{"id":39974,"date":"2016-10-05T23:25:59","date_gmt":"2016-10-06T04:25:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/14-de-diciembre-de-1991-celebracion-eucaristica-para-la-clausura-de-la-asamblea-especial-para-europa-del-sinodo-de-los-obispos-2\/"},"modified":"2016-10-05T23:25:59","modified_gmt":"2016-10-06T04:25:59","slug":"14-de-diciembre-de-1991-celebracion-eucaristica-para-la-clausura-de-la-asamblea-especial-para-europa-del-sinodo-de-los-obispos-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/14-de-diciembre-de-1991-celebracion-eucaristica-para-la-clausura-de-la-asamblea-especial-para-europa-del-sinodo-de-los-obispos-2\/","title":{"rendered":"14 de diciembre de 1991, Celebraci\u00f3n eucar\u00edstica para la clausura de la Asamblea especial para Europa del S\u00ednodo de los Obispos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA PARA LA CLAUSURA DE LA ASAMBLEA ESPECIAL PARA EUROPA DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><b><font color=\"#663300\" size=\"4\"><i>MIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II <\/i><\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>S&aacute;bado 14 de diciembre de 1991<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p>l. Nos encontramos una vez m&aacute;s en la bas&iacute;lica de San Pedro para celebrar juntos la Eucarist&iacute;a, <i>que es acci&oacute;n de gracias. <\/i><\/p>\n<p>Demos gracias a Cristo, nuestro Se&ntilde;or, porque mora en nosotros. Este es un misterio para nuestros corazones y para nuestras conciencias, que encuentra su fundamento en la promesa evang&eacute;lica: &laquo;Si alguno me ama &#8230; , mi Padre le amar&aacute; y <i>vendremos a &eacute;l, y haremos morada en &eacute;l<\/i>&raquo;<i> <\/i>(<i>Jn <\/i>14, 23). <\/p>\n<p>Demos gracias a Cristo, nuestro Se&ntilde;or, porque mora en nosotros juntamente con el Padre. <\/p>\n<p><i>Demos gracias por el Consolador <\/i>que &eacute;l nos prometi&oacute; en el Cen&aacute;culo: &laquo;el Esp&iacute;ritu Santo, que el Padre enviar&aacute; en mi nombre, os lo ense&ntilde;ar&aacute; todo&raquo; (<i>Jn <\/i>14,26). <\/p>\n<p>Demos gracias por e! misterio de la Sant&iacute;sima Trinidad, que es la unidad de la divinidad. Demos gracias por el <i>misterio de la Trinidad, que se ha convertido en la divina &laquo;oikonom&iacute;a&raquo; de la historia de la salvaci&oacute;n. <\/i>Demos gracias por el Esp&iacute;ritu de la verdad, que el Padre nos manda constantemente por obra de su Hijo, en su nombre, en el poder de su misterio pascual. Demos gracias por la divina misi&oacute;n del Esp&iacute;ritu de la verdad en nosotros y en medio de nosotros durante este S&iacute;nodo, que ha sido una manifestaci&oacute;n particular de nuestro servicio con respecto a Europa en el fin del segundo milenio del cristianismo y en los umbrales del tercero. <\/p>\n<p>2. <i>&iquest;Qu&eacute; podemos decir a esta Europa? <\/i>&iquest;Qu&eacute; podemos decir, sino lo que dec&iacute;a el ap&oacute;stol Pablo, uno de los primeros llamados a visitar el nuevo continente? Recordando sus palabras, deseamos decir a Europa en el <i>Anno Domini <\/i>1991: <i>&laquo;el amor de Cristo nos impulsa&raquo; <\/i>(<i>2 Co<\/i> 5, 14). <\/p>\n<p>Esta es la palabra apost&oacute;lica, fundamental y, al mismo tiempo, siempre nueva, la palabra de hoy y de ma&ntilde;ana. <i>Cristo nos ha amado &quot;hasta el extremo&raquo; <\/i>(cf. <i>Jn <\/i>13, 1). Ning&uacute;n l&iacute;mite de tiempo pone un t&eacute;rmino a este amor. Ning&uacute;n cambio de generaciones, civilizaciones o mentalidades puede hacer que pierda actualidad este amor. <\/p>\n<p>Cristo <i>&laquo;muri&oacute; por todos&raquo; <\/i>(<i>2 Co<\/i> 5, 15) Y muri&oacute; &laquo;para que ya no vivan para s&iacute; los que viven, sino para aquel que muri&oacute; y resucit&oacute; por ellos&raquo; (<i>2 Co<\/i> 5, 15). <\/p>\n<p>La cruz de Cristo tiene fuerza redentora: &laquo;muri&oacute; y resucit&oacute;&raquo;. <i>La muerte de Cristo confirma, <\/i>en primer lugar, <i>la verdad acerca del hombre, <\/i>seg&uacute;n la cual &eacute;l es la &uacute;nica criatura en el mundo visible a la que el Creador ha amado &laquo;por s&iacute; misma&raquo; (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a>, <\/i>24). Al mismo tiempo, esta muerte salv&iacute;fica revela hasta el fondo otra dimensi&oacute;n de la verdad acerca del hombre: que &laquo;no puede encontrar su propia plenitud, si no es en la entrega sincera de s&iacute; mismo a los dem&aacute;s&raquo; <i>(ib.). <\/i><\/p>\n<p>La cruz de Cristo inscribe, siempre de forma nueva, esta verdad en la historia del hombre, la inscribe en la conciencia humana. Sobre la muerte de Cristo se ha colocado <i>el sello <\/i>irreversible <i>de la resurrecci&oacute;n y de la vida. <\/i><\/p>\n<p>3. As&iacute;, pues, &laquo;el amor de Cristo nos impulsa&raquo;. Existe <i>un impulso <\/i>que atraviesa la historia del hombre y que guarda relaci&oacute;n con su vinculaci&oacute;n al mundo visible, con la creaci&oacute;n. Ese impulso <i>se manifiesta en un progreso multiforme. <\/i><\/p>\n<p>Y existe otro impulso, el que procede de Cristo, el impulso que nace de su amor: &laquo;el que est&aacute; en Cristo, es una nueva creaci&oacute;n&raquo; (<i>2 Co<\/i> 5, 17). <\/p>\n<p><i>&iquest;C&oacute;mo reconciliar &laquo;una nueva creaci&oacute;n&raquo; con el progreso terreno? <\/i>El concilio Vaticano II record&oacute; que esa reconciliaci&oacute;n constituye la misi&oacute;n permanente de la Iglesia; el desaf&iacute;o para todos los que, guiados por el Esp&iacute;ritu Santo, se transforman en hijos en el Hijo; <i>el desaf&iacute;o para nosotros, los pastores de la Iglesia. <\/i><\/p>\n<p>&laquo;En Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres, sino poniendo en nosotros la palabra de la reconciliaci&oacute;n&raquo; (<i>2 Co<\/i> 5, 19). <\/p>\n<p> &iquest;De qu&eacute; modo debemos actuar como embajadores de Cristo? (cf.<br \/>\n<i>2 Co<\/i> 5, 20). &iquest;<br \/>\n<i>C&oacute;mo debemos suplicar y exhortar <\/i>a la antigua y siempre nueva Europa:<br \/>\n<i>&laquo;reconciliaos con Dios&raquo;? <\/i>(cf.<br \/>\n<i> ib.<\/i>)<br \/>\n<i>. <\/i>La respuesta est&aacute; en el amor de Cristo, que nos impulsa. <\/p>\n<p>4. Demos gracias por <i>el S&iacute;nodo, <\/i>que ha sido para nosotros un nuevo impulso hacia el amor. <\/p>\n<p>Al clausurar los trabajos realizados en nuestra asamblea sinodal, deseamos volver a las Iglesias de nuestras patrias europeas <i>como portadores de la paz de Cristo: <\/i>&laquo;Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro coraz&oacute;n, ni se acobarde&raquo; <i>(Jn <\/i>14, 27). <\/p>\n<p>Esta nueva alianza de paz <i>est&aacute; inscrita en el misterio de la Eucarist&iacute;a, <\/i>que estamos para celebrar. <\/p>\n<p>En esta Europa, que aspira a su unidad, existen muchas inquietudes. Existen <i>muchas amenazas y tensiones <\/i>actuales y potenciales, que impulsan en sentido contrario al que Cristo quiso. <\/p>\n<p><i>&iquest;La Iglesia lograr&aacute; ser promotora de paz verdadera? <\/i>&iquest;Lograr&aacute; merecer la bienaventuranza destinada a &laquo;los que trabajan por la paz&raquo;? &iquest;Podr&aacute; trasladar la reconciliaci&oacute;n, con la que Cristo ha reconciliado al mundo consigo mismo, a las dimensiones interhumanas e internacionales? <\/p>\n<p><i>Esta es una pregunta clave para el futuro <\/i>de Europa y del mundo. Una pregunta fundamental tambi&eacute;n para la misi&oacute;n de la Iglesia. <\/p>\n<p>5. Cristo dice: &laquo;el Esp&iacute;ritu Santo, que el Padre enviar&aacute; en mi nombre, os lo ense&ntilde;ar&aacute; todo y os recordar&aacute; todo lo que yo os he dicho&raquo; (<i>Jn <\/i>14, 26). <\/p>\n<p>Os recordar&aacute; &#8230; <\/p>\n<p>El poder del Esp&iacute;ritu y la palabra salv&iacute;fica de Cristo nunca han abandonado a los hombres, muchos de los cuales se han convertido en testigos y m&aacute;rtires del nuevo siglo en este antiqu&iacute;simo continente. <\/p>\n<p><i>&iexcl;Y<\/i> <i>no nos abandonar&aacute;n tampoco a nosotros! <\/i><\/p>\n<p>Impulsados por el amor de Cristo, caminaremos por los senderos del antiguo continente para proclamar la verdad que nos hace libres, invitando a todos a renovarse interiormente en la santidad y en la justicia. <\/p>\n<p>Queridos hermanos en el episcopado, al volver a vuestras comunidades cristianas, no dej&eacute;is de ser y de actuar como verdaderos &laquo;testigos de Cristo, que nos ha librado&raquo;. Multiplicad vuestras iniciativas para realizar la nueva evangelizaci&oacute;n de Europa. Manteneos unidos en vuestro testimonio de fe: la unidad del continente europeo ser&aacute; ocasi&oacute;n preciosa para vuestras Iglesias, para proclamar el reino de Cristo con &laquo;un solo coraz&oacute;n y una sola alma&raquo; <i>(Hch <\/i>4, 32). <\/p>\n<p>En el nombre de Cristo comenzamos nuestros trabajos en Roma. Ahora los concluimos tambi&eacute;n en el nombre de Cristo, que <i>&laquo;es el mismo ayer, hoy <\/i>y <i>siempre&raquo; <\/i>(<i>Hb <\/i>13, 8). <\/p>\n<p>Concluyamos hoy para <i>volver a comenzar, <\/i>una vez m&aacute;s, en el nombre de Cristo, que nos impulsa. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1991 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA PARA LA CLAUSURA DE LA ASAMBLEA ESPECIAL PARA EUROPA DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II S&aacute;bado 14 de diciembre de 1991 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: l. 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