{"id":39976,"date":"2016-10-05T23:26:01","date_gmt":"2016-10-06T04:26:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-diciembre-de-1991-misa-en-la-basilica-de-santa-maria-la-mayor-2\/"},"modified":"2016-10-05T23:26:01","modified_gmt":"2016-10-06T04:26:01","slug":"8-de-diciembre-de-1991-misa-en-la-basilica-de-santa-maria-la-mayor-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-diciembre-de-1991-misa-en-la-basilica-de-santa-maria-la-mayor-2\/","title":{"rendered":"8 de diciembre de 1991, Misa en la Bas\u00edlica de Santa Mar\u00eda la Mayor"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN LA SOLEMNI<font face=\"Times New Roman\">DAD <br \/> DE LA INMACULADA CONCEPCI&Oacute;N<\/font><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO <\/i><\/b><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica de Santa Mar&iacute;a la Mayor<br \/> <\/i><\/font><i><font color=\"#663300\">Domingo 8 de diciembre de 1991<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1. &laquo;Al&eacute;grate, llena de gracia&raquo; <i>(Lc <\/i>1,28). El mensajero llama a la Virgen de Nazaret &laquo;llena de gracia&raquo;. Su nombre es Mar&iacute;a. El &aacute;ngel se llama <i>Gabriel. <\/i>Este nombre tiene un significado particular. Gabriel quiere decir <i>&laquo;Fortitudo Dei&raquo;.<\/i>&laquo;Fortitudo&raquo; significa &laquo;poder&raquo;: el poder de Dios. Por consiguiente, Gabriel es <i>mensajero del poder de Dios. <\/i>Dice a la Virgen: &quot;El Esp&iacute;ritu Santo vendr&aacute; sobre ti y <i>el poder del Alt&iacute;simo <\/i>te cubrir&aacute; con su sombra; por eso el que ha de nacer ser&aacute; santo y ser&aacute; llamado Hijo de Dios&raquo; (<i>Lc<\/i> 1, 35). <\/p>\n<p>Y, al concluir su misi&oacute;n, a&ntilde;ade: <i>&laquo;ninguna cosa es imposible para Dios&raquo; (Lc<\/i> 1, 37). El Hijo de Dios se hace hombre, hijo de la Virgen: este hecho se realiza por el poder de Dios, m&aacute;s a&uacute;n, por su omnipotencia. <\/p>\n<p>2. El nombre del &aacute;ngel, &laquo;Fortitudo Dei&raquo; significa asimismo <i>&laquo;valor&raquo;, <\/i>es decir, &laquo;valent&iacute;a&raquo;. Tambi&eacute;n en este sentido el nombre del mensajero \u2014Gabriel\u2014 est&aacute; en armon&iacute;a con el contenido de la Anunciaci&oacute;n, pues <i>revela, <\/i>en <i>cierto sentido, <\/i>la<i> virtud <\/i>heroica de Aquel que, siendo de la misma sustancia del Padre, Hijo de Dios, se hace hombre. Una vez que se ha hecho hombre, el Hijo del hombre, Dios <i>manifiesta un amor que en su hero&iacute;smo es realmente insuperable <\/i>(cf. <i>Flp <\/i>2, 6-11). Este &laquo;hero&iacute;smo&raquo; del amor alcanza su culmen en la cruz de Cristo, en su misterio pascual: &laquo;habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los am&oacute; hasta el extremo&raquo; (<i>Jn <\/i>13, 1). <\/p>\n<p>3. Muchos aceptan sin dificultad la omnipotencia de Dios que se manifiesta en la creaci&oacute;n y en la Providencia. En cambio, les resulta dif&iacute;cil acoger el amor, unido al hero&iacute;smo, de la noche de Bel&eacute;n y de la cruz del G&oacute;lgota: <i>el hero&iacute;smo de la Encarnaci&oacute;n <\/i>y <i>de la Redenci&oacute;n. <\/i><\/p>\n<p>Mar&iacute;a es la primera de los que aceptan el misterio inefable de la autorrevelaci&oacute;n de Dios en su Hijo eterno, que se hace hijo suyo. <\/p>\n<p>El mensajero llama a Mar&iacute;a &laquo;llena de gracia&raquo;. Hay en ella <i>una plena apertura al poder de Dios, que es amor. <\/i>Ella es completamente transparente y l&iacute;mpida en su fe: es la &laquo;bienaventurada porque ha cre&iacute;do&raquo;. No se encuentra en ella el impedimento del pecado, ni siquiera del pecado original. El amor redentor de su Hijo la ha abrazado y penetrado ya en el primer momento de su concepci&oacute;n por parte de sus padres terrenos. <\/p>\n<p>4. En este aspecto, la Virgen de Nazaret es esencialmente <i>diversa de Ad&aacute;n despu&eacute;s del pecado. <\/i>Ad&aacute;n trata de esconderse entre los &aacute;rboles del Para&iacute;so. A la voz de Dios, a su pregunta: &laquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute;s?&raquo; responde: <i>&laquo;me escond&iacute;&raquo;, <\/i>&laquo;tuve miedo, porque estoy desnudo&raquo; <i>(Gn <\/i>3, 9-10). Antes no sent&iacute;a ese miedo. Antes miraba de frente a los ojos del Creador y ten&iacute;a intimidad con &eacute;l, como un hijo con su padre. <\/p>\n<p><i>Este primer miedo <\/i>y el consiguiente esconderse, <i>siguen d&aacute;ndose en la historia del hombre. <\/i>El hombre, puesto entre el amor de Dios y el darle la espalda, elige con frecuencia esta &uacute;ltima actitud. Por tanto, no s&oacute;lo &laquo;se esconde&raquo; de Dios en la sombra de su intimidad, <i>sino que pone <\/i>con su propia actividad <i>un velo <\/i>entre &eacute;l y el Creador; a causa de ese velo <i> Dios resulta irreconocible; <\/i>queda, a lo m&aacute;s, como una hip&oacute;tesis intelectual, y es el primer Ser. De ese modo, el hombre \u2014especialmente en la &eacute;poca moderna\u2014 trata de justificar su comportamiento pragm&aacute;tico, que consiste en vivir como si Dios no existiese. <\/p>\n<p>5. En medio de todo eso, <i>Mar&iacute;a sigue siendo un testigo singular de la presencia de Dios en el mundo: <\/i>&laquo;El Se&ntilde;or est&aacute; contigo&raquo; (<i>Lc <\/i>1, 28). Gracias a la transparencia de su ser humano, Dios se halla presente en medio de nosotros en toda la absoluta verdad de su autorrevelaci&oacute;n: <i>en la verdad de la Encarnaci&oacute;n <\/i>y <i>de la Revelaci&oacute;n, <\/i>en la verdad del amor heroico, del amor &laquo;hasta el extremo&raquo;.<\/p>\n<p>6. En estos d&iacute;as se desarrollan en Roma los trabajos del <i>S&iacute;nodo de los obispos de Europa. <\/i>Esta solemnidad mariana tiene para ellos una importancia especial. &iexcl;Qu&eacute; actual es la liturgia de la Inmaculada Concepci&oacute;n!<\/p>\n<p>En este santuario de la &laquo;Salus populi romani&raquo; oremos con confianza a la Madre de Dios por el &eacute;xito de los trabajos del S&iacute;nodo, pidiendo que &laquo;quien<i> inici&oacute; en vosotros la buena obra, la vaya <\/i>consumando hasta el D&iacute;a de Cristo Jes&uacute;s&raquo; (cf. <i>Flp <\/i>1, 6). <\/p>\n<p>Cristo, en este tiempo de Adviento, acoja de las manos de su Madre inmaculada estos deseos y estas intenciones. <\/p>\n<p>Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1991 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN LA SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCI&Oacute;N HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de Santa Mar&iacute;a la Mayor Domingo 8 de diciembre de 1991 &nbsp; 1. &laquo;Al&eacute;grate, llena de gracia&raquo; (Lc 1,28). El mensajero llama a la Virgen de Nazaret &laquo;llena de gracia&raquo;. Su nombre es Mar&iacute;a. El &aacute;ngel se llama &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-diciembre-de-1991-misa-en-la-basilica-de-santa-maria-la-mayor-2\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab8 de diciembre de 1991, Misa en la Bas\u00edlica de Santa Mar\u00eda la Mayor\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39976","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39976","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39976"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39976\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39976"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39976"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39976"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}