{"id":39977,"date":"2016-10-05T23:26:10","date_gmt":"2016-10-06T04:26:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-agosto-de-1991-vi-jornada-mundial-de-la-juventud-czestochowa\/"},"modified":"2016-10-05T23:26:10","modified_gmt":"2016-10-06T04:26:10","slug":"15-de-agosto-de-1991-vi-jornada-mundial-de-la-juventud-czestochowa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-agosto-de-1991-vi-jornada-mundial-de-la-juventud-czestochowa\/","title":{"rendered":"15 de agosto de 1991, VI Jornada Mundial de la Juventud &#8211; Czestochowa"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p>Czestochowa, Polonia<br \/>Solemnidad de la Asunci&oacute;n<br \/>Jueves 15 de agosto de 1991<\/font><\/i>  <\/p>\n<p align=\"left\"> <\/p>\n<p align=\"left\"> 1. <i>&laquo;Todos los que son guiados por el Esp&iacute;ritu de Dios son hijos de Dios&raquo;<\/i> (<i>Rm<\/i> 8, 14).<\/p>\n<p align=\"left\">J&oacute;venes amigos, hermanos y hermanas de Polonia y de todo el mundo. Comienzo con emoci&oacute;n esta homil&iacute;a, pronunciada en polaco, pero me consuela la conciencia de que nuestros hu&eacute;spedes la escuchan tambi&eacute;n en sus lenguas respectivas. Sucede algo semejante a lo que ocurri&oacute; el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s en Jerusal&eacute;n; e incluso con m&aacute;s alcance, porque tambi&eacute;n los que se hallan lejos ven esta celebraci&oacute;n lit&uacute;rgica \u2014y escuchan la homil&iacute;a\u2014 gracias a las pantallas que nos han ofrecido ben&eacute;volamente nuestros hermanos italianos. Asimismo, me consuela el buen tiempo que est&aacute; haciendo y el sol.<\/p>\n<p align=\"left\">Se&ntilde;or presidente de la Rep&uacute;blica, se&ntilde;or primer ministro, representantes del Gobierno y del Parlamento, venerados hermanos m&iacute;os en el episcopado, cardenales, obispos, hermanos m&iacute;os en el sacerdocio, hermanos y hermanas en la vocaci&oacute;n religiosa, en la vocaci&oacute;n cristiana y humana, y todos los que os hall&aacute;is aqu&iacute; presentes.<\/p>\n<p align=\"left\">Saludo en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo a todos vosotros, queridos j&oacute;venes, que hab&eacute;is venido aqu&iacute; procedentes de diversos pa&iacute;ses de Europa y de los dem&aacute;s continentes. Hab&eacute;is venido a Jasna G&oacute;ra con la convicci&oacute;n de que &laquo;<i>recibisteis un esp&iacute;ritu de hijos adoptivos<\/i>&raquo; (<i>Rm<\/i> 8, 15). Gracias a este esp&iacute;ritu sois &laquo;herederos de Dios&raquo; y, al mismo tiempo, &laquo;coherederos de Cristo&raquo; (<i>Rm<\/i> 8, 17). Pod&eacute;is exclamar junto con &eacute;l: &laquo;Abb&aacute;, Padre!&raquo; (<i>Rm<\/i> 8, 15). En efecto, &laquo;el Esp&iacute;ritu mismo da testimonio de que somos hijos de Dios&raquo; (<i>Rm<\/i> 8, 16).<\/p>\n<p align=\"left\">Durante el encuentro de anoche meditamos sobre la verdad de vuestra vocaci&oacute;n en Cristo, concentr&aacute;ndonos en tres signos: <i>la cruz, la Biblia y el icono mariano<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">En la solemnidad de hoy deseamos dirigirnos de modo particular a <i>Mar&iacute;a, que fue guiada sobre todo por el Esp&iacute;ritu de Dios<\/i>. La saludamos como hija amada de Dios-Padre, elegida como madre humana del Hijo de Dios. Saludamos a Mar&iacute;a, que acept&oacute; esa elecci&oacute;n eterna, dando a la luz a Jesucristo por obra del Esp&iacute;ritu Santo: la Virgen de Nazaret crey&oacute; que lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios (cf. <i>Lc<\/i> 1, 37).<\/p>\n<p align=\"left\">2. Hoy la Iglesia celebra con especial solemnidad <i>su Asunci&oacute;n al cielo<\/i>. Este cumplimiento definitivo de la vida y de la vocaci&oacute;n de la Madre de Dios nos permite, a la luz de la liturgia, contemplar toda la anterior existencia terrena de Mar&iacute;a y su peregrinaci&oacute;n materna mediante la fe. De forma muy concisa y, a la vez, m&aacute;s completa, expresan todo esto las palabras de Isabel durante la Visitaci&oacute;n: <i>&laquo;&iexcl;Feliz la que ha cre&iacute;do que se cumplir&iacute;an las cosas que le fueron dichas por parte del Se&ntilde;or!&raquo; <\/i>(<i>Lc<\/i> 1, 45).<\/p>\n<p align=\"left\">Las palabras que Mar&iacute;a oy&oacute; durante la Visitaci&oacute;n se cumplieron admirablemente: desde el nacimiento de Jes&uacute;s en Bel&eacute;n hasta la cruz en el G&oacute;lgota y, luego, desde la ma&ntilde;ana de Pascua hasta el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s. En todas estas etapas de su peregrinaci&oacute;n terrena, Mar&iacute;a conoci&oacute; cada vez m&aacute;s profundamente todas <i>&laquo;las maravillas que el Poderoso hizo en su favor&raquo;<\/i> (cf. <i>Lc<\/i> 1, 49). Y todas esas &laquo;maravillas&raquo; (<i>magnalia Dei<\/i>) alcanzan su coronamiento casi definitivo en la Asunci&oacute;n. Mar&iacute;a entra como esposa del Esp&iacute;ritu Santo en la casa del destino supremo del hombre. En la morada de la Sant&iacute;sima Trinidad se encuentra su morada eterna. Y aqu&iacute;, en la tierra <i>&laquo;todas las generaciones la llamar&aacute;n bienaventurada&raquo;<\/i> (cf. <i>Lc<\/i> 1, 48).<\/p>\n<p align=\"left\">Y tambi&eacute;n nosotros \u2014esta comunidad particular de j&oacute;venes\u2014 proclamamos a Mar&iacute;a bienaventurada entre todas las mujeres, rindiendo as&iacute; el honor supremo al Hijo unig&eacute;nito del Padre, el fruto bendito de su seno. Efectivamente, en &eacute;l &laquo;todos recibimos la adopci&oacute;n de hijos&raquo; (cf. <i>Rm<\/i> 8, 15).<\/p>\n<p align=\"left\">3. La liturgia de la solemnidad de la Asunci&oacute;n no termina aqu&iacute;. Nos hace mirar <i>hacia el &laquo;Santuario de Dios que se abri&oacute; en el cielo&raquo;<\/i> (cf. <i>Ap<\/i> 11, 19), en el que todos los hijos adoptivos de Dios, junto con la Madre de Dios, toman parte como &laquo;coherederos de Cristo&raquo; en la vida inefable del Padre y del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo, que es la plenitud definitiva de toda verdad y amor. El libro del Apocalipsis nos hace contemplar, adem&aacute;s,<i> la Asunci&oacute;n de Mar&iacute;a como &laquo;un signo grandioso&raquo;<\/i>: &laquo;Una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas&raquo; (<i>Ap<\/i> 12, 1). Por tanto, &eacute;ste es el signo de ese cumplimiento, que alcanza las dimensiones de todo el cosmos. Las criaturas, en la totalidad de su m&uacute;ltiple riqueza, retornan en este signo a Dios, que es el Creador, o sea, el Comienzo absoluto de todo lo que existe.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>En este signo retorna a Dios el hombre<\/i>, creado a imagen y semejanza de Dios. Todos nosotros debemos retornar de la misma manera, si hemos recibido la filiaci&oacute;n adoptiva en el Hijo unig&eacute;nito de Dios, quien por nuestra adopci&oacute;n se hizo Hijo del hombre: hijo de Mar&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"left\">Sin embargo, <i>ese retorno omnicomprensivo<\/i> de los hijos al Padre <i>est&aacute; unido a un drama particular a lo largo de toda la historia del hombre en la tierra<\/i>. La liturgia de hoy pone de relieve este drama con las palabras de la carta de san Pablo a los Corintios: &laquo;Habiendo venido por un hombre la muerte (&#8230;), en Ad&aacute;n mueren todos&raquo; (<i>1 Co <\/i>15, 21-22). Esta muerte tiene una dimensi&oacute;n m&aacute;s profunda que la muerte meramente biol&oacute;gica.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Es <i>una muerte que afecta al esp&iacute;ritu<\/i>, priv&aacute;ndolo de la vida que proviene de Dios mismo. El pecado es la causa de esta muerte, pues es rebeli&oacute;n contra Dios por parte de la criatura racional y libre. <\/p>\n<p align=\"left\">El drama se remonta a los or&iacute;genes, cuando el hombre, tentado por el Maligno, quiso alcanzar su propia realizaci&oacute;n de forma aut&oacute;noma. &laquo;Ser&eacute;is como dioses, conocedores del bien y del mal&raquo;, fue la instigaci&oacute;n de la serpiente (cf. <i>Gn<\/i> 3, 5); es decir, ser&eacute;is capaces de decidir por vosotros mismos acerca de lo que es bueno y lo que es malo, independientemente de la Fuente de la Verdad y del Bien, que es Dios mismo.<\/p>\n<p align=\"left\">Precisamente este drama, el drama original, encuentra su expresi&oacute;n simb&oacute;lica en el marco grandioso que nos presenta la liturgia de este d&iacute;a. <i>Delante de la mujer vestida de sol<\/i>, s&iacute;mbolo del cosmos transformado en el reino de Dios vivo, aparece <i>otro s&iacute;mbolo<\/i>, el del <i>Maligno<\/i> del drama original. En la Sagrada Escritura tiene diferentes nombres. Aqu&iacute; est&aacute; representado por un <i>drag&oacute;n<\/i>, que quiere devorar al ni&ntilde;o que la mujer ha dado a luz, el pastor &laquo;de todas las naciones&raquo; (cf. <i>Ap<\/i> 12, 4-5).<\/p>\n<p align=\"left\">El &uacute;ltimo libro del Nuevo Testamento confirma, por consiguiente, al primero, el G&eacute;nesis: &laquo;Enemistad pondr&eacute; entre ti y la mujer, y entre su linaje y su linaje&raquo; (<i>Gn<\/i> 3, 15). La historia humana se presenta as&iacute; como una larga serie de combates y de luchas entre el bien y el mal, entre el Padre eterno, que ama el mundo hasta entregar a su Hijo unig&eacute;nito, y el &laquo;padre de la mentira&raquo;, que es &laquo;homicida desde el principio&raquo; (cf. <i>Jn<\/i> 8, 44).<\/p>\n<p align=\"left\">5. &iquest;Por qu&eacute; raz&oacute;n lucha, pues, el &laquo;padre de la mentira&raquo;? Lucha para privar al hombre de la filiaci&oacute;n divina adoptiva, para quitarle la herencia que el Padre le otorg&oacute; en Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">Lucha contra la Mujer, que es la Madre virginal del Redentor del mundo, contra aquella que es el modelo sublime de la Iglesia (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 53).<\/p>\n<p align=\"left\"><i>El signo de la &laquo;Mujer&raquo;<\/i> en el Apocalipsis indica a la Madre de Dios y a la Iglesia. Indica a todos los que &laquo;son guiados por el Esp&iacute;ritu de Dios&raquo;. Todos los que, junto con Cristo, como hijos en el Hijo, claman: &laquo;&iexcl;Abb&aacute;, Padre!&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Ese signo se refiere tambi&eacute;n a nosotros<\/i>. Al clamar junto con Cristo &laquo;Abb&aacute;, Padre&raquo;, participamos como hijos adoptivos en la victoria pascual de la cruz y la resurrecci&oacute;n, en la que Mar&iacute;a particip&oacute; antes que nadie: &iexcl;Mar&iacute;a elevada al cielo!<\/p>\n<p align=\"left\">6. Queridos amigos, os hab&eacute;is reunido aqu&iacute;, desde muchos lugares; habl&aacute;is muchas lenguas diferentes. Tra&eacute;is en vosotros el patrimonio de muchas culturas, de muchas experiencias hist&oacute;ricas. <i>De diversos modos hab&eacute;is experimentado y experiment&aacute;is, vosotros y vuestras sociedades, la lucha que a trav&eacute;s de toda la historia del hombre se lleva a cabo en el hombre y por el hombre<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Nuestro siglo ha sido y sigue siendo un campo de batalla donde se libra esa lucha. Generaciones enteras han sido envueltas en semejante lucha, de la que todos y cada uno de nosotros somos los aut&eacute;nticos protagonistas: <i>todo hombre<\/i>, en la realidad de la creaci&oacute;n a imagen y semejanza de Dios, que sufre, al mismo tiempo,<i> la tentaci&oacute;n<\/i> de transformar esa imagen y semejanza en un reto dirigido a su Creador y Redentor. La tentaci&oacute;n de rechazarlo. <i>La tentaci&oacute;n de vivir su propia vida aqu&iacute; en la tierra, como &laquo;si Dios no existiera&raquo;<\/i>. Como si no existiera Dios en toda su realidad trascendente. Como si no existiera su amor al hombre, amor que movi&oacute; al Padre &laquo;a entregar&raquo; a su Hijo unig&eacute;nito para que el hombre, por medio de &eacute;l, tuviera la vida eterna en Dios.<\/p>\n<p align=\"left\">En esa lucha, en la sucesi&oacute;n de esos combates espirituales, se emplean muchos medios<i> para privar a los hombres de su herencia: la &laquo;adopci&oacute;n como hijos&raquo;<\/i>. Vosotros, los j&oacute;venes, <i>hab&eacute;is venido <\/i>aqu&iacute; en peregrinaci&oacute;n <i>con la finalidad de confirmar esta adopci&oacute;n<\/i> como hijos, con el prop&oacute;sito de optar nuevamente por ella. Para modelar con ella vuestra existencia humana; para acercaros y atraer a los dem&aacute;s hacia ella.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Sed felices!<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Sed felices junto con Mar&iacute;a<\/i>, que crey&oacute; en el cumplimento de las palabras que le dijo el Se&ntilde;or. <\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Sed felices! Ojal&aacute; que el signo de la mujer vestida de sol camine con vosotros, con cada una y cada uno, a lo largo de todos los senderos de la vida. Ojal&aacute; que os conduzca al cumplimiento en Dios de vuestra adopci&oacute;n como hijos en Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>&iexcl;El Se&ntilde;or ha hecho verdaderamente maravillas en vosotros!<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">7. De estas &laquo;maravillas&raquo;, queridos j&oacute;venes, deb&eacute;is ser siempre <i>testigos coherentes y valerosos<\/i> en vuestro ambiente, entre vuestros coet&aacute;neos, en todas las circunstancias de vuestra vida. <\/p>\n<p align=\"left\">Est&aacute; a vuestro lado Mar&iacute;a, la Virgen d&oacute;cil a todos los soplos del Esp&iacute;ritu, la que con su &laquo;s&iacute;&raquo; generoso al proyecto de Dios abri&oacute; al mundo la perspectiva, largamente a&ntilde;orada, de la salvaci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Mir&aacute;ndola a ella, esclava humilde del Se&ntilde;or, hoy elevada a la gloria del cielo, os digo con san Pablo: &iexcl;&laquo;Vivid seg&uacute;n el Esp&iacute;ritu&raquo;! (<i>Ga<\/i> 5, 16). Dejad que el Esp&iacute;ritu de sabidur&iacute;a e inteligencia, de consejo y fortaleza, de conocimiento, piedad y temor del Se&ntilde;or (cf. <i>Is<\/i> 11, 2) penetre en vuestros corazones y vuestras vidas y, por medio de vosotros, transforme la faz de la tierra.<\/p>\n<p align=\"left\">Como os dijo un d&iacute;a el obispo al conferiros el sacramento de la confirmaci&oacute;n, as&iacute; hoy os repito a vosotros, j&oacute;venes que hab&eacute;is venido aqu&iacute; desde todos los continentes: <i>&iexcl;Recibid el Esp&iacute;ritu Santo!<\/i> Revest&iacute;os de la fuerza que brota de &eacute;l, convert&iacute;os en constructores de un mundo nuevo: un mundo diferente, fundado en la verdad, la justicia, la solidaridad y el amor.<\/p>\n<p align=\"left\">8. Esta VI Jornada mundial de la juventud se distingue por <i>una caracter&iacute;stica particular<\/i>: es la primera vez que se registra una participaci&oacute;n tan numerosa de <i>j&oacute;venes de Europa oriental<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;C&oacute;mo no descubrir en esto un gran don del Esp&iacute;ritu Santo? Quiero darle las gracias junto con vosotros. Tras ese largo per&iacute;odo en que pr&aacute;cticamente no se pod&iacute;an cruzar las fronteras, la Iglesia en Europa puede respirar ahora libremente con sus dos pulmones.<\/p>\n<p align=\"left\">Por este motivo, queridos j&oacute;venes de Europa del este, vuestra presencia es muy significativa. <i>La iglesia universal tiene necesidad del tesoro precioso de vuestro testimonio cristiano<\/i>: testimonio por el que ha sido pagado un precio a veces muy alto de sufrimiento en la marginaci&oacute;n, en la persecuci&oacute;n e incluso en la prisi&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">9. &iexcl;Hoy, finalmente, ha llegado vuestra hora! En los duros a&ntilde;os de la prueba, la Iglesia y el Sucesor de Pedro jam&aacute;s os han olvidado. Aqu&iacute;, en el santuario de Jasna G&oacute;ra, ahora pod&eacute;is ofrecer al mundo el testimonio p&uacute;blico de vuestra pertenencia a Cristo y de vuestra comuni&oacute;n con la Iglesia. Lo ofrec&eacute;is ante vuestros coet&aacute;neos que proceden de todo el mundo y, de forma especial, de los pa&iacute;ses de Europa occidental.<\/p>\n<p align=\"left\">El Viejo Continente cuenta con vosotros, j&oacute;venes del este y del oeste europeo, para construir la &laquo;casa com&uacute;n&raquo; de la que se espera un futuro de solidaridad y paz; cuenta con vosotros la Iglesia que, en la pr&oacute;xima Asamblea extraordinaria del S&iacute;nodo de los obispos, se recoger&aacute; para reflexionar sobre las consecuencias que se desprenden de los recientes cambios y para disponer iniciativas oportunas en orden a una acci&oacute;n pastoral m&aacute;s incisiva en el continente.<\/p>\n<p align=\"left\">Para el bien de las generaciones que vendr&aacute;n es necesario que la nueva Europa se apoye sobre los fundamentos de los valores espirituales que constituyen el n&uacute;cleo m&aacute;s &iacute;ntimo de su tradici&oacute;n cultural.<\/p>\n<p align=\"left\">10. Una gran alegr&iacute;a embarga mi coraz&oacute;n al veros juntos, j&oacute;venes del este y del oeste, del norte y del sur, unidos por la fe en Jes&uacute;s, que &laquo;ayer como hoy (&#8230;) es el mismo, y lo ser&aacute; siempre&raquo; (<i>Hb<\/i> 13, 8). Sois la juventud de la Iglesia, que se apresta a afrontar el nuevo milenio. &iexcl;Sed la Iglesia del futuro, la Iglesia de la esperanza!<\/p>\n<p align=\"left\">Queridos j&oacute;venes, sab&eacute;is por experiencia que la ca&iacute;da de la ideolog&iacute;a en los pa&iacute;ses de Europa oriental ha dejado en muchos de vuestros compa&ntilde;eros el sentimiento de un gran vac&iacute;o, la impresi&oacute;n de haber sido enga&ntilde;ados y una angustia deprimente ante el futuro.<\/p>\n<p align=\"left\">Tambi&eacute;n en los pa&iacute;ses de Europa occidental gran parte de la juventud ha perdido los motivos por los que vale la pena vivir. El fen&oacute;meno de la droga es un s&iacute;ntoma de este extrav&iacute;o profundo. El desinter&eacute;s por la pol&iacute;tica manifiesta en muchos el sentimiento de impotencia en la lucha por el bien.<\/p>\n<p align=\"left\">Sois enviados a estos hermanos y hermanas como mensajeros de la Buena Nueva de la salvaci&oacute;n. Al encontrar a Jes&uacute;s y conocer vuestra vocaci&oacute;n a la filiaci&oacute;n divina por medio de vuestro testimonio de alegr&iacute;a, descubrir&aacute;n cu&aacute;l es el sentido de la vida. En efecto, ans&iacute;an encontrar ese sentido, y Jesucristo es la verdad que nos hace libres.<\/p>\n<p align=\"left\">A todos los que est&aacute;n desilusionados frente a los cometidos terrenos de la civilizaci&oacute;n, los ten&eacute;is que invitar a ser, junto con vosotros, art&iacute;fices de la &laquo;civilizaci&oacute;n del amor&raquo;, cuyo gran programa est&aacute; trazado en la doctrina social de la Iglesia, que recientemente he recordado y confirmado en la enc&iacute;clica <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0081\/_INDEX.HTM\">Centesimus annus<\/a><\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Trabajar generosamente para construir una sociedad que se distinga por la b&uacute;squeda constante de la justicia, la concordia, la solidaridad y la paz es un ideal que revela a cada cual la riqueza de entrega y de servicio que lleva dentro de s&iacute;. <\/p>\n<p align=\"left\">Cada uno, colaborando en la obra de fraternidad entre los hombres y los pueblos, y empe&ntilde;&aacute;ndose generosamente en ayudar a los m&aacute;s pobres, descubrir&aacute; la belleza de la vida.<\/p>\n<p align=\"left\">Queridos amigos, ten&eacute;is la responsabilidad de llevar este mensaje evang&eacute;lico que conduce a la vida eterna y, al mismo tiempo, se&ntilde;ala el camino para vivir de forma m&aacute;s humana en la tierra.<\/p>\n<p align=\"left\">Gran parte de lo que ser&aacute; el <i>futuro<\/i> depende del empe&ntilde;o de la generaci&oacute;n cristiana de <i>hoy<\/i>. Depende, sobre todo, de vuestro empe&ntilde;o, queridos j&oacute;venes, que pronto tendr&eacute;is la responsabilidad de decisiones que influir&aacute;n no s&oacute;lo en vuestro destino, sino tambi&eacute;n en el de muchos otros.<\/p>\n<p align=\"left\">Os corresponde, pues, a vosotros la misi&oacute;n de asegurar en el mundo futuro la presencia de valores como la plena libertad religiosa, el respeto a la dimensi&oacute;n personalista del desarrollo, la tutela del derecho a la vida, la promoci&oacute;n de la familia, la valoraci&oacute;n de la diversidad de culturas con miras a un enriquecimiento rec&iacute;proco y la salvaguardia del equilibrio ecol&oacute;gico amenazado por peligros cada vez m&aacute;s graves.<\/p>\n<p align=\"left\">11. Son tareas inmensas, que requieren corazones intr&eacute;pidos, capaces de &laquo;esperar contra toda esperanza&raquo; (cf. <i>Rm<\/i> 4, 18). Queridos j&oacute;venes, &iexcl;no est&aacute;is solos en esta empresa! A vuestro lado est&aacute; Cristo nuestro Se&ntilde;or, quien dijo: &laquo;He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y &iexcl;cu&aacute;nto desear&iacute;a que ya estuviera encendido!&raquo; (<i>Lc<\/i> 12, 49). Esto es lo que puede templar vuestro coraz&oacute;n y hacer que se atreva a afrontar las empresas m&aacute;s arduas: <i>el fuego que Jes&uacute;s ha tra&iacute;do<\/i>, el fuego del Esp&iacute;ritu Santo, que quema toda miseria humana, todo ego&iacute;smo s&oacute;rdido y todo pensamiento mezquino.<\/p>\n<p align=\"left\">Dejad que este fuego arda en vuestros corazones.<\/p>\n<p align=\"left\">La Virgen Mar&iacute;a lo ha encendido en vosotros aqu&iacute; en Czestochowa.<\/p>\n<p align=\"left\">Llevad este fuego a todo el mundo. &iexcl;Que nada ni nadie lo apague nunca! &iquest;Qu&eacute; ha sido para vosotros Jasna G&oacute;ra? Ha sido para vosotros hoy el Cen&aacute;culo, un nuevo Pentecost&eacute;s: la Iglesia, una vez m&aacute;s, reunida en compa&ntilde;&iacute;a de Mar&iacute;a, una Iglesia joven y misionera, consciente de su misi&oacute;n. &iexcl;Recibid el Esp&iacute;ritu Santo y sed fuertes! Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\">&nbsp;<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1991 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Czestochowa, PoloniaSolemnidad de la Asunci&oacute;nJueves 15 de agosto de 1991 1. &laquo;Todos los que son guiados por el Esp&iacute;ritu de Dios son hijos de Dios&raquo; (Rm 8, 14). J&oacute;venes amigos, hermanos y hermanas de Polonia y de todo el mundo. 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