tlaxcala, que en su tierna edad siguieron con entusiasmo a los misioneros franciscanos y dominicos, dispuestos a colaborar con ellos en la predicaci&oacute;n de la buena nueva del Evangelio. <\/p>\n<p align=\"left\"> 5. En los albores de la evangelizaci&oacute;n de M&eacute;xico tiene un lugar destacado y original el beato Juan Diego, cuyo nombre ind&iacute;gena, seg&uacute;n la tradici&oacute;n, era Cuauhtlat&oacute;huac, \u201cAguila que habla\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\"> Su amable figura es inseparable del hecho guadalupano, la manifestaci&oacute;n milagrosa y maternal de la Virgen, Madre de Dios, tanto en los monumentos iconogr&aacute;ficos y literarios como en la secular devoci&oacute;n que la Iglesia de M&eacute;xico ha manifestado por <i>este indio predilecto de Mar&iacute;a<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> A semejanza de los antiguos personajes b&iacute;blicos, que eran una representaci&oacute;n colectiva de todo el pueblo, podr&iacute;amos decir que Juan Diego representa a todos los ind&iacute;genas que acogieron el Evangelio de Jes&uacute;s, gracias a la ayuda maternal de Mar&iacute;a, inseparable siempre de la manifestaci&oacute;n de su Hijo y de la implantaci&oacute;n de la Iglesia, como lo fue su presencia entre los Ap&oacute;stoles el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s. <\/p>\n<p align=\"left\"> Las noticias que de &eacute;l nos han llegado encomian sus virtudes cristianas: su fe sencilla, nutrida en la catequesis y acogedora de los misterios; su esperanza y confianza en Dios y en la Virgen; su caridad, su coherencia moral, su desprendimiento y pobreza evang&eacute;lica. <\/p>\n<p align=\"left\"> Llevando vida de ermita&ntilde;o aqu&iacute;, junto al Tepeyac, fue ejemplo de humildad. La Virgen lo escogi&oacute; entre los m&aacute;s humildes para esa manifestaci&oacute;n condescendiente y amorosa cual es la aparici&oacute;n guadalupana. Un recuerdo permanente de esto es su rostro materno y su imagen bendita, que nos dej&oacute; como inestimable regalo. De esta manera quiso quedarse entre vosotros, como signo de comuni&oacute;n y de unidad de todos los que ten&iacute;an que vivir y convivir en esta tierra. <\/p>\n<p align=\"left\"> El reconocimiento del culto que, desde hace siglos, se ha dado al laico Juan Diego, reviste una importancia particular. Es una <i>fuerte llamada a todos los fieles laicos de esta naci&oacute;n<\/i> para que asuman todas sus responsabilidades en la transmisi&oacute;n del mensaje evang&eacute;lico y en el testimonio de una fe viva y operante en el &aacute;mbito de la sociedad mexicana. Desde este lugar privilegiado de Guadalupe, coraz&oacute;n del M&eacute;xico siempre fiel, deseo convocar a todo el laicado mexicano a comprometerse m&aacute;s activamente en la reevangelizaci&oacute;n de la sociedad. <\/p>\n<p align=\"left\"> Los fieles laicos participan en la funci&oacute;n prof&eacute;tica, sacerdotal y real de Cristo (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"> Lumen gentium<\/a><\/i>, 31), pero realizan esta vocaci&oacute;n en las condiciones ordinarias de la vida cotidiana. Su campo natural e inmediato de acci&oacute;n se extiende a todos los ambientes de la convivencia humana y a todo lo que forma parte de la cultura en su sentido m&aacute;s amplio y pleno. Como escrib&iacute; en la Exhortaci&oacute;n Apost&oacute;lica \u201c Christifideles Laici \u201d: \u201cPara animar cristianamente el orden temporal <font face=\"Times New Roman\">\u2014<\/font>en el sentido se&ntilde;alado de servir a la persona y a la sociedad<font face=\"Times New Roman\">\u2014<\/font> los fieles laicos de ning&uacute;n modo pueden abdicar de la participaci&oacute;n en la pol&iacute;tica, es decir, de la multiforme y variada acci&oacute;n econ&oacute;mica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover org&aacute;nica e institucionalmente el bien com&uacute;n\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_30121988_christifideles-laici.html\">Christifideles Laici<\/a><\/i>, 42). <\/p>\n<p align=\"left\"> Hombres y mujeres cat&oacute;licos de M&eacute;xico, vuestra vocaci&oacute;n cristiana es, por su misma naturaleza, <i>vocaci&oacute;n al apostolado<\/i>. (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651118_apostolicam-actuositatem_sp.html\"> Apostolicam actuositatem<\/a><\/i>, 3) No pod&eacute;is, por tanto, permanecer indiferentes ante el sufrimiento de vuestros hermanos: ante la pobreza, la corrupci&oacute;n, los ultrajes a la verdad y a los derechos humanos. Deb&eacute;is ser sal de la tierra y luz del mundo (cf. <i>Mt<\/i> 5, 13-14). Por eso el Se&ntilde;or os repite hoy: \u201cBrille as&iacute; vuestra luz delante de los hombres para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que est&aacute; en los cielos\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 5, 16). <\/p>\n<p align=\"left\"> Brille tambi&eacute;n ante vosotros desde ahora Juan Diego, elevado por la Iglesia al honor de los altares, y al que podemos invocar como <i>protector y abogado de los ind&iacute;genas<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> 6. Con inmenso gozo he proclamado tambi&eacute;n <i>beatos a los tres ni&ntilde;os m&aacute;rtires de Tlaxcala<\/i>: Crist&oacute;bal, Antonio y Juan. En su tierna edad fueron atra&iacute;dos por la palabra y el testimonio de los misioneros y se hicieron sus colaboradores, como catequistas de otros ind&iacute;genas. Son un ejemplo sublime y aleccionador de c&oacute;mo la evangelizaci&oacute;n es una <i>tarea de todo el pueblo de Dios<\/i>, sin que nadie quede excluido, ni siquiera los ni&ntilde;os. <\/p>\n<p align=\"left\"> Con la Iglesia de Tlaxcala y de M&eacute;xico me complace poder ofrecer a toda Am&eacute;rica Latina y a la Iglesia universal este ejemplo de piedad infantil de generosidad apost&oacute;lica y misionera, coronada por la gracia del martirio. <\/p>\n<p align=\"left\"> En la Exhortaci&oacute;n Apost&oacute;lica \u201c Christifideles Laici \u201d quise poner particularmente de relieve que la inocencia de los ni&ntilde;os \u201cnos recuerda que la fecundidad misionera de la Iglesia tiene su ra&iacute;z vivificante, no en los medios y m&eacute;ritos humanos, sino en el don absolutamente gratuito de Dios\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_30121988_christifideles-laici.html\">Christifideles Laici<\/a><\/i>, 47). Ojal&aacute; el ejemplo de estos ni&ntilde;os beatificados suscite una inmensa multitud de peque&ntilde;os ap&oacute;stoles de Cristo entre los muchachos y muchachas de Latinoam&eacute;rica y del mundo entero, que enriquezcan espiritualmente nuestra sociedad tan necesitada de amor. <\/p>\n<p align=\"left\"> 7. La gracia del Esp&iacute;ritu Santo resplandece tambi&eacute;n hoy en otra figura <i>que reproduce los rasgos del Buen Pastor<\/i>: el padre Jos&eacute; Mar&iacute;a de Yermo y Parres. En &eacute;l est&aacute;n delineados con claridad los trazos del aut&eacute;ntico sacerdote de Cristo, porque el sacerdocio fue el centro de su vida y la santidad sacerdotal su meta. Su intensa dedicaci&oacute;n a la oraci&oacute;n y al servicio pastoral de las almas, as&iacute; como su dedicaci&oacute;n espec&iacute;fica al apostolado entre los sacerdotes con retiros espirituales, acreciente el inter&eacute;s por su figura, especialmente ahora que el pr&oacute;ximo S&iacute;nodo de los Obispos se ocupar&aacute; tambi&eacute;n de la formaci&oacute;n de los sacerdotes del futuro. <\/p>\n<p align=\"left\"> Ap&oacute;stol de la caridad, como lo llamaron sus contempor&aacute;neos, el padre Jos&eacute; Mar&iacute;a uni&oacute; el amor a Dios y el amor al pr&oacute;jimo, s&iacute;ntesis de la perfecci&oacute;n evang&eacute;lica, con una gran devoci&oacute;n al Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s y con un amor particular hacia los pobres. Su celo ardiente por la gloria de Dios lo llevaba tambi&eacute;n a desear que todos fueran aut&eacute;nticos misioneros. <\/p>\n<p align=\"left\"> Todos misioneros. Todos ap&oacute;stoles del coraz&oacute;n de Cristo. Especialmente sus hijas, la congregaci&oacute;n que &eacute;l fund&oacute;, las Siervas del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s y de los Pobres, a las cuales dej&oacute; como herencia carism&aacute;tica dos amores: Cristo y los pobres. Estos dos amores eran la llama de su coraz&oacute;n y ten&iacute;an que ser siempre la gloria m&aacute;s pura de sus hijas. <\/p>\n<p align=\"left\"> 8. Queridos hermanos y hermanas, en este cuarto domingo de Pascua, toda la Iglesia celebra a Cristo el Buen Pastor que, sufriendo por nuestros pecados, ha dado la vida por nosotros, sus ovejas, y nos ha dejado a la vez un ejemplo para que sigamos sus huellas (cf. <i>1P<\/i> 2, 21). El Buen Pastor conoce sus ovejas y sus ovejas lo conocen a El (cf. <i>Jn<\/i> 10, 14). <\/p>\n<p align=\"left\"> Juan Diego, los ni&ntilde;os m&aacute;rtires de Tlaxcala, Crist&oacute;bal, Antonio y Juan, Jos&eacute; Mar&iacute;a de Yermo y Parres, siguieron con perseverancia las huellas de Cristo, Buen Pastor. Su beatificaci&oacute;n en este domingo en que la Iglesia celebra tambi&eacute;n la Jornada mundial de oraci&oacute;n por las vocaciones es una llamada urgente a todos para que desde la propia vocaci&oacute;n vayamos a trabajar en la vi&ntilde;a del Se&ntilde;or. <\/p>\n<p align=\"left\"> En los cinco nuevos beatos se refleja la pluralidad de las vocaciones y en ellos tenemos un ejemplo de c&oacute;mo toda la Iglesia tiene que ponerse en marcha <i>para evangelizar y dar testimonio de Cristo<\/i>. Los fieles laicos, tanto los ni&ntilde;os y los j&oacute;venes, como los mayores, los sacerdotes, los religiosos y las religiosas. Todos tienen que escuchar y seguir el llamamiento del Se&ntilde;or Jes&uacute;s: \u201cId tambi&eacute;n vosotros a mi vi&ntilde;a\u201d (<i>Mt<\/i> 20, 4). <\/p>\n<p align=\"left\"> 9. En nuestra celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica de hoy Cristo nos repite de nuevo: \u201cOs aseguro que yo soy la puerta de las ovejas\u201d (<i>Jn<\/i> 10, 7). La puerta nos abre la entrada en la casa. La puerta que es Cristo nos introduce en la \u201ccasa del Padre donde hay muchas mansiones\u201d (cf. <i>Ib&iacute;d<\/i>., 14, 2). El Buen Pastor, con palabras severas y categ&oacute;ricas, advierte tambi&eacute;n que hay que guardarse de todos aquellos que no son \u201c la puerta de las ovejas \u201d. El los llama ladrones y salteadores. Son quienes no buscan el bien de las ovejas sino su propio provecho mediante la falsedad y el enga&ntilde;o. Por eso, el Se&ntilde;or nos ense&ntilde;a cu&aacute;l es la prueba definitiva del desinter&eacute;s y el servicio: estar dispuestos a dar la vida por los dem&aacute;s (cf. <i>Ib&iacute;d<\/i>., 10, 11). <\/p>\n<p align=\"left\"> Esta es tambi&eacute;n la gran lecci&oacute;n de estos hijos de la tierra de M&eacute;xico que hoy hemos elevado al honor de los altares: siguieron a Cristo y, como El, hicieron de sus vidas un testimonio de amor. La muerte no los ha vencido. Les ha abierto de par en par las puertas de la otra vida, la vida eterna.<\/p>\n<p align=\"left\"> Desde este santuario de la Virgen Mar&iacute;a de Guadalupe, queremos darle gracias a Ella que es la Madre de Dios, la patrona de M&eacute;xico y de toda Am&eacute;rica Latina, porque en estos cinco nuevos beatos se han realizado las palabras del Buen Pastor: <\/p>\n<p align=\"left\"> \u201cYo he venido para que tengan vida y la tengan abundante\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 100, 10).<\/p>\n<hr \/>\n<p>&iexcl;Qu&eacute; gozo encontrarme de nuevo entre vosotros y a los pies de la Virgen de Guadalupe! <\/p>\n<p>Mi coraz&oacute;n se eleva en acci&oacute;n de gracias a Dios porque, en su providencia amorosa, me permite estar entre los queridos hijos e hijas de M&eacute;xico, para compartir unas jornadas de fe unidos en el amor a Jesucristo. <\/p>\n<p>Agradezco desde lo m&aacute;s hondo de mi coraz&oacute;n vuestra presencia aqu&iacute; esta tarde, para celebrar, junto con el Papa, la beatificaci&oacute;n de cinco hijos predilectos de estas tierras que Dios ha querido bendecir de modo especial y que ha puesto bajo la protecci&oacute;n materna de Nuestra Se&ntilde;ora de Guadalupe. <\/p>\n<p>Al volver a vuestras casas llevad a todos el saludo afectuoso del Papa. He venido a visitaros porque os amo, porque represent&aacute;is una porci&oacute;n escogida de la Iglesia de Cristo, porque deseo estar cerca de quienes m&aacute;s lo necesitan: los pobres, los enfermos, cuantos sufren en el cuerpo o en el esp&iacute;ritu. <\/p>\n<p>Desde el coraz&oacute;n de M&eacute;xico que es Guadalupe bendigo a todos y os encomiendo a la protecci&oacute;n de la Virgen. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1990 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A M&Eacute;XICO Y CURA&Ccedil;AO BEATIFICACI&Oacute;N DE JUAN DIEGO Y DE OTROS SIERVOS DE DIOS HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Ciudad de M&eacute;xicoDomingo 6 de mayo de 1990 &nbsp; \u201cCristo&#8230;, cargado con nuestros pecados, subi&oacute; al madero de la cruz&#8230;, por sus llagas hab&eacute;is sido curados\u201d (1P 2, 21. 24. 25). 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