{"id":39972,"date":"2016-10-05T23:24:12","date_gmt":"2016-10-06T04:24:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-mayo-de-1990santa-misa-para-los-campesinos-mineros-y-emigrantes-en-zacatecas\/"},"modified":"2016-10-05T23:24:12","modified_gmt":"2016-10-06T04:24:12","slug":"12-de-mayo-de-1990santa-misa-para-los-campesinos-mineros-y-emigrantes-en-zacatecas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-mayo-de-1990santa-misa-para-los-campesinos-mineros-y-emigrantes-en-zacatecas\/","title":{"rendered":"12 de mayo de\u00a01990,Santa Misa para los campesinos, mineros y emigrantes, en Zacatecas"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/1990\/travels\/documents\/trav_messico.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A M&Eacute;XICO Y CURA&Ccedil;AO<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA PARA LOS CAMPESINOS, LOS MINEROS Y LOS EMIGRANTES<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"4\"> HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">Zacatecas (M&eacute;xico)<br \/>S&aacute;bado 12 de mayo de 1990<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <i>\u201c&iquest;No es &eacute;ste el carpintero, el hijo de Mar&iacute;a?\u201d<\/i> (<i>Mc<\/i> 6, 3). <\/p>\n<p align=\"left\"> 1. Esta era la pregunta que se hac&iacute;a la gente de Nazaret cuando Jes&uacute;s comenz&oacute; a ense&ntilde;ar, un s&aacute;bado, all&iacute; mismo en su tierra. Mientras Jes&uacute;s cumpl&iacute;a su misi&oacute;n mesi&aacute;nica, &laquo;la multitud, al o&iacute;rle quedaba maravillada y dec&iacute;a: \u201c&iquest;De d&oacute;nde le viene esto? Y <i>&iquest;qu&eacute; sabidur&iacute;a es &eacute;sta que le ha sido dada? &iquest;Y esos milagros hechos por sus manos?<\/i> &iquest;No es &eacute;ste el carpintero, el hijo de Mar&iacute;a&#8230;?\u201d&raquo; (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 6, 23)<\/p>\n<p align=\"left\"> .S&iacute;, es cierto, Jesucristo, el Hijo Unig&eacute;nito del Padre eterno que ha revelado la sabidur&iacute;a divina a trav&eacute;s de sus propias palabras, que ha revelado la potencia de Dios por medio de sus obras, <i>&iexcl;era el carpintero<\/i>, nacido de Mar&iacute;a! De esta manera, el Hijo de Dios quiso hacerse semejante a todos los trabajadores, a vosotros, queridos hermanos y hermanas, que transcurr&iacute;s vuestros d&iacute;as dedicados a un trabajo duro y fatigoso.<\/p>\n<p align=\"left\"> El Hijo de Dios, ocup&aacute;ndose durante la mayor parte de su vida terrena, d&iacute;a tras d&iacute;a, en un trabajo manual, pone de manifiesto <i>la gran dignidad del trabajo humano<\/i>. Puede decirse, de alg&uacute;n modo, que &eacute;ste es el primer evangelio que Cristo predica. <\/p>\n<p align=\"left\"> 2. El Papa desea dirigirse hoy en particular a los trabajadores: a los campesinos, a los mineros, a todos los que con su actividad laboral son la base y el fundamento de la vida social del Estado de Zacatecas y a todos los que con su sudor cooperan cada d&iacute;a en la construcci&oacute;n de la Rep&uacute;blica Mexicana. Saludo tambi&eacute;n a quienes os siguen siempre con especial afecto: al se&ntilde;or obispo monse&ntilde;or Javier Lozano Barrag&aacute;n, a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas. Mi saludo va asimismo a las autoridades y a todas las familias, a los pobladores de esta regi&oacute;n y a los habitantes de esta hermosa ciudad de Zacatecas. Un poeta nacido en estas tierras deseaba que el Papa pudiera escuchar las campanas de la catedral: ya las he o&iacute;do con gozo, como he o&iacute;do tambi&eacute;n vuestros cantos llenos de alegr&iacute;a. Saludo igualmente a los venidos de di&oacute;cesis vecinas como Guadalajara, San Luis Potos&iacute;, Le&oacute;n, Quer&eacute;taro, Celaya, Autl&aacute;n, Ciudad Guzm&aacute;n, Tepic y otras. A todos dirijo mi saludo entra&ntilde;able colmado por el gozo de sentirnos &iacute;ntimamente unidos en la fe y en el amor.<\/p>\n<p align=\"left\"> Quiero recordar tambi&eacute;n a quienes, por diversas circunstancias, han debido emigrar de esta tierra, vi&eacute;ndose obligados a buscar en otra su sustento. Tambi&eacute;n Jes&uacute;s, como muchos de vosotros o de vuestros compatriotas, hubo de emigrar de su tierra, siendo todav&iacute;a ni&ntilde;o, para huir de la injusta persecuci&oacute;n de Herodes. S&iacute;, el Se&ntilde;or sufri&oacute; tambi&eacute;n la injusticia de tener que abandonar su tierra. <\/p>\n<p align=\"left\"> 3. <i>\u201cEra necesario anunciaros a vosotros en primer lugar la Palabra de Dios\u201d<\/i> (<i>Hch<\/i> 13, 46), hemos escuchado en la primera lectura de nuestra celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica.<\/p>\n<p align=\"left\"> Al igual que los Ap&oacute;stoles en aquellos tiempos, la Iglesia de nuestros d&iacute;as es consciente de este deber. Es necesario proclamar la palabra de Dios a todos los hombres, porque Cristo, enviado del Padre, vino para ser luz del mundo, para llevar la salvaci&oacute;n hasta los confines de la tierra (cf. <i>Hch<\/i> 13, 47).<\/p>\n<p align=\"left\"> En una &eacute;poca como la nuestra, marcada profundamente por el dinamismo del trabajo humano, la Iglesia siente la urgente necesidad de proclamar la palabra de Dios, el evangelio, <i>de modo particular a los hombres del trabajo y precisamente sobre el tema del trabajo<\/i>. Los tiempos actuales reclaman de manera apremiante que siga anunci&aacute;ndose \u201cel evangelio del trabajo\u201d.<\/p>\n<p align=\"left\"> La Iglesia, atenta siempre a los signos de los tiempos, no ha dejado de anunciar el mensaje evang&eacute;lico sobre el trabajo y los problemas relacionados con &eacute;l. Por esto mismo, el Papa quiere hoy invitar a todos a acoger con alegr&iacute;a la palabra de Dios, el evangelio del trabajo, a redescubrir en Cristo, al Hijo de Dios, el carpintero, como modelo de vuestras vidas de trabajadores cristianos.<\/p>\n<p align=\"left\"> 4. Como Pastor de la Iglesia universal vengo a visitaros, querid&iacute;simos hermanos y hermanas, para traeros un mensaje de esperanza, un llamado a construir una sociedad fundada <i>en el amor, en la solidaridad, en la justicia<\/i>. Al veros aqu&iacute;, campesinos, mineros, hombres y mujeres del mundo del trabajo, mi coraz&oacute;n se eleva en acci&oacute;n de gracias por el don de la fe que, como gran tesoro supieron cultivar vuestros antepasados y que vosotros trat&aacute;is de encarnar en vuestras vidas y transmitir a vuestros hijos. Vienen a mi mente y a mi coraz&oacute;n aquellas palabras de Jes&uacute;s: \u201cYo te bendigo, Padre, Se&ntilde;or del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios y prudentes y se las has revelado a peque&ntilde;os\u201d (<i>Mt<\/i> 11, 25). Hoy, en Zacatecas, entre vosotros, esta plegaria del Se&ntilde;or resuena con tono vibrante porque a los sencillos de coraz&oacute;n ha querido Dios manifestar las riquezas de su Reino.<\/p>\n<p align=\"left\"> Vosotros, campesinos, cumpl&iacute;s cabalmente el mandato del Se&ntilde;or de cultivar la tierra para que produzca los alimentos necesarios al sustento de todos. &iexcl;Cu&aacute;ntos de vosotros pas&aacute;is toda la vida sometidos al duro trabajo del campo, recibiendo quiz&aacute;s salarios insuficientes, sin la esperanza de conseguir un d&iacute;a un pedazo de tierra en propiedad, con problemas de vivienda, de inseguridad social, preocupados por el porvenir de vuestros hijos! Y los que sois peque&ntilde;os propietarios, &iexcl;cu&aacute;ntas dificultades deb&eacute;is de afrontar para obtener cr&eacute;ditos suficientes con intereses moderados, cu&aacute;ntos riesgos hasta llevar la cosecha a buen t&eacute;rmino, cu&aacute;ntas dificultades para conseguir una mejor capacitaci&oacute;n agr&iacute;cola! <\/p>\n<p align=\"left\"> Ante este panorama, a muchos asalta la tentaci&oacute;n seductora de marcharse a la ciudad donde, por desgracia, se ver&aacute;n obligados a aceptar condiciones de vida todav&iacute;a mas deshumanizantes. <\/p>\n<p align=\"left\"> La soluci&oacute;n a los nuevos problemas del campo requiere la <i>colaboraci&oacute;n solidaria de todos los sectores de la sociedad<\/i>. Hoy el trabajo agr&iacute;cola est&aacute; vinculado a la comercializaci&oacute;n de los productos, a su adecuada distribuci&oacute;n, a los mecanismos econ&oacute;micos y jur&iacute;dicos que deciden la pol&iacute;tica comercial a nivel nacional e internacional. Mas, no es justo que intereses de grupos, no tengan en cuenta las exigencias del bien com&uacute;n ni las necesidades cada d&iacute;a mas insoslayables de los campesinos, y pongan la ganancia a toda costa como &uacute;nica meta a conseguir. <\/p>\n<p align=\"left\"> 5. Vosotros, mineros, llev&aacute;is las marcas de la dureza de la mina de donde extra&eacute;is los minerales que durante siglos han sido fuente de riqueza para M&eacute;xico. En vuestros semblantes se dejan traslucir las se&ntilde;ales de la soledad, de la fatiga, de las privaciones propias de una vida austera que ha forjado en vosotros un temple recio, capaz de resistir al cansancio, al sufrimiento y a la adversidad. <\/p>\n<p align=\"left\"> Conozco las dificultades de vuestra situaci&oacute;n actual y quiero aseguraros que la Iglesia, como Madre sol&iacute;cita de todos, os acompa&ntilde;a en vuestras leg&iacute;timas aspiraciones. Como ya indiqu&eacute; en mi Enc&iacute;clica sobre el trabajo humano &laquo;la Iglesia est&aacute; vivamente comprometida en esta causa, porque la considera como su misi&oacute;n, su servicio, como la verificaci&oacute;n de su fidelidad a Cristo, para ser verdaderamente la \u201cIglesia de los pobres\u201d&raquo; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0037\/__PA.HTM\">Laborem exercens<\/a><\/i>, 8).<\/p>\n<p align=\"left\"> Sed vosotros mismos, queridos trabajadores, asistidos siempre por vuestra fe en Dios y por vuestra honradez, por vuestro esfuerzo colectivo y apoy&aacute;ndoos en adecuadas <i>formas de asociaci&oacute;n para defender vuestros derechos<\/i>, los art&iacute;fices incansables de un desarrollo integral, que tenga el sello de vuestra propia humanidad y de vuestra concepci&oacute;n cristiana de la vida.<\/p>\n<p align=\"left\"> Los valores y actitudes del hombre del campo, de la mina, como son la sabidur&iacute;a caracter&iacute;stica de quien est&aacute; en contacto con la naturaleza, la capacidad de ser agradecidos y de compartir con los dem&aacute;s, la sencillez de vuestras costumbres, la piedad popular, especialmente, vuestra acendrada devoci&oacute;n a la Sant&iacute;sima Virgen, el amor a la familia, y el sentido transcendente de la vida son un tesoro que hab&eacute;is de conservar y hacer fructificar en bien de toda la comunidad nacional.<br \/>Especialmente a lo largo de este &uacute;ltimo siglo, cuando m&aacute;s acuciantes se han hecho los problemas laborales, la Iglesia ha dejado o&iacute;r su voz con insistencia, bien para denunciar la injusta degradaci&oacute;n a la que en tantas ocasiones se ven sometidos los trabajadores, bien para proclamar la dignidad y el valor de todo trabajo humano. La Iglesia, tambi&eacute;n cuando habla sobre el trabajo humano, <i>no cesa de proclamar la palabra de Dios<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> 6. El evangelio del trabajo nos ense&ntilde;a que cualquier labor humana, por dif&iacute;ciles que sean las circunstancias en que se realice, puede y debe ser fuente de progreso social y de maduraci&oacute;n personal. S&iacute;, vuestro trabajo, en el campo o en la mina, cualquier ocupaci&oacute;n humana honesta, puede y debe ser ocasi&oacute;n para alabar a Dios y encontrar a Cristo. S&iacute;, el trabajo debe ser instrumento de vuestro desarrollo humano y sobrenatural. Es el medio habitual que el hombre tiene para forjar tambi&eacute;n su destino eterno. Esta es la gran dignidad del trabajo humano. <\/p>\n<p align=\"left\"> El cristiano ha de contemplar con los ojos de la fe su propio trabajo. En &eacute;l puede descubrir un horizonte de grandeza para la propia vida; a medida que pong&aacute;is en pr&aacute;ctica el evangelio, comprender&eacute;is que vuestra tarea habitual, en el campo, en la mina, all&aacute; donde desarroll&eacute;is vuestra actividad laboral, os conduce a la plenitud de vuestro existir cuando sab&eacute;is convertirla en ofrenda grata a Dios. <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Haceos imitadores de Cristo! El es la luz para las naciones (cf. <i>Hch<\/i> 13, 47). Jes&uacute;s de Nazaret, el carpintero, ilumina con su vida de trabajo vuestra vida de trabajadores cristianos. Vosotros, hombres y mujeres del mundo laboral, iluminad tambi&eacute;n vuestro ambiente de trabajo con la luz de Cristo y divulgad con vuestras vidas la palabra de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\"> 7. &iexcl;Acoged el evangelio del trabajo! S&oacute;lo as&iacute; sabr&eacute;is afrontar las dificultades con esp&iacute;ritu cristiano, con decisi&oacute;n y valent&iacute;a, esforz&aacute;ndoos por encontrar las soluciones mejores a los diversos problemas laborales. Con la valent&iacute;a propia del cristiano que, sin admitir odios ni venganzas, sabe ser fuerte para cumplir cabalmente sus deberes y exigir el cabal cumplimiento de sus derechos. Con valent&iacute;a cristiana, que no acepta el pesimismo ni la desesperanza; que impide refugiarse en el consuelo f&aacute;cil de los placeres ef&iacute;meros, como el alcohol, o la droga; que no recurre a falsas soluciones, cuyo &uacute;nico efecto es destruir la dignidad humana como la prostituci&oacute;n, la delincuencia o la complicidad con la corrupci&oacute;n; que rechaza cualquier ofrecimiento que implique colaborar en la difusi&oacute;n del mal para asegurarse una mejor posici&oacute;n econ&oacute;mica. <\/p>\n<p align=\"left\"> Sabr&eacute;is tambi&eacute;n de este modo, afrontar las dificultades laborales con sentido de responsabilidad, conscientes de que el presente y el futuro de vuestra Patria est&aacute; tambi&eacute;n en vuestras manos y depende de vuestro trabajo. Vuestra tierra os pide un esfuerzo generoso, decidido, lleno de sana ambici&oacute;n para el momento actual y para el futuro. <\/p>\n<p align=\"left\"> 8. \u201cBendito seas, Se&ntilde;or, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos, &eacute;l ser&aacute; para nosotros pan de vida\u201d(<i>Lit. Euchar.<\/i>, Offertorium) . <\/p>\n<p align=\"left\"> Con estas palabras alaba la Iglesia a Dios cada d&iacute;a en la liturgia eucar&iacute;stica, ofreci&eacute;ndole el pan y el vino, fruto de la tierra, fruto de la vid, y del trabajo del hombre. As&iacute; la Iglesia presenta cada d&iacute;a a Dios el trabajo humano, el trabajo f&iacute;sico o intelectual, para que el Se&ntilde;or lo acoja junto con el sacrifico redentor el trabajo divino de su Hijo Jesucristo. El trabajo humano, al prolongar la obra creadora de Dios, unido al sacrificio de Cristo, es convertido por El en fuente de vida eterna.<\/p>\n<p align=\"left\"> \u201cCantad al Se&ntilde;or un c&aacute;ntico nuevo, porque ha hecho maravillas\u201d. Son palabras de la liturgia de hoy. Ciertamente Dios ha hecho maravillas, destin&aacute;ndolas a todos los hombres. Por eso todos nosotros hemos de cantar al Se&ntilde;or. Y hemos de cantar un c&aacute;ntico nuevo, el canto de nuestro trabajo que presenta a Dios los dones recibidos de sus manos, transformados por nuestro esfuerzo.<\/p>\n<p align=\"left\"> \u201cCantad al Se&ntilde;or un c&aacute;ntico nuevo\u201d (<i>Sal<\/i> 97 [96], 1). <\/p>\n<p align=\"left\"> Con vuestro trabajo diario, &iexcl;cantad al Se&ntilde;or!<\/p>\n<p align=\"left\"> Desde el campo, desde la mina, con vuestro esfuerzo, con vuestro sudor, con vuestra vida de trabajo sacrificada y alegre, &iexcl;cantad al Se&ntilde;or! <\/p>\n<p align=\"left\"> Con vuestra vida entera de campesinos cristianos, de mineros cristianos, de emigrantes cristianos, &iexcl;cantad al Se&ntilde;or! <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Alabad al Se&ntilde;or con vuestras vidas todos los trabajadores mexicanos! <\/p>\n<p align=\"left\"> 9. \u201c&iquest;No es &eacute;ste el carpintero, el hijo de Mar&iacute;a?\u201d (<i>Mc<\/i> 6, 3). <\/p>\n<p align=\"left\"> S&iacute;, Jes&uacute;s, aquel carpintero de Nazaret, es el hijo de Mar&iacute;a. Para vosotros, trabajadoras y trabajadores de M&eacute;xico, Mar&iacute;a es tambi&eacute;n vuestra Madre. <\/p>\n<p align=\"left\"> Que desde sus santuarios, y particularmente desde su sede de Guadalupe, Mar&iacute;a vele sobre el trabajo de todos sus hijos e hijas mexicanos. Que Ella os acerque, a vosotros y vuestro trabajo, a su Hijo, el Carpintero. Este Carpintero de Nazaret es el Redentor del hombre. El es el Salvador del mundo.<\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1990 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A M&Eacute;XICO Y CURA&Ccedil;AO SANTA MISA PARA LOS CAMPESINOS, LOS MINEROS Y LOS EMIGRANTES HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Zacatecas (M&eacute;xico)S&aacute;bado 12 de mayo de 1990 &nbsp; \u201c&iquest;No es &eacute;ste el carpintero, el hijo de Mar&iacute;a?\u201d (Mc 6, 3). 1. 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