{"id":39978,"date":"2016-10-05T23:26:18","date_gmt":"2016-10-06T04:26:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-junio-de-1991-misa-en-la-explanada-del-estadio-del-osir-en-la-diocesis-de-plock\/"},"modified":"2016-10-05T23:26:18","modified_gmt":"2016-10-06T04:26:18","slug":"7-de-junio-de-1991-misa-en-la-explanada-del-estadio-del-osir-en-la-diocesis-de-plock","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-junio-de-1991-misa-en-la-explanada-del-estadio-del-osir-en-la-diocesis-de-plock\/","title":{"rendered":"7 de junio de 1991, Misa en la explanada del estadio del \u00abOsir\u00bb, en la di\u00f3cesis de P\u0142ock"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/1991\/travels\/documents\/trav_polonia.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">MISA PARA LOS FIELES DE LA DI&Oacute;CESIS DE P&#x141;OCK<\/font><\/b><\/p>\n<p><font color=\"#663300\"> <\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO<\/i><\/b><\/font><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\"> II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p> <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">&nbsp;<font color=\"#663300\"><i>Estadio del&nbsp; &laquo;Osir&raquo; <br \/> Viernes 7 de junio de 1991<\/i><\/font><i> <\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1. <i>&laquo;Aprended de m&iacute;, que soy manso y humilde de coraz&oacute;n&raquo; (Mt <\/i>11, 29). <\/p>\n<p>La Iglesia escucha hoy estas palabras, con las que Cristo revela el misterio de su Coraz&oacute;n. &laquo;Aprended de m&iacute;&raquo;: estas palabras significan que &eacute;l mismo es nuestro Maestro. No s&oacute;lo mediante todo lo que hac&iacute;a y dec&iacute;a. Es nuestro Maestro principalmente por lo que era. <i>Y sobre todo su coraz&oacute;n manifiesta qui&eacute;n <\/i>es <i>Jesucristo. <\/i> <\/p>\n<p>Constituye un misterio inescrutable saber qui&eacute;n era. &laquo;Nadie conoce bien al Hijo sino el Padre&raquo; <i>(Mt <\/i>11, 27). Al mismo tiempo dice: &laquo;El que me ha visto a m&iacute; ha visto al Padre&raquo; (cf. <i>Jn <\/i>14, 9). Y luego: conoce al Padre &laquo;aquel al que el Hijo quiera revelarlo&raquo; (cf. <i>ib.) <\/i>As&iacute;, pues, <i>la clave de nuestro conocimiento de Dios <\/i>es <i>Cristo: <\/i>Hijo de Dios e Hijo del hombre. <i>Y en el centro de este conocimiento, est&aacute; el Coraz&oacute;n. <\/i><\/p>\n<p>Hoy toda la Iglesia rinde homenaje lit&uacute;rgico a este Coraz&oacute;n. Me alegra tener esta oportunidad de visitar <i>P&#x142;ock, <\/i>una de las sedes de los Piast de nuestro pa&iacute;s y, a la vez, antiqu&iacute;sima sede episcopal. <\/p>\n<p>Cuanta gente, <i>hijos e hijas de la Masovia polaca, aprendi&oacute; aqu&iacute; de Cristo la verdad divina y humana <\/i>en el curso de los siglos, en contacto con el misterio &iacute;ntimo de su Coraz&oacute;n: en los siglos lejanos, como san Estanislao de Rostkow, y en nuestros tiempos, en este siglo XX, caracterizado por un testimonio particular de los confesores y m&aacute;rtires. <\/p>\n<p>2. &laquo;&iexcl;Aprended de m&iacute;!&raquo;. <\/p>\n<p>La verdad que principalmente debemos aprender de Cristo es <i>la verdad del amor. <\/i>El Coraz&oacute;n del Redentor nos revela la verdad del amor que &laquo;es de Dios&raquo; (<i>1<\/i> <i>Jn <\/i>4, 7). El amor de Dios se manifest&oacute; <i>en el hecho de que el Padre &laquo;envi&oacute; al mundo a su Hijo &uacute;nico <\/i>para que vivamos por medio de &eacute;l&raquo; (<i>1<\/i> <i>Jn <\/i>4, 9). El amor que es de Dios da la vida. &laquo;Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios ( &#8230; ), porque Dios [mismo] es Amor&raquo; (<i>1<\/i> <i>Jn <\/i>4, 7-8). &laquo;Ha nacido&raquo; quiere decir: tiene la vida de Dios. <i>Vive de la vida de Dios. Y s&oacute;lo entonces &laquo;conoce a Dios&raquo;, <\/i>porque s&oacute;lo se conoce el amor mediante el amor. Por esto, &laquo;quien no ama no ha conocido a Dios&raquo; (<i>1 Jn <\/i>4, 8). <\/p>\n<p>Este amor que da la vida viene de Dios y no de nosotros: <i>&laquo;No <\/i>es <i>que nosotros hayamos amado a Dios, sino <\/i>( &#8230; ) <i>que &eacute;l nos am&oacute;&raquo; <\/i>(<i>1<\/i> <i>Jn <\/i>4, 10). As&iacute;, Dios es el primero. No solo ha comenzado en &eacute;l toda existencia, sino fundamentalmente todo amor en el mundo de los seres creados todo amor en nuestros corazones humanos; <i>el amor tiene su fuente en Dios, <\/i>y este amor eterno <i>se manifest&oacute; en el tiempo <\/i>de modo m&aacute;s pleno, cuando Dios Padre &laquo;envi&oacute; a su Hijo como propiciaci&oacute;n por nuestros pecados&raquo; (<i>1 Jn <\/i>4, 10). <\/p>\n<p>Para. que el amor, que es un don de Dios mismo, pueda llegar a formar parte del coraz&oacute;n humano, hay <i>que vencer el pecado. <\/i>S&oacute;lo el amor tiene este poder; &eacute;ste es, en efecto, el amor redentor que late en el Coraz&oacute;n de Hijo. <\/p>\n<p>El ap&oacute;stol y evangelista Juan que habla en la liturgia de este d&iacute;a, explica qu&eacute; debemos aprender de este Hijo, el Redentor del mundo. Debemos creer en <i>&laquo;el amor que Dios nos tiene&raquo; <\/i>(<i>1<\/i> <i>Jn <\/i>4, 16). Esta fe no significa solo conocimiento de Dios. Es, al mismo tiempo, una vida nueva: la vida en Dios. San Juan escribi&oacute;: &laquo;Quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en &eacute;l&raquo; (<i>1 Jn <\/i>4, 16). <i>La vida en Dios nos permite, en cierto sentido, experimentar que Dios <\/i>es <i>amor. <\/i><\/p>\n<p>Precisamente esto es lo que debemos aprender del Coraz&oacute;n divino de Cristo-Redentor. <\/p>\n<p>3. El Se&ntilde;or Jes&uacute;s encuentra una alegr&iacute;a particular al revelar esta verdad profund&iacute;sima sobre Dios. Dice: &laquo;Yo te bendigo, Padre, Se&ntilde;or del cielo y de la tierra, porque <i>has ocultado estas cosas <\/i>a sabios e inteligentes, y se <i>las has revelado <\/i>a peque&ntilde;os&raquo; (<i>Mt <\/i>11, 25-26). <\/p>\n<p>&iquest;Qui&eacute;nes son estos <i>&laquo;peque&ntilde;os&raquo;? <\/i>&iquest;No pueden serlo tambi&eacute;n <i>&laquo;los sabios e inteligentes&raquo;? <\/i>Vivimos, en efecto, en una &eacute;poca de progreso cient&iacute;fico y de difusi&oacute;n de la instrucci&oacute;n. Por tanto es necesario decir que numerosos sabios y cient&iacute;ficos, y algunos m&aacute;s que otras personas, siguen siendo <i>sensibles a la revelaci&oacute;n de Dios que <\/i>es <i>amor. <\/i><\/p>\n<p>El amor de Dios es llamada y elecci&oacute;n por parte de Aquel que nos am&oacute; primero. En esto reside tambi&eacute;n la esencia misma <i>de la alianza que Dios estableci&oacute; con el hombre. <\/i>Su historia est&aacute; unida antes con la historia de Israel, como recuerda la primera lectura de la liturgia de hoy. Dios se dio a conocer a los descendientes de Abraham como Dios de la alianza de modo especial mediante la liberaci&oacute;n de los hijos e hijas del pueblo elegido de la esclavitud egipcia. Y se eligi&oacute; <i>el pueblo &laquo;m&aacute;s peque&ntilde;o&raquo;, para manifestar que el motivo de la elecci&oacute;n no es grandeza humana alguna, sino s&oacute;lo el amor que les tiene <\/i>(cf. <i>Dt <\/i>7, 8). <\/p>\n<p>La alianza de Dios con el pueblo elegido constituye s&oacute;lo <i>la imagen <\/i>de la <i>elecci&oacute;n eterna con la que Dios abraza a toda la humanidad en su Hijo &uacute;nico. <\/i>El Coraz&oacute;n del Hijo, el Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s traspasado por la lanza en el G&oacute;lgota, es la revelaci&oacute;n de esta elecci&oacute;n universal y de igual modo, de la alianza nueva y eterna. En el Coraz&oacute;n de Cristo se revela Dios como amor, se revela fiel en el amor, a pesar del pecado del hombre, a pesar de todos los pecados y todas las infidelidades de que est&aacute; llena la historia de la humanidad. <\/p>\n<p>&laquo;Es el Dios ( &#8230; ), <i>el Dios fiel que guarda la alianza <\/i>y <i>el amor<\/i>&raquo;<i> (Dt <\/i>7, 9). El Coraz&oacute;n humano del Dios-hombre testimonia de modo m&aacute;s pleno e irrevocable este amor de Dios, que es fiel. <\/p>\n<p>4. Hoy en Plock, en esta estaci&oacute;n de mi peregrinaci&oacute;n a trav&eacute;s de la tierra patria, debo abordar el &uacute;ltimo de entre los mandamientos del Dec&aacute;logo. Y es bueno poder hacerlo en el &aacute;mbito de la fiesta lit&uacute;rgica del Coraz&oacute;n de Cristo. <\/p>\n<p>En el mandamiento <i>&laquo;no codiciar los bienes ajenos&raquo; <\/i>\u2014como en el anterior\u2014 tocamos, en efecto, la interioridad del hombre. La &laquo;codicia&raquo; no es un acto externo. La &laquo;codicia&raquo; <i>es algo de lo que vive el coraz&oacute;n humano. <\/i>Dios, en la alianza con Mois&eacute;s en el Sina&iacute;, dice: &laquo;No codiciar&aacute;s los bienes ajenos&raquo;. Aqu&iacute; se trata directamente de completar lo que est&aacute; contenido en el s&eacute;ptimo mandamiento, &laquo;no hurtar&raquo;; se trata de algo que es propiedad de otros. El mandamiento del Dec&aacute;logo se refiere directamente a esto. <\/p>\n<p>Pero, al mismo tiempo, este mandamiento <i>indica una jerarqu&iacute;a de valores en la que las <\/i>&laquo;cosas&raquo;, es decir, <i>los bienes materiales ocupan el lugar superior. <\/i>La codicia de las &laquo;cosas&raquo; domina hasta tal punto el coraz&oacute;n del hombre que, en cierto sentido, ya no queda espacio en &eacute;l para los bienes m&aacute;s altos, los espirituales. El hombre se transforma, de alg&uacute;n modo, en esclavo de la posesi&oacute;n y del gozo, sin considerar siquiera su propia dignidad, el pr&oacute;jimo, el bien de la sociedad o Dios mismo. <\/p>\n<p>Esta es una codicia falaz. Cristo dice: &laquo;<i>&iquest;De qu&eacute; le servir&aacute; al hombre <\/i>ganar el mundo entero, si arruina su vida?&raquo; (<i>Mt <\/i>16, 26). <\/p>\n<p>En un momento en que los polacos emprenden su reforma econ&oacute;mica, el mandamiento &laquo;no codiciar los bienes ajenos&raquo; adquiere un significado particular. Se comprende por s&iacute; mismo que en nuestras diversas acciones y esfuerzos nos gu&iacute;an motivaciones econ&oacute;micas. Una econom&iacute;a que se desarrolla correctamente conduce al enriquecimiento de los individuos y a un aumento general del bienestar de la sociedad. De este modo se puede eliminar mucha pobreza, incluso en la dimensi&oacute;n social. <\/p>\n<p>Al mismo tiempo, sin embargo, no olvidemos, queridos hermanos y hermanas, que el dinero, la riqueza y las diversas comodidades de este mundo pasan y que, por consiguiente, no pueden ser nuestro fin &uacute;ltimo. La persona humana es m&aacute;s importante que las cosas, y el alma es m&aacute;s importante que el cuerpo; por eso, a nadie le <i>es l&iacute;cito tender a los bienes materiales violando la ley moral <\/i>o los derechos de otro hombre. Por eso, os deseo de coraz&oacute;n que ninguno de vosotros intente enriquecerse a costa de su pr&oacute;jimo. Os deseo asimismo, mis amados compatriotas, que en vuestras aspiraciones a mejorar la existencia material no perd&aacute;is el sentido de la solidaridad humana frente a la pobreza de los dem&aacute;s. Tambi&eacute;n estemos muy atentos, queridos hermanos y hermanas; a no convertimos en una sociedad en la que todos envidien algo a los dem&aacute;s. Devolvamos, queridos hermanos y hermanas, el esplendor a nuestra hermosa palabra <i>honradez: la honradez que es expresi&oacute;n de la armon&iacute;a del coraz&oacute;n, <\/i>honradez en las palabras y en los actos, honradez en la familia y las relaciones entre los vecinos, en la f&aacute;brica y el ministerio, en el artesanado y el comercio, sencillamente honradez en la vida. Es fuente de confianza rec&iacute;proca y, en consecuencia, tambi&eacute;n fuente de paz social y desarrollo aut&eacute;ntico. Que en las nuevas condiciones, esta palabra adquiera un significado nuevo.<\/p>\n<p>No alcanzaremos la felicidad y tampoco la simple estabilidad sin tener en cuenta la ley de Dios. Por este motivo, con todo el coraz&oacute;n confiamos en Dios, cuyos mandamientos son justos y su observancia da al hombre, ya en esta tierra, seguridad, alegr&iacute;a y paz. <\/p>\n<p>Muchas veces, incluso durante esta peregrinaci&oacute;n por Polonia, he o&iacute;do pronunciar las palabras &laquo;es dif&iacute;cil la libertad que tenemos&raquo;. La libertad es dif&iacute;cil. Es dif&iacute;cil, hay que aprenderla, hay que aprender a ser verdaderamente libres, hay que aprender a ser libres de modo tal que nuestra libertad no se transforme en nuestra esclavitud, nuestra prisi&oacute;n interior; que no llegue a ser motivo para limitar la libertad de los dem&aacute;s. Este hecho influye mucho en la esfera de la econom&iacute;a mundial. Por otra parte, es necesario aprender a ser libre en las diferentes dimensiones de la vida. Me parece, pues, que estas catequesis ligadas al Dec&aacute;logo son probablemente el mejor servicio que el Papa peregrino puede prestar a sus propios, compatriotas durante esta peregrinaci&oacute;n. <\/p>\n<p>Nos queda ahora el mandamiento m&aacute;s importante, el mandamiento del amor. Pero lo dejamos para Varsovia. <\/p>\n<p>5. &laquo;Aprended de m&iacute;&quot; &#8230; <\/p>\n<p>Aprended toda la verdad contenida en cada uno de los mandamientos del Dec&aacute;logo. Aprended la verdad del d&eacute;cimo mandamiento. <i>La codicia de las cosas es la ra&iacute;z del ego&iacute;smo <\/i>e, incluso, <i>de la envidia y del odio rec&iacute;proco. <\/i> <\/p>\n<p>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os han abundado las manifestaciones nobles y sublimes en la vida polaca. Pero han descubierto tambi&eacute;n fallas peligrosas, y tambi&eacute;n peligros morales. <i>&iquest;Ser&aacute; &eacute;ste un proceso irreversible? <\/i> <\/p>\n<p>Mis queridos hermanos, soy optimista. M&aacute;s de una vez los polacos han demostrado que saben ser libres. Han sabido transformar su amor por la libertad en creatividad, alianza y solidaridad. Tambi&eacute;n han sabido transformar su amor por la libertad en sacrificio. &iquest;No es vuestra la frase: &laquo;Por vuestra libertad y la nuestra&raquo;? Desde luego, no podemos olvidar que la historia nos ha dado una lecci&oacute;n terrible y dolorosa sobre el abuso de la libertad hasta la locura. &iexcl;Hasta la locura! &iquest;Qu&eacute; fue Targowica sino esto, en el contexto de la Constituci&oacute;n del 3 de mayo? Pero luego comenz&oacute; de nuevo el proceso de reconquista de la libertad, por el que se pag&oacute; un precio verdaderamente alto. Este precio lo pagaron generaciones enteras. Lo pag&oacute; en gran medida la generaci&oacute;n de la segunda guerra mundial. Por eso, permitidme ser optimista. Permit&iacute;dmelo, y ayudad al Papa a que no se preocupe. <\/p>\n<p>Cristo dice: &laquo;Aprended de m&iacute;&raquo;. <\/p>\n<p>Y su disc&iacute;pulo amado agrega: &laquo;Queridos, am&eacute;monos unos a otros ( &#8230; ), si Dios nos am&oacute; de esta manera, tambi&eacute;n nosotros debemos amarnos unos a otros&raquo; (<i>1 Jn <\/i>4,7. 11). <\/p>\n<p>Y tambi&eacute;n Cristo mismo dice: <i>&laquo;Venid a m&iacute; <\/i>todos los que est&aacute;is fatigados y sobrecargados, <i>y yo <\/i>os <i>dar&eacute; descanso. <\/i>Tomad sobre vosotros mi yugo ( &#8230; ) y hallar&eacute;is consuelo para vuestras almas ( &#8230; ). Porque mi yugo es suave y mi carga ligera&raquo; (cf. <i>Mt <\/i>11, 28-30). Am&eacute;n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA MISA PARA LOS FIELES DE LA DI&Oacute;CESIS DE P&#x141;OCK HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II &nbsp;Estadio del&nbsp; &laquo;Osir&raquo; Viernes 7 de junio de 1991 &nbsp; 1. &laquo;Aprended de m&iacute;, que soy manso y humilde de coraz&oacute;n&raquo; (Mt 11, 29). La Iglesia escucha hoy estas palabras, con las que Cristo revela &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-junio-de-1991-misa-en-la-explanada-del-estadio-del-osir-en-la-diocesis-de-plock\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab7 de junio de 1991, Misa en la explanada del estadio del \u00abOsir\u00bb, en la di\u00f3cesis de P\u0142ock\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39978","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39978","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39978"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39978\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39978"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39978"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39978"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}